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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘masturbación’

¿En qué pensamos cuando nos masturbamos?

Querid@s,

-¡Tremenda paja me hice ayer pensando en ti mami!decía el whatsapp que hace unos días me envió Toni, mi amiguito cubano.

¡Qué cosas tan bonitas me dice mi negro! Este último mes que llevo viviendo de nuevo en casa con mi santa madre, desgraciadamente no he podido masturbarme todo lo que me pide el cuerpo y hubiera querido. Me falta intimidad, que para esto de la masturbación es bastante necesario. Menos mal que de vez en cuando me voy de picos pardos y solucionado.

A veces, cuando me da por ahí, soy bastante escandalosa, tanto cuando me masturbo como cuando hago el amor. Tampoco me pongo a dar alaridos cual enajenada, pero me gusta hacer ruido, esa es la verdad. Cada vez que ahí, entre mis piernas, siento que un intenso orgasmo está a punto de catapultarme hacia ese lugar del que nunca quiero volver, no puedo evitar alzar la voz y poner el grito en el cielo.

Me gusta la bañera. Confieso que mi lugar preferido para tocarme es la bañera, además de la cama.

Escena submarina de la película Átame

¿En qué pensamos cuando nos masturbamos?

Como es lógico, todos pensamos casi siempre en cochinadas, en gente y situaciones que nos ponen cachondos y nos excitan. Pero, ¿qué situaciones os ponen especialmente burros y burras? ¿Quiénes son esos que hacen que os masturbéis en secreto y en su honor? Hay quienes se tocan pensando en estrellas del porno, en las celebridades, en la vecina, en un desconocido con el que se han cruzado miradas en la calle, en un amigo, en los ex y las ex, en la pareja o incluso en los amigos o las amigas de la pareja. O en esas chicas tan guapas de los posters; ponen música de baño y a darle a la manita.

En un estudio publicado Journal of Sexual Medicine, los participantes indicaron la frecuencia con la que fantaseaban con determinadas situaciones sexuales. Y este es el resultado:

10% fantasean con travestirse
64% ser masturbados por un amigo o amiga
48% ser tocado por una persona desconocida en un espacio público, como por ejemplo el metro
10% fantasean con la lluvia dorada
9% con orinar sobre su pareja
16% con mirar a dos hombres mientras hacen el amor
60% con eyacular sobre su pareja
30% con ser forzado a mantener relaciones sexuales
28% con utilizar un objeto no sexual como complemento erótico
52% mantener relaciones con una mujer de “pechos muy pequeños”

¿Cómo os quedáis? ¿De piedra no? A mí también me sorprende, porque yo como mucho, fantaseo que me acuesto con alguien que me chifla (o varios alguien) y echo un polvo fantástico, pero poco más.

Cuando me masturbo, casi siempre imagino que no soy yo la que me estoy tocando. Fantaseo que son otras manos las que me tocan y pienso en alguien, normalmente del sexo contrario. Me lo monto con un amigo con el que no he tenido nada pero ya me gustaría y que se ha echado novia formal, otras veces pienso en el ligue de turno y otras en un antiguo novio. Recuerdo cuando salíamos y las sábanas olían a él. Cada vez que se quedaba a dormir en casa, lo primero que hacía al regresar del trabajo era masturbarme entre las sábanas que todavía olían a él. Aún hoy en algún lugar entre mi nariz y el cerebro, mi mente sigue conservando el recuerdo de su olor y de nuestros polvos. Muchas noches sólo ese recuerdo me da para volar.

Cisne Negro

En ocasiones ocupan mi mente calenturienta mis amores platónicos de toda la vida, esos chicos que siempre me han gustado, o los que me gustan desde hace poco, y me imagino que me lo monto en plan salvaje en sitios diversos, como en el penthouse de un rascacielos con un ventanal descomunal con vistas a Central Park o en la barra de algún garitazo. A veces pienso que el padre de mis hijos me empotra salvaje y brutalmente contra un enorme espejo en algún baño de lujo y otras que ese chico de Tinder que me gusta más de lo que reconozco me hace un cunnilingus glorioso.

Cuando me masturbo me vienen a la cabeza esos hombres que mojan mis bragas sólo de pensar en ellos y despiertan la leona que hay en mí. Y otras veces cuando me masturbo me monto una película erótico festiva que me vuelvo loca.

Me imagino haciéndolo sobre la mesa del director de la empresa, me emborracho con vino en una bacanal y participo en una orgía, pruebo algo de droga y follo toda la noche, hago el amor con dos hermanos gemelos, me rasuran como a Francesa Neri en ‘Las edades de Lulú’, un amo me hace sumisa, me esposa, me venda los ojos y me atiza con una fusta que no duele demasiado, un joven artista, extranjero y bohemio, me pinta desnuda, le propongo sexo a un apuesto desconocido y me dice que sí, lo hago en un escenario con música en directo y miles de espectadores me miran, hasta practico felaciones a un grupo de hombres uniformados

¿Y vosotros? ¿En quién pensáis mientras os masturbáis?

