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De adicto al porno a ‘coach’ sexual que ayuda a los hombres, la historia de Gonzalo

A lo mejor no te conozco, pero hay una cosa segura que sé sobre ti: has visto porno. Y puede que tú no me conozcas, pero hay una cosa segura que sabes sobre mí: yo también.

Es difícil no dar, en algún momento de tu vida, con la industria de la pornografía. Ya sea por amigos, curiosidad o porque te la encuentras de forma casual como publicidad, darás con ella.

O ella contigo, más bien.

PEXELS

El porno viene siendo la forma más fácil de darte un rato placentero contigo. Pulsas play y miras. El único esfuerzo que pones de tu parte es mover la mano.

El vídeo te lo da todo hecho: una mujer escultural, un punto de vista de las escenas que te hacen sentir como si tú mismo estuvieras teniendo sexo con ella y una dinámica tan excitante que consigue hacer que te corras en pocos minutos.

Visto así, ¿cuál es el problema?

Gonzalo Salinas, el autor del libro Venciendo la Adicción al Porno: 7 Pasos para tener una vida Sexual Sana (que por cierto tenéis en Amazon por si os pica la curiosidad), sabe que lo que hay detrás del cine porno no es tan bonito ni tan inocente como parece.

Como exadicto a consumir este tipo de películas, el escritor me comenta que, lo que resulta más sorprendente, es la falta de aceptación de que existe un problema.

En la actualidad, Gonzalo trabaja como coach sexual trabajando con hombres que, como él, han tenido esta relación de enganche a la pornografía impidiéndoles disfrutar de una vida sexual placentera en pareja.

«Es frecuente escuchar a muchos hombres decir ‘Yo consumo de vez en cuando pero no soy adicto’, pero cuando invitas a dichos hombres a intentar dejar el porno, allí se dan cuenta que les es casi imposible», afirma.

«Esta adicción comienza como un divertimento, pero poco a poco va afectando el sistema de recompensa cerebral (que regula la dopamina, la hormona de la recompensa y de la motivación), y cada vez el cerebro va a pedir más y más. El porno hace que la persona genere una adicción química a la dopamina«.

¿Cuál es el primer síntoma que debería alertarnos?
La perdida de la voluntad ante el porno y, como factores secundarios, todos los síntomas negativos en lo, físico, lo psicológico y lo emocional. Ocurre de manera tan lenta que, cuando el hombre se da cuenta, ya lleva 10 o 15 años consumiendo porno, los cableados cerebrales sinápticos son bastante sólidos y sanar cuesta mucho mas.

¿Cómo afecta en la pareja consumir porno?
La dopamina es un neurotransmisor que participa en los procesos sexuales humanos, especialmente en la estimulación sexual. Cuando la adiccion al porno atrofia el sistema de recompensa cerebral atrofia muchos procesos en donde la dopamina esta implicada, como por ejemplo la erección o el limite corporal del placer que determina el tiempo de eyaculación. Si en la pareja el hombre no puede tener o sostener una erección, o presenta un cuadro de eyaculación precoz, le va a afectar su vida sexual.

Por otro lado, la adicción al porno genera consecuencias como imposibilidad de conectar emocionalmente con la pareja, ansiedad crónica, cuadros depresivos, distorsión de la imagen masculina y femenina en el sexo, falsas expectativas sexuales, entre muchas otras cosas.

El que tiene sexo como lo ve en el porno, termina por convertirse en el peor amante del mundo

¿Cuándo se dio cuenta del problema?
Desarrolle un síntoma que ya esta tipificado en la literatura científica que se llama Porn Induced Erectile Dysfunction (PIED por sus siglas en ingles), es decir disfunción eréctil causada por el porno. Era capaz de tener una erección viendo porno, pero no con una mujer de carne y hueso. Fue una experiencia devastadora. Para sanar tuve que trabajar durante más de dos meses con una maestra de Tantra que me hacia Lingam Massage, apelando a mi neuroplasticidad cerebral, y volver a despertar la sensibilidad en mi pene. Recuperé mi erección después de noventa y tres días de trabajo arduo.

¿Cómo tratarlo?
Existen varios pasos para salir de esta adicción y diferentes metodologías. Pero lo más importante es tener una estrategia donde contemples varios factores: reconocer que hay un problema y comprometerse a solucionarlo, transformar el medio ambiente, transformar el cuerpo con actividades que muevan la energía, implementar un proceso de creación consciente, redirigir la energía sexual, tener un protocolo para evitar la recaída, tener una comunidad de soporte, atender las necesidades emocionales profundas y aprender a vivir la vida intencionalmente.

