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Mucha o poca luz, habitación fría o caldeada: ¿qué es lo que hace que un polvo sea épico?

En el ranking de los polvos en los que menos a gusto me he sentido, ocuparía uno de los primeros puestos aquella vez que -bajo un sol de verano cayendo a plomo-, me pilló el calentón en una excursión por el campo.

No sé si fue la luz deslumbrante, el calor abrasador multiplicado por dos por los cuerpos que estábamos involucrados o incluso la arena clavándose en la espalda (no era un buen día para llevar camiseta de tirantes).

SKYN USA

Más allá de la comodidad de la situación, que cuando las ganas mandan no me permito el lujo de volverme una sibarita, admito que la claridad extrema contribuyó a que se quedara apuntado en la lista negra.

Si puedo elegir, un ambiente más íntimo con un poco de misterio de una persiana a medio bajar o una luz un poco tenue, logran que el momento me parezca mucho más atrayente (y crezca la predisposición).

Y por lo visto, no soy la única. Según un estudio de JOYClub, una comunidad basada en la sexualidad liberal, el 75% de las mujeres participantes contestaron que la iluminación baja era uno de los factores que hacían de un encuentro algo perfecto.

Ya que los hombres responden en mayor medida ante estímulos visuales, no me sorprende que la mayoría prefiriera buena luz llevándole la contraria a las encuestadas.

La temperatura es otra gran diferencia. El estudio revela que nosotras preferimos el frío para que corra de nuestra cuenta subir los grados, mientras que ellos se quedan con un ambiente más caldeado.

En mi caso, sí puedo decir que el invierno da mucho más juego que el verano. Juntarse en busca de calor, meterse debajo de la manta y, por supuesto, sudar entre las sábanas, hacen que la estación más fría del año resulte muy llevadera.

Pero todos podremos estar de acuerdo en que tener sexo en pleno verano -si no hay ducha de por medio-, a veces puede convertirse en un infierno.

Otro dato interesante del estudio es que más de la mayoría de las encuestadas admitió preferir música de fondo mientras que la mayoría de ellos se decantaron por el silencio (o, más que el mutismo absoluto, disfrutar únicamente de los gemidos o sonidos del momento).

Preferencias aparte, movernos en polos tan separados tiene algo muy bueno, y es que nos obliga a no estar siempre en nuestra zona de confort.

Y, a fin de cuentas, volviendo a mi anécdota en el campo, por muy incómodo que fuera, no cabe duda de que es uno de los polvos que mejor recuerdo. Quizás porque es probar lo que hace que variemos y que el sexo no sea solo llegar al orgasmo, sino también una historia.

Duquesa Doslabios.

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Ni mensajes por WhatsApp ni ‘DMs’ de Instagram, escríbele relatos eróticos

Que la cercanía no tiene por qué implicar conexión ni que la distancia significa lejanía es una conclusión -por enrevesada que parezca- a la que he llegado con las medidas de restricción social.

Lo resumo rápido: me he sentido más unida a personas con las que no podía quedar por estar en zonas confinadas, que con las que sí he podido verme.

CALVIN KLEIN

Así que propongo algo, una idea un poco extraña que haga todo más llevadero: empecemos a escribir(nos) relatos eróticos.

Si algo he comprobado a lo largo de mi vida, es que las palabras escritas también consiguen ‘tocarnos’ de alguna manera gracias a que tenemos un poderoso órgano sexual capaz de interpretarlas como caricias: el cerebro.

La primera razón por la que deberíamos hacerlo es la más evidente: nadie se para normalmente a crear una trama de alto contenido sexual.

Como parte de la generación de los gifs, memes y emojis cada vez veo más fría la relación con el teclado. Dejarse llevar  imaginando qué pasaría si tuviéramos delante a la persona que está al otro lado, es algo excepcional.

Y joder, cómo nos gusta lo que se sale de lo normal.

Escribir con todo tipo de detalles la forma en la que recorrerías su cuerpo (desnudo o vestido) o en qué situación imaginas el desenlace de la tensión sexual que mantenéis, es una forma de conectar a nivel íntimo sin fisuras, insuperable.

Como en el argumento de una película, lo que sucede es perfecto, tanto que incluso os corréis al mismo tiempo (por muy atípico que sea que suceda en la vida real).

La opción de escribirlo, en vez de estar contándolo al minuto, te da la libertad de pensar con calma qué te gusta.

Cuáles son esas filias que te permites sacar a la luz por estar más aceptadas (quizás una pasión desmedida por los pies u oler unas bragas) y cuáles te dejas para un relato en el que haya más confianza.

El límite es la imaginación. En ese universo literario entre dos el tiempo y el espacio son tan irrelevantes que puedes acercarte a cualquier parte del mundo, desde ese pueblo perdido en la montaña a un exótico destino.

