Archivo de la categoría ‘excitación’

¿No lo hacéis nunca? Es el momento de probar el sexo de mantenimiento

Voy a soltarlo: con los años, el sexo deja de ser tan estimulante como al principio. Es más, si se vuelve repetitivo, como fue mi caso con mi ex, termina siendo bastante aburrido.

Llegué a un punto que, antes que echar un polvo, prefería limpiar el que se acumulaba por encima de los muebles.

sexo mantenimiento

PEXELS

(¿Cómo que aún no me sigues en Instagram? Pues venga…)

Ahora mismo a lo mejor no lo necesitas. Estás en esa etapa maravillosa donde lo hacéis como conejos.

Ese momento en el que incluso te gusta el sexo en el agua, porque las ganas son capaces de superar el escozor de lo seco que se te queda todo dentro.

Pero esa etapa no es infinita, le sigue una más tranquila, donde pareces no coincidir nunca con el deseo de tu pareja o incluso te rechaza porque no está de humor.

Así que cuando no coincidís, cuando todo está enrevesado y la frecuencia ha caído en picado, podéis llegar a pensar que estáis en una crisis sexual de la que no podéis salir.

Te puede interesar leer: Te quiero pero me aburres en la cama

Pero no, ahí es donde entra el sexo de mantenimiento.

(Y es algo que habría podido poner puesto en práctica, pero se nos acabó la relación primero. Aunque esa es otra historia).

El sexo de mantenimiento es el polvo (o polvos de rigor) que se ponen con el objetivo de que, conectar íntimamente, siempre tenga un hueco en nuestra rutina.

Empieza por tener una conversación en la que sois conscientes de que estáis teniendo menos sexo y os ponéis de acuerdo en que queréis hacer algo al respecto.

Que por tu cuenta lo mantengas vivo (hola, masturbación) es fundamental, pero este check es la manera de que sigáis teniendo relaciones con el paso del tiempo.

O cada tres días o mensual, la frecuencia es la que decidáis y depende de un montón de factores.

De si vuestro estilo de vida os lo permite, de vuestra sala, el deseo sexual o si hay una ola de calor y no quieres tocarle ni con un boli…

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Mara Mariño (@meetingmaravuelve)

Los beneficios

Y la gran pregunta, ¿en qué te beneficia el sexo de mantenimiento, más allá de llevarte un orgasmo en compañía?

Pues que muchas veces empiezas sin muchas ganas pero, en cuanto vences la pereza inicial, terminas animándote.

Sobre todo ayuda a esa falta de sincronización, ya que, siendo personas diferentes, no tenemos la libido sincronizada, como sí nos pasa con el calendario de Drive para poder organizarnos las vacaciones.

Que uno tire resulta de ayuda. Pero que no sea siempre el mismo porque eso ya es otro problema (del que os hablé en este artículo).

Además de seguir alimentando el vínculo entre ambos y la intimidad, darte un buen revolcón es el mejor aliciente para tener ganas de tener sexo la próxima vez, conectas de nuevo con tu pareja y liberas un buen chute de endorfinas.

Así que no lo dejes en el aire, como hacías hasta ahora, porque te arriesgas a que no suceda.

Ponle fecha y hora, asegúrate de que, para entonces, ni te llama tu madre ni toca pasear al perro. Ese rato es para vosotros y nadie más.

Que digo yo que si te organizas para la partidita de pádel, también puedes ponerte con eso. Te prometo que te lo vas a pasar tan bien o mejor.

Mara Mariño

(Y también puedes seguirme en TikTokTwitter y Facebook).

Exígete menos en la cama para disfrutar(lo) más

Ya vale de tanto agobio. Vale de pensar que siempre tiene que apetecerte, que tienes que estar de humor.

Vale de exigirte que siempre tengas una erección infinita, la vagina siempre humedecida, los pezones en punta, la libido por las nubes, las ganas disparadas

PEXELS

No siempre va a ser así y no estar en tu momento más sexual, no significa que no puedas disfrutar lo demás.

Así que en vez de que te estreses porque ese día el orgasmo parece no llegar nunca, intenta olvidarte, perderlo de vista.

