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¿Sufres de estrés? Enamórate

Sí, yo también he leído el titular con voz de anuncio de la Teletienda al escribirlo. Pero por mucho que podamos pensar que lo más agobiante del mundo es llegar a casa y ver que nuestra pareja no ha vaciado el lavavajillas, sino que se ha limitado a sacar un plato para recalentarse la cena, el amor es el mejor antiestrés.

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Mejor que cualquier ansiolítico y 100% natural, una medicina en forma de persona de carne y hueso.

Así como hay otras buenas razones para enamorarse, como poder compartir los postres, hay varios estudios que han puesto el amor bajo la mira descubriendo que independientemente de si está en el aire, como decía John Paul Young, ronda por el cerebro.

Hay varios cambios que suceden sin que nos demos cuenta en el interior de nuestro cráneo. Modificaciones que van desde la explicación de la felicidad, la tranquilidad o la falta de miedo.

De hecho, por mucho que el amor romántico diga que la persona de la que nos enamoramos tiene que ponernos el mundo del revés, la cabeza en los pies y el corazón a ritmo de hombros de Shakira, lo cierto es que, a nivel fisiológico, supone todo lo contrario.

Calma y seguridad son dos sensaciones que experimentamos cuando estamos con la persona de la que nos hemos enamorado.

La Neurobiología del Amor, un estudio de la Universidad de Medicina de Berlín de 2005, fue la investigación que descubrió de qué manera estar enamorado interaccionaba con los sistemas de respuesta del estrés.

Ante discusiones, problemas o situaciones de agobio, una persona enamorada reacciona de manera más calmada.

Al aumentar la sensación de seguridad, disminuyen la de estrés y ansiedad. De hecho, es tal la estabilidad que se siente, que es incluso extensible a otros aspectos de la vida, lo que permite tomar mejores decisiones que si los enamorados estuvieran en un estado emocional alterado.

Este cambio lo secundó el Instituto Blavatnik, de la Escuela de Medicina de Harvard de Medicina, con un estudio realizado en parejas enamoradas averiguando por qué cuando estamos enamorados enseguida nos lo notan en casa.

La felicidad que sentimos, es difícil de disimular hasta el punto que sentimos que brillamos, algo que sucede a nivel cerebral en algunas zonas.

El amor nos hace sentir satisfechos, de hecho hace que aumente la actividad en las zonas que están asociadas con el sexo, la memoria y la recompensa ya que se iluminan en los escáneres de las personas enamoradas.

¿A cambio? Disminuye la actividad cerebral en las zonas relacionadas con el miedo y el disgusto. Lo que nos da la ecuación de que Amor= – menos mal rollo + más felicidad.

Tampoco podemos olvidar el papel de la dopamina en el amor, un neurotransmisor que estimula los centros de placer que se libera en mayor cantidad cuando estamos en pareja, así que ante la duda, enamórate y mucho.

Duquesa Doslabios.

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“¿Nos casamos?”: Mujeres que piden la mano

Podría decir que fue el vino, pero eso sería darle al alcohol un protagonismo que, en realidad, no es merecido ya que no tiene prácticamente peso en esta historia.

LA PROPUESTA

Podría decir también que fue la situación, esa cena en casa con dos trotamundos refugiados en nuestro sofá (y es que las sorpresas que nos trae el coachsurfing son en su mayoría, maravillosas).

Podría decir que fue el lugar, el piso de Barcelona en el que, por poco que llevemos, tanto hemos vivido, construido y compartido. Ese que nos preocupaba al principio de lo vacío que nos parecía y en el que, cada vez que entras por la puerta, encuentras un libro o una planta nueva.

Podría decir que estaba claro que tarde o temprano lo acabaría haciendo, pero no sería cierto, ya que no me imaginaba que sería yo la que daría el paso (de hecho, fíjate si no se puede dar por sentado que no sabía si en algún momento de mi vida quería darlo).

Podría decir que fueron tantas cosas, pero en realidad no fue ninguna de esas. Por lo que realmente fue, y sigue siendo, se llama amor.

Y por mucho que pueda parecer que peco de manida (los habrá incluso que me tachen de ñoña), no podría ser más verdad.

No por el amor que os imagináis que parece salido de una escena de La La Land, de un videoclip de Neyo o de un anuncio de perfumes (femeninos), sino el amor de verdad. El amor que nos acompaña en la rutina, en la convivencia, en un pósit de “Buenos días” en la nevera o en un domingo de hacernos juntos mascarillas faciales porque sabes que me encanta la cosmética coreana.

Cuando te escuchaba por enésima vez contarle a esos desconocidos la historia de tu vida en inglés con un leve acento catalán, recordé por qué me había enamorado de ti, por qué aún después de todos estos años, me sigues gustando tanto. A cántaros, mogollón y a rabiar.

Hasta tal punto que me urgía pasar el resto de mi vida contigo, aunque fuera algo que ya estábamos haciendo. Eso fue, y nada más realmente, lo que hizo que, antes de ir a dormir, te dijera:

-Ens casem?

Sin anillo, sin prepararlo, sin preocuparme, sin declaraciones exageradas, preparaciones previas, sin nada… Pero con todo.

“Vale” me dijiste. Y aquí estamos, pasando todos los días de nuestra vida juntos. Poniéndonos las botas el uno del otro.

Duquesa Doslabios.

Sexo rápido, amor lento

Si te paras a pensarlo, tiene hasta sentido. Somos la generación más rápida para unas cosas y la más lenta para otras.

Podemos deslizar el pulgar hacia la izquierda a la velocidad del rayo descartando personas y quedarnos estancados dedicando las canciones a través de los stories a una sola durante meses.

Si bien somos capaces de reservar un vuelo a la otra punta del mundo en unos segundos, planeamos minuciosamente los pequeños detalles antes de marcharnos. No queremos sorpresas, tiene que salir todo perfecto. Y en el amor no íbamos a comportarnos de otra manera.

¿A quién le importa guardar los tiempos de espera si te quiero desnudar aquí y ahora? Pero totalmente diferente son las doscientas vueltas a la cabeza pensando dónde o qué hacer estando vestidos.

No tenemos prisa. Y es que si algo ha hecho que a los 20 años todavía no nos sintamos adultos, es que aún estamos aprendiendo a hacer las cosas (que se lo digan a nuestros padres, que a muchos nos ayudan a descifrar la Declaración de la Renta).

Nos caracteriza estar con nuestra pareja varios años. No nos lo tomamos a la ligera, queremos no solo conocernos, sino conocernos bien. Y no solo a la otra persona, sino a nosotros mismos.

Queremos desarrollarnos como individuos, saber a dónde queremos llegar, qué nos gusta y que no. Tener las cosas claras porque la primera persona con quien debemos sentirnos a gusto somos nosotros mismos.

Nuestros problemas de compromiso a la hora de fidelizarnos con una plataforma de vídeo, se traduce en la dificultad que encontramos en mantener nuestra palabra con alguien.

Puede que tu abuela a tu edad (o incluso antes) ya estuviera casada. Antes, el matrimonio, era el primer paso en la vida adulta. Ahora forma parte de los últimos.

Y es que si algo tenemos claro es que si nos decidimos a darlo, será la guinda del pastel. De un maravilloso pastel del que conoces y has construido cada capa, cada cobertura, relleno y topping extra.

Duquesa Doslabios.