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La solución a tu escasa vida sexual puede estar en los ‘emojis’

“Entonces, ¿te apetece venir después a mi casa a cenar?”

“Claro, yo pongo el postre 😏”

“🔥🔥🔥”

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De todos los estudios inesperados que se realizan en el mundo, poco me esperaba uno que analizara la eficacia de los emoticonos a la hora de intimar.

Pero parece que parece ser que los jeroglíficos del siglo XXI han salido más efectivos que los que usaban en el Antiguo Egipto, o, al menos, esa es la conclusión a la que ha llegado el estudio realizado por el Kinsey Institute.

¿Su conclusión principal? Las personas que usan regularmente emoticonos en sus conversaciones digitales suelen tener más sexo y éxito en sus relaciones que quienes evitan esta forma de comunicarse. Y no es una cuestión de magia o de que cada vez el móvil nos coma más terreno, sino de expresividad.

Empecemos por el principio. Lo que intrigaba a las personas detrás de la investigación era cómo importaba el uso de los emojis en nuestras conexiones e, incluso, si podían resultar de ayuda.

Lo que no imaginaban es que han comprobado que no solo ayudan, sino que además consiguen que los potenciales pretendientes mantengan el contacto después de la primera cita (¿es el fin del ghosting?), lo que se traduce en que, en un futuro, se tienen más intercambios sexuales.

De los encuestados, el 30% de los participantes usaban emoticonos regularmente con personas con las que tenían citas, porque, de esa manera, conseguían expresarse más en profundidad que solo el texto con palabras.

Casualmente eran esos usuarios los que tenían no solo más citas, sino también mayor actividad sexual.

Un segundo estudio analizó cómo la frecuencia de los emojis creaba conexiones más íntimas a la hora de mantener el contacto después de la primera cita, algo que podría desembocar en una relación con esa persona (si le ves como posible novio, ya estás tardando en mandarle el guiño).

Es decir, los emoticonos son una herramienta para sustituir nuestra expresión facial del momento cuando el lenguaje textual no nos lo permite. Son divertidos, juguetones, llenos de significado, sugerentes e incluso dicen más que mil palabras.

La parte negativa es que los miembros del Kinsey Institute tras la investigación aún no han sabido decir específicamente cuáles son aquellos que más llevan al sexo ni los que deberíamos evitar.

Debemos quedarnos de momento con el lado bueno. Es el momento de decirle adiós a la teoría de que somos incapaces de relacionarnos a través de una pantalla. No solo podemos hacerlo, sino que las herramientas digitales (los emojis, gifs…) nos permiten crear vínculos de calidad que pueden desembocar o en futuros noviazgos o en noches de pasión.

Sea cual sea de ambas, todos salimos ganando.

Duquesa Doslabios.

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Perdamos la vergüenza a querer encontrarnos con un ‘empotrador’

Hace unos días, Rosa López, a la que recordarás por Operación Triunfo (si no la recuerdas es probable que se deba a que naciste a partir de los 2000), declaraba en televisión que necesitaba un ‘empotrador’.

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Lo siguiente fue una cobertura mediática digna de boda real británica con todos los medios fusilando hasta el infinito la frase de la cantante.

Rosa López necesita un empotrador. ¡Que Rosa López necesita un empotrador! Era casi como si hubiera declarado que necesitaba comer bebés. Un escándalo.

¿Cómo se le ocurría a una mujer decir lo que deseaba? Es más, ¿cómo se le ocurría a una mujer tener deseos? Al menos, eso era lo que parecían hacer sentir los medios, que recalcaron su declaración como si se tratara del resultado de un mundial.

Rosa López, María Fernández, Rocío García o Carmen Rodríguez pueden fantasear con que venga alguien que las empuje contra la pared, las excite, las lleve al límite y las haga explotar.

Porque es algo en lo que todas estaremos de acuerdo. Para no sentirnos excitadas ya tenemos la universidad, el trabajo, las tareas de la casa o llevar el mail al día.

Lo escandaloso no es que pida ese deseo. Si hubiera dicho que necesitaba un padre para dos o tres churumbeles, solo los medios del corazón se habrían hecho eco.

Aquí lo fuerte es que es una mujer hablando de sexo, tomando las riendas, diciendo lo que quiere. Es una mujer que no está sujeta al placer masculino, y eso es lo que asusta.

