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¿Cambia la regla en verano? La menstruación en la época más calurosa del año

Aunque muchas firmaríamos por tener un verano en el que la regla nos diera un respiro (sobre todo después de que la agenda se nos ha colapsado después del confinamiento), nos va a tocar acordarnos de meter el clásico neceser de supervivencia para esos días del mes.

Como Pilar Ruiz, la directora de comunicación de Intimina (marca de cuidado íntimo para mujer), me confirma, el ciclo no es que cambie en la estación más calurosa del año. Sin embargo sí podemos sentirlo un poco diferente.

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¿Cómo nos afectan los cambios de estación a la menstruación?
En realidad, las estaciones del año no afectan directamente a nuestra menstruación. Es cierto que no percibimos la regla de la misma manera en verano que en invierno, por ejemplo. Durante el verano, por acción del calor y el ejercicio al aire libre, podemos percibir más inflamación y sentirnos más hinchadas que en otras épocas del año. El agobio, la temperatura y los largos días pueden generarnos malestar, más retención de líquidos o deshidratación, y esto afecta a nuestro cuerpo y estado.

En invierno, por otro lado, estamos más caseras lo que nos puede generar la sensación de tener mayor dolor pero menor hinchazón. Solemos tener más antojos de chocolate (¡por qué no!) y nos sentimos más cansadas. Cada mujer es diferente y la regla, según nuestro estilo de vida, nos afecta de formas distintas. Es un proceso natural y cada una decide vivirlo de la mejor manera.

Y, más en concreto, ¿cómo afecta el verano con la subida de temperaturas? ¿Altera el flujo de alguna manera?
El flujo menstrual no debería verse alterado por una estación específica. En caso de que eso sucediera, deberíamos consultar con un profesional para ver qué puede estar sucediendo. Sí es cierto que el verano puede hacernos sentir más incómodas los días de regla por el tipo de ropa que usamos, el calor agobiante, los largos días en la piscina o la playa… De hecho, según un estudio de Intimina, el 63% de las mujeres elige evitar bañarse en la playa o piscina cuando tienen la regla y el 67% siempre lleva consigo los productos de higiene íntima para evitar comprarlos en el destino vacacional.

Durante los días de regla es fundamental hidratarse bien y beber mucha agua, de este modo evitas la retención de líquidos y mejoras la piel; a la vez que debemos cuidar nuestra alimentación con comidas ricas en nutrientes. Cuidarse adecuadamente nos evitará malestares, hinchazón o molestias adicionales que puedan surgir por estar en verano. Además, es importante descansar bien, durmiendo un mínimo de 8 horas diarias y no olvidar la ingesta de hierro durante y tras la menstruación, para tener buenas reservas.

También la vida social cambia en los meses de buen tiempo, ¿cómo compaginar la agenda con la regla?
Es importante destacar que cada mujer es diferente y, por lo tanto, no hay fórmulas mágicas. Nuestra vida debe ser la misma, con o sin regla, ya que nada debe impedirnos disfrutar de lo que nos apetezca hacer: salir a terrazas, ir a la piscina, bailar o tumbarnos en el sofá a ver una película.

¿Es la copa menstrual una buena alternativa para el verano?
¡Claro que sí! No solo por ser hipoalergénicas y totalmente respetuosas con el equilibrio íntimo, gracias a la silicona de grado médico con la que están fabricadas; sino también porque previenen el crecimiento bacteriano. Pero lo más importante es que se pueden llevar hasta 12 horas, lo que las convierte en un complemento ideal para los largos días de verano. No se nota, y nos permite hacer todos los planes sin problema.

Normalmente, la copa resulta muy práctica si tenemos un baño cerca, ¿cómo convertirla en la mejor aliada para los días de playa/piscina?
Es importante mencionar que podemos usar la copa menstrual durante 12 horas, por lo que es posible estar en la playa durante largas jornadas, bañarse y tomar sol sin ninguna preocupación. Luego, al llegar a casa, solo es necesario enjuagarla y volver a usar.

En caso de que tengamos que cambiarnos en un baño público, para que sea lo más cómodo posible, desde Intimina recomendamos llevar preparado un kit para la menstruación: en una bolsa con cremallera, introduce la copa menstrual Lily Cup Compact de INTIMINA, ideal para el bolso por su estructura plegable, junto con toallitas húmedas, desinfectante de manos y agua embotellada. Además, nuestras copas van guardadas en una funda para estar más protegida.

