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Desmontando mitos machistas: “Las mujeres matan tanto como los hombres”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Resulta prácticamente imposible, una vez sale el tema de la cantidad de mujeres asesinadas por violencia machista en España, no escuchar a alguien que enseguida recuerda “los hombres asesinados por las mujeres“, esos que, según la persona no salen tanto en las noticias y por tanto, injustamente, pasan a un segundo plano al no ser algo de lo que se habla.

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Es, como el tema de las denuncias falsas o el hecho de comparar el feminismo con el nazismo (poner al mismo nivel la barbarie nazi que terminó con la vida de cientos de miles de personas con la lucha por la igualdad de derechos es una comparación que debería hacer que se le cayera la cara de vergüenza al interlocutor por semejante falta de respeto a las víctimas).

Sin embargo, nos encontramos ante otro de los muchos argumentos cuyo objetivo es el de quitarle importancia al problema que tenemos en el país con el machismo.

En España las mujeres tenemos, más que las de perder, las de morir, y no lo digo yo, lo prueban las cifras de las víctimas.

Alguna vez ha salido, ya fuera en Twitter o en comentarios relativos a mis artículos, que son aproximadamente “treinta hombres asesinados cada año por mujeres”. Y para aquellos que esgrimen el argumento como si fuera la verdad absoluta, más les valdría informarse correctamente antes de ir propagando información falsa.

Si acudimos al estudio de sentencias elaborado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) “en el año 2011 los estudios empiezan a realizarse de manera desagregada, según sean homicidios o asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas masculinas (violencia de género) y asesinatos de hombres a manos de sus parejas o exparejas femeninas o bien parejas del mismo sexo (violencia doméstica)”.

El estudio revelaba que esa supuesta cantidad de hombres asesinados cada año a manos de mujeres no es más que un bulo que mezcla la cantidad de hombres asesinados por parejas hombres y por parejas mujeres.

Según el informe entre 2008 y 2015 fueron 58 los hombres que murieron a manos de sus parejas (mujeres). Y por supuesto que se trata de una cantidad dramática, siempre lo es cuando hablamos de fallecidos, no es esa la discusión.

Pero, ¿y la cifra de mujeres asesinadas por sus parejas hombres en el mismo periodo? 485.

Repito: 485 mujeres asesinadas en siete años. Una gran diferencia cuyo origen se encuentra en el machismo, que, al igual que el tabaco, mata (para gente escéptica, podéis consultar todas las cifras aquí).

Hablo del machismo a la hora de señalar un culpable ya que el abismo entre ambas cantidades se debe a que estructuralmente nosotras sufrimos mayor violencia. En otras palabras, somos asesinadas más a menudo y en mayor cantidad. 

Lo que supone que la promoción de los bulos como herramienta a la hora de desacreditar la realidad de las mujeres en España es una manera de seguir ocultando la verdad acerca de la situación que padecemos.

La vida de un hombre y la de una mujer tiene el mismo valor. Por tanto, como feminista, no pretendo una igualdad en la que las víctimas de hombres se equiparen a las de las mujeres, y también sean cientos de fallecimientos, faltaría más. No quiero más muertes.

Quiero que la cifra se iguale por ambas partes y que el resultado de las víctimas mortales por sus parejas sea cero. Con la diferencia de que, tratándose de mujeres asesinadas, hay mucho más trabajo por delante para llegar a esa cantidad.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas I : “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas II: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

Desmontando mitos machistas III: “Tengo celos porque te quiero”

Desmontando mitos machistas IV: “El amor puede con todo”

Desmontando mitos machistas V: El asesinato de Mariana Leiva

Desmontando mitos machistas: “Las mujeres son traicioneras, los hombres son nobles”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Este domingo quería traeros otro mito machista que deberíamos cuestionarnos (si no has leído el primero, lo tienes aquí). En el colegio empecé a escuchar eso de que las mujeres nos poníamos “verdes unas a otras”, algo que entre ellos, según mis compañeros, nunca pasaba.

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“¿Qué hacen tres mujeres en una isla? Dos se juntan y critican a la tercera” dice Diana López Varela al comienzo del capítulo La amistad es cosa de chicas de su libro No es país para coños.

