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Historias de amor, sexo y otros delirios

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La carta de una puta a un putero

Querid@s,

Aquellas denominadas prostitutas, que lo mismo las llaman meretrices, sacerdotisas del amor que putas. Otras lenguas pronuncian condescendientes cortesanas o pupilas y a los haters ms despreciables se les llena la boca con términos despectivos como busconas, fulanas o furcias. Con lo que quieran llamarlas se tienen que conformar.

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Todos ellos términos de etimologías similares que definen a esa mujer que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. Sexo por billete. ¿Acaso la prostitución es una simple y mera transacción comercial? ¿No es hacer leña del árbol caído irse de putas? Yo pienso que sí. ¿Qué hay de la dignidad robada y de los sentimientos? En este caso hablo de los sentimientos de la prostituta, que los tiene como todo hijo de vecino. ¿Está abierto el corazón a venderse por un punado de billetes de un perfecto desconocido? Incluso el coño de cada una, los gemidos, la verdadera excitación sexual…¿Están en venta? Sinceramente opino que no. No están en venta.

Las prostitutas son mujeres que nunca besan en la boca y si por algún casual lo hacen, mienten como bellacas. Pero mienten tan bien que se llevarían a casa una estatuilla por ser tan buenas actrices en la alcoba. Este ejército de afrodisiacas damiselas que hacen volar por fin alzan sus voces para hacerse oír por aquellos que mejor creen conocerlas y peor las conocen en la realidad: sus clientes. Y dedicarles sus palabras más sinceras, desde las entrañas hasta escupirlas por la misma boca que tuvo y retuvo su masculinidad en algún momento, en algún sordo rincón, cualquier noche tonta, en cualquier ciudad.

¿Alguna vez se ha rascado el coco y se han preguntado qué diablos se le pasa por la cabeza a una mujer que se acuesta con un cliente solo por dinero? Ya no es necesario que sus mentes continúen elucubrando porque ya disponemos de unos cuantos testimonios. Una selección de prostitutas hablan de lo que piensan de sus clientes, sin tapujos y con una honestidad brutal. Tanto que si es usted uno de esos clientes, le animo a que se lo piense dos veces. Puede herir su sensibilidad. O abrirle los ojos.

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Esta joya que no deja indiferente al lector y titulada ‘Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade‘ (Narraciones prostitutas: historias de las supervivientes del comercio del sexo) es un recopilatorio vital de historias y testimonios personales e intransferibles que destapan la puta realidad sobre lo que una mujer piensa mientras se acuesta con un cliente. Uno de los testimonios, el más popular debido a su volátil vitalización en internet, es la carta abierta que brinda Tanja Rahm a todos los clientes con los que se acostó en los años en los que ejercía la prostitución. La ex prostituta danesa actualmente tiene 35 años, y es terapeuta y sexóloga.

Yo lo veo como un simposio en papel de las profesionales del sexo en el que cada meretriz aporta su particular visión de la profesión más antigua del mundo. Como es lógico, los testimonios aquí recogidos no tienen por qué representar la realidad de todas las prostitutas que del mundo, pero vale la pena leerse la carta enterita. Especialmente si es usted uno de esos clientes que pagan a una mujer para que se acueste con usted, y después va y la llama puta, con desprecio. He aquí lo que de verdad piensan de sus clientes esas princesas que fingen sexo por dinero.

“Querido cliente,

Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido. Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos.

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses.

Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Estaba tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no quedarme dormida mientras gemía con el piloto automático. Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándole al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día.

¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo.

Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas.

Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.

Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más. Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

"Prostitución", Jorge Rando

“Prostitución”, Jorge Rando

Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres.

Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas. Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.

Qué hombre frustrado y lastimoso debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.

“Prostitución”, Jorge Rando.

En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o un pequeño masaje antes de penetrarme.

Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no ha sido comprada. No han sido forzadas a prostituirse. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad.

Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias. Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,

Tanja Rahm”

No en vano cuando la Pantoja decía ser Esase definía a si misma de la siguiente manera:

Soy la que no tiene nombre,
La que a nadie le interesa,
La perdición de los hombres,
La que miente cuando besa.
Ya…lo sabe… Yo soy… esa…

La polémica está servida. Debatamos pues, pero no se acaloren demasiado.

Que follen mucho y mejor.

