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¿Lo más importante es la penetración? Según un estudio, los preliminares no están de acuerdo

En la cama cometo varios errores, de eso estoy segura. Pero uno de los que más he tardado en darme cuenta ha sido del error de los preliminares.

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No porque se me resista la técnica, sino porque, hasta hace relativamente poco, formaba parte de ese grupo que consideraba que no eran más que una práctica de segunda categoría.

Una manera de preparar el terreno de juego, y nada más lejos. Mi experiencia sexual me ha ido poniendo en mi sitio, y si algo he sacado en claro es que era precisamente en ese momento, cuando mis posibilidades de tener un orgasmo se multiplicaban.

Me toca entonar el mea culpa, pero al mismo tiempo señalar que, cómo no iba a tener esa idea del sexo, y, sobre todo, esa manía de considerarlos parte del calentamiento, si nadie me había enseñado lo contrario.

En las series o películas con escenas subidas de tono, lo realmente importante y urgente era la penetración. Todo lo demás o salía en una menor medida o ni hacía acto de presencia.

Lo que construye, poco a poco, la presión social de que, pase lo que pase, hagas lo que hagas, si no entra, no cuenta.

No fui solo yo quien hizo este descubrimiento, era algo que entre amigas no era un secreto, ya sabíamos cuál era nuestra parte favorita.

Ni somos rara avis ni somos las únicas.

Un último estudio al respecto, realizado este año por Bijoux Indiscrets, tienda erótica, ha averiguado que somos un 66,8% los que preferimos la masturbación o el sexo oral, frente al 6,59% que prefiere la penetración.

El 26,54% restante elige los besos y las caricias.

¿La conclusión que podemos sacar entonces de esa idea de los preliminares? Pues como afirma Elsa Viegas cofundadora de la marca encargada del estudio: “Excluye la sexualidad de muchas personas. Tanto hombres como mujeres consideran que estas prácticas están llenas de placer y por lo tanto forman parte del sexo”.

Al darles ese nombre, ya estamos condicionando que se tratan de un paso anterior a lo realmente importante, cuando la realidad es que son igual de válidas y de protagonistas.

Es una tara social que nos toca asumir como parte de la falocracia, mediante la cual el hombre es más importante en todos los ámbitos, lo que se traduce en el sexo a que todo gira alrededor de la penetración.

El estudio no hace más que probar que es un pensamiento que ha quedado antiguado. Llega el momento de desaprenderlo y aprender a tener sexo de nuevo.

Un cambio que tiene que empezar por nuestra manera de pensar para que se vea después en el comportamiento en la cama.

Duquesa Doslabios.

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Masturbación y sexo oral, de preliminares a plato principal

Una felación, el cunnilingus, los juegos de manos que van desde el glande del pene hasta el clítoris… Actividades muy placenteras que, hasta hace poco, quedaban relegadas a un segundo plano. A la introducción a la verdadera acción: el coito.

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Y es que la sociedad, de manera sutil, nos enseña a través de las canciones, las películas, los libros, y, por supuesto, el porno, que es el coito el fin último de todo, la meta del placer.

Pero, ¿qué es lo que conseguimos considerando esas prácticas un juego previo, el calentamiento? Para empezar, no se les da la importancia suficiente.

Son prácticas de segunda categoría, paradas momentáneas, pero no el destino final. Lo que esto consigue en muchas ocasiones es que no alcancen el estatus de experiencia per se.

Algo que se puede traducir en que no les dedicamos ni el suficiente tiempo ni la bastante atención. Sin embargo, y recordando que la gran mayoría de las mujeres somos clitorianas (si no sabes de lo que hablo, lee esto), estas son las únicas maneras que tenemos de llegar al orgasmo.

Convertirlo en un paso, hace que, hablando mal y pronto, nos quedemos a dos velas.

No se queda solo ahí el drama de considerarlos partes del juego previo. Hay un problema aún más serio detrás.

Y es que solo consideramos acto sexual cuando hay penetración, lo que se conoce como sexo falocentrista. En este intercambio, lo que da por válida una relación, o más que por válida, por completa, es pasar por el coito, restándole peso a todo lo demás.

Lógicamente es un pensamiento muy machista (poner el pene por delante siempre lo es) y reduce exponencialmente el disfrute de la población a los privilegiados cuya tarea es la de meter y sacar, ya que es el placer de ese roce el que se busca como fin último.