Que pase o no en la vida real lo que sucede en el relato, es una incógnita. Pero contamos con la certeza de saber qué es lo que la lectora o lector va a experimentar al leernos.

Recorrer con la mirada palabras evocadoras sube la libido con un desenlace casi seguro: la masturbación. Una especie de sexo a distancia si lo que se utiliza para llegar al clímax es la narración.

Eso que dicen que nos harían consigue aumentar el deseo por la otra persona -¿cómo no hacerlo si está relatando un empotramiento de ensueño?-.

Y disparar el apetito sexual me parece una solución tan buena como cualquier otra para disminuir el estrés y ansiedad. Es lo que tiene ponerse cachonda, que se interrumpen las emociones negativas por un rato.

Tenemos el poder de hacer de las letras tanto besos como incluso una buena sesión de sexo oral (si escogemos las correctas).

Duquesa Doslabios.

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La aplicación con la que tendrás mejor sexo (tú decides si por tu cuenta o en compañía)

¿Que si el porno me satisface? Relativamente. Entre que las estructuras son siempre las mismas y las fantasías recurrentes, ver a dos personas teniendo sexo en la ficción -de la forma en que lo hacen en ese tipo de películas- me sabe a poco.

Prefiero quedarme con otras alternativas, como la prosa erótica o los audios. Esta última opción (imagínate por un momento una voz susurrante diciéndote al oído lo que le encantaría hacer con tu cuerpo) es la que ofrece la aplicación móvil Calíope.

Su CEO, Rocío Romero (@roenlared), me explica que el secreto de esta app es precisamente que consigue estimular nuestro mayor órgano sexual, el cerebro.

CALÍOPE

Pero no se limita únicamente a transportarnos a la compañía -y roce- de otras personas. Calíope pretende convertirse en el denominador común de nuestros teléfonos para que no solo tengamos aplicaciones sobre el ciclo menstrual o si nuestro bebé ha alcanzado ya el tamaño de un aguacate.

Además del fin divertido -consumir placer con otro sentido que no fuera la vista-, tiene un objetivo didáctico al ofrecer educación afectivo-sexual desarrollado por psicólogas, sexólogas y profesionales en el campo del bienestar.

Desde trabajar nuestra autoestima, problemas sexuales, entender cómo funciona el clítoris o conocer otros modelos de relación más allá de la monogamia de una forma muy amena, a nuestro ritmo y sin salir de la intimidad de la habitación (o en cualquier otro lugar).

¿Qué clase de contenidos vamos a encontrar en la aplicación?
Relatos eróticos y un apartado de desarrollo personal, aprendizaje y mejora de tu vida sexual y mental que hemos denominado Bienestar. La parte de historias es diversa, hay audios de encuentros casuales, de fantasías que siempre hemos querido probar, otros en los que formas parte de la historia… Hemos lanzado unos para que los escuches con tu pareja y os atreváis a probar cosas nuevas y disfrutar juntos de maneras diferentes. En el apartado de Bienestar coexisten temas pensados para el autoconocimiento del cuerpo, mejora del autoestima, tipos de relaciones, formas de identificar una relación dependiente… Añadimos uno nuevo cada semana.

¿Cómo habéis integrado la educación sexual en Calíope?
Nos dimos cuenta que había mucho camino que recorrer en materia de educación sexual afectiva y diversa. El papel de las psicólogas y sexólogas es clave, ellas saben orientar el contenido y ver cómo categorizar mejor ciertos temas. Nuestra misión es conseguir eliminar los máximos tabúes posibles y contribuir a naturalizar el sexo. Mientras que para alguna gente lo es, para mucha parte de la población sigue siendo algo incómodo y ruborizante.

¿Por qué razón habéis decidido dirigirla sobre todo hacia la mujer?
La educación sexual dada a las mujeres es siempre en base a la culpa, al miedo, a la desconfianza. Ten cuidado con los hombres, solo quieren usarte. Vigila que no te quedes embarazada, eso te podría arruinar la vida. Cuidado con la regla que manchas. Son muchas las frases que se nos vienen a la cabeza a las mujeres y que, por cierto, producen grandes problemas sexuales en muchas personas. De hecho, 1 de cada 2 mujeres adultas tiene problemas sexuales.

Es más, ¿cuáles son las aplicaciones que compartimos todas las mujeres? Las de regular el ciclo menstrual o de embarazo. De nuevo, la fertilidad como eje, no el placer. La app es para todo tipo de personas, el contenido está enfocado a mujeres pero también pueden escuchar las historias y los temas de bienestar los hombres, sin lugar a dudas. En Calíope cabe todo el mundo, sin distinción de sexo ni identidades de género.

