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¿Pensabas que no había nada peor que el ‘ghosting’? Te presento el ‘caspering’

¿Hay alguien que, a estas alturas, no conozca el término ghosting? Si no te resulta familiar, lo identificarás sin problema (porque o bien lo has hecho o te ha tocado vivirlo). Ghosting es cuando la persona que te gusta desaparece de repente, como un fantasma.

Y lo peor es que lo hace sin ninguna razón aparente (o al menos que tú sepas) y sin darte ningún tipo de explicación.

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Si ya de por sí que se vayan de golpe de tu vida, así de un día para otro, es bastante chocante, tenemos una nueva etiqueta para seguir explicando malos comportamientos a la hora de ligar: el caspering.

Una ‘tendencia’ que vendría a ser la versión amigable del ghosting, ya que recibe su nombre por Casper, el más adorable de sus compañeros fantasmas.

Claro que eso no quita que siga siendo un hábito negativo.

A diferencia de desaparecer de pronto, el caspering es más sutil, más ‘amable’. Puedes identificarlo porque la persona que te lo está haciendo nunca llega a desaparecer del todo y siempre tiene una buena excusa por la que no habéis podido veros.

Ahí es cuando apelan a tu sentido de la empatía. ¿Cómo no vas a comprender que estaba con mucho lío por el trabajo, la familia, la situación de la cuarentena…? Pero te convence de que quedaréis, claro que sí. ¿Que cuándo? No se sabe, pero pronto, eso seguro.

Pero no, ese día nunca llega. Y cuando vuelvas a intentar retomar el contacto, la lista de excusas será otra igual de comprensible.

Una vida muy ajetreada, una racha muy ocupada, y vuelta a empezar con la táctica y el “Nos tomamos algo pronto”.

Así que ahí estás tú, en esa espiral de ganas y desilusión constante de la que no llegas a salir porque no recibes lo que tiene en su cabeza la otra persona, un claro y contundente “No me gustas”.

Esto es lo que hace que sea duro por doble partida para quien padece el caspering, porque se siguen alentando las ilusiones para no dar el “no” definitivo, pero tampoco se tiene intención real de que eso pase a mayores.

Duquesa Doslabios.

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Si todavía te da miedo acercarte, aquí tienes ideas de citas a un metro de distancia

Nunca he sido de llevarme bien con esas personas que no conocen (ni respetan) el concepto de ‘espacio personal’. Así que me encuentro extrañamente cómoda en este mundo poscoronavirus en el que nos obligan a guardar las distancias y no hace falta ir dándole dos besos, de buenas a primeras, a cualquier persona que nos presentan.

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Y lo bueno es que es algo que tenemos que tener en cuenta en todo momento. Desde cuando vamos al supermercado a hacer la compra, hasta esa tarde tomando el sol en la piscina de la comunidad (o en la de tu amiga).

Incluso en el mundo de las citas la distancia, parece algo imprescindible.

Ya que dejar de conocer gente -sobre todo con la facilidad que nos da internet- no es una opción para la mayoría, es el momento de poner a prueba la imaginación y dar con esos sitios en los que pueden convivir los encuentros cara a cara con la seguridad de no contagiarnos.

Una de mis ideas favoritas para tener una cita en la nueva normalidad, es el senderismo. Andar por la naturaleza (o ir en bici) no solo te va a ayudar a alejarte temporalmente de la ciudad, sino que obliga a dejar a un lado los móviles y hablar. Eso sí, ojo con la sierra madrileña y sus marabuntas estos fines de semana.

Si ves que Guadarrama está hasta arriba, otra opción es organizar un picnic en el que cada uno se lleve su comida y su manta. Y, lo mejor es que no hace falta que te vayas lejos, puedes hacerlo en un parque o en la playa a última hora de la tarde.

