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Menos sexo pero más ‘kinky’, así seremos entre las sábanas este otoño

Si, hasta hoy, los días en Barcelona empezaban con un sol radiante, el primer día de otoño ha dejado las cosas claras.

Se acabaron las tardes dando un paseo por la Barcelonesa y sentándome en la arena. La ‘cuddling season -la temporada de abrazarte a alguien debajo de una manta y ver maratones infinitas de series o películas- está a la vuelta de la esquina.

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Después del verano de la revolución sexual en el que además de querer disfrutar por primera vez de viajes fuera del país desde que empezó la pandemia, tocaba ‘recuperar’ el tiempo perdido.

Las citas que nunca llegaron a concretarse y las personas que tenían un polvo pendiente en la lista.

Han sido unos meses tan relajados y fáciles, que el agobio de que se acorten los días, el tiempo empeore y, en definitiva, lo que más apetezca sea estar en casa, está desequilibrando la balanza hasta el punto de que tener pareja, vuelve a ser el objetivo.

O al menos, es lo que ha revelado el último estudio de Hinge Labs.

Parte del público de las aplicaciones de ligar ha cambiado su forma de interactuar desde que el verano ha llegado a su fin.

Por mucho que ambas personas estén vacunadas, un tercio de los usuarios posponen el primer encuentro sexual, alejándose otra vez de los encuentros esporádicos y los líos de una noche.

¿Significa eso que quienes hagan swipe por Tinder, Bumble, Grindr o Happn tienen menos sexo?

No, pero sí con menos gente. Como punto a favor, el sexo que buscan es mucho más interesante.

Ese tercio de usuarios quieren dar con quien explorar sus fantasías, las mismas que descubrieron durante 2020, ese año que nos hizo reflexionar desde si nos gustaba nuestro trabajo a lo que nos excitaba en la cama.

Al buscar personas con las que surja probar cosas nuevas, es más que comprensible que la situación no se dé en un contexto casual.

El BDSM o incluso el sexo anal son algunas prácticas que necesitan la confianza suficiente como para liberarse de estereotipos, superar nuestros propios tabúes y también saber que estás en buenas manos (o genitales).

Duquesa Doslabios.

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Separar sexo y amor nos ha salido un poco rana

Y mira que parecía buena idea en un principio. Eso de ir a la cama sin sentimientos de por medio, solo por pasar un buen rato, como quien queda para echar una partida de billar, sonaba bien… O al menos en teoría.

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Siempre en teoría. Porque luego está la práctica, con ese empeño que tiene en complicar las cosas que de primeras parecen sencillas.

Yo era de las que pensaba que el sexo sin sentimientos era uno de los inventos del siglo, como la copa menstrual o el wifi público.

Incluso fui de las que se apañó para tener alguna que otra follamistad auténtica, de esas regulares porque la compañía era buena, la relación amigable y, para qué engañarnos, las noches más entretenidas.

Pero no voy por ahí. Hablo de la función estrella de solo una noche entre las sábanas (o en el coche, o en el baño del restaurante, que el lugar es lo de menos). Esa nos ha salido rana. Nos ha salido rana y de qué manera. El sexo este se nos ha subido a la chepa.

Si tenemos un poco de suerte, a lo sumo, acumulamos muchas experiencias raras. Porque, y esto lo sabes, de la mayoría de ellas no repetirás. Ya sea porque o bien no te ha gustado o porque no te han dejado satisfecha. Y es que estar ante desconocidos hace que, en ocasiones, no seamos capaces de comunicarnos apropiadamente. Porque lo malo de lo casual, lo rápido, lo fugaz, del “dejarse llevar” es que no tienes la confianza con esa persona como para decirle cómo te gustan las cosas.

Porque solo es un polvo.

Y repito, eso con un poco de suerte. Porque también se dan (en mucha menor medida) otras experiencias incluso dolorosas. Lo de los encuentros esporádicos da una libertad que va ligada a un sentimiento de impunidad que muchas veces te acojona hasta la médula. Cuando te encuentras en una de esas situaciones solo puedes pensar “¿Cómo narices me he encontrado a este friki?”.

Porque ese tio sabe que no le vas a volver a ver.

Porque solo es un polvo.

Nos hemos vuelto confiados, sobre todo de los 25 a los 35 años, que es cuando (y valga la irreverencia) pese a que más confianza emocional nos falta, más confiamos nuestros cuerpos a extraños. Nos sentimos casi invencibles con ese par de condones en la cartera. Ese que no te va a pillar nunca la fecha de caducidad porque estás pendiente de ella. Pero, ¿lo usamos cuando hacemos sexo oral? ¿Sabes tan siquiera cómo es un preservativo femenino?

No. Porque solo es un polvo y vamos de vagina en vagina, de polla en polla y tiro otra vez, porque esta noche me toca.

Tanto querer cuidarnos el corazón y al final va y casi nos matamos jugando a la ruleta rusa de las venéreas. Y repito, eso con un poco de suerte de que no acabe en unos años en un cáncer de garganta por esas entrepiernas que nos pasamos de unos a otros como si fueran una bolsa de patatas. Haces pop y ya no hay stop.

Porque solo es un polvo. O doscientos. Pero todos tienen algo en común. En ninguno de ellos, o al menos, mientras sigan desligados del sentimiento, se encontrará la intimidad, el conocer a alguien por encima, por abajo, por delante, por detrás, por fuera, por dentro y del revés.

En el mundo de lo efímero son valientes aquellos que se permitan el lujo de dedicar tiempo a conocer, a desarrollar una conexión, a cuidarla y a descubrir el sexo como expresión del amor. No se trata de una competición entre monógamos y ejecutantes de función estrella de una noche. Pero, si lo fuera, yo tengo claro quiénes serían para mí los ganadores.

Duquesa Doslabios.