¿Cuál es el apoyo que puede prestar la pareja en esta situación?
Sacar el tema suele ser difícil. Cuando la mujer les dice que no les gusta que consuman porno (he visto muchos de estos casos), los hombres llegan hasta a molestarse con su pareja aduciendo que «es normal», «que todo el mundo lo hace», sin conocer las verdaderas consecuencias del consumo de porno. Además, es tema del porno esta socialmente tan cubierto de vergüenza y de culpa que muy rara vez se habla del tema y cuando se habla suele ser cuando la adicción esta avanzada. Cuando alguien está pasando por una adicción al porno, el apoyo de su pareja es fundamental y de hecho acelera el proceso de recuperación.

¿Qué hace del porno algo tan adictivo?
La adicción bioquímica a la dopamina. El hombre adicto ha creado una nueva forma de masturbarse viendo porno: abre 10 pantallas al mismo tiempo, busca sus actrices y categorías favoritas, avanza las escena hasta la parte más hardcore y crea una secuencia en donde el ‘crear el ambiente buscando la escena perfecta’, es tan importante como masturbarse con el porno. Cada actriz nueva teniendo sexo es un nuevo rush de dopamina y el hombre queda en estado de euforia por largos períodos de tiempo. Además, suelen estirar el tiempo sin eyacular (edging) para alcanzar a ver todas sus escenas. De nuevo, hay muchísimo otros factores que juegan un papel aquí.

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¿Se puede consumir de manera ‘sana’?
El cerebro por su maleabilidad responde a cualquier programación que tú le hagas. Si quieres programar tu cerebro a estimularte con el porno, entonces consume porno. Pero si quieres programar tu cerebro a tener prácticas sanas en el sexo, entonces implementa esas prácticas en tu vida sexual. El porno está constantemente llevando tu conciencia fuera de tu cuerpo y hacia el pasado. No es posible experimentar placer sexual fuera de tu estado total de presencia, aquí y ahora. Y además, desde la dimensión espiritual, tu atención consciente perpetúa la industria del porno. Aquello a lo que le damos atención crece, es una transferencia de fuerza vital creadora.

¿Qué le dirías a una persona que está empezando a ver porno?
Que aprenda cuáles son las consecuencias del consumo. Esto no es una recriminación moral. Respeto la soberanía de cada individuo para que haga lo que le de la gana con su energía sexual, siempre y cuando respete al otro. Sin embargo, el que comienza a consumir porno, no sabe dónde le puede llevar, ya que es una practica altamente adictiva. Y, por supuesto, le recomendaría que utilice esa energía en mejorar su vida sexual: el sexo te da la posibilidad de entrar a un espacio elevado de amor y disfrute, en donde los amantes entrenados, presentes y conscientes de su práctica, pueden desvanecer momentáneamente su identidad individual, fundiéndose en una sola conciencia, disfrutando del éxtasis total. El porno representa un secuestro a esa hermosa posibilidad.

Para despedir la entrevista, Gonzalo me recuerda que, cuando ves porno, solo buscas una cosa: masturbarte. Cuando ves porno, la industria que está detrás busca hacer dinero.

«Saben todos los problemas que causa pero lo que mueve al mercado es el dinero. Ellos saben que siempre vendrá una ‘nueva starlet‘ que cumpla 18 años y que todas son piezas reemplazables en la industria», dice el escritor y coach.

Mara Mariño.

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Amiga, por estas razones deberías pasarte al porno ético

Hace unos días vi, por primera vez en mi vida, porno ético. Y no se parecía en nada al que había visto hasta ese momento.

ERIKA LUST FILMS

Sí, me refiero a esos vídeos que circulan por internet de «La suegra enseñándome a follar», «Compartiendo mi novia caliente» o «Adolescente tetona se folla a sus compañeros».

Las historias del porno ético, un mundo aparte, bien podrían parecer de verdad, esas en las que una pareja empieza a darse un baño y termina practicando sexo oral.

Y si hay un nombre que se relacione con este género es el de Erika Lust.

La directora, que crea un porno completamente disruptivo en Erika Lust Films, ha conseguido crecer ampliando su equipo gracias a una clave fundamental.

Para nosotras es más fácil sentirnos identificadas con esas tramas antes que con las del porno más mainstream.

