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Mi aventura con la candidiasis o por qué parece que la salud sexual femenina no importa a nadie

Había algo que, hasta este año, nunca me había sucedido. Sí, en el titular me he marcado el spoiler: una candidiasis.

La candidiasis es como el novio tóxico. Ves que todas tus amigas lo pasan pero crees que te vas a librar y no tiene por qué tocarte.

Hasta que te llega el momento (del tóxico y del hongo).

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Ahí iba yo, con mis picores en la entrepierna asustada de que aquello fuera algo mucho peor y preparándome mentalmente para que la doctora me dijera que eso del sexo ya se me había acabado.

Cuando lo primero que me preguntó era si había estado tomando antibiótico con clavulánico, se me cayó un mito. El de los medicamentos, por supuesto.

Por primera vez entendí a mi amiga, la que intentaba evitar a toda costa estos medicamentos para preservar su flora vaginal.

Y mira que la solución aparentemente era sencilla. «Tienes que meterte esta pastilla hasta el fondo y durante tres días ponerte crema», me dijo la doctora.

«¿Qué pasa con el sexo?», le pregunté.

Aunque me aseguró que era difícil que alguien con pene pudiera contagiarse, ya que es algo que produce el propio cuerpo femenino, si me recomendó darme un tiempo de descanso.

Por lo visto, con el tratamiento, las paredes de la vagina pueden volverse más sensibles y que aquello se sienta como cuando intentas tragar algo teniendo la garganta que rasca.

Lo que no me esperaba era que el tratamiento era, de antiguo, vintage.

Como antiguo trabajador de un laboratorio farmacéutico, mi padre me confirmó que lo que me habían recetado era de los años 90. Lo que explica por qué resultaba tan incómodo.

Una vez más comprobé que el bienestar femenino o lo que implique solucionar los problemas de las mujeres está en un segundo plano.

Para empezar en el prospecto no había ningún dibujo explicativo, tuvo que venir mi compañera de piso a hacerme un croquis de cómo tenía que colocar en una especie de palo kilométrico el comprimido.

Pero además, sabia ella, me aconsejó ponerme un salvaslip porque al día siguiente iba a tener la fiesta del flujo de color y textura extraña entre las piernas y las sábanas.

Claro que nada de esto sale en el panfleto kilométrico. Y nadie se ha parado a pensar que igual hay otra forma de que recuperemos la salud de la vagina sin pasar tanta molestia.

Porque me parece surrealista que llevemos 30 años metiéndonos una pastilla que se deshace en el chichi y que te lo deja como si te hubieras restregado contra el cajón de arena de los gatos.

Me encantaría que se replantearan este concepto porque al final no estoy hablando de un trastorno super desconocido que además no afecta casi a la gente.

Según el estudio de Elsevier el 75% de las mujeres padecemos la candidiasis en algún momento de nuestra vida (y somos la mitad de la población), así que sí, es como para darle una vuelta de tuerca a la cura.

Personalmente, que en 30 años no se haya dado con un sistema más cómodo y moderno me parece tan anticuado como que en las farmacias sigan recortando con un cúter el código de barras y pegándolo con un celo.

Duquesa Doslabios.

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Tenemos que superar el miedo a que nos huela la vagina (de una vez por todas)

Acepto mi celulitis, mis arrugas de expresión que ya empiezan a marcarse, mis estrías que surcan las caderas, mi vello corporal -el que no ves también-, acepto mis tetas, incluso me gustan que sean pequeñas.

Acepto todo de mí con una única excepción. He convertido en un tabú mi olor y mi sabor.

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Fue cuando, tras una de mis primeras experiencias sexuales, el chico le contó a sus amigos que mi vulva olía.

Olía, por supuesto. A eso que huelen las vulvas y las vaginas. A la acidez de un pH encargado de protegernos de infecciones y microorganismos externos.

Fue hace ya 10 años que me dije que estaba mal algo en mí. Que aquello no tenía que oler a nada.

Que debía llevar la entrepierna siempre a punto, como el agua, inolora e insabora, completamente aséptica.

Y es algo que a día de hoy me toca todavía empezar a aceptar. Aprender que el problema no es mi denominación de origen única y personal.

