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¿Por qué durante el sexo ‘más intenso’ se traduce en ‘más violento’?

Que nuestra sexualidad está condicionada por los referentes que nos rodean, es algo que -teniendo en cuenta el furor por el BDSM tras ‘Cincuenta sombras de Grey’ entre otras cosas- nunca me atrevería a negar.

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Las películas, las series de televisión o incluso los sucesos de actualidad (las violaciones grupales han disparado las búsquedas de estas prácticas en páginas web de pornografía) nos pasan factura mental y sexual.

Un ejemplo que os voy a comentar os va a resultar más que conocido.

En más de una ocasión, en pleno arranque pasional cuando estás queriendo subir todavía más la temperatura del polvo, he pedido aumentar la intensidad.

Seguidamente me han dado un cachete a mano abierta (ojo, que me encantan), me han cogido las muñecas con fuerza, me han tirado del pelo o me han sujetado del cuello.

Y es que actualmente, el resultado de la traducción de más intenso entre las sábanas no es otra que un sexo más violento.

A estas alturas de la película, la de mi vida, y conociendo un poco a las personas que han pasado por ella, entiendo que no son otra cosa más que fruto de una educación sexual basada en repetir lo que han visto en la pantalla del ordenador o del teléfono.

Sin embargo, llegado el momento de reflexionar sobre el camino que nuestra sexualidad ha tomado, hay que pararse y echarle un vistazo a los pasos, porque están algo torcidos y aún se pueden enderezar.

Intensidad, según el diccionario de sinónimos, es potencia, vehemencia, entusiasmo, magnitud… En ningún caso encuentro palabras que recuerden a la rudeza.

Así que la próxima vez que os pidan intensidad, o que queráis ponerla en práctica, apostad por sacar los pies del tiesto en el que llevamos metidos hasta ahora y aumentar el ritmo, mirar fijamente a la otra persona, acariciarla en esa zona que le pierde o salir a la terraza a seguir haciéndolo.

La pasión se puede conseguir de muchas maneras. Aunque las agresiones puedan formar parte del juego, no son la única alternativa.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si solo llego al orgasmo pensando en porno?

Para mí, llegar al orgasmo es tan fácil como pensar en porno. Aprieto los ojos y buceo por los rincones de mi cerebro hasta dar con la carpeta de erotismo, esa llena de todo tipo de imágenes y vídeos.

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Busco el que suele funcionar para estos casos, uno que vi hace años de una pareja en un vestuario, y el resto es historia. O, en este caso, orgasmo.

Pero, como a mí me pasa, me consta que no soy la única en recurrir a alguna imagen erótica cuando quiero ‘acelerar(me)’.

Para empezar, no tiene nada de malo. Si cada persona es un mundo con su sexualidad, y somos miles de millones, la cantidad de sexualidades diferentes es inmensa.

Además, tener algo que funciona como gatillo, nunca lo he visto como una desventaja, en todo caso como un superpoder sobre mi excitación.

Esto no significa que lo use siempre. Si fuera imprescindible que mi mente proyectara este tipo de pensamientos cada vez que intimo, significaría que no soy capaz de disfrutar plenamente del momento.

Pero para ciertas ocasiones, cuando me falta un plus o, simplemente, me apetece, lo reproduzco mentalmente.

En el veneno está la dosis y en la pornografía también. Si lo usamos a modo de píldora, como un simple aderezo, es equivalente a sazonar la vida sexual y hacerla también, a nuestra manera, variada.

Pero, ¿qué hay de los casos en los que es imprescindible para llegar? Como decía unas líneas más arriba, vamos a sexualidad por persona, por lo que ni es una enfermedad ni algo de lo que haya que sentirse culpable.

Partamos del punto de que no hay una manera correcta, no hay unas normas de estilo, ni un modelo definitivo sobre cómo tener sexo, cada individuo lo hace a su manera.

Y si se ha encontrado una manera de disparar el orgasmo, mediante la fantasía, ya sabemos que aquello funciona.