Sexo en Chicago: Llegar y besar el santo

Querid@s,

Les informo de mis nuevas coordenadas desde las que les seguiré escribiendo hasta nueva orden: Chicago, Illionois. Esta es una ciudad sin ley, también se hace llamar la ciudad del viento y durante las primeras décadas del siglo pasado le sirvió de madriguera a un gánster peligroso que regentaba tugurios con la cara rajada por un corte de navaja conocido como Scarface. O Al Capone.

Apenas ha transcurrido mi primeras semana en en esta urbe que uno no se la acaba y qué puedo decirles. Lo mío ha sido y llegar besar el santo. L-I-T-E-R-A-L-M-E-N-T-E.

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Tinder me ha brindado la oportunidad de conocer a un chico/hombre interesante. Mantendré su anonimato y les diré que creo firmemente que puede llegar a ser una criatura fascinante y esto es algo que no me ocurre desde que….ya ni lo recuerdo. Pero el muchacho se me ha embalado, ha cogido carrerilla y parece ir sin frenos en esta relación que no ha hecho nada más que comenzar. Con delicadeza y tacto le he hecho saber que yo soy Made in Spain. Ya saben, pasaporte especial, la mejor garantía.

Que menos es más, que vísteme despacio que tengo prisa, que me estoy asfixiando un poco y que cuando las cosas se ponen en bandeja no se valoran tanto. Directamente no se valoran. Intuyo que es un hombre extremadamente listo y la ha pillado al vuelo. Ahora parece que la pelota está en mi tejado. No me escribe salvo que sea yo la que da el primer paso y ya me estoy viendo que si quiero quedar de nuevo sólo he de proponérselo. Si yo he decidido llevar las riendas y ser el reloj que marque el ritmo, me toca cumplir a mí. Y en esas andamos ahora. Les mantendré informados de mis aventuras, desventuras y otros delirios desde este lado del charco.

Antes de despedirme, les ruego me recomienden tugurios de suelo pegadizo, lugares en los que sentarse alrededor de una esmerada mesa para comer, tabernas no tan selectas en las que echarme al buche bocados grasientos de lo que sea, refinadas pâtisseries en las que  preparadas no sin esmero de lo que sea, recovecos que descubrir, barras de bar en las que avecindarse hasta el toque de queda, garitos que sirvan bebistrajos con una mínima graduación alcohólica digna de paladear. Y no olviden aquellos lugares en los que la música se toca a otro nivel, esos acordes que casi duelen. Pero que valgan la pena, no quisiera perder el tiempo.

Cuanto más insensatas sean sus sugerencias más y mejor bienvenidas serán.

Que follen mucho y mejor

Comer culos: la última moda en restaurantes japoneses

Querid@s,

Hace ya unas semanas les pregunté si se habían deleitado alguna vez comiendo un culo de su agrado o habían sido víctimas voluntarias y encantadas de un annilingus. Entiendo que la mayoría de ustedes sí se ha hartado de este delicioso manjar no apto para los paladares más delicados. Pues de culos trata también hoy el asunto. Si pensaban que con el porno japonés ya estaba todo más que visto, si creían que las películas porno niponas eran el no va más de las perversiones sexuales, nada más lejos de la realidad. Están ustedes muy equivocados. Prepárense porque pasamos a otro nivel del videojuego. Si ya la caja tonta del país del sol naciente nos dejaba entrever el grado de locura de las depravaciones, manías y vicios del día a día de estos irreparables adictos al trabajo y a su estrés consecuente, con esto se van a poner hasta el mismísimo culo.

Desde el exótico y erótico Japón nos llega la última perversión oriental. En un restaurante ya no se lleva pedir los manidos sushi y sashimi y llevárnoslos a la boca con los tradicionales palillos, no sin cierta torpeza, Lo que se lleva ahora es llevarse a la boca el trasero de una mujer nipona, un manjar para el que, para mayor comodidad del comensal, no es preciso utilizar palillos. Bienvenidos al nuevo concepto de restaurante japonés no apto para paladares escrupulosos. Lejos de servir sushi, los comensales comen culos. No  busquen el menú del día tradicional, no lo encontrarán. Los culos de las señoritas son el único plato de la carta.

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No se vengan arriba los que se estén sintiendo invadidos por una emoción inusitada, ni se indignen los que hayan puesto el grito en el cielo ¡Lo que faltaba! Aún no han llegado a España, pero en su país de origen, los restaurantes de culos ya son toda un revolución sexual. Y gastronómica.