Estéticamente, también le da varias vueltas. Tiene un cuidado detrás, una dirección de arte…

Y no solo una visión creativa estudiada, las condiciones de quienes trabajan detrás son dignas, de ahí que sea un producto de pago para que su consumo resulte sostenible.

Se paga a los intérpretes, al equipo, se buscan localizaciones a la altura de la historia… Cada detalle está tan cuidado que es fácil entender lo que las propias productoras afirman sobre sus obras.

«Hacemos cine con escenas eróticas», afirmaba Jahel Guerra, Senior Producer y Talent Manager de Erika Lust Films hace unos días en Barcelona.

Marina Rull, otra de las productoras que acudió al evento en Casa Bonay, explicaba también por qué su pornografía es tan necesaria: “Lo que lo hace ético es la igualdad y el buen gusto que le ponemos a esa película. Queremos impulsar algo más igualitario”.

Y es que salirse de las etiquetas que sexualizan a las personas -o directamente darle espacio a quienes no se ven representados-, así como impulsar sus carreras, es otra de sus características: crear un producto inclusivo.

¿Su principal objetivo? El que consiguieron cuando, tras ver la película, solo pudiera pensar en meterme en una ducha con mi pareja a que me enjabonara el pelo y terminara el baño con un buen cunnilingus.

Que todo el mundo se vea reflejado en la ficción.

«Queremos hacer cine erótico que le guste a la gente», algo que, bajo su punto de vista, pasa por sacar menos genitales -aunque también tienen su parte de protagonismo- y más el disfrute de los performers, explicaba Marina Rull sobre Else Cinema, la versión más naíf de Erika Lust Films.

Y aunque el porno mainstream sigue siendo el todopoderoso de la industria, está en nuestras manos salir de ahí y buscar más calidad.

Lo que equivaldría a dejar de comer comida basura y pagarnos una buena cena en ese restaurante al que siempre hemos querido ir.

Porque este cambio, pedir calidad, no solo consigue que promovamos una visión más variada y tengan también su voz mujeres en un sector pensado por y para hombres.

Implica plantarle cara directamente al porno mainstream saliendo de ese erotismo que poco o nada se parece a nuestra sexualidad -pero que construye desde nuestros primeros años de vida-.

Y esto no ya solo nos beneficia como consumidoras, sino también como mujeres en general en la sociedad.

Porque se proyecta una imagen de que somos iguales en la cama, de que podemos ser tratadas con respeto y disfrutar de ello. Y eso construiría una idea de la sexualidad donde dejamos de estar cosificadas y humilladas.

Duquesa Doslabios.

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Por culpa del porno estamos haciendo mal estas posturas en la cama

Hay un pensamiento que recorre la mente de todas las mujeres cuando se ve en la situación de bajar a la entrepierna de su acompañante y dedicarse a practicar un sexo oral digno de competición artística.

No es ni cómo colocar la mano, ese fiel apoyo que además evita que te la metas hasta la tráquea, ni la técnica de succión -que sabiendo beber con pajita, tenemos más que cubierta-.

UNSPLASH

«Por favor, que no se me vea la cara fea«. Esa es la preocupación que nos pasa por la cabeza.

Somos más que conscientes de que por muy estupendas que salgamos en la historia de Instagram (filter-free o con el Baby Face de turno), cuando tienes que estar con algo metido en la boca y meneando la cabeza como en un concierto, la belleza y gracia natural, se van por la puerta.

Puesta a señalar, considero que la responsabilidad de ese agobio debería recaer en el porno.

Es en las películas eróticas donde la máxima importancia está en tener el gesto siempre a punto.

La mirada pícara, la boca perfectamente voluptuosa y la cara relajada…

En el momento en el que nos centramos en que nuestro aspecto tiene que seguir siendo sensual, ejecutarla en condiciones pasa a un segundo plano.

Aunque no solo nos pasa a nosotras, el cunnilingus puede formar parte de la lista ya que ellos aprenden que tienen que tener la cara a varios centímetros de distancia de la vulva.

Como la cámara necesita que se aprecie la lengua en movimiento, no refleja la realidad de la situación: que nos gusta que la boca esté bien pegada para hacer fuerza y notar que nos están comiendo en condiciones.

Déjate de tanta virguería con la lengua y pon el ‘modo turbo’, amigo.

Un misionero mucho más abierto que en la vida real, es otro ejemplo que se me viene a la mente si me pongo a recapitular lo distinta que resulta mi vida sexual de lo que veo en la pantalla.