No olvidéis que alguien, en algún momento, en algún lugar, se masturba pensando en ti.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Esto no es un libro de sexo

Querid@s,

Esto no es un libro de sexo es una guía sincera, divertida y libre de censura, by Chusita Fashion Fever. Esta guía sexual está dirigida a los más jóvenes y adolescentes que comienzan a asomarse al mundo de la sexualidad. Como la autora señala en la introducción, ella no está aquí para decirle al lector si ha de tener sexo o no, eso es cosa tuya. Lo que sí pretende la youtuber es informar a los más jóvenes para que sepan lo que se traen entre manos cuando se trata de sexo. El saber no ocupa lugar,ya ven.

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En un tono relajado y didáctico, la autora recorre sin tapujos las cuestiones más relevantes del sexo. ¿Qué pasa la primera vez? Si llego al orgasmo, ¿Me daré cuenta? ¿Las chicas eyaculan? ¿Cómo sabré si soy gay? ¿Qué es un cunnilingus? ¿Y un 69? ¿Y si se nos rompe el preservativo? Vamos, esos temas de toda la vida, pero tratados con absoluta naturalidad, que es como ha de tratarse y hablarse de sexo. Si no le interesa a usted estos temas y el sexo le provoca urticaria, señala ella, este libro no es para ti dice ella.

Llevado a papel por RBA, en 160 páginas a todo color (más bien, en rosa), Chusita o María Jesús Cama Antón, da respuestas y propone ideas y situaciones para pensar sobre sexo largo y tendido y, de paso, echarse unas risas. Todo ello acompañado de ilustraciones y cómics de lo más interesantes de la artista catalana María Llovet y que dejarán al lector con la boca abierta. ¡Placer 100% Garantizado!

“El sexo es como el carnet de conducir. Tienes que aprobar la teórica antes de empezar con la práctica.” Palabra de Chusita.

Que follen mucho y mejor.

 

La paja, esa oda tan onanística

Querid@s,

Aquí me tienen, cascándomela en la ducha. Para mí, el mejor momento del día. A partir de aquí, todo va a peor. 

Así a bocajarro confiesa al espectador Lester Burnham durante los primeros fotogramas de la tragicomedia finisecular American Beauty. Lester es ese fracasado norteamericano, mal marido y mal padre. Y es que ese sueño americano que idolatraba ya no le satisface. Todo lo contrario, le asquea profundamente. Le aburre su ciudad, el vecindario apesta, le aburre su casa, su trabajo y está hasta el moño de su esposa. Por rutinaria, toda su vida le produce un hastío insoportable, una monotonía nauseabunda. Pero las pajas se salvan de su particular drama, menos mal. Sin duda las pajas acompañan al individuo casi desde que tiene uso de razón, o desde que comienza a advertir que existe vida propia ahí abajo, entre las piernas. Y que además no se conforma con hacerse notar, sino que ruge reclamando atenciones precisas, dedicados mimos y caricias exclusivas. Vamos una paja, y si es de las buenas, mejor que mejor.

De de mis conversaciones con amigos pajilleros y amigas que se tocan, se hacen dedos o echan mano de la juguetería sexual de última generación y vibradores- algunos son asombrosos, como esos consoladores que simulan perfectamente a una buena verga humana, con sus venas, sus pelotas y todo-, cerca de un 95% de los hombres y un para muchos sorprendente 90% de las mujeres (siempre se ha creído que las mujeres nos tocábamos infinitamente menos que ellos, pues va a ser que no) se masturban con cierta frecuencia, y la mitad de estos y estas onanistas lo hacen con frecuencia diaria. Yo lo veo normal. ¿No se come todos los días? Pues igualmente está bien que las pajas sean diarias.

American Beauty, Kevin Spacey

American Beauty, Kevin Spacey

Un amigo – he de hacer hincapié en que era-y siguen siendo-soltero y sin compromiso- me confesó en una noche mano a manode esas en las que no sabes por qué misterioso motivo lloras y le revelas al otro tus demonios y esas sombras que habitan en tu interior y que reconoces al prójimo por primera vez (en mucho tiempo o quizás en toda tu miserable vida), que un inquino sentimiento de culpabilidad se apoderaba de él cada vez que se hacía una paja. Pepita, cuando me hago una paja me siento un miserable, me siento culpable, me siento fatal fueron sus palabras exactas.

Quedé tremendamente sorprendida por la honestidad brutal de sus declaraciones, pues siempre había creído a pies juntillas que a ellos les apasionaba pajearse el pito, y que precisamente por esa inocua pasión, culposo hábito masturbatorio para mi amigo, ellos se pajeaban en grupo en los años de la divina juventud, quizás con la secreta intención de medirse las dimensiones de los mástiles que cada cual poseía y salir triunfante de aquella competición amistosa, quizás para ver quién era el más ducho en el oficio de la puntería o qué chorro repleto de vida en forma de semen viajaba más lejos.

