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¿Entonces solo depende de los padres explicarles a sus hijos que el porno no es real?

Hace unos días, una lectora me preguntaba cómo podía conseguir que le gustaran los azotes y tirones de pelo que le daba su novio cada vez que tenían sexo. Ella tiene 21 años y él 19.

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Lo que me alarmó del asunto es que ella me comentaba que ni siquiera sabía que le gustaba o si le asustaba. Pese a ello, prefería aprender a aceptarlo en vez de preguntarse por qué recibía ese trato o incluso hablarlo con él.

Con 19 años, aquel chico estaba reproduciendo lo que, seguramente, llevaba viendo desde la adolescencia. Un sexo en el que no se habla, se tiene la mano muy suelta y el daño se confunde a veces con el placer.

Eso no significa que no haya quien disfrute de este tipo de interacciones donde la dominación juegan un papel fundamental. Pero con 19 años no has experimentado lo suficiente como para saber si eso es realmente lo que te va.

Sobre todo cuando llega a preocupar a la persona con la que se está acostando, que participa con una mezcla entre deseo y miedo, haciendo que se le enreden también esos conceptos.

Nos falta concienciación en ese aspecto, y por eso hoy quiero hablaros de la idea de Nueva Zelanda para advertir a sus habitantes de que lo que ven en el porno no es la representación de lo que sucede en la vida sexual habitual (os la dejo debajo de estas líneas para que sepáis de lo que hablo).

En su campaña, dos actores porno llaman al timbre de una casa. Una señora les abre la puerta y ellos le comentan que vienen a buscar a su hijo, Matt, a quien conocen porque les suele ver online.

“Nos mira en el ordenador, en el iPad, PlayStation, el teléfono, su teléfono (el de la madre), SmartTv, proyector…”, empiezan a decirle. “Solemos actuar para un público adulto, pero tu hijo es solo un niño. Puede que no sepa cómo funcionan las relaciones en realidad. Ni siquiera hablamos sobre consentimiento. Simplemente vamos directos al grano”, dice la actriz.

“Sí, yo ni siquiera actúo de esa manera en la vida real”, le responde su compañero de profesión.

Cuando el niño aparece (ordenador en mano), deja caer la taza de la sorpresa. La madre respira hondo. “Muy bien, Matty, creo que es el momento de tener una charla sobre las diferencias entre lo que ves online y las relaciones de verdad. No te voy a juzgar”, le dice.

Te puede interesar: Tu hijo ve porno y tú no lo sabes: la campaña viral de concienciación del Gobierno de Nueva Zelanda

Y es que por mucho que se dispongan de sistemas de control parental, es difícil limitar el acceso a una industria dirigida a un público mayor de edad que se mueve por Internet. Como el propio vídeo demuestra, la solución la tienen los padres.

Pero, ¿es justo que sean los propios progenitores los únicos responsables? ¿No vienen a menudo las películas del cine con advertencias de “Los sucesos y personajes retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia”?

Por supuesto que, en cada casa, hay que tener la famosa charla, esa de explicar los cambios por los que pasa el cuerpo y lo fundamental que es protegerse. Una conversación en la que fácilmente se puede incluir el asunto de la pornografía.

Sin embargo no puede ser solo trabajo de los padres. Hay que ser conscientes del poder de influencia que tiene el porno, de ahí que Nueva Zelanda sea todo un ejemplo al considerar que, como país, es su deber sensibilizar de la ficción que ven sus espectadores más jóvenes.

Los padres que vean ese anuncio, y no hayan tenido esta conversación, seguramente se planteen sacar el tema. Pero también entre los propios niños será un tema del que se hablará al poder sentirse retratados con el jovencísimo Matt.