Se nos pide -o más bien exige- que perfeccionemos todo lo que esté en nuestra mano.

El trabajo, las relaciones de amistad, no olvidarte de ningún cumpleaños, ser la mejor pareja, hija y hermana, sacar tres veces al perro a la calle, tener lo bastante regadas tus plantas.

El nivel de demanda no debería afectar al terreno íntimo, no deberíamos plantearlo como otro campo más en el que lograr los objetivos.

Que si se consiguen, bienvenidos sean.

Pero tampoco hay ningún problema en que, por casualidad o no ser el día o cualquier otra razón que igual ni te viene a la cabeza, no seas capaz de dar el 100% de ti.

El sexo es mucho más que ver a la otra persona como un desafío, un puesto de feria: «Consigue que se corra en dos minutos y te llevas premio».

No funciona así.

El sexo es relajación, escape, pausa, conexión, comunicación, acuerdo y punto de encuentro.

Y si nos quedamos solo con su lado placentero, restándole la importancia a todo lo demás, seguiremos pensando que qué mal no haber logrado llegar y que la experiencia no ha merecido la pena.

Duquesa Doslabios.
(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Vamos a normalizar que los hombres giman durante el sexo

Miércoles 5 de enero. 10 de la mañana. Pongo una película porno conectando los cascos al ordenador para inspirarme.

(Cada una empieza el día como quiere)

Una pareja está teniendo sexo en el sofá al estilo perrito. Ella gime a tal volumen que me asusto de que alguien de mi familia haya podido oír el sonido.

PEXELS

Me quito un auricular y compruebo que todo sigue en orden.

Cuando devuelvo la vista a la pantalla han cambiado de postura. Pero hay algo que sigue igual.

Ella continúa expresando el placer a voces mientras él solo suelta algún que otro resoplido. Nada más.

La escena es habitual -la de ellos callados mientras practican sexo- y es algo que se ha repetido durante años en mi vida sexual.

Raras han sido las veces que me he encontrado con alguien capaz de soltarse y gemir.

Cuando papá porno enseña que soltar esos sonidos agudos y con deje casi lastimero es algo femenino, ¿qué hombre se atrevería a replicarlos?

Sorprendentemente, estamos rodeadas de gemidos masculinos en nuestro día a día.

Son los que suelta Nadal cuando juega al tenis, dándole un raquetazo a la pelota con todas sus fuerzas.

Son también los que oyes a los musculosos del gimnasio cuando cogen las mancuernas y hacen press de pecho.

A más peso, más esfuerzo y más alto es el quejido. En ese contexto liberar el sonido no les avergüenza.

Está bien visto gemir si es para probar que estás llevando al límite tu cuerpo, con una demostración de fuerza digna de competición de culturismo.

Pero no para estimular o gozar más con tu pareja. Según la ciencia, ese grito irrefrenable facilita la ventilación pulmonar lo que ayuda a la relajación.

También la comunicación no verbal durante el sexo significa disfrutar más del momento y por tanto, una mayor satisfacción íntima.

Así que dejar salir los gemidos tienen tantísimas ventajas, que es demasiado bueno como para no hacerlo.

Te puede interesar leer: Placer para él: cómo encontrar su Punto P, la zona erógena masculina escondida

Como una guía sonora, a nosotras nos sirven de indicativo. Sabemos que él lo está disfrutando y eso nos motiva a seguir adelante.

A chupar más hondo, morder más fuerte, lamer más seguido o movernos más rápido.

Como buenas voyeurs, nos gusta verle rendido a lo que está sintiendo. Y no hay nada como el chute de autoestima por ese placer que entregamos -y a la vez nos pertenece por generarlo-.

Que nos pone cachondas, vamos.

Duquesa Doslabios.
(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Házmelo con ganas, házmelo con ropa

En mi afán por verte desnudo, siempre he pensado en la ropa como en barrera.

Esa que se interpone entre el alimento que ya considero que es tu piel cada vez que me la llevo a la boca.

LELO

Por esa razón, desenvolverte es un pequeño placer.

Un juego al que considero que he ganado cuando veo que las prendas han quedado repartidas por el suelo. Vencidas.

