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Es hora de despedirse de los amores de verano

Posiblemente es uno de los sabores más amargos que trae septiembre. El trago que más cuesta, después de haber adquirido la costumbre de degustar el mojito, las tapas a pie de playa o el helado en la vacía ciudad.

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El verano se acaba, y con él los posibles amoríos que hayan podido tener lugar.

Por mucho que pensemos que podremos sobrevivir al otoño, es probable que se quede en algo de las vacaciones, lo que supone un golpe que debemos encajar.

Una de mis mejores amigas tiene claro que, en el caso de las historias de amor, lo mejor es asumir que no son tanto los amores sino más bien el verano.

Y, por mucho que, en su día, me costara creerlo, viéndolo con perspectiva me resulta imposible no darle algo de razón.

El destino diferente al habitual, los planes alternativos como pueden ser ver el atardecer delante del mar o un paseo romántico a la luz de las estrellas en medio del campo, no son tanto la persona sino instantes que, de por sí, llegan a emocionarnos.

Es decir, que, con ese tipo de momentos, lo más normal es que tendamos a ‘enamorarnos’, o a tener sensación de enamoramiento, mucho más que si se trata de una cita tomando cervezas en el 100 Montaditos de tu calle de siempre.

No es él o ella, es el momento y el lugar, todo es mucho más intenso y, emocionalmente, hasta nuestro estado de ánimo es distinto.

Sin más responsabilidad que la de decidir al día siguiente en qué lado de la playa poner la sombrilla, cualquiera se siente lo bastante relajado como para mantener conversaciones durante horas o disfrutar estando en silencio, simplemente deslizando un dedo sobre el dorso de una mano ajena.

Una serie de pequeños placeres que, con el acelerado ritmo de vida y el estrés diario, no solemos permitirnos.

Vale que en esta época del año hemos podido tener la suerte de dar con alguien especial, pero preguntarse hasta qué punto es la persona y hasta dónde llega todo lo demás, hace mucho más sencillo poner las cosas en su sitio.

Así, es posible meter esa historia en el cajón de las anécdotas de las vacaciones, junto al salto de diez metros de altura que daba miedo o la noche con el concierto de Liam Gallagher en una capital europea.

Esa es la manera de que, en el futuro, recordarlo no sea doloroso, sino algo mágico que se ha vivido y que forma parte, no tanto de la magia del amor, sino de la magia del verano.

Duquesa Doslabios.

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Que me invites a una copa no significa que tengas derechos conmigo

Hoy, domingo, vengo con un cuento. ¿Empiezo?

Esta es la historia de una chica que, después de una noche de fiesta divertida en la que bailó, bebió, rió y conoció a gente que le llamó la atención, quiso escribir al chico con el que había estado hablando el día anterior en la discoteca.

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Después de presentarse e identificarse como la chica que llevaba “aquel vestido vaquero”, su interlocutor le pidió si podía ingresarle el dinero que había gastado en invitarle a copas.

Según él, y cito textualmente la conversación: “No volvimos a casa juntos y por tanto no me ha merecido la pena perder el tiempo”.

Esta historia, que parece no solo surrealista porque haya sucedido en 2019 sino también por el poder que tiene la igualdad hoy en día, por la incansable lucha de las mujeres por no seguir siendo cosificadas, es, desgraciadamente, real.

Y aunque le sucediera a una estudiante en Reino Unido, ¿no os resulta familiar? Puede que no de la misma forma, puede que no con copas, puede que fuera una cena, un regalo, pasar al reservado o cualquier otra cosa.

Nunca he tenido una conversación del estilo, eso para empezar, pero sin tenerla, muchas de nosotras nos negamos a aceptar invitaciones de este tipo porque, por desgracia todavía hay mucha persona suelta (y al chico de nuestro ejemplo me remito) que se piensa que tiene algún tipo de derecho simplemente por habernos invitado a una bebida.