Aunque, para quienes estén todavía preocupados porque es su única forma de alcanzar el clímax, hay maneras de llegar sin tener que poner la película mental.

El punto de partida sería relajarse y limitarse a aplicar los conceptos de mindfulness al terreno sexual.

Convertir el placer en el centro de todo, el momento erótico en el aquí y el ahora, disfrutando plenamente sin la presión del orgasmo.

De esta forma se consigue conectar realmente y, poco a poco, conseguir que la situación, y la imagen de la vida real, es tanto o más efectiva que la que tenemos en el archivo.

Duquesa Doslabios.

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“Las fotonovelas son una combinación entre los relatos eróticos y el porno común”

Las películas, las novelas, los relatos, las revistas… La pornografía se ha hecho con todas y cada una de ellas llevándolas a su terreno. No son las únicas. Existen géneros híbridos, igual de morbosos, que despiertan a partes iguales nuestra imaginación y nuestro deseo.

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Para Diego Duron, el fundador de Fotonovelasxxx.com, el atractivo de este formato reside en su erótica oculta: “En contar la historia más a fondo. La historia y la parte gráfica se complementan. Se puede ver la escena a todo color, pero también qué hay detrás de ella, como los diálogos o los pensamientos”.

Eso es algo que, en su opinión, diferencia la foto novela de la pornografía convencional. “Yo pienso que las fotonovelas son como una combinación entre los relatos eróticos y el porno común, cogen lo mejor de ambas partes y lo combinan de la mejor manera posible”, dice.

Y es que el valor añadido del erotismo que hay más allá del mero intercambio sexual es algo que pesa fuerte en la foto novela erótica.

“Tratamos de hacer darle al público un poco más de fantasía, de juego de diálogos, miradas, seducción, etc… No estamos en contra del porno explícito, pero sí pensamos que debe haber un balance entre la historia y el sexo. Que ambas partes sean importantes y que no se deje de lado una u otra”, dice Diego asegurando que es lo que hace falta para destacar frente a las películas porno de las grandes productoras.

El trabajo del fotonovelista no se limita a buscar escenas de películas ya existentes, sino crear toda una historia a su alrededor: “Las fotonovelas son únicas porque hacen que el usuario se meta en la piel de los protagonistas, que la fantasía sea más viva ya que te mete en la historia”.

Una característica en la que siente que también superan a la novela erótica, ya que según Diego: “No les puedes dar un rostro o un cuerpo a los protagonistas, algo que le quita un poco de encanto”.

Convertirse en fotonovelista de erotismo está al alcance de cualquiera: “Nosotros le damos la oportunidad a todo el mundo de mostrar su trabajo. Aunque pedimos un cierto nivel de material, no somos muy exigentes, pero tampoco publicamos cualquier cosa”.

De entre sus artistas, destaca dos autores de habla española hay varios autores que tienen mucha imaginación, algo imprescindible ya que los ingredientes, según él, son los siguientes: “Una buena narrativa, buenos diálogos, una historia consistente y, sobre todo buenos personajes. En una historia erótica los protagonistas deben tener personalidad, pero también ser atractivos físicamente”.

Solo hay que leer un par de obras para descubrir que es un producto creado en su mayoría, para un público masculino con muchos tópicos machistas heredados de las películas X. El creador de la web es consciente y confía en poder girar las tornas en un futuro cercano.

“Estamos pensando en convertir una serie erótica que se supone fue creada para mujeres en fotonovela. Sería bastante bueno darle un enfoque femenino a este tipo de material”, admite.

“Desafortunadamente, casi en su totalidad, los autores son hombres y eso ha hecho que sea cada vez más complicado encontrar cosas que podrían gustarle a las mujeres. Lo único que hace falta es que se interesen en esto y comiencen a escribir, ya que desde el punto de vista masculino a veces no se sabe a ciencia cierta qué es lo que a ellas les gusta”, dice Diego.

