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Historias de amor, sexo y otros delirios

Entradas etiquetadas como ‘mujeres’

Pornografía para mujeres: identificadas pero no vejadas

Estamos expuestos a la pornografía, ya sea porque la buscamos a propósito, porque aparezca por despiste o porque se nos crucen esos obscenos anuncios cuando estamos cargando el enlace de la película que le vamos a poner a nuestros hijos (¡o a nuestros padres!).

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Pero es una pornografía que, aunque veamos tanto hombres como mujeres, parece únicamente destinada a complacer a los espectadores masculinos: planos de las mujeres casi exclusivamente (los escasos que hay de hombres solo son para enfocarles el cimbrel), gemidos femeninos ensordecedores (ruidos masculinos casi inexistentes), monólogos femeninos (“Oh si, dame, soy una perra” etc, etc), un final nada sorprendente en el que el susodicho desparrama todo el esperma sobre una mujer que parece estar más feliz pringándose la cara en lefa que en un día de rebajas en Ikea.

La comparativa podría extenderse, pero hoy no es el día de analizar la pornografía (que lo haré, podéis estar tranquilos). Hoy es el día de ahablar de cuando descubrí el porno femenino.

Para empezar no me gusta que exista una distinción cuando es algo que consumimos todos. Es como si, por usar más cremas las mujeres que los hombres, se convirtiera en un producto exclusivamente nuestro.

Casi me puedo imaginar a dos amigas en un supermercado:

-¿Has visto a ese chico? Está comprando la mascarilla exfoliante.

-Mmmmm…qué travieso. Seguro que le encanta sentir su piel suave después de la limpieza facial

-Qué suerte debe tener su novia. A mí me encantaría que mi pareja se me acercara con un bote de gel desincrustante y me dijera que vamos a limpiarnos el cutis toda la noche.

Suena raro, pero si cambiamos las tornas y sustituimos las dos amigas por dos amigos y las cremas por la pornografía… ¿a que empieza a cobrar sentido?

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Nomenclaturas aparte y volviendo al porno femenino (que pierdo el hilo), ayer estuve curioseando a Erika Lust, que por lo visto es la única en darse cuenta de que las mujeres no terminamos de sentirnos del todo satisfechas (en todos los sentidos) con la pornografía convencional.

Sus películas (podéis echarles un vistazo a Cabaret Desire y a XConfessions) son realmente películas eróticas. Tenemos una trama (para aquellos que gozáis de meteros en situación) y escenas explícitas de sexo.

El desarrollo de la acción es interesante, ya que podemos sentirnos identificadas (¿quién no ha fantaseado alguna vez con su monitor del gimnasio en plena clase colectiva?) pero no vejadas. Y esa es la clave.

No es una pornografía perfecta, alguien debería decirle a Erika que lo de meter música ratonera a todo volumen mientras los protagonistas están chingando es algo que se quedó en los 90 por algo, pero es un comienzo.

Es un punto de partida para que otros directores vean las posibilidades y se animen en hacer de la pornografía algo para uso y disfrute de todos.

Duquesa Doslabios.

Si las mujeres hablaran de sus vaginas como los hombres hablan de sus penes

Querid@s,

Los molones de BuzzFeed España han colgado un video muy singular. Si las mujeres hablaran de sus vaginas como los hombres hablan de sus penes, esto es lo que pasaría…

Hoy seré breve y no comentare nada. Dejaré que ustedes lo hagan.

Que follen mucho y mejor

 

En los zapatos de un hombre

Querid@s,

Muchas veces me apeo de mis tacones e intento ponerme en los zapatos de un hombre. Imagino cosas. Me pica la curiosidad e imagino como sería follar con una mujer. Solo de mirarla ya me pongo cachondo. ¿Qué se siente haciendo el amor a una mujer? Quisiera sentir la excitación al masturbarla o penetrarla con un pene ensoñado, desnudarla, tocarle el culo, las tetas, lamer sus pezones, romperle las vestiduras y arrancarle las bragas y el sujetador. La vida es sueño y Me convierto en un empotrador generosamente servido por la Madre Naturaleza que me ha bendecido con una verga gorda y hermosa.

