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En la cama no siempre tiene que haber fuegos artificiales

Hace poco, en una de esas conversaciones entre amigas, hablábamos de lo que era el sexo cuando es con alguien con quien llevas mucho tiempo.

CALVIN KLEIN FACEBOOK

Ambas estábamos en algo de acuerdo, los fuegos artificiales de los anuncios de condones no son la imagen más realista para describirlo.

Que no siempre nos corremos, no. De hecho, si echamos cuentas, si tenemos sexo con penetración es aún más complicado.

Luego están esos días en los que estás pensando en que tienes una reunión a las 9 y que deberías poner el despertador media hora antes de lo habitual, para pasar las imágenes a un USB y lavarte el pelo antes de salir de casa.

Toda una película mental que se proyecta en tu cerebro mientras tu pareja está esmeradísima manejándote el clítoris con una habilidad digna de la microcirugía.

También está el día en el que, después de ver esa serie, solo puedes pensar en arrancarle la ropa a tu pareja y luego nada, se te van las ganas.

O, simplemente, cuando, por mucho que te apetezca, está a punto de bajarte la regla y tu nivel de humedad vaginal roza la desertificación.

Hay días que te apetece, pero tienes mucho sueño, días que tu cuerpo quiere mambo y tu cabeza está en otra parte (o apagada en su totalidad). Hay días y polvos de todos los tipos y colores.

Y no, no siempre están garantizados los fuegos artificiales, aunque no significa que haya de qué preocuparse.

Las hormonas, el ánimo, lo que nos ha pasado a lo largo de la jornada… Hay un sinfín de acontecimientos que no podemos controlar y pasan factura a la excitación o al cuerpo.

En esos casos, cabe recordar que el sexo va más allá de un rato de placer. Es conexión, es comunicación, es, por qué no, distracción, es “ven aquí que llevo un día de mierda y quiero arreglarlo antes de que acabe”, es necesitar sentir a tu pareja desnuda. Es mucho más que meter, sacar, meter, sacar y terminar.

Por eso no siempre hay un show de luces en el techo de la habitación. Pero cuando las hay, que, afortunadamente, suele ser la mayor parte de las veces, el espectáculo merece la pena.

Duquesa Doslabios.

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6 cuentas de Instagram más excitantes que el porno para subir la temperatura

Las redes sociales son un poco como el mundo, tiene que haber de todo. Algo que pude comprobar cuando descubrí el perfil de Stephanie Sarley, quien se dedica a crear vídeos de alta carga erótica con fruta (puedes leer el artículo aquí si no sabes de qué hablo).

Marius Sperlich Facebook

Entre tanta cuenta de modelos, influencers, recetas de cocina sencillas o animales, se esconden, a la vista, los perfiles que forman la cara B de Instagram. Stephanie no es la única que ha hecho de la red social un sitio más caliente.

Artistas del pincel, de la edición digital, fotógrafos… La comunidad más X, dispuesta a disparar nuestra imaginación, también se encuentra al alcance del dedo.

Hoy quiero descubriros algunas de las cuentas expertas en subirle la temperatura a la fantasía.

Glamda Party

El universo de la erótica masculina se abre en este perfil, donde se recopilan imágenes de todo tipo de cuentas en las que, la sensualidad del cuerpo de los hombres sale a la luz en cada fotografía. Además de ropa interior y desnudos artísticos, las capturas pasan por planos de sumisión y hasta por tomas de deportes de contacto, la prueba de que no solo la piel es capaz de estimularnos mediante la vista.

 

Marius Sperlich

Siendo fotógrafo de la revista Playboy, si de algo sabe Marius Perlich es de erotismo. ¿La magia de sus fotografías? Que no salen solo las modelos sino que se combinan con elementos de la cultura actual. Una mezcla que busca, en su opinión, reflejar la sociedad contemporánea y crear controversia sobre los temas que nos rodean. De ahí que los pezones se conviertan en ojos que lloran, grupos de manifestantes o incluso bombas de relojería.

 

Watercolor Porn

Las películas no tienen la exclusiva en cuanto a mostrar imágenes con todo lujo de detalles. La prueba de ello son las acuarelas explícitas de Noomi Roomi son una ventana al mundo del erotismo a través de la pintura. Ojo, su trabajo no solo sirve para alegrarse la vista (también los amantes de las técnicas pictóricas encontrarán en esta cuenta algo de su agrado), sino para coger ideas que podemos poner en práctica en casa.

