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¿Y si Netflix quiere que nos cuestionemos la monogamia con ‘Emily en París’?

No sé si te pasa, pero cuando reflexiono sobre la monogamia, no siento que sea algo que haya elegido realmente. Más bien, me he limitado a aceptarla en mi vida sin darme cuenta, con toda la normalidad del mundo.

@EMILYINPARIS

Tampoco existían muchas alternativas a ella.

Cuando, de más adulta, he podido reflexionar largo y tendido sobre ella, he caído en que -por mucho que no me pareciera sostenible una unión cerrada de por vida con una sola persona-, está tan integrada en la sociedad, que es muy difícil vivir de otra manera.

Todos los libros que he leído en mi adolescencia, las películas que he visto o incluso las canciones que he escuchado me hacían llegar a la misma conclusión: el amor verdadero son dos y para siempre.

Cualquier otra cosa que se saliera de ahí, no se podía llamar amor.

Está tan enrevesado este concepto con la exclusividad sexual que, poner sobre la mesa otros modelos de relación, es inaceptable para la mayoría de nosotros (y ya ni os hablo de la opinión que suscitaría en nuestro entorno más cercano).

Quizás por eso lo más subversivo de Emily en París, una de las novedades de Netflix, me parezca cómo plantean el ‘amor a la francesa’: relaciones abiertas.

Por supuesto que la serie es un cliché andante (no faltan las boinas, planos de la Torre Eiffel y cruasanes en todos los capítulos) y los franceses no escapan de él: la seducción es su estilo de vida y son incapaces de ser fieles.

El choque de la protagonista (de origen estadounidense) respecto a sus compañeros de trabajo y amigos en cuanto a las relaciones, es algo que aparece en el primer capítulo y le acompaña hasta el último de ellos.

En la ficción, lo habitual entre los parisinos es tener un matrimonio en el que los amantes están más que aceptados ¡e incluso tienen relación de amistad con ambos miembros de la pareja!

Amor y sexo a varias bandas que se puede resumir en una de las frases de la jefa de Emily: “No quiero el 100% de nadie ni que nadie tenga el 100% de mí“.

Y no puedo evitar pensar que, quizás si estos fueran los referentes de la cultura popular con los que crecemos, tendríamos una idea diferente de lo que son las parejas.

Duquesa Doslabios.

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‘365 días’, ni tan erótica ni sucesora de ‘Cincuenta sombras de Grey’

Cada vez estoy más convencida de que el cine es una de las herramientas más potentes del patriarcado para romantizar la violencia de género.

No dejes de leer todavía, que voy a justificar mi respuesta.

@iammichelemorroneofficial

Desde hace unas semanas, la película 365 días no deja de salir en la lista de las más populares en Netflix. Una popularidad que viene, en parte, por quienes dicen que es la nueva versión de Cincuenta sombras de Grey.

Para que te ahorres el verla, te voy a resumir la trama en una línea: un mafioso millonario secuestra a una mujer con la que una vez soñó y le da un año para enamorarse de el.

Ya para empezar, solo pensar en que un desconocido que ha soñado conmigo me mantenga retenida a la fuerza durante un año (o el tiempo que sea en realidad) me parece escalofriante.

Pero ahí empieza la capa de purpurina: el actor que interpreta al protagonista no tiene nada que ver con los que suelen salir detenidos en las noticias. Es guapo, joven, está en forma y se compromete a no tocarla hasta que ella se enamore de él. ¿Todo un caballero? Todo un lavado de cerebro.

Mientras una sucesión de escenas que parecen salidas de Pretty Woman -por aquello de que él le compra todo tipo de cosas-, ponen el lazo al objetivo de sacarle el romanticismo a un delito, muchas de las espectadoras de la película afirman fantasear con secuestros.

Que una mujer vea este tipo de películas y sueñe con protagonizar algo así es como si una persona homosexual comienza a fantasear con agresiones homófobas porque hay una película que las expone como parte de una historia romántica.

Si eso parece una barbaridad, ¿por qué esto no?

Y eso solo en cuanto al hilo conductor. En la película no faltan estereotipos de industria pornográfica como violaciones, violencia física durante el sexo y por supuesto la premisa de que lo que más desea la víctima es practicarle una felación a su secuestrador.