Pienso en lo que me gustaría que esa mujer (me) hiciera en la cama, lo que me haría perder el control y encendería en un instante, provocando un estallido de ardor dentro de mi bragueta. Me gustaría amancebarme entre sabanas húmedas con una mujer que todo lo que hiciera lo hiciera por puro placer, por ella, por mí. No quisiera toparme con una de esas mujeres que no disfrutan del sexo, que son como estrellas de mar mientras follan, que ni comen ni dejan comer. Que no se dejan hacer, que le hacen ascos a todo, que nada les hace volar, y que no saben volar, ni en la cama ni en la vida.

Quisiera verme las caras con una hembra tan segura de sí misma que ni las carnes trémulas, ni la celulitis la desprendieran de un ápice de su grandeza. Querría hacerle el amor a una mujer que me retara. Con su mente, con su mirada, con su cuerpo. Una mujer que se dejara meter mano en un sito público, que no le hiciera ascos a exhibicionismos discretas; no hablo de follar en la plaza del pueblo un domingo de Pascuas. Una mujer que se ría en la cama, que llore también, pero que goce, sobre todo que goce como una perra y se lo pase de lo lindo.

Una mujer que no apagara las luces, que me regalara sexo inesperado, sin pedirme permiso, que me rogara que se lo comiera, que me suplicara, entre jadeos, que me la quiere chupar. Y que todo esto lo haga por su propio regodeo, no por el mío. Darme cuenta de que no me la está chupando para complacerme. No way José. Me la está chupando porque ella quiere, porque tiene ganas. Convendrán conmigo caballeros que la mejor manera de que a uno se le coman es que el felador o la felatriz embarcad@ en tan dichosa proeza se regocije comiéndosela, no por complacerle a usted, sino por su propio placer egoista. En definitiva, una mujer que se encuentre en el culmen de la conquista de su propia personalidad.

Eso sería como estar en el paraíso. Menuda mujer. Por una mujer así, yo me cambiaba de acera. Pero ya.

Que follen mucho y mejor.

¿Qué queremos las mujeres de los hombres?

Querid@s,

No saben lo que me he podido reír al volver a escuchar este vídeo. Echenle un vistazo, no tiene desperdicio.

¿Qué queremos las mujeres? De los hombres, claro está. La verdad es que se trata de una pregunta muy sencilla. No sé lo que querrén todas y cada una de ustedes- cada una somos de una manera-, pero yo desde luego, sí sé lo que quiero. Lo quiero todo. Personalmente creo en los amores verdaderos, en el amor para toda (casi toda) la vida. Que no es lo mismo que la media naranja, ese cuento chino que yo no me trago ni harta de vino. Pero el amor del bueno es igualmente harto difícil de encontrar. No caeré en el tópicos de que soy demasiado exigente, porque no lo soy. A veces me he conformado con poco. A veces, no siempre. Me he conformado con polvos agridulces, con cafres y farsantes, con tipos malos que básicamente son solo eso, malos. Allá voy con mi lista de ingredientes de mi socio de vida. Aunque en ocasiones pienso que no sé lo quiero con exactitud, pero sí lo que no quiero.

No quiero muermos, estirados, soberbios, egoístas, egocéntricos, cobardes, melancólicos, ruines, vagos, borrachos y sin vida. Que además de mariposas en el estómago, pasión, calor, ternura, ardor, cariño, respeto y un largo etcétera, me despierte una profunda admiración. Yo quiero un hombre que me ponga con los tacones mirando pal techo (creo que ya les he comentado esta pecualiridad  en alguna ocasión), que me dé candela, que me tenga loquita, que me dé lo mío y lo de prima, y que de vez en cuando que me ponga mirando pa Cuenca.

Con la mente sana, muy sana.Que le fascine el mar, el sol y la música tanto como a mí. Que no busque joyas, palacios ni coches. Que se ría mucho, y que me haga reír a mí.

“El sentido del humor es lo único que nos separa de las cucarachas, las rémoras y algunos escritores argentinos”.

Que sepa que en la vida hay pocas cosas que realmente tienen importancia.

Con la mente en cualquier otra parte y los pies en la tierra.

