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¿Por qué durante el sexo ‘más intenso’ se traduce en ‘más violento’?

Que nuestra sexualidad está condicionada por los referentes que nos rodean, es algo que -teniendo en cuenta el furor por el BDSM tras ‘Cincuenta sombras de Grey’ entre otras cosas- nunca me atrevería a negar.

PIXABAY

Las películas, las series de televisión o incluso los sucesos de actualidad (las violaciones grupales han disparado las búsquedas de estas prácticas en páginas web de pornografía) nos pasan factura mental y sexual.

Un ejemplo que os voy a comentar os va a resultar más que conocido.

En más de una ocasión, en pleno arranque pasional cuando estás queriendo subir todavía más la temperatura del polvo, he pedido aumentar la intensidad.

Seguidamente me han dado un cachete a mano abierta (ojo, que me encantan), me han cogido las muñecas con fuerza, me han tirado del pelo o me han sujetado del cuello.

Y es que actualmente, el resultado de la traducción de más intenso entre las sábanas no es otra que un sexo más violento.

A estas alturas de la película, la de mi vida, y conociendo un poco a las personas que han pasado por ella, entiendo que no son otra cosa más que fruto de una educación sexual basada en repetir lo que han visto en la pantalla del ordenador o del teléfono.

Sin embargo, llegado el momento de reflexionar sobre el camino que nuestra sexualidad ha tomado, hay que pararse y echarle un vistazo a los pasos, porque están algo torcidos y aún se pueden enderezar.

Intensidad, según el diccionario de sinónimos, es potencia, vehemencia, entusiasmo, magnitud… En ningún caso encuentro palabras que recuerden a la rudeza.

Así que la próxima vez que os pidan intensidad, o que queráis ponerla en práctica, apostad por sacar los pies del tiesto en el que llevamos metidos hasta ahora y aumentar el ritmo, mirar fijamente a la otra persona, acariciarla en esa zona que le pierde o salir a la terraza a seguir haciéndolo.

La pasión se puede conseguir de muchas maneras. Aunque las agresiones puedan formar parte del juego, no son la única alternativa.

Duquesa Doslabios.

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Stealthing: la nueva tendencia de quitarse el condón durante el sexo

Querid@s,

El fin de semana pasado conocí a un apuesto (macabro, descubrí a posteriori) francés en un evento Couchsurfing en Chicago, ciudad imponente a la que acabo de mudarme de nuevo hasta nueva orden. Lo cierto es que el del país de la Marseillaise ostentaba una planta bárbara y le sobraba pinta de majo, educado, limpio/aseado. O eso creía yo. No voy a entretenerme en la historia de cómo llegamos hasta su alcoba porque el asunto no va de eso. Lo que quiero contaros es que una vez enredados y en un descanso del mete-saca, el muy tirano aprovechó un momento de despiste por mi parte para deslizar con sigilo el condón por su miembro viril hasta quedarse en bolas. Será… Menos mal que estuve atenta -yo ya no me fío ni de mi sombra, tal y como me aconseja mi madre prácticamente a diario- y le pillé con el condón en la mano. Y con toda la intención de no decir ni mu. Le dije más que a un perro y me fui e esa habitación envenedada como alma que lleva al diablo, no sin antes decirle que lo que había hecho es/podría ser punible y que recibiría noticias mías en algún momento. Ahí acabó la historia.

Esta inquietante tendencia, que nada tiene que ver con nuevas posturas o técnicas amatorias, tiene muy poco de sexy y se conoce como Stealthing.

Pues bien, resulta que esta maniobra no es sólo cosa del francesito, sino que se trata de una más que  incipiente tendencia de alcoba que amenaza con tornarse global. De ella habla alto y claro Alexandra Brodsky en un informe publicado en el Columbia Journal of Gender and Law. Para los entusiastas de los estudios, aquí lo tenéis. Entre otros argumentos la autora documenta en su informe que esa maligna “furtividad” cuando un hombre descapota su miembro viril durante el sexo con sigilo, en secreto y sin el consentimiento y conocimiento de la pareja se considera una forma de de agresión sexual y debería tratarse como tal.

Con este artículo la autora pretende proponer una nueva ley que facilite un vocabulario para que la gente se refiera a una experiencia, desgraciadamente demasiado habitual, a la que frecuentemente calificamos de mala experiencia sexual o mal sexo, cuando deberíamos decir violencia, según declaró Brodsky al Huffington Post.

El estudio arranca con Rebecca, una estudiante de doctorado que trabaja en un Call Center en el que se atiende a víctimas de violación. Rebecca se dio cuenta de que cada vez recibía más llamadas de mujeres que se encontraban con un caso de stealthing. La propia Rebecca había experimentado la misma situación con un ex novio. Al parecer “las historias suelen comenzar de la misma manera,” afirma Rebecca. “’No estoy convencida de que sea violación pero…’” Todas se sentían violadas pero “no tenían el vocabulario” para expresar lo que había ocurrido.

La práctica de “stealthing” no solo expone a las víctimas a embarazos no deseados o a enfermedades de transmisión sexual, sino que además provoca el mismo tipo de daño emocional y físico que otro tipo de abuso o acoso sexual con violencia. Una de las victimas que Brodsky entrevistó para el informe se refirió a lo ocurrido como de “cuasi-violación.” Otra víctima calificó lo sucedido de “flagrante violación de lo que habíamos acordado.”

Lo más perturbador de todo es que existen páginas encubiertas en las que hombres homosexuales y heterosexuales comentan y comparten sus hazañas sexuales animándose y aconsejándose sobre la práctica del stealthing ya que es el derecho de todo hombre esparcir su semilla. ¿Cómo? Por ejemplo, metiendo el preservativo en el congelador o haciéndole agujeros. En la web Experience Project un hombre que dice ser onesickmind (una mente enferma) escribe una guía completa sobre stealthing en la que fanfarronea y se jacta de haber hecho la misma jugada con tantas chicas que no puede ni contarlas.

Otro internauta sinvergüenza se suma a la causa y nos deja las siguientes perlas.

 

¿Cómo os quedáis?

A follar a follar que el mundo se va a acabar.