El sexo va mucho más allá de la penetración y cada acto, cada momento, cada cosa que hagamos, deberíamos tomárnosla como el evento principal, como el objetivo, solo así conseguiremos gozar de una sexualidad variada y que satisfaga a todo el mundo, es decir, más igualitaria.

Duquesa Doslabios.

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Juguetes pequeños pero matones, las máquinas de orgasmos para el clítoris

Pensar en un juguete sexual femenino tiene una respuesta automática en nuestro cerebro: un brillante y gigantesco dildo. Son tan vistosos, popularizados por las películas de cine X y por qué no, provocativos, que es hasta normal que sean los primeros en venir a la mente.

El Blog de Lilih Blue

Sin embargo, su fama no está tan merecida como pensamos y pisan mucho más fuerte los que estimulan el clítoris. En tan solo unos pocos milímetros cuadrados reunimos más de 8.000 terminaciones nerviosas (el doble que el glande), por lo que resulta mucho más lógico que los fabricantes de juguetes cada vez ofrezcan más variedad en artículos ideados para esa parte del cuerpo.

Mucho más discretos, quizás no son a los que antes se van los ojos cuando se entra en un sex shop. De hecho, es hasta probable que tengas que preguntar por ellos o que no los identifiques a primera vista. Pero, entre nosotras, la que lo prueba repite.

Los productos que estimulan el clítoris son varios. Por supuesto siempre puedes usar los vibradores al uso, aunque al ser tan grandes no resultan tan ergonómicos como los que han sido diseñados específicamente para estimular la zona (y pueden llegar a ser un poco engorrosos).

Una versión reducida de estos juguetes son los estimuladores pequeños tipo bala, unos productos que, si para iniciarse en el mundillo no están mal -son muy prácticos por el tamaño, que no llega a superar a un tampón-, no tienen excesiva potencia.

En segundo lugar, están los modelos algo más grandes, cuyo motor tiene más potencia vibratoria (no nos vamos a engañar) y, por tanto, suelen tener mejor resultado en cuanto a placer.

El blog de Lilih Blue

Los anillos vibradores, que, como su nombre indica, forman parte de esta categoría, son en mi opinión los menos prácticos. Ya que aquellos que se usan en pareja para colocar alrededor del pene terminan sin ser de mucha ayuda, ya que solo alcanzan la zona de manera intermitente.

Mis últimos descubrimientos, y algunas de las novedades en el mundillo ya de paso, son los más interesantes: los succionadores de clítoris. Con forma de trompa o, directamente, con una abertura, producen sensaciones que pueden recordar a cuando nos practican sexo oral. Y además te garantizan alcanzar el orgasmo rapidísimo (perfecto para mujeres con prisa).

También ocupan un lugar destacable los que estimulan de maneras alternativas mediante ondas, una vibración que afecta también a la parte interna del clítoris.

Saber cuál es el que mejor funciona para cada mujer es muy personal, y, como ves, las opciones son bastantes. Mi recomendación está clara: hay que probar, probar y probar.

Solo experimentando en carne propia nos conocemos y somos capaces de saber cuál es el que mejor encaja con nuestros gustos o el que más se amolda a nuestro estilo de vida.

Y en cuanto des con el perfecto, cuéntaselo a tus amigas, claro. Compartir es vivir.

Duquesa Doslabios.

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‘Gagging’, el sexo oral que pasa de las arcadas a las lágrimas

Hace poco os hablaba de la ‘arcadización’ de las felaciones, de esa costumbre que parece que muchos han adquirido mientras practicamos sexo oral de estrujarnos la nuca contra la entrepierna hasta que nos entran ganas de vomitar. Y de lo poco que nos gusta a las mujeres, claro.

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Muchos (hombres, claro) alegaban en los comentarios o me replicaban en las redes sociales que no, que había mujeres a las que les encantaba, que les producía excitación notar el glande hacerle cosquillas a la campanilla y que ellas tenían tanto derecho de disfrutar de las arcadas como ellos de la mamada.

La diferencia es que la arcada no es una sensación ni placentera ni agradable y el hecho de realizar sexo oral en el que aparecen las contracciones que preceden la expulsión del vómito es algo que se basa únicamente en el imaginario erótico masculino.

Esta práctica, en la que se ve pasarlo a una mujer mal, entre espasmos, toses, mocos y lágrimas, tiene hasta nombre: el gaggingque se podría traducir literalmente del inglés por “tener arcadas”.