Que tenga una buena conversación.

Que sepa cocinar, más que nada, porque mis habilidades entre los fogones dejan mucho que desear. Si además de cocinar, le gusta hacer la compra, limpiar la casa, poner lavadoras, planchar y sacar la basura además de ser el manitas de la casa, mejor que mejor. Puestos a pedir.

Humano, humilde y solidario. Que luzca o vista un toque canalla, pero sin serlo. Sano, pero que tengo algún vicio (pecata minuta). Que le guste bailar. Que no encienda la luz, que no diga nada, que no se mueva si no lo siente.

Que tenga un tatuaje. No lo puedo evitar. Me ponen muy berracas los hombres con tatuajes, pero sin pasarse. Pronuncio un No rotundo a los cuerpos invadidos por una masa de tinta multicolor.

Generoso y apasionado en todo lo que haga. Con mucha mucha vida y ganas de vivirla.

Aventurero, viajero, soñador. No quiero un hombre que me regale la luna, sino que comparta el mundo conmigo.  Quiero un hombre con el que coger una mochila y descubrir todos los rincones de la tierra.

Quiero un hombre, ante todo, que me quiera. No por encima de todo, (el debe quererse más, al contario el amor no funciona), pero sí como yo me merezco. Un hombre que quiera cuidarme, a mí y a nuestra prole. Me da igual el color de su piel, su bandera, la religión que profese y los Dioses que adore o no adore. Bondadoso y leal.

La fidelidad es otra cosa. Podríamos definirla entre los dos, cuando nadie nos vea, porque a nadie le importa.

Vivir intensamente, juntos y revueltos.

Que le gusten los niños y los mayores. Para ser buen padre y para ser un buen hijo. Todos nos hacemos mayores, desgraciadamente, es ley de vida. No quiero a mi lado un hombre que no quiera responsabilizarse de sus padres y de nuestros hijos. Hechos, no palabras. Todos sabemos que las palabras se las lleva el viento, que mucho prometer, pero después de metido nada de lo prometido. Y aunque no tenga mucho que ver, que por la boca muere el pez. No quiero un hombre que me regale flores y los oídos con falsas promesas . Que me lo demuestre.

Sensible y sobre todo bueno. Bueno por encima de todo. Un hombre con el que, si llegamos juntos y tenemos la fortaleza, dedicar nuestra vida a la de los demás. Un hombre extraordinario que me coja de la mano y me acompañe para toda la vida.

Trabajador, en algo tengo que hacerle caso a mi madre. 

Que quiera cenar cada día a una hora distinta y no caer nunca en la rutina.

Que sepa lo que es el AMOR. Para mí el amor, entre otras cosas, es lo que queda después de la vejez, de la enfermedad y de la muerte. Quiero a un hombre que me ame hasta el final, sobre todo cuando no luzca este cuerpo serrano, la celulitis haya invadido mis piernas y las arrugas ya no pueda disimularlas con cremas milagrosas. Un hombre que no se vaya de putas o me cambie por la primera jovencita que se le cruce por el camino.

Y después…Seguir bailando y creyendo. No sé si estoy pidiendo mucho. Me da que este hombre no existen.

¿O conocen a alguno? Les ruego que me lo presenten.

¿Qué buscan ustedes?

Que follen mucho y mejor.

¿Malinterpretamos las señales de cortejo del sexo opuesto?

“Si eres amable te acusan de calientapollas, pero si cortas la conversación te llaman borde y amargada”, se quejaba el otro día una conocida. Hablábamos de hombres, mujeres y de las distintas formas de relacionarse entre sí. A mí, personalmente, me pareció una exageración. Es cierto que en el mundo hay mucho capullo suelto, pero no comparto la afirmación, al menos no de forma general. Lo que sí creo es que, a menudo, unos y otros confunden las señales que perciben o reciben de sus interlocutores del sexo opuesto.

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Gestos, poses, actitudes, sonrisa, contacto visual, tono de voz… El lenguaje corporal que adoptan las personas cuando interactúan con alguien por quien sienten atracción o interés sexual es muy revelador; pero ocurre que, a menudo, se ven señales de cortejo donde no las hay o, por el contrario, no las pillas aunque tengas a un equipo entero de controladores aéreos dándote en las narices con luces rojas, bengalas luminosas y haciendo sonar una docena de bocinas.