Entonces, dejándome llevar por la ingenuidad del momento, le pregunté expectante. ¿Y entonces por qué te masturbas? Y él, como diciendo ¿Tú has nacido ayer o qué? me espetó Primero porque luego se me pasa y porque si no me la casco yo, no me la casca nadie. Tras esa declaración até cabos. De mis conversaciones con mis amistades también sé que lo de hacerle pajas al prójimo está un tanto pasado de moda, al menos si ya ha perdido usted la virginidad y ya no tiene quince años. Cuando hablo con mis amigas y amigos homosexuales sobre estos menesteres calentorros, ellos y ellas señalan con unanimidad que pasan de hacer pajas, que las pajas dan mucha pereza y cansan, que la mano después de un rato afanoso de dale que te pego, toma que te doy duele, y que ya metidas en faena, pues mejor una mamada, chica. Estoy de acuerdo.

Pero la paja propia, esa que se casca uno mismo, eso ya es otra cosa. La paja es un refugio de lo más intimo en el que uno encuentra un remanso de paz entre tanta excitación, el sosiego más reconfortante entre esa eclosión que está apuntito de estallar. Puede que cuando uno siente que está medio moribundo, le da por hacerse una paja y este acto de amor propio donde los haya le devuelve nuevamente a la vida. Y renace, vuelve a reverdecer. La paja, digo yo, es un vaivén de sensaciones y sobre esto del onanismo y de lo que a uno le pone y cómo le pone, no hay nada escrito. Vamos, que cada uno piensa en lo suyo. Unos vuelan o acaso atraviesan océanos, mientras que para otros es un chute, y al consumarse respiran aliviados porque se sienten en casa. En lo que concierne a la logística de la operación pajillera, las pajas pueden ejecutarse, imagino yo, en cualquier lugar que lamente humana sea capaz de elocubrar. Películas aparte, los enclaves tradicionalmente destinados a casacársela suelen ser la ducha (como hace a diario el doblemente loser de Lester), tumbados boca arriba en la cama, pensando en otra (infinitamente más joven) y con la mujer al lado pensando ¿Pero qué haces cabrón?…

Encerrados en el cuarto de baño mientras el pajillero se alivia el pene sobre el inodoro, por aquello de no ensuciar…

Entre rejas…

Lo que pasa por la  mente de cada uno mientras se pajea es un inmenso abanico de posibilidades. Algunos olisquean alguna prenda íntima y sucia, mientras unos fijan su mirada en esos esculturales cuerpos desnudos que inundan las revistas porno.

Otros tiran de imaginación y de recuerdos…

Y usted ¿En qué piensa cuando se hace una paja?

Si se ha levantado con el pie izquierdo y ha tenido un mal día, quizás todo se solucione con una buena paja. O no. Por probar…

Que follen mucho y mejor.

Sexperimentando: la guía ideal para hablar de “eso”, de sexo

Querid@s,

Hoy me dirijo a los padres.  ¿Ya les ha ocurrido esto?

Es una de las preguntas de un hijo que más puede acojonar a un padre o una madre. Esta explicación me parece bastante acertada, muy apasionada y energica, eso está bien, eso está muy bien. Porque sinceramente espero que ninguno de ustedes siga con el cuento de que Papá mete una semillita en mamá o que los niños vienen de Paris bambaleándose peligrosamente del pico de una cigüeña. Luego no se quejen si su hijo acaba creyéndose que un burro vuela.

Las cosas hay que explicarlas como son. Con claridad, con sencillez y de manera concreta. Lógicamente, según la edad de los hijos, habrá que dar más o menos explicaciones. Aunque ustedes no lo crean o no lo quieran saber, la educación sexual que brindamos a nuestros hijos depende mucho de la que hemos recibido nosotros de nuestros padres y educadores, ergo a muchos les resulta muy difícil ponerse a dar explicaciones a su descendencia cuando llega la hora de habalar de cosas de mayores. Los miedos y tabús nos juegan malas pasadas en estos momentos.

Para hacer frente a todas las preguntitas que se le pasan por la cabeza a sus hijos y para que ustedes no se quedan pasmados, con la boca abierta y sin saber ni por dónde empezar a hablar, ha llegado Sexperimentando, la guía ideal para adolescentes curiosos entre 12 y 18 años, así como para padres sin complejos y educadores modernos que necesiten apoyo cuando llega la hora de hablar de “eso”.

sexperimentando

En este libro Nayara Malnero invita a recorrer el fascinante camino del conocimiento del propio cuerpo y el del amante, mientras se descubre la sexualidad de manera placentera y positiva. Se trata de una obra global que va más allá del punto de vista físico, ya que se incluyen las perspectivas tanto social como emocional. Consta de una serie de capítulos en los que se recorre los cambios que el cuerpo experimenta desde la adolescencia, qué es sexo y qué no lo es, la masturbación, aprender a ligar como toca, el primer noviete, la primera vez, sexo seguro y cómo reconocer una relación toxica para mandarla a paseo antes de que sea demasiado tarde. El libro incluye una serie de tareas prácticas y cuestionarios para que el aprendizaje sea global y enriquecedor.

