Archivo de noviembre, 2019

De ‘pedos’ vaginales a manchas de sangre, las reacciones (normales) del cuerpo al sexo

Cuando llega el momento de entrar a la acción en la cama, crees que lo tienes todo bajo control. La lista de Spotify perfecta (hay que amortizar el premium ahora que por fin te has decidido a pagarlo), la temperatura del piso, ropa interior sin agujeros ni antiguas manchas de regla…

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Pero tu cuerpo tiene otros planes y puede que al terminar, cuando estés volviendo a la calma, toda tu vagina se relaje expulsando un sonoro pedo en su cara.

Por muy ‘tierra trágame’ que parezca la situación, es solo una de las cosas normales que a todos (o casi) nos toca enfrentarnos en el periodo poscoital: que un poco de aire se haya ‘colado’ en la vagina.

No hay nada como normalizarlo con una carcajada para quitarle hierro al asunto (y además, acabas de peerte en su cara, eso bien merece compartir unas risas).

Las flatulencias vaginales son solo la punta del iceberg. Porque si algo compartimos todas (y si no lo haces, deberías empezar ya) es que después de tener sexo te entran ganas de hacer pis.

En el caso de que no las tengas, ve igualmente y evítate una infección de orina. Es la manera que tiene el cuerpo de eliminar las posibles bacterias que del roce, se encuentren en la uretra.

No solo los microorganismos entran en acción por el contacto, también pueden salir rojeces en zonas que no imaginas, sobre todo si el vello ha sido rasurado recientemente.

Claro que, si no desaparece al cabo del día, es recomendable que visites a un especialista, no vaya a ser que tengas algo más preocupante que un poco de escozor porque has disfrutado de un cunnilingus hecho con barba de tres días.

Sentir picor o algo de dolor es también medianamente habitual teniendo en cuenta que son zonas muy sensibles. Al mínimo arañazo, roce o tirón sin querer podemos hacer daño. Lo que me lleva a una de los visitantes más habituales después de tener sexo: la sangre.

Si ya os comentaba que teniendo sexo anal, sangrar es bastante común (recordad que los vasos sanguíneos de la zona se rompen fácilmente), puede suceder lo mismo si se practica sexo vaginal.

La sangre no solo puede aparecer por la cercanía de la menstruación, también porque se ha hecho con demasiado ímpetu o incluso porque la penetración ha ido mal y, cuando te miras -todas a hacernos con un espejito para estos casos- encuentras un desgarro vaginal.

Por lo general, este tipo de heridas se solucionan a los pocos días con un poco de cuidado y abstención. Aunque si ves que no cicatriza, aplica el principio de precaución y ve a que lo miren, que son zonas muy propensas a pillar una infección.

Duquesa Doslabios.

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Las mujeres queremos que se sepa

Hace dos días, ‘tropecé’ virtualmente en Instagram con una frase con un color rojo de fondo que llamó mi atención. “Que se sepa”, ponía. Así de atrevido, conciso y directo.

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Una declaración de intenciones que ha puesto en marcha Devermut, la pareja de youtubers que hace un año sacaron un libro en el que cien mujeres contaban sus historias.

Esta vez han vuelto a la carga con un estudio que pretende batir récords con la mayor encuesta del mundo sobre la violencia sexual que las mujeres experimentamos a diario, ya sea con el piropo callejero de turno o el que te manda genitales por mensaje privado.

En QueSeSepa.org encontrarás una serie de preguntas totalmente anónimas con un objetivo concreto: reflejar una realidad que ni políticos ni medios, están interesados en contar.

Y como periodista, muchas veces me avergüenzo de lo poco y mal que se trata el tema de la violencia de género en mi sector. Este espacio y la encuesta son pequeñas formas de plantarle cara a algunas de las malas artes de mi profesión.

No ha sido fácil. Hay preguntas que despiertan emociones que, en mi caso, llevaban años enterradas. Pero si quiero que esto cambie, hay que hacer de tripas corazón y marcar lo que ha pasado.

He participado porque quiero que se sepa todo. Quiero que se sepa que sin haber cumplido todavía los 10 años un desconocido me metió mano en el Metro, que a los 15 un hombre paró el coche y me invitó a subir, que de pequeña recuerdo a un señor de la piscina pública haciéndome fotos en bañador.

