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Tu ex no tiene por qué tener responsabilidad afectiva

Estuve con mi última expareja varios años. Los suficientes como para conocerle de todas las formas y maneras.

Para saber su plato favorito, la lista de Spotify que más se ponía en la ducha o la travesura de su infancia que más le avergonzaba.

Y él también me tenía aprendida, por supuesto.

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Quizás por eso, cuando la relación se acabó, no me entraba en la cabeza que, sabiendo tan bien cómo soy, actuara de la forma que lo hizo.

Que no moviera ficha, buscara soluciones o intentara que la situación no llegara al punto que lo hizo.

Tampoco entendí que, después, no quisiera mantener una amistad cuando era algo que él había pedido en un principio.

O que, por primera vez, empezara a dejarme en visto, con mensajes sin contestar, hasta el punto de comportarse como si no existiera.

Aquello me hacía daño de una forma de la que él era consciente. Quizás por todo lo que habíamos pasado.

A lo mejor porque las personas que nos han hecho palpitar siempre van a tener la capacidad de tocarnos más la fibra sensible.

Qué más da.

Lo que no me cabía en la cabeza era que lo permitiera. Que pudiera desembarazarse así de mí como cuando dejas de hablarle al match de Tinder que se pone demasiado intenso.

Fue algo que entendí hace poco, cuando me crucé con la clásica foto de Instagram de una cuenta de psicología.

Mi ex ya no tenía un vínculo emocional conmigo y por tanto no tenía por qué tener responsabilidad afectiva.

Escucharme, tener en cuenta mis sentimientos o acompañarme en el proceso eran una serie de privilegios emocionales que, en el momento que había puesto fin a la relación, no tenía por qué recibir.

Yo esperaba por su parte una reacción hacia mí como si siguiera siendo mi pareja, pensando en aquello que habíamos vivido previamente y el cariño que podíamos seguir teniéndonos.

Lo cierto es que la situación actual, el cambio en la relación hasta el punto de disolverla, invalidaba cualquier tipo de exigencia.

Es difícil y sufrido encajarlo, sobre todo cuando viene por parte de alguien que ha sido tanto.

Pero no quita en que hay que hacer ese esfuerzo titánico en comprender que si se ha acabado, se ha acabado. Todo.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué si tu ex tiene pareja nueva tienes que alegrarte?

Soy lo bastante adulta para saber que, si una persona a la que se ha querido tanto como a la última pareja, rehace su vida, se debería estar feliz por él o ella.

Pero también soy lo bastante adulta como para admitir que es algo que me puede sentar como una bofetada con la mano abierta.

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En un mundo donde se espera que tengamos una gestión emocional impoluta cuando nadie nos la ha enseñado, quiero desmentir un tópico.

Que tenga esa reacción no significa que no haya pasado página o que no esté en el pasado tanto la relación como la ruptura.

Significa que es alguien con quien he compartido tanto que todo lo que le pase va a removerme de una manera o de otra. Da igual lo que sea. Es porque se trata de esa persona.

Así que, si este es tu caso, quiero decirte que te alejes de lo políticamente correcto, de la entereza que toca aparentar en esos casos y dejes salir lo que sea que te haga sentir.

Porque nada quita que, durante un periodo de tu vida, tú querías haber sido la persona que le haría feliz hasta el fin de sus días.

Una cosa no quita la otra, y, al borde de los 30, me doy cuenta de que los sentimientos son una cosa compleja.

Puedes estar ilusionada por conocer a alguien, a punto de tener un bebé o a tan solo unos meses del altar con tu pareja actual.

Puedes también desmoronarte en cualquiera de esos casos si te tropiezas con una historia en Instagram que hace que se te desestabilicen los sentimientos hacia tu ex.

Y como soy contraria a la negación, a tapar las emociones con otras, normalicemos que dentro del “deseo que todo te vaya bien” haya un explícito “pero prefiero no verlo porque has sido importante para mí”.

Pidamos ayuda, digámosle a esa amiga que ha podido contar las lágrimas derramadas por cada ex, que aquello te ha dejado revuelta por dentro.

Que necesitas, una vez más, vomitar los sentimientos, recordar en alto todas las promesas que luego no se cumplieron, las ideas y el futuro que habías dibujado en tu cabeza y terminó volando por los aires.

Llora, llora si es lo que quieres. Escríbele si es lo que necesitas. O pasa de todo y sigue tu vida. En cualquier caso, permítete el momento de vivirlo por completo.