¿Cómo funciona el apartado de historias?
En el apartado de historias puedes encontrar relatos eróticos e historias que tienen la finalidad de excitar o relajar a la oyente. Existen diferentes categorías como Fantasía, donde puede que a la oyente se le cumplan las suyas, también tenemos la categoría
Contigo donde la oyente forma parte de la propia historia. Además, puedes filtrar el contenido por Ella/Él o Ella/Ella. Estamos trabajando en historias Él/Él que muy pronto verán la luz. En el apartado En Pareja hay audios para escuchar con tu pareja o con quien te apetezca, si te atreves.

¿Por qué os habéis decantado por el sentido del oído en concreto?
Son muchos los estudios que demuestran que las mujeres se excitan en su mayoría mediante la imaginación y la escucha en contraposición de los hombres. De hecho, según un estudio de Tenga, a la hora de ponerse en materia el 78% de los hombres recurre a ver vídeos y contenido para adultos, frente a sólo el 46% de las mujeres, quienes prefieren principalmente la imaginación. 

Con casi un mes desde que lanzasteis la app, ¿qué es lo que tiene más éxito?
En apenas 10 horas tras el lanzamiento conseguimos colocarnos como la aplicación más descargada de Salud y Ejercicio Físico de la App Store y estar en el Top Descargas de toda España. Actualmente ha sobrepasado ya las 40,000 descargas. Nuestras oyentes, o musas de Calíope como nos gusta llamarlas, están disfrutando del contenido a diario y tanto las historias como la parte de bienestar y educación sexual están teniendo un éxito abrumador.

¿A quién le recomendáis instalarse la aplicación?
Se lo recomendaría a aquellas personas que les excita leer un relato o un libro erótico. A aquellas que quieren fomentar su principal órgano sexual: el cerebro. A aquellas que quieren disfrutar en la intimidad y no necesitan un vídeo. A aquellas que están cansadas del porno de siempre, a las que quieren probar cosas nuevas…

También se lo recomendaría a todo tipo de parejas así como a aquellas parejas que no son pareja pero se divierten juntos. Merecemos disfrutar del sexo y el placer sin miedos, tabúes ni presiones. Merecemos mejorar nuestra vida sexual y que nadie nos diga qué nos debe gustar ni quién debemos ser. ¿A quién le recomendaría instalar la aplicación? En realidad me pregunto, ¿a quién no se la recomendaría?

¿Cuáles son las ventajas de la versión ‘premium’?
Descargarla es gratuita y puedes escuchar múltiples audios sin ningún coste. Existe la opción de que por solo 19,90€ (menos de lo que vale una cena) puedas tener todo el contenido desbloqueado durante todo un año y, además, con nuevo contenido cada semana. El precio de la suscripción es bajo porque queremos que todo el mundo pueda acceder a él y creemos que un único pago de lanzamiento a un coste asequible puede hacer que la educación sexual y el placer auditivo pueda ser posibles para todo el mundo. Para los que quieran ver mucho más y no sepan si valdrá la pena, tenemos la opción de que puedas probar 7 días gratis y ver si el contenido te convence.

Duquesa Doslabios.

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Todas las mujeres compartimos que nos han llamado ‘puta’

Con 5 años volvía con mi abuela de la panadería. Dos chicos pasaron en moto pegados a nosotras y les llamó la atención. “Puta vieja”, le gritaron mientras aceleraban.

No sé qué me asustó más, si el rugido del motor tan cerca o que le hubieran llamado eso a mi abuela. Ella siguió subiendo la cuesta hacia la casa como si nada, cargando la bolsa con el pan y yo le seguía de la mano al borde de llanto.

De no haber visto su entereza, seguramente me habría derrumbado.

¿Cómo iban a llamarle eso a quien dejaba Chupa Chups escondidos para que los encontráramos los nietos?

SAVAGEXFENTY

Aquel “puta” de mi abuela encabezó la larga lista que seguiría anotando mentalmente en mis años de colegio, donde estudié hasta cumplir los 18.

“Putas” eran mis compañeras de primaria que, cansadas de que les levantaran la falda a diario, optaban por ponerse unas mallas cortas por debajo, asumiendo que, ya que iban a quedar al descubierto, al menos no fuera en bragas.

“Putas” éramos también (y aquí empleo el plural) si nos daba por echarnos novio, otro más después o si se nos ocurría dejarnos tocar -incluso aunque fuera lo que más deseáramos-.

Yo fui “puta” en primero de Bachillerato por tener la ocurrencia de dejarme ser vista en la habitación del chico que me gustaba en el viaje de curso, aunque no hubiera pasado nada (ahora pienso que si hubiera pasado, ¿qué más daba?).

