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‘Bondage’ sí, pero no vale atar de cualquier manera

Siempre he tenido una extraña fascinación por atar. Sí, desde pequeña. Lo de dejar a alguien inmovilizado e irme a mis cosas era una sensación de poder con la que ya me familiaricé en la infancia.
Así que imagínate cuando descubrí que podía trasladar el juego al terreno sexual. No sé si diría que es mi práctica favorita, pero el bondage definitivamente se encuentra en el top 3.

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De atar me gustan los dos lados: tanto el de llevar el control de la situación –dejando a la otra persona completamente indefensa-, como ser quien debe someterse a las cuerdas (o cinturones, vaya).

Para mí los alicientes son varios. Tener que buscar vías alternativas de desenvolverte cuando no puedes usar las manos, posturas que te sacan de tu zona de confort y también experimentar con quien está paralizado. Aceite fundido de vela (de las que sirven para eso), un hielo, una pluma y hasta subir de nivel el juego colocando una cinta alrededor de los ojos. Ahora sin tocar y sin ver.

Aunque nunca me había interesado por la técnica. Toda mi formación en inmovilización erótica había sido fruto de algún cinturón despistado que se me había venido a la mano o la ocurrencia de darle un uso alternativo a mis lazos del pelo.

Al final ataba de la misma forma que hacía un nudo para ponerme un pañuelo, como te cierras unos cordones, sin mucho más misterio. Claro que eso no era atadura erótica pulida ni nada. Usar un cinturón alrededor de las manos como si fueran unas esposas es bondage, vale, pero no me preocupaba por el proceso.

Sin embargo, ya que son objetos que se utilizan durante un periodo de tiempo considerable, es importante tener en cuenta que no puedes cortarle la circulación a la otra persona o dañarle un nervio.

Si tu idea es iniciarte en la práctica, procura dejar al principio las ataduras sueltas, que sepas que puedes desembarazarte de ellas en cualquier momento para ir familiarizándote con la sensación.

Después prueba a ajustar el nudo siempre dejando un dedo de espacio entre la piel y la cuerda para que no se duerman las manos (si están frías es mala señal).

Y la pregunta del millón, ¿a dónde atar? Mi consejo es que busques vida más allá del cabecero de la cama. Hay puertas, asideros, radiadores, barandillas y todo tipo de superficies en casa que harán del juego algo mucho más interesante. Aunque si no quieres complicarte, limítate a inmovilizar las manos juntas o las piernas.

Cuando empiezas a probar lo de atar o dejarte atar, hay quienes recomiendan buscar una contraseña que signifique que se quiere parar. Yo sinceramente creo que no estamos en Cincuenta sombras de Grey y puedes decirle a la otra persona que afloje el nudo, que lo de atar mejor otro día o que prefieres que la cuerda se la ponga en el pito.

Y por último, que el bondage forme parte del BDSM (concretamente es la ‘B’ que inicia la palabra), no significa que tengas que sufrir necesariamente. Hay quien encuentra en un poco de dolor un estímulo que potencia el placer y quien no lo experimenta para nada. Lo importante es que pruebes qué va más contigo y te diseñes una inmovilización a tu manera.

Duquesa Doslabios.

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No imaginaba que llegaría a excitarme que huelan mi ropa interior

Sí, claro que tengo prácticas sexuales que nunca probaría. Uno de mis límites preestablecidos en el dormitorio (o en la parte que sea de la casa), sería el sexo bizarro. Sigo sin verle el lado erótico por encima del escatológico.

Otras sospechaba que no me iban a gustar -como por ejemplo que me escupan en la cara-. Y, después de probarlas, he confirmado que no van conmigo.

Hay un tercer grupo que no me planteaba hace unos años, pero ahora se ha incorporado a mi lista de fetiches. Es el caso de la misofilia o burusera.

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¿Significa eso que he empezado a excitarme con la imagen de unos calzoncillos usados tirados por el suelo? No (al menos todavía).

Me posiciono en el bando contrario, el de la voyeur fetichista que disfruta observando cómo su propia lencería produce ese efecto en la otra persona. Uno de mis nuevos estímulos más efectivos.

Supongo que se me juntan una serie de razones que van más allá de la satisfacción sexual cuando siento que domino la situación, como es mi lado feminista de mujer empoderada que se rebela ante lo socialmente aceptado.