Siempre he pensado que el darte o no por enterado tenía que ver con el carácter, con lo espabilado/a que fueras, el bagaje vital… pero ahora leo que, según un reciente estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (Noruega) y que recoge la revista Evolutionary Psychology, se tiende a una cosa o a otra dependiendo de si eres hombre o mujer.

La investigación, para la que se contó con 308 participantes heterosexuales (el 59% de ellos mujeres) con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años, concluyó que tanto hombres como mujeres malinterpretan las “señales” del sexo contrario, aunque, a la hora de confundir estas “pistas”, son ellos los que se llevan la palma. Ojo, que no lo digo yo, que lo dicen los tipos estos de Noruega, aunque lo cierto es que los resultados de su estudio coinciden 100% con los de otro realizado en 2003 en Estados Unidos.

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Al parecer, ellos tienden a confundir la amistad y las sonrisas con el interés sexual, y ellas, por su parte, suelen pensar que las distintas muestras de cortejo que ellos les lanzan son simplemente amabilidad. “El hecho de que ambos estudios coincidan plenamente debilita alegaciones alternativas sobre que los roles sociales de hombres y mujeres en diferentes culturas determinan su psicología en estas situaciones”, aclara Mons Bendixen, coautor de la investigación.

Precisamente, uno de los temas en los que los psicólogos evolucionistas están especialmente interesados es la psicología sexual de género entre las culturas y los grupos sociales. “La aptitud reproductiva de un hombre, es decir, la cantidad de descendencia que produzca, depende de la cantidad de mujeres a las que él es capaz de dejar embarazadas. Pero esa actitud no funciona para las mujeres”, explica Bendixen, para quien la posibilidad de un embarazo con el consiguiente parto y crianza ha hecho que la psicología femenina, a través de miles de generaciones, haya evolucionado a poner el listón más alto; lo que significa que ellas necesitan señales mucho más claras que los hombres antes de considerar mantener relaciones sexuales.

¿Qué opináis? ¿Alguna vez habéis confundido los sentimientos de otra persona? ¿Habéis dejado pasar algún tren por no ver lo que teníais delante de las narices? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra

Sexo, mujeres y literatura erótica

Hace unos días alguien me preguntó que por qué creía yo que en España costaba tanto hablar abiertamente de sexo, sobre todo si se trataba de mujeres. No me hizo falta pensar mucho para responderle que, desde mi experiencia, no podía compartir en absoluto dicha afirmación. Al contrario, son ellas a quienes he encontrado casi siempre dispuestas a abordar temas sexuales y contar sus secretos más íntimos, ya tuvieran 20, 30, 40 o 60 años.

Obviamente el lenguaje no era el mismo de unas a otras y varía mucho en función de la edad, pero el mundo se ha movido y las mujeres se han sacudido de encima muchos años de oscuridad y prejuicios. La mayoría no sienten vergüenza a la hora de compartir sus fantasías y experiencias con compañeras y amigas. Así lo demuestra un estudio sobre hábitos de salud sexual realizado recientemente en España. El informe, para el que se entrevistó a 3.000 personas, concluía que el 66% de las mujeres hablaba de su sexualidad de forma clara y sincera. Los hombres, por el contrario, a diferencia de lo que se piensa, hablan poco de sus relaciones sexuales. Según el estudio, solo el 15% admitió hablar abiertamente de sexo con sus compañeros y amigos. Aunque aquí sería importante no confundir hablar de mujeres con hablar de la vida sexual de uno, con detalles sobre deseos, miedos y quejas incluidos. De esto último, parece ser, es de lo que a ellos les cuesta hablar.