Basta poner la etiqueta en cualquier página de contenido erótico para que el buscador nos devuelva cientos de resultados en los que las náuseas están garantizadas hasta el punto de ver a la actriz al borde del llanto.

Pero lo que hay en realidad detrás de un vídeo de gagging, lo que tiene detrás, es una triquiñuela más de las películas pornográficas.

Una máscara de pestañas que no es resistente al agua que hace que termine la cara como si volvieras de fiesta a las cinco de la mañana para hacer aún más exagerado ese aspecto dramático de llanto desconsolado.

¿El gran peligro de esto? El mensaje que se transmite de dominación y maltrato. Trátala mal, aunque se queje. Mal hasta que se asfixie, hasta que llore, hasta que veas que no puede contener las lágrimas, hasta que se le corra el maquillaje. Porque eso es lo que has aprendido en el porno. Porque eso es lo que tan cachondo te ponía cuando te masturbabas, una mujer asfixiada sollozando.

Para evitarlo, Canadá me parece el mejor ejemplo ya que la Canada Border Services Agency vigila cada tres meses las películas que entran en el país de este estilo.

Entre las cosas que no pasan la criba están “sexo con dolor o violencia. Situaciones que envuelvan pegar, tener arcadas, asfixiarse, quemar o actividades que irriten zonas del cuerpo”. Tampoco tiene cabida la humillación con el objetivo de excitar sexualmente.

Sin embargo, y por mucho que me gustaría que tuviéramos algún tipo de regulación, por lo pronto lo único que podemos hacer es ser conscientes de la violencia que encierran estos vídeos, una violencia que se aprende y se pone en práctica pensando que es lo normal y lo sexualmente sano cuando nos encontramos ante un intercambio incómodo y desagradable para una de las partes.

Duquesa Doslabios.

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Mayo, con M de ‘masturbación femenina’

Mayo es conocido por muchas cosas: la gala del Museo Metropolitano de Arte, el Festival de Cannes… Pero hay una celebración a lo largo de todo el mes que hace que sea especialmente significativo para nosotras: es el mes de la masturbación femenina.

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Que exista esta especie de reconocimiento es importante por varias razones. En primer lugar porque es una manera de visibilizarla.

La masturbación femenina existe, sucede, y, en algún lugar del mundo, en este preciso momento, hay una alcanzando el orgasmo por si misma. Las mujeres tenemos deseo sexual, nos tocamos y disfrutamos haciéndolo. Somos libres de relacionarnos con nuestro cuerpo de una manera erótica.

En segundo lugar, dedicarle un mes pretende hacer hincapié en que se pierda ese significado negativo. Un tabú que comenzó con la represión de la Iglesia católica, gran encargada de etiquetar todo lo relativo a las mujeres como prohibido, y que consiguió que incluso se llegara a ver como poco deseables las prácticas como la equitación o montar en bicicleta por los roces.

Han pasado décadas desde la liberación sexual, pero sigue vigente esa vergüenza tan de patio de colegio donde enseguida te señalan cuando el listo de turno sale con el “te haces dedos”. Mientras que, en la adolescencia, las pajas masculinas son casi la conversación cotidiana de cada día.

Por mucho que hayamos avanzado, la masturbación femenina todavía sigue siendo un misterio, o quizás, más que un misterio, algo mal enseñado. Con esas fantasías tan de película de que necesitamos introducirnos todo tipo de objetos por los orificios para encontrar el placer.

He tenido más orgasmos con la yema de un dedo (hábilmente colocada sobre el clítoris, por supuesto) que con todos los penes que han pasado por mi camino.

Lo bueno de este mes es que nos recuerda que, en la masturbación, todo vale (como en el amor). Cualquier tipo de estímulo, de lectura, de imagen o de juguete puede ser desencadenante de placer. La imaginación es el límite.

Los beneficios de la masturbación son unos cuantos (podéis informaros más a fondo aquí), pero el principal es que es una manera de conocer nuestro cuerpo, de saber cómo funcionamos. También es una forma sana y natural de querernos, de relajarnos y de responsabilizarnos de nuestro placer, que es algo que, antes que de nadie, depende de nosotras.

Duquesa Doslabios.

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¿No llegas al orgasmo? Antes de mirarle a él, mírate a ti

Son ya varias las amigas que, desde que he empezado a escribir este espacio, me han preguntado cómo masturbarse.

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Lo cual, por un lado, me hace ilusión, porque para mí, no hay nada mejor que compartir lo bueno de la vida con nuestras amistades. Así como les digo cuando una crema o un restaurante me ha gustado especialmente.