¿Cuánto cuesta comerse un culo?

Si usted dispone de 100 a 250 puede ponerse las botas a base de culos. Parece que los billetes no faltan en Japón, donde estos inusuales lugares están abarrotas de ajetreados hombres de negocio que vienen en busca de algo de paz y un resorte a sus estresantes y delirantes vidas. El comensal podrá escoger el culo que más le apetezca comerse; nalgas tersas y jóvenes, apetitosos traseros depilados o suculentos culos trémulos y entrados en carnes. Está igualmente permitido y entra dentro del precio testar manualmente los culos. Como es lógico, podrá usted agarrar, amasar, acariciar y palpar las diferentes nalgas del menú para decantarse finalmente por uno. Considero que en estos casos es imprescindible tocar la comida antes de comérsela, por mucho que nos dijeran de pequeños nuestras madres que “la comida no se toca”. También creo que es de vital importancia ir calentando motores. El culo – al menos uno desconocido y al que no se le ve la cara- no es un plato que deba comerse frío.

Todos los culos del menú se sirven bien perfumados y están dispuestos para que el comensal incruste su cara en ellos. Cada retaguardia viene acompañado de un letrero que dice: All you can eat (Todo lo que pueda comer). Hasta que sus papilas gustativas se den por saciadas y su lengua acabe agotada de chupar, lamer el bendito culo en cuestión. El comensal está autorizado a propinar alguna que otra azotaina, incluso hasta dejar los cachetes rojos. Pero sin pasarse, que no es usted el Marqués de Sade.

A diferencia de cualquier otro restaurante al que ustedes y yo estamos acostumbrados a sentarnos a comer, el culo no se sirve en plato. Lo curioso del lugar es que para degustar este manjar no le quedará otra que incrustar la cara entre los dos cachetes del culo que sale de una suerte de lavadora sin tapadera. Una vez su cara esté acoplada en el lugar adecuado, lo que procede es comenzar a comer el culo a discreción. Está claro que por mucho culo que se coma usted, saldrá con más hambre que cuando sale uno de comer sushi. Eso sí, se pondrá morado de chupar los escondrijos y recovecos más recónditos de una mujer con el culo en pompa para que usted se lo coma enterito. Está usted en el paraíso, disfrútelo.

Sobre cada uno de los orificios desde donde asoman los traseros, se puede observar la foto de la propietaria de las posaderas acompañado de una carta de presentación de la supuesta dueña y señora de las nalgas que va usted a paladear. Todo un detalle, pues es conveniente para el comensal conocer la procedencia de lo que se va a a comer y ponerle cara al culo que se va a catar. Algo un tanto absurdo teniendo en cuenta que los ojos de los comensales están cubiertos con antifaces.

Más allá de este revolucionario concepto de restaurantes, Japón siempre se ha caracterizado por ser un país donde el culto al sexo roza en ocasiones el límite de las parafilias. Sobre alguna de ellas hablamos en perversiones raras de la A a la Z. No nos escandalicemos demasiado, que siempre habrá alguien más perverso.

Dicen que somos lo que comemos. Espero que las señoritas niponas que ofrecen sus nalgas a precio de caviar hayan aplicado el protocolo higiénico que corresponde para estos menesteres. Llámenme tiquismiquis, pero no quisiera yo comerme un culo en mal estado y de mala gana, tener que montar un número y pedir explicaciones al maître. Si alguna vez se embarcan en tan suculenta experiencia gastronómica, les recomiendo que tengan los ojos bien abiertos – a pesar del obstáculo que supone el antifaz- para no trompicar con ningún tropezón. Bon appetit. Y no se dejen nada en el plato. Disculpen, culo.

Que  follen mucho y mejor.

Hagamos una peli porno

Querid@s,

Les propongo rodar su propia película porno. No se me asusten, vayamos por partes. El porno, a pesar del esfuerzo de muchos, desgraciadamente sigue siendo un tema del que a la gran mayoría le cuesta hablar. Al género masculino el porno le cautivó irremediablemente en los albores de sus vidas, cuando eran adolescentes imberbes y estaban salidísimos. Las mujeres en cambio nos subimos al tren del cine porno algo más tarde y seguramente no de una forma tan liberada, independiente y libre de culpas como ellos. Coqueteamos con films eróticos y sensuales, nos asomamos para ver en la pantalla porno vainilla y algunas se atreven con el porno mainstream de toda la vida con un mínimo diálogo, pobre y deficiente que más le habría valido ahorrarse al director.