Que hace cinco años mi empareja me hacía chantaje para que me abriera de piernas, que tuve sexo con un ligue de una noche al que le iba el rollo violento porque me daba miedo que me hiciera algo que me negaba.

Y aunque muchas de esas cosas las sabe mi familia, mis amigos y hasta mi antigua terapeuta, algunas de ellas han salido por primera vez en la encuesta. La última que os he contado, por ejemplo.

Quiero que se sepa porque me ha tocado escuchar que no lo he dicho, que por qué me callo. Pues es el momento de que nos escuchen, de que hablemos, de que sepan. De que definamos entre todas esa violencia de género, la misma que todavía hay quienes nos niegan en la cara.

Toca que si no tienen interés en encuestarnos, en dejarnos hablar, en invitarnos a expresar nuestra opinión o en dejarnos hacerlo desde la comodidad de casa (los estudios a pie de calle, sobre asuntos tan delicados, no permiten que las mujeres podamos responder en muchas ocasiones de manera sincera), con la seguridad del anonimato, podamos hacerlo ahora por nuestra cuenta. Sin pedir perdón ni permiso. Con un par de ovarios.

Solo admitiendo que hay un problema y evaluando cuáles son sus dimensiones, podremos empezar a pensar en soluciones.

Duquesa Doslabios.

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Ahora somos esos veinteañeros que van a terapia de pareja

Lo más atrevido que he hecho con mi pareja no ha sido lanzarme con prácticas sexuales descabelladas o con lugares alternativos para darle rienda suelta a la pasión. Lo más atrevido que he (hemos) hecho, ha sido empezar a ir a terapia juntos.

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Y yo soy la primera que piensa que cómo es posible que con 26 y 27 años necesitemos la ayuda de un experto. ¡Si es cuando todo debería ir rodado!

Cuando las ganas están por las nubes, el primer piso a estrenar, el cuerpo siempre encendido…

Y todo eso está ahí, sí, pero hay cosas que se nos escaparon de nuestro control. Así que tomamos la decisión más adulta (pese a que aún nos cueste creernos que esa es la palabra que nos define) y apostamos por un profesional que nos ayudara.

No llevamos mucho asistiendo a las reuniones a tres, pero, por primera vez, conseguimos poner las cosas sobre la mesa sin que termine saltando todo por los aires.

En este tiempo, ya hemos aprendido que la solución no es averiguar quién de los dos tenía la razón -la que parecía la eterna pelea-, sino ser conscientes de que tendremos que llegar a un acuerdo.

Ambos renunciaremos a cosas, ya nos lo aseguraron en la primera sesión, pero ganaríamos, a cambio, muchas otras. Un punto medio en el que, palabra de experto, estaremos mejor siempre y cuando trabajemos por alcanzarlo.

Aunque mi pareja me pedía que me pusiera en sus zapatos, ha tenido que hacerme ver alguien de fuera que mi manera de afrontar las situaciones no era la más empática.

Me ha hecho falta una tercera persona para darme cuenta, pero es precisamente lo que quiero conseguir con esta experiencia. No solo mejorar mi relación, sino crecer como persona y ser una mejor pareja.

Al final, mi pensamiento recurrente cuando estamos en la consulta es que ahí nos encontramos los dos, uno junto al otro, luchando por sacar adelante la relación. La prueba de que queremos seguir esto.

De que nos queremos.

Y teniendo eso de nuestra parte, tengo claro que lo demás vendrá rodado con un poco de esfuerzo.

Duquesa Doslabios.

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Así es el diseño de lencería para personas trans, activismo a golpe de ropa interior

El mundo no evoluciona por inercia sino por gente dispuesta a cambiarlo. Y es el caso de Silvia Matos, una diseñadora de ropa interior que quiere abrirnos las miras. ¿Su manera de hacerlo? Creando ropa interior para personas trans con su marca, Translingerie. Hoy hablo con ella sobre su trayectoria y la sociedad, más o menos abierta de mente, en la que desarrolla su negocio.

TRANSLINGERIE

¿En qué momento vio que había una oportunidad de mercado para la lencería para personas trans?
Cuando yo decidí empezar con la transición estaba en el último año de carrera y empecé a buscar en Internet prendas que se adaptarán a mis necesidades más íntimas. Me vi forzada a diseñar, poco a poco, prendas que se ajustarán a mi fisionomía.

