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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Analizando al ‘gatomuerto’: el nuevo tipo de hombre

Hoy voy a romper un poco con el espíritu romántico característico de la jornada para poner sobre la mesa una cuestión social que nos tiene tanto a mi círculo de amigas como a mí muy intrigadas.

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De un tiempo a esta parte se da un tipo de comportamiento dentro del género masculino que nunca se había conocido antes.

Llegas a la discoteca o pub de turno y al cabo de un rato te encuentras con un hombre atractivo con el que entablas conversación. No es de esa clase de charlas a voz en grito en la que se cruzan cuatro palabras antes de ir directamente a ocupar la lengua con otros menesteres, no.

Es una conversación completa, digna de tertulia modernista, de casi horas, de debate, descubrimiento de mismos intereses, de averiguar que el susodicho también veranea con sus padres en Cartagena, de, sorprendentemente, ver que a ambos os une la pasión por el cultivo de los bonsáis enanos.

Y después de aquella conversación en la que mentalmente ya te imaginas yendo a un altar rodeado de bonsáis enanos (por aquello de vuestra primera cháchara), te pide el número de teléfono, algo que le das de mil amores y casi terminando cada cifra con el emoticono de corazón.

Al día siguiente esperas feliz como una perdiz su llamada. Porque claro, ¿cómo no te iba a llamar? Como si fuera a encontrar tantas aficionadas de los árboles enanos que se toma las cervezas en ese bar del Ensanche. Pero pasa el día, pasa otro y nunca recibes ni llamada, ni WhatsApp ni nada. Es como si hubiera surgido de tu imaginación.

Pero no desesperes. Simplemente te has topado con un ‘gatomuerto’ en tu camino.

El ‘gatomuerto’ (nombre inventado por un conocido al que le pregunté por este fenómeno) es un varón de cualquier edad que, pese a encontrar a su interlocutora de interés (incluso se conocen casos en los que hubo intercambio de besos), a la hora de retomar el contacto, no da el paso.

Es gato, ya que reconoce la noche como su territorio, sabe cómo moverse y se anima a jugar con otras gatas, pero luego desaparece. Es la personificación del gato de Schrödinger, porque está vivo y muerto al mismo tiempo.

El fenómeno del ‘gatomuerto’ se puede evitar tan fácilmente como tomando tú la iniciativa. Aunque bien es cierto que si una vez establecida la conversación sigue sin querer mantenerla, tampoco debes forzarla (respeta siempre).

¿Es el ‘gatomuerto’ el nuevo rey de las calabazas? ¿Qué crees que se esconde tras su comportamiento? A ver si entre todos logramos conocerle en profundidad y aprender a interaccionar con él.

Duquesa Doslabios.

El ritual del cortejo en el gimnasio al estilo National Geographic

(Recomendado poner esta canción de fondo mientras se realiza la lectura)

El sol aparece despuntando por el horizonte de la ciudad, pero eso no importa en el gimnasio, donde los seres humanos viven en comunidad bajo la luz inmutable de los halógenos.

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A lo largo del día se acercan al espacio, considerado un lugar seguro, en el que pueden desarrollar sus capacidades físicas. Sin embargo no todos acuden por el mismo motivo, y es que el territorio propicia la ejecución de maniobras de carácter social, principalmente acercarse a especímenes del género opuesto y así poder lograr continuar la reproducción de la especie.

El macho alfa, solitario, alejado de la manada, se mantiene atento, a la espera de ver aparecer a su presa. Mientras recorre el territorio va analizando a otros posibles machos que puedan resultar competencia. Para mostrar su superioridad física se carga las barras con discos de mayor tamaño que su cabeza para intimidar a los demás miembros masculinos de la especie.

En una de sus vueltas de reconocimiento avista a una hembra humana en la cinta de correr. Desde ese momento, sus estrategias de cortejo pueden ser variadas.

Aprovechando el riego sanguíneo que mantiene sus músculos vascularizados, el macho se pasea por delante de la hembra tratando de llamar su atención por su fuerte físico y así garantizar que podrá proteger a la futura prole de ambos.

La hembra, que puede mostrar desinterés e incluso mirar hacia otro lado, ignora al macho haciendo que este cambie rápidamente su ritual de cortejo. En un intento de impresionar a la fémina, y a pesar de que el territorio cuenta con cientos de metros cuadrados, se posiciona estratégicamente delante de ella para estar en su campo de visión, y empieza a hacer demostraciones de fuerza realizando diferentes ejercicios con las pesas. Algo que le prueba a la hembra que, si fuera necesario, podrá cargar con las bolsas del Mercadona colmadas de alimentos.

Macho alfa intentando seducir sutilmente a la hembra más cercana.

El olor de las feromonas que emite su sudor alcanza a la hembra, lo que puede hacerle decidir por su fino olfato si son o no compatibles.

Viendo que la hembra continua ignorándole deliberadamente, y que otros machos empieza a aproximarse sigilosamente, el macho humano emite gruñidos en voz alta supuestamente debidos al gran esfuerzo que está realizando. Esos gritos, que en principio pueden llegar a espantar a otros miembros de la manada, asustan a la hembra que hace que desaparezca en clase de pilates.

Hoy no ha habido suerte para el joven alfa, pero no se desanima. Una hembra le ha dado like a su foto del gimnasio que ha subido a Instagram, por lo que decide continuar conquistando por la vía 2.0.