Afortunadamente hay otro porno.

Ahora es su turno, si les apetece. Les toca tomar las riendas del cine porno y grabar su vídeo casero. Que decidan divulgarlo por internet y compartirlo en las redes sociales, youtube,  etc… es decisión suya. Creo que es mejor que no lo hagan, estas cosas siempre deben quedar en la intimidad si quieren evitar posible escándalos futuros online. Yo lo he probado un par de veces y me ha encantado. A él le excitó muchísimo la idea tanto que me dijo que “era como darme el poder, devolverles a los 14 años cuando era un adolescente calenturiento que veía clandestinamente porno con sus compañeros de clase.”

Ingredientes básicos para rodar una buena película porno:

– No se olviden del placer femenino, por ello practiquen mucho el cunnilingus.

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Estética, calidad de imagen y decorados , vamos lo que viene siendo el atrezzo de toda la vida. Esto es tan importante como el mismísimo polvo, pues se trata de crear una proyección que sea capaz de excitar a través de la vista y en todos los sentidos. No es lo mismo un hostal de mala muerte que una habitación con velas, incienso, decorada con gusto y música sugerente sonando de fondo.

– Procuren incluir en la película muchas escenas eróticas antes del sexo explícito, que también lo tiene que haber obviamente. Que haya una dosis considerable de preliminares.

– Narren una mínima historia coherente, porque la leyenda urbana del fontanero que llega a casa y a los cinco minutos nos tiene a cuatro patas y mirando a la Meca no se lo traga nadie.

– Un mínimo diálogo. Dejen volar su imaginación.

Despierten esos leones que llevan dentro. Suéltense la melena y entréguense a la causa. 1,2,3 Porno acción.

Que follen mucho y mejor

Cuando no existían los condones, con pellejos de morcilla follaban los muy cabrones

Querid@s,

En tiempos de los Romanos cuándo no existían los condones, con pellejos de morcilla follaban los muy cabrones. Eso dicen. Quién te ha visto y quién te ve querido condón. Ha llovido mucho desde que aparecieron los primeros ejemplares hasta nuestros días. Los superdotados de los egipcios utilizaban fundas de tela sobre el pene.

condon

Cuenta la leyenda que un tal rey Minos, allá por el 1200 a.C, utilizaba vejigas de pescado o de cabra para retener el semen. Menos mal que se han invertido tiempo y esfuerzos, y se han sustituido las tripas animales por el látex. No sé yo si me introduciría la vejiga de algún animal en mi vagina, por muy vigoroso pene que envolviera en su interior. Ahora hay condones para todos los gustos, en todos los colores. Algunos vienen estampados, otros con formas anatómicas especiales para conseguir más placer. Hay más largos y anchos, hay ajustados. Más gruesos (extra fuertes) o más delgados (sensitivos). Con o sin lubricante, lubricados ligeramente, extra lubricados, etc, etc, etc. Como ven hay condones para dar y vender.

Y sabores de todo tipo, tantos que algunos los confunden con chicles. Tengo fe en que algún día alguien saque a la venta condones con sabor a pene. Se forran. En cuanto a los tamaños, también hay para todos los gustos. Si se puede elegir, yo prefiero caballo grande y que ande.

Qué duda cabe que los condones son un coñazo para todos. Cuando uno está en pleno calentón y deseando dar rienda suelta a las bajas pasiones, lo que menos apetece es tenerse que poner a buscar el condón y ponérselo. Es una jodienda. Pero vale la pena hacer ese pequeño esfuerzo en un determinado momento a cambio de no pillar alguna enfermedad sexual desagradables hasta de pronunciar o provocar un embarazo no deseado. Eso sí es una jodienda. Por alguna razón, ya no están de moda los anuncios de televisión para concienciar a los más jóvenes e insensatos sobre las imperiosa necesidad y las múltiples ventajas de ponerse el condón. Antes formaban parte de nuestras cotidianas vidas frente al televisor. Recuerdo mis viejos tiempos cuando la televisión y el gobierno de España nos bombardeaban con anuncios de condones. Volvamos por un momento la vista atrás. Tod@s recordaran el mítico Póntelo Pónselo. Cómo olvidarlo. Para los más olvidadizos, aquí lo tienen.