Por favor, si pillan a  sus hijos masturbándose o haciendo cositas, no les reganen. Están haciendo los deberes. El libro también está dirigido para que lo consulten padres y educadores.

¿Quién es la autora? No es ninguna indocumentada, todo lo contrario. SE llama Nayara Malnero, es psicóloga y sexóloga clínica, y trabaja como comunicadora en salud, educadora sexual y terapeuta. Dirige la comunidad online Sexperimentando y el centro sanitario Nayara Malnero en Gijón. Qué bonita es Gijón, todo sea dicho de paso. Sobre todo en verano y durante el festival de cine. La autora también es miembro de varias asociaciones de sexología y vicepresidenta de la Asociación Española de Terapia Sexual y Sex Coaching. Su canal en YouTube Sexperimentado con Nayara Malnero cuenta con más de 80.000 suscriptores. Anímense, síganla y aprendan.

Creo que las conversaciones entre padres e hijos deberian de ser de este modo.

Yo a mi madre se lo cuento todo. Bueno, casi todo.

Que follen mucho y mejor.

Las mejores escenas de masturbación del cine

Querid@s,

Quisiera llamar su atención sobre algo que me inquieta profundamente. En el virtuoso sentido de tan inquietante tetérmino. Existen cintas que son una absoluta oda al onanismo. Precisamente a tal respecto me viene a la cabeza un artículo majadero y creación conjunta entre el diario ABC y la Universidad de Navarra que rezaba alto y claro sobre cómo evitar la masturbación. Fíjense lo escandaloso que era que hace ya tiempo que lo retiraron d e Internet y no hay listo que lo encuentre. Únicamente he podido rescatar este breve fragmento que es más que suficiente para que juzguen por ustedes mismos.

abc

Masturbación, ¿a favor o en contra? En su momento se comentó hasta la saciedad este polémico artículo sobre cómo controlar el hábito masturbatorio. Tiempo después continúo sin comprender por qué querría nadie en su sano juicio controlarlo. Seamos inteligentes, estoy hablando de una práctica de la masturbación dentro de los límites de la moderación. No se me pongan más papistas del papa, que ya nos conocemos. En las discusiones hubo y habrá mucha paja y yo no quiero ser menos. Ya que mayo  se ha ido con sus lluvias a otra parte – recuerden que fue y seguirá siendo el mes más onanista del año, desde este blog le despedimos (no sin cierto retraso) con un post dedicado al “amor propio” en su versión más cinematográfica. He aquí mi particular granito de arena en forma de un suculento compendio de las escenas de masturbación más soberbias del cine. Pasen y vean, si les pica la curiosidad claro está.

Algo Pasa con Mary: Ben Stiller, a la próxima tenga la decencia de asearse antes de salir del baño.

American Beauty: “Este soy yo masturbándome por la mañana. Este es el mejor momento del día, a partir de ahí, todo va cuesta abajo”.

American Pie: Un clásico del cine de universitarios con hormonas revolucionadísimas. Creo que a Jim el tema de la tarta se le va un poco de las manos. Casi me resultó vomitiva la escena. Pero el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Aquel Excitante Curso: Phoebe pilla a Brad con las manos en la masa.

Cisne Negro: Natalie Portman se masturba de manera gloriosa frotándose como si no hubiera un mañana sobre las sábanas de esa cama deshecha. Lo que dice lo hace: Vete a casa y tócate.

Lucía y el Sexo: Es posible que esta sea la mejor de todas. Elena Anaya, a tus pies.

Los Amos de la noche:  Esta mujer es preciosa y se toca como una auténtica Diosa. Parece estar pasando una velada estupenda, pero como reza el dicho, vendrá alguien y te lo joderá.

Mulholland Drive: Yo creo que aquí a esta Naomi watts tan cachonda también se le va el asunto de las manos. Parece que la estén matando.

No es Otra Estúpida Película Americana

Pleasentville: Muy re-que-te-bien se lo pasa esta mujer en la bañera. Creo que se le queda cara de pensar el tiempo que ha perdido hasta que su hija le enseña de qué va eso del sexo y la masturbación.

¿Se les antoja alguna más? Les invito a que me ayuden a enriquecer esta variopinta oda al onanismo con su particular joya masturbatoria. Les dejo hasta la próxima con una de esas frases geniales sobre sexo del zumbado de Woody Allen. “No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quien yo quiero

Que follen mucho y mejor.

En mayo, masturbarse o morir

Querid@s,

Hablando de masturbarse, hoy vamos a continuar con el mismo asunto. Mayo ya está aquí y amenaza con quedarse un tiempo. Sepan ustedes que mayo es el Mes de la Masturbación Nacional. Y no me lo estoy inventando.

El Mes Nacional de la masturbación apareció por primera vez en 1995 por el sex shop Good Vibrations, en respuesta al despido del cirujano americano Joycelyn Elders. En una presentación del Día Mundial del SIDA, un miembro del público le lanzó una pregunta sobre el rol de la masturbación a la hora de disuadir actividades sexuales de riesgo entre los jóvenes, y este buen hombre respondió, “Creo que la masturbación es algo que forma parte de la sexualidad humana y parte de algo que tal vez debería ser enseñado”. Inmediatamente después el presidente Clinton le puso de patitas en la calle. Precisamente Clinton, al que pillaron infraganti con la becaria de la Casa Blanca. Mira que eres poco original querido Clinton.