Y sí, dándole parte de razón al chiste, por supuesto que criticamos, criticamos a una amiga, a un amigo, a nuestros padres en ocasiones, a nuestros jefes, a nuestro camarero que tarda la vida entrar la cuenta… Pero de la misma manera en la que critican los hombres.

De hecho, fue uno de los mitos que antes empecé a cuestionarme ya que tenía ejemplos de más de uno que iba soltando cosas a la espalda de sus supuestos amigos. Entonces ¿por qué esta idea?

“Divide y vencerás” dice la famosa teoría de El Arte de la Guerra. Es más sencillo tenernos enfrentadas unas a otras con esa supuesta inquina que dejar que nos llevemos bien (y podamos organizarnos).

De hecho, si echamos un vistazo a las películas Disney que nos educaron de pequeñas, ¿cuántas princesas tenían amigas mujeres? Pocahontas, Tiana y poco más.

¿Y sabéis lo bien que le habría venido a Cenicienta una amiga que le dejara el par extra de bailarinas que llevaba en el carruaje para seguir bailando? ¿y qué tal una que le dijera a Aurora que la rueca esa daba un mal rollo que te cagas y que mejor ir a la barra libre de palacio a por otro mimosa? ¿O incluso una que le hubiera dicho a Ariel que se dejara de brujerías y asomara la cabeza para hablar con Eric, aunque fuera lanzándose cartas dentro de botellas de cristal?

He llegado incluso a escuchar de mis amigos millennial (no os hablo de gente nacida en los 60, sino de bebés de los 90), que entre nosotras no podíamos ser amigas porque siempre estamos luchando por ver quién es la más guapa o por ser la que más liga con chicos.

Por esa regla de tres, las supermodelos de pasarela, modelos de fotografía, azafatas de imagen o, en general, cualquier mujer que cumpla los cánones estéticos, estaría más sola que la una. Y es algo que no me creo (las fiestas de Blake Lively o Taylor Swift estarían desiertas).

Nosotras podemos tener amistad y amistad de verdad. Las envidias, los malos rollos o el simple cotilleo, no son algo exclusivo de un género, es algo que puede caracterizar a miembros de ambos.

El feminismo quiere hacer hincapié en la sororidad (del latín soror, hermana), una practica que, por mucho que mi teclado se empeñe en corregirla cada vez que la escribo porque no la reconoce, empieza a ponerse en práctica. Consiste en aumentar la fraternidad entre mujeres para conseguir la igualdad.

Sororidad es cuando me agredieron sexualmente en el transporte público y las mujeres del autobús se pusieron a gritarle a mi agresor hasta conseguir que se bajara. Sororidad es cuando el 4 de mayo volvimos a echarnos a las calles por una sentencia que nos pareció injusta.

Y si Beyoncé y Lady Gaga hicieron Telephone juntas, ni os cuento la de cosas que podemos conseguir las mujeres unidas.

Duquesa Doslabios.

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Desmontando mitos machistas: “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Desmontando mitos machistas: “Quien come bien en casa no se va de restaurante”

Mito:
-Conjunto de creencias e imágenes idealizadas que se forman alrededor de un personaje o fenómeno y que le convierten en modelo o prototipo.
-Invención, fantasía

Hace poco, uno de mis lectores me recordó una frase con la que estaba más que familiarizada. “Quien come bien en casa no se va de restaurante” me escribió comentándome que, seguramente, me estaban siendo infiel.

Es curioso como a lo largo de mi vida he oído esa frase en varias ocasiones y estoy segura de que o bien esa o diferentes variantes, la han escuchado otras mujeres.

¿No te suena? Igual no la has oído todavía, pero hay una que seguramente sí.

Recuerdo que una de mis mejores amigas, estando con su novio, este la presionaba para tener sexo por primera vez. “Yo te quiero, ¿y qué es hacer el amor si no la prueba de que tú también me quieres?”. Chantaje emocional con la típica herramienta para controlar a las mujeres que se lleva usando desde el final de la Segunda Guerra Mundial: el amor romántico.

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Como mi amiga seguía sin querer, él empleó una táctica más sibilina: “Pues como no lo hagamos igual termina aquí la relación, porque yo tengo unas necesidades”. Utilizaba la palabra “necesidad” como si el sexo fuera para él algo como el oxígeno o el agua en el cuerpo, algo imprescindible biológicamente hablando.