Una sesión de deporte al aire libre permitirá lo mismo (y además ponerse en forma después de la cuarentena, dos pájaros de un tiro). Si os veis sudados y despeinados y os seguís sintiendo atraídos, no lo dudes, hay material. O, si te ves con ganas de subir la temperatura, el yoga puede ser una práctica -visualmente hablando- muy erótica.

Aunque los cines han vuelto a abrir sus puertas, cumpliendo las medidas de seguridad, si quieres más distancia todavía, los autocines nos dan la seguridad de que cada uno esté en su coche. ¿Y para comentar la película? Siempre se pueden mandar mensajes (o pasar del móvil y recurrir a las miraditas).

Para los fans de la gastronomía, las terrazas y restaurantes vuelven a estar en marcha, así que es tan sencillo como comentarle a la otra persona que os vais a sentar un poco separados el uno del otro. Y también es la excusa perfecta para que no tengas que compartir las patatas.

Pero si no ves claro lo de estar sentados en el mismo espacio, la alternativa de que cada uno pida comida para llevar en su restaurante favorito y se haga intercambio para conocer los gustos, me parece tierna y deliciosa. Eso sí, no hay que olvidarse (nunca) de pedir postre.

Duquesa Doslabios.

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El arte de ligar en la ‘nueva normalidad’

Da igual que haya una pandemia mundial, que nos quiten lo ‘tocao’ o que nos aíslen en casa durante meses. Siempre querremos buscar el amor.

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Pero volver al terreno de juego analógico, saliendo del mar de matches y ‘me gusta’ de las aplicaciones de ligar (o incluso del propio Instagram), es otra historia.

Pasará tiempo hasta que volvamos a sentirnos cómodos con el sencillo gesto de cogernos de las manos. La duda de si habrá o no un beso al final de la cita, no será solo motivo de ilusión, también de preocupación por si esa persona es positivo en el virus y no lo sabe o no muestra síntomas.

En definitiva, que si ya de por sí era algo complejo esto de conocerse, la ‘nueva normalidad’ no va a poner las cosas más fáciles.

Para empezar, encontrar un sitio donde verse va a ser tan complicado como sacar un billete en la web de la Renfe. ¿Estará abierto? ¿Cumple todas las medidas de seguridad? ¿Hay que pedir cita previa? Pero, ¿realmente han desinfectado la mesa de la terraza antes de que nos sentáramos?

Los lugares con mucha gente están automáticamente descartados. Nada de conciertos (que, a estas alturas, están todos cancelados) o garitos en Malasaña donde no cabe ni el oxígeno para respirar en condiciones.

La intimidad, tan codiciada antes de la crisis sanitaria, será imprescindible, así que citas que tengan lugar en el autocine o visitas -en pequeños grupos- al museo serán la alternativa.

Aunque tampoco podremos tirar la casa por la ventana con los planes. Los ERTE, la subida del carrito de la compra (sí, supermercados, nos hemos dado cuenta)  y la crisis económica que no se cansan de anunciar, van a hacer que nos cueste pagar la cuenta, incluso si solo es nuestra mitad.

Pero hay una solución (varias), podemos volver a poner de moda los paseos, admirar un atardecer en cualquier sitio alto de la ciudad -a la debida distancia de otros transeúntes-, quedar a ver romper las olas o a dar pan a los patos del parque, esos grandes olvidados (con las manos bien limpias, por favor).

Al final, la tecnología nos lo pone lo bastante sencillo como para convertir dos horas sentados sobre cualquier césped en un concierto privado vía Youtube. Así que la imaginación será la que marcará la diferencia en esta nueva era del amor.

Duquesa Doslabios.

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Los ligues de la cuarentena no son reales

Es lo que intentaba explicarle a una amiga cuando el chico con el que había empezado a quedar, antes del estado de alarma, le acababa de decir que no veía claro lo de volver a verse una vez el aislamiento terminara.

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Para mí, la cuarentena ha tenido dos fases (tres si contamos la sensación de irrealidad de las primeras semanas).