Es algo que en sus cabezas funciona como un trueque, un contrato que, aunque no es necesario verbalizar, no deja de ser irrompible: “yo te doy alcohol, tú me das sexo”. Uno más uno, dos.

De hecho, de una situación parecida sale también el popular término ‘pagafantas’ con su respectiva connotación negativa: el amigo o conocido de turno que se encarga de pagar las bebidas sin pasar nunca a la siguiente base y, cuya única intención con la chica, no es otra. Si solo quisiera su amistad, e invitara a beber algo sin segundas lecturas, se le llamaría ‘amigo’.

Es como si el ticket de consumición funcionara igual que en la puerta de la discoteca. Dos copas, doce euros. Una copa, un par de bragas al suelo.

Recuerdo también, hace un año, cuando en un fin de semana de escapada con mis amigas, un grupo de chicos nos preguntó en qué discoteca estábamos. Cuando llegaron, nosotras nos volvíamos al hotel y uno de ellos me cogió del brazo diciendo que de irnos nada, que habían ido hasta allí por nosotras.

Después de decirle que no volviera a tocarme, le dejé muy claro que nosotras éramos libres de hacer lo que quisiéramos al igual que ellos lo habían sido de quedarse en su casa o de lanzarse a la calle, pero en ningún caso habíamos contraído ningún tipo de deuda con ellos. Ni de ese tipo ni de ningún otro.

El problema es que todavía se sigue pensando que las mujeres tenemos un precio. Aunque claro, ¿cómo no pensarlo teniendo en cuenta lo poco que se hace para abolir la prostitución? ¿Cómo no pensarlo si todavía seguimos prolongando, de una manera o de otra, la teoría de que las mujeres estamos a la venta?

No digo que no haya hombres que no inviten a beber algo con buena intención porque realmente les apetece pagar (hay de todo en este mundo, tampoco voy a ponerme catastrofista), pero no siempre va a ser ese el caso.

Por eso, ya de primeras, mis copas me las pago yo, que no necesito a nadie que las pague por mí. Y, si quieres hablar conmigo, que sea sin que pienses que tienes poder alguno sobre mi persona, sino que sea de igual a igual. Y, una vez puestos a la misma altura, veremos a dónde nos lleva la noche.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué hay hombres que nos mandan fotos (que no hemos pedido) de sus genitales?

La primera vez que recibí una dick pic, el nombre que reciben las fotografías de genitales masculinos, se había colado en mi buzón de entrada de la página de Facebook que utilizo profesionalmente. Ahí estaba, sin comerlo ni beberlo (literalmente). El pene de un desconocido que se había hecho un perfil falso para poder mandar impunemente sus partes íntimas.

DIM Facebook

En el momento me sentí asqueada. No se me ofenda nadie, pero no es que lo que los hombres tienen entre las piernas sea precisamente ‘instagrameable’.

Era el hecho de que no le conocía de nada y me había mandado aquello sin tan siquiera preguntar si me apetecía verlo, sin ningún tipo de confianza, sin calzoncillo ni nada.

Igual era mi moralina de ex alumna de colegio de monjas lo que hacía que sintiera aquello como algo malo. Luego, hablando con otras mujeres de mi entorno, descubrí que lo de descubrir ‘fotopenes’ era más habitual de lo que sospechaba.

Y no solo en páginas de Facebook. Redes sociales de conocer gente, privados de Twitter, WhatsApp… ¡Hasta por AirDrop!

Lo que realmente me intriga es qué lleva a un hombre a compartir esas imágenes. No digo que las mujeres no compartamos este tipo de fotografías (aunque me consta que lo de mandar la vulva a desconocidos no es algo que estemos habituadas a hacer). Por lo general solemos esperar a que haya más confianza con la otra persona

Así que, para arrojar algo de luz sobre el asunto, os sugiero que me acompañéis en este paseo por el cerebro masculino.

Lo que averiguo según diferentes psicólogos de rincones variados del globo, es que las ‘fotopolla’ forman en mayor medida parte de la estrategia masculina. Incluso encuentro algunos estudios al respecto, extranjeros en su mayoría, que establecen en un 40% el porcentaje de mujeres que han padecido estas imágenes.