¿La conclusión? Que esto es trabajo y responsabilidad de todos y no solo de unos pocos. Las campañas potencian la educación y ya que el porno es una industria tan extensa, al alcance de cualquiera, no debería limitarse a la educación familiar, si hacemos eso, nos arriesgamos a que el tema nunca llegue a salir. De ahí que sea fundamental que se ponga el problema ‘sobre la mesa’ en televisión o redes sociales.

Aunque sea limitándose a explicar, como en la campaña neozelandesa (que lo hacen de una forma muy divertida y concisa), que no es todo tan real y que las relaciones son muy distintas.

Duquesa Doslabios.

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Ni el coronavirus frena al porno

A estas alturas del mes, seguramente me leas desde casa, en un rato ocioso que has escogido de tu jornada de teletrabajo. Como tú, estoy yo: enchufada constantemente al portátil y siguiendo a rajatabla las pocas condiciones que me permiten salir de casa.

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Vivimos un esfuerzo casi global, sin embargo hay muchas industrias que se están escapando de las recomendaciones de mandar a los trabajadores a sus domicilios. En el caso del sector de la alimentación, no queda otra, pero ¿y si te digo que la pornografía también es una de ellas?

Por lo visto, productores de cine adulto han tomado la decisión de seguir grabando con normalidad, tomando unas simples medidas al respecto como son evitar los viajes de su equipo y grabar en la ciudad de residencia.

También desinfectar constantemente los espacios y materiales (algo que ya realizaban antes) o mantener la distancia de seguridad, siempre y cuando se pueda, serían otras estrategias que evitarían contagios.

Puedo entender que, teniendo en cuenta que una de sus mayores batallas es la de conseguir que sus intérpretes se mantengan sanos escapando de las enfermedades de transmisión sexual, sientan que se encuentran en terreno conocido.

Pero solo en cuanto a venéreas se refiere. Por mucho que tengan experiencia en esta materia, el Covid-19 sigue siendo un desconocido para todos.

Quizás un set de rodaje es mucho más sencillo de desinfectar que todo un supermercado o un autobús que se utiliza para el transporte público, pero sigue habiendo ocasiones de riesgo.

Te hablo de una industria en la que el contacto es imprescindible.

De hecho, dudo bastante que todas las películas que salgan en este periodo tengan a los protagonistas, todo el rato que dure esta, en la postura del perrito, una de las pocas que evita el contagio al estar las caras alejadas.

Que una de las medidas que garantice que un actor pueda participar sea comprobar que no tiene fiebre, demuestra que poco o nada se sabe de que también hay problema de propagar el virus cuando los síntomas todavía no han empezado a dar la cara.

Así que no puedo evitar preguntarme si, por mucho que se vean listos para afrontar la situación, no estén cometiendo el gigantesco error de pensar que están controlando todo, cuando pueden ser un foco de contagio innecesario.

Al final, quitando aquellos adictos al porno de la ecuación, no es algo de primera necesidad, como que siga habiendo medicamentos en la farmacia.

Duquesa Doslabios.

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De verdad que hay gente que se piensa que el sexo tiene que ser como el porno

¿Te acuerdas de cómo aprendiste cosas sobre el sexo? Yo te lo digo, no fueron las clases de educación sexual de una hora en todo el curso las encargadas de que descubrieras qué era eso de una felación.

Si no ha sido el listillo de la clase, el que sabía todo por su hermano mayor, me juego la coleta a que ha sido el porno.

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Y vale que la primera vez que viste un pene o una vulva en tu vida, aquello te recordó casi a una criatura de otro planeta (sobre todo porque te parecía que sobraba piel por todos los lados). Pero eso no significa que se convierta en la referencia de tu vida.

De hecho, incluso hay casos de chicos que pasan miedo la primera vez que ven un pubis con pelo. Casi tienes que decirle “Shhh, tranquilo. No muerde, puedes acercar la mano. ¿Ves como es sociable?”. No me quiero imaginar si eso ya pasaba con los millennials, qué vendrá después con la Generación Z.