¿La clave del cambio? En nuestras manos, afirma: “Hay muy pocas mujeres interesadas en crear porno, no solo en las fotonovelas sino en todo el porno en general. Para que el mercado erótico cambie, las mujeres deben comenzar a crear el material que a ellas les gustaría ver”.

“El porno siempre ha sido un mercado egoísta donde lo único que buscamos todos es satisfacer nuestros deseos. Nos hemos enfocado durante mucho tiempo en crear películas solo para nosotros dejando a las mujeres de lado. Lo único que nos hace falta es una opinión femenina que nos guíe para poder incluir, cada vez más, el lado femenino de la fantasía erótica”, dice Diego.

Y, mi opinión coincide con la suya. No basta con pedir material que nos gustaría, que nos excitaría o con el que nos sentiríamos realmente identificadas. Tenemos que empezar a crearlo nosotras mismas.

Duquesa Doslabios.

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¿Es el ‘cosplay’ la otra revolución de la pornografía?

De una manera o de otra, todos estamos familiarizados con el cosplay. Esa tendencia que hace que algunas personas, llevadas por una gran pasión, emulan a la perfección -en apariencia e incluso actuando de la misma manera- a sus personajes favoritos de películas, cómics o videojuegos a modo de entretenimiento.

Facebook Jessica Nigri

Es habitual encontrarlos por el metro cada vez que se dan los salones del cómic o ferias del Manga, así como durante Halloween o Carnaval (los reconocerás porque, más que parecerte alguien disfrazado, te da la sensación de estar ante el mismísimo Deadpool).

Aunque no todo es diversión, ya que hay quienes han encontrado la manera de monetizarlo. Dentro del gigantesco universo del costume play, algunas de las cosplayers más reconocidas (mujeres) han hecho de su afición un negocio y, al mismo tiempo, satisfecho una ‘demanda’ erótica que va en alza.

A través de páginas web donde creadores cuelgan sus trabajos, las cosplayers comparten “contenido exclusivo como sesiones de fotos, vídeos, cosplays, imágenes en lencería y más“, según anuncian en sus respectivos perfiles de las plataformas que se encuentran ligadas a su cuenta bancaria.

Un contenido que requiere de una suscripción mensual, siendo las opciones de pago más caras aquellas que incluyen las fotos en ropa interior (de 22 a 53 euros por mes según la fama de la cosplayer), y que podría ser considerado un tipo de soft porn.

La frontera entre el porno y los videojuegos o cómics, mundos con un denominador común ya que se muestran esas mujeres tan idealizadas por el imaginario masculino, está claro que cada vez se desdibuja más.

De hecho el año pasado PornHub, la web de pornografía, sacó un informe sobre sus búsquedas en el que revelaba que el contenido relacionado con los videojuegos había aumentado un 112% en cuanto a Hentai, porno, imitaciones o cosplays de los personajes del videojuego Fortnite con un contenido erótico.

Que el porno ponga sus miras en los videojuegos, los videojuegos en la pornografía o incluso las cosplayers en ambas cosas y lo conviertan en ingresos, no es algo que critique para nada, lo que critico es el mensaje derivado de inspirarse en los personajes femeninos.

En mi opinión cabría más bien preguntarse qué tipo de imagen están transmitiendo estas uniones entre las diferentes industrias con ese tipo de cuerpos femeninos (siempre femeninos) e irreales donde solo existen las mujeres con tetas XL, cinturas de avispa, inmensos ojos y pestañas infinitas. Pero, sobre todo, mujeres que, en sus poses y vídeos, aparecen siempre dispuestas y sumisas.

Es una fantasía, claro, solo espero que, quienes paguen, jueguen o descarguen ese contenido lo recuerden y les quede claro que, a diferencia de sus videojuegos, nosotras no estamos plegadas a sus deseos.

Duquesa Doslabios.