El objetivo capital del Mes de la Masturbación Nacional radica en tratar de reducir el latoso estigma que rodea el debate y la pajillera práctica del onanismo. La comunidad LGBT debería mantener bien abiertos oídos y ojos ante este asunto y reclamar, aun más si cabe, el derecho de cada mano a tocarse lo que se le antoje. Por dos motivos.

En primer lugar, los molestos prejuicios que siguen rodeando los debates sobre sexualidad son particularmente dañinos para aquellos cuya sexualidad es percibe por la sociedad como “desviado” o “no natural“. En segundo lugar, una parte considerable de la oposición a relaciones sexuales entre seres del mismo sexo proviene de teóricos del derecho natural – además de la omnipresente y omnipotente (casi como Dios) Iglesia Católica- que persisten en conde denar a capa y espada la conducta homosexual por la misma razón que condenan la masturbación: ambos supuestamente tratan a la persona humana como un mero objeto sin fines reproductores. Qué valor.

La masturbación todavía es material de tabú en nuestra sociedad, tanto que algunos depredadores osan incluso entregarse sin decoro alguno a la propaganda panfletaria y dar consejos que nadie ha solicitado sobre cómo evitar la masturbación. Les hablo de un artículo majadero y del ABC que rezaba alto y claro sobre cómo evitar la masturbación. Fíjense lo escandaloso del asunto que hace ya tiempo que lo retiraron de internet y no hay Dios que lo encuentre. Únicamente he podido rescatar este breve fragmento que es más que suficiente para que juzguen por ustedes mismos.

abc

No entiendo por qué oscuro motivo ha de evitarse la masturbacion, no me cabe en la cabeza. No agregare muchos más comentarios al respecto, pero dejemos de ver paja en el ojo ajeno y que cada uno se centre en lo suyo. Desde este blog insisto en darle a la masturbación la importancia que tiene en la sexualidad de todo hijo de vecino, y desmanchar su reputación después de las barbaridades que sobre ella parlotean las malas lenguas.

Empecemos pues por la teoría de la masturbación. Brevemente, que el asunto tiene paja. Según cuenta el diccionario de la RAE, la masturbación es el acto de estimular los órganos genitales o las zonas erógenas con la mano o por otro medio para proporcionar goce sexual.

Vamos, hacerse el  amor, quererse, amarse y darse placer a uno mismo. Ciertamente no detecto tintes malignos que atenten contra la dignidida de cada individuo.

Quedado claro su significado y aunqeu esto no sea un aula de sexualidad ni de lengua española, pasemos seguidamente y sin más dilación a conjugar alto y claro el verbo MASTURBARSE. Todos junt@s:

 Yo me masturbo

Tú te masturbas

Él/ella se masturba

Nosotr@s nos masturbamos

Vosotros os masturbáis

Ell@s se masturban

Lanzo una pregunta al aire para quien quiera aprehenderla. ¿Usted se masturba? Y no digan mentirijillas, que eso SÍ es pecado. Pecado o no, masturbarse es una de las pocas cosas que no valen dinero. Y en este país maravilloso, que desgraciadamente se están cargando unos cuantos iluminados, queda poco para tener que pagar hasta por respirar. Así que, a follar a follar que el mundo se va a acabar.

Como siempre, hagan lo que les dé la real gana. Yo este mes de mayo me voy a masturbar más que nunca. Ciertamente la primavera me tiene alteradísima y el negocio me pica más de la cuenta. No sé en quién pensare mientras me quiero a mi misma con locurísima, esas cosan suceden solas. Pero recuerden que alguien, en algún lugar, en algún momento, se masturba pensando en usted.

barbie

Y al que no le guste que no mire.

Que follen mucho y mejor.

¿Por qué las mujeres no entran a los hombres?

Querid@s,

Aprovecho la polémica desatada entre los más activos de los lectores de este blog. Discutían por estos lares algunos sobre por qué las mujeres no entran a los hombres.

Antes de adentrarnos en este terreno pantanoso, definamos que entendemos cada uno por entrar.

A. ¿Entrar es presentarse a alguien, demostrar interés en conocerle, levantar el teléfono y quedar para tomar algo?

B. ¿Entrar es acercarse en un bar/discoteca/pub (sobri@ o ebri@), quizás más de la cuenta, arrimar cebolleta y meter morro a la primera de cambio?