Que no está controlada.

Que no es una película porno, un cartel de tres metros de publicidad donde las mujeres aparecemos sumisas. Siempre subordinadas.

Que hace propia su sexualidad, la reclama. Y es algo que, en esta sociedad, solo gusta si es a los hombres a quien sirve. Solo nos aplauden la libertad cuando quieren quitar las azafatas de las carreras o prohibir la prostitución, esos son los temas que les preocupan. Ahí es cuando quieren vernos liberadas.

Pocos hombres he visto indignados de la exposición pública, del casi linchamiento mediático al que se ha sometido a Rosa, que, lo que ha hecho, ha sido decir en alto lo que pensamos.

Igual es el momento de dejar de sentir vergüenza, de quitarnos de encima de una vez el peso del pecado original y decir alto y claro que queremos que nos follen bien.

Duquesa Doslabios.

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Sexo ecológico: 8 consejos para que tu vida íntima no le pase factura al medio ambiente

Hasta hace poco, los chorros de ciertas duchas, eran una de mis fuentes de placer preferidas (ya sabéis a cuáles me refiero, esos pequeñitos que van a máxima presión).

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Sin embargo, no sé en qué momento, caí en que aquello era un gasto de agua potable que, en mi opinión, no podía estar permitiéndome.

Tengo a mi alcance una mano con diez dedos que no gastan ningún tipo de bien del planeta (y además son gratis).

La cosa es que aquello me hizo reflexionar sobre mis hábitos sexuales. ¿Estaba teniendo una vida íntima eco-friendly o, por mucho que intente evitar plásticos y consumos innecesarios en otros ámbitos de mi vida, se me escapaba ese aspecto?

  1. Si la masturbación prefiero dejarla fuera del baño, el sexo en la ducha debería seguir el mismo camino. O, en todo caso, seguir practicándolo, pero con el grifo cerrado. Eso sí, para después, ducharse en compañía, ahorra unos cuantos litros de agua.
  2. Aunque el agua es la más obvia, también podemos aplicarlo a la luz. Si ya de por sí el sexo invita a dejarse llevar por los sentidos, y en ocasiones, disminuir la intensidad puede hacer mucho por el ambiente, el mismo efecto natural lo logran ciertas horas del día sin tener que recurrir a la lámpara.
  3. La mayoría de los lubricantes están hechos a partir del petróleo. La solución más sencilla sería buscar aquellos que no dañen al medio ambiente (lo que incluye también fijarnos en el envoltorio, ya que es donde se añade todavía más plástico).
  4. Aunque en el siglo XIX se dejaron de usar los condones hechos a partir de pieles de animales, no es mala opción volver a los de piel de cordero, que han vuelto a popularizarse. El problema de los convencionales es que, pese a estar hechos de látex, una sustancia biodegradable, suelen llevar químicos para hacerlos más gruesos y resistentes, por lo que no se sabe a ciencia cierta cuánto pueden tardar en degradarse. Además del de cordero se puede optar también por uno libre de estos productos.
  5. Los juguetes sexuales a pilas son cosa de los 90. Ahora los tienes recargables e incluso modelos más avanzados que se cargan con energía solar. También puedes optar por diseños que estén hechos a partir de productos reciclados o incluso hacerte con uno realizado en materiales resistentes y duraderos como la madera o el cristal.
  6. Si al terminar, te has manchado en algún momento, no te limpies con papel higiénico. Usa mejor una toalla. Todo lo que caiga en ella, sale en la lavadora.
  7. Y hablando de manchas y lavadoras, la próxima vez que vayas a comprar las sábanas, evita las de color blanco. Pueden terminar amarillentas si cae algo sobre ellas. Cógelas de algún color para que te duren más tiempo.
  8. Por mucho que pueda gustarnos la lencería erótica, estamos contribuyendo a contaminar el planeta ¡para una actividad que hacemos desnudos! ¿Por qué no usar fruta, chocolate derretido, yogur o nata para dibujar ropa en el cuerpo? Lo bueno es que también forma parte del juego (y nos sirve a modo de picoteo).

Duquesa Doslabios.

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Los genitales huelen (y no pasa nada)

Si me preguntas cuál de los cinco sentidos relaciono en mayor medida con el sexo, tengo clara la respuesta: el tacto. En segundo lugar la vista, en tercero el oído y en cuarto el gusto. El olfato quedaría fuera del podio.