¿Le puede afectar al material el cloro del agua, la arena o la sal del mar?
Si la copa se coloca de manera correcta, no la notas y no tiene contacto con el exterior. Tanto el cloro del agua, la arena o la sal de mar no deberían afectarla, porque al encontrarse en el interior de nuestra vagina, ni deja escapar flujo ni que entre agua en nuestro interior.

Para aquellas amantes del senderismo, ¿cómo podemos limpiar la copa en pleno campo si nos encontramos de ruta?
Es muy simple: una vez nos la quitamos, vertemos su contenido, la limpiamos con un poco de agua o papel higiénico y volveremos a introducirla. Es importante recalcar que debemos esterilizarla entre 5 y 8 minutos en agua hirviendo antes y después de cada ciclo.

A la hora de viajar, ¿qué ventaja tiene la copa frente a los tampones?
La copa menstrual cuenta con la comodidad y practicidad de que podemos llevarla puesta hasta 12 horas sin notarla en absoluto, y es importante también que con ella no generamos residuos que a veces no sabemos ni dónde tirar. Además, comprar compresas y tampones en países no occidentales a veces no es tarea sencilla, no solo por su elevado precio sino porque pueden llegar a ser inexistentes.

Según un estudio de Intimina, 3 de cada 10 mujeres (31%) aseguran haber tenido problemas para acceder a productos de higiene íntima durante un viaje. Por lo que la copa menstrual, al no ocupar apenas espacio en la maleta, puedes llevarla siempre contigo y no tener que buscar productos para la regla en el destino, asegurando una protección fiable durante todo el viaje.

Si no podemos hervirla en ese momento, ¿cómo podemos guardarla de una forma higiénica?
Lo importante es hervirla antes y después de cada ciclo. No es necesario esterilizarla durante la menstruación. Con lavarla con agua es suficiente. Por otro lado, si no estamos en casa y no disponemos de los utensilios para hervir la copa, una opción son las tabletas esterilizadoras, que permiten esterilizar la copa menstrual en agua fría durante 15 minutos.

Una vez acabado el ciclo, ¿podemos compartir la copa -una vez desinfectada- con otra mujer?
No, no es recomendable compartir la copa menstrual. Más allá del factor higiénico, también es importante saber que hay una copa para cada mujer y cada una debe encontrar la que mejor se adapte a sus necesidades.

¿Es el verano una buena época para animarnos a probarla si nunca la hemos usado?
Sin duda. De hecho, ¡cualquier momento del año es bueno para iniciar el cambio! Lo que recomendamos es probarla antes de que comience la regla para poder aprender a colocarla, acostumbrarnos a ella y conocer cómo funciona nuestro cuerpo. Seguro que una vez que prueben la copa, no la cambiarán por nada del mundo.

Duquesa Doslabios.

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Que la regla no te fastidie el día de playa con estos consejos

Es imposible que no tengamos la ‘suerte’ de que, al menos, una de las reglas nos caigan en el día que habíamos planeado ir a la playa o la piscina.

(Y eso si no te baja en medio de un paseo por la orilla con un crush, como me pasó a mí hace unos años).

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Así que como nuestra amiga Inés (por lo de que viene cada mes), es probable que aparezca también en verano, aquí van mis consejos para que sobrevivas a esa jornada de la mejor manera.

La preparación es fundamental. Tienes que pensar bien qué vas a meter en la bolsa. Ropa suelta, un alijo de ibuprofeno y ‘paracetamoles’ que podría nutrir a una residencia de ancianos…

Mi truco para esos días es dejar las compresas en casa y hacer de la copa la mejor apuesta.

Es a prueba de fugas siempre y cuando la vayas vaciando con regularidad, una razón por la que es fundamental que, en cuanto llegues, localices y te pongas cerca del baño.

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¿Que la copa no va contigo? Pues antes de salir de casa, recorta un poco el hilo del tampón -no tanto como para que no puedas tirar luego de él para sacarlo- para evitar que salga a pasear por fuera de la braguita del bikini.

Y hablando de ropa de baño, lo mejor para ese día es que lleves los bañadores o bikinis que tengas de color negro. Así, si notas la fuga, sabes que solo vas a enterarte tú y que no vas a cargarte el conjunto (que ya sabemos lo que cuesta que salga el manchurrón de las bragas).