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Fui llamada “puta” a la cara por mis amigas y a las espaldas por los demás. Un apelativo que me llevó a una crisis nerviosa antes de la clase de química. Lloré sola en el baño frente a la clase, sintiéndome incapaz de entrar con la frente alta.

Llegó la universidad, la oportunidad dorada de dejar de ser “la puta de la clase”, de poner a cero el contador. ¿Cómo dejarla escapar?

Me crucé también con varias “putas” en periodismo durante aquellos años. Especialmente las que progresaban más que el resto.

Mis compañeras más válidas, mejores estudiantes y que, al poco, eran fichadas para hacer prácticas en los medios que todos soñábamos (o eso creíamos) eran las más “putas”, las que algo habrían hecho para llegar ahí, me soltaba mi amigo de aquella época.

No, tampoco me escapé de ser “puta” en aquel tiempo. Mi ex pareja se encargaba de hacérmelo saber en cuanto desaparecía más de 5 minutos de estar en línea del WhatsApp, la prueba para él de que me estaba acostando con todo Madrid.

Fui “puta” también a los 25 mientras estudiaba el máster, por decirle que no estaba interesada, que estaba enamorada de mi pareja. Fui “puta” por contestarle con una peineta al desconocido que me gritó desde una bici lo que querría hacer entre mis piernas.

Y dejo de hablar en pasado y empleo el soy porque, como a mi abuela, también habrá quien me llame “puta” hoy.

“Puta” es la mujer que se queda embarazada por hacerlo sin condón. “Puta” es quien se la chupa a su novio en la sangriada de la universidad. “Puta” es quien le manda una foto después de salir de la ducha y luego no quiere quedar. “Puta” es la que llevando menos tiempo que tú en la empresa, asciende y pasa a ser tu jefa. “Puta” por querer pagar ella su copa. “Puta” la que se te cuela en Mercadona. “Puta” somos todas.

Duquesa Doslabios.

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‘Sexting’, videollamadas o juguetes con control remoto: así va a ser tu vida sexual en 2021

Es 14 de enero, nos quedan todavía 11 meses y medio por delante del nuevo año (¿quién dijo miedo?) y a día de hoy, no es difícil hacerme una idea de cómo va a ser.

Tan extraño como el anterior, por lo pronto. La distancia social, las restricciones de movilidad, los toques de queda y, por supuesto, el virus y el miedo al contagio van a seguir siendo los factores que harán que conocer a alguien sea casi un milagro.

Y ya ni os hablo de enamorarse.

Pero por difícil que parezca, la parte positiva es que si hay ganas, habrá formas. O, al menos eso es lo que adelanta el informe de WOW Tech, empresa de bienestar sexual, sobre las tendencias de 2021.

LELO

Que vamos a refugiarnos más todavía en el universo digital, es la mayor de todas.

Dile “Hola” a Tinder, a colarte en los mensajes directos del Instagram de la persona que te gusta, a mandarle un WhatsApp con cualquier excusa y, en definitiva, a hablar hasta las tantas de la mañana.

No podrás quedar en persona porque quizás prefiere esperar a que sus abuelos estén vacunados, pero las publicaciones de su perfil que te permitirán asomarte a su vida, te servirán para estudiarle de cerca y saber si quieres mantener ese plan de hamburguesa y brownie cuando llegue el momento.

Lo que significa también que ha llegado la ocasión de que nos convirtamos en expertos en seducción lateral. La videollamada es el nuevo terreno a conquistar con sonrisas y caídas de ojos.

Y si el sexting sigue siendo un terreno resbaladizo que no quieres pisar, nos queda la alternativa de la foto de 15 segundos de Instagram que después se borra sin dejar rastro (y te avisa si le hacen una captura de pantalla).

Pero mi propuesta es tirar de imaginación y de teclado e intentar convencer a la otra persona de que también podéis excitaros delante de la pantalla. Empezar por un relato erótico a pares puede ser la forma de adelantar lo que sucedería en un encuentro físico.

(Quiero darle las gracias desde aquí a esos juguetes que se pueden usar a distancia y vienen genial para estos casos.)

Que suba la temperatura sin poder usar ningún estímulo visual será una tendencia de la que ‘culparíamos’ al audio-porno. Los relatos narrados cada vez son más populares y en Quinn o Calíope puedes encontrar historias que te transportarán lejos de cualquier confinamiento.

2021 será un año de romper con los alicientes que teníamos hasta ahora, de deconstruirnos, de educarnos. Y especialmente de hacerlo en materia sexual. Series, podcast, canales de Youtube y hasta cuentas en redes sociales de expertos nos dejarán sin excusas.

Ya no podremos culpar a la escasa hora de educación sexual del colegio.

Por último, los métodos anticonceptivos volverán a estar en el punto de mira. Las mujeres cada vez nos resistimos más al uso de hormonas por los efectos secundarios.