PORTADA DEL LIBRO DIARIO DE UNA NINFÓMANA

PORTADA DEL LIBRO DIARIO DE UNA NINFÓMANA

Prueba de esta salida del armario de la sexualidad femenina es el boom de la literatura erótica escrita por y para mujeres que estamos viendo en los últimos años. Aunque existir, lo que se dice existir, el erotismo escrito siempre ha existido, al menos desde la antigua Grecia. Además de varios textos anteriores, hacia el siglo II a. C. se atribuye a Luciano la escritura del libro pornográfico más antiguo, Los diálogos de las cortesana. La Antigua Roma también es rica en este género literario, cultivado entre el siglo II a. C y principios del siglo I, y en la antigua China circularon diversos manuales didácticos sobre la práctica sexual. Luego llegó el Kamasutra, en el siglo IV, y Las mil y una noches, en el IX, por poner otros ejemplos. La Edad Media, en cambio, fue una época difícil para el erotismo y la sexualidad en general, pero luego vinieron el Renacimiento y la liberación que supusieron los siglos XVI y XVII, Decameron incluido. De la mano de la Ilustración y la revolución francesa llegó el Marqués de Sade, pero en el XIX el puritanismo inglés hizo surgir una nueva corriente, el Romanticismo, que idealizaba el dolor y el sufrimiento psíquico como ingredientes inherentes al amor pasional. Madame Bovary y Cumbres Borrascosas lo representan a la perfección.

El siglo XX, por su parte, arrojó auténticas joyas de la literatura erótica, desde el polémico El amante de Lady Chatterley hasta Las edades de Lulú, pasando por Emmanuelle, Historia de O o Lolita, por citar algunos. En 2003 la francesa Valérie Tasso revolucionó el panorama editorial con su libro Diario de una ninfómana, donde relataba sus vivencias de carácter sexual en el mundo de la alta dirección de empresas, su relación con un maltratador y su experiencia como acompañante de alto standing. La obra vino cuestionar de forma radical los arquetipos sexuales y los criterios morales impuestos. Pero el auténtico boom de la literatura erótica para mujeres llegó con la trilogía Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James, cuyo primer libro se publicó en 2011 y se convirtió en un auténtico fenómeno de superventas. Desde entonces, este tipo de libros no se han parado de publicar: La canción de Nora, de la directora de cine porno Erika Lust, La Sumisa, de Tara Sue, Diario de una sumisa, de Sophie Morgan, La máscara de Venus, de Venus O’Hara… Y así hasta formar una lista interminable. Parece, además, que el fenómeno ha venido para quedarse. ¿Qué pensarían Corín Tellado y Victoria Holt?

A más nivel económico, ¿más satisfacción sexual?

Sí, lo sé, estoy un poco técnica últimamente con tanta investigación y tanto estudio, pero es que han salido uno detrás de otro de repente y no puedo dejar de comentarlos. Algunos por chorras, otros porque me parecen esclarecedores.

El último, por ejemplo, es un análisis realizado por un equipo de la Agencia de Salud Pública de Barcelona que ha publicado Annals of Epidemiology. ¿En qué consiste? Pues han cogido los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Sexual de España y han analizado la influencia sobre ellos de diversos factores socioeconómicos. La conclusión ha sido que estos afectan enormemente a la satisfacción sexual, sobre todo, por lo visto, a las mujeres. Ojo que no lo digo yo, lo dicen estos chicos tan listos.

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La investigación concluye que las personas, especialmente las féminas, cuanto más alto es su nivel socioeconómico, mejores relaciones sexuales dicen tener y más satisfechas se muestran. Y viceversa. Gracias a la encuesta, para la que se realizaron 9.850 entrevistas, se han detectado desigualdades socioeconómicas y de género en prácticamente todas las dimensiones estudiadas.

Habrá quien haga una interpretación sesgada y machista de estos resultados, alegando que esto es la prueba de que las mujeres son unas materialistas que solo buscan seguridad y dinero, y habrá quien vaya un poco más lejos y piense que solo pone de manifiesto las distintas sexualidades de unos y otros. Quizás a ellas les cueste más abstraerse de su entorno, de los problemas del día a día, quizás les cueste concentrarse en la faena si no pueden dejar de pensar en cómo pagar las facturas y llegar a fin de mes. Una situación socioeconómica jodida puede causar mucha angustia. Solo hay que echar un vistazo a cómo está el patio.