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¿Porno sin imágenes? Déjate excitar por el oído

Parece que la pornografía es la única opción que existe a la hora de estimularse por cuenta propia. Como si todo el morbo se redujera a eso, imágenes que imitan, o buscan imitar, un intercambio que es el que realmente resulta excitante.

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Su recorrido, de varias décadas, se ha hecho con un mercado en el que difícilmente podían competir las novelas eróticas, especialmente desde la eclosión de internet ligada a un ultradesarrollo de la tecnología. Pero ni solo de pan vive el hombre ni solo de porno la excitación.

En mi búsqueda de fuentes alternativas, aparecieron los relatos eróticos escritos por personas anónimas en plataformas gratuitas. Un espacio en el que, mediante categorías, podías llegar a aquellas historias de tu gusto.

Leer erotismo tiene algo que le falta a la pornografía. Ese uso de la imaginación apoyado por palabras tan evocativas como “lamer” o “penetrar” te sacuden de una manera que ya quisieran las películas.

Mi último descubrimiento, el proyecto que han puesto en marcha sobre una estimulación sexual alternativa para mujeres sin imágenes (porque sí, definitivamente puedes excitarte sin necesidad de ver a un actor eyaculando sobre la cámara, que es algo que más que morbo, te da vergüenza ajena).

Quinn, que se lanzará el 13 de abril, y en palabras de su fundadora, Caroline Spiegel, “No tendrá contenidos visuales, solo audio e historias escritas. Y lo mejor es que esto es una fuente abierta, de manera que la gente puede subrayó sus fantasías o contenidos propios”.

QUINN

Eso sí, pasando por el filtro de los creadores antes de aparecer en línea.

Sus objetivos son varios: en primer lugar, desempolvar la imaginación evitando que nos acomodemos a un estímulo en el que somos sujetos pasivos y no activos.

En segundo lugar, luchar contra la idea de las mujeres teniendo placer que nos llevan vendiendo las películas porno estos años, alejándose del prisma masculino que crea ficciones para estimular a una audiencia que son mayoritariamente hombres.

Y, en tercer lugar, llegar a un nuevo público que, quizás como yo o como muchas de mis amigas, no nos hemos llegado a sentir nunca cómodas ni con ese concepto de la sexualidad ni de la excitación de las películas X explorando otras vías de placer, desconocidas hasta ahora, pero, seguramente igual o más placenteras.

Duquesa Doslabios.

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Sobre el sexo oral y las arcadas

¿Sabéis de qué estoy harta? De las mamadas que te producen arcadas. No porque sea la reacción que desencadenan, no, sino por el tío de turno que te agarra el pelo de la nuca y te empuja la cabeza hacia su entrepierna, como si quisiera fusionarte con su cuerpo haciendo de tu cabeza un tercer testículo, hasta que, cuando ve que empiezas a regurgitar, relaja la presión.

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Lo que podemos reconocerle a las películas eróticas es que han construido una imagen para que una arcada en plena felación resulte estimulante para ellos, llegando incluso a tener una categoría específica de mujeres que las sufren practicando sexo oral. Y lo más fuerte es que es una de las categorías más vistas. ¿Gracias, porno? Todo lo contrario.

A fin de cuentas, una arcada es una reacción del cuerpo, unas contracciones de los músculos respiratorios y abdominales que realiza para provocar el vómito, movimientos que se han vuelto muy populares gracias al cine para adultos. Pero, si te paras a pensarlo, ¿cómo reaccionaríamos si tuviéramos una arcada y jamás hubiera aparecido en el porno?

-Ghhhhhh
-Perdona, Laura. ¿Estás bien?
-Real que casi echo las lentejas
-Tía, no te la metas tanto a ver si vas a potar
-Jajaja ¿te imaginas?

En mi cabeza así sería la reacción normal que tendríamos al respecto sin la ‘arcadización’ de las felaciones.

Imaginemos un caso a la inversa y que cada vez que nos hicieran un cunilingus, si apretáramos más su cabeza contra nosotras, les produjera un estornudo. A nadie le excita que las reacciones naturales del cuerpo hagan acto de presencia.