Y sí, digo padecido porque solo tienes que hablar con las mujeres de tu entorno para confirmar que lo de recibir en los mensajes directos fotos de penes no es ni tan ajeno como nos gustaría, ni algo que nos haga ilusión encontrar.

Los mismos expertos son los que han tratado de buscarle una explicación lógica a esta conducta afirmando que hay quien lo hace porque lo consideran su orgullo, algo digno de admirar y reverenciar, por lo que es considerado un gancho tan bueno para suscitar interés como cualquier otra parte del cuerpo.

Quienes pretenden conquistar viven ajenos a que es algo que nos hace sentir incómodas. En su cabeza el plan es espectacular: mágicamente ver eso va a hacernos dar el siguiente paso. El efecto que consigue es que demos pasos, sí, pero en dirección contraria preguntándonos a nosotras mismas si realmente tenemos suficiente ciudad para no cruzarnos nunca con esa persona.

Lo único que me gustaría aclararle a esos caballeros es que solemos preferir una foto de los ojos o de los labios. Que igual si empiezan por ahí es menos violento y no termina la conversación en un silencio incómodo o en un bloqueo.

Los profesionales afirman también que es una manera de enfrentarse al miedo al rechazo, una manera de pasar la prueba sin tener que afrontar en persona la situación. Si la foto consigue pasar la ‘nota de corte’, es para ellos una manera de recibir validación, de que aumente su seguridad, en otras palabras: una inyección de autoestima.

Es una especie de El Gran Gatsby versión 2.0, solo que, en vez de pasearte por las fastuosas fiestas, el Jay moderno te manda la foto de un pene para impresionarte.

En mi opinión, añadiría que quien hace esta práctica la utiliza también porque es una manera de ejercer poder, ya que no puedes evitar recibir ese tipo de imágenes que no suelen pedirte permiso para mandártelas. No es una foto que entre dentro de un contexto, no es porque la conversación fuera sobre penes, aparece ahí y ya.

Se puede llegar a considerar una práctica violenta porque es una evolución del exhibicionista con gabardina que saltaba de repente de una esquina y huía tras impactar a sus víctimas.

Como es algo imposible de prevenir (nunca sabes de dónde te va a venir la siguiente captura), hago un llamamiento para que, si realmente hay hombres ahí fuera que tienen la urgente necesidad de mandar sus partes íntimas, pregunten primero. Que se nos dé la opción de poder decir que no y sea, como debería ser siempre, una respuesta que se respete.

Duquesa Doslabios.

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Amor ‘millennial’: carroñeros nocturnos y dónde encontrarlos

Que los millennials hemos perdido el romanticismo o las ganas de compromiso, es algo que no pilla a nadie por sorpresa.

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Ligar se ha convertido en algo más parecido a Los juegos del hambre, con un grupo de gente pendiente de su estrategia para sobrevivir sin salir muy malparada, que en el sencillo “¿Estudias o trabajas?” que usaban nuestros padres.

Dentro de la fauna que te puedes encontrar en el mundo del flirteo está el carroñero nocturno, una figura que puede encarnarse tanto en un hombre como en una mujer. Aunque como mi experiencia ha sido con depredadores masculinos, voy a hablar de ellos dando por hecho que, leyéndome, lo podréis aplicar a ambos sexos.

El carroñero nocturno es una criatura que se mueve, como su nombre indica, en la noche, concretamente en la franja horaria entre las 3 y las 6 de la mañana, que es cuando suele dar señales de vida y más que seguramente, vía WhatsApp o contestando a una de tus historias de Instagram.

Pero, ¿cómo analizar este patrón de comportamiento? ¿Qué es lo que quieren? ¿Alimentarse? ¿Marcar el territorio? ¿Reproducirse? Una mezcla de todo un poco.