¿Diría que crear un producto es una manera de darle visibilidad a la transexualidad?
Por supuesto, ayudo a que puedan estar cómodas en su día a día. Doy visibilidad por que doy trabajo a personas trans que lo necesitan. Visibilizo también con mi imagen para que la gente pueda ver cómo somos: personas normales. Para que haya visibilidad, la sociedad debe ser mucho más empática.

¿Qué tuvo en cuenta a la hora de crear los diseños?
Pues intento hacer los diseños por colecciones. Cada colección está inspirada en algo diferente. Esta colección la hemos basado en María Antonieta, ya que es una de las mujeres más femenina de la historia. Busco la feminidad en mis desfiles, diseños y modelos. Ya estamos pensando en la siguiente, que sea igual o más femenina

¿Cuál ha sido la principal diferencia respecto a crear ropa íntima para trans que para personas cisgénero?
En el tejido y en el patrón, ya que una prenda de mujer cisgénero no sirve para ocultar el miembro masculino. Además hacemos binder, que son unas camisas especiales para que los chicos trans oculten su pecho antes de operarse de la mastectomía.

@translingerie

¿Tenías experiencia diseñando lencería?
Estudié tres años de diseño de moda en IADE y dos másters en moda en IED. Me resultaba familiar empezar desde cero con esta aventura.

Y, respecto a la acogida que ha tenido la lencería, ¿ha sido buena?
Por supuesto, ya que no hay competencia y es toda una necesidad. Como en todo, hay críticas buenas y malas, pero al final lo único que hago es hacer feliz a la gente y hacer de una necesidad del colectivo trans un negocio.

¿En algún momento te pareció una apuesta arriesgada?
Siempre, pero quien no arriesga no gana. Al final la lucha la constancia y el trabajo es lo que da éxitos. He tenido obstáculos, pero hay mil caminos para llegar al mismo sitio

¿Cómo es que hasta ahora no se había creado una lencería específica para transexuales?
Los mejores negocios nacen de la búsqueda personal de productos que ayuden a cada individuo a ser feliz. Siempre se descubren cosas nuevas. Cada vez que avanzamos surgen nuevas necesidades. Todos las tenemos y pocos emprendemos para cubrirlas. Y ahí está el negocio.

Duquesa Doslabios.

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¿Te han hecho ‘gaslighting’? A mí sí

De todas mis manías, hay una que no consigo quitarme. Cada cierto tiempo busco a mi exnovio.

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Me diréis que no es para tanto, que es algo que entre la curiosidad y lo fácil que lo pone internet, nos pasa a todos de vez en cuando.

Pero yo busco al exnovio con el que sufrí maltrato.

Y si más de cinco años después, cada cierto tiempo, tengo que volver a comprobar por dónde van sus pasos, es porque lo que viví con él fue tan irreal en todos los aspectos, que necesito cerciorarme de que él existe y no de que nuestra relación fue algo tan descabellado que me lo imaginé.

Si de algo se encargó en los meses que estuvimos juntos fue de hacerme dudar de todo. Yo, que, hasta ese momento, había sido una mujer con las ideas claras.

Primero empezó con cosas sencillas, como que estaba exagerando o que tenía que tomarme las cosas de otra manera (la que él quisiera, claro).

Luego ya fue afirmar que estaba imaginando y hasta inventando, empezó a achacarme crisis nerviosas que, con el tiempo, él mismo provocaba.

Llegó a confundirme hasta tal punto -porque bien que se encargó de que no quedaran ni familiares ni amigas en mi entorno cercano para contrariarle- que solo podía creer su palabra, al ser la única persona que tenía en mi vida.

Me cosió alrededor de los ojos una venda tan grande, que hasta me hacía dudar de que, unos segundos antes, me había puesto la mano encima.

Luego había moretones o heridas que me lo recordaban, pero su trabajo de inventar historias alternativas que lo justificaran, era digno de película de ficción.

Historias en las que era mi torpeza la responsable de ello.

Pero el mayor dolor iba por dentro. Porque que él dudara de mi palabra, y fuera tan contundente con su discurso, me hizo dudar de la mía.