¿Hay algo más morboso que lo que nos dicen que está mal de nuestro cuerpo -ese flujo vaginal que debemos eliminar, camuflar o perfumar a toda costa, que en los anuncios debería ser color azul y oler a suavizante de ropa-, excite a una persona?

Se me ocurren pocas cosas que me hayan encendido tanto como ver a alguien llevarse un tanga, que me acabo de quitar unos segundos antes, a su cara y olfatearlo.

Con delicadeza y cerrando los ojos, de la misma forma que olería una buena copa antes de llevarse a los labios el vino tinto.

Una sensual cata con resultado inmediato: a cada inhalada aumenta su excitación de manera proporcional al tamaño de su miembro.

El morbo de que sea algo tan íntimo mío -aquí también entra el juego el pudor, por supuesto– sumado a que se considera un olor prohibido, me hace sentir tan agitada como poderosa sobre él.

Y esa sensación de control, de saber que una parte de mi cuerpo pueda provocarle esa reacción, es embriagadora (y me preocupa que adictiva).

Incluso la idea de regalárselo, sabiendo que en un futuro vaya a tocarse volviendo a acercar mi ropa interior a su nariz, también me provoca. No hace falta que estemos en persona para que podamos encontrar placer juntos.

Solo me pregunto quién sería más fetichista de los dos: ¿el fetichista o quien encuentra placer viendo excitarse al fetichista en pleno fetichismo?

Duquesa Doslabios.

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Ni mensajes por WhatsApp ni ‘DMs’ de Instagram, escríbele relatos eróticos

Que la cercanía no tiene por qué implicar conexión ni que la distancia significa lejanía es una conclusión -por enrevesada que parezca- a la que he llegado con las medidas de restricción social.

Lo resumo rápido: me he sentido más unida a personas con las que no podía quedar por estar en zonas confinadas, que con las que sí he podido verme.

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Así que propongo algo, una idea un poco extraña que haga todo más llevadero: empecemos a escribir(nos) relatos eróticos.

Si algo he comprobado a lo largo de mi vida, es que las palabras escritas también consiguen ‘tocarnos’ de alguna manera gracias a que tenemos un poderoso órgano sexual capaz de interpretarlas como caricias: el cerebro.

La primera razón por la que deberíamos hacerlo es la más evidente: nadie se para normalmente a crear una trama de alto contenido sexual.

Como parte de la generación de los gifs, memes y emojis cada vez veo más fría la relación con el teclado. Dejarse llevar  imaginando qué pasaría si tuviéramos delante a la persona que está al otro lado, es algo excepcional.

Y joder, cómo nos gusta lo que se sale de lo normal.

Escribir con todo tipo de detalles la forma en la que recorrerías su cuerpo (desnudo o vestido) o en qué situación imaginas el desenlace de la tensión sexual que mantenéis, es una forma de conectar a nivel íntimo sin fisuras, insuperable.

Como en el argumento de una película, lo que sucede es perfecto, tanto que incluso os corréis al mismo tiempo (por muy atípico que sea que suceda en la vida real).

La opción de escribirlo, en vez de estar contándolo al minuto, te da la libertad de pensar con calma qué te gusta.

Cuáles son esas filias que te permites sacar a la luz por estar más aceptadas (quizás una pasión desmedida por los pies u oler unas bragas) y cuáles te dejas para un relato en el que haya más confianza.

El límite es la imaginación. En ese universo literario entre dos el tiempo y el espacio son tan irrelevantes que puedes acercarte a cualquier parte del mundo, desde ese pueblo perdido en la montaña a un exótico destino.

Que pase o no en la vida real lo que sucede en el relato, es una incógnita. Pero contamos con la certeza de saber qué es lo que la lectora o lector va a experimentar al leernos.

Recorrer con la mirada palabras evocadoras sube la libido con un desenlace casi seguro: la masturbación. Una especie de sexo a distancia si lo que se utiliza para llegar al clímax es la narración.

Eso que dicen que nos harían consigue aumentar el deseo por la otra persona -¿cómo no hacerlo si está relatando un empotramiento de ensueño?-.

Y disparar el apetito sexual me parece una solución tan buena como cualquier otra para disminuir el estrés y ansiedad. Es lo que tiene ponerse cachonda, que se interrumpen las emociones negativas por un rato.

Tenemos el poder de hacer de las letras tanto besos como incluso una buena sesión de sexo oral (si escogemos las correctas).