También parte de ese empoderamiento consiste en vivir nuestros cambios hormonales e incluso menstruaciones de una manera más natural (la copa es la nueva mejor amiga para ser conscientes de cómo es nuestra regla, cuánto sangramos, qué color y forma tenemos o incluso que no pasa nada por mancharnos las manos).

Que barreras como el preservativo sean las más populares debería hacer reflexionar de lo necesarios que son los métodos que no cambien nuestra libido ni el funcionamiento del cuerpo.

Duquesa Doslabios.

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Que no te engañen, en un ‘pubis perfecto’ también puede haber vello íntimo

Hace un tiempo llegué a la conclusión de que el porno no iba a decidir cómo me relacionaba con ninguna parte de mi cuerpo. Aunque me refiero, más específicamente, al pelo del pubis.

BILLIE BODY HAIR PROJECT

La imagen de mujeres con la entrepierna completamente rasurada me da un poco de grima. Solo sé que cuando he imitado ese hairstyle, mirar hacia abajo me hacía retroceder en el tiempo.

Concretamente a cuando tenía 6 años y mi monte de Venus era aquel paisaje imberbe de forma natural.

(¿A quién puede excitarle que debajo de unas bragas lo que encuentres sea más similar a la anatomía de una niña pequeña que a la de una mujer? Pues me sorprende la respuesta. ¿Dónde queda el “donde hay pelo hay alegría”?)

No hubo ningún desencadenante, simplemente dejé de estar cómoda viendo aquello tan lampiño. No lo sentía mío, como si no fuera yo realmente la dueña de lo que pasaba allí abajo.

No estuve cuando Newton recibió el manzanazo en la cabeza, pero a mí me pasó algo parecido cuando me vino la iluminación: era yo quien decidía cómo llevarlo.

Y a quien no le gustara, pues mala suerte. Lo que no me permito es no ser la dueña de mí misma (aunque ese “dueña de mí misma” se refiera a mi vello corporal).

Te preguntarás, claro, que a qué viene esta reivindicación así de repente. En una encuesta que ha lanzado JOYclub, comunidad basada en la sexualidad liberal, a sus miembros aparece el vello púbico como una de las cosas que menos les gusta a los hombres españoles en la cama.

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Sí, para los integrantes masculinos, un pubis peludo es tan poco excitante como otras prácticas como el fisting o el trío hombre-mujer-hombre.

Lo cierto es que poner al mismo nivel que te introduzcan la mano o parte del brazo, por el ano o la vagina, con unos pelos en la entrepierna me parece un poco exagerado, pero el resultado está ahí.

Para mí, qué pueda encontrar o no excitante la otra persona en mi cuerpo ya ha pasado a un segundo plano.

Claro que quiero gustar, pero no veo el asunto lo bastante grave como para que sea un impedimento (aunque me arriesgue a que pierda la erección).

La excusa que alguno ha esgrimido argumentando que no es higiénico, también es fácil de desmontar. El vello no es sinónimo de suciedad, es algo natural que protege la zona. No lavárselo bien sí que es una guarrada, pero si se lleva limpio es una zona tan pulcra como cualquier otra.

También os digo que creo que hay puntos medios entre llevar un arbusto entre las piernas y un felpudo bien recortadito -e incluso digno de certamen de jardinería-.

Independientemente de la forma o el largo, me renta más verme bien y sentirme cómoda que estar adaptándome a unos cánones que no he podido elegir.

Duquesa Doslabios.

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El menú ‘realfooder’ con el que tendrás mejor sexo

La semana pasada Candela Valle, la nutricionista para Myhixel (el método natural con el que se controla la eyaculación), me hacía reflexionar sobre la conexión existente entre nuestra forma de alimentarnos y nuestra vida afectivo-sexual.

Como ella misma confirma: “La base principal para mantener una buena salud sexual es mantener una dieta equilibrada, por lo que todo alimento que no sea saludable, puede llegar a ser perjudicial para nuestra actividad sexual”.

GTRES

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Partiendo de esa premisa, cuanto más variada y sana sea la alimentación, mejor será el rendimiento en la intimidad. Pero más allá de las clásicas ostras o el chocolate, dos alimentos idealizados, hay productos más cotidianos como el aguacate, el plátano, el pollo o incluso la cebolla que -según la experta-, no deberían faltar en la cesta de la compra si ponemos en un primer plano el ámbito sexual.

¿Cuáles son los alimentos que abren el apetito sexual más sencillos de encontrar?
En el deseo sexual tienen un importante papel los nutrientes que el cuerpo necesita para realizar todos los procesos hormonales. Cuando existe un déficit de nutrientes esenciales, se produce un desequilibrio en el metabolismo. Además, hay alimentos que ayudan a potenciar el placer y la libido, por lo que su carencia puede ser remediada con planes nutricionales específicos, así como con una suplementación adecuada.