La relación con el depredador nocturno es intermitente. Puede que coincidas de vez en cuando en otros contextos. Sabes que ha tenido el examen de las oposiciones y la otra persona que tú tenías una entrevista de trabajo, pero no llegas a preguntar qué tal ha salido, todo se limita a hacer caso omiso de la vida de la otra persona hasta que, de repente, la entrepierna pica.

El hecho de que se comuniquen a unas horas tan intempestivas prueba que el interés hacia ti es tan relativo como el paso del tiempo dentro de un Corte Inglés. Quien te quiere escribir, y esto lo sabemos tú y yo, te encuentra hueco por la mañana, por la tarde o en cualquier momento del día.

Pero cuando el contacto sucede a esas horas, y de manera habitual, hablemos claro, formas parte de la cara B de la agenda de contactos. Y te digo más, seguramente no eres más que una de las puertas de todo el vecindario virtual al que se encuentra llamando en el momento en el que recibes el mensaje.

El romanticismo de las películas de Netflix puede que nos haya enseñado que está con el teléfono pegado a su pecho desnudo mientras mira melancólicamente el techo de su habitación.

En la vida real esa persona está de juerga y, si la pesca ha salido mal, tú eres el pececillo que puede (o no) caer en la red de arrastre. No quiere tu conversación, saber qué tal te ha ido el día o si fuiste al restaurante italiano del que hablaste una vez. Quiere sexo, y lo quiere ahora.

Obviamente, la táctica que utiliza el depredador de madrugada no es real. Puede que sus frases te hagan pensar lo contrario, ya que como gancho puede utilizar algún comentario que te haga dudar de la veracidad de sus palabras.

“Creo que tendríamos que habernos conocido más”, “Estaba justo pensando en ti” o cualquiera del estilo no son sino otra cosa que el cebo listo para que piques el anzuelo.

Y por supuesto, un clásico de muchos cazadores nocturnos cuando ya no tienen más conversación a la que recurrir, la ‘foto polla’.

La ‘foto polla’ te llega sin que la pidas, sin que hayas mostrado interés y sin que la esperes. Pero está ahí, en tu pantalla. Las hay sutiles con un calzoncillo por delante, una mano sujetándola o en todo su esplendor, pero una vez la recibes, no puedes hacer como si nada.

Su estrategia en ese momento es tan simple como cuando te cogen la mano en persona y te la ponen encima del paquete. ¿Qué esperan? ¿Que no podamos contenernos ante la visión de semejante criatura? ¿Que chillemos de emoción como si de un abono de festival se tratara?

Lo que está haciendo es poner toda la carne, literalmente en el asador. Picar o no de la barbacoa, es una decisión tuya, pero si la tomas, que sea porque eres consciente de que, esa noche, la cena eres tú.

Duquesa Doslabios.

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Lo que hemos aprendido de Tinder este 2018

Aunque en artículos anteriores de Tinder has aprendido cómo hacerte un perfil con éxito, con la cercanía del fin del año, la aplicación también ha hecho balance consiguiendo que podamos tomar nota acerca de nuestros usos y costumbres en el arte del ligoteo online.

FACEBOOK TINDER

La pizza es el lenguaje universal cuando propones un plan de cena en tu grupo de WhatsApp de amigas, pero también en la app, ya que junto a las croquetas y la tortilla española, ha sido una de las comidas más mencionadas en las biografías.

Y es que ante la duda, no hay hielo incapaz de romperse ante una buena conversación de comida.

Si la cosa no funciona, puedes lanzarte a la piscina y probar con alguna frase de Los Simpsons, ya que es la serie de referencia de los usuarios que circulan por la aplicación.

Resulta difícil resistirse a que si alguien te escribe “Energía nuclear” no lo leas con la voz de Monty Burns, por mucho que sea en una conversación a través de la pantalla del móvil.

La vida sana ha hecho especial hincapié a la hora de ganarse el match, por  lo que el emoji de ‘No fumadores’ se encuentra entre los más destacados, como el de la cerveza, por irónico que parezca.