Una de ellas, la que corresponde marzo y todo el mes de abril, de bajonazo emocional en el que no veíamos que esto llegara a su fin. Es en esa fase donde, quien nunca ha tenido pareja se ha planteado por primera vez dar el paso de meterse en una relación seria.

Es también el periodo en el que han llegado los mensajes de los exnovios o profundas conversaciones hasta bien entrada la madrugada que te han dejado pensando que realmente tenías conexión con esa persona.

Durante ese periodo, la preocupación por lo que pudiera pasar en un futuro llevaba a buscar seguridad. Y, ¿qué hay más seguro que empezar a crear un vínculo emocional, ya que las relaciones esporádicas solo podían darse bajo peligro de multa e irresponsabilidad social?

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En esa fase, mi amiga y su crush estaban de maravilla. Seguían conociéndose, haciendo videollamadas constantes para sentirse acompañados y con el carrete de fotos de Whatsapp lleno de imágenes del otro.

Pero cuando la segunda etapa ha hecho acto de presencia, (una parte que vendría a ser la segunda mitad de mayo con el cambio de fase en ciertos territorios) ese miedo por lo desconocido se ha visto sustituido por la ilusión de quien empieza a ver la luz al final del túnel.

Además no cualquier luz, ¡la luz del verano! La estación de las rupturas por excelencia.

Y es que por mucho que hayas hablado, prometido, esperado o confiado, hay una verdad universal que tenemos que aceptar: parte de nuestro comportamiento en la cuarentena ha sido fruto del aburrimiento, lo que puede incluir la forma de ligar.

Las expectativas futuras son buenas: cambios de fase, vacaciones a la vuelta de la esquina y encima ¡ya podemos pasear por la calle! El momento más esperado del día en el que las hormonas van a 200 km por hora.

Con ese panorama, no es de extrañar que haya quien haya cambiado de idea dándose cuenta de que, en realidad, no tiene tanto interés en estar en una relación seria.

Duquesa Doslabios.

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Kendall Jenner tiene la mejor respuesta para las críticas machistas de tu vida sentimental

Del machismo no te libras. Ya te llames María Rodríguez o Kendall Jenner, es algo tan metido en la sociedad, que a todas nos toca vivirlo en algún momento de nuestra vida.

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El caso del que voy a hablar también te resultará familiar. Cuando tú o alguna de tus compañeras del colegio salía con más de uno -ya fuera del grupo, de la clase, del curso o del propio centro- enseguida oías el comentario de que la chica en cuestión pasaba, de mano a mano, como una pelota de baloncesto.

Kendall sabe lo que es eso, aunque ya han pasado unos cuantos años desde que ha acabado el colegio.

Hace unos días se volvió viral un vídeo en el que aparecen tres hombres lanzándose una niña. Y hay quien ha tenido la ocurrencia de utilizar el meme ilustrando la frase de que son los jugadores de la NBA pasándose a Kendall Jenner.

En seguida, alguien salió en defensa de la modelo diciendo que igual era ella quien se los pasaba a ellos, pero los chistes y comentarios machirulescos proliferaron como si de un hilo de Forocoches se tratara.

Quizás en su día, si también viviste lo mismo que la maniquí por tu vida sentimental, no supieras cómo contestar ante eso, pero Kendall ha dado con la respuesta definitiva.

“Actúan como si yo no tuviera todo el control de a dónde lanzo este ‘chichi'”, replicó la modelo. No me pongo en pie a aplaudir porque tiraría el portátil, pero mi ovación es igual de grande.

Y es que Kendall tiene toda la razón del mundo. Son esos comentarios los que convierten a las mujeres en algo pasivo.

Como si nosotras no tuviéramos realmente ni voz ni voto y, como una pelota de baloncesto, nos dejáramos llevar sin poder de decisión. Pero lo cierto es que lo tenemos y sin excepción, ya seamos periodistas, cajeras o supermodelos.