Que se empiece a toser o estornudar te saca del momento. Incluso si en pleno polvo a alguien le empezaran a dar arcadas nos preocuparíamos bastante (así como escaparíamos del alcance de un posible vómito).

Pero volvamos a ese chico que empieza a estornudar comiéndole todo a su novia. Imaginad que llega un director, decide hacer de eso algo erótico y se pone a grabar escenas constantemente de chicos estornudando mientras bajan al pilón.

¿No os parecería preocupante que una persona tuviera que estar estornudando hasta cinco o seis veces? Parece algo no solo agotador para el pobre chaval que tuviera que practicarlo, sino poco morboso (no conozco ninguna parafilia que consista en ver a gente estornudando).

Una encuesta rápida entre mis amigas, compañeras y hasta seguidoras, me confirma lo que llevo comprobando desde la primera vez que me tocaron la campanilla, las arcadas nos cortan el rollo.

De hecho, hay quienes se emocionan tanto en conseguir la ansiada reacción de película que hacen que termines medio asfixiada, algo que, creedme, hará que nos lo pensemos dos veces antes de volver a pasaros por la cama.

“Me encanta ver cómo disfrutas”, se atreve a decir más de uno mientras notas cómo la tortilla del mediodía está empezando a emprender su camino hacia tu boca. Así que si todavía no ha quedado claro, lo voy a repetir: no disfrutamos.

Si de algo me siento afortunada es de haber entendido que, por mucho que el porno marque un camino, yo no tengo por qué seguirlo si no estoy cómoda físicamente o si no lo comparto por mis principios.

Y, os digo desde ya, que tener que sufrir espasmos no es algo que esté dispuesta a hacer. Rebelaos. Que las arcadas vuelvan a recuperar su significado y sucedan solo si hemos comido algo en mal estado.

Ya está bien de seguir promoviendo la imagen de que produce morbo ver mujeres sufriendo. La sensibilidad por parte de muchos hombres cada vez brilla más por su ausencia y lo que empieza por algo tan simple como puede ser tener una arcada chupándola termina en un grupo violando a una mujer.

¿Y todo por qué? Porque han aprendido que, si le salen lágrimas, está sin aire y se encuentra incómoda, es excitante.

Duquesa Doslabios.

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Tu gatillazo se apellida ‘porno’

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos topado con el porno. La curiosidad, algo norma, a edades tempranas es muy fuerte y termina con esas búsquedas a escondidas desde el móvil o el ordenador que vienen seguidas, en el caso de los más prudentes, de otras investigaciones a golpe de buscador sobre cómo hacer desaparecer el indiscreto historial.

LELO

El porno nos convierte en espectadores activos o pasivos por mucho que, acompañando la visualización, llevemos a cabo alguna acción. Un espectador pasivo es, a mi parecer, quien recibe el contenido dándolo por válido y veraz, utilizándolo como fuente de estímulo tal y cómo lo ve.

Por otro lado, el espectador activo tiene una actitud más crítica ante la pornografía. También puede disfrutar del contenido, pero los vídeos, los comportamientos que aparecen en ellos, hacen que se cuestione la realidad de lo que está viendo entendiendo que es una ficción con la que no tiene por qué estar de acuerdo. Son personas más juiciosas que limitan el porno a momentos concretos o a búsqueda de ideas para aderezar la vida sexual.

Un espectador activo tiene el poder sobre la pornografía, mientras que el pasivo terminará consiguiendo, como desarrollaré más adelante, que el porno tome las riendas de su vida (sexual).

Convertir las películas de contenido sexual explícito en una fuente de satisfacción constante pasa una factura muy alta al cuerpo, y tiene nombre y apellidos: disfunción eréctil.

Pero bueno, disfunción eréctil ha existido siempre, me diréis. No es una novedad que haya descubierto yo de repente. Lo que no ha existido siempre, y esta es la novedad, es en hombres jóvenes sanos entre 18 y 30 años.