Me veo todavía llevando siempre un tanga extra en el bolso.

Buscando una excusa para pasar por el baño antes de que pueda pasar nada para eliminar cualquier rastro que revele que mi chocho huele a chocho.

Así tengo a veces que explicar por qué soy tan vergonzosa con ese tema, cuando si se da en el lado contrario, lo vivo con absoluta normalidad.

«¿Que huele a pis? Claro, es que sale por ahí. ¿Que hay tufillo a sudor? Todo normal».

Aceptable siempre y cuando no me pase a mí.

¿Pero cómo voy a vivirlo de otra manera? No tanto por mi compañero de clase, que solo fue el detonante.

Es que desde antes de que me bajara la regla ya recibía mensajes en la misma línea en cualquier anuncio de producto de higiene femenina.

Un catálogo encargado de cubrir cualquier perfume que pueda salirte de la entrepierna y disfrazarlo de un olor químico que teóricamente nos recuerda a rosas.

Compresas empalagosas, geles íntimos mentolados y por supuesto un pubis de menor de edad en el porno, donde no hay un pelo, un pegote de flujo, nada que revele que eso pueda tener identidad odorífera propia y se rompa la fantasía masculina.

La solución a mi problema de autoestima vaginal sé que está en que alguien venga y me diga que todas esas paranoias dan igual.

Que un día me olerá al jabón recién salido de la ducha y otro algo más fuerte por haberme hecho una ruta de 5 kms, que a veces estará sudado, con un minúsculo trozo de papel después de una noche de fiesta y que lo más normal es que lo acepte y no me impida disfrutarlo.

Y ese alguien tengo que ser yo antes que nadie.

Duquesa Doslabios.

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Ni higiénicas ni saludables, la cara B de las duchas vaginales

La primera vez que vi la película La fiesta de las salchichas, tuve que buscar qué clase de objeto era el villano: una ducha vaginal animada.

Y sí, como periodista curiosa, me pudieron las ganas de seguir indagando en lo que era aquella especie de jeringuilla pensada para llenar de líquido la entrepierna.

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Para mi sorpresa, internet me regaló con la búsqueda imágenes de todo tipo de edemas y productos para ‘limpiar’ bien a fondo la zona.

Yo que pensaba, inocente de mí, que la vagina era lo bastante autosuficiente como para limpiarse sola… Resultaba que el capitalismo había encontrado otra cosa más en las que las mujeres debíamos gastar dinero.

Aquel instrumento -a medio camino entre parte de un set de un juego educativo de química y un instrumento de tortura de la Inquisición-, servía para introducir soluciones líquidas en la vagina mediante una especie de pera, con la promesa de dejar las paredes impecables y con buen olor.

Pero además, hay mucha leyenda negra alrededor de este producto. No sirve para prevenir las ETS por mucho que se hagan antes o después de tener sexo. Es más, es la mejor forma de cargarte el pH de la flora vaginal, lo que significa que queda todavía más expuesta.

Tampoco es anticonceptiva, no va a servir para evitar que los espermatozoides sigan su camino por tus entrañas.

Es más, si se usa con regularidad, puede llegar a producir a largo plazo dificultad para quedarse embarazada o incluso embarazos de riesgo.

Y eso sin hablar de las infecciones o irritación vaginal que suelen ser un clásico efecto secundario de este tipo de artículos.

Entonces, ¿qué hacemos con la vagina? ¿Cómo la limpiamos? Pues en la ducha y como limpias otra parte del cuerpo, con agua y jabón en la vulva, dejando que la zona interior siga con su autolavado.

Nos sale arriesgado lo de obsesionarnos con productos con olor para camuflar nuestro perfume propio, cuando es algo natural y, no una señal de falta de higiene.

Duquesa Doslabios.

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El furor por la vela de Gwyneth Paltrow que huele como su vagina o el nuevo fetichismo viral

Hasta hace poco, pensar en el fetichismo era sinónimo de intimidad e incluso, un poco, de secretismo. Formaba parte de aquellas cosas que solo unas pocas personas de nuestro entorno conocían, una de las razones por las que producen tanto morbo.