No que le hagan un buen cunnilingus de esos en los que terminas sudada, con el pelo enmarañado y despatarrada, no. Viendo que así es cómo se representa el deseo femenino, da la sensación de que las personas autoras la ficción saben poco o nada de lo que realmente nos excita a las mujeres.

O quizás es que, una vez más, estamos ante el nuevo ejemplo de adoctrinamiento por parte de la cultura popular y sus productos de éxito. Violencia física, sexo sin consentimiento y una relación sexual en la que el pene es el centro.

¿Y lo peor? Que esta ficción tenga cabida en una plataforma del alcance de Netflix.

Una historia tan vieja, casposa, machista y cansina que de verdad hace que me pregunte por qué no parece haber interés en sacar tramas nuevas en las que se inviertan los papeles.

En explorar otros tipos de relaciones que no estén basadas en un hombre dominante y una mujer sumisa, que nos conviertan en sujetos activos y no en las habituales víctimas. Unas ficciones que nos empoderen, no que nos sigan doblegando.

Porque aunque solo sea una película, el cine nos moldea, nos enseña y nos sirve de referente. Así que yo pregunto, ¿son estas las relaciones que queremos? ¿No es una forma de perpetuar relaciones desiguales entre hombres y mujeres?

Duquesa Doslabios.

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Hablando de penes, ¿te suena el concepto ‘boyfriend dick’?

Me he enganchado a un programa de Netflix, es el típico reality en el que sus concursantes parecen recién salidos del gimnasio y del cirujano plástico a la vez.

DEREK ROSE FACEBOOK

¿El objetivo? Que siendo solteros y expertos en el arte del ligoteo, resistan sus impulsos y creen relaciones profundas más allá del físico.

Los diálogos, como era de esperar, son para acuñar. Uno de los que más me llamó la atención fue cuando uno de los participantes hablaba que su secreto para conquistar era su pene.

Parece ser que no tenía un aparato corriente. El suyo era un pene de novio o boyfriend dick. “No es ni muy grande ni muy pequeña. Es perfecta y bonita”, explicó el concursante alegando que por esa razón se enamoraban de él.

Y aunque su definición se ha vuelto muy popular (ha llegado incluso a sacar una línea de ropa con el término), hace unos años lo recogió también el Urban Dictionary como “el tipo de pene que puedes montar cada noche porque encaja perfectamente”.

Pero, ¿es así como vemos nosotras la pareja? Que yo sepa, no es habitual hacer un test previo preguntando por el tamaño de los genitales no vaya a ser que sean demasiado o demasiado poco.

Es más, solemos estar más preocupadas de que encajemos con la persona que de hacerlo con su pene cuando nos planteamos una relación.

Claro que el sexo es importante, pero a la hora de la verdad, es más crucial cómo se desenvuelve, la química que hay (que puede vencer cualquier problema de tamaño) y las ganas hacia la otra persona.

Tenemos una variedad tan grande de juguetes y tantas posibilidades a la hora de tener sexo que reducir todo el amor y las relaciones de pareja a una cuestión de centímetros, se queda cojo.

Al final, no nos enamoramos de un pene, aunque igual sería más fácil.

Esa prolongación de los órganos sexuales, que es la persona que le acompaña, suele ser la verdadera razón por la que nos animamos a tener pareja.

Duquesa Doslabios.

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Nada nuevo en ‘The Witcher’, otra serie de ficción cuyo gancho son las tetas

Antes de terminar el año quise engancharme a una última serie, la que marcaría el final de 2019. La elegida no fue otra que ‘The Witcher’. Sin saber qué iba a encontrar, me sumí en ese mundo mágico de criaturas de cuento, tramas de poder y mucha magia. Pero si algo se repetía capítulo a capítulo eran las tetas.

@witchernetflix

Su (ambicioso) objetivo era darnos a los huérfanos de ‘Juego de Tronos’ una serie que llenara el vacío. Analizando el aspecto sexual de la ficción, ¿podemos afirmar que ha sido misión cumplida?

