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Ahora somos esos veinteañeros que van a terapia de pareja

Lo más atrevido que he hecho con mi pareja no ha sido lanzarme con prácticas sexuales descabelladas o con lugares alternativos para darle rienda suelta a la pasión. Lo más atrevido que he (hemos) hecho, ha sido empezar a ir a terapia juntos.

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Y yo soy la primera que piensa que cómo es posible que con 26 y 27 años necesitemos la ayuda de un experto. ¡Si es cuando todo debería ir rodado!

Cuando las ganas están por las nubes, el primer piso a estrenar, el cuerpo siempre encendido…

Y todo eso está ahí, sí, pero hay cosas que se nos escaparon de nuestro control. Así que tomamos la decisión más adulta (pese a que aún nos cueste creernos que esa es la palabra que nos define) y apostamos por un profesional que nos ayudara.

No llevamos mucho asistiendo a las reuniones a tres, pero, por primera vez, conseguimos poner las cosas sobre la mesa sin que termine saltando todo por los aires.

En este tiempo, ya hemos aprendido que la solución no es averiguar quién de los dos tenía la razón -la que parecía la eterna pelea-, sino ser conscientes de que tendremos que llegar a un acuerdo.

Ambos renunciaremos a cosas, ya nos lo aseguraron en la primera sesión, pero ganaríamos, a cambio, muchas otras. Un punto medio en el que, palabra de experto, estaremos mejor siempre y cuando trabajemos por alcanzarlo.

Aunque mi pareja me pedía que me pusiera en sus zapatos, ha tenido que hacerme ver alguien de fuera que mi manera de afrontar las situaciones no era la más empática.

Me ha hecho falta una tercera persona para darme cuenta, pero es precisamente lo que quiero conseguir con esta experiencia. No solo mejorar mi relación, sino crecer como persona y ser una mejor pareja.

Al final, mi pensamiento recurrente cuando estamos en la consulta es que ahí nos encontramos los dos, uno junto al otro, luchando por sacar adelante la relación. La prueba de que queremos seguir esto.

De que nos queremos.

Y teniendo eso de nuestra parte, tengo claro que lo demás vendrá rodado con un poco de esfuerzo.

Duquesa Doslabios.

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Hipnosis erótica, ¿terapia alternativa y orgasmos sin contacto?

Desinhibición, experiencia erótica mental y orgasmos sin contacto físico alguno. Eso es lo que se promete desde lo que se viene a llamar “hipnosis erótica”. Yo no había oído hablar de ello, la verdad, pero mi amiga Mariana, argentina de Buenos Aires que estos días anda de okupa en mi casa, me cuenta que allí se ve cada vez más, ofertándose a veces como una especie de servicio sexual y, otras, como terapia alternativa para tratar ciertos tipos de disfunciones.

En el primero de los casos, se trata de hipnotizar a los clientes/pacientes para acceder a su inconsciente y, a través de un relato erótico guionizado y absolutamente personalizado, proporcionarles placer y llevarlos a vivir determinadas fantasías. El hipnotizado, siguiendo las instrucciones y sugerencias de su guía, sentirá físicamente lo que este o esta le “ordene” sentir. Es una experiencia mental de disfrute sexual a través de la palabra. El cuerpo, entretanto, descansa relajado y en ningún caso hay contacto físico.

hipnosis

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Al estar liberados de las represiones e inhibiciones propias del estado de vigilia, en esas sesiones hipnóticas uno puede ser todo aquello que desee, desde una dominatrix vengadora a un alto ejecutivo que en la intimidad disfruta con unos cuantos azotes, todo vale. En varios países de América Latina y en Estados Unidos, algunas terapeutas incluso venden sus sesiones hipnóticas a modo de podcast.

Personalmente, este uso de la hipnosis me recuerda a aquella peli futurista con Arnold Schwarzeneger, Desafío Total, en la que la gente acudía a una compañía especializada en implantar falsos recuerdos para vivir todo tipo de experiencias. O a aquella otra con Sandra Bullock, Demolition Man, en la que la gente follaba sin tocarse. Ocurre que las relaciones sexuales con intercambio de fluidos eran ilegales y para experimentar el sexo, la gente se metía en una cabina simuladora en la que los participantes se colocaban un casco que actuaba como estimulador en los centros del placer del cerebro. Pues eso, que me parece estupendo que exista y que la gente lo practique, pero yo me quedo con la piel y el intercambio de fluidos.

La otra vertiente es, como decía, la terapéutica. Consiste en llevar al paciente a un estado de relajación en el que, libre de represiones y estimulado eróticamente, pueda centrarse en aspectos particulares que le provoquen angustia o bloqueos, revelando situaciones reprimidas y desmontando sus consiguientes síntomas. Así, a través de evocaciones sexuales se intenta facilitar la exteriorización de conflictos inconscientes, con lo que se puede atacar mejor problemas como la anorgasmia o la disfunción eréctil. No obstante, son muchos los expertos que expresan sus dudas acerca de su efectividad. A saber.

Coaching sexual, ¿una tendencia en aumento?

El buen sexo requiere tiempo y lo que no se entrena se atrofia. Esas dos grandes verdades son los principales argumentos esgrimidos por una amiga para recurrir a los servicios de un coach sexual, una especie de entrenador que ayuda a la gente, ya sea en pareja o en solitario, a mejorar su encuentro carnal y darle vidilla y frescura a su puesta en escena erótica.

coach boxElla ha contratado un par de sesiones, a las que asistió con su novio más por curiosidad que por otra cosa, pero no contenta con eso, me ha regalado a mí una cajita (ver foto), condones incluidos, con una tarjeta dentro válida por una sesión de 90 minutos. Solo hay que llamar al número de teléfono que aparece y pedir cita.

“¿Qué pasa, te parece que necesito ayuda?”, le dije molesta, mientras ella se descojonaba. “Anda ya tonta, que no tiene por qué ser para eso. Es muy divertido y te ayuda a ver nuevas perspectivas. Abre tu mente, guapa”, fue su respuesta. “Y puedes ir acompañada”, me soltó picarona.

Ya sola, me puse a cotillear, y resulta que es una tendencia que está creciendo muy rápidamente en Nueva York y otras ciudades estadounidenses. Fui allí donde surgió en la década de los 70, pero parece que ha vuelto a ponerse de moda y que, poco a poco, va ganando adeptos en España.

Al parecer hay varios tipos de coaching sexual. Puede ser en forma teórica o “in situ”, sugiriendo en el momento cómo actuar. Los expertos en la materia afirman que las parejas que buscan este tipo de ayuda pretenden mejorar algunas partes del juego erótico, ya sea porque consideran que pueden ser más interesantes o creativas, o bien porque creen que deben corregir algo.

coach boxA diferencias de las terapias habituales, tiene un enfoque positivo. Es decir, que no se centra en disfunciones, problemas, trastornos… más bien su objetivo es enseñar habilidades sexuales y de seducción, trabajando con la desinhibición y acciones concretas para recuperar la pasión y animarse a más.

Cojo mi cajita, y leo: “Thecoachbox es una experiencia única, sexy y divertida. Para salir de la monotonía, entrenar tus órganos sexuales, encender el deseo, para ser el amante perfecto de ti mismo y responsable de tu placer”. Va a ser que igual llamo.