Duquesa Doslabios.

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Así es cómo la comida afecta a tu relación de pareja (y a tu vida sexual)

A quienes nos gusta la comida, nos encanta recorrer la línea que divide el placer sexual del gastronómico. O, más que las divide, que une ambos universos.

Más allá de las típicas y sugerentes fresas con chocolate, todo lo que nos llevamos a la boca se ve también reflejado en nuestra intimidad, lo que puede ser un buen motivo -ahora que toca empezar a pensar en propósitos para 2021- para cuidar la alimentación.

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Al menos, esa es la conclusión a la que me hace llegar con su entrevista Candela Valle, nutricionista para Myhixel (el método natural con el que se controla la eyaculación).

No solo me confirma que la veneración sobre las ostras está más que justificada, hablamos también de la existencia de suplementos naturales que puedes tomar (incluso en infusión) para lograr que nuestra vida íntima brille.

Empecemos por el principio, ¿cómo afectan los alimentos a nuestra vida sexual?
Llevar una dieta equilibrada es uno de los pilares fundamentales para potenciar el deseo sexual y conseguir relaciones sexuales satisfactorias. La sexualidad está regulada por hormonas como la testosterona, la progesterona o los estrógenos, que son segregadas por nuestro organismo y sintetizadas a través de la alimentación. En el momento de la excitación, nuestro cuerpo libera neurotransmisores necesarios para el desarrollo de una conducta sexual normal, como son la dopamina, la oxitocina y la serotonina. Todos ellos igualmente son estimulados a través de la alimentación.

Si no cuidamos la alimentación, ¿qué problemas pueden derivar de ello a nivel íntimo?
Seguir un estilo de vida saludable y una dieta equilibrada juega un papel fundamental no solo porque hay determinados alimentos ricos en grasas buenas, proteínas, vitaminas y minerales que la favorecen, hay numerosas patologías que se deben, en la mayoría de los casos, a malos hábitos, que afectan directamente a las funciones sexuales.

Los problemas cardiovasculares derivan, con carácter general, en incapacidad sexual, así como la obesidad, influye directamente en la segregación de la testosterona, en los hombres, y de los estrógenos, en las mujeres, dando lugar, en muchos casos, a la inapetencia sexual. Una alimentación adecuada evitará que cualquier deficiencia, descontrol o exceso en las hormonas o en los neurotransmisores dirigidos a regular la actividad sexual, provoque problemas de inapetencia sexual, disfunción eréctil, trastorno de la excitación y eyaculación precoz, entre otras disfunciones sexuales.

Se relacionan las ostras con el sexo al ser consideradas un alimento afrodisíaco, ¿es una fama merecida? ¿Por qué?
Para entender dónde comienza la fama de las ostras, tenemos que remontarnos a la mitología griega, que nos narra cómo Afrodita, la diosa griega del amor, fue engendrada en una ostra en el mar. Esta diosa, conocida como Venus en el mundo romano, se ha vinculado siempre al erotismo, la sensualidad, el placer y la fecundidad.
Si se les atribuye a las ostras un poder afrodisíaco, se debe a los importantes elementos que lo componen. Cabe desatacar su alto aporte de Zinc, pues es el alimento con más cantidad, de este mineral, de la naturaleza. En concreto 63 mg por cada 100 g. Es un oligoelemento necesario para la producción de testosterona en los hombres y prolactina en las mujeres.

Además, las ostras son ricas en Omega 3, un ácido graso que favorece la vasodilatación y por tanto, mejora el rendimiento sexual y la erección. Otro de los componentes de las ostras, aparte de las vitaminas A, B, C y D que contiene, es el yodo, lo que se traduce en un aporte de energía necesario para unas relaciones sexuales satisfactorias. Por todo esto podemos decir que las ostras son un alimento cuyo poder afrodisíaco se fundamenta en la multitud de minerales que las componen y que favorecen aspectos importantes a tener en cuenta para disfrutar de relaciones sexuales satisfactorias.