Entre los alimentos que aumentan la apetencia sexual se encuentran:

– Miel: rica en vitamina B, que es fundamental para la secreción de testosterona.
– Aguacate y espárragos: ricos en vitamina E, denominada la ‘vitamina del sexo’, promueven el deseo sexual y favorecen el flujo sanguíneo.
– Semillas de calabaza: con un alto contenido en zinc, mineral necesario para la producción de testosterona en los hombres y prolactina en las mujeres.
– Jengibre: aceites esenciales como el ácido alfainoleico y aminoácidos como el triptófano, hacen de esta raíz un gran potenciador de la sexualidad.
– Espinacas: hay que consumirlas sin cocinar, crudas. Y son ricas en hierro y en la coencima Q-10, ambos nutrientes que promueven el deseo sexual.

Y, ¿cuáles deberíamos dejar de incluir en la lista de la compra?
En cuanto a los alimentos que hay que reducir e incluso eliminar de la cesta son el alcohol, por las razones que os expongo más adelante; el café, ya que reduce los niveles de cortisol que son esenciales para mantener el deseo sexual; también los edulcorantes que merman la secreción de dopamina, afectando directamente en la actividad sexual; y los alimentos con alto contenido en grasas saturadas y los procesados, pues reducen la energía y aumentan el colesterol en sangre provocando problemas cardiovasculares.

Más allá de ellos, ¿cuáles son los ingredientes o productos que no pueden faltar en la cocina si queremos una vida sexual plena?
Aparte de los mencionados, hay otros alimentos esenciales para seguir una dieta equilibrada:

-Cereales como el arroz integral, rico en vitamina B, que fomenta la secreción de testosterona, influyendo directamente en el aumento de la libido.
– Carnes como el pollo, rico en triptófano, zinc y en vitamina del grupo B, especialmente la B6 y la ternera, que contiene grandes cantidades de L-arginina que es el principal componente del semen.
– La mayoría de los frutos secos contienen ácidos grasos esenciales que regulan las prostaglandinas, elementos fundamentales para producir hormonas sexuales. Pero en concreto destacamos las almendras por su alto contenido en vitamina E altamente antioxidante y que aumentan la libido.
– De las frutas destacamos el plátano pues debido a su importante contenido de vitamina B, enciende la libido y ayuda a estimular el deseo sexual. También el mango, que al contener altos niveles de vitamina E, actúan en el cuerpo como hormona de estrógeno. Además, su consumo ayuda a mejorar la producción de espermatozoides y contiene propiedad de serotonina, la hormona de la felicidad. Y por supuesto la manzana y las uvas, que contienen quercetina, un flavonide conocido como el más activo que estimula la respuesta del sistema inmunitario, es antiinflamatorio y funciona como inhibidor de la recaptación de la serotonina.
– Entre los pescados, mejor optar por los azules, pues son fuente rica en vitamina B3 que favorece los orgasmos gracias a su función vasodilatadora.
– Por último, entre las verduras, el pepino, pues según un estudio de la Fundación de Investigación y Tratamiento del Olfato y el Gusto de Chicago (EEUU) se ha descubierto que el aroma del pepino es uno de los aromas que más despiertan el deseo femenino; la cebolla y el brócoli, con altas concentraciones de quercetina; y el tomate, pues su elevado contenido en betacaroteno, precursor biológico de la vitamina A engloba al tomate entre los alimentos que aumentan la libido. La vitamina A también actúa en los niveles de testosterona.

¿Podrías diseñar un ‘menú sexual’ sencillo para todos los presupuestos?
Un ‘menú sexual’ tiene que ser ante todo saludable, un ejemplo sería el siguiente:

Desayuno: Infusión de jengibre, tostada con pan de frutos secos, tomate y aguacate.
Media mañana: Un plátano.
Almuerzo: Estofado de ternera acompañado de un cacito de arroz integral salteado con ajo y pipas de calabaza.
Cena: Ensalada de espinacas baby, tomate, pepino y salmón ahumado aderezada con vinagreta de nueces y miel.

El alcohol, ¿amigo o enemigo?
El alcohol siempre ha sido un elemento recurrente a la hora de incluirlo como producto afrodisíaco, al creer que mejoran las relaciones sexuales. Pero, nada más lejos de la realidad. Su consumo afecta, por un lado, al sistema vascular, lo que provoca trastornos en los mecanismos de la erección, pudiendo producir disfunción eréctil transitoria en muchos casos. Y por otro, el alcohol impacta sobre el sistema nervioso central, lo que se traduce en una disminución de la excitación y de la respuesta sexual a la estimulación.