Forman una alfombra multicolor y variada donde terminan desde el abrigo hasta el último de los calcetines.

Pero también coleteros, envoltorios de condones y el bote de lubricante que no encontrábamos porque se había caído al suelo.

Hasta hace poco, me costaba entender que ir vestidos podía formar parte de la ecuación y servirnos para disfrutar de una manera distinta.

Concretamente, hasta que un «no te quites el vestido» se coló, susurrante, en el oído.

Remangar la prenda hasta el ombligo me recordaba cada vez que la vista se enredaba en la tela, que las ganas eran tan urgentes que no se permitían el lujo de pararse un segundo que no fuera a mojar(nos).

Así que has conseguido un imposible: que ahora vea la ropa como aliada de nuestras historias más íntimas.

Y que sea nuestra cómplice cuando en el transporte público se me escurre la mano y termina dentro de tu ropa interior.

Buscando cómo hacer que el trayecto en Metro sea más rápido que nunca.

Es la chaqueta la que me cubre las espaldas al salir a la terraza de la habitación de madrugada.

Cuando me sigues, aunque fuera ya haga frío.

La levantas por detrás mientras miro las estrellas y me la dejo puesta mientras tú me pones a mí y a mil.

El nuevo significado de la tela es que ha pasado de ser estorbo a colaboradora.

Le encontramos cada día esos usos tan prácticos. Y no hay mejor práctica que utilizarla como agarre cuando me bajas el escote de la camiseta porque quieres que se me vean las tetas.

Pero también para tenerme bien sujeta, incapaz de salir cuando me entras.

No sabía que no volverían a sobrarme los pantalones porque los haces sentir tan finos como medias con las yemas o tu lengua.

Porque no hay nada más excitante que aprovechar el viaje en ascensor, para subir a mi casa, que hacer lo mismo con la falda.

Antes tenía un cajón con lencería para encendernos. Ahora es todo el armario el que nos prende.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Alimentar el mapa erótico: la forma de actualizar tus fantasías sexuales

Tus fantasías sexuales no son eternas. Al igual que tus metas, tienes que ir actualizándolas a lo largo de tu vida.

Lo que te encantaba a los 20 años no suele ser lo mismo que te seduce a los 30.

SKYN

En eso consiste el mapa erótico, en aquellas historias que nutren nuestro imaginario sexual.

El ir cumpliéndolas o ir descubriendo cosas nuevas consiguen que las etapas íntimas vayan cambiando.

Pero configurar este mapa no es algo que caiga del cielo. Se debe trabajar.

Y no hay nadie más que tú que pueda decidir qué aparece y qué no.

He dicho varias veces que disfrutar de la sexualidad es tarea de la propia persona, y el mapa erótico es el ejemplo perfecto.

Incluso si consideras que la imaginación no es algo que te sobre precisamente, vengo a darte algunas ideas que a mí me han funcionado.

Tu mapa erótico puede empezar por la fantasía de cumplir con un desconocido ese polvazo que te ha contado tu amiga que echó con su novio.

Puede ser la escena de una película que siempre te haya excitado y quieras poner en práctica.

También probar todo tipo de fetiches a ver si hay alguno con el que hasta ahora no te habías atrevido (y resulta que te encanta).

Fuentes de fantasías eróticas son también los libros, hacerse con juguetes nuevos…

Y si lo que se te da bien es tirar de imaginación, montarte historias en la cabeza será tu primer campo de experimentación.

Fantasear con que sucede algo con la compañera de trabajo, ir en el ascensor y pensar qué pasaría si entrara ese vecino que te gusta…

De la misma manera, es posible hacer el ejercicio con gente desconocida.

¿De esas personas que compartes espacio en el vagón, ¿cuántas tendrán sexo esta noche? ¿Cuántas lo tuvieron ayer?

Todo sirve para estimular tu mayor órgano sexual: tu cerebro.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Razones por las que puedes llorar después del sexo (incluso si ha sido bueno)

El sexo es una montaña rusa.

Estás arriba, te pones bocabajo, sientes que tu cuerpo cobra vida propia y no puedes controlarte en pleno orgasmo…

Calvin Klein

A nivel psicológico sucede lo mismo.