C. ¿Las dos cosas son entrar?

D. ¿Entrar no es nada de esto? Defina entrar.

He decirles que muchas féminas entran a los hombres, pero es cierto que la mayoría no lo hace. La mayoría de nosotras esperamos a que nos liguen, esperamos a que un caballero nos corteje y a que sea él quien mueva ficha. Pero no todas somos así. Ya les aseguro yo que a las mujeres no se las puede poner a todas en el mismo saco, pero creo aquella mujer que no entra a un hombre es:

A. Porque ese hombre no le gusta tanto.

B. Porque le puede la vergüenza y antes de sufrir en carnes propias una cobra es capaz de dejarlo escapar. Personalmente prefiero ahorrarme que me hagan una cobra o me den un abrazo koala. No quiero ser la pagafantas de turno, rol que por tradición histórica encajan mejor ellos que ellas. Por aquello de que están más acostumbrados que nosotras.

C. Porque su autoestima puede mejorarse: Una mujer segura de si misma, sin miedos, entra. Y por la puerta grande.

D. Porque tiene miedo al rechazo. Una mujer no entra (salvo que esté loca o borracha como una cuba) si no las tiene todas consigo. No es culpa de nadie, simplemente estamos acostumbradas desde que el mundo es mundo a que el hombre sea el que dé el primer paso, el que nos corteje y el que muestre interés. Por follar o por amor.

Mi madre (que no tiene razón en todo lo que dice, pero ante todo es mi madre) siempre me ha dicho que no tengo que ir detrás de ningún hombre. Mi abuela me decía “Al que le gustes lo sabrás y tan pesado será, que no te dejará en paz.”  Mi  abuela tampoco tenía razón, pero también me decía una verdad como un puño Sabe más el diablo por viejo que por diablo. ¿Qué quiero decir con esto? La educación, la cultura, la tradición y la religión tienen mucho que ver, nos guste o no.

No olvidemos que en la época de nuestros abuelos el divorcio era inaudito, incluso si la mujer era víctima de malos tratos. Menos mal que ya no lo es, aunque demasiadas mujeres tengan que seguir lidiando con la violencia de género. Hace treinta años los gays no estaban bien vistos. Menos mal que cada vez hay menos personas homófobas, que por pocas que sean, siempre serán demasiadas. No se puede cambiar toda esta herencia histórica en dos días, ojalá. Y si queremos, dejemos de ver paja en el ojo ajeno y empecemos por uno mismo. Yo empezaré por prometerles que al próximo hombre que me atraiga me lo ligaré. Aunque casi siempre lo hago, yo ya no me quedo con el “y si”. A ustedes mujeres les pido lo mismo. Y a los hombres que hablan demasiado mal de las mujeres que dan el primer paso, que no se les llene la boca degradándolas a ellas y a su iniciativa.

Pero no vayan todos de modernos. Más de una vez he escuchado como hombres tachaban de zorras, frescas, guarrillas, putas a la mujer que da el primer paso y se lanza. No nos engañemos, la mayoría de los hombres no son tan liberales como creen y no están acostumbrados a que una mujer les ligue. La mayoría de los hombres son cazadores. Como a Cocodrilo Dundee les gusta detectar a la presa, localizarla, compararla con el resto, estudiarla y conquistarla. Si esa misma presa corre en su dirección y se desploma frente a usted y su arma, me lo juego todo a que en eso mismo instante, a muchos, deja de interesarles como mujer. Les ruego que sepan leer entre líneas, no estoy comparándonos con reptiles, aunque algunos de ustedes pienses que somos unas víboras.

Hay mujeres conquistadores, no lo duden. Y muy listas, actúan fastuosamente y conquistan al hombre que desean con tal maestría que les hacen creer que son ellos los que las han conquistado. Bravo.


Y ahora, espero ansiosa tod@s sus críticas. Les ruego que sean constructivas.

Que follen mucho y mejor.

¿Alguna vez le han comido el culo?

Querid@s,

En la última cena que he compartido con un popurrí de amigos lancé la siguiente pregunta al aire. Y tan ancha. ¿Alguna vez os han comido el culo? Se rieron, pero en muchos de sus rostros sólo pude ver incredulidad, asombro, sorpresa. La típica cara de…”yo eso no lo hago ni de coña, menuda guarrada”. No entiendo de primeras ya esta cerrazón y este privarse porque sí de tan primigenio y primoroso placer. Me suena a poca imaginación, muchos prejuicios y un sexo rutinario en la que el misionero es el pan de cada día. Amen.

Para mas información, este annilingus es mundialmente conocido como beso negro. Aunque sepan ustedes que el beso negro ni es beso ni es negro. También se le llama beso polaco o beso de colibrí, porque estimula el periné (base de la pelvis, entre los genitales y el ano tanto femenino como masculino) y de este modo la lengua penetra el ano profundamente, simulando la forma en que los colibrís succionan el néctar de las flores. El ano, ojete u orto, de ahora en adelante “culete” (que queda más fino y elegante) es una de las zonas erógenas más fascinantes de hombres y mujeres, aunque much@s de ustedes no se atrevan a que nadie se aproxime a sus partes traseras o no les seduzca lo más mínimo que nadie se le asome al culete.