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Claro que hablo de los tiempos previos a internet, cuando era más conocer los gustos privados más allá de que nos los contaran o los compartiera una amiga.

Las parafilias sexuales han experimentado un cambio, o al menos eso es lo que nos permiten deducir algunas de las últimas modas virales.

Cuando hace unos meses la youtuber Belle Delphine puso a la venta el agua con la que se había bañado, parecía que el colmo del fetichismo había llegado.

La fiebre se desató hasta el punto de que tuvo que pasar de los botes de 250 ml a barreños de varios litros -que llegaron a superar los 10.000 euros-.

El resultado de ambos productos fue idéntico, la británica colgó el cartel virtual de ‘Agotado’ a las pocas horas.

Reticencias morales aparte (vender agua usada con países en sequía no es precisamente el negocio más empático), aquel éxito de ventas mundial hizo que me preguntara qué faltaba por llegar.

Gwyneth Paltrow no tardó en darme la respuesta. Lo próximo serían velas perfumadas cuya fragancia le recordó a su vagina, una anécdota con la que ha dado con la estrategia de ventas más perfecta.

Las ‘velas vaginales’ de la actriz pasarán a la historia de Goop, su web de estilo de vida, como uno de los mayores éxitos.

Cuesta casi 70 euros, pero literalmente, han volado. Muchas de ellas han terminado en tiendas de reventa, donde su precio alcanza los 300 euros.

No solo la estrella ha dado salida a todas las existencias, sino que ha desatado un fenómeno fan-fetichista en el que ha llegado a participar Elton John, quien se ha hecho con varias existencias del producto.

Y por clásica que pueda sonar, me gustaba más cuando los fetichismos eran algo privado y no de dominio público. Para mí, esta sobreexposición consigue quitarle gracia al asunto.

Duquesa Doslabios.

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Si las mujeres hablaran de sus vaginas como los hombres hablan de sus penes

Querid@s,

Los molones de BuzzFeed España han colgado un video muy singular. Si las mujeres hablaran de sus vaginas como los hombres hablan de sus penes, esto es lo que pasaría…

Hoy seré breve y no comentare nada. Dejaré que ustedes lo hagan.

Que follen mucho y mejor

 

Los ejercicios de Kegel también son para ellos

Querid@s,

Los ejercicios de Kegel no son solo cosas de chicas. También son para ellos. Los hombres también pueden sacar tajada de los beneficios de los Ejercicios de Kegel, que como ya bien saben mejoran la fortaleza y la resistencia de los músculos perineales masculinos. Pueden resultar altamente útiles para aquellos caballeros que presenten alguno de estos contratiempos:

  • Problemas para el control de orina
  • Disfunción eréctil
  • Trastornos en la defecación (dificultad para el vaciado e incontinencia fecal)
  • Prolapso rectal
  • Problemas de suelo pélvico tras cirugía de próstata.

Tampoco es necesario que se encuentre en alguna de las tesituras anteriores para poner en marcha su suelo pélvico. Ya saben, más vale prevenir que curar, así que nunca está de más que conozca esta musculatura suya y la ejercite. No en vano puede tener múltiples beneficios sobre su calidad de vida.

Robert Mapplethorpe, Patrice, N.Y.C., 1977, de X Portfolio.

Empezamos…

La principal dificultad de los Ejercicios de Kegel consiste en localizar cuáles son exactamente los musculos que hay que poner a trabajar para poder proceder a su contracción, que es la manera de ejercitarlos. Les doy un par de pistas:

  • Son los músculos que emplea para detener el flujo del pis mientras está orinando.
  • Al contraerlos, será testigo ocular de como el extremo de su pene se eleva ligeramente.
    1. Al principio, costará contraer solo los músculos del suelo pélvico y tenderá a mover también los del abdomen y el culete. Si le ocurre esto, relájese, escuche esta canción y volver a comenzar. Todo es cuestión de práctica.

2. Contraer, relajar y repetir: Una vez tenga localizados los músculos, es hora de ponerse manos a la obra con los Ejercicios de Kegel. Empiece contrayendo los músculos durante 5 segundos, para relajarlos después durante otros 5 segundos. Repita 10 veces seguidas y, tras un descanso de 2 minutos, vuelve a empezar.