Mientras que en las escenas los cuerpos aparecen más despegados (para que se aprecie con todo lujo de detalles el pene saliendo y entrando), el verdadero misionero es un nudo de piernas y brazos, piel con piel, vientre con vientre, pecho con pecho y respiración caliente en tu -y su- cuello.

Cuestión de ángulo resulta también el perrito, sobre todo cuando vemos que en las imágenes, él se encuentra girado y parece que quiere meterla más hacia un lado.

Lo que en vivo y en directo se siente como una incómoda percusión sobre una de las paredes vaginales.

Y ya no me pongo a hablar de la torsión de columna vertebral de las actrices.

Aunque no soy una gran fanática del porno, por mensajes que transmite y estereotipos que fomenta, a la hora de añadir variaciones en nuestra vida sexual, sí nos sirve como fuente de inspiración.

Pero una cosa es lo que vemos en las escenas, pensadas para excitar visualmente, y otra lo que sucede en la vida real donde la estimulación es física.

¿Mi consejo? Sacar ideas y siempre con cabeza. Escuchando qué variaciones del cuerpo parecen pedirnos las posturas, en vez de imitar por completo a los intérpretes.

Duquesa Doslabios.

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Que no te engañen, en un ‘pubis perfecto’ también puede haber vello íntimo

Hace un tiempo llegué a la conclusión de que el porno no iba a decidir cómo me relacionaba con ninguna parte de mi cuerpo. Aunque me refiero, más específicamente, al pelo del pubis.

BILLIE BODY HAIR PROJECT

La imagen de mujeres con la entrepierna completamente rasurada me da un poco de grima. Solo sé que cuando he imitado ese hairstyle, mirar hacia abajo me hacía retroceder en el tiempo.

Concretamente a cuando tenía 6 años y mi monte de Venus era aquel paisaje imberbe de forma natural.

(¿A quién puede excitarle que debajo de unas bragas lo que encuentres sea más similar a la anatomía de una niña pequeña que a la de una mujer? Pues me sorprende la respuesta. ¿Dónde queda el «donde hay pelo hay alegría»?)

No hubo ningún desencadenante, simplemente dejé de estar cómoda viendo aquello tan lampiño. No lo sentía mío, como si no fuera yo realmente la dueña de lo que pasaba allí abajo.

No estuve cuando Newton recibió el manzanazo en la cabeza, pero a mí me pasó algo parecido cuando me vino la iluminación: era yo quien decidía cómo llevarlo.

Y a quien no le gustara, pues mala suerte. Lo que no me permito es no ser la dueña de mí misma (aunque ese «dueña de mí misma» se refiera a mi vello corporal).

Te preguntarás, claro, que a qué viene esta reivindicación así de repente. En una encuesta que ha lanzado JOYclub, comunidad basada en la sexualidad liberal, a sus miembros aparece el vello púbico como una de las cosas que menos les gusta a los hombres españoles en la cama.

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Sí, para los integrantes masculinos, un pubis peludo es tan poco excitante como otras prácticas como el fisting o el trío hombre-mujer-hombre.

Lo cierto es que poner al mismo nivel que te introduzcan la mano o parte del brazo, por el ano o la vagina, con unos pelos en la entrepierna me parece un poco exagerado, pero el resultado está ahí.

Para mí, qué pueda encontrar o no excitante la otra persona en mi cuerpo ya ha pasado a un segundo plano.

Claro que quiero gustar, pero no veo el asunto lo bastante grave como para que sea un impedimento (aunque me arriesgue a que pierda la erección).

La excusa que alguno ha esgrimido argumentando que no es higiénico, también es fácil de desmontar. El vello no es sinónimo de suciedad, es algo natural que protege la zona. No lavárselo bien sí que es una guarrada, pero si se lleva limpio es una zona tan pulcra como cualquier otra.

También os digo que creo que hay puntos medios entre llevar un arbusto entre las piernas y un felpudo bien recortadito -e incluso digno de certamen de jardinería-.

Independientemente de la forma o el largo, me renta más verme bien y sentirme cómoda que estar adaptándome a unos cánones que no he podido elegir.

Duquesa Doslabios.

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OnlyFans: el truco de la prostitución para captar a las nuevas generaciones

2020 se suponía que iba a ser el año del cambio. El cambio de década, la excusa perfecta para dejar salir nuestra mejor versión.

Para avanzar como sociedad, para reciclar, para comer más vegano, para votar por mejorar. Y OnlyFans ha conseguido que volvamos a retroceder 70 años el tiempo.

