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El blog de Lilih Blue El blog de Lilih Blue

Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘vida-sexual’

¿Cómo tener sexo en casa si todavía vives con tus padres?

La idea de meter a alguien en casa y que tu madre se ponga a llamar a la puerta preguntándote si has ofrecido algo de beber, ya que te han educado para que te comportes de manera hospitalaria, no es quizás la más halagüeña.

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Pero si has nacido entre los años 80 y mediados de los 90 estoy segura de dos cosas, una, eres millennial y dos, si me lees desde España, es probable que aún vivas con tus padres (tú y otros 24 millones de millennials en todo el mundo, que no cunda el pánico).

El precio de la vivienda, que directamente no tienes empleo, o porque simplemente te gusta estar en casa (que puede ser que prefieras compartir piso con tus padres antes que con una estudiante que deja pudrirse verduras en la nevera) son algunos motivos para no dejar el nido. Sin embargo, como persona adulta con deseo que eres, la vida sexual puede ser un interrogante.

Lo ideal es aprovechar esos momentos en los que tus padres se encuentran fuera para tener un poco de intimidad. Además te perfeccionas en el arte del quickie, es decir, un polvo rápido en el que siempre estás un poco alerta por si oyes las llaves y tienes que vestirte a toda prisa.

Y aunque está genial aderezar la experiencia con un poco de adrenalina, no siempre puedes tener la casa para ti. Si tu agenda es más caótica que la de un presidente el 4 de julio, es normal que se te haga todavía más complicado sincronizarla con la de tus padres (o hermanos) para que justo tengas plena disponibilidad de la casa en ese momento, entonces, ¿cómo hacer para tener sexo debajo del mismo techo?

“Mientras vivas bajo mi techo…” es uno de los comienzos de frase favorito de tus padres, pero es que es así. Tienes una serie de normas que debes cumplir, sí, aunque ya seas una persona adulta, sí, aunque seas capaz de asumir grandes responsabilidades como que tu jefe te pida que mandes el presupuesto al grupo japonés sin equivocarte en un solo decimal.

Por ello no tienes la confianza de entrar y salir de casa con gente aleatoria (a no ser que tus padres te hayan dado pie a ello, en cuyo caso genial).

Pero aún si la tienes y lo haces, no creo que te haga mucha gracia hacer partícipes a tus padres de que su pequeñín (o pequeñina) pasa cada vez por el salón con una persona diferente de la que no se sabe ni el nombre. Y, si lo haces, tampoco tienes la certeza de que tus padres no hagan preguntas innecesarias.

Las opciones para abordar el tema son diferentes si sientes que es algo que te está produciendo un poquito de ansiedad. En primer lugar son tus padres, son adultos también y entienden que quieras tener una vida emocional/sexual.

No te van a juzgar aunque tampoco hace falta que tengas una conversación super explícita con pelos y señales. Como no todo el mundo tiene el mismo grado de confianza con sus progenitores (y menos respecto a este tema), puedes empezar diciendo que respetas tu casa y sus normas y que dentro del respeto te gustaría hablar de las opciones que podéis barajar para que puedas tener tu intimidad con otras personas.

Piensa que, a fin de cuentas, a escondidas siempre lo puedes seguir haciendo, pero que igual sacándoles el tema, si son muy muy comprensivos y generosos (esto ya depende de cada padre) pueden ofrecerte la opción de irse alguna vez de casa.

Y si sigues viendo que es algo que no puedes hablar con ellos, puedes seguir con los quickies cuando no están a riesgo de que cualquier día infartes de la presión, esperar a que estén durmiendo, hacer pasar a la persona que viene como “un amigo con el que tengo que hacer un trabajo para la uni” o si no, siempre podrás aderezar tu vida sexual con polvos a escondidas en baños públicos, parkings

Duquesa Doslabios.