Parece que los vaticinios no son muy positivos, o al menos si analizo los resultados del último estudio de Durex, quienes entrevistaron a 1.000 personas entre 18 y 24 años para saber cuál era su nivel de satisfacción sexual respecto al porno.

Una tercera parte estaba “sorprendida” de lo que era aquello si se comparaba con lo que veían en la pantalla, ya que antes de intimar, eso era lo más parecido al sexo que habían tenido.

También una tercera parte declaró que había afectado en lo que encontraban atractivo en su pareja (tetas gigantes, pubis siempre perfectamente depilados…).

Por último, la cuarta parte afirmaba que aquello no era tan bueno como lo esperaban, lo que les había pasado factura a la autoestima.

Imaginad qué tristeza estar toda tu adolescencia más salida que el pico de una mesa, llegue tu primera experiencia y descubras que no es tan bonito como pensadas. ¿No os da pena?

Si es que lo malo del porno es que ha pasado de ser un producto ‘de mentira’ a algo que esculpe cómo es o cómo debería ser el sexo.

Pero pensar que tu vida sexual va a ser como el porno es como esperar que de los huevos de la nevera salgan dragones porque has visto hace poco Juego de Tronos. No confundas la realidad con la ficción.

Tenemos la suerte de que contamos con más libertad que nunca para hablar de todo y que no es necesario que la educación se quede en la pornografía.

Hay un montón de sexólogos con redes sociales (no tienes excusa para no seguirlos), centros donde te ofrecen información e incluso programas de salud sexual.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si solo llego al orgasmo pensando en porno?

Para mí, llegar al orgasmo es tan fácil como pensar en porno. Aprieto los ojos y buceo por los rincones de mi cerebro hasta dar con la carpeta de erotismo, esa llena de todo tipo de imágenes y vídeos.

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Busco el que suele funcionar para estos casos, uno que vi hace años de una pareja en un vestuario, y el resto es historia. O, en este caso, orgasmo.

Pero, como a mí me pasa, me consta que no soy la única en recurrir a alguna imagen erótica cuando quiero ‘acelerar(me)’.

Para empezar, no tiene nada de malo. Si cada persona es un mundo con su sexualidad, y somos miles de millones, la cantidad de sexualidades diferentes es inmensa.

Además, tener algo que funciona como gatillo, nunca lo he visto como una desventaja, en todo caso como un superpoder sobre mi excitación.

Esto no significa que lo use siempre. Si fuera imprescindible que mi mente proyectara este tipo de pensamientos cada vez que intimo, significaría que no soy capaz de disfrutar plenamente del momento.

Pero para ciertas ocasiones, cuando me falta un plus o, simplemente, me apetece, lo reproduzco mentalmente.

En el veneno está la dosis y en la pornografía también. Si lo usamos a modo de píldora, como un simple aderezo, es equivalente a sazonar la vida sexual y hacerla también, a nuestra manera, variada.

Pero, ¿qué hay de los casos en los que es imprescindible para llegar? Como decía unas líneas más arriba, vamos a sexualidad por persona, por lo que ni es una enfermedad ni algo de lo que haya que sentirse culpable.

Partamos del punto de que no hay una manera correcta, no hay unas normas de estilo, ni un modelo definitivo sobre cómo tener sexo, cada individuo lo hace a su manera.

Y si se ha encontrado una manera de disparar el orgasmo, mediante la fantasía, ya sabemos que aquello funciona.

Aunque, para quienes estén todavía preocupados porque es su única forma de alcanzar el clímax, hay maneras de llegar sin tener que poner la película mental.

El punto de partida sería relajarse y limitarse a aplicar los conceptos de mindfulness al terreno sexual.

Convertir el placer en el centro de todo, el momento erótico en el aquí y el ahora, disfrutando plenamente sin la presión del orgasmo.

De esta forma se consigue conectar realmente y, poco a poco, conseguir que la situación, y la imagen de la vida real, es tanto o más efectiva que la que tenemos en el archivo.