Si, como yo, cuando estás con la regla, solo quieres fundirte con el sofá y la manta, pero te apetece el plan veraniego, intenta trasladar a la playa o a la piscina la comodidad de tu casa.

Será fundamental que, además de ropa suelta, lleves algo que puedas atarte alrededor de la cintura -para tapar la fuga camino al baño o por si te entra frío-.

Tampoco puede faltar una toalla o manta en la que poder tumbarte en postura fetal si las cosas se ponen feas con los dolores. No subestimes el poder de la camiseta de tu amiga dándote calorcito sobre la tripa, cualquier solución en ese momento de crisis es bienvenida.

Dicen que el calor ayuda a que baje mejor la sangre, pero le va a hacer un flaco favor a tu cara si justo acabas de explotarte el clásico grano hormonal. Si la protección solar es fundamental, que no falte la crema de SPF 50 para que no te queden luego las marcas.

Por mucho que te pueda la pereza, recuerda también que moverte, ya sea dentro del agua como dando un paseo (lo de jugar al voley o a las palas míralo en función de cómo estés de dolorida) ayuda.

Y para terminar, planifica bien la comida que vayas a llevar. Por mucho que te apetezca comida basura -las patatas de tu amiga Laura parecen llamarte a voces- es mejor que te mantengas alejada de alimentos salados, bebidas azucaradas o gaseosas y te limites a beber mucha agua y a comer de forma equilibrada. La hinchazón te lo agradecerá no convirtiéndote (todavía más) en una bola de aire.

Duquesa Doslabios.

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Socorro, la cuarentena me está revolucionando la regla

Si hubiera un trivial de típicas cosas de la cuarentena, me quedaría sin tachar la casilla de “Me he cortado flequillo en casa”. Aunque las de “También tengo insomnio por las noches” y “Se me ha alterado la regla” serían las primeras que marcaría.

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En un primer momento pensaba que podía ser algo aislado, pero por lo visto, somos muchas a las que la menstruación nos viene y va un poco a su rollo.

Ahora parece que va a bajar, ahora se te retrasa y, un mes después (cuando no la esperas para nada hasta dentro de unos días), se te adelanta.

Y en mi caso, esto era algo que nunca me había pasado. Desde la primera de ellas, todas mis reglas han venido con la puntualidad de un reloj suizo.

Quitando la emoción por algún viaje -la única vez que también llegó antes de tiempo-, parecía que mi cuerpo estaba de acuerdo con la norma no escrita de que iba a venir cada 30 días.

Así que el hecho de que ahora vaya un poco por libre, me ha preocupado. Y no solo a mí. Algunas de mis amigas también habían tenido cambios.

Aunque no hemos sido encuestadas para el último estudio de Intimina, empresa especializada en productos de salud íntima femenina, podríamos ser los mejores ejemplos para su informe del ciclo menstrual durante el estado de alarma.

Según su informe, el 63% de las mujeres de entre 26 y 45 años ha experimentado cambios en su ciclo como consecuencia del confinamiento, sobre todo las que estamos entre 26 y 35 años.

El retraso medio es, según el estudio, de unos cinco días y encima, muchas de nosotras, pasando las reglas más dolorosas.

Y es que no, al menos en mi caso, no imaginaba cómo podían llegar a afectarme los cambios de hábitos.

Que no salga casi a ningún lado, los nervios por la situación o que viva al borde del ataque de nervios porque mi vecina grita cada dos por tres a su bebé, son algunas razones que tienen mi ciclo tan alterado como las noticias de que va a llegar el cambio de fase a Madrid.

¿Y la solución? Pues, sorprendentemente, muy a mano: descanso, dieta equilibrada, caminar (ahora que podemos)…

Aunque claro, ¿cómo voy a descansar si sigo con el insomnio cuarentena? ¿Cómo voy a comer sano si la ansiedad por el estado de alarma interminable y mis revolucionadas hormonas parecen llevarme solo al cajón de chocolate? Vamos, que estando así, lo raro habría sido que mi regla no se volviera un poco loca.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si el que no quiere tener sexo con la regla es él?

Como mujer, noto cómo me cambia el cuerpo cuando estoy con la regla. Flujo aparte, mis ‘bajos’ no reaccionan de la misma manera que durante el resto del mes.

