Archivo de la categoría ‘parejas sexuales’

¿Es para mí la monogamia? Lo que se plantean algunas parejas en el estado de alarma

Pasar las 24 horas del día junto a tu pareja ha sido una de las pequeñas ventajas para las personas que, como yo, solíamos coincidir poco antes del estado de alarma.

DEREK ROSE

Y aunque creo que mi caso es uno de los más afortunados -quitando las típicas discusiones y algún que otro momento de necesitar un poco de espacio hemos sabido llevarla-, hay parejas que no sienten lo mismo (preparaos, la temporada de las rupturas está al caer).

Pero quitando quienes han descubierto que prefieren terminar la cuarentena estrenando soltería, la mayoría de parejas hemos tenido que dar un paso más en la relación.

De una u otra manera, creo que tanto quienes estamos teniendo que convivir en pareja, como los que han pasado la cuarentena separados, hemos tenido que crear normas o dar con ideas para hacer más llevadera la situación.

Volvernos imaginativos en el sexo, crear romanticismo -incluso cuando solo se puede crear una cita en las cuatro paredes de casa-, o intentar no pagar los enfados del trabajo con el otro serían algunos de los ejemplos más comunes.

Te puede interesar: No, yo tampoco paro de discutir con mi pareja y sí, es algo normal

No han sido los únicos, podría haber relaciones planteándose lo de tener sexo solo con su pareja.

Según el estudio que analiza el comportamiento sexual de los españoles en cuarentena realizado por JOYclub, comunidad basada en la sexualidad liberal, la idea del intercambio de pareja se ha pasado por las cabezas.

Un 40% ha hablado o pensado en hacer un intercambio de pareja cuando la situación vuelva a la normalidad, afirma el estudio.

Y más allá de que, para su primera vez, el 88% preferiría que fuese con amigos mientras que el 15% cree que los desconocidos son mejor opción, lo que en realidad esto da a entender no es tanto que nos estemos planteando experimentar con este tipo de intercambios.

En mi opinión, si alguna conclusión se puede sacar al respecto, es que hay quienes se están planteando la monogamia, quizás de una manera como nunca antes.

Quizás vernos obligados a estar juntos en todos los aspectos con solo una persona ha sido determinante a la hora de descubrir que, por mucho que socialmente aceptemos el ‘felices para siempre’, lo cierto es que la sexualidad liberal cada vez parece ganar más fuerza como alternativa a la convencional pareja.

Según la comunidad del estudio, esas nuevas prácticas pueden ayudar a fortalecer la confianza en una relación y abrir nuevos horizontes en el sexo.

Que no estemos acostumbrados, no significa que no debamos entenderlo y respetarlo. Al final, es tan libre la elección de quien quiere estar solo con una persona como la de quien decide que no es lo suyo.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Hablando de penes, ¿te suena el concepto ‘boyfriend dick’?

Me he enganchado a un programa de Netflix, es el típico reality en el que sus concursantes parecen recién salidos del gimnasio y del cirujano plástico a la vez.

DEREK ROSE FACEBOOK

¿El objetivo? Que siendo solteros y expertos en el arte del ligoteo, resistan sus impulsos y creen relaciones profundas más allá del físico.

Los diálogos, como era de esperar, son para acuñar. Uno de los que más me llamó la atención fue cuando uno de los participantes hablaba que su secreto para conquistar era su pene.

Parece ser que no tenía un aparato corriente. El suyo era un pene de novio o boyfriend dick. “No es ni muy grande ni muy pequeña. Es perfecta y bonita”, explicó el concursante alegando que por esa razón se enamoraban de él.

Y aunque su definición se ha vuelto muy popular (ha llegado incluso a sacar una línea de ropa con el término), hace unos años lo recogió también el Urban Dictionary como “el tipo de pene que puedes montar cada noche porque encaja perfectamente”.