PIXABAY

Si ya conoces de qué va (y eres hombre) lo que voy a escribir no te va a gustar. Si no te suena, te diré que es la prostitución que se ha puesto de moda este año.

¿Cómo? ¿Prostitución? Pero si según Google es algo más parecido a una red social que al típico prostíbulo del polígono industrial.

Ahí está su primer triunfo: maquillarlo hasta el punto de que parezca que forma parte de la misma categoría que Instagram o Facebook.

OnlyFans es una plataforma de contenido bajo subscripción. Lo que podría equivaler a una privatización de Instagram para aquellos creadores de contenido que quieran cobrar por su trabajo.

Entonces, ¿cómo ha terminado derivando en un caldo de cultivo para la explotación sexual?

Porque por muy buena que fuera la teoría, esa de ensalzar la obra de pequeños artistas -los creadores-, para el consumo de sus fans, lo cierto es que termina usándose para vender fotos eróticas, ya que el contenido no tiene ningún tipo de censura y son las que más fidelización consiguen.

No solo se queda en las imágenes o vídeos que están a la venta por la cuota mensual que implica la suscripción, conversaciones privadas desembocan en peticiones a cambio de más dinero.

Una investigación de la BBC para el documental Nudes4Sale descubrió que hay incluso menores de edad que venden contenido. Y que los mayores consumidores en OnlyFans son hombres.

Si sumamos ambos descubrimientos, es fácil adivinar qué es lo que más triunfa.

¿De qué me quejo? De que haya un encubrimiento con esto. De que se blanquee lo que viene siendo la versión social de la pornografía, que puede llegar a prostitución con la utópica idea de que es una alternativa real a formarse para conseguir dinero de manera ‘fácil’.

Solo se une en la misma frase empoderamiento y sexo cuando se refiere a la satisfacción sexual de los hombres, el único público que parece ser tenido en cuenta.

Pero, ¿es realmente una libre elección de lo que se hace con el cuerpo cuando solo se toma esa salida para recibir una remuneración económica? Algo que, de poseerla por otros medios, ¿ni se plantearían hacer?

La plataforma quería dar visibilidad a jóvenes talentos, sí, pero a la hora de la verdad, la materia prima más solicitada son los cuerpos, el auténtico objeto de consumo y no una novela, ilustración o canción de la creadora.

Lo que se venden no son proyectos, ideas o ilusiones, son personas y se consumen personas.

Y por mucho que OnlyFans se jacte de su seguridad, ya hay contenidos que se han colgado en otras webs, lo que significa que las memorias de internet se encargarán de que no puedan desaparecer fácilmente.

¿Qué va a pasar con las menores de edad -o incluso chicas de más de 18 que todavía son jóvenes-, que vean cómo una serie de imágenes o vídeos sexuales les frenan a la hora de conseguir un trabajo porque basta poner su nombre en un buscador para que aparezca su foto desnuda?

Te lo digo yo, que serán estigmatizadas y rechazadas para puestos que les interesen, pero recibirán atractivas ofertas de la industria pornográfica o la prostitución. Están reclutando a las nuevas generaciones delante de nuestras narices.

Duquesa Doslabios.

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¿Es ético el porno con el que te masturbas?

Puede que empezar el sábado con esa pregunta sea ir demasiado al grano, así que voy a simplificarlo.

¿Cómo seleccionas el porno? No me refiero a abrir unos cuantos vídeos y cerrar la pestaña si los genitales están censurados o si suena música de fondo como criterios de la decisión.

CALVIN KLEIN FACEBOOK

Porque, por lo general, abrimos el ordenador o la pestaña de navegación privada del móvil, nos metemos en la clásica web de porno gratuito y, tras hacer una búsqueda rápida de lo que nos apetece ver ese día -y de la escena que más nos excita-, nos masturbamos y fuera.

Esos son todos los filtros que ponemos a las imágenes eróticas que nos llegan por la pantalla. Y, si pienso en lo exhaustiva que soy para otras cosas -mirar varios precios de televisores, leer reseñas de hoteles o incluso comparar entre varias compañías a ver qué tarifa de billete es la que más me convence-, me doy cuenta de que la elección del porno es casi automática.

Quitando lo que veo, el resto de cosas que rodean el vídeo se me escapan por completo. Un desconocimiento que, al final, está esculpiendo mi sexualidad sin que yo me dé ni cuenta o no repare en ello.

Precisamente, en busca de un cine para adultos más responsable, encontré el porno ético. Pero, ¿qué características debe reunir para que reciba esa etiqueta?