¿Quieres mejor sexo? Hazte feminista

Si tuviera que resumir en una palabra lo que ha supuesto el feminismo en mi vida sexual, os resultaría familiar el término: orgasmos.

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Cuando empecé a tener sexo (me refiero a acompañada, claro, sola ya lo llevaba practicando bastante tiempo) aquello eran unos cuantos meneos, se corre, tiramos el condón y a dormir. Fin del cuento. Normal que no me pareciera para tanto.

Me preocupaba pensar que algo no funcionaba. Primero pensaba que era yo, pero, como os he dicho, había sido muy capaz de llegar al orgasmo yo sola sin que nadie tuviera que explicarme nada. No entendía por qué no me lo pasaba tan bien como en todas esas comedias románticas, en las que, solo con rozarse, ya llegaban los gemidos al cielo.

Y entonces lo entendí. Por supuesto que yo sabía cómo darme placer, eran ellos los que no. Y claro, iba a quedar muy mal que yo le llamara la atención a mi acompañante, o eso pensaba, por lo que me limitaba a fingir un poco y luego a terminarme la faena en casa.

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que estaba viviendo en una mentira, una enorme, y que quería empezar a ser sincera, no solo con ellos sino conmigo misma.

Fui franca y los orgasmos falsos se acabaron, lo que hizo que vinieran los auténticos y esa brecha orgásmica descendiera.

Me di cuenta de que quería igualdad en la cama, que si él se corría, yo me corriera también. Y no era algo egoísta, ni que no quisiera que él no lo disfrutara, sino que ambos recibiéramos placer.

El feminismo me quitó la tontería de encima, la de los orgasmos y muchas otras, como por ejemplo los complejos. Comprendí (al fin) que tenía que quererme tal y como era y que aquello no cambiaba en función de si estaba más o menos depilada, de si mis tetas estaban o no caídas o de si el culo tenía celulitis, que daba exactamente igual.

Eso de “el macho tiene que mandar en la cama unga unga” era mi concepción pre-feminista. Mi yo feminista entendió que era más divertido compartir la “dominación” en el colchón y no ser siempre la que se deja llevar. Tomar la iniciativa y experimentar es algo también muy placentero.

Que me aburro

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Pero feminismo también es asumir la responsabilidad, entender que si algo sale mal no es que hayas topado con un mal amante y ya está, sino que está en mano de los dos hacer de la experiencia algo sobresaliente.

Con el feminismo aprendes a darle al sexo la importancia que tiene, mucho menor que la que me vendían en el colegio,  que, supuestamente, tenía que ir ligado siempre a un matrimonio con amor. Resulta que podía tener sexo con alguien solo porque me apeteciera y no pasaba nada. No se me ligaban las trompas de Falopio, no era una puta ni una guarra. Era una mujer disfrutando de su vagina (y de otras partes, sin duda).

Para todos aquellos preocupados que piensan que el feminismo está en contra del sexo, os diré algo, todo lo contrario. El feminismo le da a la mujer la libertad de disfrutar de su cuerpo, está a favor del placer que durante tanto tiempo hemos tenido prohibido.

Quiere la igualdad en todos los aspectos, quiere que puedas disfrutar de una buena comida y que te traigan a ti la cuenta, en vez de dar por hecho que va a pagar él, y que disfrutes sin complejos de los postres que ofrecen las entrepiernas.

Duquesa Doslabios.

Juguetes sexuales que tienes por casa (y no te habías dado cuenta)

El sexo es de las cosas más bonitas que hay, todos estaremos de acuerdo, pero innovar en la cama sin dejarte el sueldo en el sex shop del barrio, también es una maravilla.