Pero, ¿es así como vemos nosotras la pareja? Que yo sepa, no es habitual hacer un test previo preguntando por el tamaño de los genitales no vaya a ser que sean demasiado o demasiado poco.

Es más, solemos estar más preocupadas de que encajemos con la persona que de hacerlo con su pene cuando nos planteamos una relación.

Claro que el sexo es importante, pero a la hora de la verdad, es más crucial cómo se desenvuelve, la química que hay (que puede vencer cualquier problema de tamaño) y las ganas hacia la otra persona.

Tenemos una variedad tan grande de juguetes y tantas posibilidades a la hora de tener sexo que reducir todo el amor y las relaciones de pareja a una cuestión de centímetros, se queda cojo.

Al final, no nos enamoramos de un pene, aunque igual sería más fácil.

Esa prolongación de los órganos sexuales, que es la persona que le acompaña, suele ser la verdadera razón por la que nos animamos a tener pareja.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Hablemos de la cuarentena asexual: ¿y si no me apetece hacerlo?

¿Soy la única que siente presión por la cuarentena? Directos constantes a todas horas con clases de cocina, manualidades para niños, conciertos en casa o rutinas de ejercicio. Casi que empieza a estar mal visto que te quedes en casa sin hacer nada productivo.

CALVIN KLEIN FACEBOOK

Pero lo cierto es que no nos han entrado a todos esas ganas locas por aprender un idioma por nuestra cuenta usando vídeos de Youtube o pasarnos el día preparando los retos gimnásticos de los famosos.

De hecho, poco se habla de la sensación de bajón, de la ansiedad por lo que vaya a pasar en unas semanas, del miedo ante el futuro incierto… De una serie de cosas que hacen que, anímicamente, no siempre se pase por un buen momento.

El sexo no se escapa de esto. Y eso que he sido la primera en ver en la cuarentena una oportunidad para reconectar con una misma y con la pareja.

La excusa perfecta para descubrir las apetencias sexuales más desconocidas y la ocasión de probar aquellas posturas, juegos o juguetes que estaban a la espera de que apareciera algo de tiempo libre.

Hay expertos en sociología que llegan a aventurar un baby boom a finales de año, fruto de las largas jornadas de confinamiento.

Pero, ¿y si se da el extremo contrario? ¿Y si no me apetece tener sexo? Esto es algo nuevo para todos, por lo que cualquier reacción es válida.

Tanto la de quienes quieran dar rienda suelta a su pasión cada noche, como los que busquen un poco de acercamiento vía sexting así como aquellos que no quieran nada.

Se sabe que el sexo es una vía de liberar estrés, pero también puede generarlo el hecho de no tener ganas de intimidad. En cualquier caso, esa falta de ganas -ya sean hacia la pareja o con uno mismo-, sería también una reacción típica.

Al final, no hay una manera correcta universal de enfrentarse a momentos nuevos como este. Y como no contamos con un manual de instrucciones, para esos casos, lo mejor es seguir el impulso y hablarlo abiertamente.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Del ‘ghosting’ al poliamor, así han cambiado nuestras relaciones en estos 10 años

Estamos a punto de vivir el cambio de década, -qué bien sonáis, nuevos años 20-, y, ya que se trata de una fecha destacada, hay un poco de nostalgia en el ambiente.

PIXABAY

Todavía recuerdo como si fuera ayer la entrada a 2010. Estaba en el colegio y eran otros tiempos para ligar.

Por entonces era, casi todo, analógico. Vale, puede que empezáramos a hacer nuestros primeros pinitos ligando por internet.

¿Quién no se acuerda de bombardear al que le gustaba de clase a base de zumbidos de Messenger? Y si encima te ponía un comentario en la foto de Tuenti, ya tenías anécdota para contar a las amigas en el recreo.

Desde ese momento hasta ahora, las redes sociales se han convertido en el nuevo punto de encuentro.

Es raro que en algún grupo de amigos no des con una la pareja que se conoció por Instagram o aquellos que lo utilizaron para retomar el contacto después de años.

