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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Sobre ceder el asiento cuando te duele la regla

Son las ocho y media de la mañana. Cojo el metro y, providencialmente, consigo hacerme con uno de los preciados asientos. Quienes cojáis la línea 6 a esas horas sabréis de lo que hablo.

Y digo providencial porque ahora mismo siento como si una especie de mano gigante invisible estuviera escurriendo mi útero.

PIXABAY

Cierro los ojos, respiro hondo y procuro olvidarme de la sensación de presión que hace que quiera llorar. Tardo poco en llegar a mi parada por lo que tendré que volver a ponerme de pie en un rato.

Una parte de mí va un poco agobiada por si entra una persona mayor o una mujer embarazada, agobiada porque, por mucho que lo sienta, que me hayan educado a dejar mi sitio libre ante alguien con preferencia y que conscientemente sepa que esa persona también lo necesita, me encuentro mal e ir de pie solo consigue que, cuando estás con dolor, aumente la sensación de aplastamiento.

Si, como yo, sufres reglas dolorosas, sabes de lo que hablo, y si, también como yo, te mueves en transporte público, estarás más que familiarizada con esa urgencia de necesitar sentarte porque notas que te van a fallar las piernas de un momento a otro.

Y, sin embargo, no hay asiento con preferencia para cuando estamos en ese momento crítico en el que es como si una daga perdida se abriera paso a machetazos en tus entrañas.

De hecho hace poco, le comentaba a una amiga que cuando me pasaban esas situaciones, que una vez al mes me suele coincidir algún ataque de dolor en el transporte, si me sentaba lo hacía con culpa y hasta un poco angustiada.

Que incluso no me preocupaba por disimular la cara de “encontrarme mal” para que no me pidieran ceder el asiento.

Mi amiga me hizo reflexionar sobre lo tremendo que era que si no me encuentro bien me sienta en la necesidad de dejarlo ver para que mi dolor sea creíble (la historia de las mujeres en este país en realidad, si no manifiestas dolor o descontento no lo estás pasando mal) en vez de, en el caso de que me lo pidan, decir que realmente necesito ese asiento.

Y todo porque nos encontramos en una sociedad que juzga sin saber si esa persona puede estar indispuesta. Rápido se increpa y normalmente no es la persona que necesita el asiento sino alguna de al lado, que “Cómo es posible que no se deje el sitio”, que “Estos millennials…”.

Mi decisión es que desde ahora, si se vuelve a dar el caso y por lo que sea me lo piden, responderé con toda la tranquilidad del mundo que lo siento pero no, que estoy con la regla y que me está doliendo la tripa a morir, que necesito ir sentada, pero que puede hacerle la misma petición a cualquier otra persona del vagón.

No nos van a dar un asiento de preferencia para cuando notemos el dolor, eso lo tengo asumido. Pero si te encuentras mal, mal de esas veces que tú y yo sabemos, dilo sin vergüenza, porque no tienes que abochornarte de estar con la regla y yo, sin ir más lejos, ya me he cansado de ir ocultándolo como si no pudiera demostrar debilidad física en ningún momento si realmente me estoy sintiendo indispuesta.

Vamos a decir: “Esto es lo que pasa, es lo que hay, y me duele de narices. Hazme el momento un poquito menos difícil y déjame tranquila mientras fantaseo con extirparme el aparato reproductor con las llaves de casa”.

Y, por supuesto, si estando en el otro lado, sentada sin ningún tipo de malestar, cualquier mujer me pide que le ceda el sitio porque se encuentra en el episodio crítico, que tenga claro que no voy a dudar un segundo en levantarme.

Duquesa Doslabios.

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Las mentiras sobre la menstruación que seguramente oíste de pequeña

La menstruación, esa cosa tan misteriosa para unos y tan pan de cada día para otras. Un extraño ciclo que hace que una vez al mes sangremos como si Quentin Tarantino se hubiera decidido a grabar una película en nuestra vagina.

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Por ello siempre ha estado sujeta a mitos e invenciones que han hecho que cuando te bajaba por primera vez la menstruación, la regla te pareciera una especie de maldición sobrenatural.

Sin embargo con el paso de los años se ha averiguado que la mayoría de las leyendas no eran otra cosa más que invenciones. De hecho quizás te suenen, ya estoy segura de que las has escuchado en algún momento de tu vida:

  • No te puedes bañar en la piscina. Bueno, quizás hace unos años cuando la compresa de tela era lo único que tenían nuestras abuelas, darse un chapuzón en el riachuelo no era la mejor de las ideas (aun así existe algo llamado presión que evita que salga a no ser que hagas fuerza). Pero ahora las copas menstruales o los tampones están para que el calor no nos tenga pegadas a la toalla y podemos echarnos unos largos si nos apetece.
  • Es imposible quedarse embarazada durante la regla. Un mito que no cuenta con la duración de los espermatozoides que aguantan hasta cinco días con vida. Si por lo que sea tu siguiente ovulación sucede con rapidez puedes quedarte embarazada con toda la normalidad del mundo, así que usa protección siempre.
  • Si has usado tampón ya no eres virgen. El mito se debe a que las primeras veces que nos lo ponemos, seamos realistas, puedes pecar de inexperta y romper el himen. De cualquier manera, sexo es sexo, tampones son tampones y no podemos mezclar la velocidad con el tocino. Una persona virgen es aquella que no ha tenido relaciones sexuales y por mucho que tu himen se haya roto, no es la cosa más importante, sino disfrutar de la experiencia.
  • No puedes preparar ciertas comidas porque se estropean. Mi compañero Alfred López escribió un tema muy interesante sobre los mitos de la menstruación que podéis leer aquí, pero resumiendo, no hay ninguna evidencia científica de que con la regla se te corte la mayonesa o que no se hagan bien las conservas. Es probable que se deba a tu habilidad cocinando más que a la menstruación. Piensa que si así fuera, todos los hombres serían expertos mayoneseros, y no es el caso (a excepción quizás de Martín Berasategui).
  • La regla huele mal. Bueno, para empezar la sangre de la menstruación es el mismo tipo de sangre que de cualquier otro tipo. Vale, hay coágulos de tejido sí, pero viene siendo sangre también. Este mito que encima es promovido por los anunciantes de productos de higiene femenina es totalmente falso. La vagina no huele ni a flores ni a nubes, como todos los genitales, necesita una higiene, pero nadie puede oler si estas con la menstruación. Igual el perro de tu vecina te ve y te olisquea la entrepierna, pero es por las hormonas, no por la sangre, y tampoco es como si el animalito se lo fuera a contar al edificio.