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Para echarle un poco de sal a nuestra vida sexual no necesitamos hacernos con un catálogo digno de tupper sex, ya que por casa, muchos objetos cotidianos sacados fuera de su contexto convencional conseguirán que experimentemos una serie de sensaciones nuevas y muy placenteras:

  1. Hielos: olvídate de usarlos para los refrescos. Vacía la cubriera en un plato hondo y juega con ellos pasándolos por el cuerpo. Procura no dejarlos olvidados encima de la madera o aparatos electrónicos si no quieres llevarte un susto.
  2. Cucharas: enfríalas previamente en el congelador durante una hora. Te servirán, al igual que los hielos, para lograr estimulantes cambios de temperatura. Aplícalos sobre zonas como pezones, labios o cara interna de los muslos.
  3. Y ya que has abierto la nevera, échale un vistazo a lo que tengas. Alimentos como helados, nata, o chocolate son muy fáciles de untar sobre la piel para luego limpiarla a mordiscos o lametones.
  4. Collar de perlas o de bolas grandes, el aliado perfecto para ambos. Al igual que las perlas, enfriado puede ser una sorpresa de sensaciones, pero usado a temperatura ambiente es perfecto para masajear o masturbar.
  5. Las almohadas o cojines nos permiten mayor comodidad y placer en algunas posturas. Si te gusta especialmente la de ambos boca abajo, prueba a ponerte una almohada debajo de la tripa.
  6. Los complementos y accesorios como cinturones y pañuelos dan mucho juego. Se pueden utilizar para amordazar, tapar los ojos, atar las manos y pies… Las posibilidades son infinitas.
  7. El plumero y las brochas de maquillaje producen agradables cosquilleos sobre la piel. Úsalos después de limpiarlos bien y disfruta del hormigueo.
  8. Las pinzas u horquillas son muy útiles a la hora de sujetar la ropa o el pelo, pero ¿ te atreves a utilizarlas sobre el cuerpo? Si eres de emociones fuertes, esta idea te encantará.
  9. Y ya que estamos hablando de juego duro, un peine o una espátula de madera son elementos que se pueden utilizar para dar cachetes. No volverás a ver tu cepillo de la misma manera.

¿Qué otros objetos cotidianos de andar por casa utilizáis entre las sábanas? Compartid las ideas en los comentarios para que todos podamos divertirnos jugando.

Duquesa Doslabios.

Las cosas que he aprendido de sexo a lo largo de mis 20 años

Puedes ponerte a follar mientras haces el amor, con rabia, con fuerza, con desenfreno, con ganas, contra la pared… Pero nunca, mientras follas, podrás fingir que estás haciendo el amor.

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Esa fue una de las primeras cosas que aprendí a lo largo de mi veintena, que más allá de la química, los sentimientos no los podía simular. Aprendí rápido a diferenciarlo, por mucho que las películas y libros de mi adolescencia me insistían en que solo estaba bien hecho el sexo si era con alguien con quien me uniera un sentimiento.

Admito que con los años me he relajado, y es que al principio, la mera idea de tener sexo era sobrecogedora de todo el esfuerzo que implicaba por mi parte.

No sé bien por qué, insistía en comprarme lencería cada vez que conocía a alguien. Y eso sin contar las horas depilando cada zona de mi cuerpo al milímetro para que no hubiera un solo pelo fuera de sitio, que, por aquella entonces, tenía la impresión de que la más mínima aparición de vello corporal cortaría cualquier posible oportunidad de tener sexo.

Pero como os digo, me he relajado. Si bien lo de la lencería lo he dejado para ocasiones especiales, para dar una sorpresa de vez en cuando, la depilación se ha vuelto un tema secundario hasta llegar al punto de que apenas le presto importancia.

Si antes era algo para ellos, para seguir su fantasía de que ahí abajo las mujeres somos lampiñas (también es cierto que mis compañías venían muy influidas con el porno), después empecé a dejármelo como yo quería, ya fuera por gusto o comodidad, y, para mi sorpresa inicial, no cambió nada en absoluto.

Dejé de pensar en el sexo como en un escenario donde tenía que dar lo mejor de mí SIEMPRE: probar cincuenta posturas en un minuto, subir una pierna, moverme, tener siempre el pelo perfecto o la luz adecuada para que no se me marcara la piel de naranja. Entendí que mi vida sexual no tenía por qué parecerse a una película porno, que disfrutaba más sin tanto agobio y dejándome llevar.

