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¿Cómo sabes si es el momento de volver a tener citas?

Después de quedarme soltera, lo tuve fácil para saber cuándo quería volver a tener citas.

Necesitaba quedar con gente que no me preguntara por mi ex por el simple hecho de que no supieran de su existencia y la conversación no girara en torno a él.

Aquello me llevó a tener una serie de citas desiguales. Yo conseguía ‘huir’ del nombre de mi anterior pareja, pero no buscaba conectar emocionalmente con nadie.

En ese momento, por mucho que la otra persona me resultara estupenda (que algunos lo fueron), me veía incapaz de poder llegar a algo más.

Tenía citas, sí, pero para mí no era más que una vía de escape y no un interés real de conocer y bucear en el chico que tenía enfrente.

El clavo que saca a otro clavo no funcionaba en este caso por mucho que siguiera la recomendación de seguir quedando.

No dependía de cuántos pudieran completar la agenda, sino de que mi capacidad emocional llevaba el ‘modo avión’.

El miedo al dolor o a que volviera a pasar lo mismo eran claros: no estaba preparada para volver a la carga.

Cualquier profesional habría visto claramente mi problema: al bloquear mi habilidad de estar presente de manera emocional con alguien, no podía dejar que las cosas prosperaran.

No se tiene la energía para tener citas si todavía el pasado está estancado en el momento actual. Lo mismo pasa si no entendemos en qué punto nos encontramos.

Por mucho que quisiera salir y distraerme, el hecho de bordear el problema de raíz -que no estaba lista para abrirme– no concordaba con las relaciones que podía tener.

Solo dejándome seguir un proceso en el que poder llorar, perdonar, soltar lastre, aprender y volver a empezar.

Que si somos conscientes de que no estamos en ese punto, no enredemos a personas que pueden estar interesadas y dedicándonos esa energía que no somos capaces de darles de vuelta.

Duquesa Doslabios.

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La otra cara de la soltería

Por inercia tiendo a la positividad (qué remedio con estos tiempos que corren si no quiero terminar hundida en la miseria). Y es algo que he tenido que poner a prueba en 2020, así como en lo que llevo de 2021.

Te cuento, ahí estaba yo hace unos meses. Feliz. Feliz a rabiar. En un pisazo estupendo, el trabajo de mis sueños, una pareja que me hacía latir el corazón y la vida entera y una ristra de sueños por delante para despedirme de la veintena y agarrarme a los 30 como una osa, con garra.

En un abrir y cerrar de ojos, me encontré soltera, mudándome a casa de mis padres, notando que perdía otro óvulo bueno en esa última regla y, en definitiva, con una perspectiva de futuro completamente distinta a la que me había planteado.

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Así que después de un puñado de años fuera del mercado, tocaba comprobar cómo andaba la temperatura del agua por si me apetecía darme un baño en ese mar que dicen que está lleno de peces.

En otra época de mi vida, aquello habría sido una fiesta en la piscina como las de las películas americanas. Hoy aquí y mañana allí. Contigo, ese, aquel y aquella (por ejemplo).

Pero esta vez era tan diferente que el simple hecho de empezar a hablar con alguien ya me producía una tremenda pereza (y no os hablo de si encima era una de esas personas con las que necesitas sacacorchos para que la conversación fluya).

Vamos, que el panorama de la soltería no me parecía ni atractivo ni estimulante. Más bien un circuito en el que no quería meterme.

Lo bueno es que tomarme las cosas con calma y disfrutar de un periodo sola, ha hecho que caiga en lo mucho que estoy disfrutando en esta etapa conmigo.

Ya sé que es evidente -claro que lo obvio no quita lo cierto-, pero para empezar mi tiempo es solo mío. M-í-o. Y no sé tú, pero a estas alturas de mi vida, no conozco a muchas personas de mi entorno que puedan decir eso.

No tengo que ponerme de acuerdo para ver una serie, para seguir con la película que quedó a medias el día anterior u organizar si este finde se veían a sus padres o a los míos.

Que sí, que son ejemplos tontos. Pero que hacer lo que te apetece en cada momento de tu vida es un lujo que solo valoramos cuando ya no lo tenemos. Te lo digo yo, que he estado en el otro lado hasta hace dos días.

Y lo mejor es que el egoísmo de este momento no tiene nada de malo, porque al final estás sola. Así que no molestas a nadie si vives a tu manera, sea la que sea.