3. Frecuencia: Puede repetir esta secuencia 3 veces cada día. No le llevará mucho tiempo. Eso sí, tiene que estar concentrado. A medida que vaya cogiéndole el tranquillo al asunto, vaya incrementando el tiempo hasta llegar a 10 segundos.

4. Posturas: Lo más sencillo es realizar los ejercicios sentado, pero también puede realizarlos de pie o tumbado.

Ejercicios de Kegel: Bueno, bonito y barato

Mediante los ejercicios de Kegel para hombres conseguirá un montón de cosas buenas, bonitas y sobre todo gratis. Entre ellas:

    1. Conocerse más y mejor, lo que le servirá para sacarse más partido a usted y su anatomía.
    2. Aumentar su bienestar físico y emocional. Recuerde Mens sana in corpore sano.
    3. Controlar la eyaculación para que no se corra demasiado deprisa.
    4. Prevenir la prostatitis.
    5. Mejorar sus erecciones: muy importante en el momento de la verdad (es decir, la penetración). Pero sin pasarse.

Preparados, listos, ¡ya!

Que follen mucho y mejor.

¿Cómo masajear el pene con la vagina? Más fácil de lo que parece

Querid@s,

La mayoría de las veces que pensamos en estimular el pene, nos vamos directamente hacia la mano para darle una maravillosa masturbación. Estupendo. Pero a partir de hoy puede hacerlo también con su vagina. ¿Lista para hacer que su pareja, amigo o amante se acurruque en el regazo de la gloria? La vagina no solo es un genital receptor de las embestidas de penes erectos y toqueteos de gráciles manualidades. Nuestras vaginas no son seres inertes, al menos no deberíamos permitir que lo sean. Le animo a que se vanaglorie de las mil y una maniobras que su vagina puede hacer por el pene amado o deseado. Por ejemplo, masajearlo de una manera deliciosa durante la penetración.

Sí, ha oído bien. No se haga las longuis y prepare pues su vagina para una hazaña sexual muy sencilla pero inusitadamente practicada. Aunque por ahora no puede salvar el mundo, lo que sí puede hacer su vagina es recorrer a base de contracciones el miembro viril. Veamos cómo.

Todo depende de la fuerza de su suelo pélvico, de toda la musculatura vaginal. Que le quede claro que la falta de actividad vaginal conlleva el advenimiento de signos de atrofia en sus zonas íntimas. Aunque no nos lo enseñaron en la edad de la inocencia, es de imprescindible importancia mantener activa y ‘en forma’ nuestras respectivas vaginas. Denle vida y comiencen a entrenar desde ya. Bastará con que atienda las siguientes indicaciones:

  1. Contracciones vaginales, apretando a diferentes ritmos y velocidades como si quisiera contener la orina. Vamos, los ejercicios de aquel sabio doctor llamado Kegel para una vagina firme y fuerte.

kegel

  1. Sostener, respirar y soltar.
  2. Tiene todo el día para practicar: en la oficina, paseando, en el coche, en el autobús. A usted el honor.
  3.  Otra opción de entrenar es hacerse con unas bolas chinas (en realidad no son chinas, sino japonesas, qué le vamos a hacer). Mejor que las compre con cordón incorporado para poderlas extraer después con facilidad. Muy sencillo: lávela antes de utilizarla, lubríquela y métasela por la vagina. Después levántese y ande, sin miedo. La bola, por gravedad, querrá salir de donde está y su misión será sostener esa bola, elevarla y evitar que se le escurra entre las piernas.
  4. Este ejercicio, como toda actividad física, ha de realizarse de menos a  más. Máximo 10 minutos al día, no le vaya usted a coger gusto a las bolitas y se tire con ellas todo el santo día.

¿Preparada? Para comenzar y hacer las cosas bien, usted tiene que relajarse. Y no se juzgue. Si lo hace, apaga y vámonos. Literalmente. Lo ideal para el  masaje vaginal es colocarse en una postura de poder en donde usted tenga todo el control del movimiento y muchísima libertad pélvica. Así que móntese sobre él como una amazona, que además a ellos les pone bastante. Lo realmente imprescindible es que tenga suficiente apertura en las piernas, porque con las piernas cerradas es más difícil mover los músculos pélvicos de manera interna.