El cambio de clientela lo han notado, con sorpresa, las clínicas especializadas en tratar la salud sexual masculina, que han visto como su parroquia de hombres de cierta edad aquejados del problema se veían sustituidos por chicos.

Sin enfermedades, sin problemas de salud, sin nada que aparentemente pudiera justificar el trastorno sexual, los expertos tuvieron que analizar qué diferenciaba la sexualidad de esa generación con las anteriores. ¿Adivináis que diferencia encontraron? Correcto, un móvil conectado a internet 24 horas con acceso al porno.

La pornografía existía ya, sí, pero tenías que pasar por el proceso de hacerte con un DNI de alguien mayor de edad, ir al videoblub de tu zona y dar con la película a tiempo de que ni el dueño de Blockbuster ni tus padres te pillaran el VHS en el reproductor.

Una serie de barreras que, ‘gracias’ a la tecnología ya no tenemos. ¿El resultado? Barra libre de porno sin ningún tipo de control en el teléfono. Y además un porno más persuasivo que nunca que consigue provocar la mayor estimulación sexual gracias a las tomas, conceptos, reparto y medios para rodar las películas.

YOUTUBE

Y a mayor estimulación, mayor dependencia, una dependencia que se traduce en adicción ya que el abuso del porno, como cualquier droga, provoca cambios en el cerebro alterando la dopamina. Algo que explican en Boston Medical Group: “se crea una mayor resistencia a la misma y se pierden muchos receptores en las células nerviosas. Al igual que la dependencia de las drogas, el cuerpo y el cerebro necesitan una mayor dosis de porno para poder sentir lo mismo que la primera vez”.

Traducción: llegas a un punto en el que nada te excita. Tu deseo sexual normal de chico de 21 años está acostumbrado a un nivel tan alto de estimulación que, las relaciones de pareja clásicas se vuelven aburridas afectando a las relaciones íntimas. Un fenómeno que en la clínica bautizan como “desensibilización”. “Hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección”, declaran.

Llegados a este punto, el tratamiento es la única solución, una solución que, para más inri, le cuesta más a los jóvenes que pueden tardar hasta tres años en recuperarse. Pero, no desesperéis, adictos al porno, hay luz al final del túnel.

“Los pacientes que dejan la pornografía entran en una etapa conocida como planicie, con una pérdida de la líbido, indiferencia sexual, pérdida de erecciones nocturnas e incluso depresión”, dicen desde Boston Medical Group”. “Es en ese momento donde hay que tener más precauciones, porque para combatirlo, los hombres pueden volver a recaer en ver nuevamente porno, activándose de nuevo la dependencia”, declaran.

No obstante, y como alumna fiel de la escuela de “mejor prevenir que curar”, la respuesta la tienes unos párrafos más arriba. Con el porno las tres “P”: precaución con su consumo, nunca dejar que llegue a convertirse en la única fuente de estimulación; pensamiento crítico comprendiendo que lo que estamos viendo es una ficción y en ningún caso la vida real; y poder que debemos ejercer sobre ella y no ella sobre nosotros alterando nuestro cerebro y afectando a la vida sexual.

Duquesa Doslabios.

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Pornografía, ¿diversión “inocente” o infidelidad?

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero ¿y si los ojos ven y lo que miran es pornografía?

YOUTUBE/Padre de Familia

Tengo 26 años y llevo viendo porno desde los 17, que fue cuando tuve un portátil para mí sola (y cuando aprendí a borrar el historial).

En este tiempo nada ha hecho que dejara de verlo. He tenido épocas de mi vida en las que lo veía con más frecuencia, otras menos y otras, prácticamente, nada.

Es algo un poco aleatorio y no depende de si tengo o no pareja, a veces me apetece, a veces no, a veces tiro de archivo o me meto a leer relatos eróticos… Lo que tiene el porno es que es un recurso fácil que, como dice una amiga mía, nos apaña porque lo tenemos “a mano”, y literalmente.