 

Brydie Mack

La fotógrafa detrás del perfil de @wolfcubwolfcub hace del cuerpo femenino el lienzo para transmitir su arte a través de la fotografía. Torsos llenos de mariposas o arena son algunas de las imágenes más importantes que podemos encontrar en su cuenta. Pero hay más. Las modelos con actitud inocente, capturadas en escenas cotidianas, recuerdan a diferentes mitos eróticos, como es el caso de Lolita.

 

Lana Prins

También es experta en sensualidad femenina, con la diferencia de que e imposible no sentirse empoderada cuando se navega entre sus fotografías. Si hace unos días os hablaba de la dendrofilia, la artista es experta en captarla a través de frutas maduras o flores que se cuelan por todos los sitios del cuerpo. Marcas de la ropa interior en la piel o pezones que se revelan a través de prendas mojadas son otros elementos que su objetivo capta.

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Im gonna take my time…

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Regard Coupables

Con apenas unos trazos, la fantasía se dispara hasta límites insospechados, algo que confirman los dibujos de un artista que se mantiene en el anonimato. ¿Su magia? Que sus escenas se centran en la relación que se establecen entre los cuerpos, en el momento específico en el que una lengua entra en contacto con una vulva o con un pene, por lo que es imposible no sentir que algo se enciende al mirar sus minimalistas obras.

Duquesa Doslabios.

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¿Porno sin imágenes? Déjate excitar por el oído

Parece que la pornografía es la única opción que existe a la hora de estimularse por cuenta propia. Como si todo el morbo se redujera a eso, imágenes que imitan, o buscan imitar, un intercambio que es el que realmente resulta excitante.

GTRES

Su recorrido, de varias décadas, se ha hecho con un mercado en el que difícilmente podían competir las novelas eróticas, especialmente desde la eclosión de internet ligada a un ultradesarrollo de la tecnología. Pero ni solo de pan vive el hombre ni solo de porno la excitación.

En mi búsqueda de fuentes alternativas, aparecieron los relatos eróticos escritos por personas anónimas en plataformas gratuitas. Un espacio en el que, mediante categorías, podías llegar a aquellas historias de tu gusto.

Leer erotismo tiene algo que le falta a la pornografía. Ese uso de la imaginación apoyado por palabras tan evocativas como “lamer” o “penetrar” te sacuden de una manera que ya quisieran las películas.

Mi último descubrimiento, el proyecto que han puesto en marcha sobre una estimulación sexual alternativa para mujeres sin imágenes (porque sí, definitivamente puedes excitarte sin necesidad de ver a un actor eyaculando sobre la cámara, que es algo que más que morbo, te da vergüenza ajena).

Quinn, que se lanzará el 13 de abril, y en palabras de su fundadora, Caroline Spiegel, “No tendrá contenidos visuales, solo audio e historias escritas. Y lo mejor es que esto es una fuente abierta, de manera que la gente puede subrayó sus fantasías o contenidos propios”.

QUINN

Eso sí, pasando por el filtro de los creadores antes de aparecer en línea.

Sus objetivos son varios: en primer lugar, desempolvar la imaginación evitando que nos acomodemos a un estímulo en el que somos sujetos pasivos y no activos.

En segundo lugar, luchar contra la idea de las mujeres teniendo placer que nos llevan vendiendo las películas porno estos años, alejándose del prisma masculino que crea ficciones para estimular a una audiencia que son mayoritariamente hombres.

Y, en tercer lugar, llegar a un nuevo público que, quizás como yo o como muchas de mis amigas, no nos hemos llegado a sentir nunca cómodas ni con ese concepto de la sexualidad ni de la excitación de las películas X explorando otras vías de placer, desconocidas hasta ahora, pero, seguramente igual o más placenteras.

Duquesa Doslabios.

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“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras”

Desde un tiempo a esta parte he empezado a ver como algo absurdo las etiquetas de “heterosexual”, “homosexual”, “bisexual”

YOUTUBE: HYSTERICAL LITERATURE

Nos acostumbramos a categorizar las cosas para que la mente esté más cómoda: esto es hombre, esto es mujer, el bote de azúcar, el de sal, las pastillas para el lunes, martes, miércoles…

Sin embargo nuestro cuerpo y mente a veces no conocen esas distinciones. Tendemos a ver la sexualidad como un partido de tenis: si la pelota cae a un lado de la red, punto para tu género. Si cae en el opuesto, punto para el género contrario.