Pero por el otro me preocupa, ya que, en el caso de ambas, se aburren durante el sexo. Mi primera pregunta a ambas es siempre la misma: “¿Pero tú cuando tienes sexo te corres?”

No hablo de llegar al orgasmo necesariamente con la penetración, sino de alcanzar el clímax de cualquier manera. Incluso por una misma.

¿Adivinaríais su respuesta? En ambos casos, negativa. Os hablo de mujeres de 25 y 27 años que han crecido en una supuesta sociedad abierta en cuanto a sexualidad pero que, a la hora de la verdad, no saben ni por dónde empezar.

En el colegio nadie te enseña a masturbarte, es una mezcla de curiosidad y experimentación que puede tener un recorrido en función de la gente que te rodea. Por lo general, salen esas amigas siempre listas a recordar lo vergonzoso que es y que ellas nunca se tocarían debajo de las sábanas.

Si eso, algún compañero avispadillo (y algo salido, todo hay que decirlo), te vendrá con la pregunta de “¿Tú te haces dedos?”. Que a esas edades suena casi tan vergonzoso como si te preguntara si te sacas los mocos de la nariz y luego te los comes.

Desde pequeñas, de una manera o de otra, muchas coincidimos en que el ambiente para desarrollar la sexualidad no es el más halagüeño, pero es que es ahí donde tenemos que empezar.

No podemos pretender que nuestra sea una media naranja sexual que nos enseñe todo lo que desconocemos de nuestro cuerpo. No es la responsabilidad de los hombres, es la nuestra en primer lugar. Y, en el caso de dar con alguien que no sepa cómo gestionarlo, enseñarle.

Para mí, consistió en un aprendizaje a ciegas, casi instintivo, de sensaciones y un buen libro en el que una escena erótica cuya página memorizaba, acelerara mi imaginación despertando el resto del cuerpo.

Lo demás viene rodado. Quizás es menos interesante para la mayoría (recordemos que el 70% necesitamos estimulación directa del clítoris) practicar con un dedo dentro de la vagina como si fuera una especie de penetración algo más incómoda por la postura.

Sin embargo, alcanzarse el clítoris es tan sencillo que solo necesitas un dedo y moverlo de lado a lado, de arriba a abajo, en círculos o como sientas que más lo disfrutas. Como si de una carrera de fondo se tratara, seguir con un buen ritmo hace que aumenten las sensaciones.

Llegará un punto en el que, con el cuerpo a punto de estallar, el placer sea tan intenso que, lo que viene a continuación, es dejarlo escapar. Eso es el orgasmo.

Como todo en esta vida, la práctica hace al maestro, así que, de repetir, experimentar, agregar objetos cambiar la pose, la mano o el capítulo del libro por una imagen de Whatsapp nos ayudará a conocer por dónde va nuestro placer.

Duquesa Doslabios.

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¿Se pueden intercambiar de orificio los dildos vaginales y los juguetes anales?

Soy de las que piensa que has alcanzado un nuevo nivel de curiosidad en tu vida cuando, tirada en la cama, te planteas si ese juguete anal que tienes guardado serviría también para darle otro uso.

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Me consta que todos los juguetes que te compras vienen con un pequeño librito de instrucciones, pero, sinceridad, ante todo, cuando llegas con eso a casa lo único que pasa por tu cabeza es probarlo cuanto antes.

Los límites en la cama se ponen donde tú quieras, de hecho, hay una gran cantidad de posibilidades que, a algo que te has comprado, le encuentres un uso alternativo también muy placentero.

Pero no es lo mismo usar la fusta en el culo que en la palma de los pies, el azote viene a ser lo mismo, que cambiar el agujero para el que un juguete fue concebido.

Respecto a los juguetes anales, podemos respirar con tranquilidad. Puedes usarlos para cualquier orificio. Aunque quizás la anatomía no te resulta tan intensa como la forma de un dildo normal, puede estar bien para salir de la monotonía.

Eso sí, imprescindible que esté bien lavado. No cometas el error de utilizar el juguete indiscriminadamente porque puedes pasar bacterias a tu vagina y nadie quiere eso.

Sin embargo, a la hora de usar un aparato vaginal, tenemos que hacer saltar las alarmas. Mientras que la vagina es un espacio mucho más reducido con un límite, el ano se comunica con el intestino, por lo que no tiene ningún tipo de tope.