Hasta el punto de que ni yo me fiaba de lo que decía o de lo que pensaba. Hasta el punto de que necesitaba que estuviera él para asegurarme o desmentirme.

No fue de un día para otro. Desarmarme y desacreditarme ante mí le llevo meses de cuidadosa manipulación. Y yo solo me di cuenta cuando ya no estaba con él y reparé en lo que había hecho.

Me había hecho naufragar en mí misma. Por suerte, y con ayuda, volví a encontrarme.

Duquesa Doslabios.

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Estando en pareja, ¿dónde está el límite de quedar con terceras personas?

A estas alturas de la historia -y cuando digo historia, me refiero a la relación de pareja– coincidirás conmigo en que hay una serie de temas que, estés con la persona que estés, sacarlos es algo delicado.

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Y no me refiero solo a la política, más bien al dinero, a la familia y, al asunto que traigo hoy, los amigos.

En mi experiencia, estando en una relación, las amistades me parecen un aspecto fundamental. No solo porque necesitamos espacios seguros para estar sin pareja, sino por la importancia que tienen en la vida los amigos.

No en vano tenemos la frase de que los amores pasan, pero las amistades auténticas prevalecen.

Que entren en la dinámica de tu nueva relación es tan sencillo como presentarlos un día cualquiera tomando algo.

Luego hay quienes van más allá y salen de fiesta con el grupo de su pareja o establecen vínculos tan profundos que los considera, al tiempo, como amigos propios.

Pero, ¿qué pasa cuando se fragua una amistad estando ya en la relación?

Para mí, hay dos claves fundamentales a la hora de analizar este tipo de vínculos. En primer lugar la intencionalidad.

¿Tanto tú o tu pareja buscáis solo una amistad sincera en la tercera persona o hay algo más? Porque puede que se dé el caso de que el interés que él o ella tenga, sea de otro estilo.

Al final tiene que ser una situación que se debe evaluar de manera personal. Se está ofreciendo una amistad real, pero igual ves que, por su parte, empieza a invadir un espacio que no quieres compartir.

Por incómoda que pueda resultar esta situación a la pareja, hay que tratarlo de manera asertiva, porque quizás fruto de la ingenuidad (porque te jura y perjura que solo la ve como una buena amistad) es algo que puede hacer daño sin buscarlo.

Es también para mí un límite cuando surge una amistad de la que nunca me han hablado. Ya que hace que me pregunte hasta qué punto la relación es tal.

Por lo general, tarde o temprano terminamos conociendo a todos los amigos de nuestra pareja, por lo que si aparece una de la que nunca nos han hablado, y se niegan a presentarnos, es lógico que surjan dudas al respecto.

Al final, unir ambos mundos es tan sencillo como recordar que hay dos claves sagradas en la relación, la sinceridad y el respeto por tu pareja.

Cuando las amistades se mantienen cumplido esas dos premisas, nadie te podrá decir nada al respecto.

Duquesa Doslabios.

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‘Aunque está muy bien el aquí te pillo aquí te mato, no creemos que el sexo merezca ser devaluado’

Consumimos, más que de forma acelerada, casi compulsiva. El catálogo de Netflix, la comida a domicilio, ropa que añadimos al cesto con el acompañamiento de estresantes cuentas hacia atrás para que no pierda validez el código de descuento…

Y es algo que, siendo ya parte de nuestra rutina, incluimos también en la intimidad. Contra ese polvo rápido y mal echado -para ponernos a hacer otras cosas-, o ese beso a medias, para no perder de vista ni un detalle de las historias de Instagram, está el slow sex.

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Es un estilo de vida sexual que no consiste únicamente en tener sexo más despacio. Pero, en vez de ser yo quien os lo cuente, ha sido Elsa Viegas, cofundadora de Bijoux Indiscrets, quien me ha convencido para hacer autocrítica sobre la calidad de mis intercambios.

No solo me explica lo necesario que es disfrutar de una vida sexual sin prisas, sino de centrarla también (y darle importancia por igual) a cada uno de los momentos, alejándonos del mito de que solo la penetración cuenta como sexo.

¿En qué consiste la filosofía slow sex?
Básicamente trata de poner en el presente el placer y el deseo sin ir a buscar directamente el orgasmo. Disfrutar con cada práctica, sin presiones. Trata de ponerle voz a cada práctica mientras las sitúa a todas al mismo nivel, sin prejuicios y sin prisas. Por eso hemos lanzado una colección con el nombre de esta filosofía, diseñada para algo tan serio como disfrutar.