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Hay reglas en las que tengo tanto dolor que solo quiero tumbarme. Otras que el sangrado es tan abundante que, cada dos horas, me toca cambiar la copa.

Y, aunque en la mayoría de esas veces, mi deseo sexual se ve bastante afectado, tengo también casos en los que, con sangre o no, tengo ganas de jugar.

No siempre he podido hacerlo. Confieso que solo en pareja me he sentido en confianza como para tener sexo en ese momento del mes.

Como yo, conozco varias amigas que opinan muy parecido. Algunas prefieren hacerlo y otras no, pero si en algo hemos coincidido es que, por lo general, a nuestros compañeros no les importa que haya sangre de por medio.

Sin embargo conozco también el caso contrario de un amigo que, en sus palabras, prefiere “no manchar el sable”.

La simple expresión de ‘manchar’ ya hace que se considere la regla como algo sucio, por lo que se relaciona con sensaciones de desagrado e incluso repulsión.

Si eres de esas personas cuya pareja siente asco (o eres tú quien, solo de pensarlo, siente repugnancia), hay varias cosas sobre las que puedes reflexionar al respecto.

En primer lugar, la regla no es algo sucio. Es una fase del ciclo menstrual femenino, por lo que la higiene, si es la normal, no es un problema.

Tener la regla no es sinónimo de que el momento se convierta en una escena de películagore. Hay momentos que se sangra más, otros que se sangra menos. Y, ¿lo mejor? Que se pueden aprovechar esos ratos de menor cantidad de flujo para tener relaciones,

Incluso para quienes tengan miedo de ver la más mínima gota de sangre, se pueden tranquilizar si la otra persona está utilizando una copa o un tampón, ya que evitan que salga el flujo (y deja el clítoris a la vista y bien despejado para cualquier tipo de estimulación externa).

Y aunque cada uno es libre de hacer lo que quiera, ¿no es mejor pensar en que la regla es algo normal y seguir disfrutando del sexo?

Duquesa Doslabios.

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¿De qué depende el color de la sangre durante tu menstruación? La regla no es solo roja

La primera vez que me vino la regla, en medio de un examen de Ciencias Naturales del colegio, recuerdo ir al baño y descubrir una mancha marrón que, realmente me hizo dudar de si aquello era la regla o si la prueba me había dado demasiado miedo.

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Que como mujer en el siglo XXI, con toda la información que hay a nuestro alcance, no las tuviera todas conmigo, demuestra lo poco que normalizamos un tema tan básico en nuestras vidas (¡en las vidas de la mitad de la población!) como es la menstruación.

Por mucho que los anuncios de compresas se empeñen en representar la sangre con un líquido azul, más parecido al suavizante de la lavadora que a lo que encontramos entre las bragas, no es que nos ayude precisamente.

Lo cierto es que la regla no siempre es roja, pasa por diferentes matices y todos son absolutamente normales.

Pero, ¿de qué depende de que sea uno u otro?

Tenemos que empezar por el principio, el ¿de dónde viene la sangre? Del endometrio principalmente, el tejido que expulsamos durante la menstruación.

Un revestimiento que formado por muchas venas, que son las que ayudan a que el óvulo se pueda desarrollar, una vez llega a la zona, mediante el torrente sanguíneo.

Al llegar la menstruación, las venas se constriñen y se reduce la cantidad de sangre hasta luego desprenderse. No sucede de una sola vez. Es un proceso lento y controlado, lo que hace que lo veamos de diferentes tonalidades.

Cuando manchamos de color marrón oscuro, suele ser porque la sangre es más antigua y ha estado expuesta al aire, ya que reacciona con el oxígeno y se oscurece. Puede ser, por ejemplo, porque sea de una anterior menstruación y no llegara a descender por el cérvix.

El rojo oscuro suele venir después, hacia mitad de ciclo o por las mañanas e incluso venir acompañados de coágulos oscuros (si los ves casi negros no te preocupes).

A este granate le sigue el rojo pasión, el momento culmen, la sangre es nueva. Es un color que se ve a mitad de ciclo o en los días en los que el sangrado es más abundante. La señal de que todo funciona con normalidad.

Si es rosada puede ser porque estés excediéndote con los entrenos y no te alimentes correctamente. También se puede dar si estás con algún tratamiento hormonal.