Esa cantidad de tiempo me está permitiendo darle vueltas a muchas cosas. A qué quiero y, sobre todo, a qué no. Por mucho que haya sido un mal trago ponerle fin a la relación, es como si hubiera subido de nivel. Una digievolución emocional que me está permitiendo ver cómo puedo mejorar de cara a la próxima vez.

Aunque esto vaya a sonar cutre, es otra grandísima verdad: me gusta encargarme yo sola de mis finanzas.

Organizarme para hacer solo gasto en las ocasiones especiales que yo decida (como puede ser celebrarme a mí o irme de viaje a ver a una amiga) y en definitiva, poder ahorrar en condiciones sin desembolsos que a lo mejor antes consideraba más superfluos.

Pero sobre todo porque me he quitado el runrún de muchos agobios que traía en la mochila emocional. Si había suficiente confianza, si no, si me estaría contando toda la verdad, si me podía fiar… Esos malos hábitos que viciaban el día a día empañando la rutina.

Cuando a tu lado no hay nadie de quien esperar nada, es imposible que te decepciones. Dos no discuten si uno no quieren y dos no discuten si solo hay uno.

He perdido el miedo que me acompañaba de si estaba con la persona correcta. Ese futuro que me preocupaba que no llegara a suceder, si nos casaríamos, tendríamos hijos, un bulldog francés o una parrilla para hacer barbacoas los domingos, ha desaparecido.

Si al principio me agobiaba la idea de haber perdido esa opción, me ha tocado entender que la vida no es como mi agenda. No puedo organizarlo todo y apuntarme las citas de cada semana. Se va haciendo por su cuenta independientemente de mis planes.

Así que, ¿para qué estresarme por lo que se escapa de mi control cuando puedo disfrutar los cambios? ¿Cuando quizás los caminos me lleven a otros sitios, personas y vivencias que resulta que también me apetece descubrir y que ni me había planteado?

Duquesa Doslabios.

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10 cosas que necesito para estrenar la soltería según mis amigos

Por si el tono deprimente de mis anteriores artículos ha sido demasiado sutil, lo confirmo por aquí. Comunicado oficial: vuelvo a estar soltera después de varios años fuera del mercado y cada vez más cerca de los temidos 30.

Y, como novata en el mundillo, una de las primeras cosas que hice fue preguntar qué venía a continuación.

SAVAGE X FENTY

No es que no afronte que me toca escalar, una a una, las etapas del duelo hasta llegar a la esperada cima de la superación (prometo que estoy trabajando en ello y hago, día a día, mis progresos).

Es que estoy tan oxidada en esto de volver a planear sola que no sabía ni por dónde empezar. Así que, parafraseando al Cholo y su “Partido a partido”, me planté en la casilla de salida a la espera de que me contaran qué artículos imprescindibles necesitaría en mi nueva vida.

Os comparto sus respuestas.