Como la propia Kendall dice, tú y solo tú decides qué haces con tu vagina. Y que sean 3 tíos o 30 es algo que tú decides libremente.

Y no solo porque queremos, sino porque podemos.

Aunque quizás esto último es lo que tanto les escuece a ellos y la razón por la que se esfuerzan tanto en intentar convertirnos -aunque sea vía meme- en un objeto inerte. ¿Lo has pensado?

Duquesa Doslabios.

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El futuro de las relaciones: sexo, citas y amor después del coronavirus

La sed y el hambre son dos de las cosas más difíciles de soportar. Y, estando aislados en casa, hemos llegado a la conclusión de que el contacto humano podría ir detrás de ellas.

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Se habla de la vuelta a la ‘normalidad’, de cómo será salir a la calle, movernos en transporte público, viajar…

Pero, ¿qué va a pasar con la desescalada a nivel emocional?

Esta experiencia nos dejará marcados y no sabemos hasta cuando. Por lo pronto, habrá que despedirse del roce en una cita.

Y eso que, como comunidad, tocarnos es casi fundamental para relacionarnos. Nos hace sentir confiados, conectados como parte de algo y nos ayuda a despedirnos del estrés.

Estar cómodos en la intimidad podría cambiar. Por mucho que en un futuro haya una vacuna, después de las imágenes que hemos visto, los síntomas que conocemos de primera mano y familiares que hemos perdido en estas circunstancias, ¿quién no se lo pensará dos veces antes de cogerse de las manos? ¿Quién no dudaría antes de acercarse a dar un primer beso?

El amor no desaparecerá, pero nos lo pensaremos dos veces.

Aguantando semana tras semana en casa, el sexo ha quedado fuera de carta. En su lugar, hay barra libre de aplicaciones para ligar.

Incluso en estas circunstancias, se ha encontrado una vía de seguir avanzando: hablar. Las videollamadas, chats interminables o citas virtuales lanzan un alentador mensaje: el punto fuerte es tener una buena conversación.

Y si antes no había pie a una segunda oportunidad -teníamos tantas opciones que, ¿quién querría esforzarse en conocer más a fondo si había la mínima duda?-, ahora no nos atrevemos a descartar con tanta facilidad.

O incluso a la hora de volver a retomar contacto con esa antigua pareja a la que, obra de la cuarentena, hay quien se arrepiente de haber dejado escapar.

Duquesa Doslabios.

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El lado bueno del ‘coronadating’

Hace unos días, en plena cuarentena, uno de mis amigos vivió su particular primavera de las rupturas después de que su novia le pusiera fin a una historia de amor de años.

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Pasado el duelo inicial por su expareja, las aplicaciones para conocer gente a través de Internet le devolvieron al campo de juego. ¿El único impedimento? Que no es sencillo conocer a alguien si las pruebas de compatibilidad, las citas, están prohibidas por el Gobierno.

Tanto él como quienes quieran que su vida sentimental no se vea afectada por esta situación, tendrán que volverse imaginativos.

Lo bueno es que la tecnología, esa que tanto culpamos de aislarnos, ha demostrado ser quien nos acerca en estos momentos de distancia física.

Gracias a las videollamadas podemos seguir viéndonos las caras y comprobar si es la misma que la que aparece en las fotos del perfil de la aplicación (recordemos que no está de más ser precavidos cuando la delincuencia online ha crecido en estas semanas).

Con ese encuentro virtual se puede diseñar una cita al gusto de cada uno, algo que vaya desde ver una película al mismo tiempo y compartir opiniones, a beber de un vaso de vino a una cerveza (pasando por una tila para calmar esos nervios que la mayoría tenemos encima).

Otra de mis amigas se está convirtiendo en toda una experta en organizar con su cita cenas románticas a la luz de las velas. Sí, incluso con lista de canciones suaves de Spotify diseñadas para la ocasión de fondo.