Fue en 2011 cuando salió el primer capítulo de ‘Juego de Tronos’. Desde entonces, Hollywood ha vivido el escándalo de Harvey Weinstein, un sinfín de actrices denunciando abusos sexuales o protestando por mostrar su cuerpo (la propia Emilia Clarke llegó a cansarse de que recordáramos más a Daenerys sin ropa) que dio comienzo a los movimientos #TimesUp y #MeToo. Una marea feminista que llegó a todos los países del mundo.

En 8 años, la ficción que quiere ser su relevo -o al menos así nos la venden en redes sociales, conversaciones de amigos y hasta en la prensa-, no ha aprendido una sola de las lecciones de las que pecó la serie de HBO pese a que luego intentó reconducir los desnudos en pantalla.

Las mujeres lo hemos dicho en Twitter, en la calle a grito pelado delante del Congreso de los Diputados, en la comida familiar con el pariente machista de turno. Estamos hartas de ser consideradas un trozo de carne.

De eso, ‘The Witcher’ sabe un rato. En vez de marcar un antes y un después, la serie ha preferido convertir los 8 años de protestas, de malestar, de reivindicación, de avance, en un gigantesco paso atrás.

Tenemos muchas protagonistas femeninas, fuertes y valientes con personalidades de las que sentirnos orgullosamente identificadas, pero siempre con tetas fuera. Muchas tetas.

Si en los episodios hubiera la misma cantidad de hombres desnudos, no diría una sola palabra, pero una vez más, parece que solo la visión de la carne femenina es la que consigue funcionar como gancho para mantener a un espectador (masculino, por supuesto) interesado.

¿Por que si la trama no es lo bastante absorbente no tendría más sentido perfeccionarla hasta que fuera algo de lo que resultara imposible despegar los ojos, por su interés argumental, en vez de llenar los huecos con pechos?

Igual es que es demasiado esfuerzo trabajar en un guión con lo fácil que resulta meter tetas en la pantalla, como quien reenvía felicitaciones navideñas en los grupos de WhatsApp.

Y eso sin olvidar que una de las protagonistas debe pasar por la dolorosa cirugía estética mágica para lograr su sueño: ser guapa. La sirenita moderna no cambia la voz por unas piernas, sino su útero y ovarios por un físico espectacular.

Hasta en ese cliché han caído.

Debe ser que los productores no quieren que las mujeres nos olvidemos de que, además de ser un objeto decorativo de las escenas menos interesantes -desnudos que no aportan nada a la trama-, tenemos que seguir dispuestas a renunciar a lo que sea por la belleza.

Incluso si el precio es la maternidad, nada es tan importante como una mujer bonita.

En resumen, he terminado la serie sintiendo que estaba de nuevo en 1950.

Y, por supuesto, como toda ficción televisiva que se precie, el único sexo que aparece en pantalla es la penetración. Ya no hablamos de otro tipo de prácticas ni de estimulaciones. O gira todo alrededor del pene, o no hay serie.

Quienes están detrás de la adaptación a la pequeña pantalla de ‘The Witcher’ pueden sentirse orgullosos. Lo han conseguido.

Para mí no solo han alcanzado a ‘Juego de Tronos’, sino que repitiendo su patrón machista y cosificador –ese que parece darnos a entender que las mujeres somos un complemento para adornar las escenas-, lo han superado, ya que no han aprendido nada de las críticas que recibió su predecesora en cuanto a los desnudos.

Solo decirle a Netflix que si sabe contar, no cuente conmigo entre la audiencia de la segunda temporada de su flamante apuesta. No pienso seguir viendo, a estas alturas, una serie en la que de nuevo el principal atractivo es que salgan mujeres sin ropa.

Duquesa Doslabios.

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¿Es Netflix el culpable de tu (escasa) vida sexual?

Los estudios lo confirman y mis amigas son la mejor prueba de ello, los jóvenes tenemos menos sexo (si no sabes de qué hablo, puedes leerte antes ¿Ha llegado el apocalipsis sexual?).

PIXABAY

Pero, ¿cómo no vamos a tener menos sexo? Para vivir, al menos en España, y de alquiler en un piso minúsculo, necesitas dos salarios. Tu horario no siempre es el mismo que el de tu pareja.