Me di cuenta de que mi cuerpo era perfecto para el sexo independientemente de arrugas o cicatrices, de kilos de más o de menos, de que tenía que dejarme de complejos porque mi vagina no cambiaba para nada y que el clítoris, menos todavía.

Durante los veinte años me di cuenta de que el sexo estaba sobrevalorado. Que no el placer, sino el sexo, el acto en sí, el “toma y daca”, el “mete y saca”. Pero claro, al empezar mi vida sexual aquello era el culmen, el broche, el punto final, lo demás son solo paradas breves antes de la última estación. Pero pasan los años y descubres que no todo es el coito, que la mayoría de las veces una buena comida puede ser mucho más espacial (por aquello de que es como antes subimos muchas a las estrellas).

Aprendí a “ser egoísta” en la cama, a mirar por mi placer porque ellos no lo hacían. A tomar riendas en el asunto y dejar de fingir unos orgasmos que nunca sucedían. A pararme y decir “me gusta así”, porque con el tiempo, le perdí la vergüenza a hablar y prefería sincerarme antes que seguir con unas interpretaciones que habrían sido de Óscar.

Por animarme a hablar, aprendí a ser sincera y también a ser empática. De mi primer encuentro con un gatillazo, solo recuerdo sentirme incómoda y poner distancia de por medio, los pocos que vinieron detrás me hicieron más comprensiva y que mostrara mi apoyo, lo que, definitivamente, tuvo mucho mejor resultado.

Me di cuenta de que mi número daba absolutamente lo mismo y aprendí a quitarle importancia al hecho de tener sexo en una primera cita, en la número 37 o a no tener sexo en absoluto en meses.

Y es que por último, aprendí que, si a veces no me apetecía, estaba bien y no pasaba nada. Hormonal, emocional o personalmente he pasado por momentos en los que la libido estaba en las nubes y otros en los que no me apetecía ni la de Vladimir (una paja y a dormir). Imagino que, al final, no es que haya aprendido más o menos sobre sexo, sino que, a lo largo de mis veinte años, he aprendido sobre mí.

Duquesa Doslabios.

‘Pegging’: cuando se la metes tú a él

Todos tenemos, aunque intentemos evitarlo, ciertas trabas en la cama. Un límite, una frontera, una línea invisible que mentalmente nos trazamos en algún momento de nuestra vida en la que encontramos la barrera bajada y semáforos intermitentes acompañando el cartel “No pasar”.

AMANTIS/GTRES

Para una es hacer una felación, para otra sexo anal, para otra el perrito o hacerlo en el parking de un centro comercial. Aunque para ellos el límite suele estar en el mismo punto: el culo.

Algo tiene el culo que espanta profundamente al hombre heterosexual joven (aunque imagino que al que es más adulto también. Sigo a la espera de que me confirmen mis fuentes). Da lo mismo que acabes de conocerle, que lleves con él años, que os hayáis visto hacer de todo, que se va a cerrar en banda (y en culo) a cualquier cosa que pueda traspasar ese punto.

El pegging precisamente es la práctica sexual que consiste en que la mujer penetre al hombre con un arnés con dildo o strap on (para las que queráis buscarlo en algún vídeo). De esta manera ambos pueden penetrar y ser penetrados por el ano, lo que supone que los dos puedan disfrutar de la sensación placentera e incluir algo nuevo en la cama.

El problema que muchos hombres encuentran con el pegging es precisamente el gigantesco miedo al culo. La insistencia con la que muchos protegen el agujero haría sospechar a cualquiera de que es ahí donde están guardando el carné de “tio hetero” y que cualquier cosa introducida por el ano, les va a hacer perder la tarjeta del club.