Mientras tanto, un grupo de hembras se aproxima tímidamente a la zona. Alguna se fija en los especímenes masculinos y, alejada de sus compañeras, se dedica a pasear deliberadamente por el territorio estableciendo contacto visual para identificar a los machos del terreno.

Especimen de hembra humana intentando seducir sutilmente a un macho.

Después de marcar el territorio, se decide por uno de los miembros y se acerca sutilmente a preguntarle si le puede explicar cómo utilizar una máquina. El macho tras ayudar a la hembra, entabla conversación lo que le permite a esta desarrollar su flirteo. La hembra consigue que le dé su número de Whatsapp. Le pedirá una cita y podrá seguir el cortejo más adelante.

Ha sido una jornada prolífera para la continuación de la especie humana.

Duquesa Doslabios.

(National Geographic no se hace responsable de este artículo. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.)

Las 10 cosas que haces mal cuando quieres ligar por Instagram

Siempre se suelen dar dos formas de hacer las cosas: una buena y otra que no lo es tanto. En el caso de tratar de seducir a alguien a través de una red social como es Instagram, el “no lo es tanto” se convierte en algo mortal que puede llegar a conducirnos, no solo a un unfollow categórico sino a un bloqueo vital.

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Tras consultar a mis fuentes de amistades que usan regularmente la aplicación, estas son las conclusiones que hemos extraído al respecto:

1.Acosar no es ligar. Contestar a cada historia que sube la persona (ya sea con una palabra, frase o reacción) es molesto. No hace falta que le felicites porque se ha comprado una planta, que le comentes la captura de la canción o que reacciones al vídeo boomerang de unas cervezas brindando, hay historias que se suben sin más. Lo que te lleva a…

2.Parecer desesperadx. Y no hay nada peor que eso. Cuando la insistencia es lo único que pone en práctica alguien tiendes a cansarte. De la cárcel se sale, de que a alguien le des pereza, no.

3.No aceptar un “no” por respuesta es algo que todos debemos trabajar por cambiar. Que nos dejen en “Visto” y los mensajes solo vayan dirigidos de nuestra parte significa, de manera sutil, que la otra persona no está interesada. Da igual que nos montemos películas de que verdaderamente es el hombre o la mujer de nuestra vida, cuando antes entendamos que no le interesamos, antes dejaremos de perder el tiempo.

4.Las excusas terribles para pedir el teléfono que van desde “No me entero muy bien de cómo funciona Instagram” o “Es que quiero mandarte un audio y por aquí no se puede”. Si quieres el teléfono sé valiente y pídelo en condiciones. “Me gustaría tener tu teléfono para que habláramos más regularmente e invitarte a quedar”, punto. Si por lo que sea decide no dártelo, acuérdate de evitar el número 3.

5.Likes excesivos. Los “Me gusta” que llegan de repente a las fotos antiguas son tremendamente sospechosos. Sobre todo si esas fotos son de hace cuatro años y sabes que esa persona se ha tirado más de seis minutos deslizando el dedo por la pantalla para llegar a ellas. Si quieres saber cómo era esa persona, hazlo, pero no dejes pruebas que te lleven a parecer que estás totalmente pilladx. Lo mismo sucede cuando de repente te llegan quince notificaciones de likes de la misma persona. Llama la atención, sí, pero solo para que mentalmente suene la señal de alarma.

6.Comentarios terribles que deberían estar multados. No ya solo los piropos de obrero que también han llegado a la red (o los emoticonos que cumplen su función sin necesidad de redactar), sino contestar mensajes haciendo gala de un horterismo (“Si me rozas te lo gozas”) que debería haberse quedado en 2005 con Tuenti y los tatuajes de estrellas en el codo. Sin embargo, la libertad de sentir que se pueden hacer impunemente se debe a…

7.Tomarse confianzas que no tienes, confianzas que, de hecho, tampoco te han dado a entender que dispones de ellas. Aquí es donde entran los apodos cariñosos que surgen a los cinco minutos de conversación, motes que en la vida real tardarían semanas o meses en aparecer como “cariño”, “mi niña”, “princesa”, “preciosa” y que culminan en la ‘fotopolla’ o ‘fototetas’, que son el culmen de esta mala práctica.

8.Perfil que habla (mal) por sí solo. Puede parecer una tontería, pero lo que ponemos en el perfil, tanto la foto como la biografía, es lo primero que va a llegar de nosotros mismos. Si lo que tenemos puesto es que nos encanta el dinero, las cadenas de oro y los coches tuneados, está genial para participar en un programa de MTV, pero no para comunicar información que pueda suscitar interés en que se nos conozca.

9.La ortografía, la gran olvidada y que supone una de las primeras cribas que inconscientemente tenemos. “K psa prexiosa” ya te está dando a entender por dónde van los tiros de esa persona, pero que escriba “Ha ver si nos vemos” puede ser el detonante que haga que demos un billete directo y sin escalas al limbo de seguidores que fracasaron en el intento.

10.Contenido. A no ser que tengas una cuenta de perros, las 10293498 fotos de tu mascota que van desde que se levanta por la mañana hasta que la sacas a hacer el último pis del día, no son interesantes, y lo mismo pasa con selfies o fotos en el gimnasio. Si ya van acompañados de hashtags como “hotboy” “hotguys” “sexy” “likeforlike” o “modelo” (a no ser que seas modelo de verdad) es muy difícil que no te pongan la cruz.

Duquesa Doslabios.