Duquesa Doslabios.

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¿Porno sin imágenes? Déjate excitar por el oído

Parece que la pornografía es la única opción que existe a la hora de estimularse por cuenta propia. Como si todo el morbo se redujera a eso, imágenes que imitan, o buscan imitar, un intercambio que es el que realmente resulta excitante.

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Su recorrido, de varias décadas, se ha hecho con un mercado en el que difícilmente podían competir las novelas eróticas, especialmente desde la eclosión de internet ligada a un ultradesarrollo de la tecnología. Pero ni solo de pan vive el hombre ni solo de porno la excitación.

En mi búsqueda de fuentes alternativas, aparecieron los relatos eróticos escritos por personas anónimas en plataformas gratuitas. Un espacio en el que, mediante categorías, podías llegar a aquellas historias de tu gusto.

Leer erotismo tiene algo que le falta a la pornografía. Ese uso de la imaginación apoyado por palabras tan evocativas como “lamer” o “penetrar” te sacuden de una manera que ya quisieran las películas.

Mi último descubrimiento, el proyecto que han puesto en marcha sobre una estimulación sexual alternativa para mujeres sin imágenes (porque sí, definitivamente puedes excitarte sin necesidad de ver a un actor eyaculando sobre la cámara, que es algo que más que morbo, te da vergüenza ajena).

Quinn, que se lanzará el 13 de abril, y en palabras de su fundadora, Caroline Spiegel, “No tendrá contenidos visuales, solo audio e historias escritas. Y lo mejor es que esto es una fuente abierta, de manera que la gente puede subrayó sus fantasías o contenidos propios”.

QUINN

Eso sí, pasando por el filtro de los creadores antes de aparecer en línea.

Sus objetivos son varios: en primer lugar, desempolvar la imaginación evitando que nos acomodemos a un estímulo en el que somos sujetos pasivos y no activos.

En segundo lugar, luchar contra la idea de las mujeres teniendo placer que nos llevan vendiendo las películas porno estos años, alejándose del prisma masculino que crea ficciones para estimular a una audiencia que son mayoritariamente hombres.

Y, en tercer lugar, llegar a un nuevo público que, quizás como yo o como muchas de mis amigas, no nos hemos llegado a sentir nunca cómodas ni con ese concepto de la sexualidad ni de la excitación de las películas X explorando otras vías de placer, desconocidas hasta ahora, pero, seguramente igual o más placenteras.

Duquesa Doslabios.

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Tu gatillazo se apellida ‘porno’

Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, nos hemos topado con el porno. La curiosidad, algo norma, a edades tempranas es muy fuerte y termina con esas búsquedas a escondidas desde el móvil o el ordenador que vienen seguidas, en el caso de los más prudentes, de otras investigaciones a golpe de buscador sobre cómo hacer desaparecer el indiscreto historial.

LELO

El porno nos convierte en espectadores activos o pasivos por mucho que, acompañando la visualización, llevemos a cabo alguna acción. Un espectador pasivo es, a mi parecer, quien recibe el contenido dándolo por válido y veraz, utilizándolo como fuente de estímulo tal y cómo lo ve.

Por otro lado, el espectador activo tiene una actitud más crítica ante la pornografía. También puede disfrutar del contenido, pero los vídeos, los comportamientos que aparecen en ellos, hacen que se cuestione la realidad de lo que está viendo entendiendo que es una ficción con la que no tiene por qué estar de acuerdo. Son personas más juiciosas que limitan el porno a momentos concretos o a búsqueda de ideas para aderezar la vida sexual.

Un espectador activo tiene el poder sobre la pornografía, mientras que el pasivo terminará consiguiendo, como desarrollaré más adelante, que el porno tome las riendas de su vida (sexual).

Convertir las películas de contenido sexual explícito en una fuente de satisfacción constante pasa una factura muy alta al cuerpo, y tiene nombre y apellidos: disfunción eréctil.

