Entradas etiquetadas como ‘romanticismo’

2021 no será un año para románticos

Definitivamente lo de volver a ligar, después de tantos años ‘fuera del mercado’, no es como montar en bicicleta.

Claro que puede que esté un poco oxidada y los nervios me la jueguen en algún momento -sobre todo cuando me viene la incontinencia verbal y me encuentro lanzando preguntas sin ton ni son-, pero me planteo hasta qué punto soy yo y cuánta dificultad tiene conocer a alguien en estos tiempos.

SPRINGFIELD

Porque al final, volviendo a la bicicleta, tanto el medio de transporte como el código de circulación son iguales por mucho tiempo que pase.

Yo me siento como si alguien hubiera decidido (¡por su cuenta!) cambiar las normas, los códigos, lo que es válido y lo que no, el orden o incluso las palabras que antes te permitían desbloquear las capas de una persona.

Y así voy, no sé si del derecho o del revés, buscando el sentido en el fondo de un plato de pasta preguntándome en qué momento cantidad superó a calidad y el romance pasó a ser solo una categoría de Netflix.

En la generación de smartphone no puedes dar un paso en falso. Y si lo das, eres consciente de que el número de sustitutas nunca será un problema, algo que funciona en las dos direcciones.

Sí, también he aprendido que en esta era del fast dating no necesitas participar en un evento de citas rápidas para tener nuevos matches constantemente.

Pero incluso si no tienes una aplicación de ligar, me preocupa que sea el estímulo de gustar -la adicción por el like instantáneo-, el que le haya ganado la carrera al estímulo de despedirse y girarse para ver a la otra persona marcharse, sabiendo que una pequeñita parte de ti querría acompañar sus pasos.

Quizás me toca subirme al carro de la comunicación 2.0, la que se basa en mandar memes y fotos y hablar hasta las tantas de la madrugada a través de una pantalla.

Pero -y llámame clásica-, me gustaba más cuando eso lo hacía en el parque de debajo de casa, por mucho que fuera invierno y terminara con las manos como témpanos de hielo (ya se me ocurriría alguna forma de hacerlas entrar en calor).

Lo que más me duele es que, por primera vez en la historia, mostrar interés es sinónimo de debilidad. Da igual que diga Delafé “cuando hace ‘bum bum’ es que no hay queja” si la única desconexión que nos permitimos es precisamente la sentimental.

¿En qué lugar nos deja a los soñadores todo esto? Porque lo de ir con pies de plomo, cuando el corazón me pide andar ligero, no lo controlo demasiado.

2021 tampoco será un año para románticos. Pero seguiremos ahí, esperando el momento en el que podamos decir sin miedo a un ghosting ese “Me gustas”, el mismo que viene acompañado con un “Pero me gustas de verdad”.

Esperando el momento de enamorarnos de nuevo.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

Forzar la atención, uno de los mayores errores que cometemos al conocer a alguien

Por mucho que pueda parecernos atractiva una persona, la química nunca está garantizada. No, ni siquiera aunque veamos que, sobre el papel, nos resulta perfecta.

Tiene todo lo que buscamos, desde un amor reverencial por las tablas de quesos a pasión por los perros. Se ha visto todas las películas de Star Wars y su resumen de Spotify del año parece un clon del nuestro.

PULL&BEAR

Sin embargo, la cosa no llega a cuajar. Y es cuando, en muchos casos y sin darnos cuenta, terminamos forzando que, algo que no fluye de manera natural, suceda.

Cuando hay una conexión, es como si el universo hiciera ‘clic’. Como si de repente las pilas de la conversación, las ganas de conocer más, de quedar constantemente, se hubieran cargado al máximo hasta el punto de que se convierten en inagotables.

Cuando eso no pasa, podemos llegar a agobiarnos. La tentación de ‘abrirle los ojos’ a la otra persona de nuestra altísima compatibilidad, es demasiado grande.

Pero claro, ¿cómo vamos a dejar que se nos escape? O, más bien -y aquí nos pierde la autoestima-, ¿que nos escapemos de su radar?

En ese punto, podemos cruzar la fina línea entre dejar que las cosas surjan y presionar. Forzar una conversación sin fuelle a base de infinitos “¿Qué tal la mañana (o la tarde o la noche)?”.

Reconducir el diálogo a los temas que, previamente estudiados en el proceso de investigación del feed de su cuenta personal, sabemos que pueden hacer que la otra persona muerda el anzuelo y nos siga la corriente.

De la misma manera, una exagerada interacción en sus redes sociales (no tienes que reaccionar a todas sus historias, incluso a aquella en la que aparecen sus apuntes apilados) o estar lanzando indirectas en tu propio perfil con canciones o frases hechas -una serie de estrategias para llamar la atención-, tampoco funcionan si no hay interés por el otro lado.

Y entonces llega la contrapartida, las señales que nos negamos a ver de que estamos estirando demasiado el chicle.

Contestaciones a base de monosílabos o de manera vaga que terminan convirtiéndose en ‘Visto’ y los dos tics azules son otras banderas rojas. Si no paramos, la conversación se acaba transformando en un monólogo cada vez más incómodo.

Una serie de acciones que nos van llevando a la antesala del ghosting.

La conclusión es que, por mucha pena que nos dé que quien nos gusta no sea capaz de experimentar la misma sensación que podemos tener de que aquello funcionaría, es mejor no aferrarse demasiado a nuestra idea y soltar.

Entender que no es ahí, no obsesionarnos y seguir adelante. La persona apropiada no necesitará que tengamos que ponernos una y otra vez delante de sus narices.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Twitter y Facebook).