No hace falta pensar, basta mirar y atender a la respuesta física. Como animales que somos, los estímulos visuales de la pornografía nos producen excitación. Como cuando alguien bosteza y seguidamente te entran ganas de repetir la acción aunque no tengas sueño.

Así como también nos lo puede producir además de la película, un recuerdo o una fantasía salida de nuestra imaginación.

Sin embargo, son vivencias que forman parte de nuestra vida sexual individual, no por hacerlo solos, sino por que hablo de aquella propia de cada individuo.

La cabeza es libre, no hay intimidad real con otra persona, y, como dice otro amigo (pregunté a muchos al respecto) “pensar en robar un banco no significa que lo vayas a robar”.

Otra cosa es que la pornografía se convierta en una obsesión y reste tiempo de estar con nuestra pareja, altere nuestros hábitos o produzca ansiedad por no vivir en carnes esa “realidad sexual” que termina al grito de “Corten” (aunque eso no lo veamos).

El porno es un show, un espectáculo, un producto para pasar un buen rato y debe ser tratado como tal, no como un reflejo fiel de la realidad.

Además de usarlo a solas o en compañía, podemos “tomar nota” y usarlo como fuente de ideas para ponerlas luego con alguien a prueba. Si se atreve…

Duquesa Doslabios.

El consumidor de porno del futuro según una Inteligencia Artificial

Es de humanos encontrar usos alternativos de todo, desde animales que predicen los resultados de eventos deportivos o elecciones políticas hasta robots destinados a dar “Me gusta” a cuentas infladas de Instagram pasando por programas capaces de predecir nuestras búsquedas en la web.

Intro de Rick y Morty. YOUTUBE

A Youporn este es un tema que le preocupa especialmente (obviamente quiere estar al tanto de qué cosas vamos a estar mirando cuando nos dediquemos a masturbarnos este año) por lo que ha usado una Inteligencia Artificial para hacerse una idea del contenido que buscaremos en el futuro.

Pero claro, cuando metes confrontados algoritmos con pajas, la cosa puede salir un poco extraña. Extraña por no decir rara de narices, y si no, echadle un vistazo a la lista de supuestas modas X en 2018:

YOUPORN

De las tendencias de 2017 que revelaron que los usuarios de la web tenían una fuerte predisposición por las mujeres maduras (milf), los masajes, las lesbianas, las japonesas (¿de verdad nos fascina el porno censurado?), el sexo amateur, el anal o el hentai se pasan a cosas tan curiosas como German Mom Hour, Hora de la mamá alemana, que sabe perfectamente como manejarse con las würstel (el chiste era demasiado fácil como para no hacerlo).

De la happy hour con la amiga del chucrut y la cerveza al “Girl Time Flanty” que, según el diccionario urbano, significa estar hasta las cejas de alcohol y otras drogas. Yo no sé a quién le va a gustar ver a chicas totalmente colocadas con la mandíbula desencajada, pero si esto realmente se va a convertir en tendencia, os puedo garantizar que no tiene nada de sensual el “Momento de chicas con un ciego del quince” ya que suele resumirse en sujetarle el pelo a tu amiga que va pasadísima y llevarle un vaso de agua.

Al usuario de este año le pondrá a cien, según la IA, la incestuosa relación entre T’Challa y Suri, los hermanos de Black Panther. Aunque siendo sincera, tampoco podemos escandalizarnos teniendo en cuenta que somos fieles seguidores del amor entre Cersei y Jaime Lannister en Juego de Tronos (a ti también te parecen ridículamente sensuales y lo sabes).

La exploración de términos en buscadores generales tales como los ganadores de patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de Invierno, Tessa Virtue y Scott Moir, o el supuesto affair de Donald Trump con la actriz porno Stormy Daniels también aparecen reflejados. ¿Pajilleros? Sí. ¿Interesados en la política y el deporte? También.