Pues qué quieren que les diga, a mi me va el beso negro. Darlo y que me lo den. Para los que a estas alturas del cuento no sepan lo que es, políticamente correcta les diré que consiste saborear y acariciar con toda la boca, la lengua y los labios el esfínter de otr@. Esta lúbrica práctica se remonta a los albores de la humanidad y tiene sus raíces en comportamientos solidarios y de limpieza recíproca entre distintos seres. El placer vino después. El esfínter suele estar muy irrigado y es extraordinariamente sensible. Si aún no lo saben, tóquense ustedes mismos, o mejor aun, pídanle a su pareja que lo haga por ustedes. Verán como cualquier cosita que le hagan ahí detrás obtendrá una recompensa proporcional al cariño y la pasión con que las hagamos.

Cuando se trata de beso negro confieso que soy egoísta y prefiero ser yo a la que se coman a besos. Hay uno que me atiende especialmente bien y me da unos besos negros que me muero. Primero se entretiene un buen rato acariciándome las nalgas y se pone a jugar como quien no quiere la cosa por mis alrededores perianales. Nunca lo hace directamente, ya sabe él que yo prefiero que me hagan las cosas poquito a poquito. Después de palpar bien todo lo palpable, se dirige con su mano poco a poco al ano. No puedo evitar volverme loca y poner el grito en el cielo mientras frota suavemente con el dedo corazón en movimientos circulares y envolventes. Hace lo que toca hasta que su boca entra en acción. Y es aquí cuando empieza el espectáculo, porque los que lo han probado alguna vez, no podrán negarme que a los besados nos gustan estas lamidas de culete más que a un tonto un lápiz.

Cada uno que lo haga como quiera, pero háganme caso en una cosa. El beso negro ha de darse con seguridad, con aplomo, con confianza. Con un par de huevos o un par de ovarios según sea el caso. Use la lengua para masajear y los labios para chupar. No se ande con remilgos, porque si lo hace no disfrutará plenamente de esta experiencia. Si le da asco, mejor dedíquese a otra cosa. Ya habrá tiempo.

Escena sexo oral de la serie Girls

Imagino que a muchos de ustedes no les convence nada esta práctica poco convencional entre los posibles juegos y carantoñas sexuales. ¿A qué se debe tanto ocultismo? ¿Por qué sigue siendo este beso tabú y el placer que se obtiene de él tan estigmatizado entre muchos? Está claro que es porque se relaciona directamente con aquello de caca, culo, pedo pis. Pero ya saben, como hablamos en un par de posts anteriores, si uno se da la friega correspondiente, el black kiss saldrá a pedir de boca.

A favor de esta práctica he de decir que es absolutamente indolora, sólo da gustirrinin y del bueno. Lo peor que le puede pasar a un@ es que se quede con algún tropezón en la boca, si el dueño o la propietaria del ano son algo guarretes. Permítanme que insista pues en la higiene y limpeza del culete, especialmente por respeto a y solidaridad con la boca involucrada. Los más aprensivos hablan hasta de jabones antibacteriales y no se amorran sin un lavado interno con agua y los utensilios pertinentes. No olvide depilarse o rasurarse, una zona despejada y libre de molestos vellos siempre hace más agradable y agradecida la experiencia. ¿A que no le gusta acabar con pelos en la boca? Pues al otro tampoco.

Para terminar, sólo un dato más. ¿Recuerdan el sesenta y nueve verdad? Pues bien, la misma práctica aplicada al beso negro se denomina doble cero. Les advierto que requiere de una cierta elasticidad física. Por si necesitaban una excusa más (apetecible) para apuntarse este año al gimnasio, ya la tienen.

Que follen mucho y mejor.

Somnofilia o síndrome de la bella durmiente: sexo entre sueños

Un susto de muerte. Eso es lo que se llevó el pasado fin de semana una amiga cuando, al entreabrir los ojos a las 5 de la madrugada en la cama del chico con el que sale desde hace un par de meses, se lo encontró inclinado a pocos centímetros de su cara mirándola fijamente. “Casi se me para el corazón. Di un grito tan grande que aún me duele la garganta”, me cuenta. El tipo, nervioso ante tanto escándalo, trató de calmarla explicándole que no pasaba nada, que se había levantado al baño y que, al verla dormida, le había parecido preciosa y se había sentado a “admirarla”. No sé, no es la primera ni la última persona que babea mientras ve dormir a su lado al hombre o a la mujer de sus sueños, sobre todo al inicio de la relación, pero eso de que estuviera tan tan cerca da un poco de mal rollo. A mi amiga, al menos, se lo da. “¿No estás un poco paranoica? A mí me parece tierno”, afirma una tercera.

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Dándole vueltas al tema acabamos hablando de la somnofilia. Y con eso no quiero decir que el reciente noviete de mi amiga la padezca, eso sería mucho decir, pero nos dio tema de conversación para rato. Como decía, todos hemos mirado alguna vez a la persona que teníamos al lado y, al verlo/a dormido/a, hemos pensado “guau, que suerte tengo”. Pero la somnofilia, como toda parafilia sexual, va más allá. Esta en concreto se caracteriza porque el individuo (o individua) que la padece solo logra excitarse al interactuar sexualmente con alguien que está durmiendo. Y como todo en la vida, hay distintos rangos. Los hay que simplemente se excitan con la contemplación, quienes se masturban al hacerlo y quienes sienten la necesidad de mantener relaciones sexuales aunque la otra persona se encuentre totalmente inconsciente por el sueño. O mejor dicho, precisamente por eso. En casos extremos pueden darse casos de abuso sexual.