Ahora los niños aprenden lo que es el sexo seguro de la mano de sus profesores de biología o educación sexual, imagino. Navegando por la red en busca de hilarantes e insólitos anuncios de condones he encontrado un porrón de ellos. Hay tantos que no sé ni por donde empezar. Por ejemplo este que tiene varios eslóganes impagables.“Aquí no hay fiesta sin globo.”, “Si nos vas a forrarte, vete a casa a tocarte.”

O este que deja bien claras las instrucciones de uso y cómo se ha de proceder cuando se trata de colocar el condón. Pensaran tod@s ustedes que ya son mayorcitos y que es algo fácil, pero algun@s no se aclaran a la hora de colocarse la gomita. Tal era el caso de un ex amante que tuve que se hacía la picha un lío cuando tenía que enfundarse la pistola. FYI y a modo de repaso, consultemos el manual de instrucciones de los condones:

Después de abrir el envoltorio con los dedos (nada de tijeras o boca), póngase-o que se lo pongan- el condón en el pene cuando esté erecto y sólo cuando esté erecto. Y disfruten todo lo que puedan, que para algo nos hemos puesto la gomita. Sé que piensan que estos pequeños detalles están de sobra, pero los anuncios pretenden informar amplia y extensamente a l@s usuari@s de preservativos sin dar nada por sentado. Especialmente dirigido a los más ahorradores y ecológicos son los vídeos en los que dejan muy claro que la gomita es de un solo uso y que en estos menesteres aquí no toca reciclar. Estos amenos vídeos también incluyen como parte del manual de instrucciones comprobar en el envoltorio la fecha de caducidad antes de usar y asegurarse de que el condón no sea del siglo pasado.

Para los condones no hay que escatimar y siempre hemos de exigir un mínimo de calidad. El condón debe estar impepinablemente homologado por la Unión Europea. No me sean ratas en estos asuntos y no compren condones en el chino, que el dinero está para algo. Busquen el símbolo CE en el envoltorio. Una vez finalizada la faena, hay que retirar el condón inmediatamente después de la eyaculación, cuando el pene todavía esta erecto. Así evitaremos riesgos innecesarios. Y luego…a la basura. Nada de tirarlo al retrete, pues acabarán flotando en las aguas de nuestro ríos y nuestros mares. Aunque no sea activista de Greenpeace, quiero mis ríos y mis mares libres de plásticos. Y de semen ajeno.

Ámense pero siempre con protección. Diga lo que diga el Papa, que sigue sin justificar el uso del preservativo y no hablará de él hasta que no estén resueltos los «grandes» problemas: malnutrición, trabajo esclavo, explotación, falta de agua potable o tráfico de armas. Osea, nunca. Y para terminar, échenle un ojo a este desternillante y didáctico vídeo en el que hasta cuatro condones de colores nos hacen bailar al ritmo de la música bollywodiense. Desde el punto de vista del amigo condón, sus protagonistas indios cubren todos los temas posibles como preservativos para mujeres, incomodidad, como ponérselo y como le protegerá contra el SIDA y otras enfermedades, pero también toca un asunto que jamás he visto en una campaña publicitaria: sexo anal entre homosexuales. Con un par.

Que follen mucho y mejor.

Fantasías sexuales que (no) quiero compartir con nadie

Querid@s,

Una pregunta directa al corazón. ¿Se han hecho tan mayores (de alma) que ya no creen en los sueños, ni en las fantasías? Cada día me pregunto por qué pierden o invierten el tiempo leyéndome, qué edad tendrá cada uno de ustedes y si se llaman como dicen. Yo tengo 35 años y me monto cada día una películas en mi cabeza que ni Hollywood. Fantaseo cada día y cada noche. Hace años cuando me dedicaba a otros menesteres escribí esto:

Secretaria. Eso soy. A pesar de ser una chica formada, viajada y con cierta -ni mucha ni poca- experiencia profesional, trabajo de secretaria. Y No, el sexo oral no entra dentro de mis funciones, aunque soy de las que piensa que si una tiene que arrodillarse, pues se arrodilla, eso sí, tacones fuera que es incomodísimo…  Mi día a día consiste en la sistemática introducción de números, nombres, cifras en un complejo sistema informático que vuelca toda esta información en un aún más complejo sistema de gestión integral empresarial. En cristiano, para los que les confunde tanta terminología, meto datos en el ordenador. ¡Excitante labor!