¿Ha pasado con otros alimentos?
A lo largo de toda la historia se ha tratado el consumo de algunos alimentos como potenciadores del deseo sexual. En el Antiguo Egipto era la miel, los antiguos griegos, el azafrán, el romero y la albahaca, los romanos utilizaban las uvas como potenciadores de su sexualidad. En la Edad Media eran los alimentos que adoptaban formas de genitales como el nabo. En la Europa de la Peste consideraban las especias como productos afrodisíacos (pimienta, clavo o cardamomo). Y ya en el siglo XVIII, el mismo Casanova, describe en sus Memorias que desayunaba cincuenta ostras y almorzaba una ensalada de huevos con la que creía potenciar su vigor sexual.

La alimentación también nos condiciona el humor, ¿qué alimentos nos hacen sentirnos ‘felices’?
Seguir una alimentación equilibrada es fundamental para regular nuestro estado de ánimo. También controla la sintetización de las hormonas de la felicidad, siendo estas la endorfina, serotonina, dopamina y oxitocina. Para la liberación de las endorfinas, se recomienda ingerir comida extremadamente picante, pues estos opiáceos naturales inducen sensación de felicidad. En cuanto a la serotonina, su ausencia provoca tristeza e incluso depresión, para lo que se recomienda el consumo de alimentos ricos en triptófano como el pollo, pescado, nueces, etc, al ser un un aminoácido esencial precursor de la serotonina.

La dopamina podemos encontrarla en los alimentos como las legumbres, leguminosas, los plátanos y el tomate. Además, nuestro organismo también es capaz de elaborar dopamina a partir de tirosina, que está presente en la carne, el pescado o los huevos. Y por último, la oxitocina, apodada como ‘la hormona del amor’, aunque no se encuentra en los alimentos, sí que es importante consumir aquellos ricos en vitamina C, pues esta favorece a su producción (kiwi, mango, pimientos, naranjas, etc).

¿Son necesarios los suplementos para darle un empujón a la intimidad?
Nuestro ritmo acelerado de vida, la falta de tiempo o el desconocimiento, son factores que impiden que llevemos unos hábitos de vida saludables que cubran nuestras necesidades nutricionales. También, en muchas ocasiones, no consumimos los alimentos propicios o bien, nuestro organismo no absorbe todos los nutrientes que estos nos aportan. Ese déficit puede provocarnos desajustes en la salud y por tanto causar problemas en la regulación de las hormonas sexuales.

Los suplementos son los complementos perfectos para cubrir las necesidades nutricionales que no nos aporta la alimentación. De ahí que también se denominen, complementos alimenticios. Como decíamos, un déficit nutricional puede descontrolar nuestro sistema endocrino y afectar a la secreción de las hormonas que regulan la actividad sexual. Por tanto, el consumo de determinados suplementos alimenticios que contengan ingredientes naturales constituyen una ayuda importante para favorecer el deseo sexual, las relaciones durareras y placenteras, el control de la eyaculación o la erección, entre otros.

¿Cuáles son los recomendados para hombres y para mujeres?
Para las mujeres, aquellos que contienen maca, jengibre, L-arginina o el ginseng. Y para los hombres, recomiendo sin duda Myhixel Max, pues su composición 100% natural con ingredientes tales como la quercetina y el hipérico, hacen que se convierta en un suplemento pionero para favorecer el control del clímax.

¿Cómo funciona Myhixel Max?
La quercetina y el hipérico provienen de la naturaleza presentándose en plantas y también, en el caso de la quercetina, en alimentos tales como frutas y verduras (cebolla, manzana, uvas, brócoli o té, entre otros). Su principal funcionalidad consiste en favorecer la inhibición de la recaptación de la serotonina, que es un neurotransmisor que se sintetiza en el cerebro y que, como ya hemos indicado, es conocida como ‘la hormona de la felicidad’. La serotonina es la principal encargada de regular nuestro estado de ánimo, pero además ejerce un papel fundamental en las reacciones químicas necesarias para aumentar nuestro sentimiento de bienestar y satisfacción.

Como consecuencia, ambos ingredientes naturales disminuyen la ansiedad a la que se enfrentan muchos hombres con problemas de eyaculación a la hora de tener relaciones sexuales y, por tanto, facilitan el control eyaculatorio. Además, la quercetina es un flavonoide con una potente función antioxidante y antiinflamatoria que potencia la salud, protegiendo contra los radicales libres.

En definitiva, nos encontramos ante un producto pionero que ha unido ingredientes que siendo naturales, tienen la capacidad de favorecer el control eyaculatorio al mismo tiempo que protege el organismo del envejecimiento celular.

Duquesa Doslabios.