Esa ya empieza a sonarte, ¿verdad? Ya estaba la amenaza flotando en el aire. Si mi amiga no se acostaba con él, que como su novia y enamorada, era su ‘deber’, él recurriría a otra persona.

Cuando empecé en la universidad, también escuché a algún compañero decir que era normal poner los cuernos si la novia “no te tocaba ni con un palo”. Y la verdad es que ambos razonamientos tienen un ligero tufillo a machismo falocéntrico, a que ellos deben conseguir sus deseos (porque no es una necesidad, es un deseo) sin importar cómo se sientan sus parejas. ¿Lo notáis? Agudizad el olfato y quitaos la venda de la nariz.

Anteriormente, no sé si mis abuelas, pero seguramente sus coetáneas, vivían con el miedo de que si en casa sus maridos no estaban satisfechos, irían al club más cercano donde tendrían compañías que no les molestarían con las historias del mercado o con lo cansadas que estaban después de arar la huerta y cuidar a los niños.

Ya lo decía El manual de la buena esposa, libro que se utilizaba para ‘educar’ a las mujeres a partir de los años cuarenta: “Luce hermosa. Sé dulce. Hazlo sentir en el paraíso”.

Por tanto pensarían que, entre eso y aguantar un rato, imagino que preferirían pasar el trago, por si al marido se le ocurría buscar sexo fuera de casa. Y aun así, en el caso de que lo hiciera, que tampoco se le ocurriera a su mujer decir nada, ya que él estaba “en su derecho”.

El problema es, como explica Leticia Dolera en Morder la manzana, que “históricamente se ha establecido y aceptado que en la pareja heterosexual (considerada como la forma de organización social y amorosa correcta), por naturaleza y fuerza mayor, el hombre necesita saciar sus necesidades sexuales fuera de ese pacto”.

Pero que se haya aceptado, que lo viéramos como una cosa normal, no significa que ahora tengamos que estar de acuerdo o que debamos seguir perpetuando esas ideas tan anticuadas. Por mi parte, hasta aquí.

Los cotidianos refranes o frases hechas machistas para tenernos a las mujeres sometidas como, por ejemplo, “Más puta que las gallinas”, “La suerte de la fea, la guapa la desea” o “Calladita estás más guapa” están concebidos para fomentar la rivalidad entre las mujeres y el control sobre nosotras. Son un arma de doble filo ya que construyen el tejido del imaginario colectivo y forman, por tanto, nuestra identidad, de ahí que debamos empezar a replanteárnoslos.

Porque ‘lamento’ comunicar que las mujeres no somos una barra libre. Estar en una relación tampoco significa que tengamos que estar abierta las 24 horas del día. La frase, utilizada como amenaza, juega con la culpabilidad, el reproche y de fondo, el miedo al abandono y a la soledad.

Si un hombre quiere ‘comer en casa’ y tú no estás con ‘hambre’, él puede ‘comer’ solo y no pasa absolutamente nada, que para algo tiene una mano y mucha imaginación. Y si por no querer ‘comer solo’ se va ‘de restaurante’, se está retratando completamente.

De un hombre así, puedo garantizar que es mejor estar lejos, ya que nosotras no somos solamente un agujero y no merecemos a una persona que solamente nos valore como tal.

Una relación sexual es un intercambio, un lenguaje, uno de los pilares que puede tener diferente importancia ya que cada pareja es un mundo.

La sexualidad es algo personal, no es como un mueble de Ikea que viene con instrucciones para que todos tengamos el mismo diseño en casa. Cada persona la vive y desarrolla de diferente manera.

Si por lo que sea no quieres tener sexo, háblalo, piensa a qué se debe, si crees que necesitas ayuda, búscala, y si estás bien así, no te preocupes. Hay gente que le gusta el helado de pistacho y gente a la que no le gusta en absoluto.

Recuerda que sea como sea, la comunicación es básica. Hazlo si quieres, si no quieres no lo hagas, y si tu pareja no lo entiende, y quiere ‘buscar la comida’ fuera de casa, cito textualmente al dúo Aitana War: “Pa fuera lo malo”.

Duquesa Doslabios

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