Pero si lo que buscas es la franja horaria perfecta para que aumenten las posibilidades de conocer a alguien, desbloquea el móvil los lunes a partir de las 10 de la noche para hacer swipe, fruto de la melancolía del fin de semana que ha terminado pero también con toda la energía de empezar con buen pie la semana.

Y para terminar, algunas palabras clave para añadir en tu biografía, los términos “viajar”, “cine” o “música” son algunas de las palabras que tendrás que incluir. Aunque si te parece demasiado tradicional, “postureo”, “selfie” o “spoiler” también encabezan la lista.

Duquesa Doslabios.

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Las razones por las que nunca quedas (ni quedarás) con tu ‘match’ de Tinder

“Tinder está fatal”, empezó a comentarme un amigo de pasada. Perfiles sin trabajar, dos fotos descuadradas… Y luego está que te hagan match. Si tienes la suerte de coincidir, es probable que se quede en un saludo sin respuesta. 

Otra amiga metía en el saco a las personas que, si no contestas inmediatamente, te escriben varios mensajes a la vez terminando con un “Hola? :(“, lo que hace que pasen automáticamente a la categoría de next.

La realidad idílica si usas Tinder

También otras que, al poco de empezar a hablar, empiezan con algo grosero o sacando en la conversación las (grandes) partes de su anatomía. O por ejemplo, sabemos de la existencia de esos individuos que, nada más abrirse la opción de chat, mandan una foto-polla.

Ambos coincidían en aquellos matches que se cancelan o gente que, al poco de hablar, desaparecía misteriosamente de la aplicación para volver días más tarde y que te volvían a escribir como si nada con “estaba hasta arriba/me fui de viaje/estaba de vacaciones pero me gustaría quedar contigo”.

Y en muchos de esos casos, continúas la conversación que es más diálogo de besugos que otra cosa, hasta el momento de “¿me das tu móvil?” cuando te das cuenta de que, en realidad, tampoco te gusta tanto.

Tinder está fatal y se nota en las citas opina mi amiga, las citas que nunca llegan por motivos de agenda (es imposible ponerse de acuerdo), te da plantón (la otra persona decide no aparecer en el último momento) o se cancela tantas veces que se te antoja tan complicado que pierdes las ganas que podías tener de conocerle.

La conclusión es que, aunque no queramos pensarlo, puede llevarte miles de swipes colocar a una sola persona enfrente de ti en una cita, algo que resulta bastante desalentador y frustrante.

La realidad es que Tinder es agotador. La cantidad de gente, mensajes, y sobre todo, tiempo que debes invertir para pasar del “Hola” virtual al saludo en la vida real puede llegar a ser agobiante.

Y si nos cansa tanto, ¿por qué seguimos usándola? Algunos estudios han conseguido arrojar un poco de luz al respecto.

La compañía financiera LenEdu estudió a 3.800 millennials entre 18 y 22 años de los cuales el 72% eran usuarios de Tinder descubriendo que la mayor parte, el 70%, no habían conocido a ninguno de sus matches.

Cuando se preguntó los motivos de usar la aplicación, “buscar una relación” o “echar un polvo” quedaban en tercer lugar siendo “subir la autoestima” la categoría ganadora.

La aplicación para ligar se ha convertido en una herramienta de validación. Y si no pensemos en las ocasiones en las que hemos consolado a nuestra amiga o amigo porque el match no ha sido recíproco o cuando has celebrado que se lo hayan devuelto.

Entonces, ¿es Tinder el nuevo sandwich de cumplidos? Abres la aplicación y encuentras mensajes de gente desconocida alabando tus ojos o tu sonrisa, en definitiva, dándote un nivel de atención que te pone el ego por las nubes mientras continuas disfrutando de la soltería.

Y es que un estudio de la propia app que entrevistó a una muestra de 1.000 personas solteras entre 18 y 25 años, reveló que el 81% coincidía en que carecer de pareja era una ventaja en todos los aspectos de su vida (más tiempo para trabajar, para dedicarle a las amistades, a las aficiones…).