Internet lo ha puesto tan fácil que en estos diez años hemos vivido el boom de las aplicaciones para ligar. Tinder, Grindr, Happn, Badoo, Meetic…

Las opciones han sido tantas que, si no has ligado a través de alguna de ellas, ha sido -como diría tu abuela-, porque no has querido.

Esa velocidad a la hora de conocer gente y tener encuentros sexuales casi inmediatos (vamos a ser sinceros, nadie usaba las apps para encontrar pareja con la que ir a ver arte al Museo Reina Sofía), se ha traducido también en una serie de tendencias de las que la mayoría hemos salido escaldados.

El ghosting, el benching o el orbiting  nos han pasado factura. Las malas prácticas derivadas del fast dating nos han llenado la década de mensajes leídos y nunca respondidos, enigmáticos ‘me gusta’ que nunca venían acompañados de mensajes o el resurgir de un antiguo ligue sin venir a cuento.

Teniendo esto en cuenta, el panorama sentimental con el que entramos a 2020 no es, precisamente, el mejor.

Aunque me gustaría destacar que parece que, por fin, el consentimiento ha hecho acto de presencia en las relaciones de cualquier tipo, algo que hasta ahora muchos hombres no consideraban que fuera imprescindible.

Respetar el “No”, seguirá siendo el básico de los próximos diez y, me aventuro a decir, cien años. Así como seguir debatiendo sobre la explotación sexual hasta erradicarla, así como el revenge porn, difundir imágenes privadas para hacerle daño a una persona.

Desde 2010 las relaciones han evolucionado. Los posmillennials han sido clave en enseñarnos que, aunque sea novedoso, el poliamor también es una opción. Así como su manera de tener sexo, mucho menos heterosexual que la que practicamos las generaciones anteriores.

Afortunadamente, también el final de la década nos deja algunas cosas que merecen la pena.

El despertar del empoderamiento femenino a la hora de reivindicar el placer (los succionadores son el mejor ejemplo) y el slow sex, que invita a poner la intimidad en el lugar que le corresponde dedicándole no solo tiempo sino la totalidad de nuestra atención.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

¿Qué implica que la generación Z haga más tríos que los ‘millennials’?

Si me pongo a enumerar las cosas en las que creo que nos supera la generación Z a los millennials, solo destacaría que, más que nativos digitales, son prenatales y que, seguramente, tendrán menos depresión de la que ya padecen algunos de los nacidos entre finales de los 80 y de los 90.

BERSHKA FACEBOOK

Pero hay una característica más que añadir a la lista. Y tiene que ver con las sábanas.

Más de la mitad de los millennials teníamos (o tenemos, depende de a quién preguntes) la fantasía de hacer un trío, una ilusión en la que la generación Z nos ha tomado la delantera.

El 10% de los nacidos a finales de los 90 ya ha experimentado lo que es el sexo en el que tres (por primera vez) no son multitud, según el barómetro de Control.

Es decir, uno de cada 10 de aquellos menores de 20 años ya han tenido sexo a tres bandas. Lo repito porque me sigue pareciendo alucinante.

Aunque, por otro lado, no sé de qué me sorprendo tanto pensando en que mi primo pequeño puede estar ahora mismo acompañado de dos amigas (o dos amigos).

No es difícil imaginar el por qué. Rara es la serie, canción o película actual (y sí, estoy hablando de ‘Élite’) en la que no se proclama el amor libre, dando alas a todo tipo de mezclas incluso cuando las experiencias sexuales acaban de empezar.

Me habría encantado que el barómetro les preguntara qué les había llevado a hacerlo, y sobre todo, si había sido tan satisfactorio como la ficción les vende, ya que dudo mucho que la mitad de posmilénicos sepan que el clítoris es algo más que una palabra que queda guay en Instagram.