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Y me preocupa, porque para que la experiencia sea plena, también debería ejercitar el órgano olfativo, la nariz. Esa parte que queda relegada a un segundo plano y a la que, me temo, le presto muy poca importancia.

Sé que no soy la única. Es como si nuestras narices fueran siempre entre algodones. Nos empeñamos en camuflar todos los olores que nos rodean, y así tenemos el olfato, muy poco desarrollado.

Los anuncios de ambientadores que nos hacen tener la casa oliendo a bosque, a mar o a flores, el desodorante que dura 48 horas y es resistente al agua, las compresas perfumadas y ahora, hasta los calcetines vienen con olor añadido.

El cuerpo también ha pasado por un lavado de nariz. Nos hemos desacostumbrado al olor del cuerpo con todo lo que ello implica. Y basta que sintamos el más mínimo efluvio para que nos entren los agobios por no saber reconocerlo o que llegue incluso a ser motivo de repulsa.

De hecho, tengo un caso muy a mano. Una de mis mejores amigas se niega a que su pareja, con la que lleva más de seis años, le practiquen sexo oral porque siente que su flujo “huele muy fuerte”.

Nunca nadie se lo ha dicho, simplemente tiene una vergüenza tan grande de su propio cuerpo que se ha construido una barrera que le impide llevar una sexualidad plena (y disfrutarla, dicho sea de paso, que seis años sin que te hagan un solo cunnilingus se hacen muy largos).

Lo que me gustaría decirle a mi amiga es que los cuerpos huelen, la vida huele, y, los genitales son parte de nuestro cuerpo, el espacio que habitamos. No huelen a rosas, sino diferente y de manera única en función de cada persona. Pero huelen a una cosa en la que estaremos de acuerdo: a placer.

Por mucho que la publicidad insista en que seamos algo aséptico, no podemos desligarnos de la esencia que emanamos.

Y aunque no hay que confundir el olor natural de los genitales con el olor a suciedad, más propio de una infección o de, sencillamente, falta de higiene, no podemos olvidarnos de las feromonas.

Son una parte fundamental del intercambio sexual. De hecho, esas fantásticas sustancias se secretan a través de dos zonas en particular, las axilas (a través del sudor) y los genitales.

Aunque a diferencia de otro tipo de sustancias, estas no huelen, se evaporan en el aire. Por lo que una limpieza extrema, así como productos de higiene con perfumes muy intensos, hace que sea más difícil captarlas.

Aceptar los olores, limitarse al agua y al jabón en vez de pulverizar la mitad del bote de desodorante en la entrepierna, no solo nos liberará en la cama permitiéndonos disfrutar sin inseguridades, sino que nuestras feromonas multiplicarán el placer.

Empecemos a trabajarlo como el resto de sentidos y a dedicarle la atención que se merece. Porque, sinceramente, pocas cosas son comparables al perfume natural de un cuello en crudo.

¿Te atreves a oler y a que te huelan?

Duquesa Doslabios.

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De tetas a tretas, ¿qué ha sido del sexo en ‘Juego de Tronos’?

A pocas semanas del final de Juego de Tronos, ya podemos analizar una de las series más mediáticas de los últimos tiempos. En ella, el sexo ha pasado de ser el principal gancho a algo casi intrascendental, esporádico, poco relevante y solo interesante cuando estaba relacionado con la historia (no voy a hacer spoilers, pero el último encuentro es la mejor prueba de ello).

FACEBOOK JUEGO DE TRONOS

Que haya ido desvaneciéndose entre el fragor de las batallas, las conspiraciones y el alzamiento de los Caminantes Blancos prueba que nunca es tarde si la dicha es buena. Y en este caso, nunca es tarde si la trama lo es.

De hecho, me incluyo entre las personas exasperadas (si es que existen) que se resignaban cada vez que aparecían esas escenas, a mi parecer innecesarias, en un burdel sabiendo que esos minutos, la historia resultaría poco relevante.

Es probable que a todos los espectadores nos resulte difícilmente olvidable el inicio de la ficción, con esas violaciones físicas y emocionales a Daenerys en las que era exhibida como un trozo de carne por su hermano y después forzada por su marido al ser entregada en un matrimonio de conveniencia.