A eso le sumas que las jornadas rondan entre las 9 y las 12 horas y que el fin de semana es cuando toca limpiar y cocinar (que no está la cosa para comer todos los días fuera).

Con ese ritmo de vida al que hay que sumarle que debemos mantener una imagen digital que acompañe nuestra Personal Branding y que, lógicamente, hay que sacarle tiempo los amigos y a los padres e incluso al ejercicio para no oxidarnos por adelantado de las horas que pasamos frente a la pantalla, lo raro sería disponer de tiempo como para que sea una actividad que realicemos con mucha frecuencia.

Sin embargo, no es lo único que nos diferencia de la generación de nuestros padres, la vara de medir que han tomado como referencia este tipo de estudios haciendo la comparativa con la actividad sexual de nuestros progenitores cuando tenían nuestra edad.

¡Es que no tenían Netflix!“, soltó un día de sopetón una de mis amigas. Por descabellado que pudiera parecer en un momento su razonamiento, que reducía este problema a la plataforma de streaming, dándole vueltas empecé a pensar que no le faltaba razón.

No es ya solo Netflix, me da igual si es HBO, Prime Video o Sky, la cosa es que hace 30 años, nuestros padres llegaban a casa y no tenían un catálogo disponible las 24 horas con cualquier material sino, además, con material de calidad.

Porque me juego lo que quieras a que en este momento no estás viendo solo una serie, tienes el enganche por lo menos con tres o cuatro. y en cuanto una se termina ya le preguntas todos los que te rodean que te recomienden alguna para ver que esté bien.

Y es que vivimos en la edad de oro de las series, las tramas y presupuestos que les dedican superan incluso a Blockbusters y eso sin pensar que tienes una nueva entrega cada semana.

De hecho, el otro día, mi padre me comentaba que no entendía a qué venía el furor de las series, que a él no le gustaba eso de tener que esperar, que prefería la simplicidad de las películas, que en dos horas te introducían, contaban y resolvían la historia para que tú luego pudieras seguir a otra cosa.

Realmente, a mi entender, se resume a que, como nativos de la era digital, nos toca lidiar con todos los diferentes estímulos que nuestros padres desconocían más allá de la tele o los libros. Una serie de distracciones que ocupan los primeros puestos relegando la intimidad a las posiciones inferiores de la lista.

Es curioso que usábamos hasta el infinito la expresión Netflix & chill, algo que podría traducirse como Netflix y relax, para referirnos a una sesión de series en casa y lo que pudiera surgir en la cama en el transcurso de la ficción, y ha terminado convirtiéndose en su significado literal al tenernos demasiados enganchados a la trama (¡Juego de Tronos: devuélvenos nuestra vida sexual!).

Por mi parte, tengo claro que, la próxima vez que se me estropee la conexión a internet, no voy a tener tanta prisa en que la arreglen.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué nos enamoramos de los maltratadores?

En mi vida seriéfila, las últimas ficciones a las que me he enganchado han sido You y Dirty John. Dos series muy diferentes entre sí, pero con un denominador común: relaciones tóxicas que terminan con la vida de la protagonista femenina en juego en manos de su agresor.

FACEBOOK DIRTY JOHN

No solo llegan en el momento justo, estamos más sensibilizados con este asunto como nunca anteriormente, sino que su éxito también se puede achacar a que sacan a la luz los entresijos de este tipo de relaciones.

Para todas las personas que no han tenido una pareja del estilo (ojalá seáis todas), son varias las preguntas que surgen cuando ves tramas al respecto. Las dos principales: “¿cómo ha podido pasar?” o “¿por qué no se dio cuenta antes?”.

Puede parecer difícil de entender cuando, en la serie, ves claramente que esa persona no es trigo limpio, pero en la vida real, y como les sucede a las protagonistas, esa información está escondida. Y esa es la clave de su engaño, que no les conoces así.

(Nadie se enamora de un hombre que en la primera cita te coge el móvil para consultar tus movimientos bancarios, te suelta un “puta”, te dice que tus amigos son unos cabrones o te sigue por la calle porque no se fía de que le hayas dado la dirección correcta de tu casa.)