¿Por qué ha surgido ahora?
Por varios motivos. Primero porque aunque pensemos que está muy bien el sexo de ‘aquí te pillo, aquí te mato’, express, sin ataduras, no creemos que el sexo merezca ser devaluado. Se puede tener muy buen sexo con alguien que no conoces si ambos (o ambas) escucháis vuestros verdaderos deseos. Segundo porque queremos aportar un granito de arena a la eliminación de prejuicios y clichés. ¡La penetración no lo es todo!

¿Por qué vuelve a tener importancia vivir un sexo con todos los sentidos y sin prisa?
Creo que el sexo es un lugar donde refugiarse a solas o en compañía de quien decidas, un oasis a donde huir y disfrutar. Algo muy opuesto al estrés diario, al ritmo frenético de estos tiempos. La gente se está empezando a dar cuenta lo valioso que es estar presente y dedicarle tiempo de calidad a las cosas en las que aún puedes decidir a qué ritmo consumirlas.

¿Diría que es algo que va a mejorar nuestra vida íntima?
Sin duda. Slow Sex te obliga de un modo muy tentador a cuestionar todo lo que sabes sobre el sexo. Por ejemplo, tenemos un roll-on frío para pezones que te invita a pensar “¿qué hago con esto?”. Bueno, si no sabes qué hacer con unos pezones, tal vez debas redescubrir el sexo. Cuestionarse es bueno, es desarmarse para volver a montarse, pero esta vez como a ti te gusta.

¿Qué diferencias existen entre nuestras experiencias sexuales convencionales y aquellas que nos tomamos de manera slow?
Que buscamos desesperadamente el orgasmo. Y sí, el orgasmo está bien, es intenso, pero dura poco. ¿Qué hacemos con los minutos previos al orgasmo? Disfrutarlos, sin duda. Lo máximo posible. Tratar el sexo de manera slow no implica necesariamente ser más tiernos en la cama, implica dedicarle tiempo al placer en todas sus formas. Es no tener tapujos para decir qué te gusta, cuánto quieres de eso o de lo otro.

¿Cuál sería el decálogo de este tipo de sexo?
Consensúa, dedica, siente, experimenta, fluye, cuida, desea, sé consciente, derriba tabúes y disfruta.

¿Hay algún reflejo de esta filosofía en las tiendas eróticas?
Creo que todos los juguetes, o al menos los que he tenido el placer de ver y probar, se enfocan en dar placer instantáneo pasando de 0 a 100 y llamando al orgasmo constantemente. Dildos, dildos vibradores con conejito, punto G, geles orgásmicos. Si no se alcanza la meta es porque no se quiere o, te lo dicen de manera indirecta, te pasa algo. Pretendemos revolucionar y cambiar el mensaje, para que se empiece a decir: Con esto vas a disfrutar a tu manera. Y conseguirlo; realmente conseguir que quien esté interesado en un producto erótico disfrute como quiera.

¿Qué productos nos ayudan a introducirnos en el slow sex?
Finger Play sería otro de los favoritos. ¡Hay que tocarse más! O el Skin and Hair Shimmer Dry Oil, que desgenitaliza por completo el sexo, hidrata y deja una estela brillante en tu cuerpo. Un must si quieres empezar a cuidarte y empoderarte en el sexo.

¿A qué generación diría que le va a costar más practicarlo?
A los baby boomers y a los X. De los millennials en adelante el discurso en los medios ha cambiado, por no hablar de internet, que ha abierto miras y ha derribado muros que se pensaban infranqueables. Pero aún existe el pensamiento, sobre todo en estas dos generaciones pasadas, del pecado, del sexo por concebir, de la culpa, del sacrificio… Es muy difícil cambiar ese pensamiento religioso y de tabú con una filosofía o un producto erótico.