Las emociones no se equivocan ni has perdido la partida por sentir que las cosas no han sido como habrías querido. Al contrario.

Son las decisiones las que nos llevan al momento en el que estamos ahora. Y la certeza de haber elegido el camino correcto siempre será algo a lo que poder aferrarnos cuando veas que se ha ido de vacaciones románticas o se ha dado el “Sí, quiero”.

Duquesa Doslabios.

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La crisis de cuando en el círculo de amigos de tu pareja está su ex

Terminar una historia de amor significa dos cosas: aumentas la lista de exparejas con un nuevo nombre y encima pierdes a alguien que, durante el tiempo que ha durado la relación, ha sido todo para ti.

En ese periodo ha sido crush, amante (bandida o bandido), el +1 en eventos familiares como bodas y bautizos, quien te pasaba el papel higiénico de la alacena cuando te habías quedado en el baño con el rollo acabado y tu amigo.

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Si se puede seguir manteniendo una amistad después de ese punto, es algo que solo el tiempo y cómo hayan acabado las cosas puede decidir. De ahí que la alternativa de quitarle el plano sentimental y sexual y quedarse con lo demás, sea una buena opción.

Pongamos que quieres perder a esa persona de tu vida, pero de repente llega una nueva. Alguien por quien vuelves a ilusionarte, a sentir, a ahogarte en nerviosismo cuando llega el momento de veros cara a cara. ¿Cómo cuadrar eso con tus amistades fruto de relaciones pasadas?

Teniendo las cosas claras, no debería ser complicado para nadie. Llegar a la conclusión de que se puede mantener una relación de amistad es también muestra de madurez emocional.

Al menos esta es la teoría, lo que da el sobresaliente en gestión emocional. Pero, ¿es así en realidad?

Cuando lo vives desde el otro lado, que su ex forme parte del círculo de amigos, de primeras, es algo que pica.

No vamos a decirlo en alto, pero sí es la confesión que le hacemos a nuestra amiga de confianza.

Como personas adultas, es nuestra responsabilidad racionalizar, pensar con calma cuánto tiempo ha pasado desde que rompieron hasta ahora.

Cuanto mayor sea la cifra mejor por el simple hecho de que necesitamos nuestro ritmo para superar las cosas. Es la manera de que los sentimientos positivos y negativos se hayan quedado atrás dando paso a una amistad simple y llana.

Haber terminado de una manera sana es una buena base a la hora de construir luego una amistad con la expareja.  Una falta de incompatibilidad, por ejemplo, no significa que no se pueda seguir siendo amigos después, una vez estén las cosas resueltas.

Es algo que también puedes percibir viendo cómo actúa cuando coincidís todos juntos. Si se comporta con normalidad, de manera relajada, despreocúpate, es probable que no haya nada más.

Pero ante la duda, la comunicación clara es mejor que cualquier suposición. Lo realmente importante es el nivel de compromiso con la relación actual, la que tenéis ahora mismo.

Como conclusión, solo recordar que los amigos de tu pareja no tienen por qué ser tus mejores amigos. Por mucha amistad que haya con su ex, puedes decidir hasta qué punto va a formar parte de tu círculo.

Duquesa Doslabios.

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Si estás conociendo a alguien, ¿te gustaría pedirle referencias a sus ex parejas?

Conocer a alguien por primera vez, esa fase en la que emoción y miedo van de la mano. Emoción por lo que pueda venir, por un sentimiento que puede empezar a cocinarse a fuego lento, por la felicidad de sentirse con ilusión de nuevo.

Y miedo, por supuesto, miedo de lo que puedes encontrar si sigues escarbando un poco más. Miedo de que no sea quien dice que es.

Porque sí, en las primeras citas somos todos maravillosos, el match perfecto, el amor de nuestra vida, la pareja ideal.

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¿Sería un punto a favor, puesta a fantasear, que pudiéramos pedir referencias a sus exparejas antes de seguir conociéndole?

De la misma forma que la empresa que nos entrevista para ese puesto -para el que nos consideramos la persona más idónea, dicho sea de paso- tiene la opción de ponerse en contacto con nuestros antiguos trabajos, ¿qué pasaría si fuera normal una llamada telefónica con sus ex y preguntarles cómo fue su experiencia juntos?