Hasta ahí los colores habituales que la mayoría de nosotras encontramos varias veces al mes. Sin embargo, hay ciertas tonalidades que son señales de alerta y que deberías conocer.

Una sangre grisácea puede ser un indicativo de que has contraído una enfermedad de transmisión sexual. En el caso de que se dé en el embarazo, es algo que también se debe hacer mirar. Naranja también puede ser un síntoma de infección o bien de que estás embarazada (puede pasar entre los 6 y los 12 días después de la concepción), mientras que si es morada puede significar que los niveles de fibra que consumimos no son suficientes.

Lo importante es que conozcas tu sangrado, tus colores y la cantidad que sueles expulsar por mes para que sepas identificar si la salud de tu periodo es óptima.

Duquesa Doslabios.

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6 mitos de la copa menstrual que deberías dejar de creer

La copa menstrual es un objeto tan diferente a los productos de higiene femenina a los que estamos acostumbradas que es normal que circulen leyendas sobre ella.

Facebook lacopamenstrual.es

Algunas de las más comunes, y al mismo tiempo, que más nos preocupan, distan bastante de ser verdaderas. Hoy me encargo de arrojar algo de luz sobre ellas y seguir afirmando que la menstruación con copa es la menstruación mejor.

Para empezar, la copa no se cae mientras vas andando. Tampoco si echas a correr o montas en bici. La copa está diseñada con forma de campana para mantenerse sujeta mientras recoge el flujo menstrual. Es importante sin embargo, encontrar la que es más apropiada para cada una. La talla (cambian factores como el diámetro, longitud o grosor) puede ser diferente en función de si hemos tenido hijos.

No se pierde por dentro del cuerpo. Es uno de los mayores miedos, meter aquello y no volverlo a ver nunca más. Sin embargo al final de la vagina tenemos el cérvix, un estrechamiento antes del útero que impide que desaparezca en nuestro interior. ¿Para sacarla si por un casual notas que está especialmente arriba de la vagina? Empujar hacia abajo como si quisieras tirarte un pedo, pero vaginal.

A diferencia de los tampones que, por culpa de los materiales secan las paredes vaginales y están relacionados con el Síndrome del Shock Tóxico, la copa no tiene este problema, por lo que puedes dormir con ella tranquilamente. Al estar hechas, en su mayoría de silicona quirúrgica, no hay inconveniente en que la lleves puesta mientras duermes.

Y no, aunque te tumbes la sangre de la copa no sube al útero. ¿Recuerdas el cérvix de antes? Pues a partir de ahí no pasa nada. No, ni por mucho que te pongas a hacer el pino. Las contracciones del útero hacen que descienda el líquido aunque desafiemos a las leyes de la gravedad.

La copa menstrual no te ‘quita’ la virginidad. Socialmente, una persona es virgen hasta que tiene sexo con otra, por lo que no es algo que dependa del recipiente de silicona. Sí que es cierto que, si eres un poco manazas, puede que te rompas el himen sin querer, algo que también te puede pasar con los tampones. Pero ni vas a darte cuenta ni supone una gran diferencia en tu vida tenerlo o no intacto.

Puedes hacer pis y caca con la copa puesta. Y no solo eso, sino que es una maravilla de cómoda. No tengas miedo de que se escurrirá al wáter porque, como decía al principio, tus músculos están trabajando, aunque no te des cuenta, para tenerla sujeta.

Duquesa Doslabios.

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Sexo y regla, la menstruación es la cuestión

Hace poco, en una quedada con amigos surgió (todavía no sé cómo, también es cierto) el tema de tener relaciones sexuales con la regla.

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La mayoría de los chicos afirmaban que no era algo que les importara. Mientras que uno decía que la situación le excitaba más, por las dosis de lubricación extra, otro opinaba que, a fin de cuentas, es algo que no afectaba realmente ya que está de por medio el condón.

De hecho, “si no se tiene sexo en esos días suele ser más por vosotras que por nosotros” me dijo convencido.

Y le doy toda la razón del mundo. Históricamente la regla ha sido el ‘castigo divino’, algo que nos mantenía a las mujeres en un segundo plano al ser visto como una enfermedad hasta hace relativamente poco.

El estigma perdura. Y sino, solo hay que ver cómo todavía vamos al baño con los productos de higiene femenina hábilmente escondidos en las mangas de la sudadera. Con la sangre vaginal también impera la ley del silencio. La omertà menstrual.