El estudio, por otro lado, afirma que los españoles están más satisfechos con las relaciones sexuales mantenidas con parejas estables… pero eso, mejor lo hablamos en otro post. No más estudios para la semana que viene, lo prometo.

Buen fin de semana a todos.

Viagra femenina, ¿un remedio milagroso para la falta de apetito sexual?

Orgasmos. Tan placenteros, tan anhelados y, en ocasiones, tan difíciles de conseguir. Eso y que, a veces, la falta de libido se convierte en un auténtico tormento para muchas mujeres de todas las edades. Es lo que se conoce como trastorno del deseo sexual hipoactivo (TDSH), algo por desgracia demasiado común. Según los datos, una de cada cinco féminas sufre ese o el trastorno orgásmico, popularmente conocido como anorgasmia, en algún momento de su vida.

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Los especialistas opinan al respecto que, salvo los casos diagnosticados médicamente, que son los menos (10%), la mayoría de estos trastornos tienen una base psicológica. Estrés, ansiedad, miedos, inseguridades, complejos, problemas de pareja… La lista es interminable. El caso es que ahora, después de un largo historial de intentos y fracasos, una empresa británica acaba de anunciar que para el año que viene espera poder sacar a la venta la ORL101, una supuesta pastilla para aumentar el apetito sexual de las mujeres, más conocida como la viagra rosa.

Los responsables de la firma se llenan la boca con las pretendidas virtudes de la “revolucionaria” píldora. La clave, según ellos, es la melatonina, una hormona que se encuentra en el cuerpo de forma natural y que, sintetizada, ya se vende en forma de tratamientos homeopáticos. Normalmente se usa para ajustar el reloj interno del cuerpo y combatir trastornos del sueño. Sin embargo, en este nuevo fármaco contribuiría, según aseguran los representantes del laboratorio, a un correcto balance entre determinados neurotransmisores para lograr unos niveles aceptables de deseo sexual. Y encima solo tendría un único efecto secundario: que disminuye el apetito, con lo que además las mujeres que la usaran adelgazarían. Toma ya, operación de marketing perfecta.

Para rematarlo, afirman que podrá aumentar la libido durante dos horas si se toma entre cinco y 15 minutos antes del acto sexual. O sea, que da igual lo jodida que estés y lo miserable que te sientas, tómate una de esas pastillitas y, durante 120 minutos, serás una loba salvaje y lujuriosa capaz de satisfacer a un ejército de machos hambrientos de sexo. No sé, igual es que tengo un mal día, pero a mí me parece un insulto a la inteligencia. Que no digo que no puedan ayudar en algunos casos de, como decíamos antes, problemas médicos y orgánicos diagnosticados; pero no hay pastillas que curen una mala relación de pareja, ni los prejuicios, ni problemas emocionales, de abusos o de educación.

No es la primera vez que las farmacéuticas intentan hacer negocio con esto. Hay un largo historial de ensayos, de distintas firmas. En 2010, la FDA, la agencia encargada de analizar cada nuevo fármaco que sale en el mercado estadounidense, no dio la autorización a un medicamento similar de otra empresa por las muchas dudas que existían sobre su seguridad y, fundamentalmente, sobre su eficacia. No obstante, ahora parece que la cosa ha mejorado, según nos cuentan, y a lo largo de este año esperan hacer los estudios clínicos pertinentes y obtener las autorizaciones de comercialización. El objetivo: que llegue a las farmacias en 2015 con un precio aproximado de 15 euros. Teniendo en cuenta que la viagra de Pfizer ha sido recetada a más de 37 millones de personas desde que salió a la venta en 1998, el negocio no puede ser más redondo. No sabemos cómo le irá a la rosa si sale finalmente adelante, pero la azul mueve 1.250 millones de euros anuales.

En fin, que puede ser un avance en la compresión biológica y neuroquímica de la sexualidad de las mujeres, una materia tan compleja como ellas mismas, pero que, a mi juicio, la clave de nuestra satisfacción sexual radica en cambiar nuestras vidas y nuestras cabezas, no en conseguir una pastillita milagrosa.