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Que el fin del mundo nos pille cachondos

Esa fue la frase que me soltó una de mis amigas, cuando discutíamos sobre el ambiente que se respiraba en Madrid y Barcelona, ante un posible nuevo confinamiento.

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“O bueno, más que cachondos, servidos”, especificó.

Ninguna de las dos tenía ninguna duda de que la atmósfera estaba cargada de tensión sexual. Y solo teníamos que meternos en nuestras redes para confirmarlo.

Una encuesta rápida entre mis seguidores nos dio la razón por partida doble. Las temperaturas habrán bajado en las calles, pero estamos muy calientes.

Y sí, tanto con pareja como sin ella. Puede que para la gente soltera, esto sea todavía más evidente. Quien se ha cambiado de ciudad, de trabajo, de piso, círculo de amigos y está en proceso de conocer gente, la distancia física resulta especialmente dura a la hora de tener citas de manera convencional.

Como si nunca se hubieran sentido tan solos como ahora, en realidad.

Aunque también a las relaciones de pareja -sobre todo si no conviven juntas- les afecta el fenómeno. Las fotos sugerentes, vídeos eróticos o conversaciones subidas de tono han aumentado.

Pero, ¿qué es lo que nos pasa? ¿Por qué esta revolución sexual, que pensábamos que se iría apagando en cuanto pudimos salir de casa, está en su punto más álgido?

Las restricciones, la ristra de medidas que siguen sin permitirnos movernos ni relacionarnos como antes, en definitiva, estar separados, nos lleva a tratar de buscar vías alternativas que nos acerquen.

Físicamente no es recomendable, pero podemos ‘tocarnos’ de forma digital. Conocernos, conquistarnos o incluso tener actividad sexual se da ahora a través de una pantalla.

De ahí que, ya que son los ojos los primeros receptores, nos dejemos de miramientos y vayamos a saco con contenidos explícitos.

Es decir, se ha dado un cambio. Hemos avanzado un paso en lo que era aceptable en cuanto a niveles de excitación (y en expresarlo). Estamos salidos y no tenemos problemas en demostrarlo.

Además, la facilidad que nos da internet de poder llegar a ese punto con cualquier persona, desconectarnos si perdemos interés o incluso bloquear si nos resulta demasiado, es imposible de lograr en la vida analógica con quedadas cara a cara.

Estamos más lanzados que antes porque tenemos todo el tiempo del mundo para darle vueltas a lo que nos estimula.

Hasta hace poco, nuestra vida era ir al trabajo, al gimnasio, esa escapada con las amigas, noche de discoteca o comida familiar multitudinaria los domingos.

Nuestros deseos latían bajo todas esas cosas, sí, pero en un segundo plano por el peso de la vida social. Y, ahora que no tenemos nada de eso, son los únicos protagonistas. Junto a mantener altas las reservas de papel higiénico, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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¿Es ético el porno con el que te masturbas?

Puede que empezar el sábado con esa pregunta sea ir demasiado al grano, así que voy a simplificarlo.

¿Cómo seleccionas el porno? No me refiero a abrir unos cuantos vídeos y cerrar la pestaña si los genitales están censurados o si suena música de fondo como criterios de la decisión.

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Porque, por lo general, abrimos el ordenador o la pestaña de navegación privada del móvil, nos metemos en la clásica web de porno gratuito y, tras hacer una búsqueda rápida de lo que nos apetece ver ese día -y de la escena que más nos excita-, nos masturbamos y fuera.

Esos son todos los filtros que ponemos a las imágenes eróticas que nos llegan por la pantalla. Y, si pienso en lo exhaustiva que soy para otras cosas -mirar varios precios de televisores, leer reseñas de hoteles o incluso comparar entre varias compañías a ver qué tarifa de billete es la que más me convence-, me doy cuenta de que la elección del porno es casi automática.

Quitando lo que veo, el resto de cosas que rodean el vídeo se me escapan por completo. Un desconocimiento que, al final, está esculpiendo mi sexualidad sin que yo me dé ni cuenta o no repare en ello.

Precisamente, en busca de un cine para adultos más responsable, encontré el porno ético. Pero, ¿qué características debe reunir para que reciba esa etiqueta?

Para que sea ético, lo que vemos en la película, y lo que no vemos, debe serlo también.