(Ah, y esto lo cuento desde la perspectiva de una millennial que sí cumplió esa fantasía y que siente que no se habría perdido mucho de no experimentarla.)

View this post on Instagram

Cruda, sincera, abierta y genuina.

A post shared by Duquesa Doslabios (@duquesa.doslabios) on

Curiosamente, esto me recuerda a una conversación sobre la monogamia que tuve hace poco con mi madre. Ella me comentaba que parecía que ahora todo eran números.

Con cuántos has estado, con cuántos has tenido sexo, con cuántos quedas… Pero que realmente hasta qué punto eran relaciones sexuales que nos llenaban.

Vivimos en una sociedad en la que solo cuenta sumar, sumar seguidores, visitas, likes, series vistas en Netflix, personas con las que acostarnos y el número de experiencias que hemos tenido, ya sean con dos personas, en grupo, con espectadores…

Y no digo que no deban vivir esas cosas, que, si quieren, me alegro de que puedan hacerlo. ¿Pero tiene que ser ahora? La vida es lo bastante larga como para invitar a una tercera persona a la cama una vez sabemos como funciona el deseo sexual y el aparato genital más importante de cualquier vivencia, el propio.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Ni eres tú ni soy yo, es que somos sexualmente incompatibles

Normalmente, cuando las películas tratan incompatibilidad sexual, se limitan a representarla mediante una escena en la que, la pareja de turno, en pleno arrebato pasional, se mete un coscorrón.

GTRES

“Oh, vaya, qué incompatibles somos que no nos hemos coordinado bien”, parece que quiere decir el momento en el que a continuación solo hay risas nerviosas y más intentos infructuosos.

Sin embargo, la falta de compatibilidad es un universo mucho más profundo, algo que, en más de una ocasión, puede que hayas tenido que experimentar.

Por lo general, si no lo ves claro, lo más habitual es que no repitas con esa persona, algo que se soluciona no volviendo a verla (pero, por favor, procura evitar el ghosting).

Pero cuando la incompatibilidad sexual se da en la pareja, no es tan fácil gestionarlo.

La primera señal de alarma, y la más sencilla de identificar, es que uno de los dos no quiere hablar de sexo de ninguna manera. Es un tema que, directamente, se evita a toda costa.

Un comportamiento que puede ser el primer indicativo de que no se toma la relación sexual como tú. Bien porque piensa que lo relativo a ese ámbito no tiene importancia o porque le puede parecer una tontería.

Sin embargo, como seres sexuales, tiene mucho peso en nuestra vida (¡en toda ella!) y en nuestra relación de pareja, por lo que debemos atender a las alarmas si las necesidades se ven descuidadas.

Las preferencias en la cama son un gran punto de no retorno, una prueba de fuego solo comparable a si le gusta la tortilla con cebolla, donde antes se van a notar las diferencias.

Y aunque no es imprescindible que sean 100% idénticas, es decir, no es indispensable que también sea entusiasta de la agalmatofília, y sienta atracción sexual por estatuas, si una de las dos partes siente repugnancia o llega incluso a juzgar las preferencias, la incompatibilidad es un hecho innegable.

No funcionar en ese aspecto hace que los intercambios sean vividos con desagrado, incluso los que no son nuestros, llegando incluso a sentir embarazo si hay escenas de sexo en la tele (no la incomodidad normal, sino una más profunda).

La incomodidad puede empezar por ahí llegando hasta el punto de no tener deseo ni ganas de tener sexo con tu pareja. También sentir desagrado al ver a la otra persona desnuda es una muestra de falta de compatibilidad.

Y, aunque muchas de ellas pueden llegar a solucionarse con ayuda y trabajo de por medio (para estas cosas existen los expertos especializados en sexología), si no tiene arreglo, lo mejor es poner las cartas sobre la mesa y sincerarse.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

¿Ha llegado el apocalipsis sexual?