Ya que la mayoría de esas personas decían encontrarse sin pareja a propósito, eso convierte a Tinder en una manera de hacer llevadera la soltería, sintiendo que seguimos en el campo de juego sin necesidad de hacer realmente nada.

Duquesa Doslabios.

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¿En qué sitios puedo conocer gente en verano?

Aunque hace poco repasara por aquí los consejos para hacerte un perfil de Tinder con el que no asustar a tus conquistas, no todo el mundo es de recurrir a las aplicaciones a la hora de conocer gente.

Así que para esas personas analógicas que preferimos relacionarnos con una cerveza (o un café) de por medio antes que con un teclado, el verano es la ocasión perfecta para coincidir gracias a la cantidad de oportunidades que tenemos.

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Los eventos al aire libre, las ganas de desconectar del trabajo, el ambiente distendido que reina entre todos, las vacaciones, el buen tiempo… Todo está de nuestra parte para no quedarnos en casa. Pero, ¿a dónde ir? ¿Por dónde empezar?

Para quienes se consideren aficionados a la música en directo, un festival es la excusa perfecta para romper el hielo con expresiones del tipo: “Pues a mí ya me gustaban Florence and The Machine antes de que se pusieran de moda”.

Ya que este tipo de eventos, por lo general, siguen un estilo de música concreto, es probable que compartas gustos musicales con gran parte de las personas que se encuentren allí reunidas. ¿Un par de ideas? El Aquasella o The Ark Cruise para quienes tengan más presupuesto.

La playa es otro lugar perfecto siempre y cuando se evite la hora punta. Es difícil entablar conversación cuando tienes al lado a una familia con los niños llorando porque querían helado de postre en vez de la fruta pelada del táper.

A muy malas, si nuestra ciudad tiene falta de playa, las piscinas pueden hacer el apaño en todos los aspectos. Las calas escondidas, si tienes la suerte de estar por Ibiza, como la Cala Saladeta, no se convierten en lugares tan masivos de la isla.

Si tu verano está siendo en la ciudad porque en tu trabajo no saben qué es eso de irse de vacaciones, acércate a algún local de coworking.

Además quién sabe los contactos que puedes hacer con la frase “¿A ti también te toca quedarte aquí en agosto?”. Si no puedes dejar la conexión ni un minuto pero necesitas relacionarte con alguien más que con tus superiores por mail, el WeWork de Barcelona te permitirá la oportunidad de hacer contactos, (laborales, por lo menos).

Las azoteas o locales de afterwork son otra opción buena si queremos conocer gente. No solo se convierten en el sitio de moda sino que en algunas de ellas incluso nos invitan a conectar sin necesidad de cables ni teléfonos como por ejemplo Skyzoo, organizado por QÜ Group en la azotea del Hotel Índigo. Además es una experiencia urbana en las alturas que repiten todos los sábados de verano.

Otro recurso del que podemos tirar es Facebook, aunque quieras evitar lo digital, estos días proliferan los eventos. Desde yoga en el parque hasta lectura de poesía moderna con té en la librería del barrio. Cine de verano o pícnic para hacer amigos son otras proposiciones por parte de la red para no quedarnos sentados en el sofá.

Además, ¿quién dice que al ser de ciudad no puedas disfrutar del pueblo? Es el momento de apuntarse a una pasar unos días fuera de la urbe aunque no tengas familiar en el lugar. Aprovecha el fin de semana y hazte una escapada a las fiestas más cercanas, como por ejemplo, la Semana Grande de Bilbao.

Te pille donde te pille el mes de agosto es lo de menos, de ti depende exprimir el destino al máximo.

Duquesa Doslabios.

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Si quieres abrirte un perfil en Tinder estas son las normas que deberías tener en cuenta

Hay un momento de la vida en el que te planteas darle una oportunidad a las aplicaciones para conocer gente. Como el verano es la época de pasar tiempo fuera de casa por excelencia, si quieres probar suerte, hay una serie de recomendaciones que deberías tener en cuenta si quieres abrirte un perfil.