El batiburrillo de emociones va desde la sensación de intimidad y conexión más extrema -por la atmósfera creada con otra persona- a la barra libre de hormonas que producen sensación de euforia.

Así contado, el sexo puede parecer hasta complicado.

Y a eso le tenemos que sumar que cada uno lo vive de manera diferente.

Hay quien ríe después de un orgasmo y quien se arranca a llorar de manera incontrolable.

Quizás el motivo más famoso por el que puede darse el llanto es la disforia poscoital. Pero no es el único.

Nuestra reacción depende de muchos factores.

Si nuestras sensaciones no son las de siempre o notamos que no estamos respondiendo con normalidad, podemos sentir frustración y que eso termine en un mar de lágrimas.

El pico de tensión por la excitación sexual también se puede ver contrarrestado por un buen llanto que ayuda a volver a un estado de relajamiento.

No es tan raro como pensamos, pero sí un buen momento para parar a reflexionar sobre la razón que hay detrás.

Después de echar las lágrimas que hagan falta hay que preguntarse qué ha pasado.

Si solo ha sido una llorera por la situación o hay algo más complejo detrás.

También si es por un malestar físico o emocional, en qué pensábamos al empezar a llorar (el desencadenante) o si está relacionado con haber sentido abuso o miedo en algún momento.

Amiga, por estas razones deberías pasarte al porno ético

Hace unos días vi, por primera vez en mi vida, porno ético. Y no se parecía en nada al que había visto hasta ese momento.

ERIKA LUST FILMS

Sí, me refiero a esos vídeos que circulan por internet de «La suegra enseñándome a follar», «Compartiendo mi novia caliente» o «Adolescente tetona se folla a sus compañeros».

Las historias del porno ético, un mundo aparte, bien podrían parecer de verdad, esas en las que una pareja empieza a darse un baño y termina practicando sexo oral.

Y si hay un nombre que se relacione con este género es el de Erika Lust.

La directora, que crea un porno completamente disruptivo en Erika Lust Films, ha conseguido crecer ampliando su equipo gracias a una clave fundamental.

Para nosotras es más fácil sentirnos identificadas con esas tramas antes que con las del porno más mainstream.

Estéticamente, también le da varias vueltas. Tiene un cuidado detrás, una dirección de arte…

Y no solo una visión creativa estudiada, las condiciones de quienes trabajan detrás son dignas, de ahí que sea un producto de pago para que su consumo resulte sostenible.

Se paga a los intérpretes, al equipo, se buscan localizaciones a la altura de la historia… Cada detalle está tan cuidado que es fácil entender lo que las propias productoras afirman sobre sus obras.

«Hacemos cine con escenas eróticas», afirmaba Jahel Guerra, Senior Producer y Talent Manager de Erika Lust Films hace unos días en Barcelona.

Marina Rull, otra de las productoras que acudió al evento en Casa Bonay, explicaba también por qué su pornografía es tan necesaria: “Lo que lo hace ético es la igualdad y el buen gusto que le ponemos a esa película. Queremos impulsar algo más igualitario”.

Y es que salirse de las etiquetas que sexualizan a las personas -o directamente darle espacio a quienes no se ven representados-, así como impulsar sus carreras, es otra de sus características: crear un producto inclusivo.

¿Su principal objetivo? El que consiguieron cuando, tras ver la película, solo pudiera pensar en meterme en una ducha con mi pareja a que me enjabonara el pelo y terminara el baño con un buen cunnilingus.

Que todo el mundo se vea reflejado en la ficción.

«Queremos hacer cine erótico que le guste a la gente», algo que, bajo su punto de vista, pasa por sacar menos genitales -aunque también tienen su parte de protagonismo- y más el disfrute de los performers, explicaba Marina Rull sobre Else Cinema, la versión más naíf de Erika Lust Films.

Y aunque el porno mainstream sigue siendo el todopoderoso de la industria, está en nuestras manos salir de ahí y buscar más calidad.

Lo que equivaldría a dejar de comer comida basura y pagarnos una buena cena en ese restaurante al que siempre hemos querido ir.