El arte de ligar en la ‘nueva normalidad’

Da igual que haya una pandemia mundial, que nos quiten lo ‘tocao’ o que nos aíslen en casa durante meses. Siempre querremos buscar el amor.

BERSHKA FACEBOOK

Pero volver al terreno de juego analógico, saliendo del mar de matches y ‘me gusta’ de las aplicaciones de ligar (o incluso del propio Instagram), es otra historia.

Pasará tiempo hasta que volvamos a sentirnos cómodos con el sencillo gesto de cogernos de las manos. La duda de si habrá o no un beso al final de la cita, no será solo motivo de ilusión, también de preocupación por si esa persona es positivo en el virus y no lo sabe o no muestra síntomas.

En definitiva, que si ya de por sí era algo complejo esto de conocerse, la ‘nueva normalidad’ no va a poner las cosas más fáciles.

Para empezar, encontrar un sitio donde verse va a ser tan complicado como sacar un billete en la web de la Renfe. ¿Estará abierto? ¿Cumple todas las medidas de seguridad? ¿Hay que pedir cita previa? Pero, ¿realmente han desinfectado la mesa de la terraza antes de que nos sentáramos?

Los lugares con mucha gente están automáticamente descartados. Nada de conciertos (que, a estas alturas, están todos cancelados) o garitos en Malasaña donde no cabe ni el oxígeno para respirar en condiciones.

La intimidad, tan codiciada antes de la crisis sanitaria, será imprescindible, así que citas que tengan lugar en el autocine o visitas -en pequeños grupos- al museo serán la alternativa.

Aunque tampoco podremos tirar la casa por la ventana con los planes. Los ERTE, la subida del carrito de la compra (sí, supermercados, nos hemos dado cuenta)  y la crisis económica que no se cansan de anunciar, van a hacer que nos cueste pagar la cuenta, incluso si solo es nuestra mitad.

Pero hay una solución (varias), podemos volver a poner de moda los paseos, admirar un atardecer en cualquier sitio alto de la ciudad -a la debida distancia de otros transeúntes-, quedar a ver romper las olas o a dar pan a los patos del parque, esos grandes olvidados (con las manos bien limpias, por favor).

Al final, la tecnología nos lo pone lo bastante sencillo como para convertir dos horas sentados sobre cualquier césped en un concierto privado vía Youtube. Así que la imaginación será la que marcará la diferencia en esta nueva era del amor.

Duquesa Doslabios.

(Ya puedes seguirme en Instagram, Twitter y Facebook).

Antes éramos más románticos

Te quiero pero…

Echo de menos que te quedes mirándome como si fuera lo más entretenido del salón, por encima de la televisión. Echo de menos ir hablando en el coche, aunque sea sobre la música de la radio. Teníamos un juego de adivinar las canciones de Cadena 100, ¿por qué lo hemos dejado?

GTRES

¿Por qué hemos dejado de hacernos fotos juntos? Como si ya tuviéramos tantas que cualquiera podría decir que parece que hemos gastado todas las que nos quedaban en la vida por sacarnos. Yo quiero seguir saliendo contigo, quiero abrir la galería del teléfono y que seamos nosotros quienes más aparezcamos, entre platos de comida y paisajes de Madrid.

Quiero que nos abracemos más a menudo, que no pasemos solo por la cama con el cuerpo desnudo, que desvistamos el alma. Que hablemos de la vida, de la muerte, de la lámpara del techo que elegimos en Ikea, de todas esas cosas que nos gustaban de pequeños y que llevamos años sin probar.

Quiero que volvamos a ir a bailar, aunque seamos los peores de la sala, aunque solo sepamos un paso. Pero bailemos. Bailemos, joder. Bailemos hasta que me pises y yo me tropiece con mis propios pies. Bailemos hasta que riamos y aprovechemos, ya que estamos, para reír bailando.

No solo bailar, pensar en planes más allá de hacer deporte, comer, o pasar la tarde en el sofá. Tenemos un mundo fuera de casa que no estamos investigando lo suficiente.

Echo de menos tocarnos, en público, en privado. Hubo un tiempo en el que no faltaban nuestras manos entrelazadas en cualquier lugar, donde lo difícil era mantenernos separados. ¿Cuándo decidimos dejar de hacerlo? ¿Por qué lo hicimos?

Y ya que estás dime por qué no nos cogemos por la espalda, como cuando empezábamos a conocernos y estrenábamos el “te quiero”. Esa época en la que tu parecías el imán y yo la nevera, siempre atraídos, siempre en contacto.

Dímelo, por favor, y dime también por qué no consigo que me cuentes cada mínima cosa que te ha pasado a lo largo del día, cuando me interesa cada segundo de lo que te ha pasado sin mí. Ca. Da. U. No.

Ya no salimos de fiesta, ya no bebemos una jarra de sangría, ya no hay conversaciones ni coqueteos por Whatapp ni tampoco en el desayuno si te quedas entre las sábanas mirando el móvil en vez de acompañándome. Ya no sé si el silencio es la nueva norma, o que lo normal en realidad era que cada uno viajara mirando por su ventana, inmerso en sus propios pensamientos.

Me pregunto si esto es lo que viene después del amor, o si es en lo que se ha (nos hemos) convertido, en besarnos solo para despedirnos y no por el inmenso placer que produce comernos la boca sin prisa. En compañeros de piso que se enfadan cada dos por tres por los cuadros que colgamos o no o porque te parece que yo estoy demasiado pendiente y a mí, que tú estás demasiado despistado.

No sé si es que a partir de ahora será así. Pero sí recuerdo todo eso que hacíamos antes. Y me parecía la mejor relación del mundo.

Echo de menos el amor.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).