Pero, ¿y si en realidad la sexualidad no fuera un lado u otro? ¿Y si la sexualidad fuera la pelota de tenis, es decir, algo que por mucho que caiga más veces en un lado, puede caer en el otro?

En mi experiencia personal, la cama es la cama y los límites de la piel cuando pasa a esta se vuelven difusos, como si realmente no existiera quién la ocupara, sino el placer que nos provoca el contacto.

A veces, de hecho, no hace falta ni que se dé. Un estudio realizado por una página de películas eróticas reveló que la categoría de vídeos preferida por el 80% de las mujeres que visitan el portal era la de sexo lésbico, algo que sexólogas afirman que sucede porque las mujeres empatizamos al ver a otra mujer excitada.

“Nos gusta ver a una mujer disfrutar e imaginarnos que podríamos ser nosotras, ya que hay una mayor carga erótica“, afirma María Hernando, sexóloga de Platanomelón.com.

Ya sea por empatía o porque socialmente está más aceptado en una sociedad machista que dos mujeres puedan sentirse atraídas, la excitación mental y la excitación física no siempre van por el mismo camino.

A fin de cuentas, la pelota no deja de ser pelota independientemente del lado de la red en el que caiga. El tenis, y la sexualidad, siguen siendo solo un juego.

Duquesa Doslabios.

Somnofilia o síndrome de la bella durmiente: sexo entre sueños

Un susto de muerte. Eso es lo que se llevó el pasado fin de semana una amiga cuando, al entreabrir los ojos a las 5 de la madrugada en la cama del chico con el que sale desde hace un par de meses, se lo encontró inclinado a pocos centímetros de su cara mirándola fijamente. “Casi se me para el corazón. Di un grito tan grande que aún me duele la garganta”, me cuenta. El tipo, nervioso ante tanto escándalo, trató de calmarla explicándole que no pasaba nada, que se había levantado al baño y que, al verla dormida, le había parecido preciosa y se había sentado a “admirarla”. No sé, no es la primera ni la última persona que babea mientras ve dormir a su lado al hombre o a la mujer de sus sueños, sobre todo al inicio de la relación, pero eso de que estuviera tan tan cerca da un poco de mal rollo. A mi amiga, al menos, se lo da. “¿No estás un poco paranoica? A mí me parece tierno”, afirma una tercera.

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Dándole vueltas al tema acabamos hablando de la somnofilia. Y con eso no quiero decir que el reciente noviete de mi amiga la padezca, eso sería mucho decir, pero nos dio tema de conversación para rato. Como decía, todos hemos mirado alguna vez a la persona que teníamos al lado y, al verlo/a dormido/a, hemos pensado “guau, que suerte tengo”. Pero la somnofilia, como toda parafilia sexual, va más allá. Esta en concreto se caracteriza porque el individuo (o individua) que la padece solo logra excitarse al interactuar sexualmente con alguien que está durmiendo. Y como todo en la vida, hay distintos rangos. Los hay que simplemente se excitan con la contemplación, quienes se masturban al hacerlo y quienes sienten la necesidad de mantener relaciones sexuales aunque la otra persona se encuentre totalmente inconsciente por el sueño. O mejor dicho, precisamente por eso. En casos extremos pueden darse casos de abuso sexual.

En la fase REM del sueño, el cuerpo experimenta lo que se denomina tumescencia peneal nocturna en el caso de los hombres y la erección del clítoris en el caso de las mujeres, lo que podría propiciar procesos sexuales. Resulta ridículo pensar, sin drogas ni fármacos de por medio, que alguien pueda penetrar a otro alguien sin que esta persona se despierte, por muy dormido/a que esté. Pero sí que es posible durante la tumescencia nocturna del pene (vamos, el empalmamiento nocturno de toda la vida), que puede durar hasta 90 minutos, que se realice una felación o una masturbación mientras el individuo sigue en los brazos de Morfeo.