Pensando en mí, en lo que dirían ellos, me doy cuenta de que depende mucho a quién le preguntes.

En general, podrían coincidir en que soy detallista, cariñosa, con corazón de niña, muy entusiasta y que no sé estar quieta por mucho que lo intente.

No todo serían cosas buenas, claro. De la misma forma, bien podrían decir que tengo cierto punto de adicción al trabajo, que soy cabezota hasta niveles insospechados, que raras son las veces en las que doy mi brazo a torcer y tardo mucho en ver que me he equivocado.

De mí destacarían que soy explosiva, como el champán, que rompo a mi paso y me enfado rápido (aunque también se me pasa a la misma velocidad).

Que me agobio, que tengo inseguridades, que me preocupo por todo y me rayo bastante la cabeza, son otros ejemplos que entrarían en la lista de cosas menos buenas.

Pero sí quiero pensar que la mayoría de ellos recomendarían ‘contratarme’ como posible futura pareja.

En cuanto a lo que preguntaría, lo tengo claro: si es sincero, si es atento, si deja espacio…

No faltaría en esa llamada con su ex la duda con bandera roja que ya soy incapaz de pasar por alto, si es controlador o celoso.

Qué relación tuvo -si se dio- con la familia política, si tiene buenos modales, si es empático o si es un punto de apoyo (como firme creyente de las relaciones que funcionan como un equipo, esto me parece fundamental.

Pero también averiguar cómo enfrentaba los malos momentos: las discusiones, cuando se atascaba la rutina o cuando los ánimos estaban más bajos.

A fin de cuentas, lo bonito ya vamos a verlo en las citas. Y saber las opiniones de quienes han compartido vivencias y sentimientos, nos ahorraría mucho tiempo.

Duquesa Doslabios.

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6 consejos para que seas mejor ex

“Es igual de importante cómo terminamos una relación que cómo nos hemos portado durante el tiempo que hemos formado parte de ella” fue una frase que me dijo un amigo.

Una teoría que, según él, se puede aplicar a todo. Desde el fin de una etapa en el trabajo hasta una historia de amor.

Nos define cómo actuamos cuando estamos enamorados, esa etapa en que todo es ilusión, notas escondidas en el abrigo o una porción de su postre favorito en la nevera.

Pero es también quiénes somos la persona que dice (o a la que dicen) adiós.

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Si le damos la máxima importancia a lo primero es porque confiamos en que ese presente sea una inversión para el futuro. Nos permitimos que lo que ya ha sucedido, el pasado, deje de ser relevante y descuidar el trato.

Es ahí donde entran algunos comportamientos que, como la historia no va a seguir adelante, nos preocupan menos. Y dice mucho de nosotros cómo echamos el cierre y pasamos página.

La madurez emocional, el tipo de relación que se ha tenido (si ha sido algo esporádico o ha llegado a haber convivencia), si se han compartido mascotas, hijos… Son factores que pueden afectar a la hora de que terminemos mejor o peor.

Y aunque también entran ahí las razones que ha habido detrás de la ruptura, es nuestra responsabilidad afectiva quedarnos con lo que está en nuestra mano.

En definitiva, nuestra propia actitud ante la persona que ya forma parte de nuestro pasado pero ha marcado un periodo de tiempo de la vida.

Aprender a ser una buena expareja es algo que se puede hacer. Y es tan fácil como…

  1. No hablar mal de esa persona, no hay necesidad. Quédate con lo bueno y dilo en el caso de que salga él o ella en la conversación. Si no tienes nada bueno que aportar, mejor no digas nada.
  2. Mantener el contacto adecuado, ese que os haga sentir cómodos, que puede ser poco, mucho o ninguno. Pero uno con el que estéis de acuerdo.
  3. Desear que le vaya bien. No de boquilla, deséaselo de verdad. Deséalo incluso cuando empiece con alguien por mucho que te hubiera gustado estar en el lugar de la otra persona. Ya no estás ahí, sigue adelante y que sea feliz.
  4. Dar el trato que te gustaría recibir. Si quieres respeto, empatía y educación deberías empezar dispensándolo tú.
  5. No amargar su existencia: por muy mal que te sientas, le guardes rencor o tengas rabia, no vas a conseguir nada poniéndole la vida más complicada.
  6. Claridad ante todo: si ya no estáis juntos, que quede claro que se ha llegado al final sin retorno. No te acerques en momentos que le eches de menos si tu intención no es arreglar las cosas porque solo confundes y haces más daño.
  7. Tómarse/dejar que se tome tiempo y respeta que cada uno necesitamos un periodo concreto para dejar pasar las cosas. Puede ser un mes, varios o años. Si tenéis que ser amigos, vendrá solo.
  8. Y si queréis mantener una amistad, marcar los límites de esta.