Asimismo, su consumo aumenta el cortisol (hormona del estrés) y baja los niveles de testosterona, lo que perjudica la libido. Por tanto, podemos afirmar que, a pesar de la desinhibición que se produce por su consumo y que puede parecer que incita al deseo sexual, finalmente resultará muy difícil sostener la excitación y alcanzar un orgasmo.

Duquesa Doslabios.

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Que el fin del mundo nos pille cachondos

Esa fue la frase que me soltó una de mis amigas, cuando discutíamos sobre el ambiente que se respiraba en Madrid y Barcelona, ante un posible nuevo confinamiento.

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“O bueno, más que cachondos, servidos”, especificó.

Ninguna de las dos tenía ninguna duda de que la atmósfera estaba cargada de tensión sexual. Y solo teníamos que meternos en nuestras redes para confirmarlo.

Una encuesta rápida entre mis seguidores nos dio la razón por partida doble. Las temperaturas habrán bajado en las calles, pero estamos muy calientes.

Y sí, tanto con pareja como sin ella. Puede que para la gente soltera, esto sea todavía más evidente. Quien se ha cambiado de ciudad, de trabajo, de piso, círculo de amigos y está en proceso de conocer gente, la distancia física resulta especialmente dura a la hora de tener citas de manera convencional.

Como si nunca se hubieran sentido tan solos como ahora, en realidad.

Aunque también a las relaciones de pareja -sobre todo si no conviven juntas- les afecta el fenómeno. Las fotos sugerentes, vídeos eróticos o conversaciones subidas de tono han aumentado.

Pero, ¿qué es lo que nos pasa? ¿Por qué esta revolución sexual, que pensábamos que se iría apagando en cuanto pudimos salir de casa, está en su punto más álgido?

Las restricciones, la ristra de medidas que siguen sin permitirnos movernos ni relacionarnos como antes, en definitiva, estar separados, nos lleva a tratar de buscar vías alternativas que nos acerquen.

Físicamente no es recomendable, pero podemos ‘tocarnos’ de forma digital. Conocernos, conquistarnos o incluso tener actividad sexual se da ahora a través de una pantalla.

De ahí que, ya que son los ojos los primeros receptores, nos dejemos de miramientos y vayamos a saco con contenidos explícitos.

Es decir, se ha dado un cambio. Hemos avanzado un paso en lo que era aceptable en cuanto a niveles de excitación (y en expresarlo). Estamos salidos y no tenemos problemas en demostrarlo.

Además, la facilidad que nos da internet de poder llegar a ese punto con cualquier persona, desconectarnos si perdemos interés o incluso bloquear si nos resulta demasiado, es imposible de lograr en la vida analógica con quedadas cara a cara.

Estamos más lanzados que antes porque tenemos todo el tiempo del mundo para darle vueltas a lo que nos estimula.

Hasta hace poco, nuestra vida era ir al trabajo, al gimnasio, esa escapada con las amigas, noche de discoteca o comida familiar multitudinaria los domingos.

Nuestros deseos latían bajo todas esas cosas, sí, pero en un segundo plano por el peso de la vida social. Y, ahora que no tenemos nada de eso, son los únicos protagonistas. Junto a mantener altas las reservas de papel higiénico, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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¿Entonces solo depende de los padres explicarles a sus hijos que el porno no es real?

Hace unos días, una lectora me preguntaba cómo podía conseguir que le gustaran los azotes y tirones de pelo que le daba su novio cada vez que tenían sexo. Ella tiene 21 años y él 19.

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Lo que me alarmó del asunto es que ella me comentaba que ni siquiera sabía que le gustaba o si le asustaba. Pese a ello, prefería aprender a aceptarlo en vez de preguntarse por qué recibía ese trato o incluso hablarlo con él.

Con 19 años, aquel chico estaba reproduciendo lo que, seguramente, llevaba viendo desde la adolescencia. Un sexo en el que no se habla, se tiene la mano muy suelta y el daño se confunde a veces con el placer.

Eso no significa que no haya quien disfrute de este tipo de interacciones donde la dominación juegan un papel fundamental. Pero con 19 años no has experimentado lo suficiente como para saber si eso es realmente lo que te va.

Sobre todo cuando llega a preocupar a la persona con la que se está acostando, que participa con una mezcla entre deseo y miedo, haciendo que se le enreden también esos conceptos.

Nos falta concienciación en ese aspecto, y por eso hoy quiero hablaros de la idea de Nueva Zelanda para advertir a sus habitantes de que lo que ven en el porno no es la representación de lo que sucede en la vida sexual habitual (os la dejo debajo de estas líneas para que sepáis de lo que hablo).