"La Bella Durmiente", por Henry Meynell Rheam

“La Bella Durmiente”, por Henry Meynell Rheam. WIKIPEDIA

Conozco a una mujer que, en una larga conversación sobre sexo, contó lo muchísimo que le ponía su novio cuando se empalmaba dormido. Tanto, que la mitad de las veces sentía un irrefrenable deseo de metérsela en la boca hasta que él, confundido y somnoliento, se despertaba entre espasmos sacudido por un fuerte orgasmo. Y encantado de la vida, vaya. Otra, en cambio, tiene una fantasía sexual recurrente que pone en práctica a menudo con su marido, y es que ella es la Bella Durmiente y su hombre, convertido en príncipe dorado, la despierta de un siglo de sueño a base de pollazos.

Aunque esto último no entra dentro de lo que se entiende propiamente por somnofilia, viene al caso porque es precisamente así como se ha denominado coloquialmente a esta parafilia: el síndrome de la Bella Durmiente, en referencia al cuento infantil de Charles Perrault en el que una joven doncella es condenada a una maldición que la obliga a permanecer dormida 100 años o hasta que la despierte un beso de verdadero amor. En el cuento, el príncipe, abrumado por la belleza de la joven durmiente, no puede evitar besarla, sacándola así, sin saberlo, de su letargo.

No obstante, la somnofilia no debe ser confundida con la sexomnia, un trastorno del que hemos hablado anteriormente y que lleva a las personas que lo sufren a desarrollar actividad sexual mientras duermen, de forma completamente inconsciente y sin posibilidad de comunicación. Al igual que el resto de sonámbulos, al despertar no recuerdan nada.

Orgasmos con llanto incluido

Era, sin duda, uno de los mejores polvos de su vida. Se habían arrastrado por la cama en múltiples posturas, en un festival de carne y saliva de los que hacen que te olvides de todo y hagas las paces con el mundo. Ella estaba encima y, con un suave empujón, giraron sobre sí mismos. Entonces le dio la vuelta, la penetró y, mientras no dejaba de tocarla con la mano, la embistió hasta que empezó a correrse. Ella debió de sentirlo y, sobreexcitada, alcanzó también el orgasmo. Un orgasmo larguísimo. La sintió acelerada, con la respiración entrecortada y, de repente, en ese momento… ¡pum! ella se puso a llorar como una magdalena.

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Los dos son pareja, son mis amigos, y ambos me contaban que, al principio, fliparon con la situación. Él se asustó, pensando que le había hecho daño, y ella no daba crédito a lo que le estaba pasando. “Estaba feliz, tocando el cielo con las manos, pero de repente se me hizo un nudo en la garganta y no podía dejar de llorar”, me decía desconcertada.

Estaba confusa, ambos lo estaban, porque no le pasaba nada malo. Nada la entristecía ni la perturbaba. “¿A qué venía entonces tanta lágrima?”, se preguntaban. La respuesta, según los expertos, es clara: no es más que la descarga de la tensión acumulada. No es ni la primera ni la última a la que le pasa, y desde luego, no es patrimonio exclusivo de las mujeres. El llanto es la expresión de una emoción, y esta no tiene por qué ser necesariamente de dolor o de pena. También se llora de miedo, de rabia o de impotencia, se llora de alegría o de felicidad extrema. Se llora cuando se deja atrás la tensión.

“En el caso de mujeres y hombres que lloran después del orgasmo quiere decir que ha sido tan intensa la excitación que éste no es suficiente para descargar toda la tensión sexual acumulada y es necesario el llanto. En este caso sería de satisfacción”, explica la sexóloga Pilar Cristóbal.

Bendito llanto. ¿A alguien más le ha pasado?

El arte de decir guarradas en la cama

No es que se lo haya preguntado a todo el que conozco, ni mucho menos, pero la gran mayoría de personas con las que sí que lo he hablado coinciden: decir guarradas durante el sexo mola y es una práctica bastante habitual.

El repertorio es tan amplio como el mundo y su alcance depende de muchas cosas: el grado de excitación, de conocimiento de la otra persona, la experiencia, el nivel de intimidad, si se es más o menos tímido, etc. La lista es interminable.

susurros en la camaPero si hay algo de lo que no hay que fiarse en este asunto es del aspecto y las apariencias. Alucinada me he quedado con la sarta de barbaridades que han soltado por esa boquita algunas a las que tenía por auténticas mosquitas muertas. Y resulta que luego, en horizontal, les salía la fiera… Respecto a ellos, exactamente lo mismo.