Como mujer nacida en los 90, hay varios problemas que me preocupan de mi generación: la crisis económica que nos ha dejado independientemente de nuestros estudios en el paro, las malas condiciones laborales cuando tenemos la suerte de encontrar trabajo, la fuga de cerebros para trabajar de pizzero en Londres… Y, por supuesto, la crisis sexual.

PIXABAY

Creo que los millennials nos encontramos en pleno apocalipsis de la sexualidad y ni siquiera nos hemos dado cuenta de que lo tenemos sobre las cabezas.

De entre nosotros ya salen los primeros impotentes, ya que muchos hombres jóvenes están teniendo problemas a la hora de excitarse por culpa de los estímulos de la pornografía.

Estando expuestos y encontrando placer viendo imágenes explícitas e irreales hacen que las relaciones sexuales convencionales resulten poco estimulantes y terminen padeciendo disfunción eréctil siendo el nuevo mercado de las clínicas de salud sexual masculina.

Aunque no tenga relación con la industria cinematográfica, cabe mencionar también que la calidad del semen ha empeorado.

Ni Crossfit ni puenting, vivir en las ciudades es el nuevo deporte de riesgo ya que factores ambientales como la contaminación, los químicos que llegan a los alimentos así como un estilo de vida poco saludable en el que abunden las sustancias poco recomendables pasan factura a los espermatozoides volviéndolos más pequeños y deformes.

La conclusión es que cada vez son más parejas las que tienen que recurrir a las clínicas de fertilidad y fecundación asistida para poder tener hijos, otro punto en contra de la vida sexual de la Generación Y.

Si 1980 fue la década del sida, en los últimos 5 años podemos hablar del cáncer de garganta provocado por el sexo oral, una enfermedad que no hace otra cosa más que crecer en España.

Aunque todavía estamos muy por detrás del número de personas que lo padecen en Estados Unidos o en Europa, a este ritmo de parejas sexuales sin protección alguna, aumentarán los casos. Una enfermedad que, encima, tienen más riesgo de contraer los hombres.

E irónicamente, en contraposición a la promiscuidad y falta de barreras que hacen que crezcan los casos de contagiados de VPH, como millennials somos la generación que menos practica sexo.

Quitando aquellas personas en los veintitantos que han aceptado el celibato como forma de vida, el menos número de casos, varios estudios han revelado que nuestra vida sexual es mucho menos activa que la de la generación anterior, la nacida entre los 60 y 70.

Por mucho que parezca que las tecnologías nos acercan, la conexión online no siempre es la clave. Estamos tan saturados que nos perdemos el contacto directo, experiencias reales, vínculos en vivo y conversaciones más allá de emoticonos.

En plena era del #MeToo, la preocupación sobre la seguridad está más latente que nunca ya que cada vez hay más conciencia sobre los riesgos de quedar con personas desconocidas.

La masculinidad tóxica propia de una sociedad machista también deja claro que debemos aprender nuevas maneras de relacionarnos alejadas de los estereotipos de género y del mito del amor romántico.

Y si a eso le sumamos nuestros problemas de compromiso, que no nos casamos, que no tenemos prisa en dar pasos acompañados, (algo que no tiene por qué ser necesariamente malo) tenemos el último factor que prueba que los millennials estamos en pleno cambio afectivo-sexual.

Pero que no cunda el pánico, al igual que hemos salido de la etapa de los contratos de prácticas cuando parecía imposible, saldremos de esta. Somos millennials.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

“Necesitamos que a las parejas liberales no nos miren mal”

He de admitir que uno de mis proyectos fallidos este 2018 fue intentar entrar en la zona swinger del Salón Erótico de Barcelona. Y eso que mi amiga y yo lo teníamos todo controlado.

TINDER

Habíamos encontrado dos chicos que también querían conocerla y habíamos hecho la cola. Me encontraba sacando el dinero para pagar, y, al girarme, nos habían hecho una bomba de humo.