Además de una trama en la que también tenga cabida el consentimiento, en la que se rompan los estereotipos de género y de etnia, también es importante mostrar relaciones en las que todos reciban placer.

¿Significa que es el fin de las escenas con juegos de poder o sumisión? Ni mucho menos, pero sí implica que no todo el porno es eso, hay una variedad de relaciones entre los personajes mucho mayor.

También la forma de producirlo tiene que cambiar. Aunque no podemos informarnos cada vez que queramos ver porno si las condiciones de los trabajadores son justas (lo que incluye que puedan decidir desde con quien trabajan hasta un salario decente), sí podemos evitar las grandes páginas web y buscar fuentes de pornografía alternativas.

Más que como “porno ético”, lo puedes encontrar bajo el nombre de porno independiente. La principal diferencia respecto al porno mainstream -por llamarlo de alguna manera- es que no está realizado por las grandes productoras.

Por tanto, no está destinado a una audiencia tan amplia, que es lo que limita el tipo de escenas que se graban (el clásico orden de preliminares, coito y eyaculación masculina sobre alguna parte del cuerpo de la actriz como escena final).

No estoy diciendo que le hagamos la guerra al porno más común y que, desde ahora, cortemos en seco con algún vídeo o canal que nos gustaba de ese estilo. El secreto está en el equilibrio.

Si siempre vamos a lo mismo, tendemos a reproducirlo pensando que no hay otras formas de tener sexo y es fundamental entender qué es lo que estamos viendo.

Al igual que no se nos ocurriría meternos una hamburguesa en cuya cocina las condiciones de higiene son más bien pocas o comer una carne contaminada, deberíamos ser igual de exigentes cuando se trata de escoger las imágenes eróticas con las que nos masturbamos.

Duquesa Doslabios.

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Hay vida más allá del ‘striptease’: sexo alternativo para hacer por videollamada

Tenemos ganas de sexo. Y no lo digo solo yo.

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Que el trafico de porno haya pegado un repunte o la subida de ventas de juguetes sexuales -antes y durante la cuarentena-, son la prueba de que hemos dado con una forma de aprovechar el aislamiento y hacerlo más ameno.

Al final, no todos hemos tenido la suerte de encerrarnos en casa con nuestra pareja, pero tampoco es un problema. Tener dispositivos conectados a internet con cámara parecen pedir a gritos que los usemos más allá de la reunión del trabajo, para intimar.

Claro que siendo una ventana ‘virtual’ acompañada con un micrófono es como si los móviles y los teléfonos parecieran hechos para ejecutar stripteases.

Cuando parte de la excitación viene por el ojo, parece una opción más práctica. Además, ¿quién no ha ensayado alguna vez sus movimientos desvistiéndose con You can leave your hat on?

Aunque mi duda iba más allá. Siendo aficionados expertos en el striptease, ¿hay vida más allá de desnudarse delante de la videocámara?

Hablando con un amigo sobre sus relaciones en cuarentena me quedó claro que tirábamos demasiado de esta práctica, cuando nos ofrece muchas más posibilidades que no estamos teniendo en cuenta.

Mi primera sugerencia fue que hiciera un juego de rol play en el que aprovecharan para conocerse más relatándose mutuamente cosas que les gustaran sexualmente.

Eso sí, una vez las iban contando, empezaría la parte entretenida, ya que había que ponerlas en práctica para el otro.

Si se quiere llevar un paso más allá, también podemos tirar por el ‘efecto espejo’, imitando lo que vemos que hace la otra persona en la pantalla. Incluso dar rienda suelta a la imaginación jugando a usar las manos propias como si fueran los dedos o lengua del interlocutor, quien va dirigiendo la acción.

Al final, mi amigo, que es todo un artista en este ámbito, lo llevó al terreno del BDSM y ataviado con un pañuelo y unos guantes -es decir, irreconocible- iba mostrando unos carteles escritos a mano que daban órdenes.

Para mí, no solo se ha pasado el ‘videojuego’ de la cuarentena con su ocurrencia. Ha demostrado que la pantalla es compatible con cualquier parafilia.

Duquesa Doslabios.

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Cosas que hacer durante la cuarentena: encontrar tu gatillo y freno sexual

Si el catálogo de las plataformas de streaming ha dejado de parecerte interesante a estas alturas del aislamiento, es hora de encontrar otras actividades.