Porque otra cosa no, pero si algo hemos visto en Juego de Tronos han sido tetas. De hecho, al principio, las escenas de Emilia Clarke eran casi un denominador común hasta que, una vez adquirido peso en la industria, la actriz se plantó diciendo que no volvería a aparecer desnuda. Y así fue.

Aun así es triste comprobar como en Hollywood si no eres alguien, no tienes ninguna potestad para decidir si enseñas o no tu cuerpo. Lo mismo que le paso a Lena Headey (Cersei Lannister), que en el famoso paseo de la vergüenza pudo recurrir a una doble de cuerpo.

Con el despegue del movimiento #MeeToo sucediendo al tiempo que el radical descenso de actrices dispuestas a convertirse en reclamo visual, es complicado no establecer una relación entre ambos sucesos.

No quiero excederme criticando el hecho de que los desnudos fueran el pan de cada capítulo (Outlander es una de mis series predilectas por las escenas de pasión). Sin embargo, en Juego de Tronos, el cuerpo femenino parece haber sido la única obsesión de los guionistas.

De hecho, llama también la atención la cantidad de trabajo que ha dado la serie a actrices porno para que interpretaran a figurantes o personajes secundarios (seis de ellas son estrellas en la pornografía, ningún actor X fue incluido en la ficción).

Dentro de poco, la serie llegará a su fin. Y con ella las explícitas imágenes de cama. Esperemos que, la que venga a continuación, aprenda de esto y sepa que, como ha demostrado Juego de Tronos, no necesita usar el cuerpo femenino para ganar audiencia si la historia es lo bastante potente. O que, en el caso de que se decida a seguir utilizando como estrategia para aumentar el número de espectadores, equipare el número de escenas (y de cuerpo a la vista) entre ambos sexos.

Y es que es posible que la brevísima toma en la que se veía el culo de Jon Snow haya sido una de las más celebradas de la pantalla por mis amigas. Sorpresa, HBO, a nosotras también nos gusta el sexo.

Duquesa Doslabios.

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‘Made in Spain’, nuestros problemas sexuales más comunes

Aunque la sexualidad cada vez está más aceptada, todavía tenemos ciertos tabúes en torno a ella que nos impiden tratarla con toda la libertad que nos gustaría.

MediQuo

¿El ejemplo más típico? Cuando vienen los problemas. Si nuestras amistades de confianza, esas a las que primeros recurrimos, no saben qué decirnos, caemos irremediablemente en las fauces de Google, que, ante cualquier tipo de síntoma, el resultado del algoritmo es siempre el mismo: cáncer, muerte.

Una alternativa es mediQuo, una aplicación de chat médico que resuelve las dudas médicas del tipo que sean, y, por supuesto, las del sexo, con la tranquilidad de que podemos consultar libremente sin tener a nuestra madre al lado poniendo la oreja en la consulta del médico de cabecera.

Analizando más de 11.000 consultas de los últimos cuatro meses, han dado con las cinco preguntas más frecuentes que nos rondan la cabeza (y los genitales) a los españoles.

El orgasmo es nuestra obsesión y, muchas de nosotras, no sabemos ni por dónde empezar para llegar a él. La falta de conocimiento en el ámbito sexual, y tener como maestra a la pornografía, no es de mucha ayuda a la hora de darle respuesta. La opinión de Claudia Kösler, la experta en sexología de la app, deja claro a qué se debe: “Para llegar al orgasmo, primordialmente hay que estar relajada y atenta al cuerpo y sus sensaciones. Si te pasas todo el encuentro sexual en la mente, te desconcentras”.

Para nosotras, sí, pero también para ellos es una de las principales preocupaciones, si bien por motivos diferentes. Eyacular rápidamente, otra de las dudas más habituales, puede deberse a diferentes motivos, desde estrés hasta malos hábitos sexuales.

MediQuo

La fijación por aguantar más tiempo en la cama es algo que también preocupa a nuestros compañeros, porque como ‘Lady Porn’ les ha enseñado, hay que ser unos machotes de mucho cuidado aguantando horas y horas dándonos placer.

La realidad es que la sexualidad no es solo el rato de penetración, hay mucho más mundo que descubrir de sábanas para adentro, por lo que la observación de Kösler no puede ser más acertada: “No olvides la importancia de la calidad por encima del tiempo y la cantidad“.