Aunque no significa que solo podamos poner en práctica los planes más convencionales. La oportunidad de sorprender con un curso online, un videojuego o una receta que se debe de seguir a la vez puede ser la alternativa que una a quien busque una experiencia distinta.

Al final, la lección que podemos sacar de la reclusión en casa es que tenemos que dejar a un lado el roce físico, ese que hasta ahora dábamos por sentado, y encontrar la forma de conectar con una persona más allá del tacto.

No digo que todas las relaciones que salgan de las conversaciones más profundas -con el extra añadido de haber tenido la fortaleza de aguantar la situación y sobrellevarla-, vayan a ser definitivas.

Pero sí que sus miembros estarán aprendiendo a conocer a alguien de una manera que también puede ser plena.

Duquesa Doslabios.

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¿Mis mejores citas? Las menos parecidas a una ‘de película’

A diferencia de lo que Hollywood podría haberme hecho creer, mis mejores citas no han sido montada en un descapotable con los brazos al viento o tirándome champán sobre el cuerpo en un jacuzzi.

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La preferida, hasta la fecha, fue recibiendo el día, a las cinco de la mañana, por un parque de Madrid desde el que se veía mi ciudad como si se tratara de un cuadro puntillista.

Con brillos que titilaban en lo lejos allá donde se podían distinguir la Gran Vía o la Almudena solo a la vista de nosotros dos, como si nadie más existiera en el mundo.

Grandes citas han sido en coche, recorriendo las calles durante horas, porque hacía demasiado frío para andar.

Sin sospechar en aquel momento que aquello podía ser considerado cita romántica, se convertiría en una de mis favoritas con Hit FM como banda sonora y semáforos que marcaban excusas para besarse continuamente.

En los primeros puestos, no puede faltar la que pasé sentada en una plaza de Malasaña. Con un batido de frutas en la mano y una buena conversación en la boca que terminó, aún no sé cómo, en la cama de un hotel.

Y sí, el desayuno estilo continental era maravilloso, pero aquel reencuentro junto a mi balcón favorito de Velarde no tuvo precio.

Otra de ellas no necesitó flores, bombones, una lista de reproducción personalizada, ni un plan demasiado elaborado.

Solo un horno y un pescado marinado en un piso universitario -donde la limpieza brillaba por su ausencia- pero la frase “Me gustas” relucía por todos los lados.

Con esto digo que no sea exigente con las quedadas, pero sí que mis favoritas hasta el momento no han necesitado de mucho, solo de la persona adecuada.

Duquesa Doslabios.

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¿Era necesario que Tinder añadiera el botón del pánico?

El mundo de las citas es escalofriante de por sí. Un mar digital donde la mitad de los peces desaparece al poco tiempo o, si tienes la suerte de quedar con alguien, puedes dar con el que insiste en tocarte como si no supiera qué es eso del espacio personal.

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En el peor de los casos, encuentras al misógino de turno que insiste en que todas sus ex novias eran unas locas y se dedica a destriparlas o, todavía más grave, das con alguien que te gusta para no volver a saber nada nunca.

Y eso si tienes la suerte de que te toque una persona ‘normal’ (aunque lo de manosear constantemente no es algo que metería en esta categoría).

Pero también están los casos de citas que se tuercen, de esas en las que el instinto te dice “Sal de aquí. Ahora”, o de las que, por mucho que te lo diga, algo te impide irte.

Para esos casos, Tinder ha añadido un botón del pánico que pretende alertar a los servicios de emergencia que, por ubicación se encuentran más próximos al lugar desde el que se manda el aviso.

Pero, ¿qué significa que los de la aplicación hayan llegado a la conclusión de que necesitamos esto? Y, sobre todo, ¿para quién está pensado?

La respuesta es bastante fácil. Solo hay que leer las noticias o ir a las estadísticas oficiales (en 2019, 35.000 mujeres denunciaron violencia de género o agresiones sexuales en España), por lo que no quedan dudas de a quién tratan de proteger este tipo de medidas.