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Lo primero que te pedirán será que te registres con un nombre, y, a no ser que estés en busca y captura de una aventura, lo suyo es que utilices tu nombre real.

La prueba de fuego son las fotos, ya que tienen parte de la culpa de que quien vea tu perfil deslice a la izquierda o a la derecha. Prohibidas fotos de perfil con gafas de sol o en las que solo se te vea un trozo de la cara.

Elige una foto en la que salgas con la cara relajada y a ser posible sonriendo (la sonrisa en las aplicaciones de ligar incrementa las posibilidades de éxito), ya que da sensación de sociabilidad.

Además, es recomendable que subas otras tres o cuatro fotografías y, en alguna de ellas, que se te vea de cuerpo entero. Nada de autorretratos cutres en el espejo del baño o del gimnasio, fotos con mala iluminación o bebiendo (a no ser que lo tuyo sean las catas de vino).

Si tienes mascota, haces actividades al aire libre o cualquier tipo de ejercicio, deja que se vea en las fotos. Da igual que luego escribas lo mucho que te gustan las artes marciales o el pilates, una imagen dice más que mil palabras.

A continuación, es el momento de escribir sobre ti. Tu biografía es el espacio que te proporcionan para que, en dos o tres párrafos, te des a conocer, por lo que es muy importante.

Aprovecha para incluir qué es lo que estás buscando: pareja, alguien con quien tomar algo, una persona que te enseñe la ciudad en la que vas a estar la próxima semana haciendo turismo… Las cosas claras y el chocolate espeso, que decían en mi familia.

Sobre ti, no te olvides de contar a qué te dedicas y qué te gusta hacer en el tiempo libre. Es decir, escribe cosas que puedan dar pie a una conversación. Evita dejar este espacio en blanco o poner simplemente la cuenta de Instagram (ya que para eso tienes la opción de vincular tu cuenta) porque puede parecer que solo te has hecho Tinder para subir el número de seguidores.

No currarte la biografía da sensación de pereza por tu parte, y, francamente, echa para atrás empezar a hablar a alguien que solo tiene puesto “Contenta pero no demasiado” como descripción.

Por último, recuerda completar también, además de la biografía, a qué te dedicas y en qué empresa. Sí, aunque seas estudiante de Bachillerato. Es la información que aparecerá justo debajo de tu foto cuando aparezca tu perfil y tenerla escrita también resulta de ayuda.

Una vez lo tienes todo, solo te queda empezar la ruleta del pulgar (y tener suerte).

Duquesa Doslabios.

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Las razones para dejar de decir “Tengo novio” cuando quieras rechazar a una persona que no te interesa

Yo lo he hecho, tú lo has hecho y tu amiga a la que le has pasado esto por WhatsApp, porque nada más leer el titular te ha venido a la cabeza, lo ha hecho.

Pero primero lo primero: ¿me sigues en Twitter o Facebook? Bien, ahora podemos continuar.

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El “Tengo novio” es el comodín equivalente a la pizza de Casa Tarradellas cuando no te apetece cocinar: fácil y rápido. Nada más utilizarlo ya tienes resultados. Con lo poco que nos gusta lidiar con los insistentes, lo raro sería no recurrir a la frase.

Pero al usar el “Tengo novio” no le haces un favor a nadie. Quizás ganes que te dejen tranquila momentáneamente, pero no solucionas el problema.

La primera razón para no usar el “Tengo novio” es porque suele ser una excusa barata que, en realidad, quiere decir “No me interesas pero no quiero que sigas dándome conversación/insistiendo/perder el tiempo explicándote por qué no quiero nada contigo, por lo que con esto te quito de encima más rápidamente”. Sé honesta. Si no te gusta, dilo.

Porque decir “Tengo novio” puede dar pie a que piense que, si no lo tuvieras, tendría posibilidades contigo. Y, seamos sinceras, no es el compromiso por tu pareja lo que impide que corras en brazos de ningún otro (si lo tienes).