Ahora recordamos la anécdota no solo con risas sino que me sirvió para conocer a Luis Alfonso Beltrán. Padre de familia y escritor, empezó en el ambiente liberal hace 20 años, una experiencia que cuenta en su libro Ambiente Swinger o Liberal.

Lo primero que me cuenta es que pese a que muchos lo usemos como sinónimos, swinger y pareja liberal no significan lo mismo.

Swinger en la pareja es una situación que se da dentro del matrimonio. Las parejas liberales tienen la libertad de tener relaciones fuera del matrimonio”, me explica.

Su objetivo al sacar el libro hablando del desconocido mundo de las relaciones liberales es normalizar su estilo de vida ya que, admite, “desde fuera tiene una mala aceptación”.

“Necesitamos que no nos miren mal“, dice a modo de resumen, algo que ya le ha pasado factura puesto que desde que sacó el libro, su relación ha cambiado con algunos grupos de amigos que no quieren que los cataloguen.

Al llevar más de veinte años dentro del mundillo, me interesa saber cuáles son los cambios más llamativos que ha visto, variaciones que ha notado especialmente en el dress code.

Hace diez años se vestía de manera más elegante y la mujer, de manera provocativa ya que en palabras de Beltrán “es el gancho de la pareja en el ambiente liberal”.

“La mujer es quien tiene el poder, el hombre se amolda”, dice el escritor. Ahora la etiqueta es más informal, algo que achaca a la juventud de las parejas.

Pasar de pareja monógama a liberal es algo que ha tenido un proceso. “He tenido que conocer a mi mujer para saber que quiero compartir estas cosas con ella”, afirma el escritor, que me explica que ser swingers suele ser el primer paso antes de ser una pareja liberal.

No sigue un patrón estándar ya que la situación varía en cada caso. Se va evolucionando, por lo que cada relación, que es un mundo, puede empezar de manera distinta.

Respecto a cómo se puede abordar la situación como cuando, en su caso, hay hijos, el escritor revela que cada familia trata el tema a su manera. En el caso de su hija se enteró en la adolescencia y “lo encajó con bastante normalidad. Seguimos siendo la misma familia”, dice Beltrán.

“Mi hija es monógama. Siente respeto por nuestro estilo de vida pero no lo comparte”.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook)

Posiciones para tocar clítoris como si no hubiera un mañana

La penetración está muy bien, no te digo yo que no. Sobre todo si viene acompañada de complementos, como la ensalada.

Pero la penetración acompañada de meneo clitoriano es más placentera que explotar un grano (hoy me he despertado salida y escatológica, qué le vamos a hacer).

Los años de práctica como clitoriana me han hecho formar un top de posturas “Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo toco”:

5. En el último puesto: el perrito. Las embestidas traseras pueden hacer un poco complicado mantener un ritmo decente, es por eso que queda en el último puesto.

DOCTISSIMO

 

4. A cuatro patas invertida: esta postura permite que tu pareja se encargue de darle vida al asunto. Pero claro, entre el movimiento, la mano y demás, o tiene muchas habilidades o aquello termina más descuadrado que las ventanillas de los aviones.

DOCTISSIMO

 

3. De espaldas haciendo sentadilla: para las que no tardáis mucho va bien, pero las que necesitamos un poco de tiempo terminamos con el cuádriceps reventado, por lo que queda en el ecuador de la clasificación.

DOCTISSIMO

 

2. El misionero: parecía que no, pero la mano entra perfectamente entre pubis y pubis. ¿Lo mejor? Estás cómodamente tumbada y puedes elevar las piernas para experimentar con nuevas sensaciones.

DOCTISSIMO

 

1. Sentada encima (en el suelo): ponte en modo dominatrix y ordena a tu pareja que se tumbe bocarriba en el suelo (con una almohadita debajo de la cabeza, que ser dominatrix no significa que tengas que dejar al otro desnucado). Siéntate encima con las piernas flexionadas y ponte en modo rana saltadora. Importante que sea en el suelo ya que si lo haces en una superficie que no sea fija, tu pareja se mueve por la inercia y terminas perdiendo ritmo.