En su campaña, dos actores porno llaman al timbre de una casa. Una señora les abre la puerta y ellos le comentan que vienen a buscar a su hijo, Matt, a quien conocen porque les suele ver online.

“Nos mira en el ordenador, en el iPad, PlayStation, el teléfono, su teléfono (el de la madre), SmartTv, proyector…”, empiezan a decirle. “Solemos actuar para un público adulto, pero tu hijo es solo un niño. Puede que no sepa cómo funcionan las relaciones en realidad. Ni siquiera hablamos sobre consentimiento. Simplemente vamos directos al grano”, dice la actriz.

“Sí, yo ni siquiera actúo de esa manera en la vida real”, le responde su compañero de profesión.

Cuando el niño aparece (ordenador en mano), deja caer la taza de la sorpresa. La madre respira hondo. “Muy bien, Matty, creo que es el momento de tener una charla sobre las diferencias entre lo que ves online y las relaciones de verdad. No te voy a juzgar”, le dice.

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Y es que por mucho que se dispongan de sistemas de control parental, es difícil limitar el acceso a una industria dirigida a un público mayor de edad que se mueve por Internet. Como el propio vídeo demuestra, la solución la tienen los padres.

Pero, ¿es justo que sean los propios progenitores los únicos responsables? ¿No vienen a menudo las películas del cine con advertencias de “Los sucesos y personajes retratados en esta película son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia”?

Por supuesto que, en cada casa, hay que tener la famosa charla, esa de explicar los cambios por los que pasa el cuerpo y lo fundamental que es protegerse. Una conversación en la que fácilmente se puede incluir el asunto de la pornografía.

Sin embargo no puede ser solo trabajo de los padres. Hay que ser conscientes del poder de influencia que tiene el porno, de ahí que Nueva Zelanda sea todo un ejemplo al considerar que, como país, es su deber sensibilizar de la ficción que ven sus espectadores más jóvenes.

Los padres que vean ese anuncio, y no hayan tenido esta conversación, seguramente se planteen sacar el tema. Pero también entre los propios niños será un tema del que se hablará al poder sentirse retratados con el jovencísimo Matt.

¿La conclusión? Que esto es trabajo y responsabilidad de todos y no solo de unos pocos. Las campañas potencian la educación y ya que el porno es una industria tan extensa, al alcance de cualquiera, no debería limitarse a la educación familiar, si hacemos eso, nos arriesgamos a que el tema nunca llegue a salir. De ahí que sea fundamental que se ponga el problema ‘sobre la mesa’ en televisión o redes sociales.

Aunque sea limitándose a explicar, como en la campaña neozelandesa (que lo hacen de una forma muy divertida y concisa), que no es todo tan real y que las relaciones son muy distintas.

Duquesa Doslabios.

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Hablemos de la cuarentena asexual: ¿y si no me apetece hacerlo?

¿Soy la única que siente presión por la cuarentena? Directos constantes a todas horas con clases de cocina, manualidades para niños, conciertos en casa o rutinas de ejercicio. Casi que empieza a estar mal visto que te quedes en casa sin hacer nada productivo.

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Pero lo cierto es que no nos han entrado a todos esas ganas locas por aprender un idioma por nuestra cuenta usando vídeos de Youtube o pasarnos el día preparando los retos gimnásticos de los famosos.

De hecho, poco se habla de la sensación de bajón, de la ansiedad por lo que vaya a pasar en unas semanas, del miedo ante el futuro incierto… De una serie de cosas que hacen que, anímicamente, no siempre se pase por un buen momento.

El sexo no se escapa de esto. Y eso que he sido la primera en ver en la cuarentena una oportunidad para reconectar con una misma y con la pareja.

La excusa perfecta para descubrir las apetencias sexuales más desconocidas y la ocasión de probar aquellas posturas, juegos o juguetes que estaban a la espera de que apareciera algo de tiempo libre.

Hay expertos en sociología que llegan a aventurar un baby boom a finales de año, fruto de las largas jornadas de confinamiento.

Pero, ¿y si se da el extremo contrario? ¿Y si no me apetece tener sexo? Esto es algo nuevo para todos, por lo que cualquier reacción es válida.

Tanto la de quienes quieran dar rienda suelta a su pasión cada noche, como los que busquen un poco de acercamiento vía sexting así como aquellos que no quieran nada.

Se sabe que el sexo es una vía de liberar estrés, pero también puede generarlo el hecho de no tener ganas de intimidad. En cualquier caso, esa falta de ganas -ya sean hacia la pareja o con uno mismo-, sería también una reacción típica.

Al final, no hay una manera correcta universal de enfrentarse a momentos nuevos como este. Y como no contamos con un manual de instrucciones, para esos casos, lo mejor es seguir el impulso y hablarlo abiertamente.

Duquesa Doslabios.

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