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Supongo que si fuera bloguera de estilo de vida, te recomendaría los ejercicios que puedes hacer con cualquier objeto de tu casa, pero como mi materia es el sexo, lo que te voy a proponer tiene que ver con trabajar otras zonas del cuerpo.

Personalmente, el aislamiento me está sirviendo para conocerme todavía más. Y unos conceptos en los que últimamente estoy pensando mucho son el gatillo y el freno sexual.

Sirven para lo mismo que te imaginas: uno despierta el deseo en segundos y el otro detiene las ganas.

Lo curioso es que estos dos elementos son únicos, ya que a cada persona le excitan o le cortan el rollo cosas muy diferentes, esas que te animo a descubrir aprovechando estos días.

Al final, puede ser algo como un gesto, un olor, una prenda de ropa… Por ejemplo, la mayoría coincidiremos en que dejarse los calcetines de lana puestos son un freno sexual, sin embargo hay quien puede encontrarlos excitantes (los woolies son los que sienten atracción por este tejido).

Pero, ¿por qué es importante dar con los tuyos propios? Porque puedes usarlos a tu favor.

Si tú y tu pareja sabéis que las camisas blancas mojadas, el sudor o el olor a cuero de algunos desodorantes son tus gatillos, que cualquiera de ellos entre en acción, va a encender el apetito por sí solo (una buena manera de caldear el ambiente para esos momentos en los que no se sabe muy bien cómo buscarlo).

Es el mismo caso con los frenos. Mejor evitar cortarse las uñas de los pies en la mesa del salón o usar el baño con la puerta abierta si sabemos que son obstáculos para la pasión de la otra persona.

Duquesa Doslabios.

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Para jugar a este juego erótico, da igual tu orientación sexual o tu edad

El sexo siempre es una maravilla, siempre. Mi succionador de clítoris da fe de que es un terreno en el que nunca dejo de sorprenderme. Pero como toda actividad, tiene un enemigo común: la monotonía.

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Por muy bien que lo pasemos poniendo en práctica el placer, si no hacemos de la experiencia algo variado, termina por aburrirnos y ser igual de apasionante que ir a hacer la compra al supermercado del barrio o el café de las nueve en la oficina, algo rutinario.

Salir de la costumbre va más allá de experimentar con posturas acrobáticas, una colección de lencería digna de una tienda de Victoria’s Secret o el sexo en los lugares más aleatorios de la casa (¿en serio era necesario incluir en la lista el váter?).

Una de las opciones de la que os quiero hablar hoy son los juegos eróticos. Para ello, he hablado con Víctor P., que es el creador de Coupletition, un sexgame pensado para avivar la llama.

Es él quien me confirma que este tipo de complementos son una herramienta muy recomendable. “Sus resultados sorprenden cuando se incluyen en la vida diaria, ya que está demostrado que ayudan a combatir ese aburrimiento y monotonía que a veces parecen inevitables”.

¿El momento para empezar según Víctor? Cualquiera: “El error que se comete en muchas ocasiones es esperar a caer en la rutina para buscar cosas que nos emocionen. En nuestra opinión es mucho más efectivo anticiparse y prevenir estas situaciones, ya sea con juegos eróticos, detalles para nuestra pareja, sorpresas de todo tipo… Nuestra relación se volverá mucho más fuerte si cada día nos esforzamos en mantener la ilusión”.

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Uno de los aspectos más curiosos es que el juego va más allá de los clásicos dados que indican en qué zona besar o quién tiene que quitarse una prenda. “Hemos introducido juegos que van mucho más allá de lo que se entiende esencialmente como el acto sexual. Además, el factor competición que rodea la experiencia es algo que ayuda a reafirmar la confianza y complicidad con tu pareja, pero siempre desde un enfoque erótico y sexual, que es lo divertido”, afirma Víctor.

La principal característica es su estructura en forma de competición. “Pretende mezclarse con las rutinas del día a día durante un mínimo de 15 días, ofreciendo una experiencia larga y completa. En cuanto a las pruebas, hemos querido incluir un poco de todo para que la experiencia sea totalmente innovadora, heterogénea y que, quizás, ayude a descubrir nuevos juegos y prácticas a aquellos que no las hayan probado”, declara el diseñador del juego.

Si hablamos de sexualidad, es obvio que la diversidad tiene que salir en algún momento. Y es que el problema es que, cuando se piensa en juegos eróticos, generalmente encontramos opciones heterosexuales, ¿no deberíamos tener una variedad de productos de este tipo de ocio más inclusiva? Víctor lo tiene claro.