Los abusos, las manipulaciones o las mentiras son cosas que no vienen en el momento en el que os estáis conociendo. Es más, cuando un Joe o un John como los de la serie, llegan a tu vida son personas carismáticas, amables, cercanas, divertidas hasta la irreverencia, detallistas, muy románticas y con una química digna de encender una ciudad.

Con esa carta de presentación camuflan el resto de cosas. ¿Os suena la frase “El amor es ciego“? Así funciona en estos casos.

Obviamente no lo ves, al igual que no sabrías decir si un huevo está caducado sin abrirlo, si por fuera parece en perfecto estado. Lo siguiente de lo que te das cuenta es de que la relación avanza a un ritmo acelerado, como ninguna de las que has tenido anteriormente.

Aunque, ¿cómo no iba a hacerlo? Como te repite por activa y por pasiva, nunca ha sentido por nadie lo que siente por ti. A las pocas citas dice que te quiere, sugiere dar más pasos y llega incluso a declararse. Cuando por fin muestran su cara, estás dentro y enredada.

En ese momento el principal problema suele ser que estás tan cegada que te niegas a creerlo o que socialmente, se han normalizado tanto ciertos comportamientos, que le buscas explicaciones lógicas (quiere saber dónde estoy porque se preocupa de que esté a salvo, etc). No ves que sea poco saludable ni que tu libertad esté empezando a disminuir.

Pero la señal de alarma es inequívoca, como rehabilitada de una relación tóxica te aseguro que, en el momento que justificas los hechos, estás totalmente manipulada.

Además del engaño que hábilmente se ha orquestado sobre ti, entran en juego el resto de cosas que has ido absorbiendo a lo largo de tu vida: los mitos románticos de que tienes que luchar por amor, esa dichosa presión social de estar en una relación perfecta…

Una serie de cosas que lo único que logran es que te sientas culpable de que todo no sea tan maravilloso como Disney te había prometido estos años.

Esos son los motivos por los que caemos, las razones que explotan para crear la trampa, para engañar, para tener una nueva presa. E independientemente de la posición que ocupemos, si estamos dentro, si vemos que lo está padeciendo una amiga, una hija o una hermana, recordar que la única culpa de una relación de este tipo, en la que hay manipulaciones, la tiene la persona que engaña, que miente, que enturbia y que daña, no quien se ha visto envuelta en ella.

Duquesa Doslabios.

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Ocho (buenas) razones para ver ‘Sex Education’, la serie que mejora tu sexualidad

Que la educación sexual en este país brilla por su ausencia (el incremento de las enfermedades de transmisión sexual es solo una de las pruebas de ello) es algo que no podemos seguir negando.

NETFLIX

En plena era de la desinformación, donde la pornografía se convierte en la principal maestra prolongando estereotipos e ideas que no son más que una fantasía, aparece Sex Education.

La nueva serie de Netflix ha sido mi descubrimiento de la semana manteniéndome enganchada hasta el punto de habérmela ventilado como si hubiera sido una temporada de Stranger Things.

Pero, ¿qué es lo que realmente funciona de Sex Education? Aquí tienes los motivos por los que deberías darle una oportunidad.

  1. Porque trata cuestiones de actualidad como son la identidad, la orientación o el consentimiento sexual, el acoso, la cosificación o el slutshaming, cuestiones que por diferentes motivos, son el pan de cada día de un tiempo a esta parte.
  2. Los temas se plantean con naturalidad, y, francamente, es toda una satisfacción. Que en una serie llaman al pene “pene”, a la vagina “vagina” y a follar “follar”, se agradece. No se dice “el miembro”, “la flor” ni ningún otro recurso poético del estilo de los que abundan en las series.
  3. Es capaz de acercarnos a problemáticas que igual ni nos habíamos planteado por todos los estereotipos que nos rodean como por ejemplo las desventajas de tener un pene de dimensiones por encima de la media. Tiene un lado didáctico del que podemos sacar partido ampliando conocimientos luego por nuestra cuenta (que hay muchas webs de divulgación sexual).