Dentro de las tendencias “normales” que podrían tener algún sentido encontramos la “grandjob” para los aficionados de los juegos de manos sexuales practicados por alguien de la tercera edad, el “spray and pay“, referente a eyacular sobre la cara, “cock milking table” para quienes disfruten del espectáculo de un cimbrel encajado en el agujero de una mesa llena de esperma o “Wow“, porque al igual que los seguidores de la política y deportes, los gamers también descubrirán que se tendrán en cuenta sus fantasías.

Sin embargo, lo mejor de la lista son los términos que parecen como resultado de uniones de palabras aleatorias como “Passionation“, “Lesbian Masturbinge” (ya que “binge-watch” se utiliza para hacer referencia a los maratones de series online), “Orgysty“, “Free iGlasses porn” porque si ves porno en tu iPhone, en tu Mac y en tu iPad por supuesto querrás verlo en las gafas de Apple o “Tang Pong“, el nuevo sustituto del Strip Poker pero con la bebida anaranjada, ya que lo de colocarse se lo dejamos a las chicas de los vídeos de “Girl Time Flanty.

Querido joven consumidor de porno: lo que estás viendo no es real

A ti te escribo, que acabas de empezar, que acabas de descubrir qué es eso de la pornografía, ya fuera a propósito o de manera casual.

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Te cuento cómo funciona esto, o mejor, cómo no funciona. Porque una cosa que nadie te dice al empezar la película, que no aparece escrito en la descripción, en las etiquetas, es que lo que estás viendo NO ES REAL.

De hecho, su parecido con la realidad es el mismo que pueda tener una película de acción con la vida cotidiana. Si al acabar de ver Los Mercenarios no coges un arma y empiezas a disparar a la gente por la calle, después de ver una película porno no deberías considerar el sexo algo como lo que has visto en la pantalla.

Digo esto porque, a raíz del programa de este jueves en La Ventana, se hablaron de todos esos casos de niños menores que habían abusado sexualmente de compañeros. Y es, sin duda, este acceso descontrolado al porno, que se convierte en indirecto maestro de una generación inconsciente, un gran culpable de ello.

Y es que de sencillo, ver porno hoy en día, es pan comido. Nada comparable a cuando había que aprovechar algún desnudo con interferencias en alguna cadena de tres cifras en la tele aprovechando que los padres ya se habían ido a dormir.

Mejor ni hablemos, tampoco, de cuando había que ir al quiosco a pedir la revista impresa y si eras chavalín solo te dejaban comprar la TBO.

Ahora coges el móvil, la tablet, el ordenador, el reproductor de música o cualquier dispositivo que tenga acceso a Internet y ahí lo tienes. Barra libre de acción desnuda solo para tus ojos. Y no solo en color, sino a calidad Full HD, a 1080 p. A cualquier hora, momento y lugar.

Entonces pasa lo que pasa, que solo ves tetas inmensas, pubis depilados, mujeres boca arriba, boca abajo, que se muestran felices y satisfechas de recibir en la cara chorros de esperma. Pero a tus ojos lo hacen tan bien que no te quieres enterar de que las actrices porno son eso, actrices. Expertas intérpretes que se encargan de representar lo que sea que te pueda excitar.

Que para ti sean un producto de consumo, como lo son los capítulos de la serie que sigues en streaming o los videojuegos que te puedes descargar online para la consola, no significa que fuera de la ficción puedas objetivizar a la persona con la que vayas a tener intimidad.

Porque si tu manera de vivir el sexo es como la que te enseña el porno acabarás como tantos otros de 18 o 20 años, ya aburridos del sexo porque han vivido y probado tanto que ya no tiene gracia, no les estimula.

Sé que no es culpa tuya. Que aún no sabes distinguir lo real de lo que no lo es, y que tus padres que casi no tienen tiempo, se implican menos.

Pero has de saber que, por mucho que te guste el show, la mujer mucho más que un receptáculo y la sexualidad mucho más que algo genital.