Porque este cambio, pedir calidad, no solo consigue que promovamos una visión más variada y tengan también su voz mujeres en un sector pensado por y para hombres.

Implica plantarle cara directamente al porno mainstream saliendo de ese erotismo que poco o nada se parece a nuestra sexualidad -pero que construye desde nuestros primeros años de vida-.

Y esto no ya solo nos beneficia como consumidoras, sino también como mujeres en general en la sociedad.

Porque se proyecta una imagen de que somos iguales en la cama, de que podemos ser tratadas con respeto y disfrutar de ello. Y eso construiría una idea de la sexualidad donde dejamos de estar cosificadas y humilladas.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Puedes mejorar como amante si empiezas por el sentido del oído

Vengo a llevarle la contraria a esa idea que, con curioso éxito, se coló en la cabeza de la mayoría. Incluso antes de que tan siquiera empezáramos a tener sexo.

«Lo que necesitas para disfrutar es un buen pene».

UNSPLASH

Con semejante concepto, ¿cómo no iban a sentirse inseguros nuestros compañeros de clase viendo que el relleno de su calzoncillo poco o nada se parecía a las películas porno?

Y también ¿cómo íbamos a entender nosotras que, para pasarlo bien, centímetros más o de menos, eran igual de innecesarios?

No había forma de saberlo.

Es el tiempo y la experiencia en terreno de sábanas -o sofás, suelo, ducha o parte de atrás del coche- los dos factores que me hicieron llegar a las auténticas características del buen amante.

En El libro de Buen Amor, Juan Ruiz, arcipreste de Hita, diferencia claramente el profano -relacionado con la carne- del verdadero -el divino-.

Si existiera El Libro de Buen Amante, podríamos hacer lo mismo.

Hemos aprendido un erotismo que se basa en tamaños descomunales de miembros, un rendimiento eterno, orgasmos infinitos, felaciones que terminan en arcada y puntos finales con eyaculaciones por todas las partes del cuerpo.

El verdadero (y la verdadera) amante no se distingue por estas habilidades de vídeo de internet para hacerse una paja.

Las veces que me he encontrado con personas de estas características, tenían en común un increíblemente desinteresado sentido del placer, de dar por el gusto de ver a la otra persona disfrutar.

Son también quienes hacían del momento un marco físico y temporal en el que me sentía segura.

Donde un «para» iba a traducirse de forma inmediata en una pausa y un «más fuerte» en una consecuencia igual de instantánea.

Porque para ser buenos amantes, el sentido que más debemos tener desarrollado es el oído, para escuchar. Escuchar qué quiere, qué le gusta, hasta dónde y hasta cuándo.

Escuchar también si eso sí o si es un «no». Y hacer del oído un sentido de la interpretación con el que guiarnos sobre el cuerpo ajeno, como si de un mapa se tratase.

Un jadeo, el aumento de respiración o un gemido gutural harán las veces de señal de tráfico, marcando el camino a seguir en esa dirección.

La ausencia de ellos, puede dar pie a experimentar de manera creativa. Pero también es la ocasión perfecta para -oído listo- preguntar «¿cómo te gusta más?».

Y, al rato, tras haber desatado la euforia y aprovechando el descanso, poder volver a desgranar lo sucedido. Siempre con el objetivo de mejorar en la próxima.

Es también de buen amante que lo mismo se preocupe de que en casa haya lubricante -nunca se sabe si habrá flujo suficiente por el día del mes- como de pasar el papel higiénico para limpiarse y no ir goteando por casa.

Así que bien podría decir que es quien te escucha y te da, no tanto lo que deseas, sino lo que necesitas en cada momento.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

La negación del orgasmo o cuando el objetivo es quedarse a medias

Ponte en situación: estás a puntito de caramelo. Tu cuerpo empieza a temblar sin que lo puedas controlar.

Sabes que los dedos de tus pies han cobrado vida propia y notas una acumulación de tensión en la entrepierna que pide a gritos que te sueltes y te dejes estallar.

SKYN USA

Y justo cuando vas a abrirle las compuertas a un orgasmo espectacular, se te cuela un pensamiento en tu cabeza.