Automáticamente, cuando propones hacerlo,más de uno salta con el “Pero si no soy gay” o aún mejor “No creo que me vaya a gustar”. En ese momento tú le recuerdas que a ti te ha metido por ese mismo agujero un trozo de carne de tamaño butifarra media. “Ya, pero no es lo mismo, a vosotras os gusta“. Error.

Bueno, error no, sí, nos gusta, sí, es placentero por las terminaciones nerviosas que llegan al ano, pero lo tenemos ambos géneros igual de diseñado. Sin embargo (y más a su favor), la estimulación de la próstata mediante esta práctica puede conducir a orgasmos espectaculares.

El pegging no tiene nada de vergonzoso ni humillante (a no ser que justo la pongas en práctica el día que te has tomado una tiramisú siendo intolerante a la lactosa y termines con las sábanas como un Pollock). No es “algo gay”, no te vuelves gay por ponerla en práctica, no vas a ser menos hombre, no se te va a encoger el pene ni vas a empezar a hacer pis sentado (a no ser que quieras).

Es una experiencia como cualquier otra y, aquellos lo bastante atrevidos y liberados mentalmente como para ponerla en práctica, se llevarán una sorpresa muy agradable.

Duquesa Doslabios.

Sexoróscopo de la semana: Libra, no hagáis mucho ruido que las paredes del hotel son muy finas

GTRES/PEXELS

♈Aries: las personas no cambian excepto tu novia, que de repente has descubierto que puede eyacular como un aspersor. Los astros prevén que esta semana pondrás muchas lavadoras.

♉Tauro: este fin de semana se te presenta con mucha pasión en el cuerpo por la influencia de Marte. Vamos, que estás más salida que el pico de una mesa. Los astros indican que vas a  fusionar tu esencia con ciertas entes, que traducido en castellano significa que este finde follas por narices.

♊Géminis: libérate de cargas innecesarias. Según la filosofía cósmica tienes que dejar salir para que pueda entrar lo demás. Si lo de beber agua templada no funciona prueba con un enema. Le acabarás cogiendo el gusto a la ducha anal.

♋Cáncer: puedes con cualquier cosa tú solo, especialmente desde que Internet ofrece porno gratis. ¿Quién dijo que necesitas a nadie? Como la mano que te echas tú no te la echa nadie. Eso sí, deja pañuelos de papel cerca por aquello de no ir con la mano pringosa hasta el baño. Corres el riesgo de cruzarte con tu madre por el pasillo.

♌Leo: quieres que las cosas se asienten, quien dice “cosas” dice “culo y vulva”. Y que se asienten sobre tu cara concretamente.

♍Virgo: tus ganas de apuntarte a cualquier cosa y frecuentar nuevos círculos terminarán contigo en un local de intercambio de parejas. Ojo con el jacuzzi. Los astros presagian que la cálida temperatura no se debe al programa de hidromasaje. Ah, ¿que te gusta practicar sexo en orines ajenos? Pues es tu noche de suerte.

♎Libra: con el cambio de luna te sentirás renovado. Huirás de la rutina y buscarás nuevas experiencias. Es el momento de coger a tu pareja y hacer una escapada romántica. Quien dice romántica dice sexual, pero ya me entiendes. No hagáis mucho ruido que ya han llamado dos veces a recepción quejándose por vosotros. Si es que las paredes del hotel son de papel.

♏Escorpio: esta semana vas a reinventarte literalmente ya que se te va a ocurrir un juego de rol para desarrollar entre las sábanas. Como tu nivel intelectual está tan favorecido por las estrellas se te olvidará que lo que querías era sexo y acabarás discutiendo con tu pareja acerca de las complejas vidas de vuestros personajes ficticios.

♐Sagitario: estás sometida a mucha presión. Lo más seguro es que sea porque la saca del todo justo antes de meterla cada vez y te está entrando tanto aire a la vagina que te sientes como una gaita gallega. Verás qué risa cuando te incorpores y salgan los aires en forma de pedo vaginal.