Pero bueno, disfunción eréctil ha existido siempre, me diréis. No es una novedad que haya descubierto yo de repente. Lo que no ha existido siempre, y esta es la novedad, es en hombres jóvenes sanos entre 18 y 30 años.

El cambio de clientela lo han notado, con sorpresa, las clínicas especializadas en tratar la salud sexual masculina, que han visto como su parroquia de hombres de cierta edad aquejados del problema se veían sustituidos por chicos.

Sin enfermedades, sin problemas de salud, sin nada que aparentemente pudiera justificar el trastorno sexual, los expertos tuvieron que analizar qué diferenciaba la sexualidad de esa generación con las anteriores. ¿Adivináis que diferencia encontraron? Correcto, un móvil conectado a internet 24 horas con acceso al porno.

La pornografía existía ya, sí, pero tenías que pasar por el proceso de hacerte con un DNI de alguien mayor de edad, ir al videoblub de tu zona y dar con la película a tiempo de que ni el dueño de Blockbuster ni tus padres te pillaran el VHS en el reproductor.

Una serie de barreras que, ‘gracias’ a la tecnología ya no tenemos. ¿El resultado? Barra libre de porno sin ningún tipo de control en el teléfono. Y además un porno más persuasivo que nunca que consigue provocar la mayor estimulación sexual gracias a las tomas, conceptos, reparto y medios para rodar las películas.

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Y a mayor estimulación, mayor dependencia, una dependencia que se traduce en adicción ya que el abuso del porno, como cualquier droga, provoca cambios en el cerebro alterando la dopamina. Algo que explican en Boston Medical Group: “se crea una mayor resistencia a la misma y se pierden muchos receptores en las células nerviosas. Al igual que la dependencia de las drogas, el cuerpo y el cerebro necesitan una mayor dosis de porno para poder sentir lo mismo que la primera vez”.

Traducción: llegas a un punto en el que nada te excita. Tu deseo sexual normal de chico de 21 años está acostumbrado a un nivel tan alto de estimulación que, las relaciones de pareja clásicas se vuelven aburridas afectando a las relaciones íntimas. Un fenómeno que en la clínica bautizan como “desensibilización”. “Hay una desconexión cerebro-genital y aparecen los problemas de erección”, declaran.

Llegados a este punto, el tratamiento es la única solución, una solución que, para más inri, le cuesta más a los jóvenes que pueden tardar hasta tres años en recuperarse. Pero, no desesperéis, adictos al porno, hay luz al final del túnel.

“Los pacientes que dejan la pornografía entran en una etapa conocida como planicie, con una pérdida de la líbido, indiferencia sexual, pérdida de erecciones nocturnas e incluso depresión”, dicen desde Boston Medical Group”. “Es en ese momento donde hay que tener más precauciones, porque para combatirlo, los hombres pueden volver a recaer en ver nuevamente porno, activándose de nuevo la dependencia”, declaran.

No obstante, y como alumna fiel de la escuela de “mejor prevenir que curar”, la respuesta la tienes unos párrafos más arriba. Con el porno las tres “P”: precaución con su consumo, nunca dejar que llegue a convertirse en la única fuente de estimulación; pensamiento crítico comprendiendo que lo que estamos viendo es una ficción y en ningún caso la vida real; y poder que debemos ejercer sobre ella y no ella sobre nosotros alterando nuestro cerebro y afectando a la vida sexual.

Duquesa Doslabios.

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El día que se encontraron la pornografía y la realidad virtual

La realidad virtual parece no tener límites. De los videojuegos ha empezado a aparecer en sectores tan dispares como el de la salud llegando incluso a aplicarse en simuladores informáticos que ayudan a recuperarse a las personas que han padecido un ictus.

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Supongo que era solo cuestión de tiempo que en algún momento de la vida de la nueva tecnología informática, esta se cruzara por el camino con la pornografía.