POSTURA

Para evitar cualquier contratiempo, úntese (o pídale a él que se lo unte) el recibidor de la vagina de lubricante, el que más rabia les dé. El motivo es que, en ocasiones, aunque los adentros de la vagina estén lo suficientemente húmedos, la entrada no lo está. En este sentido, si la vulva, que es la que corta el bacalao, no se percibe húmeda, habrá incomodidad para ambas partes. Una vez que sienta esta frescura y acuosidad, déjese penetrar. Asegúrese de que no se introduzca más de la mitad del pene. Y una vez penetrada, apriete. Procure que las contracciones sean a diferentes ritmos y velocidades. Permite que su pelvis se deslice un poco más para que la penetración sea todavía más profunda. Cundo estén los dos pelvis con pelvis, repita de nuevo el masaje.

En esta ocasión el hombre sólo tiene que dejarse querer por la vagina y sentir el pene dentro de ella, controlando su impulso de entrar y salir, manteniéndose prácticamente estático. Quieto, parado, perfectamente inmóvil. Usted señora tampoco cabalgue como una intrépida amazona, no todo va a ser que el pene entre y salga y nosotras movamos la pelvis al ritmo de reggaeton. En esta ocasión toca estar pegaditos, pelvis con pelvis. pechito con pechito, y ombligo con ombligo.

Fíjense que incluso existen mujeres que pueden ‘atrapar’ un pene en su vagina: en cuanto un pene las penetra, son capaces de presionarlo hasta la inmovilización. Pero tenga cuidado, que no es usted una boa constrictor. El pene es sensible a aspavientos exagerados, pero salvo que se pase usted de la raya, sentir estas contracciones en el pene es altamente erótico. A mayor presión, más placer. ¿No es así caballeros? Todos son ventajas, pues el masaje propicia una mejor erección del pene e incrementa considerablemente la cantidad de sangre que arriba al miembro viril. No sólo eso, puesto que igualmente revierte directamente en beneficios para su salud física y sexual: fortalece la totalidad del suelo pélvico, evita incontinencia y dispareunia (dolor durante el coito), pero sobre todo le provee de una gran capacidad de controlar las embestidas del pene o la penetración, creando mayor flujo sanguíneo e incrementando considerablemente la capacidad de cada una para tener orgasmos.

flauta

A las maestras taoístasstas se las conoce por practicar como diosas este masaje que denominan «tocar la flauta» y que consiste en mover todos los anillos anillos vaginales como si estuvieran dando un masaje intermitente a todo el cuerpo del pene. Y usted también puede hacerlo.

Recuerde: Cuando su pelvis y la de él estén completamente pegadas, comience a trabajar los anillos vaginales (las porciones distintas de todo el cono de la vagina). El primer anillo que sentimos es el del vestíbulo vaginal, porque es el primero que se siente al realizar estas contracciones. Puede inspeccionarlo usted misma introduciéndose un par de dedos bien lubricados. Verá que el primer anillo es el que más aprieta. El resto de los anillos requieren más entrenamiento. En definitiva, lo que hacen estas diosas de los anillos vaginales es básicamente recorrer el pene con la vagina. ¿Suena rico no? Hay hasta doce anillos, pero nadie espera que mueva la docena de anillos la primera vez. Todo es cuestión de práctica.

Si les apetece, él puede estimular su clítoris con la mano y justo en el momento que sienta el orgasmo galopando hacia usted, presione o contraiga, incluso echando o levantando ligeramente la cadera hacia adelante, y los dos comprobarán que la sensación es doblemente intensa. Si tienen suerte, pueden hasta ver las estrellas. O llegar al mismísimo Nirvana.

Que follen mucho y mejor.

¿Una vagina «clonada» como regalo navideño?

Una réplica exacta de una vagina de lujo. En concreto, la de la estrella del porno Alexis Texas. Eso es lo que una conocida pretende regalarle a su chico estas navidades. Me lo dijo el otro día, mientras tomábamos café con una amiga común, y se quedó más ancha que larga. “¿En serio?”, le pregunté, incrédula. Pero no era coña, no. Era, más bien, un coño, literalmente, si me permitís el chiste fácil.