Escena de la película La Secretaria

Escena de la película La Secretaria

De vez en cuando me visto con el Equipo de Protección Individual y bajo al taller, desciendo al campo de batalla y me doy una garbeo. Me dejo ver contoneando mis caderas entre maquinas industriales, operarios sudorosos que irremediablemente paralizan su trabajo para verme pasar. Puede sonar pretencioso, pero es la verdad. Cerca de cien hombres entre soldadores, fresadores, pintores, etc… Literalmente noto sus miradas clavadas en mi espalda, bueno más bien, en mi trasero.

He de reconocer que es un subidón para la autoestima, casi siempre es un halago que a una la miren cuando pasa. Mi trabajo es un auténtico sopor que amenizo con mis escapadas al taller y mis furtivas desapariciones, muchas veces al baño… Pero como todo en la vida, tiene su cara positiva, y es que me exige un no exagerado 0% de concentración e inteligencia, por lo que mi mente ¡vuelva vuela vuela alto! Por eso cada día cierro los ojos, no demasiado tiempo, no vaya a ser que me quede dormida, y me imagino cosas, historias, leyendas, fantasías eróticas, me imagino a alguien, a un hombre. Por ahora me gustan los hombres, los adoro, aunque nunca se sabe, no seré yo la que diga de esta agua no beberé.

Me imagino a ese amante que me visita de noche y se mete en mi cama, sigiloso para no despertarme. Pero su olor es penetrante, sus manos erizan mi piel y su boca sugerente me despierta. Lo pasamos en grande juntos, las mil y una noches. Bailamos, cantamos, él me cuenta cuentos, leyendas, yo bailo para él, a veces desnuda, nos disfrazamos, viajamos, me hace la cena, yo no sé cocinar muy bien, pero invento recetas suculentas y divertidas. Nos bañamos juntos con velas, me lee en la bañera, le susurro palabras sucias, brindamos porque estamos juntos, le sorprendo y me meto en la ducha con él, él me enjabona la cabeza, yo le enjabono el cuerpo. Nos seducimos, nos desnudamos, a veces nos vestimos. Nos enfadamos, doy un portazo y luego nos volvemos a desear como si nos odiáramos. Nos fumamos un cigarrito a medias y a veces, la luna nos pilla bailando. Al día siguiente, cuando me levanto, ahí está, a mi lado. Dormido, desnudo, más guapo que la noche anterior, más guapo que nunca. Me acuesto a su espalda y le cuento un secreto no demasiado alto para que nadie más me oiga.

A ese amante, le abro mi corazón, me desarmo, le confieso mis pecados y mis miedos. A él le doy lo mejor de mí, mis besos más apasionados, mis abrazos más sinceros, la desnudez total de mi cuerpo y mi alma, el más sentido y sucio de los sexos, mis órganos si los necesita, mi vientre para dejar su semilla y crear entre los dos a nuestros hijos que juro que jamás me pertenecerán y que criaremos para que vuelen libres y vivan la vida como deseen.

De tanto fantasear e imaginar muchas veces me excito, me toco, me humedezco e incluso se me nubla la vista mientras dejo volar mi poderosa imaginación. Insaciable y lujuriosa, tiemblo levemente y me entra un escalofrío que me sabe a gloria. Y de repente… ¡es hora de despertar! Así que irremediablemente vuelvo a la realidad, casi siempre en cuerpo, no siempre en alma.

En ‘Las 1.001 fantasías más eróticas y salvajes de la historia’, de la catalana Roser Amils, redescubro a una de mis heroínas sexuales, Adriana Smith, la novia de Steven Adlder, batería de Guns N’ Roses. Me pongo en su piel y fantaseo que soy la novia del batería o del bajista de una banda de rock, la amante de un vocalista. Ir de gira, follar en los camerinos, entre bastidores o en el backstage, entre canción y canción o en los estudios de grabación, entre cables, guitarras, bajos, altavoces, incluso beneficiarme a todo el grupo. Y así lo hizo Adriana Smith, que aparte de pasarse por la piedra a toda la banda, en 1987 tuvo sexo con Axi Rose. En Rocket Queen se escucha alto y claro su orgasmo en forma de gemidos, suspiros y jadeos que pasarán a la posteridad.