Duquesa Doslabios.

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Si todavía estás superando a tu ex, este texto es para ti

Hoy es uno de esos días en los que el tiempo parece haberse coordinado con los sentimientos. Uno gris y pesado.

Nada más subir la persiana un cielo plomizo te da la bienvenida en tu nueva jornada. Aunque eso es lo de menos. No es el día el que pesa, es que, una vez más, en la habitación, solo estás tú.

SPRINGFIELD MAN & WOMAN

Y solo tú, sin necesidad de poderes paranormales, pareces sentir otra presencia, la del fantasma de esa persona que puso punto y final a todo (o que te llevó a ti a ponerlo).

Hoy es uno de esos días teñidos de recuerdos, de los buenos, los que más duelen porque tu cerebro se ha encargado de añadirles una pátina de brillo y banda sonora para hacerlos aún más vivos.

Magníficos, sí, pero tan anclados ya en el pasado como la memoria de un verano familiar con todos tus primos en el pueblo.

Lo que descubres, viendo el hueco de la cama que solo es la prolongación del que llevas por dentro, es que no son las relaciones tan montaña rusa como las rupturas.

Que, de una semana bien, pasas a un par de días con recuerdos-medusa (de esos que por breves que los rememores parecen producir urticaria) al bajón absoluto, el día plomizo también a nivel emocional.

Déjame decirte que esto es -además de nada agradable- lo normal. El salto del rencor a la falsa felicidad de pensar que ya lo has superado, pasa por las ansias de mirar su Instagram, controlar las ganas de escribirle un mensaje, pensarle hasta llorar o familiarizarse con la apatía.

Un proceso enrevesado que, te aseguro, tiene un final, el de asumir que esa persona ya no está y librarte del fantasma.

Hasta llegar a ese momento, date tiempo. Enfréntate a tus sentimientos. No lo escondas debajo del colchón, permítete pensarlo, asumirlo, buscar un momento más apropiado en el que puedas derrumbarte y construirte pieza a pieza.

Ponte en primer lugar y fíate de lo que necesites. Ya sea mantener una amistad como si es borrar su rastro digital de tu vida. Lidiar con lo que mejor te funcione es personal.

Trabaja en quitarle ese barniz brillante que juega tan malas pasadas y recuerda a tu ex con sus 360 grados, los buenos y los malos.

Es ahí cuando aprender marca la diferencia en que tropieces con la misma piedra disfrazada de persona o realmente te escuches.

Si eres capaz de entender por qué has dejado que eso pasara o si te había sucedido antes y, sobre todo, si seguiste con ello pese a sentirte mal, es tu turno. Toca avanzar con esa mochila a la espalda en busca de una historia que no pase por ahí.

Y, si ves similitudes, solo tienes que echar la vista atrás para reconocerla (y alejarte de ella).

Hay personas que pasan por nuestra vida con fecha de caducidad escrita en la frente, aceptarlo y dejarlas marchar forma parte del camino. El siguiente recodo puede ser el bueno.

Duquesa Doslabios.

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Siempre hay algo por lo que darle las gracias a tu ex

Me encantaría ser como Ariana Grande y recordar a todos mis exnovios con una sonrisa en el alma y en la cara.

Pero estoy muy lejos de ella, que escribió una canción para darles las gracias a los hombres que habían pasado por su vida.

BERSHKA

Y dudo mucho que pueda llegar a ese nivel superior en el proceso de curación del corazón, hay algunos que siguen (o quizás sigo yo) atravesados.

No, no todos me dejaron románticas lecciones como descubrirme el significado del amor, la fuerza de los sentimientos cuando son auténticos o la ligereza de sentirte colada hasta las trancas y que sea correspondido.

Las que aprendí fueron a la fuerza, a base de ojeras y de controlar ese impulso de mandar un mensaje de texto de madrugada, en pleno ataque de insomnio. Consecuencia de relaciones en las que el punto más doloroso fue el punto final.

Tras una de las primeras rupturas, aprendí lo que era el compromiso, algo para lo que no estaba preparada en ese momento.