¿De qué manera podemos introducir el slow sex? ¿Como experiencia puntual o volviéndolo nuestro estilo de vida sexual?
Primero desde una decisión propia. Tomar consciencia de nuestros deseos y de nuestro placer se puede lograr desde la experimentación: tocarse como si fuese la primera vez, visualizar nuestras fantasías, revisar por qué nos gusta lo que nos gusta o si existe alguna práctica que realicemos por cumplir o por vergüenza a decir que no. Después de tenerlo definido lo comunicaremos con nuestra pareja (o pareja puntual), consensuando o directamente aplicando lo que queremos en nuestras relaciones. Si se puede volver un estilo de vida, o no, solo puede determinarlo la persona interesada en disfrutar decidiendo cómo quiere hacerlo.

Duquesa Doslabios.

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Succionador de clítoris, ¿por qué hay hombres que le tienen miedo?

Ni Freddy Kruger ni Jason, el nuevo personaje de terror de la cultura de masas es el succionador de clítoris.

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O, al menos, podría parecer que les ha quitado el puesto a los villanos de las películas de miedo teniendo en cuenta cómo muchos hombres reaccionan ante el juguete sexual. Si antes le tenían miedo al clítoris, ahora se lo tienen al succionador.

Se trata de una batalla (cuyo ganador para la mayoría de mujeres es el que tiene batería) que me recuerda a la guerra entre taxis y Cabify.

Los taxistas no entendían que la clientela pudiéramos preferir un mejor servicio, que nos gustaba más eso de tener un conductor educado, bien vestido, botellas de agua en la parte trasera, subir el aire a nuestro gusto y cambiar la emisora musical.

El resultado fue, en vez de tomar nota de las ventajas de Cabify, y hacer de los taxis un servicio de mayor calidad, declararles la guerra para no tener que compartir el pastel.

Con el succionador ha pasado algo parecido. Muchos hombres, en vez de tomárselo como algo personal y espabilar, han arremetido contra el producto.

Tenían al alcance de la mano (literalmente) aprender a estimular, tomarse el trabajo de buscar información, y, sobre todo, poner en práctica los conocimientos.

Pero en vez de eso me he llegado a encontrar a un grupo de hombres intimidados que, tanto en redes sociales como en mi cajón de comentarios, prácticamente ponían el uso del estimulador a la altura de algo que solo hacíamos las mujeres sin alma.

Es el miedo, así es cómo reaccionan cuando se sienten amenazados. Hace unos años, tuvieron que superar el problema del dildo, algo que seguro que a más de uno le pasó factura a su autoestima.

Su pene estaba siendo sustituido por un objeto parecido físicamente (o hasta menor en muchos casos) y de plástico. ¿Quién podría entenderlo?

Pero el succionador de clítoris ha hecho algo todavía más poderoso.

Demuestra que la vagina no es imprescindible para alcanzar el orgasmo. Y el pene, al tener un uso principalmente vaginal, no es necesario.

Esto para los hombres es equivalente a un cortocircuito mental. Ya no queremos penes de goma, ¡es que ya no queremos ni penes! ¿En qué lugar les deja eso a ellos?

Además, le ha dado el protagonismo total a una zona que, históricamente, ha sido ignorada por los hombres hasta ahora. No solo por tratarse de la zona en sí, sino por representar el placer femenino en su máxima expresión, ese que se nos ha negado por considerarlo de segunda categoría y que ahora revindicamos para que esté a la misma altura que el masculino.

El succionador ni niega ni ignora el clítoris, lo celebra. Por eso se ha convertido en un amante preferido, más de lo que pueden decir muchos hombres.

Mientras los hay que siguen buscando respuesta, poniendo a su ‘enemigo’ (del que buena nota podrían tomar) por los suelos, yo ya conozco a más de una que ha incluido al succionador en su lista de regalos para Papá Noel.

Chúpate esa, falocentrismo.

Duquesa Doslabios.

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Más allá del ‘ghosting’, maneras (malas) de ligar que deberían estar prohibidas

A estas alturas del año, creo que puedo hablar en nombre de todos si digo que estamos más que familiarizados con el ghosting.

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O bien hemos desaparecido sin dar explicaciones o nos han dejado en ‘Leído’ pese a que varias veces hemos intentado retomar el contacto.

Pero por muy desagradable que me resulte, no es la única tendencia que eliminaría de la faz de la tierra del planeta del ligoteo.

Hay otras modas en la dinámica de las citas que quiero que desaparezcan.

Una de ellas es el zombieing, algo que me ha explicado mi profesor de inglés y que vendría a ser la estrategia de dejar de pronto colgada la conversación durante un tiempo y hablar repentinamente, mucho después, como si nada hubiera pasado.

