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Del ‘ghosting’ al poliamor, así han cambiado nuestras relaciones en estos 10 años

Estamos a punto de vivir el cambio de década, -qué bien sonáis, nuevos años 20-, y, ya que se trata de una fecha destacada, hay un poco de nostalgia en el ambiente.

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Todavía recuerdo como si fuera ayer la entrada a 2010. Estaba en el colegio y eran otros tiempos para ligar.

Por entonces era, casi todo, analógico. Vale, puede que empezáramos a hacer nuestros primeros pinitos ligando por internet.

¿Quién no se acuerda de bombardear al que le gustaba de clase a base de zumbidos de Messenger? Y si encima te ponía un comentario en la foto de Tuenti, ya tenías anécdota para contar a las amigas en el recreo.

Desde ese momento hasta ahora, las redes sociales se han convertido en el nuevo punto de encuentro.

Es raro que en algún grupo de amigos no des con una la pareja que se conoció por Instagram o aquellos que lo utilizaron para retomar el contacto después de años.

Internet lo ha puesto tan fácil que en estos diez años hemos vivido el boom de las aplicaciones para ligar. Tinder, Grindr, Happn, Badoo, Meetic…

Las opciones han sido tantas que, si no has ligado a través de alguna de ellas, ha sido -como diría tu abuela-, porque no has querido.

Esa velocidad a la hora de conocer gente y tener encuentros sexuales casi inmediatos (vamos a ser sinceros, nadie usaba las apps para encontrar pareja con la que ir a ver arte al Museo Reina Sofía), se ha traducido también en una serie de tendencias de las que la mayoría hemos salido escaldados.

El ghosting, el benching o el orbiting  nos han pasado factura. Las malas prácticas derivadas del fast dating nos han llenado la década de mensajes leídos y nunca respondidos, enigmáticos ‘me gusta’ que nunca venían acompañados de mensajes o el resurgir de un antiguo ligue sin venir a cuento.

Teniendo esto en cuenta, el panorama sentimental con el que entramos a 2020 no es, precisamente, el mejor.

Aunque me gustaría destacar que parece que, por fin, el consentimiento ha hecho acto de presencia en las relaciones de cualquier tipo, algo que hasta ahora muchos hombres no consideraban que fuera imprescindible.

Respetar el “No”, seguirá siendo el básico de los próximos diez y, me aventuro a decir, cien años. Así como seguir debatiendo sobre la explotación sexual hasta erradicarla, así como el revenge porn, difundir imágenes privadas para hacerle daño a una persona.

Desde 2010 las relaciones han evolucionado. Los posmillennials han sido clave en enseñarnos que, aunque sea novedoso, el poliamor también es una opción. Así como su manera de tener sexo, mucho menos heterosexual que la que practicamos las generaciones anteriores.

Afortunadamente, también el final de la década nos deja algunas cosas que merecen la pena.

El despertar del empoderamiento femenino a la hora de reivindicar el placer (los succionadores son el mejor ejemplo) y el slow sex, que invita a poner la intimidad en el lugar que le corresponde dedicándole no solo tiempo sino la totalidad de nuestra atención.

Duquesa Doslabios.

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Sobre el consentimiento y el “Tener sexo ante notario”

Mucho se habla estos días de las relaciones entre hombres y mujeres, de cuál es la más segura.

GTRES

Los hay incluso que se atreven a decir barbaridades tales como que solo mediante acuerdo económico para conseguir sexo (siendo la mujer la mercancía, por supuesto), es seguro poder conectar.

Pero, ¿realmente entendemos qué es el consentimiento? No es por dudar de nosotros mismos, pero con los mensajes que circulan, no siempre es fácil hacerse una idea clara. Empezamos con “No es no”, luego fue el “Solo sí es sí”, pero quedan fuera el “Antes sí, pero ahora no”, “En otro momento”, “Eso no” o “Más de esto otro”.

Incluso queda fuera de la ecuación el consentimiento que se da sin hablar acompañando caricias. Y es que, por mucho que se empeñen en limitarlo, el consentimiento ni es un monosílabo ni un contrato ante terceros, el consentimiento va mucho más allá.

Empieza por los límites, los corporales, y pasa por todo tipo de actos en los que están involucrados. Es mi cuerpo, son mis genitales y, por tanto, mis normas. Consentir es permitir que alguien pueda acceder a ellos siempre con respeto. Unas fronteras que van desde el hasta dónde llegar pasando también por el de qué manera. Pero también cuándo.

El consentimiento sucede entre dos o más personas y se debe poner en práctica en cada actividad, porque que se acceda a dar un beso, no significa que se abra la puerta a todo lo que venga detrás.

Hay que entender que, al igual que se puede dar en cualquier momento, también se puede cambiar de idea y llegar incluso a quitar. E independientemente de la fase en la que nos encontremos, como si ya estamos casi en el final.

La máxima universal e indiscutible es que las personas tienen que sentirse cómodas y seguras.

Para ello (y para dudosos), ante la duda, plantéate si tus intercambios son consentidos haciéndote estas preguntas:

-¿Estás seguro de que tu pareja quiere tener sexo?

-¿Está tu pareja cómoda teniendo sexo?

-¿Lo hace libremente o has presionado de cualquier manera mediante amenazas, insultos, el tristemente típico “si no quieres, ¿para qué me haces venir? Eres una calientapollas”…?

-¿Ha accedido de manera voluntaria o porque has seguido insistiendo pese a que ya te había dicho que no?

-¿Se encuentra en un estado plenamente consciente o está alterado su juicio por el consumo de sustancias?

Si cualquiera de las respuestas a estas preguntas es negativa, el sexo no es consentido. Así que, como veis, no resulta difícil. De hecho, es relativamente sencillo, no es necesaria la presencia de un notario. El problema actual, más que de comprensión, es que muchos prefieren hacer como que no lo entienden.

Duquesa Doslabios.

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