Después, en otra salida escopetada de un noviazgo de casi dos años, me topé con la conclusión de que, quien realmente te quiere, no te hará nunca renunciar a lo que te gusta.

Dos aprendizajes que continúan marcándome incluso ahora.

Si tengo que escoger algo más por lo que sentirme agradecida, en general y a bote pronto, es por los buenos recuerdos. Esos que brillan de forma más especial en mi memoria de cuando hubo momentos llenos de felicidad.

Pero incluso de los que siento que no puedo sacar nada en absoluto, los que me dejaron reducida a cenizas porque arrasaron conmigo y con todo lo que me rodeaba, me toca replantearme que quizás sí me dejaron una enseñanza.

La mayor de todas, que no querría volver a encontrarme a uno igual. Nunca.

Duquesa Doslabios.

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¿Alguna vez nos dejarán las redes sociales superar a nuestros ex?

En más de una ocasión, le he preguntado a mi madre qué había sido de sus exnovios. Si terminaron con otra pareja, si seguían solteros, si se mudaron de su ciudad natal, si tenían el mismo trabajo… No lo sabe.

No lo sabe porque ni tiene redes sociales ni intención de tenerlas. Es de esa generación en la que, las rupturas, solían ser sinónimo de no volver a saber de la otra persona por el resto de tu vida.

MANGO

Y cómo le envidio por eso.

Instagram, Facebook o incluso TikTok nos habrán acercado en muchos aspectos, pero no ponen fácil lo de perder de vista a una persona.

Da igual que dejes de seguir, que bloquees, que silencies o que le ocultes tus historias. Al final, hay amigos o compañeros de clase en común por las que, de rebote, termina llegándote información. O, incluso a veces, ni siquiera eso.

Buceas por tu red social un día cualquiera y ahí está. En una página de inspiración de bodas que ni siquiera recordabas que seguías.

Vestido de negro o vestida de blanco con otra persona al lado, alguien que no eres tú.

Claro que sabías que ninguno de vuestros futuros iba a transcurrir por el mismo camino, pero que lo supieras y vivieras asumiéndolo no significa que quisieras estar al tanto. De hecho, si algo no querías, era verlo.

Porque una cosa es darlo por hecho, entender que en cinco o diez años pueden pasar muchas cosas y que todos terminamos por rehacer nuestras vidas.

Otra es ver que aquella persona -esa que te hizo pensar que no volverías a poder querer a alguien-, aparece en tu pantalla en el que es uno de los momentos más felices de su vida.

Saber, como si estuvieras presente en aquel mismo instante, todos los detalles: cómo eran los trajes de novios, dónde lo celebraron, cuándo…

Te alegras -porque internamente el punto y final de vuestra historia estaba más que escrito– y te jodes a partes iguales. Si una imagen vale más que mil palabras, esa consigue desestabilizarte por un rato. ¿De verdad era necesario?

Da igual que hayas pasado página. Ahí está la aplastante realidad que no tenías por qué ver, pero el dichoso algoritmo te acaba de arrojar a tu interfaz.

¿La solución? Solo se me ocurre la de mi madre. Borrar todo y vivir una existencia analógica lejos de todo lo que sea tropezarte virtualmente con tu expareja. La única manera de asegurar el “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Duquesa Doslabios.

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Llamarle por el nombre de tu ex, ¿lapsus o algo más?

La primera vez que mis padres hablaron por teléfono, ella le llamó, erróneamente, ‘Juan Carlos’. Aunque no fue culpa suya (una de sus compañeras de trabajo le había dicho que ese su nombre), la cara de mi padre en aquel momento fue un poema.

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Por suerte, una vez explicado el lío, tuvieron su primera cita que vino seguida de convivencia, matrimonio y el pack de hijos y perro unos años más adelante. Aquel desliz es ahora una anécdota de la que nos reímos en las comidas familiares.

Como digna hija de mi madre, también he pasado por lo de confundirme y ser confundida. Pero en mi caso era más por el parecido de la dicción al tener, casi de seguido, parejas con nombres que empezaban por la misma vocal.

Cuando me ha pasado, no le he dado la más mínima importancia (además de que nunca me ha sucedido en un momento especialmente íntimo).

Pero me consta que no todos nos tomamos el lapsus por igual. A las pruebas me remito con la consulta que me hizo un amigo este martes, que había dejado de hablar a la chica a la que estaba conociendo cuando, en un momento de cachondeo, ella se equivocó llamándole por el nombre de su exnovio.