“Ey, ¿qué tal? Cuánto tiempo sin hablar/ saber de ti”. ¡Ja!, como si hubiera sido yo la que hubiera dejado de hablarte.

De hecho, basta con que retrocedas hasta la última conversación (seguramente tuvo lugar varios meses antes), para descubrir que lo último que le preguntaste sigue en ‘Visto’.

Y puede que te quedaras sin saber qué planes tenía para esa tarde, pero que te hable ahora como si la conversación no hubiera estado abandonada por meses solo demuestra que el interés que tiene, es el que tiene.

En ese momento estaba sin nadie a la vista y, buceando en su lista de banquillo –el benching, que también os lo conté aquí-, ha sido el turno de llamar a tu puerta.

Pero todavía me parece peor el breadscrumbing, o, como diríamos en castellano, las miguitas de pan cuyo objetivo es que alguien vaya siguiendo el rastro.

No significa que en la cafetería de tu universidad él o ella desmigue el bocata lomo-queso (algo que sí que sería calificado como crimen) y te lance trocitos a ver si te giras y descubres que es el amor de tu vida.

Las migas de pan las lanzamos, hoy en día en forma de ‘Me gusta’ y reacciones a las historias de Instagram.

Le ha regalado el corazoncito a todas tus fotos, incluso a aquella que solo sacabas una fachada de edificios de tu viaje a Liverpool.

Esa es su manera de hacerte saber que está ahí, y que quiere que le regales una taza de casito. Obviamente es decisión tuya si sigues o no el camino mordiendo los anzuelos.

Pero es muy poco valiente, además de difuso, dejar que sean los emoticonos quienes hablen por nosotros. Al igual que lo es optar por desaparecer para no hacer frente a las personas, así como retomar el contacto solo cuando la urgencia aprieta.

Igual es el momento de, más que de crecer, empezar a madurar.

Duquesa Doslabios.

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La vida es demasiado corta como para no disfrutar la soltería

“La envidia que le das a tus amigos emparejados cuando ligas”, “Ver lo que te da la gana en Netflix”, “Ir, entrar, salir, viajar, trabajar full time sin tener que rendir cuentas a nadie”, “Vivir a tu aire”, y mi favorita de todas: “Calma”.

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Esas son algunas de las respuestas que me da mi comunidad de seguidores cuando lanzo la pregunta de las ventajas de optar por la soltería.

Una situación que ha pasado de estar relacionada a pasarte tus días en un piso rodeada de gatos o jugando a los videojuegos, a vivir la vida de una manera increíblemente plena.

Si algo hemos conseguido los millennials, y doy gracias a películas como ‘Mejor solteras’ que se han encargado de ellas, es de romper con el estigma de que solo en pareja podemos alcanzar sentirnos completas como personas.

Soltería es independencia, es libertad, es disfrutar de una misma con un 100% de felicidad. Hay pequeños placeres que la convierten en una opción que hay quienes mantienen toda su vida.

Solo se vive una vez, y, entre tantas relaciones, es imprescindible que exista una de autoemparejamiento, como lo define Emma Watson.

Hay un extraño bienestar en poder tirarte en el sofá con tu pijama más sucio del armario comiendo espagueti y con un vaso de vino. Pero también lo hay en no responder un mensaje de texto por el simple motivo de que no te apetece, sin que haya consecuencias..

Aunque no basta con reivindicar la soltería, también desde fuera de ella hay que aprender a respetarla.

Querría una ley que prohibiera las frasecitas condescendientes de turno. En tu boda, por mucha ilusión que te haga que las solteras peleen por el ramo, puede que no todas queramos pasar por el altar.

Ya vale de que el monotema de las comidas familiares es que a ver cuándo te echas novio o que se te va a pasar el arroz.

Lo mismo con las amigas. Quedas para contarte qué tal van las cosas, no para que tu vida sexual o emocional sea diseccionada o puesta bajo la lupa en una placa de Petri. Un escrutinio del que solo te libras si has sentado cabeza con alguien.

Al final, hay que recordar que por mucho que coincidamos en que siempre es de agradecer “que no te quiten el postre,” lo cierto es que soltería “es felicidad”.

Duquesa Doslabios.

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