Otras veces me traslado a algún siglo pasado y me convierto en una rica e impía dama de la nobleza, bisexual o entregada lesbiana. A mis amadas, a mis conquistas les rompo la ropa interior. Me pica la curiosidad y quisiera saber qué se siente haciendo el amor a una mujer, sentir la excitación al masturbarla o penetrarla con un pene ensoñado, desnudarla, tocarle el culo, comerle las tetas, lamer sus pezones, meterle la mano por debajo de las bragas y descubrirla, romperle las vestiduras y arrancarle las bragas y el sujetador.

Habitación en Roma

Habitación en Roma

Sigo soñando por que ‘La vida es sueño’ y en otras fantasías me convierto en una espía de élite a la que toman presa, convirtiéndome en una rehén del ejército enemigo. Paso a una sala blanca y aséptica, a lo ‘Instinto básico’, en la que soy íntima y profundamente radiografiada por el enemigo, y como la sublime Sharon Stone, cruzo las piernas y consigo mi libertad a cambia de mis favores sexuales.

Y otras, me quedo en mi siglo, me convierto en alguien más mundano, alguien más parecido a mí, soy casi yo. Me imagino haciéndolo sobre la mesa del director de la empresa, emborracharme con vino en una bacanal y participar en una orgía, probar algo de droga y follar toda la noche, hacer el amor con dos hermanos gemelos, que me rasuren como a Francesa Neri en ‘Las edades de Lulú’, que me hagan sumisa, me esposen, me venden los ojos y me aticen con una fusta que no duela demasiado. O que un joven artista, extranjero y bohemio, me pinte desnuda, proponerle sexo a un desconocido, hacerlo en un escenario con música en directo y miles de espectadores o practicar felaciones a un grupo de hombres uniformados. Me ponen los uniforme, qué le voy a hacer.

¿Y ustedes que fantasean? No dejen de soñar. Y entre sueño y sueño,

Que follen mucho y mejor

Tríos: una fantasía tan morbosa como compleja

Es la fantasía sexual por antonomasia. Tres pares de manos, de labios, de brazos, de piernas… triplete de lenguas y centímetros y centímetros de piel. Puestos a explorar y dejar volar nuestra mente, los tríos son la opción favorita para muchos hombres y mujeres en lo que a sexo se refiere. Y aunque no es algo mayoritario, es más habitual de lo que muchos se creen. Solo que quienes lo practican o han practicado alguna vez no llevan un cartel colgado: el tabú sigue estando bien arraigado y nadie quiere ser etiquetado ni cargar con kilos de prejuicios.

El componente de morbo que gira en torno al trío es muy elevado y las posibilidades y combinaciones se mutiplican, aunque hay una regla de oro: ningún participante debe mostrar preferencia por alguno de los implicados. De ser así, la situación puede volverse muy incómoda y alguien se irá a casa sintiéndose muy frustrado. Será por eso que yo nunca lo he practicado, porque soy cualquier cosa menos ecuánime.

GTRES

GTRES

El otro día, al sacarle el tema, una amiga me contaba precisamente que la suya fue una mala experiencia. Tendría unos 20 años y se había encaprichado del socorrista sustituto de la piscina que había en la urbanización de sus padres; un guaperas con pinta de surfero con el que solo había cruzado cuatro palabras más allá de hola y adiós. Una de sus amigas, harta de que nunca se atreviera a decirle nada, se plantó allí un día y, tras un poco de palique, convenció al tipo de que esa noche se tomara algo con ellas en uno de los bares de la zona.

Dicho y hecho. Horas y horas se pasaron los tres charla que te charla y bebiendo una copa detrás de otra. Tanto, que él no estaba para coger el coche de vuelta y ellas, que dormían ese fin de semana en la casa sin padres de la amiga dicharachera, no dudaron en ofrecerle alojamiento. Al final una cosa llevó a la otra y, cuando quisieron darse cuenta, las estaba besando a las dos. Momento de parálisis, miradas que se cruzan llenas de dudas, de preguntas y pidiendo permiso y, por último, un salto adelante y un pacto tácito sin necesidad de palabras: nada entre ellas dos.

Y pintaba todo muy bien, ciertamente, hasta que las caricias de él sobre su amiga empezaron a alargarse mientras las suyas se acortaban y los besos que le tocaban eran cada vez más escasos. Antes de que le diera tiempo a decidir nada su amiga se percató de todo y, evitando pasar a mayores, optó por la retirada con la excusa de ir al baño. El surrealista trío pasó así a ser un mano a mano, pero doblemente decepcionado sin posibilidad de remontada. Desde entonces no han vuelto a hablar del tema y ninguna de las dos ha querido repetir la experiencia, independientemente de los posibles participantes.