Para que sea ético, lo que vemos en la película, y lo que no vemos, debe serlo también.

Además de una trama en la que también tenga cabida el consentimiento, en la que se rompan los estereotipos de género y de etnia, también es importante mostrar relaciones en las que todos reciban placer.

¿Significa que es el fin de las escenas con juegos de poder o sumisión? Ni mucho menos, pero sí implica que no todo el porno es eso, hay una variedad de relaciones entre los personajes mucho mayor.

También la forma de producirlo tiene que cambiar. Aunque no podemos informarnos cada vez que queramos ver porno si las condiciones de los trabajadores son justas (lo que incluye que puedan decidir desde con quien trabajan hasta un salario decente), sí podemos evitar las grandes páginas web y buscar fuentes de pornografía alternativas.

Más que como «porno ético», lo puedes encontrar bajo el nombre de porno independiente. La principal diferencia respecto al porno mainstream -por llamarlo de alguna manera- es que no está realizado por las grandes productoras.

Por tanto, no está destinado a una audiencia tan amplia, que es lo que limita el tipo de escenas que se graban (el clásico orden de preliminares, coito y eyaculación masculina sobre alguna parte del cuerpo de la actriz como escena final).

No estoy diciendo que le hagamos la guerra al porno más común y que, desde ahora, cortemos en seco con algún vídeo o canal que nos gustaba de ese estilo. El secreto está en el equilibrio.

Si siempre vamos a lo mismo, tendemos a reproducirlo pensando que no hay otras formas de tener sexo y es fundamental entender qué es lo que estamos viendo.

Al igual que no se nos ocurriría meternos una hamburguesa en cuya cocina las condiciones de higiene son más bien pocas o comer una carne contaminada, deberíamos ser igual de exigentes cuando se trata de escoger las imágenes eróticas con las que nos masturbamos.

Duquesa Doslabios.

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¿Entonces solo depende de los padres explicarles a sus hijos que el porno no es real?

Hace unos días, una lectora me preguntaba cómo podía conseguir que le gustaran los azotes y tirones de pelo que le daba su novio cada vez que tenían sexo. Ella tiene 21 años y él 19.

YOUTUBE

Lo que me alarmó del asunto es que ella me comentaba que ni siquiera sabía que le gustaba o si le asustaba. Pese a ello, prefería aprender a aceptarlo en vez de preguntarse por qué recibía ese trato o incluso hablarlo con él.

Con 19 años, aquel chico estaba reproduciendo lo que, seguramente, llevaba viendo desde la adolescencia. Un sexo en el que no se habla, se tiene la mano muy suelta y el daño se confunde a veces con el placer.

Eso no significa que no haya quien disfrute de este tipo de interacciones donde la dominación juegan un papel fundamental. Pero con 19 años no has experimentado lo suficiente como para saber si eso es realmente lo que te va.

Sobre todo cuando llega a preocupar a la persona con la que se está acostando, que participa con una mezcla entre deseo y miedo, haciendo que se le enreden también esos conceptos.

Nos falta concienciación en ese aspecto, y por eso hoy quiero hablaros de la idea de Nueva Zelanda para advertir a sus habitantes de que lo que ven en el porno no es la representación de lo que sucede en la vida sexual habitual (os la dejo debajo de estas líneas para que sepáis de lo que hablo).

En su campaña, dos actores porno llaman al timbre de una casa. Una señora les abre la puerta y ellos le comentan que vienen a buscar a su hijo, Matt, a quien conocen porque les suele ver online.

«Nos mira en el ordenador, en el iPad, PlayStation, el teléfono, su teléfono (el de la madre), SmartTv, proyector…», empiezan a decirle. «Solemos actuar para un público adulto, pero tu hijo es solo un niño. Puede que no sepa cómo funcionan las relaciones en realidad. Ni siquiera hablamos sobre consentimiento. Simplemente vamos directos al grano», dice la actriz.

«Sí, yo ni siquiera actúo de esa manera en la vida real», le responde su compañero de profesión.

Cuando el niño aparece (ordenador en mano), deja caer la taza de la sorpresa. La madre respira hondo. «Muy bien, Matty, creo que es el momento de tener una charla sobre las diferencias entre lo que ves online y las relaciones de verdad. No te voy a juzgar», le dice.

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Y es que por mucho que se dispongan de sistemas de control parental, es difícil limitar el acceso a una industria dirigida a un público mayor de edad que se mueve por Internet. Como el propio vídeo demuestra, la solución la tienen los padres.