La estructura de los juguetes anales, si te fijas, suelen tener algún tipo de sujeción más ancha que evita que el juguete se pierda en las profundidades intestinales, algo de lo que carecen los vaginales.

La conclusión es que, por poder, se puede usar, al igual que por poder puedes comerte los bordes quemados de la pizza llenos de acrilamida, pero no es recomendable. De hecho, tengo un amigo doctor que me ha comentado en varias ocasiones la de objetos perdidos que ha llegado a encontrarse dentro de un culo.

Recuerda que no puedes jugar al fútbol si se pierde la pelota. Y menos si se pierde en tu intestino.

Duquesa Doslabios.

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Masturbación femenina: los beneficios que (aún) no conocías

A veces me da la sensación de que el mundo se está yendo al traste cuando me encuentro en la tesitura de escribir un tema en el que a las mujeres os doy razones para masturbaros.

El clítoris: amigo, no enemigo. YOUTUBE

Amiga, lo de que va a producir ceguera, te van a salir granos o pelos en las manos estaba muy bien cuando el doctor Kellog quería evitar que los jóvenes practicaran el onanismo (y al final acabara creando los cereales) pero no es la realidad.

No te va a producir ninguna de esas cosas, obviamente tiene efectos en tu organismo, pero no son los que tu crees. Si es algo que no haces regularmente ¿quieres saber a qué te ayuda?

La masturbación no hace que bajen las probabilidades de que te corras teniendo sexo. Au contraire mon amour, conocer tu cuerpo, saber cómo son tus ritmos orgásmicos y en definitiva saber cuándo hay que seguir porque estás a punto de tocar el cielo (sensorial), es algo que se consigue con una única cosa: la práctica.

Por supuesto que puedes hacerlo con tu pareja, pero estando sola a tu rollo con tu musiquita, tu escena tórrida del libro que estás leyendo y tu mano (empleada en el modo que prefieras), estás más que preparada para pasar un buen rato (o varios).

En pareja te permitirá mejorar la comunicación, más que nada porque es mucho más fácil explicar algo con lo que estás familiarizada que tratar de indicarle a tu acompañante lo que tiene que hacer si tú eres la primera que no sabe ni cómo le gusta.

Los orgasmos producen espasmos en la zona vaginal, lo que consigue que se liberen tensiones musculares. No sabes lo bien que viene eso hasta que estás en plena crisis de “siento que me perforan el bajo vientre con un taladro” tan característico del ciclo menstrual (para algunas).

El ibuprofeno y el paracetamol vienen bien, sí, pero una dosis de orgasmo te permite relajar la zona y que el dolor se vaya antes. Además no tienes que esperar cuatro horas entre uno y otro.

Orgasmo llama a orgasmo, no sé si es un refrán, pero la posibilidad de tener otro se debe a que las mujeres no necesitamos tanto tiempo de recuperación como los hombres. Averigua cuántos segundos necesitas de “descanso” y vuelve a la carga. Porque uno está bien, pero dos (o tres) por el mismo precio, está mejor.

Así que después de leer esto, razones no te faltan. Las ganas son lo único que tienes que poner de tu parte.

Duquesa Doslabios.

Manual de masturbación para primerizas

El otro día una de mis amigas, (entre copas, también hay que decirlo) me confesó que nunca había tenido un orgasmo.

Nunca.

¿Es grave?” Me preguntó sabiendo que el sexo es uno de los temas con los que más familiarizada estoy gracias a este espacio.

A ver, que pasados los 25 años nunca hayas tenido un orgasmo no es grave como tal. Grave es que te diagnostiquen una enfermedad, pero no el hecho de no haber alcanzado nunca el clímax.

Curiosidad, deseo sexual y relaciones sexuales precedentes placenteras tenía y había tenido, por lo que quedaban descartadas muchas alteraciones.

Cuando me preguntó que si me masturbaba o no y que cómo lo hacía, entendí que podía ser un simple problema de “no saber por dónde empezar“.

No todas tenemos el mismo desarrollo sexual, las hay que empezamos a frotarnos inocentemente contra cojines a edades muy tempranas y las que pasados los 40 descubren que el cepillo de dientes se puede utilizar en más sitios además que en la boca.

El camino es diferente para cada una de nosotras, pero el punto de partida siempre es el mismo: el clítoris. Lo reconocerás porque es el lugar donde sientes un cosquilleo cuando estás viendo una película y Zac Efron se quita la camiseta.