Al final, el botón vendría a ser una versión perfeccionado de lo que nosotras llevamos tiempo haciendo, cuando antes de una cita, o en medio de esta, le mandamos la ubicación a una amiga. Para que no tenga que utilizarla, esperamos.

Por supuesto que la seguridad es importante y que todos merecemos un entorno seguro en el que poder relacionarnos.

Mi pregunta es por qué tanto esfuerzo en proteger a quien puede ser susceptible de vivir este tipo de situaciones -de las que necesita una vía de escape-, en vez de atajar de raíz los comportamientos de los que hay que pedir ayuda.

Al final, seguimos haciendo lo de siempre y no entendemos que tiene menos sentido apagar un bosque cuando está ardiendo que educar al pirómano en que no tiene que encender el fuego.

Duquesa Doslabios.

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Toda primera cita debería empezar por comer una hamburguesa

De todos los sitios, de todos los planes, de todo Madrid, ir a tomarnos una hamburguesa fue la primera cosa que hicimos juntos. Nuestro comienzo.

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No lo sabía entonces, pero sería el mejor plan para conocerte, o, al menos, para darme cuenta rápido de que el estómago era una de las vías más directas para conquistarte.

Ni Burger, ni McDonalds, ni Goiko Grill: un mercado de Malasaña fue el elegido para alejarnos de las más típicas y buscar algo de calidad, ya que eras nuevo en la ciudad.

Porque mi objetivo, el que pudiste adivinar si leías entre líneas entonces, y el que sigue siendo a día de hoy, es descubrirte lo menos conocido de aquí.

Que el veganismo no era lo tuyo me quedó claro cuando tu elección fue una hamburguesa de buey. Quién te iba a decir que, años más tarde, me verías a mí pidiendo lo mismo, solo que de lentejas y quinoa.

Si la tortilla -con o sin patata-, funciona a la hora de hacerte una idea de si tienes futuro con tu acompañante, con la hamburguesa pasa lo mismo.

O eres de huevo o de tomarla sin huevo. Te gusta con pepinillo o lo aborreces. Y, en el peor de los casos, de esa gente que incluso teniendo una buena carne, le echa ketchup.

La escogiste con el típico pan de semillas de sésamo pero de una carne peculiar. Clásico, pero con un punto sorprendente, muy en tu línea, como eres en todos los aspectos.

Al poco descubrí, con tu ofrecimiento de probarla, que eras (y eres) muy de compartir. Hasta el punto de que somos de esos que piden dos platos que nos vayan a gustar a ambos para catar siempre la mitad del otro.

Que no dejaras ni una miga en la bandeja tachó otra de las cosas de la lista. Tenía ante mí a alguien de buen comer. Si llegaba el momento, ibas a encajar en la familia.

También la hamburguesa me sirvió para analizar hasta qué punto me seguías pareciendo atractivo cuando tenías la boca manchada con un poco de tomate (y me lo pareciste mucho, créeme).

Deduzco que lo mismo te pasó a ti, que me viste pringada casi hasta los codos. Mi técnica, en ese momento, era tan terrible que terminé por comerla medio deshecha.

La particular prueba de fuego gastronómica me permitió fantasear sobre cómo eras en la cama. Viendo cómo la cogías y te la llevabas a la boca -con ganas, de forma casi apasionada-, la imaginación jugó la buena pasada de pensar que es así como podrías llegar a hacérmelo a mí.

Aunque la respuesta más simple de por qué mi test de compatibilidad empieza por una hamburguesa es tan sencilla como que se trata de una de mis comidas favoritas. Encontrar a alguien con quien compartir no ya el gusto, sino el amor por ella (ya que pretendo comerla muy a menudo a lo largo de mi vida), me parece un buen punto de partida.

Duquesa Doslabios.

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