El término que recibe este fallo es misnaming y, por lo que dicen los expertos, no, no significa que al nombrar a la anterior pareja se sigan teniendo sentimientos hacia ella.

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Por lo visto, es más un fallo en el sistema de recuperación de información del cerebro que algo consciente. Al estar en compañía de una persona con la que nos sentimos cómodas, ilusionadas y felices, nuestras neuronas van al nombre de la última persona que nos hizo sentir así, por eso hay tantas probabilidades de que se te escape o se lo oigas decir a la persona que estás conociendo.

Lo bueno es que hay esperanza al respecto: no solo termina desapareciendo esa conexión con la expareja según va pasando el tiempo (si lo ha superado, claro), sino que, cerebralmente, eres tú el sucesor o sucesora de esa persona, lo que significa que te ve como algo más que una persona muy simpática con la que tener una gran amistad.

¿Mi conclusión? Que al igual que a nadie le gusta ver su nombre mal escrito en la taza del Starbucks, es mejor no tomárselo como algo personal y pasar del tema.

Mis padres lo hicieron y ahí siguen, con más de tres décadas de amor a sus espaldas.

Duquesa Doslabios.

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Mensajes de tu ex, el efecto secundario de la cuarentena

Al principio empezó como algo aislado, casi anecdótico. Un mensaje de una amiga que te dice “Mira quién me ha escrito” y, acto seguido, te manda el pantallazo de la entrega de Star Wars que nunca escribió George Lucas: Episodio VI, El retorno del exnovio.

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Luego fueron los memes y los tuits, dándome a entender que igual lo de mi amiga no era tan raro como podía parecer en un principio.

Y, finalmente, me llegó el turno a mí. Un regreso del pasado tan inesperado que incluso me hizo dudar si el fin del mundo se encontraba más cerca de lo que imaginaba. No, no se me ocurría otra razón posible para que me escribiera de nuevo más allá del apocalipsis.

Es curioso que, hace unas semanas, os aconsejaba extremar la precaución de contacto con las exparejas. La crisis mundial parecía la excusa perfecta para mandar el deseo de “Cuídate mucho” o un “¿Qué tal ese confinamiento?” para tantear el terreno.

Pero, ¿qué pasa si soy quien ha sabido guardar las distancias y he recibido el mensaje?

Lo primero es mantener la calma. Porque, sinceramente, una de las últimas cosas que esperas es que, después de años, los fantasmas del pasado vuelvan a hacer acto de presencia.

Pero es uno de los síntomas, más que del virus, del estado de alarma. La cantidad de horas que pasamos desocupados al día nos llevan a poner en perspectiva toda nuestra vida, incluso la parte que parecía archivada en los capítulos cerrados.

Como me decía otra amiga, la culpabilidad y la cuarentena no son buenas amigas. Y puede parecer que este es el mejor momento para pensar largo y tendido en lo que hemos vivido y, ¿por qué no?, mirar con perspectiva los errores cometidos y tratar de disculparse por ellos.

En una nueva rutina en la que solo recibimos impactos negativos, es normal refugiarse en el amor que sentimos hacia nuestros familiares y amigos, lo que puede llegar a despertar incluso partes del corazón en las que se encontraban archivados los sentimientos más antiguos.

Esto no significa que quienes vuelvan tengan la misma motivación de querer redimirse por lo que pasó o de intentar echar un poco de arena al fuego -por si se da el caso de que algún día os crucéis por la calle, ninguno tenga que cambiarse de acera-.

Una rápida encuesta vía Instagram me confirma que el aburrimiento hace mella, así como las ganas de tener sexo (esas que no perdemos ni en cuarentena) o la necesidad de rodearnos de personas, aunque sea virtualmente, que vuelven a hacernos sentir a salvo.

Y aunque no es igual recibir un mensaje de aquella persona con la que hubo una historia de amor, que una relación tóxica, decidir si lo que se quiere hacer es responder o dejar en leído, es tan personal como lo ha sido para tu ex poner el mensaje.

La cuarentena es demasiado larga y la vida demasiado corta como para escoger aferrarnos al rencor de los corazones rotos cuando tenemos el poder de repararlos. Aunque eso implique escribir a alguien del pasado para conseguir estar en paz.

Duquesa Doslabios.

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