En la fase REM del sueño, el cuerpo experimenta lo que se denomina tumescencia peneal nocturna en el caso de los hombres y la erección del clítoris en el caso de las mujeres, lo que podría propiciar procesos sexuales. Resulta ridículo pensar, sin drogas ni fármacos de por medio, que alguien pueda penetrar a otro alguien sin que esta persona se despierte, por muy dormido/a que esté. Pero sí que es posible durante la tumescencia nocturna del pene (vamos, el empalmamiento nocturno de toda la vida), que puede durar hasta 90 minutos, que se realice una felación o una masturbación mientras el individuo sigue en los brazos de Morfeo.

"La Bella Durmiente", por Henry Meynell Rheam

“La Bella Durmiente”, por Henry Meynell Rheam. WIKIPEDIA

Conozco a una mujer que, en una larga conversación sobre sexo, contó lo muchísimo que le ponía su novio cuando se empalmaba dormido. Tanto, que la mitad de las veces sentía un irrefrenable deseo de metérsela en la boca hasta que él, confundido y somnoliento, se despertaba entre espasmos sacudido por un fuerte orgasmo. Y encantado de la vida, vaya. Otra, en cambio, tiene una fantasía sexual recurrente que pone en práctica a menudo con su marido, y es que ella es la Bella Durmiente y su hombre, convertido en príncipe dorado, la despierta de un siglo de sueño a base de pollazos.

Aunque esto último no entra dentro de lo que se entiende propiamente por somnofilia, viene al caso porque es precisamente así como se ha denominado coloquialmente a esta parafilia: el síndrome de la Bella Durmiente, en referencia al cuento infantil de Charles Perrault en el que una joven doncella es condenada a una maldición que la obliga a permanecer dormida 100 años o hasta que la despierte un beso de verdadero amor. En el cuento, el príncipe, abrumado por la belleza de la joven durmiente, no puede evitar besarla, sacándola así, sin saberlo, de su letargo.

No obstante, la somnofilia no debe ser confundida con la sexomnia, un trastorno del que hemos hablado anteriormente y que lleva a las personas que lo sufren a desarrollar actividad sexual mientras duermen, de forma completamente inconsciente y sin posibilidad de comunicación. Al igual que el resto de sonámbulos, al despertar no recuerdan nada.

Masturbarse por primera vez

Para todo hay una primera vez. Con la masturbación pasa lo mismo, solo que nadie nos enseña y suele ser a golpe de intuición y autodescubrimiento. Que si una mano por aquí, que si un roce por allá… Aunque una cosa son los tocamientos iniciales y otra, lo que vulgarmente se conoce como “hacerse una paja” en toda regla. ¿Cuándo y cómo se suele empezar?

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Mis amigos, acostumbrados a mis indiscretas preguntas, accedieron una vez más a dejarse interrogar, y la verdad es que echando la vista atrás en esto del onanismo no nos pudimos reír más. “Yo tenía 12 años. Estaba en la ducha y empecé a toquetearme. Cuando quise darme cuenta estaba ahí dale que te pego y de repente sentí un escalofrío de placer. Casi me desmayo; tuve que agarrarme a las cortinas y todo para no caerme. Y dije ay la leche, ¿esto qué es? Desde entonces no he parado”, añade.

En lo que a los chicos se refiere, salvo las diferencias propias en detalles y matices, las historias suelen ser parecidas. La cama en lugar de la ducha, 13 años en lugar de 12… Pero poco más. En el caso de las chicas, las diferencias son más grandes. No tanto en la horquilla de edad (12-14) como en los métodos. Alguna me dejó con la boca abierta, reconozco.

“Yo empecé muy jovencita, a los 12 años, y lo hacía pensando en los actores de la peli Exploradores”, me contaba una. Esta lo hacía con la mano, pero me encontré de todo. Eso sí, ninguna con penetración, que con esas edades ni se les pasaba por la cabeza. La que más me sorprendió fue la que dijo que se masturbaba frotándose contra el pico del lavabo. “Una vez hice tanta fuerza que acabé arrancándolo de la pared y rompiéndolo. Mi madre se enfadó muchísimo y nunca entendió cómo narices había hecho aquello”. Para otra, su primera vez fue inesperada. “Había un columpio que simulaba ser un cohete, con barras de hierro muy altas por las que trepar. Un día estaba intentado llegar arriba, y de tanto rozarme, acabé teniendo un orgasmo”. Cojines, almohadas, movimientos rítmicos contra pelotas de tenis… el repertorio es inacabable.

Luego, claro, la técnica se va perfeccionando con la edad. Pero eso, amigos, ya lo dejamos para otro post. ¿Recordáis vuestra primera vez?