También es cierto que, las que sufrimos dismenorreas (intensos dolores menstruales) no siempre tenemos ‘el chocho para farolillos’ literalmente.

La hinchazón, los calambres o el propio malestar general en momentos concretos (especialmente durante los primeros días), hacen que muchas pensemos, cuando nos hablan de “meterla”, en una barra de chocolate. Y en la boca.

Sin embargo, quienes no padezcan molestias y quieran tener sexo con la regla, deberían sentirse con toda la libertad del mundo para hacerlo. No está de más tampoco comentarlo previamente por si hemos topado con una persona que se impresiona con el sangrado.

Pensemos que, al final, es tan sencillo como hacerlo en la ducha e ir quitando los restos con el agua de la alcachofa o bien colocar un par de toallas por encima de las sábanas. Tener que poner lavadoras es un pequeño precio que, teniendo en cuenta que vamos a pasar un buen rato, merece la pena pagar.

Duquesa Doslabios.

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Un hombre confirma que la regla duele, por lo que debe doler de verdad

Hay una cosa muy curiosa de los dolores que puedes sufrir durante la menstruación y es que todo el mundo te da su opinión al respecto sin que la pidas (sí, incluso hombres que nunca la han tenido en su vida).

Mujer feliz gracias al doctor John Guillebaud sabiendo que no está loca inventándose el dolor que sufre durante la regla. GTRES

Me he encontrado de todo: desde amigas que han tenido que ser hospitalizadas porque tenían unas anemias de caballo, otras que, siendo alérgicas a los antiinflamatorios, pasan la regla con el suplicio de una tortura medieval, y, mis personas favoritas, las que sostienen que el dolor de regla no es para tanto y que la cosa es quejarnos.

Llevo desde los 15 años sufriendo cada vez que me venía y atiborrándome de pastillas para que se me aliviaran los dolores, y, os aseguro que las molestias no se deben a, como he leído por ahí, que no acepto mi feminidad.

La regla me duele y me duele de narices. Me duele hasta el punto de que cuando me han dado dolores intensos he tenido que acuclillarme en el suelo, hecha una bola sobre mí misma, porque no podía ni andar.

Por supuesto, os hablo de unos márgenes “normales”, de los que se pasan con un antiinflamatorio, no de los que ni con esos se van, que pueden ser síntomas de que algo por ahí dentro está yendo mal.

Es por eso que me llama la atención la repercusión que ha tenido la declaración que hizo el doctor John Guillebaud, Profesor de salud reproductiva en el University College London, al medio Quartz revelando que ciertas pacientes habían descrito el dolor como “casi tan malo como tener un ataque al corazón”.

Es como que, a raíz de su artículo, la gente realmente se ha dado cuenta de lo intensas que pueden ser las molestias. Pero en realidad no es que la regla haya empezado a doler en 2018 y él lo haya descubierto, sino que ha tenido que ser su declaración la que le ha dado veracidad y un respaldo serio al asunto.

Por lo visto, ahora que un hombre ha confirmado lo que nosotras llevamos sabiendo y experimentando en carne propia desde que vamos al colegio, ya es algo real.

No estaba en nuestras cabezas, no nos lo estábamos inventando ni es algo relativo a la “histeria femenina” ni a todas esas cosas que hacían que se nos ignorara a lo largo de la historia de la Humanidad cuando se nos ocurría proferir una queja al respecto del periodo.

Debemos sentirnos afortunadas por este tipo de revelaciones. Quizás el siguiente hito que nos deje sorprendidos sea que averigüen que el fuego quema, o que el agua moja. Sinceramente, no puedo esperar.

Duquesa Doslabios.

El sexo en tiempos de la menstruación

Creo que he perdido la cuenta de la cantidad de veces que he escuchado que con la mentruación el deseo sexual aumenta. Yo no sé a quién le sucederá pero si de algo estoy segura es de que no es el caso de la mayoría de mujeres que conozco.

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Más que nada porque cuando estás con la regla lo que más te pide el cuerpo es apalancarte en tu cama junto a una provisión de antiinflamatorios digna de un batallón, una bolsa de agua caliente en la tripa y hacerte una bola sobre ti misma (o por lo menos en los días que padeces más molestias).