La clave es que seamos conscientes tanto hombres como mujeres de que la regla forma parte de la vida, que la llevamos teniendo desde el principio de la historia de la Humanidad. Puede resultarnos más o menos cómoda pero lo importante es que la vivamos con total normalidad.

Duquesa Doslabios.

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Sexo y regla, la menstruación es la cuestión

Hace poco, en una quedada con amigos surgió (todavía no sé cómo, también es cierto) el tema de tener relaciones sexuales con la regla.

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La mayoría de los chicos afirmaban que no era algo que les importara. Mientras que uno decía que la situación le excitaba más, por las dosis de lubricación extra, otro opinaba que, a fin de cuentas, es algo que no afectaba realmente ya que está de por medio el condón.

De hecho, “si no se tiene sexo en esos días suele ser más por vosotras que por nosotros” me dijo convencido.

Y le doy toda la razón del mundo. Históricamente la regla ha sido el ‘castigo divino’, algo que nos mantenía a las mujeres en un segundo plano al ser visto como una enfermedad hasta hace relativamente poco.

El estigma perdura. Y sino, solo hay que ver cómo todavía vamos al baño con los productos de higiene femenina hábilmente escondidos en las mangas de la sudadera. Con la sangre vaginal también impera la ley del silencio. La omertà menstrual.

También es cierto que, las que sufrimos dismenorreas (intensos dolores menstruales) no siempre tenemos ‘el chocho para farolillos’ literalmente.

La hinchazón, los calambres o el propio malestar general en momentos concretos (especialmente durante los primeros días), hacen que muchas pensemos, cuando nos hablan de “meterla”, en una barra de chocolate. Y en la boca.

Sin embargo, quienes no padezcan molestias y quieran tener sexo con la regla, deberían sentirse con toda la libertad del mundo para hacerlo. No está de más tampoco comentarlo previamente por si hemos topado con una persona que se impresiona con el sangrado.

Pensemos que, al final, es tan sencillo como hacerlo en la ducha e ir quitando los restos con el agua de la alcachofa o bien colocar un par de toallas por encima de las sábanas. Tener que poner lavadoras es un pequeño precio que, teniendo en cuenta que vamos a pasar un buen rato, merece la pena pagar.

Duquesa Doslabios.

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Un hombre confirma que la regla duele, por lo que debe doler de verdad

Hay una cosa muy curiosa de los dolores que puedes sufrir durante la menstruación y es que todo el mundo te da su opinión al respecto sin que la pidas (sí, incluso hombres que nunca la han tenido en su vida).

Mujer feliz gracias al doctor John Guillebaud sabiendo que no está loca inventándose el dolor que sufre durante la regla. GTRES

Me he encontrado de todo: desde amigas que han tenido que ser hospitalizadas porque tenían unas anemias de caballo, otras que, siendo alérgicas a los antiinflamatorios, pasan la regla con el suplicio de una tortura medieval, y, mis personas favoritas, las que sostienen que el dolor de regla no es para tanto y que la cosa es quejarnos.

Llevo desde los 15 años sufriendo cada vez que me venía y atiborrándome de pastillas para que se me aliviaran los dolores, y, os aseguro que las molestias no se deben a, como he leído por ahí, que no acepto mi feminidad.

La regla me duele y me duele de narices. Me duele hasta el punto de que cuando me han dado dolores intensos he tenido que acuclillarme en el suelo, hecha una bola sobre mí misma, porque no podía ni andar.

Por supuesto, os hablo de unos márgenes “normales”, de los que se pasan con un antiinflamatorio, no de los que ni con esos se van, que pueden ser síntomas de que algo por ahí dentro está yendo mal.

Es por eso que me llama la atención la repercusión que ha tenido la declaración que hizo el doctor John Guillebaud, Profesor de salud reproductiva en el University College London, al medio Quartz revelando que ciertas pacientes habían descrito el dolor como “casi tan malo como tener un ataque al corazón”.

Es como que, a raíz de su artículo, la gente realmente se ha dado cuenta de lo intensas que pueden ser las molestias. Pero en realidad no es que la regla haya empezado a doler en 2018 y él lo haya descubierto, sino que ha tenido que ser su declaración la que le ha dado veracidad y un respaldo serio al asunto.

Por lo visto, ahora que un hombre ha confirmado lo que nosotras llevamos sabiendo y experimentando en carne propia desde que vamos al colegio, ya es algo real.

No estaba en nuestras cabezas, no nos lo estábamos inventando ni es algo relativo a la “histeria femenina” ni a todas esas cosas que hacían que se nos ignorara a lo largo de la historia de la Humanidad cuando se nos ocurría proferir una queja al respecto del periodo.

Debemos sentirnos afortunadas por este tipo de revelaciones. Quizás el siguiente hito que nos deje sorprendidos sea que averigüen que el fuego quema, o que el agua moja. Sinceramente, no puedo esperar.

Duquesa Doslabios.