ALEXIS TEXAS. WIKIPEDIA

ALEXIS TEXAS. WIKIPEDIA

Resulta que el novio de la susodicha es un gran fan de esta pornostar estadounidense, y ella, que gusta de deleitarse junto a él de las hazañas cinematográficas de Texas, quería regalarle algo especial este año, cachondo y original. Recorrió varios sexshops en busca de todo tipo de juguetes sexuales, pero no encontró nada fuera de lo común, hasta que alguien le habló de la vagina “clonada» de Alexis Texas. Parece ser que la marca Fleshlight ha logrado que se deje hacer una réplica de sus genitales que incluye hasta el más mínimo detalle. El resultado, según me cuentan, es un masturbador masculino de alta gama con nombre propio.

Hay gente pa tó, oye, como diría mi madre. A mí me parece fantástico que el personal se masturbe con lo que tenga más a mano, y no le veo ninguna pega a que la gente lo regale, pero en lo que a mí respecta no lo termino de ver como presente navideño. Que una cosa es que a mi (reciente) chico le guste Angelina Jolie y a mí no me importe, y otra que le regale por Navidad un clon plastificado de su seguro que estupenda y gloriosa vagina. “Toma cariño, ahí tienes, un trozo de roscón de reyes y el chochete de Lara Croft, para cuando yo no esté…” Pero claro, si le doy la vuelta y pienso que fuera al revés y él me regalara a mí una réplica del asunto de Brad Pitt, pues reconozco que me cambia la perspectiva.

En realidad esto de los genitales “clonados” no es una novedad. Desde hace años existen múltiples dispositivos, por llamarlos de alguna forma, para que el pene o la vagina codiciados estampen al detalle su morfología en distintos materiales: chocolate, gelatina, látex, etc. O también puedes estampar el tuyo propio. ¿Qué mejor forma de decirle a alguien que te gusta que enviarle una caja de bombones con la forma exclusiva y única de tus partes nobles? Seguro que el o la agasajada no se queda indiferente: o cae rendida/o a tus pies o te denuncia por acoso. ¿Alguien se anima?

Adiós al punto G: descubren una nueva zona de placer sexual en la mujer

La legendaria región vaginal conocida como punto G, considerada altamente erógena y a la que se atribuyen poderes casi mágicos a la hora de conseguir orgasmos, ha resultado ser un mito, como muchas se temían. Al menos eso es lo que se desprende del último estudio al respecto, realizado por investigadores de la Universidad de L’Aquila y Tor Vergara (Roma) y publicado en la prestigiosa revista Nature Urology.

En realidad el denominado punto Gräfenberg es objeto de discusión desde los años 40. Está supuestamente en un lugar de la pared vaginal localizado detrás del pubis y alrededor de la uretra. Sin embargo, son muchos los estudios, sexólogos e investigadores que han considerado que no está comprobado y que su supuesto papel como centro del placer sexual femenino es más que subjetivo. Ahora este equipo de científicos italianos, franceses y mexicanos desmienten rotundamente su existencia y, en su lugar, han hallado una zona mucho más amplia y compleja que, en teoría, permite experimentar un gran placer sexual.

Pubis

GTRES

Es lo que han bautizado como zona CUV, una región erógena formada por clítoris, uretra y vagina y que incluye tejidos, músculos, glándulas y útero. «La conjunción del clítoris, la uretra y la pared vaginal estimulados adecuadamente durante la penetración podría inducir la respuesta orgásmica», explicó el endorinólogo y sexólogo  Emmanuele A. Jannini, profesor de la universidad y director del estudio.

Los investigadores, gracias a modernas técnicas de imagen, han podido visualizar las interacciones de los genitales femeninos durante la masturbación o coito, y han concluido que las zonas íntimas de la mujer no son tejidos pasivos, sino estructuras altamente dinámicas y sensibles. De hecho, los autores del estudio aprovechan para condenar a aquellos ginecólogos y cirujanos que cortan y cosen sin respeto, maltratando los nervios, músculos y componentes vasculares de una región anatómica tan altamente sensible.