“Cuando diseñas un juego como Coupletition, lo fácil sería centrarse en parejas heterosexuales (ya que, estadísticamente, suponen un público mayor para el producto). No obstante, nosotros quisimos darle una vuelta y adaptar todas las pruebas de forma que no se excluyese a ningún tipo de pareja. El juego es perfecto para cualquier persona que tenga una pareja para jugarlo, independientemente de su orientación sexual”.

Las ventajas de incluir juegos en la vida sexual, son muchas, no solo la variedad como me aclara Víctor. “Las personas tendemos a sentirnos atraídas por la novedad, lo misterioso, lo arriesgado… Sin embargo, nos solemos acomodar a aquello que nos proporciona equilibrio y seguridad; nos acostumbramos y generamos una dependencia que nos hace sentir bien”, declara el diseñador.

“No obstante, en ocasiones es incompatible el hecho de querer descubrir aquello novedoso y, a la vez, estar atado a aquello a lo que estás acostumbrado. Creemos que la gran ventaja de complementar la vida sexual y de pareja con juegos es que permite descubrir juntos nuevos gustos y prácticas que motiven ese lado curioso que todos tenemos; y lo más importante: lo hace desde la diversión y el placer que el sexo aporta, y la confianza de hacerlo con tu pareja“, afirma.

Duquesa Doslabios.

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Desde que soy feminista no he vuelto a fingir orgasmos

Al feminismo puedo achacarle varios cambios en mi vida. Que cada vez me resista más a que solo las mujeres de mi familia nos levantemos a recoger la mesa, que haya pasado de apreciar a criticar la galantería o incluso que cada vez me resulte más difícil encontrar una película en Netflix (si no hay al menos una mujer protagonista, no la veo).

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Pero el mayor logro del feminismo es que ha conseguido romper mi insana relación con los orgasmos falsos.

Empiezo por el principio. Cuando empecé a tener sexo -que en esa época, y fruto de un adoctrinamiento de películas románticas y canciones pop, no era otra cosa en mi mente más que ‘hacer el amor’-, algo no iba bien conmigo.

Lo que conseguía en casa sola, orgasmos dignos de anuncio de champú, no aparecía cuando compartía las sábanas. Y claro, aquello era frustrante para ambos.

No conseguía explicarme por qué él en 15 minutos había llegado al orgasmo y yo solo sentía que tenía ganas de más. En ese momento, tocarme el clítoris estaba casi prohibido.

En primer lugar porque lo consideraba algo íntimo mío y, en segundo, porque cuando hacía el amago, el novio de ese momento se sentía ofendido, ya que le parecía que su ejecución no era suficiente.

Así que, con esa mezcla entre vergüenza por confesar que la penetración ‘ni fu ni fa’ y el miedo de ofender a mi acompañante, me quedó claro pronto que no había nada como una exageración para salir del paso.

Puede que mi performance no tuviera recompensa orgásmica, pero tenía otras como acabar pronto para seguir haciendo otras cosas y que la autoestima de él siguiera por las nubes.

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O al menos, hasta que llegó el feminismo a mi vida. Fue lo que me enseñó que investigar mi placer a fondo y a conocer mi comando de arranque de motores, despegue y alunizaje.

Y en ese camino de autodescubrimiento llegué a la conclusión de mi vida (sexual), soy clitoriana y es lo más normal del mundo.

Fue como si se me hubiera quitado el mayor de los pesos de encima. ¡No pasaba nada raro conmigo ni con la mayoría de las mujeres!

Pero, ¿cómo aplicar mi descubrimiento en la intimidad? Metiéndome mano o pidiendo que la metieran. El feminismo me ayudó a hablar, a decir en alto “esto me gusta así y esto asá”.

No fue hasta ese momento que entendí que tenía el mismo derecho de correrme a gusto que mi acompañante, y que si no lo conseguía, no iba a fingirlo para hacerle sentir mejor.

El orgasmo debe ser como una relación, sincero. Puede que me costara unos años comprender que el ego ajeno no pesaba más que mi placer, que mi cuerpo funcionaba correctamente y que solo necesitaba que se activara, o que si no lo sentía, y no llegaba a correrme, no tenía por qué ofender a nadie.

Duquesa Doslabios.

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