♑Capricornio: hay cosas que se escapan de tu lógica, como lo de alcanzar el punto G de tu chica mientras estimulas su clítoris. Los astros indican que tus expectativas se van a cumplir y ella finalmente llegará al orgasmo. Te dejo el vídeo que le sirvió a Aries para aprender a hacerlo bien.

Acuario: tienes que dejar que los acontecimientos sigan su rumbo. Escribirle comentarios en cada foto, mencionarle en tu stories, mandarle canciones por WhatsApp, seguirle por la calle, vigilar su portal desde el coche o entrar por las noches a su habitación a ver cómo duerme puede resultarle un poco agobiante.

♓Piscis: necesitas viajar para sentir la energía y vibraciones de otros lugares y personas. Pero como este mes no tienes dinero te vas a comprar un consolador para, por lo menos, recibir alguna vibración.

El otoño: la mejor estación del año para tu vida sexual

Algo tiene el otoño que siempre resulta la estación más romántica del año, no sé si es la cubierta multicolor de hojas que se forma en las calles o el olor de las primeras lluvias tras el verano, que se esperan con ansia después de los periodos de sequía.

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Alejados de las altas temperaturas, el otoño pide calor y cercanía, pide tardes en casa tirados en el sofá con una película. Al reanudarse la rutina perdemos el ‘estrés veraniego’ de aprovechar cada día y cada rayo de sol. Puede que con el mal tiempo no nos apetezca pasar tanto tiempo en la calle, pero, por otro lado, volverse “casero” significa que aumenta la cantidad de encuentros.

El otoño es la prueba de fuego para tu flechazo veraniego. Si a diferencia de tu bronceado supera los primeros días de septiembre, es cuando sabes que es real. Y, por lo general, preferimos practicar sexo cuando ya conocemos a la otra persona que estar metiendo cada dos por tres gente aleatoria en la cama (especialmente para evitar repetir las cantinelas de siempre: “el clítoris está aquí”, “me haces daño con los dientes”…).

No hay nada como el sexo otoñal, ese que ya no sabe siempre a sudor y a agua de mar, ese que te permite experimentar en cualquier tipo de postura el tiempo que haga falta sin tener que parar porque hace demasiado calor, el mismo sexo que incluso pide una sábana de vez en cuando y que te permite quedarte, después de terminar, acurrucado, piel con piel, sin romper el contacto.

El sexo otoñal significa vida más allá del trío estival formado por ti, el ventilador y tu pareja.

Pero además la cercanía del comienzo de la etapa de hibernación, también conocida como aquella en la que todo el mundo parece querer tener pareja para tener con quien pasar las tardes frías, es también una época fantástica para disfrutar de la soltería.

Entre el comienzo del nuevo curso, la vuelta al trabajo, al gimnasio, a las clases de idiomas, a salir con las amigas de nuevo, a Halloween… sobran las ocasiones de conocer gente, independientemente de que quieras, o no, que se queden a desayunar al día siguiente.

Ya lo dice el refrán: En otoño, pan de ayer, vino de antaño y sexo a diario. 

Duquesa Doslabios.

El sexo en los tiempos de nuestros abuelos

Querid@s,

Pepe y Antonia se conocieron en el año 1946. Ella tenía 15 años, él 18 y comenzaron a salir como novios oficiales 1 año y pico más tarde. No han conocido a nadie más en el sentido romántico y sexual. Se casaron ocho años después de la primera cita, cuando Antonia tenía 23 años y Pepe 25. Sentía curiosidad por conocer cómo eran sus vidas por aquel entonces, qué se estilaba, cómo vivían y sobre todo, cómo vivían el sexo. Se han prestado a una batería de preguntas ciertamente indiscretas y esto es lo que me han contado.

¿Llegaron ustedes vírgenes al matrimonio? ¿Por qué?