Pero, ¿es justo que sean los propios progenitores los únicos responsables? ¿No vienen a menudo las películas del cine con advertencias de «Los sucesos y personajes retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia»?

Por supuesto que, en cada casa, hay que tener la famosa charla, esa de explicar los cambios por los que pasa el cuerpo y lo fundamental que es protegerse. Una conversación en la que fácilmente se puede incluir el asunto de la pornografía.

Sin embargo no puede ser solo trabajo de los padres. Hay que ser conscientes del poder de influencia que tiene el porno, de ahí que Nueva Zelanda sea todo un ejemplo al considerar que, como país, es su deber sensibilizar de la ficción que ven sus espectadores más jóvenes.

Los padres que vean ese anuncio, y no hayan tenido esta conversación, seguramente se planteen sacar el tema. Pero también entre los propios niños será un tema del que se hablará al poder sentirse retratados con el jovencísimo Matt.

¿La conclusión? Que esto es trabajo y responsabilidad de todos y no solo de unos pocos. Las campañas potencian la educación y ya que el porno es una industria tan extensa, al alcance de cualquiera, no debería limitarse a la educación familiar, si hacemos eso, nos arriesgamos a que el tema nunca llegue a salir. De ahí que sea fundamental que se ponga el problema ‘sobre la mesa’ en televisión o redes sociales.

Aunque sea limitándose a explicar, como en la campaña neozelandesa (que lo hacen de una forma muy divertida y concisa), que no es todo tan real y que las relaciones son muy distintas.

Duquesa Doslabios.

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Ni el coronavirus frena al porno

A estas alturas del mes, seguramente me leas desde casa, en un rato ocioso que has escogido de tu jornada de teletrabajo. Como tú, estoy yo: enchufada constantemente al portátil y siguiendo a rajatabla las pocas condiciones que me permiten salir de casa.

LELO FACEBOOK

Vivimos un esfuerzo casi global, sin embargo hay muchas industrias que se están escapando de las recomendaciones de mandar a los trabajadores a sus domicilios. En el caso del sector de la alimentación, no queda otra, pero ¿y si te digo que la pornografía también es una de ellas?

Por lo visto, productores de cine adulto han tomado la decisión de seguir grabando con normalidad, tomando unas simples medidas al respecto como son evitar los viajes de su equipo y grabar en la ciudad de residencia.

También desinfectar constantemente los espacios y materiales (algo que ya realizaban antes) o mantener la distancia de seguridad, siempre y cuando se pueda, serían otras estrategias que evitarían contagios.

Puedo entender que, teniendo en cuenta que una de sus mayores batallas es la de conseguir que sus intérpretes se mantengan sanos escapando de las enfermedades de transmisión sexual, sientan que se encuentran en terreno conocido.

Pero solo en cuanto a venéreas se refiere. Por mucho que tengan experiencia en esta materia, el Covid-19 sigue siendo un desconocido para todos.

Quizás un set de rodaje es mucho más sencillo de desinfectar que todo un supermercado o un autobús que se utiliza para el transporte público, pero sigue habiendo ocasiones de riesgo.

Te hablo de una industria en la que el contacto es imprescindible.

De hecho, dudo bastante que todas las películas que salgan en este periodo tengan a los protagonistas, todo el rato que dure esta, en la postura del perrito, una de las pocas que evita el contagio al estar las caras alejadas.

Que una de las medidas que garantice que un actor pueda participar sea comprobar que no tiene fiebre, demuestra que poco o nada se sabe de que también hay problema de propagar el virus cuando los síntomas todavía no han empezado a dar la cara.

Así que no puedo evitar preguntarme si, por mucho que se vean listos para afrontar la situación, no estén cometiendo el gigantesco error de pensar que están controlando todo, cuando pueden ser un foco de contagio innecesario.

Al final, quitando aquellos adictos al porno de la ecuación, no es algo de primera necesidad, como que siga habiendo medicamentos en la farmacia.

Duquesa Doslabios.

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De verdad que hay gente que se piensa que el sexo tiene que ser como el porno

¿Te acuerdas de cómo aprendiste cosas sobre el sexo? Yo te lo digo, no fueron las clases de educación sexual de una hora en todo el curso las encargadas de que descubrieras qué era eso de una felación.

Si no ha sido el listillo de la clase, el que sabía todo por su hermano mayor, me juego la coleta a que ha sido el porno.