Si hay algo que llegas a saber con el tiempo es el estado de la particular duquesa que cada una lleva en la entrepierna. Cada día que te bajas las bragas para hacer pis sabes, por lo que te encuentras, el estado de tu vagina de puertas hacia dentro, ya que externamente no presenta ninguna diferencia.

Explicándolo rápido y de manera sencilla, sobre todo para aquellos que no contáis con una vulva las 24 horas del día, atravesamos diferentes momentos a lo largo del mes. Nuestro flujo cambia de color, cantidad y consistencia continuamente y es cuando se acerca la regla que desaparece y te deja la zona con la misma sequedad con la que se te queda la boca después del tercer polvorón. Y os diré algo: el sexo en esos momentos no es tan agradable.

No sé si es ya el hecho de que sabes que puedes padecer molestias o que aquello no se humedece ni con toda la saliva del mundo, pero tu predisposición a que surja ‘tema’ ya es diferente. Una vez baja la regla, si eres de las que alterna cada cuatro horas el paracetamol con el ibuprofeno y va del sofá a la cama y de la cama a por otro ibuprofeno, lo último que te apetece es bajarte la ropa interior a no ser que sea para revisar el estado del tampón o de tu copa menstrual.

No es ya solo que físicamente no estás al 100% sino que emocionalmente tus ánimos van del “Me siento como un globo” al “Quiero mimos” sin pasar por el (a diferencia de lo que muchos parecen pensar) “Cariño, qué caliente me hace sentir la idea de tener una compresa super con alas a modo de pañal entre las piernas mientras me duelen los pezones solo con quitarme la camiseta. Hazme tuya aquí, aquí y aquí”.

Claro que hay ocasiones, esos días en los que ya notas que empiezas a manchar menos o que estás teniendo una menstruación de esas maravillosas de las que ni te enteras, en las que no tiene por qué afectar a tu vida sexual más allá de poner una toalla encima de la sábana para no dejarla como una pintura abstracta, ya que el sangrado no afecta para nada a la relación sexual (a no ser que uno de los dos sea quisquilloso con el tema, de hecho, estos últimos siempre pueden encontrar una alternativa en el sexo anal).

Mi opinión es que siempre que se pueda y se quiera se practique tranquilamente, ya que además los orgasmos ayudan a relajar la musculatura de la zona. Pero también que, si eres de las que no tiene ánimos para tocar algo que no sea el portátil para ponerse una película, evites sentirte culpable ya que el bajón es algo normal.

Cada una es un mundo y lo importante es no solo que nos aceptemos sino que nuestras parejas (independientemente de si son esporádicas o no) hagan lo mismo. No olvidemos que el sexo es una cosa que debe ser placentera para ambos.

Duquesa Doslabios.

La menstruación con copa, la menstruación mejor

Hoy estoy de celebración. Cumplo un año y medio con la copa menstrual.

Haciendo memoria y echando las cuentas, habré usado en estos 18 meses poco más de cinco tampones y dos compresas. Cinco tampones y dos compresas repartidos a lo largo de 18 meses, cuando antes eso ni me habría durado para una regla normal.

Como hace tiempo de mi uso regular de productos de higiene femenina, le pregunté a una de mis amigas su uso medio por menstruación: unos 14 tampones y 10 compresas al mes.

Es decir, pensando en que aproximadamente podría ser lo que yo usara, he ahorrado al planeta 252 tampones y 180 compresas en este tiempo. Una cantidad considerable de deshechos.

Calculadora en mano averiguo que en año y medio me he ahorrado 51,54 euros en tampones y 25,71 en compresas. Más de 75 euros que he podido destinar a otras cosas (comida principalmente).

Mi compromiso que empezó hace año y medio fue no solo con el medio ambiente y con la cartera, sino conmigo misma y mi resistencia a seguir utilizando productos íntimos que son sometidos a Dios sabe qué procesos de blanqueamiento con a saber qué químicos que pueden llegar a matarte de Síndrome de Shock Tóxico.

A lo largo de este año y medio he tenido momentos en los que quizás se me ha resistido algún día que iba con más prisa o que he terminado cubierta de sangre como en una película de terror japonesa.

Sin embargo, después del año y medio de prueba, me complace decir que la copa menstrual la ha pasado, y con Matrícula de Honor.

Solo me falta que más mujeres tomen conciencia de las alternativas más ecológicas que hay a las compresas y tampones y opten por, como yo, ahorrarse en deshechos y dinero.

Duquesa Doslabios.