“Aguantar más en la cama requiere control sobre la propia excitación, combinar diferentes prácticas sexuales, no centrarse exclusivamente en la penetración, hacer paradas, cambiar de ritmo… ¡Esto no es una carrera! Calma, relajación y compenetración mutua”, afirma la experta.

Nos preocupa tanto ese momento de intercambio que se nos olvida precisamente reforzar los vínculos y actitudes que complementan la experiencia creando una conexión. Es precisamente la comunicación lo que nos da confianza para poner en práctica lo que nos gusta, nos excita, algo que sin duda soluciona la común consulta de “No siento nada en las relaciones sexuales”.

El deseo también tiene un peso fundamental, ya que es el quinto motivo más consultado. Un elemento que varía también en función de diferentes factores como el estrés, la falta de tiempo o incluso conflictos dentro de la propia pareja.

El secreto sigue siendo poner las cartas sobre la mesa, sincerarse con la existencia del problema y ponerle solución buscando las causas que pueden alterarlo. Como dicen por ahí, el secreto está en las ganas, y si estas no faltan, serán la principal ayuda para potenciarlo.

“Prácticas exploratorias corporales, mejorar la comunicación con la pareja, uso de fantasías, lectura de novela erótica o mindfulsex” son algunas ideas que propone Kösler para mejorar en ese aspecto.

Y ya sabéis, si seguís teniendo dudas, mejor dejar a Google a un lado y preguntar a los expertos.

Duquesa Doslabios.

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Sexo oral y menstruación, ¿mala idea o buena combinación?

Mucho se ha hablado de los beneficios del sexo durante los días de regla. Se libera la que se conoce como la “hormona de la felicidad”, la oxitocina; los orgasmos ayudan a que, si tenemos dolor, este remita; la sangre puede compensar la falta de lubricación… Y es que a muchas de nosotras se nos pone la libido por las nubes en esos días.

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Pero, ¿qué pasa con los cunnilingus, una de las prácticas preferidas de aquellas mujeres que, como yo, solo alcanzamos el orgasmo mediante la estimulación directa del clítoris?

He de admitir que, de primeras, la idea de que alguien te baje a la entrepierna cuando estás en pleno sangrado, no es que resulte algo muy apetecible para ninguno, a no ser que salgas con uno de los hermanos Cullen.

Por suerte, el sangrado, a excepciones de casos atípicos, no es algo que salga a chorro y de manera constante durante todos los días de regla. De hecho, a partir del segundo o el tercero, la cantidad de sangre se reduce bastante.

Sin embargo, para los momentos en los que es abundante, hay una serie de objetos de higiene íntima que nos permiten seguir disfrutando. No, las compresas no entran en la lista, pero tanto los tampones como la copa menstrual, dejan la zona lista para cualquier tipo de acercamiento.

Gracias a que el aparato reproductor femenino está coronado por el cuerpo carnoso del placer por excelencia, la sangre no llega a afectar a la zona, por lo que ambos pueden disfrutar con la tranquilidad de que las sábanas no necesitarán recambio.

El cunnilingus, además, es una postura perfecta cuando estás con la regla si eliges la versión en la que la chica se coloca boca arriba, ya que en estos días, ponerse al revés resulta molesto para algunas de nosotras (el peso sobre la tripa puede ser inaguantable).

Para los días de invierno, en los que no quieres coger frío, ya sabemos que en plena regla lo que te pide el cuerpo son bolsas de agua caliente que te mantengan la barriga templada, puedes incluso dejarte el jersey puesto y unos calcetines altos que te permitan disfrutar de la experiencia sin que se te congelen los riñones.

Lógicamente, tener o no este tipo de vivencia sexual en el momento de la menstruación, es una decisión personal. Si una de las dos partes no se siente cómoda, en ningún caso hay que forzar la situación, ya que, recordemos, el sexo es para disfrutar.

Pero si lo ves con buenos ojos o incluso con curiosidad, solo que hasta ahora no te habías animado, ya sabes que puedes bajar al pilón sin ningún tipo de preocupción.

Duquesa Doslabios.

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El sexo no entiende de cerebro

¿De qué entiende el sexo? Para mí está claro: el sexo entiende de deseo, de urgencia, de ganas de romper la ropa, de sacarla por la cabeza, de tirarla al suelo sin miramientos. El sexo entiende el idioma de las prendas en el suelo.