Pepe: Ambos llegamos vírgenes al matrimonio. Mi mujer principalmente por razones sociales, pero yo ​en parte por miedo a enfermedades (sífilis y las purgaciones). Tampoco se daba la ocasión de quedarnos solos los dos porque a los jóvenes se nos acompañaba siempre (los padres). Yo sí que besé a otras chicas, y toqueteaba lo que podía, pero no a la mujer con la que fuera en serio. Nuestros padres siempre iban acompañados por familiares. Las familias jugaban un rol muy importante en la protección de los menores, se nos vigilaba mucho. Demasiado diría yo, así cualquiera cataba algo.

¿Qué era para ustedes eso del sexo?

​Antonia: Era algo muy tabú, fíjate tú que las madres nos decían que nos podíamos quedar embarazadas y que nos dolería mucho. Nos infundían un poco de temor para protegernos. También se valoraba mucho que la chica a casar fuera virgen. Las madres le daban mucha importancia a lo de ser vírgenes. Hija, en aquella época el sexo era algo que se hacía una vez casados.​

 ¿Se hablaba del tema libremente en las tertulias de la época?

​Pepe: Las mujeres no, se conoce que era un tema muy tabú para las chicas. El tema nos infundía mucho respeto y un cierto temor. ​Yo sí, entre amigos o compañeros comentábamos con quién se había ido uno al cine o a quién le había podido tocar algo y el qué, fíjate tú. Yo le tenía mucho respeto al tema de las enfermedades sexuales porque tuve un compañero que contrajo la sífilis y vi de muy cerca lo mal que lo pasó. Ten en cuenta que en aquel tiempo la medicina no estaba tan avanzada como ahora. De un resfriado te podías ir para el otro barrio en menos que canta un gallo. Ahora esas cosas no pasan, por eso no se le tiene tanto miedo a las enfermedades sexuales.

 ¿Qué era pecado?

Antonia: Tener sexo antes del matrimonio se consideraba pecado. En mi casa, mortal. Para los hombres era muy importante sentir que desvirgaban a la mujer. Era algo muy importante saber que uno era el primero en penetrar a esa muchacha. Se miraba mucho lo de ser virgen, si no lo eras, incluso el novio/marido te miraban mal. Si no eras virgen eras una fresca.

¿Se sienten orgullosos de la educación sexual que recibieron?  

Pepe: No, ni lo de antes, pero tampoco lo de ahora que es una casa de putas. Antes se infundía demasiado miedo, era todo tabú, se nos controlaba mucho y no se podía hacer nada. No había libertad. Pero tampoco nos parece bien la educación y libertinaje actual. Lo de hoy en día lo veo todo muy descarado. Tanto acostarse con todos con todos se pierde un poco el valor de las cosas. En aquel entonces, si una chica se quedaba embarazada fuera del matrimonio se tenía que ir del pueblo por la vergüenza.

Antonia: La considerarían una prostituta y la tachaban socialmente. No se decía nada de lo que se hacía por miedo a la discriminación y al repudio. Se marginaba mucho a las mujeres liberales, esa es la verdad. Se hacía abortar en los embarazos fuera del matrimonio, pero con que no se permitían los abortos se hacían barbaridades a ocultas, o se utilizaban remedios caseros (perejil, sales, saltar con los escalones, etc.). Morían muchas mujeres a causa de abortos mal hechos.

¿Qué métodos anticonceptivos usaban?

Pepe: Existía el condón, pero nada más. Para serte sincero se usaba más la marcha atrás que el condón porque los amigos, conocidos y los rumores decían que se rompía. Yo a lo seguro, marcha atrás y solucionado.

 ¿En cuanto a la masturbación, especialmente la femenina, era ésta un tabú?

Antonia: Totalmente, de eso ni se hablaba, ni soñarlo. Y muchas no lo hacían por miedo, respeto o ignorancia. Las madres nos contaban cuentos para asustarnos y que no lo hiciéramos.