PD: A las escépticas y escépticos os recomiendo ver el documental de Liz Canner ‘Orgasm Inc’

Orgasmos fingidos por ellas… y ellos

Como casi todo el mundo, también yo vi este fin de semana el flashmob en el que 20 mujeres realizan su particular homenaje a la película Cuando Harry encontró a Sally. Para ello han recreado, en el mismo restaurante de Nueva York en el que fue rodada, la mítica escena en la que una jovencísima Meg Ryan fingía ante un atónito Billy Crystal un monumental orgasmo. En la cinta, el personaje de Sally pretendía explicarle a su amigo Harry que muchas chicas simulaban llegar al clímax y que la mayoría de los hombres ni se enteraban. Bien, han pasado 24 años desde que se estrenó aquella célebre comedia, pero la realidad no parece haber cambiado mucho.

Los últimos estudios realizados sobre esta práctica revelan que entre el 60 y el 68% de las mujeres han fingido un orgasmo alguna vez. Dichos estudios están publicados, por ejemplo, en Journal of Sex Research o LiveScience, pero os juro que no miento cuando digo que coincide con los sondeos que he realizado entre mis amigas y conocidas. Pero aunque ellas lo tienen más fácil, los hombres tampoco se libran: entre el 19 y el 33%, dependiendo de los distintos estudios o encuestas, fingen un orgasmo. Las diferencias siguen siendo muy elevadas entre un sexo y otro, pero todo apunta a que se van acortando con el tiempo. Tengo que admitir, no obstante, que he encontrado un solo hombre entre mis amigos y conocidos que forme parte de ese porcentaje. Eso, o alguno miente, claro.

¿Las razones? Las mismas de siempre. Presión por satisfacer a la otra persona, querer poner fin al acto sexual pero sin herir los sentimientos del otro, la obsesión por hacer un buen papel, etc. “Me ha pasado dos veces”, me cuenta una amiga. “En las dos ocasiones me di cuenta rápidamente de que aquello no funcionaba. Quería acabar ya con el lío, pero sin hundirles la moral, y no me iba a poner de charla terapeútica…”, añade. Otra me reconoce que no ha llegado a simular el éxtasis, pero que sí le ha echado mucho teatro al asunto para subirle el ego a su chico y para animar el ambiente: “No recuerdo ningún fingimiento, pero sí alguna exageración”.

En el caso del chico, el único que me lo ha reconocido, al menos, es distinto. A veces, con los nervios, eyaculaba demasiado pronto, y cuando esto le ocurría, se callaba, hacía como si nada y seguía dale que te pego. Cuando ya veía que la cosa empezaba a flaquear, escenificaba un orgasmo que él consideraba que lo dejaba a salvo del fantasma de la eyaculación precoz. Doble fingimiento. Menudo horror.

orgasmo femeninoHay otros casos, de los que no he encontardo ejemplos cercanos, pero que la psicóloga y sexóloga Pilar Cristóbal explica muy bien en un artículo de El País: “En el hombre el orgasmo está regido por el sistema nervioso parasimpático -el que relaja-, mientras que la eyaculación pertenece al simpático –el que estimula-, y para que ambos coincidan deben ponerse de acuerdo, que es lo que normalmente sucede. Pero si hay estrés, presión o excesivo afán de control este equilibrio se rompe y puede ocurrir que el hombre eyacule sin experimentar un orgasmo, lo que resulta bastante doloroso, o viceversa”.

En cualquier caso, aunque parezca que para ellas es más fácil fingir, cualquier hombre (o mujer) que se tome las molestias necesarias puede percibir, casi siempre, si el orgasmo que están presenciando es real o no. “Todo se pone mucho más duro, durísimo, justo antes. Siempre sé que le va a venir por eso. Y luego, durante, noto como contracciones, como espasmos”, me dice el novio de una amiga. Él lo explica de forma muy coloquial, pero lo que sucede es exactamente eso. Contracciones en los músculos de la vagina.

De todas formas, yo creo que no hay que volverse locos con esto. El sexo, como todo en la vida, hay que aprenderlo y disfrutarlo, pero no hay que sacar las cosas de quicio por que se haya fingido un orgasmo de forma ocasional. Otra cosa es que se convierta en un hábito, porque entonces solo generará angustia y frustración. Nada bueno.