“La vagina es un tejido activo y sexualmente importante que debe ser respetado. Es algo más complejo que un solo punto”, asegura Jannini. Por ello, recomienda el conocimiento de la anatomía y fisiología de la zona CUV antes de someterla a un procedimiento quirúrgico. Algo que parece de bastante sentido común, por otro lado.

Conclusión: las que nunca hayan encontrado su punto G no desesperen; siempre nos quedará la CUV.

Consejos y preferencias sexuales de algunas de las más famosas de Hollywood

Atarse a la cama, pasearse desnuda, disfrazarse… La revista Glamour México ha recopilado algunas de las recomendaciones, fantasías y preferencias sexuales que varias famosas y celebrities han admitido sin pudor a lo largo de distintas entrevistas. No es que sean la bomba, la verdad, de hecho, son bastante normalitas, pero os detallo algunas a continuación como pura curiosidad:

-Eva Longoria. Es de las que disfrutan con los jueguecitos. Cuando estaba casada con el jugador de baloncesto Tony Parker, además de tatuares en el cuello el número de su camiseta, afirmó que le resultaba de lo más excitante “ser atada a la cama con pañuelos de seda”.

Brad Pitt y Angelina Jolie

ARCHIVO

-Heidi Klum. Además de por su éxito en las pasarelas, la top model alemana es conocida por su afición a disfrazarse, inclinación que, según cuenta ella misma, le gusta llevar hasta el dormitorio. «Es bueno jugar a disfrazarte, hacer un esfuerzo por salirte de la norma. Si eres salvaje y un poco loca, déjalo salir para que la otra persona sepa bien que dentro de ti vive un pequeño demonio al que le gusta salir de vez en cuando”, dijo en una entrevista.

-Gwyneth Paltrow. La actriz confesó en más de una ocasión que su mejor manera de evitar una pelea conyugal era con el sexo oral. Está claro que, por bien que se le diera, que nadie lo duda, no era suficiente, dada su reciente separación, tras 10 años de matrimonio, de Chris Martin (Coldplay).

-Eva Mendes. A esta escultural actriz y modelo, ex del también actor Ryan Gosling, lo que le pone es el sexo viajero. “He tenido sexo en los 50 estados de Estados Unidos. Fue durante un road trip cuando era más joven y nunca me sentí tan sexy”, comentó. Cree que es algo que una mujer debería experimentar al menos una vez en la vida.

SCARLETT JOHANSSON

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-Scarlett Johansson. La voluptuosa actriz, actualmente embarazada, ha confesado que le gusta mucho hacer el amor en el coche. «¡Me encanta! El asiento trasero es perfecto», afirma.

-Carmen Electra. Es una de los sex symbol de los 90, y tiene claro que no hay nada como un buen striptease para sorprender a un hombre. Incluso editó su propio DVD para enseñar cómo hacerlo correctamente.

-Christina Aguilera. La cantante apuesta por desprenderse de la ropa y pasear la desnudez por la casa mientras haces las tareas cotidianas. «Se trata de hacer las cosas que acostumbras, pero desde otra perspectiva. Es candente y mantendrá viva la llama”, afirma.

-Olivia Munn. La actriz, modelo, presentadora y escritora estadounidense recomienda decir guarradas, cuantas más, mejor: “Sé que a muchas personas les resulta difícil… No saben qué decir, cómo empezar y cuándo parar. Y claro, al principio sienten que suenan ridículos. Y probablemente así sea. Pero déjenme decirles algo: funciona”.

-Cameron Díaz. La rubísima recomienda, por encima de todo, no fingir jamás. «Ser sexy es involucrarte en el momento por completo, no importa si eres tímida o muy caliente. Fingir siempre es ridículo y nunca funciona. Puede traer demasiados problemas después en una relación”. En la misma línea se expresó Olivia Wilde: “Puedes mentirle a tu familia en Navidad y decirles que la cena estuvo perfecta. Pero nunca puedes mentirle a tu vagina.”

-Angelina Jolie. La actriz confesó que ella y el padre de sus hijos, Brad Pitt, tenían unos cuantos sitios especiales donde les gustaba hacer el amor, entre ellos “detrás de la cascada de la piscina”.