Muchos me dicen que tienen muy claro que quieren hacerlo al menos una vez en la vida, aunque la mayoría coincide en que nunca metería a su pareja de por medio. Los expertos recomiendan cuidado en esto último: el sexo entre tres es algo que impacta y puede ser difícil de gestionar para una pareja, ya sea por celos, porque a uno le guste la experiencia y al otro no, porque uno se arrepienta a mitad de camino… Demasiado arriesgado y complicado, en cualquier caso, si no se tienen las cosas muy muy claras.

¿Qué opináis vosotros? ¿Alguien apuesta por el tres?

Fantasías sexuales sí, gracias

Un atractivo desconocido/a se sienta frente a ti en el metro y no te quita la vista de encima. Cuando te levantas porque estás a punto de llegar a tu parada, se coloca tras de ti y te susurra algo al oído que te provoca escalofríos. Minutos después os estáis arrancando la ropa en un pequeño pero confortable hotel.

No, no lo has hecho nunca, es solo una fantasía. Esa, o hacer un trío, follarte a tu cuñado/a, hacer el amor mientras alguien mira, seducir al fontanero o quedarte atrapada con Brad Pitt en el ascensor justo cuando pasa su peor crisis con Angelina. Son solo unos ejemplos, porque fantasías sexuales hay de todos los tipos y colores. Comienzan en la pubertad y suelen acompañarnos, si tenemos suerte, durante toda nuestra vida.

El sueño de la esposa del pescador

El sueño de la esposa del pescador por Hokusai (wikipedia)

En España, según las estadísticas a las que he estado echando un ojo, fantasean en torno al 70% de los hombres y el 48% de las mujeres. Otros estudios dicen que no, que lo hacen a partes iguales. En lo que sí que coinciden los expertos es en que atribuyen distintas formas de fantasear a hombres y mujeres, achacándoles a ellas ensoñaciones de contenido más romántico. Personalmente, no sé a qué mujeres se refieren, porque ni una sola de las que conozco me ha confesado una fantasía de ese tipo, pero claro, eso no cuenta como estudio ni tiene ningún afán estadístico.

En cualquier caso, fantasear no es sinónimo de desear. Porque una cosa es dejar volar la imaginación, que resulta muy sano además de estimulante, y otra muy distinta llevarlo a la práctica. Aunque hay gente para todo, claro está. Muchos fingen llevar sus fantasías sexuales a la realidad en forma de juegos eróticos con sus parejas o compañeros de cama, pero eso no es lo mismo. Ejemplo: vestirse de prostituta y que tu chico simule contratarte en plena calle no es igual que acostarte realmente con un desconocido a cambio de dinero. Y lo digo sin criticar ni lo uno ni lo otro, solo digo que no es igual.

Las fantasías sexuales son, según Freud, representaciones mentales con el sexo como protagonista “no destinadas a ejecutarse”. Muchas veces son difíciles de concretar y otras resultan casi imposibles de realizar (véase el caso de Brad Pitt). Aunque eso no quiere decir que algunos no las lleven a cabo. El caso del trío, por ejemplo, es de lo más recurrente, y lo cierto es que casi todos los que lo han practicado entre la gente que conozco me reconocen que no se cumplieron sus expectativas y que no resultó como habían imaginado. “Quería hacerlo una vez antes de morir”, me dice uno que no tiene intención de repetir. Otro, en cambio, sostiene que nunca vivirá nada igual sexualmente hablando.

fotograma de `La reina Margot'Sé de alguna fantasía bastante más atrevida que ha acabado como el rosario de la aurora para su protagonista. Porque en la literatura a la reina Margot le sale muy bien cuando sale por las noches oculta bajo una máscara a buscar varones con los que aliviar sus fuegos, pero esta otra que yo me sé acabó en comisaría poniendo una denuncia. A su casa que fue a punta de navaja, donde lo único que no le robaron fueron las bragas.

Las fantasías sexuales son un gran afrodisíaco, un antídoto de lo más eficaz para combatir el aburrimiento y miserias que en ocasiones nos ofrece la realidad. No comprometen a nada, solo la imaginación. Solo que, si se llevan a la práctica, pueden perder el efecto estimulante y, a veces, jugarnos una mala pasada. Eso, o que resulta que al final soy una mojigata.