    NETFLIX

  4. Porque aunque creas que ya sabes todos los temas que tratan, nos refrescan conceptos que siempre deberíamos tener presentes como dónde está el clítoris.
  5. Además de ser dinámica, interesante y con una trama que te engancha desde el principio, es divertida, y todos sabemos que tratar cuestiones con humor, especialmente si hablamos de sexo, son puntos a favor.
  6. Porque salen penes. Juego de Tronos va de rompedora con sus topless constantes. ¿Alguien recuerda lo que pasó en la primera temporada más allá de las tetas? A mí me cuesta hacer memoria. Sex Education rompe un poco (un poquito solo) con esto enseñándonos la ansiada anatomía masculina en la pequeña pantalla.
  7. Vincula el ámbito sexual con el emocional. Un reto a la hora de plantearte una serie de estas características es el de no caer en el morbo, en el aspecto físico, situación que solventan a las mil maravillas ya que, a fin de cuentas, el cerebro sigue siendo el órgano sexual más importante.
  8. En definitiva, porque Sex Education es como ese amigo con el que puedes hablar de sexo con total confianza, contarle tus preocupaciones más íntimas, tus miedos, tus deseos con la seguridad de que no solo no te va a juzgar sino que va a estar ahí para escucharte y para ayudarte.

Duquesa Doslabios.

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¿Influyen las series sobre nuestra vida sexual? Más de lo que pensamos

Las películas, la música, la televisión… Todo lo que nos rodea esculpe nuestra visión de la sociedad en la que nos encontramos y, en parte, eso incluye el ámbito sexual.

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María Hernando, del equipo de sexólogas de Platanomelón.com, afirma que “las series nos dan ideas; ya sea de posturas sexuales, de fantasías, situaciones excitantes, conductas provocadoras…”. Algo que según la experta, podemos aprovechar para aplicar a la práctica.

Y es que casi llega a 6 millones la cantidad de personas abonadas a plataformas audiovisuales en España, lo que consigue ayudarnos a conocer otras opciones diferentes a las que estamos habituados y a ampliar nuestro concepto de diversidad sexual.

Esto, para la sexóloga, nos ayuda a “analizar otras sexualidades, aunque nos parezcan antagónicas a las nuestras, nos da la oportunidad de derribar tabús y prejuicios acerca de los demás” gracias a que empatizamos con los personajes.

Juego de Tronos, con sus desnudos, es quizás la que primero se nos venga a la mente, sin embargo las series no solo ayudan a desinhibirnos.

Por controvertida que sea mi opinión sobre Élite, hay algo que no se le puede negar a la Física y Química moderna, las relaciones atípicas son las que dominan.

Y si bien es un poco apurado que aparezcan dos adolescentes aburridos de su relación, nos acerca a ver con normalidad otros modelos de pareja e incluso diferentes ‘perversiones’.

Merece también mención Orange is the new Black, que ha conseguido que muchas de sus espectadoras nos planteáramos nuestra orientación sexual con el tórrido romance entre Vause y Chapman (aunque personalmente encuentro más excitantes los cunnilingus de Nichols a Morello).

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Si estáis faltas de ideas, para mí, la mejor serie es una que le da importancia a una cosa que las demás pasan por alto, el erotismo. Outlander se lleva la palma de ser la primera serie que consigue excitarme solo por cómo el protagonista rozaba la mano de su compañera de toda la carga sexual que hay entre ellos.

Y no es que vaya precisamente falta de escenas explícitas, además por cada plano en topless de la protagonista hay uno del culo del guerrero escocés. Outlander funciona, no ya solo por la original trama que transcurre de manera dinámica, sino por tratar el sexo como algo más que ‘mete saca’.

Aún recuerdo de hecho cómo en uno de los últimos capítulos que vi, los protagonistas se desnudaban prenda por prenda (está ambientada en el siglo XVIII, imaginad la cantidad de capas de ropa). En otras series lo lógico sería pasar directamente a la acción, pero en Outlander la espera es como un caramelo que se deshace lentamente y que vas disfrutando al mismo tiempo.

No hay gemidos de película porno, pero tampoco está exenta de ruidos. Hay pies arqueados, glúteos contraídos… Incluye sexo gay o en estado de gestación, algo que ayuda, sin duda a visibilizar y normalizar el deseo sexual en esa época.

Al final, hay muchos casos de series que ponen que, al mismo tiempo, nos ponen a cien.  Y a ti, ¿qué series te excitan?

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