BIJOUX INDISCRETS

Y vale que la primera vez que viste un pene o una vulva en tu vida, aquello te recordó casi a una criatura de otro planeta (sobre todo porque te parecía que sobraba piel por todos los lados). Pero eso no significa que se convierta en la referencia de tu vida.

De hecho, incluso hay casos de chicos que pasan miedo la primera vez que ven un pubis con pelo. Casi tienes que decirle «Shhh, tranquilo. No muerde, puedes acercar la mano. ¿Ves como es sociable?». No me quiero imaginar si eso ya pasaba con los millennials, qué vendrá después con la Generación Z.

Parece que los vaticinios no son muy positivos, o al menos si analizo los resultados del último estudio de Durex, quienes entrevistaron a 1.000 personas entre 18 y 24 años para saber cuál era su nivel de satisfacción sexual respecto al porno.

Una tercera parte estaba «sorprendida» de lo que era aquello si se comparaba con lo que veían en la pantalla, ya que antes de intimar, eso era lo más parecido al sexo que habían tenido.

También una tercera parte declaró que había afectado en lo que encontraban atractivo en su pareja (tetas gigantes, pubis siempre perfectamente depilados…).

Por último, la cuarta parte afirmaba que aquello no era tan bueno como lo esperaban, lo que les había pasado factura a la autoestima.

Imaginad qué tristeza estar toda tu adolescencia más salida que el pico de una mesa, llegue tu primera experiencia y descubras que no es tan bonito como pensadas. ¿No os da pena?

Si es que lo malo del porno es que ha pasado de ser un producto ‘de mentira’ a algo que esculpe cómo es o cómo debería ser el sexo.

Pero pensar que tu vida sexual va a ser como el porno es como esperar que de los huevos de la nevera salgan dragones porque has visto hace poco Juego de Tronos. No confundas la realidad con la ficción.

Tenemos la suerte de que contamos con más libertad que nunca para hablar de todo y que no es necesario que la educación se quede en la pornografía.

Hay un montón de sexólogos con redes sociales (no tienes excusa para no seguirlos), centros donde te ofrecen información e incluso programas de salud sexual.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si solo llego al orgasmo pensando en porno?

Para mí, llegar al orgasmo es tan fácil como pensar en porno. Aprieto los ojos y buceo por los rincones de mi cerebro hasta dar con la carpeta de erotismo, esa llena de todo tipo de imágenes y vídeos.

GTRES

Busco el que suele funcionar para estos casos, uno que vi hace años de una pareja en un vestuario, y el resto es historia. O, en este caso, orgasmo.

Pero, como a mí me pasa, me consta que no soy la única en recurrir a alguna imagen erótica cuando quiero ‘acelerar(me)’.

Para empezar, no tiene nada de malo. Si cada persona es un mundo con su sexualidad, y somos miles de millones, la cantidad de sexualidades diferentes es inmensa.

Además, tener algo que funciona como gatillo, nunca lo he visto como una desventaja, en todo caso como un superpoder sobre mi excitación.

Esto no significa que lo use siempre. Si fuera imprescindible que mi mente proyectara este tipo de pensamientos cada vez que intimo, significaría que no soy capaz de disfrutar plenamente del momento.

Pero para ciertas ocasiones, cuando me falta un plus o, simplemente, me apetece, lo reproduzco mentalmente.

En el veneno está la dosis y en la pornografía también. Si lo usamos a modo de píldora, como un simple aderezo, es equivalente a sazonar la vida sexual y hacerla también, a nuestra manera, variada.

Pero, ¿qué hay de los casos en los que es imprescindible para llegar? Como decía unas líneas más arriba, vamos a sexualidad por persona, por lo que ni es una enfermedad ni algo de lo que haya que sentirse culpable.

Partamos del punto de que no hay una manera correcta, no hay unas normas de estilo, ni un modelo definitivo sobre cómo tener sexo, cada individuo lo hace a su manera.

Y si se ha encontrado una manera de disparar el orgasmo, mediante la fantasía, ya sabemos que aquello funciona.

Aunque, para quienes estén todavía preocupados porque es su única forma de alcanzar el clímax, hay maneras de llegar sin tener que poner la película mental.

El punto de partida sería relajarse y limitarse a aplicar los conceptos de mindfulness al terreno sexual.

Convertir el placer en el centro de todo, el momento erótico en el aquí y el ahora, disfrutando plenamente sin la presión del orgasmo.

De esta forma se consigue conectar realmente y, poco a poco, conseguir que la situación, y la imagen de la vida real, es tanto o más efectiva que la que tenemos en el archivo.

Duquesa Doslabios.

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