Entre las chicas, según muchas de ellas admiten, lo más socorrido es recurrir a los comentarios sobre las virtudes del miembro viril de su compañero. Hacer referencia a lo mucho que les gusta el uso que hacen de él es otro de las clásicos, junto a las mil y una formas de pedir “más guerra”, ya sea a modo de orden o de súplica, de grito o de susurro, en plan dominatrix o princesa de cuento. A ellos, por su parte, les encanta oírlo y suelen ser muy descriptivos, tanto en sus peticiones como en sus ofrecimientos.

En cuestión de sexo, y ya metidos en faena, cuanto más explícito se sea, mucho mejor. Decir obscenidades puede ser realmente excitante, pero ojo, si usamos palabras que normalmente no utilizamos o con las que nos sentimos incómodos, puede resultar ridículo y chocante. Y si ese momento llega, el fracaso está asegurado.

Por supuesto, habrá a quien le ponga nervioso/a tanto parloteo o simplemente le resulte escandaloso. A esos les diría que no pasa nada, que sobre gustos no hay nada escrito, pero que un poco de cháchara nunca viene mal. ¿Vosotros sois de los primeros, o más bien de estos últimos?

¿Aumentan el riesgo y lo prohibido el placer sexual?

Varios medios de comunicación informaron el pasado lunes sobre la muerte de una mujer mientras hacía el amor con su pareja en las vías del tren en Ucrania. Ambos fueron arrollados. El suceso ocurrió de madrugada, cuando volvían de pasar la noche bebiendo en casa de unos amigos y quisieron probar algo nuevo y “sentir algo extremo”.  Al menos eso es lo que cuenta el novio, que se recupera en un hospital de la amputación de ambas piernas a la altura de la rodilla. Ella tuvo peor suerte. Murió en el acto.

No es la primera vez que ocurre algo así. En 2008 un tren de carga arrolló a una pareja de veinteañeros que practicaba sexo en las vías en Sudádrica. El chico murió en el acto y ella, horas después en el hospital. El conductor del convoy explicó en su día que tocó la bocina y les hizo señales porque no le daba tiempo a frenar,  pero que ellos “siguieron a lo suyo”.

crashEl trágico incidente, aunque salvando las distancias, por supuesto, me llevó irremediablemente a pensar en Crash, aquella polémica película de David Cronenberg, basada en la novela homónima de J.G.Ballard, en la que los protagonistas encontraban en los accidentes de coche un motivo de excitación sexual in extremis. Sangre, lujuria, peligro, muerte. Un cóctel explosivo y retorcido, un mundo oscuro y prohibido al que un grupo de fetichistas o parafílicos, como quiera llamárseles, se entregaban con pasión autodestructiva.

Y dandole vueltas a esto me acordé, como no, de nuestro querido Walter White cuando, ya avanzada la primera temporada de Breaking Bad, le empieza a meter mano a su mujer por debajo de la mesa en una sala abarrotada de agentes de la DEA  siguiéndole la pista. Cuando más tarde le echa un polvo salvaje en el interior del coche, en plena vía pública, y ella pregunta que por qué de repente el sexo es tan bueno, la respuesta de él no puede ser más clara: “Porque es ilegal”, contesta.

La cuestión es, ¿aporta lo ilegal, lo prohibido, lo arriesgado, etc, una dosis extra de morbo y placer al sexo en sí? Supongo que la respuesta dependerá de la persona, pero pienso en mi propia experiencia y en lo que me cuentan mis conocidos, y algo de eso hay. La rutina, la vorágine cotidiana, la montaña de obligaciones… a veces vamos como autómatas por el mundo y buscamos, casi sin saberlo, un catalizador que nos saque de nuestra ataraxia, de nuestro marasmo. Algo que nos vuelva perturbables y, en definitva, nos haga sentir vivos.

Pero claro, como todo en la vida, siempre hay una línea. Y como siempre, esta es difusa. Porque una cosa es que te ponga follar en sitios públicos y otra muy distinta que solo puedas excitarte mientras te estrellas a 120 por hora en la autopista. ¿Dónde acaba el morbo y dónde empieza lo enfermizo?