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¿Por qué ya no hablamos del VIH?

En el colegio, en la clase de educación sexual, ahí fue cuando me hablaron del sida por primera vez. El tema volvió a aparecer en una novela romántica y en una serie de HBO. Pero poco más. Vacío absoluto entre las tres ocasiones.

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Es como si el VIH ya no estuviera presente, como si se hubiera tomado unas vacaciones y solo nos lo hubiera recordado últimamente Bohemian Rhapsody con el fatal desenlace que, aunque no representan, sabemos que tuvo Freddy Mercury.

Puede que la noticia de que Nacho Vidal, el famoso actor de porno, podría haberse contagiado, algo que continúa sin estar del todo claro, haya avivado por unos días el tema de conversación. Pero, sinceramente, quitando esos casos ¿cuánto llevábamos sin hablar de ella?

Era algo que sacaba de sus casillas a mi anterior jefe. “Tú no te acuerdas, pero en los 90 había carteles por todas partes que te recordaban que podías contagiarte de sida. Y ahora fíjate. ¿Ves algo en la tele, en la radio, en las redes? ¿Cuántas campañas hay en marcha? Nada, es como si se hubiera erradicado cuando la gente se lo sigue pegando“.

La realidad, aunque ojalá fuera que ha desaparecido, es que continúa entre nosotros, silencioso pero matón, y no solo eso, sino que ha descendido la preocupación por contagiarse. Las barreras de protección no se toman tan en serio como hace unos años ya que el uso de esta clase de métodos ha descendido.

Y no solo eso, que se haya encontrado un tratamiento que permite vivir con la enfermedad sin que esta avance, ha hecho, en cierta manera, que dejemos de preocuparnos. Que nos relajemos. Pero, ¿es esa la postura inteligente? Obviamente no.

Cada año se diagnostican más de 4.000 casos nuevos en España. Es cierto que se sigue avanzando en las investigaciones, que hay casos con resultados positivos e incluso se conocen pacientes (dos en concreto) que han superado por completo la enfermedad.

Eso no quita que la prevención es la mejor medida que podemos tomar, y la única que está en nuestra mano para tener una vida y una sexualidad plenas y sanas.

Así que quiero aprovechar para recordar un concepto básico, ya que el mayor riesgo es el de no estar bien informado.

El VIH se contagia cuando fluidos como sangre, semen, líquido preseminal, secreciones rectales, secreciones vaginales o leche materna entran en contacto con una membrana mucosa (dentro del recto, la vagina, la abertura del pene y la boca) o una herida que pueda estar abierta y, por tanto, tener contacto con la sangre.

Para combatir esos contactos, los preservativos, para cualquier tipo de intercambio sexual, serán nuestros mayores aliados.

Duquesa Doslabios.

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Una píldora antes y después del sexo reduce la infección por VIH

El preservativo. Ese es a día de hoy el gran y más eficaz aliado a la hora de prevenir la infección por VIH. Conviene no olvidarlo, entre otras cosas porque además de ayudar a combatir el sida, hace lo propio con el resto de enfermedades de transmisión sexual, que aunque todos crean que es cosa de otros, se dan “hasta en las mejores familias”, como dice mi madre.

GTRES

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Dicho esto, un estudio realizado por la Agencia Nacional Francesa especializada en el sida (ANRS) acaba de ser presentado en Estados Unidos y ofrece resultados muy alentadores en cuanto a prevención. El ensayo clínico, realizado entre 400 hombres homosexuales, reveló que un fármaco utilizado para combatir el VIH, una píldora llamada Truvada, también puede servir para prevenirlo cuando se consume antes y después de tener relaciones sexuales de alto riesgo entre varones gays. En concreto, el riesgo de transmisión del virus entre ellos se redujo un 86%.

La Truvada es una pastilla que combina dos medicamentos, los retrovirales tenofovir y emtricitabine, y se usa actualmente de forma preventiva contra la infección por VIH en personas de alto riesgo a través de su ingesta diaria. Sin embargo, este estudio ha demostrado que el fármaco es más efectivo cuando se saltan algunas dosis. A los 400 sujetos participantes en el ensayo se les dieron placebos o Truvada y se les pidió tomar dos pastillas entre dos y 24 horas antes de tener relaciones sexuales, y una tercera píldora 24 horas después, así como una cuarta pastilla 48 horas después de la primera dosis. El resultado fue dos nuevas infecciones entre los que tomaban Truvada y 14 entre los que estaban con el placebo. Es decir, los que tomaron Truvada fueron un 86% menos propensos a contraer el virus.

De momento, tanto investigadores como médicos han sido muy cautelosos a la hora de presentar el medicamento por miedo a que la gente lo interprete como un “preservativo químico” y deje de utilizar los mejores y más efectivos métodos de prevención, que son, como hemos dicho, los condones de toda la vida.