Esa zona, debidamente estimulada, nos permite alcanzar el pico del placer, el orgasmo. Y para ello no necesitamos vibradores, juguetes alternativos o cosas ajenas, necesitamos un dedo (normalmente el índice de la mano que se use para escribir, ya que tenemos más soltura con él) y un movimiento, como definirían en el colegio, circular uniforme.

Un estímulo circular o de izquierda a derecha hará que al cabo de un tiempo empecemos a notar cierta sensación de presión (siempre placentera). La clave es continuar hasta que toda esa presión se libere en forma de un espectacular orgasmo.

Obviamente, ayudas como un dedo o dos introducidos en la vagina de la otra mano, estímulos visuales (pornografía, la parte tórrida del libro que estás leyendo) o una persona jugando con tus pezones o mordisqueando zonas sensibles como el cuello harán que lo alcances mucho antes.

Liberar la mente, conocer el cuerpo y entender que la sexualidad es una cosa normal del ser humano y, ante todo, disfrutar, conseguirán que vivamos la experiencia con plenitud (y podamos repetirla después acompañadas y con conocimiento de causa).

Duquesa Doslabios.

Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces un cunnilingus

Después del éxito que tuvo la publicación de Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces una felación me ha parecido importante abordar la cuestión desde el otro lado.

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A la hora de encontrarte con desgustadores del pilón hay más de uno que más que practicarte sexo oral parece estar lamiendo la tapa del yogur como si fuera la vida en ello.

Después de hacer memoria de experiencias y exprimir a mis amigas para que compartieran conmigo sus secretos más oscuros, estas son las conclusiones a las que hemos llegado:

  1. No bajar. Era muy obvia pero había que sacarla, ya que el primer error que muchos cometen es no tener ni tan siquiera la predisposición para darse una vuelta por el piso de abajo. El sexo es una cosa maravillosa que solo disfrutamos plenamente con la mente abierta.
  2. Realizar la consulta ginecológica. Todos somos un poco torpes al principio pero esos que cogen los labios como si fueran pechuga de pavo, con dos dedillos, y los abren hasta el infinito y más allá, no solo nos resulta molesto, sino que nos hace recordar la última citología que nos hicieron en el ginecólogo. Los labios no son el rollo de chicle de Boomer.
  3. Hacer chupetones por la zona. Si quieres dejar un chupetón, algo que es un poco de quinceañero, pero allá cada cual, vete mejor al cuello, en el hombro, en el lateral del pecho, pero definitivamente NO ni en el clítoris, ni en un labio, ni en las ingles, ni en la cara interior de los muslos. No es que no nos ponga, es que directamente nos duele.
  4. No controlar los tiempos. No es necesario bajar a saco como si dependiera el futuro de los polos de ello, prepara el terreno recorriendo lo que hay alrededor. Besa, lame, juguetea… pero tampoco te pierdas por las inmediaciones. Recuerda cuál es el objetivo.
  5. Chupar sin ton ni son. Lo de usar la lengua como cuando mi perro bebe agua del bebedero o meter la lengua por la vagina como si fuera un intento de pene no tiene ni pies ni cabeza. Es raro, es incómodo y hasta puede cortar un poco el rollo. Mejor limítate a las zonas seguras.
  6. Mover la cabeza como si en vez de estar practicando sexo oral estuvieras imitando a Beyoncé en Run the world.
  7. Los cambios de ritmo cuando estás gozándolo. La lengua no debe comportarse como un globo desinflándose pasando de arriba a abajo a articular las letras del abecedario. El clítoris se debe mover de lado a lado. Contínuamente, con energía y sin parar, lo que puede hacer que más de uno tenga problemas y…
  8. No resista el ritmo. Sí, es cansado, sí, duele la lengua, pero no en vano se le llama “hacer un trabajito”, como diría la gran Samantha Jones en Sexo en Nueva York.
  9. Mirar fijamente a los ojos de tu pareja es raro. Una cosa es lanzar alguna miradita para controlarle los gestos y ver si lo está disfrutando y otra muy diferente quedarte mirando sin parpadear. Nos hace sentir incómodas y cortadas.
  10. Cuidado con los dientes, déjalos a buen recaudo. Eso de ir en plan juguetón y pegar un bocado (aunque sea pequeñito) ahí abajo es un gran error.

Y ante la duda es tan sencillo como parar un segundo y preguntar si se está haciendo bien o si hay algo que se pueda hacer para mejorar la experiencia.

Duquesa Doslabios.