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Historias de amor, sexo y otros delirios

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El sexo no entiende de cerebro

¿De qué entiende el sexo? Para mí está claro: el sexo entiende de deseo, de urgencia, de ganas de romper la ropa, de sacarla por la cabeza, de tirarla al suelo sin miramientos. El sexo entiende el idioma de las prendas en el suelo.

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El sexo entiende de carne, de carne de la buena. Cruda y cogida con las manos o con la boca, sin más cubiertos que los dedos. Entiende de labios, de orejas, de cuello, de piernas, de espalda y hasta de pies. Porque no hace ascos, porque es sexo.

El sexo entiende de miradas, de gestos, de gemidos, de olores, de sabores. Entiende, no tanto hablando, sino de silencios. El sexo es el único lenguaje que no necesita más lengua que la que todos compartimos, la sin hueso.

El sexo no entiende de fronteras, no hace ascos al baño, a la cama, al espacio que hay entre la mesa y el sofá. Lo mismo le sirve el cine, que la parte de atrás del coche.

No excluye a nada ni a nadie, puesto que, como seres humanos, todos hemos nacido con la sexualidad puesta, única, perenne, inmutable, diversiforme y original, como una huella dactilar.

El sexo entiende de tanto que poco es lo que se le escapa, pero si en algo podemos estar de acuerdo es que una de las cosas que se quedan fuera es el cerebro.

Así que imagina que esa fuera precisamente la causa que hiciera que no pudieras vivirlo con normalidad, ¿no te parecería un sinsentido?

Imagina no poder hablar de ello porque vives en una sociedad que se comporta como si no existiera esa parte de ti. Imagina no poder tener intimidad, algo tan simple como que no se llame a tu puerta antes de entrar.

Quizás te parece algo impensable teniendo en cuenta que es algo que entiende de sentidos más que de capacidades.

Así que hoy, en este miércoles de otoño en el que seguramente te pille leyéndome en el ordenador de la oficina, en el móvil mientras desconectas de la clase de la universidad o de camino a tu clase de yoga, párate y piensa en cómo sería tu sexualidad tal y como la he descrito, como la tienen tantas personas con parálisis cerebral.

Quiero aprovechar el Día Mundial de la Parálisis Cerebral para hacer un llamamiento, para animar a las personas con este o cualquier otro trastorno, del tipo que sea, a que se conozcan, que sepan lo que les guste y lo puedan expresar. Y que el resto estemos ahí para escucharlo atentamente.

Porque una diversidad funcional no es algo que defina a una persona aunque sea algo que le acompañe. Estamos todos aquí por igual compartiendo el mismo derecho a la sexualidad.

El sexo es natural, no cometamos la antinaturalidad de no poder hablar de ello o de mirar hacia otro lado.

Duquesa Doslabios.

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El Orgullo Gay también es tu día aunque seas heterosexual

El Orgullo LGTB absorbe Madrid y a los madrileños con ella. Los gatos de aquí y los de adopción sabemos que, durante la semana que duran las fiestas, la circulación es imposible y las reservas, en muchos sitios, impensables.

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Hablando con un conocido mío de la celebración, me comentó que, como heterosexual, no sentía que fuera con él, que no lo iba a celebrar.

Entiendo que haya quienes no disfruten de ver las carrozas, asistir a fiestas multitudinarias o a los conciertos, es cuestión de gustos. Sin embargo creo que todos deberíamos sentirnos implicados en la celebración del Orgullo independientemente de nuestra sexualidad, pero especialmente si nuestra orientación es heterosexual.

Me explico, concienciar en la tolerancia y en la igualdad no es solo para aquellos que sienten que les falta. No es como si hubiera que sensibilizar sobre el tema a las personas que han sufrido discriminación o violencia, sino a todas las demás.

Que no hayamos tenido problemas ni impedimentos a la hora de disfrutar de nuestra sexualidad no nos exime de una lucha por el respeto y los derechos de las personas.

Nunca me he sentido juzgada ni preocupada por mi integridad física al querer a quien quisiera, siempre me he sentido libre de amar y sin miedo a que se me discriminara por ello, y al igual que yo vivo esa situación quiero que todo el mundo puedo vivirla también.

Porque al final el Orgullo no es quién gana la carrera de tacones o la fiesta con las drag queens más famosas, son actividades que reivindican que puedes ser quien quieras y amar a quien quieras en libertad y que vas a ser aceptado por ello.

El Orgullo gay es una protesta en forma de fiesta que, con una bandera multicolor, pretende cambiar esas mentes que se empeñan en pensar en blanco y negro.

Duquesa Doslabios.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.