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El sexo entiende de carne, de carne de la buena. Cruda y cogida con las manos o con la boca, sin más cubiertos que los dedos. Entiende de labios, de orejas, de cuello, de piernas, de espalda y hasta de pies. Porque no hace ascos, porque es sexo.

El sexo entiende de miradas, de gestos, de gemidos, de olores, de sabores. Entiende, no tanto hablando, sino de silencios. El sexo es el único lenguaje que no necesita más lengua que la que todos compartimos, la sin hueso.

El sexo no entiende de fronteras, no hace ascos al baño, a la cama, al espacio que hay entre la mesa y el sofá. Lo mismo le sirve el cine, que la parte de atrás del coche.

No excluye a nada ni a nadie, puesto que, como seres humanos, todos hemos nacido con la sexualidad puesta, única, perenne, inmutable, diversiforme y original, como una huella dactilar.

El sexo entiende de tanto que poco es lo que se le escapa, pero si en algo podemos estar de acuerdo es que una de las cosas que se quedan fuera es el cerebro.

Así que imagina que esa fuera precisamente la causa que hiciera que no pudieras vivirlo con normalidad, ¿no te parecería un sinsentido?

Imagina no poder hablar de ello porque vives en una sociedad que se comporta como si no existiera esa parte de ti. Imagina no poder tener intimidad, algo tan simple como que no se llame a tu puerta antes de entrar.

Quizás te parece algo impensable teniendo en cuenta que es algo que entiende de sentidos más que de capacidades.

Así que hoy, en este miércoles de otoño en el que seguramente te pille leyéndome en el ordenador de la oficina, en el móvil mientras desconectas de la clase de la universidad o de camino a tu clase de yoga, párate y piensa en cómo sería tu sexualidad tal y como la he descrito, como la tienen tantas personas con parálisis cerebral.

Quiero aprovechar el Día Mundial de la Parálisis Cerebral para hacer un llamamiento, para animar a las personas con este o cualquier otro trastorno, del tipo que sea, a que se conozcan, que sepan lo que les guste y lo puedan expresar. Y que el resto estemos ahí para escucharlo atentamente.

Porque una diversidad funcional no es algo que defina a una persona aunque sea algo que le acompañe. Estamos todos aquí por igual compartiendo el mismo derecho a la sexualidad.

El sexo es natural, no cometamos la antinaturalidad de no poder hablar de ello o de mirar hacia otro lado.

Duquesa Doslabios.

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El Orgullo Gay también es tu día aunque seas heterosexual

El Orgullo LGTB absorbe Madrid y a los madrileños con ella. Los gatos de aquí y los de adopción sabemos que, durante la semana que duran las fiestas, la circulación es imposible y las reservas, en muchos sitios, impensables.

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Hablando con un conocido mío de la celebración, me comentó que, como heterosexual, no sentía que fuera con él, que no lo iba a celebrar.

Entiendo que haya quienes no disfruten de ver las carrozas, asistir a fiestas multitudinarias o a los conciertos, es cuestión de gustos. Sin embargo creo que todos deberíamos sentirnos implicados en la celebración del Orgullo independientemente de nuestra sexualidad, pero especialmente si nuestra orientación es heterosexual.

Me explico, concienciar en la tolerancia y en la igualdad no es solo para aquellos que sienten que les falta. No es como si hubiera que sensibilizar sobre el tema a las personas que han sufrido discriminación o violencia, sino a todas las demás.

Que no hayamos tenido problemas ni impedimentos a la hora de disfrutar de nuestra sexualidad no nos exime de una lucha por el respeto y los derechos de las personas.

Nunca me he sentido juzgada ni preocupada por mi integridad física al querer a quien quisiera, siempre me he sentido libre de amar y sin miedo a que se me discriminara por ello, y al igual que yo vivo esa situación quiero que todo el mundo puedo vivirla también.

Porque al final el Orgullo no es quién gana la carrera de tacones o la fiesta con las drag queens más famosas, son actividades que reivindican que puedes ser quien quieras y amar a quien quieras en libertad y que vas a ser aceptado por ello.

El Orgullo gay es una protesta en forma de fiesta que, con una bandera multicolor, pretende cambiar esas mentes que se empeñan en pensar en blanco y negro.

Duquesa Doslabios.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.