Es por ello que el segundo motivo para no utilizar la fórmula es que hay quienes se hacen ilusiones y pueden pensar que, aunque hayan sido invitados a sentarse en el banquillo, pueden ser requeridos en el campo de juego con la condición de que desaparezca el titular.

En tercer lugar porque los hombres no son de cerámica. No se van a romper. Si alguien no te gusta, opta por la sinceridad y deja las cosas claras: “Lo siento pero no estoy interesada”. Ya está. No se le puede gustar a todo el mundo y no conozco a nadie que nunca en su vida haya recibido calabazas.

Tu novio, si es que lo tienes, no es un escudo humano. No es una excusa. Utilizarlo como justificación deja entrever que quizás estarías con esa otra persona de no ser porque estás inmersa en una relación previa (que igual en la minoría de casos es así).

No dices “Estoy enamorada” o “Mi corazón pertenece a otra persona”. Dices “Tengo novio” como cuando en clase decías “Tengo pis” para salir a dar una vuelta por el pasillo del colegio a despejarte un rato o perder tiempo de la lección de química.

Por último, enseñemos y entendamos que expresar nuestra falta de interés es un motivo suficiente para que nos dejen tranquilas y no que solo se asusten de “la presa” porque ya “ha sido cazada” por el “macho alfa”. No estamos en la jungla.

Así que a partir de ahora, déjate de excusas baratas (por muy rápidas y efectivas que hayan sido hasta ahora) y simplemente da tus razones, porque son totalmente respetables.

Duquesa Doslabios.

Sexo festivalero: los lugares para tener un encuentro pasional

Coachella nos pilla lejos de casa y del presupuesto, pero eso no significa que no te plantees hacerte el equivalente a la Ruta 69 solo que en vez de Estados Unidos, recorriendo la costa española en busca de los festivales del año.

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Pero por mucho que te gusten Love of Lesbian, Paco Osuna o Mägo de Oz, no es la música el único de tus menesteres, o, al menos no lo es del 33,6% de asistentes a un festival que practican sexo (y el 44,6% sexo oral) según ha revelado un estudio de la web de venta de entradas TickPick.

Y en España, me atrevería a decir que el número es mayor (el estudio cubre solo los Estados Unidos).

El lugar favorito por más de la mitad de los participantes de la encuesta para el escarceo romántico fue la tienda de campaña. La respuesta es de una lógica aplastante teniendo en cuenta que es el equivalente al dormitorio en los festivales y por tanto el mejor sitio donde se puede disfrutar de intimidad.

Pero ¿y para aquellas celebraciones de un día en las que no se llega a hacer noche y, si se hace, es bailando? El coche, otro de nuestros favoritos por excelencia. Además es un espacio tan familiar que ya sabemos cuáles son las posturas con las que podemos sacarle partido.

En el tercer lugar quedó el campo. Ya que los festivales se realizan en amplios espacios al aire libre, no es complicado encontrar, si te alejas un poco de los escenarios, un trocito de suelo en el que ponerte mirando para las estrellas. La alergia al césped del día siguiente merecerá la pena.

Un 15% de los encuestados, totalmente ajenos al concepto de “intimidad”, afirmaron haber mantenido relaciones entre la multitud rodeados de testigos. Si te da por hacerlo públicamente, procura que sea bien entrado en horas el festival, para evitar que la gente tenga batería en sus móviles.

Por último, casi un 10% dijo que el baño era el sitio donde había podido practicar sexo. Iba a poner “a sus anchas”, pero si solo de hacer pis en uno de esos cubículos me entra el agobio, no puedo imaginarme a dos personas revolviéndose.

Además entre los olores (todos sabemos cómo huele eso), el pis (y otras cosas) por todas partes o la compresa pegada al suelo, hacen que cualquier otro sitio del festival sea mejor que el baño portátil.

Y recuerda que el lugar, la persona y el momento son cosas opcionales. Que utilices protección, no.

Duquesa Doslabios.