DOCTISSIMO

Y ahora mi momento favorito: cuéntame cuál es tu postura preferida para tocarte el clítoris (así podemos copiarte en cuanto tengamos oportunidad).

Los errores que cometes (sin saberlo) cuando practicas sexo anal

De la serie Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces una felación, y Los errores que cometes (sin saberlo) cuando le haces un cunnilingus, llega el tercer volumen para todos los que tienen curiosidad acerca del sexo por la puerta de atrás.

PIXABAY

“Las cosas no están bien por hechas, sino por bien hechas”, una máxima que deberás aplicar a la hora de tener sexo anal ya que estos son los errores más comunes a la hora de ponerse manos a la obra:

  1. Estresarse: el acto de ser enculado empieza en la mente. Para comenzar hay que estar mentalizado de que es una práctica sexual como cualquier otra, que no tiene nada de malo y cuyo fin es el placer. Aquí hemos venido a pasarlo bien.
  2. No ir al baño antes. No digo inflarse a laxantes, una limpieza de colon o usar una pera para ducha íntima. Basta con que hayamos ido al baño un par de horas antes para que tengamos el camino despejado. Y por supuesto lavarnos la zona con agua y jabón.
  3. No excitar. El recto es un músculo, y aunque mentalmente no lo podemos controlar podemos conseguir que se relaje. ¿Cómo? Estando excitados, por lo que lo mejor es estar estimulando el clítoris de manera continua de principio a fin.
  4. No lubricar adecuadamente o directamente no lubricar. Si no hay una adecuada lubricación puede ser la primera y última vez que practiques sexo anal. Piensa que el recto está diseñado como vía de escape, no como zona de carga y por tanto no se humedece naturalmente.
  5. Usar lubricantes de base oleosa es mucho más incómodo que usar uno de base acuosa. El lubricante a base de agua no se convierte en algo pegajoso, y aunque hay que reponerlo más a menudo, es preferible a la hora de tener sexo anal.
  6. Meter el pene directamente. Al ser un músculo, hay que acostumbrarlo previamente. Se puede empezar metiendo un dedo delicadamente (prohibido llevar uñas largas) y una vez entre sin problema pasar al pene.
  7. No usar condón. Independientemente de que a través del ano no exista riesgo de embarazo, sigue siendo una vía de contagio de enfermedades de transmisión sexual, por lo que el condón, además de más higiénico, es obligatorio.
  8. Ser impaciente. Esto no es como el sexo vaginal, no se puede meter nada rápido. Hay que tomarse su tiempo por lo que escoge un momento en el que no tengas ningún tipo de prisa y puedas dedicarle la atención que se merece.
  9. Dar duro. Esto no es una película pornográfica en la que los actores puedan meterse una berenjena por el ano sin sentir ni padecer, por lo que es muy importante la gentileza y ser delicado. El sexo anal es una cuestión de confianza, ya que confías plenamente en que la otra persona va a parar si a uno le duele. Recuerda que el dolor es una señal de que algo está yendo mal. Es mejor parar y volver a empezar varias veces antes que arriesgarse a un desgarro.
  10. La posición inadecuada. Para creativos en la cama ya está el sexo vaginal. En el anal el receptor debe estar relajado, por lo que las posturas más cómodas son la del perrito o tumbados medio de lado. Esta última hace algo más tediosa la penetración pero es la que permite que el receptor pueda estimularse cómodamente mientras el otro trajina a sus espaldas.

Una vez está entro, solo queda disfrutar de los orgasmos estelares, ya que la sensación de placer es mucho más intensa que durante la penetración vaginal (recordad que el clítoris no debe abandonarse en ningún momento), y, también, aguantar las ganas de ir al baño, que son algo normal y simplemente fruto de lo que está pasando detrás.

Duquesa Doslabios.