Comparado con su época, ¿cómo ven a los jóvenes de hoy y la relación que mantienen con el sexo?

Pepe: ¿La verdad? Ahora es una casa de putas declarada, literal. No veo bien que la gente se acueste con tanta gente. Nosotros lo vemos como algo muy íntimo y privado, algo muy nuestro y sólo de los dos. No entendemos que eso de la jodienda se pueda hacer con tanta gente, especialmente las parejas que lo hacen en casa de los padres. Ya veo yo a mi nieto, que le quiero mucho, pero no comulgo con sus ideas, que se lleva a la novia a casa y hacen lo que les viene en gana. Nosotros concebimos el sexo como algo más romántico, no tan fisiológico. Le tenemos respeto y lo valoramos, no como los jóvenes de ahora.

Pepe, a sus 88 años, clausura la conversación diciendo que va a probar el viagra, que le han dicho que hace maravillas y aún no lo ha catado. Parece que hablar tanto de sexo le ha removido un poco, sobre todo las partes bajas y pudientes.

Que follen mucho y mejor.

La falta de sexo, principal motivo para ser infiel

Follar poco, mal o nada. Ese es el factor fundamental que empuja a hombres y mujeres casados o emparejados a buscar un amante. Al menos eso es lo que se desprende de un estudio realizado por una de esas webs de contactos para poner los cuernos, Ashley Madison, entre sus 24 millones de usuarios.

El informe, llamado ‘The Global Sex Survey’, revela que el 37,2% de las mujeres y el 55% de los hombres entrevistados se decidieron a ser infieles por la falta de sexo con sus parejas. “La falta de sexo es un indicador y factor clave que conduce a los hombres y mujeres de todo el mundo a tener relaciones extramatrimoniales”, afirma al respecto Noel Biderman, fundador y CEO de AshleyMadison.com. “Aunque otras cosas como la frecuencia con que ven pornografía o si usan o no juguetes sexuales pueden ser signos reveladores, la mayor amenaza a la monogamia en el mundo sigue siendo una vida sexual poco saludable, ya sea por relaciones poco frecuentes o inexistentes en un matrimonio”, sentencia.

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Yo no comparto sus afirmaciones respecto a la pornografía y los juguetes eróticos, pero en lo de la falta de sexo, creo que razón no le falta. Si cierro los ojos unos minutos y me pongo a pensar en todas las historias de cuernos que ha habido a mi alrededor, desde amigos íntimos y familiares a simples conocidos o compañeros de edificio, un sexo rácano, miserable o ausente está detrás de la mayoría de ellas. El porqué se llega a esa situación es otro debate (da para escribir un tratado), como también lo es si, llegados a ese punto, no sería mejor abordar el tema para intentar cambiarlo, cortar por lo sano, etc. No es tan sencillo, en cualquier caso, y ya hablaremos de ello en otro post.

En cuanto a otro tipo de motivaciones para lanzarse al adulterio, el 21% de los entrevistados señalaron el deseo de probar cosas nuevas en el terreno sexual, mientras que el 12% habló del “morbo de tener una aventura”. Hay quien dice que tener un amante es beneficioso para la relación, que la relanza, etc. Así lo han afirmado el 77% de las mujeres que han participado en el estudio, frente al 66% de los hombres. “Pon un par de cuernos a tu depresión”, decía Sabina.

¿Y qué hay de los remordimientos y el sentimiento de culpa? Pues no mucho, la verdad, aunque según dicho informe son ellos quienes más lo sienten: el 19,4% contra sólo el 7% de las mujeres.”El sentimiento de culpa no les afecta porque entienden que la infidelidad es una decisión personal de una experiencia privada y, por errónea que pueda ser, justifican sus acciones diciendo que son fieles a su sentir, a su derecho de experimentar y sin necesidad de afectar a sus propias parejas”, cuenta Francisco Goic, director regional de Ashley Madison.

Pues eso. Dime cuánto follas…