Yo me cruce con ambas también en el Salón Erótico de Barcelona, donde conocí a Omar Rinaz de Virtual x Tube, que precisamente han averiguado cómo aplicar la tecnología de la realidad virtual a la pornografía creando una experiencia erótica totalmente novedosa.

Con unas gafas en las que colocas el teléfono móvil, cualquier dispositivos es capaz de reproducir la vivencia. ¿Su punto de partida? Los videojuegos, el sector donde empezaron.

Dentro del boom de la vr, cualquier aplicación novedosa supone estar a la última, lo que precisamente les animó a lanzarse al nuevo sector.

“Hemos producido algunos vídeos” me dice Omar mientras pruebo la experiencia interactiva del striptease que, además de situarte virtualmente a solas con una mujer, propone diferentes opciones en una especie de Sims sexual.

Tanto él como sus compañeros se decidieron a tirar por la industria del cine X a partir de que floreciera la realidad virtual ya que es una tecnología que resulta atractiva para todo el mundo, “aunque sí que es verdad que los más jóvenes tenemos más acceso a la tecnología” me dice Omar.

La experiencia virtual, para él, a diferencia de una película porno convencional “tiene un valor añadido. Cuanto más interactivo es algo más valor tiene“.

Su compromiso, aunque no saben cuáles pueden ser las fronteras de su idea, es hacerlo “lo más ético posible”, aunque se encuentran a la espera de productoras o gente interesada ya que no son expertos en el contenido audiovisual.

La principal diferencia para ellos es que producir un vídeo de estas características requiere menos complicación ya que es menos técnico que un videojuego. 

Si el negocio está en Internet y la mayor parte de internet es la pornografía, “ahí hay dinero” me dice Omar. “Con la tecnología te abres al mundo” afirma, y en su caso bien es cierto, ya que se abre un mundo erótico lleno de posibilidades. 

¿Estamos ante la nueva manera de consumir pornografía?

Duquesa Doslabios.

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“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.

Pornografía, ¿diversión “inocente” o infidelidad?

Dicen que ojos que no ven, corazón que no siente. Pero ¿y si los ojos ven y lo que miran es pornografía?

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Tengo 26 años y llevo viendo porno desde los 17, que fue cuando tuve un portátil para mí sola (y cuando aprendí a borrar el historial).

En este tiempo nada ha hecho que dejara de verlo. He tenido épocas de mi vida en las que lo veía con más frecuencia, otras menos y otras, prácticamente, nada.

Es algo un poco aleatorio y no depende de si tengo o no pareja, a veces me apetece, a veces no, a veces tiro de archivo o me meto a leer relatos eróticos… Lo que tiene el porno es que es un recurso fácil que, como dice una amiga mía, nos apaña porque lo tenemos “a mano”, y literalmente.

No hace falta pensar, basta mirar y atender a la respuesta física. Como animales que somos, los estímulos visuales de la pornografía nos producen excitación. Como cuando alguien bosteza y seguidamente te entran ganas de repetir la acción aunque no tengas sueño.

Así como también nos lo puede producir además de la película, un recuerdo o una fantasía salida de nuestra imaginación.

Sin embargo, son vivencias que forman parte de nuestra vida sexual individual, no por hacerlo solos, sino por que hablo de aquella propia de cada individuo.

La cabeza es libre, no hay intimidad real con otra persona, y, como dice otro amigo (pregunté a muchos al respecto) “pensar en robar un banco no significa que lo vayas a robar”.

Otra cosa es que la pornografía se convierta en una obsesión y reste tiempo de estar con nuestra pareja, altere nuestros hábitos o produzca ansiedad por no vivir en carnes esa “realidad sexual” que termina al grito de “Corten” (aunque eso no lo veamos).

El porno es un show, un espectáculo, un producto para pasar un buen rato y debe ser tratado como tal, no como un reflejo fiel de la realidad.