  1. Ropa interior nueva: me quedo con la duda de si se referían a lencería normal -de esa que usamos para el día a día- o a algún diseño fantasioso en vista de un horizonte futuro en el que pueden surgir nuevos encuentros sexuales. Desde la experiencia, y por lo pronto, me he centrado en las primeras aprovechando para hacer una buena limpieza. Sobre todo de los modelos que ya estaban machacados, esos que, ya con la confianza, no me daba vergüenza poner en nuestro extendedero.
  2. Condones: la protección es fundamental ya sea estando con una única pareja que manteniendo relaciones con varias, pero sí que es cierto que, en el caso de vivir una soltería en la que los encuentros se den con frecuencia, no pueden faltar los preservativos tan a mano como las mascarillas. No basta con dejarlos en el cajón de la mesilla. La persona soltera debe estar alerta, nunca sabe cuándo puede llegar la siguiente oportunidad.
  3. Plataformas de streaming/libros/videojuegos: la cosa es mantener la cabeza ocupada y, en el caso de tener cuentas conjuntas, negociar quién se la queda y quién tiene que darse de alta (o al menos si se quiere seguir disfrutando del plan Netflix & chill). Si bien me confieso incapaz de quedarme sola en casa viendo series, admito que está siendo un buen momento para recrearme en mi relación con los libros, que, además de distraer, ayudan a contraer el sueño por la noche (pantallas 0 – papel impreso 1).
  4. Apuntarse al gimnasio/cualquier disciplina deportiva: dice una página de Facebook que me apasiona que de las mayores rupturas amorosas nacen los auténticos culturistas. Y sí, el desengaño amoroso es fácil de combatir con una buena dosis de endorfinas. Además, haciendo actividades grupales aumentamos las probabilidades de conectar con nuevas personas (¡con las que encima compartimos gustos!).
  5. Algún capricho: este punto todavía me lo estoy pensando, pero me parece el más necesario. En mi caso, lo más seguro es que sea una limpieza facial profunda.
  6. Colonia nueva: según una amiga, se debe acompañar la vida nueva de un olor nuevo. Y aunque entiendo por dónde va la teoría, es el único punto al que me resisto. Soy de esas personas que se mantienen fieles a los aromas cuando dan con el que les encaja. Me gusta demasiado mi perfume del día a día como para cambiarlo, pero no descarto hacerme con uno más potente para las ocasiones especiales venideras.
  7. Satisfyer/succionador de clítoris: escribiendo un blog de sexo, este punto estaba más que cubierto. Pero es probable que, ahora que mi vida sexual es cero, comience una etapa de redescubrimiento de mí misma. Nunca es tarde para probar cosas nuevas o atreverme a pedir ese set de cuerdas que siempre me ha llamado la atención.
  8. Un viaje: cualquier destino es bien recibido en estos tiempos, pero en mi caso tengo claro que el primer desplazamiento fuera de Madrid va a ser para ver a una amiga. De forma que no solo disfruto de cambiar de ciudad, sino que me llevo de paso la mejor de las terapias, pasar tiempo juntas arreglando el mundo.
  9. Cambiar el corte de pelo: escribía en enero de 2019 (sin saberlo), sobre la relación entre una ruptura amorosa y un cambio de look. Estrenar peinado se puede traducir universalmente por el “Aquí estoy y sigo adelante”, ya que nos sirve para mostrarnos a nosotras mismas -al menos de manera externa-, que damos comienzo a una nueva etapa de nuestra vida.
  10. Algo que tu ex odiara: voy a partir de la base de que no soy una persona vengativa, así que no me parece muy sano (para mí) comprarme algo a modo de revancha. Que, además, en mi caso, tendría que ser un kilo de azúcar para tomármelo a cucharadas. Pero puedo entender que haya quien encuentre sentido a esta última sugerencia. Quizás haciéndose por fin con ese cuadro que siempre le había gustado, pero que su ex no le dejaba colgar en la pared del piso.

Duquesa Doslabios.

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La vida es demasiado corta como para no disfrutar la soltería

“La envidia que le das a tus amigos emparejados cuando ligas”, “Ver lo que te da la gana en Netflix”, “Ir, entrar, salir, viajar, trabajar full time sin tener que rendir cuentas a nadie”, “Vivir a tu aire”, y mi favorita de todas: “Calma”.

FACEBOOK TOMORROWLAND

Esas son algunas de las respuestas que me da mi comunidad de seguidores cuando lanzo la pregunta de las ventajas de optar por la soltería.

Una situación que ha pasado de estar relacionada a pasarte tus días en un piso rodeada de gatos o jugando a los videojuegos, a vivir la vida de una manera increíblemente plena.

Si algo hemos conseguido los millennials, y doy gracias a películas como ‘Mejor solteras’ que se han encargado de ellas, es de romper con el estigma de que solo en pareja podemos alcanzar sentirnos completas como personas.

Soltería es independencia, es libertad, es disfrutar de una misma con un 100% de felicidad. Hay pequeños placeres que la convierten en una opción que hay quienes mantienen toda su vida.

Solo se vive una vez, y, entre tantas relaciones, es imprescindible que exista una de autoemparejamiento, como lo define Emma Watson.

Hay un extraño bienestar en poder tirarte en el sofá con tu pijama más sucio del armario comiendo espagueti y con un vaso de vino. Pero también lo hay en no responder un mensaje de texto por el simple motivo de que no te apetece, sin que haya consecuencias..

Aunque no basta con reivindicar la soltería, también desde fuera de ella hay que aprender a respetarla.

Querría una ley que prohibiera las frasecitas condescendientes de turno. En tu boda, por mucha ilusión que te haga que las solteras peleen por el ramo, puede que no todas queramos pasar por el altar.

Ya vale de que el monotema de las comidas familiares es que a ver cuándo te echas novio o que se te va a pasar el arroz.

Lo mismo con las amigas. Quedas para contarte qué tal van las cosas, no para que tu vida sexual o emocional sea diseccionada o puesta bajo la lupa en una placa de Petri. Un escrutinio del que solo te libras si has sentado cabeza con alguien.

Al final, hay que recordar que por mucho que coincidamos en que siempre es de agradecer “que no te quiten el postre,” lo cierto es que soltería “es felicidad”.

Duquesa Doslabios.

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