«Creo que el programa de centrifugado ya ha terminado, debería tender ya la ropa antes de que se haga de noche».

Y es así como tu clímax se va de golpe. Sin quererlo, te has provocado un orgasmus interruptus y, como el autobús de esta mañana, se ha ido sin que puedas alcanzarlo.

Tus opciones son dos: dar por finalizado el momento o seguir para ver si llega en un rato. Pero lo habitual es que te acompañe una sensación de impotencia por su pérdida.

¿Cómo te quedas si te digo que esta práctica de quedarse a medias tiene su público?

Lo que para ti es una cortada de rollo, forma parte del universo del BDSM y se conoce como negación del orgasmo.

Es algo que puedes practicar ya sea en el rol dominante o en el sumiso, lo importante es que el final debe quedar interrumpido.

Y no, no se debe confundir con el edging, que consiste en jugar con los niveles de excitación propios o de la otra persona sin dejarle llegar al orgasmo durante un tiempo.

Mientras que el edging sí que termina con una fabulosa corrida (más placentera por el juego de ir retrasándola), la gracia de la negación del orgasmo es precisamente cortar el clímax.

Te doy otra razón para que lo practiques si esta no termina de convencerte.

Dejar el orgasmo fuera de la ecuación permitirá que te centres en encontrar placer en otros detalles y que puedas profundizar en el lenguaje del contacto con la otra persona.

¿Te animas a probarlo?

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Seis hábitos para que retomes y mejores tu vida sexual al volver de vacaciones

Ayer iba mentalizándome, en el viaje en coche de vuelta a Madrid, de que era el momento de despedirme del verano.

Fin de las puestas de sol sin mirar el reloj para volver a casa, de los planes a cualquier hora o de tomar mi dosis diaria de tarta de queso (porque claro, no iba a hacerle el feo a la repostería cántabra).

SKYN USA

Sé lo que viene ahora al regresar a casa: la rutina y mi vida ordenada. Y aunque echaré de menos la temporada más despreocupada del año, puesta a volver a retomar hábitos, he descubierto que tengo un incentivo añadido.

Y es que algunas de mis costumbres son claves a la hora de tener una vida sexual más placentera.

Así que si, como yo, estás enfrentándote a la depresión posvacacional, deja que te anime diciéndote que este año tienes motivos extra para adoptar estos buenos hábitos:

  1. Dormir bien: ¿recuerdas lo de dormir 8 horas del tirón? Es el momento de recuperarlo. Si mantienes tus noches entrecortadas te arriesgas al gatillazo. Y es que un descanso ineficiente lleva a la disfunción eréctil (así como a una respuesta femenina incorrecta a los estímulos del sexo).
  2. Hacer algo de ejercicio. No es necesario que te pongas a correr en cuanto sueltes la maleta. Pero si se te resistía la idea de apuntarte al gimnasio, es un buen momento para retomarla. Una buena condición física mantiene el sistema vascular en forma (más sangre en los sitios a los que debe llegar). Además el deporte es una dosis de chute de endorfinas. Si te sientes feliz y te ves bien, la libido se pone por las nubes.
  3. No fumar. El pitillo de después déjalo para las películas de los 90. La nicotina es un vasoconstrictor, por lo que afecta a las venas del pene especialmente.
  4. Intenta controlar el estrés por tu salud y por tu vida íntima. El cortisol y la adrenalina, dos sustancias que producimos cuando los niveles de estrés nos superan, afectan a la respuesta de tus hormonas cuando se trata de tener sexo.
  5. Alcohol y cafeína en cantidades controladas. El primero puede incrementar la ansiedad y es una droga depresiva. El segundo es vasoconstrictor. Procura tomarlos de manera esporádica si no quieres que te afecten al rendimiento en la cama.
  6. Vuelve a una dieta sana. Ya he comentado en este post que hay alimentos que mejoran tu vida íntima. Y no, no hablo de las ostras o las fresas cubiertas de chocolate. El aguacate, la miel, el jengibre o las espinacas aumentan tus ganas de tener sexo. No te olvides de meterlos en el carrito de la compra si quieres aumentar el placer con tu pareja sin necesidad de que empecéis a quitaros la ropa.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).