Además de usarlo a solas o en compañía, podemos “tomar nota” y usarlo como fuente de ideas para ponerlas luego con alguien a prueba. Si se atreve…

Duquesa Doslabios.

El consumidor de porno del futuro según una Inteligencia Artificial

Es de humanos encontrar usos alternativos de todo, desde animales que predicen los resultados de eventos deportivos o elecciones políticas hasta robots destinados a dar “Me gusta” a cuentas infladas de Instagram pasando por programas capaces de predecir nuestras búsquedas en la web.

Intro de Rick y Morty. YOUTUBE

A Youporn este es un tema que le preocupa especialmente (obviamente quiere estar al tanto de qué cosas vamos a estar mirando cuando nos dediquemos a masturbarnos este año) por lo que ha usado una Inteligencia Artificial para hacerse una idea del contenido que buscaremos en el futuro.

Pero claro, cuando metes confrontados algoritmos con pajas, la cosa puede salir un poco extraña. Extraña por no decir rara de narices, y si no, echadle un vistazo a la lista de supuestas modas X en 2018:

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De las tendencias de 2017 que revelaron que los usuarios de la web tenían una fuerte predisposición por las mujeres maduras (milf), los masajes, las lesbianas, las japonesas (¿de verdad nos fascina el porno censurado?), el sexo amateur, el anal o el hentai se pasan a cosas tan curiosas como German Mom Hour, Hora de la mamá alemana, que sabe perfectamente como manejarse con las würstel (el chiste era demasiado fácil como para no hacerlo).

De la happy hour con la amiga del chucrut y la cerveza al “Girl Time Flanty” que, según el diccionario urbano, significa estar hasta las cejas de alcohol y otras drogas. Yo no sé a quién le va a gustar ver a chicas totalmente colocadas con la mandíbula desencajada, pero si esto realmente se va a convertir en tendencia, os puedo garantizar que no tiene nada de sensual el “Momento de chicas con un ciego del quince” ya que suele resumirse en sujetarle el pelo a tu amiga que va pasadísima y llevarle un vaso de agua.

Al usuario de este año le pondrá a cien, según la IA, la incestuosa relación entre T’Challa y Suri, los hermanos de Black Panther. Aunque siendo sincera, tampoco podemos escandalizarnos teniendo en cuenta que somos fieles seguidores del amor entre Cersei y Jaime Lannister en Juego de Tronos (a ti también te parecen ridículamente sensuales y lo sabes).

La exploración de términos en buscadores generales tales como los ganadores de patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de Invierno, Tessa Virtue y Scott Moir, o el supuesto affair de Donald Trump con la actriz porno Stormy Daniels también aparecen reflejados. ¿Pajilleros? Sí. ¿Interesados en la política y el deporte? También.

Dentro de las tendencias “normales” que podrían tener algún sentido encontramos la “grandjob” para los aficionados de los juegos de manos sexuales practicados por alguien de la tercera edad, el “spray and pay“, referente a eyacular sobre la cara, “cock milking table” para quienes disfruten del espectáculo de un cimbrel encajado en el agujero de una mesa llena de esperma o “Wow“, porque al igual que los seguidores de la política y deportes, los gamers también descubrirán que se tendrán en cuenta sus fantasías.

Sin embargo, lo mejor de la lista son los términos que parecen como resultado de uniones de palabras aleatorias como “Passionation“, “Lesbian Masturbinge” (ya que “binge-watch” se utiliza para hacer referencia a los maratones de series online), “Orgysty“, “Free iGlasses porn” porque si ves porno en tu iPhone, en tu Mac y en tu iPad por supuesto querrás verlo en las gafas de Apple o “Tang Pong“, el nuevo sustituto del Strip Poker pero con la bebida anaranjada, ya que lo de colocarse se lo dejamos a las chicas de los vídeos de “Girl Time Flanty.