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“Me acuerdo del primer putero que atendí, un pederasta”

Dentro de la prostitución: conversaciones con la chica X

Hace poco conocí a la chica X. Sabes de quién hablo. Tú también la conoces.  La que vive en un piso de Madrid, de Valencia, de un pueblo de Toledo con cinco mil habitantes o cerca de la playa. Es esa que te cruzas en el supermercado, en el gimnasio, la que podría tener la edad de tu hija, de tu hermana mayor o de tu novia, cualquiera de las mujeres que te rodean. Aunque esta, en concreto, tiene 26 años, y esto es lo que me contó de su oficio, la prostitución.

GTRES

¿Cómo empezaste en esto? ¿Podrías contarnos tu historia?
Empecé en esto en mi país. Lo hacía en la calle, comencé siendo menor de edad. En mi casa había muchos problemas y me escapé varias veces. Mi casa no era el mejor ambiente para crecer. No veo a mi familia desde hace muchos años.

Me acuerdo del primer putero que atendí. Un viejo al que tuve que masturbar en su coche. Ahora que lo pienso, era un pederasta. Pero a ellos eso les daba igual. Venían a buscarte entre varios, a veces no pasaba nada, otras sí. Una vez me tuve que escapar de un viejo que se había quedado en “modo violador”. Le tuve que apartar varias veces y me fui corriendo del coche porque no se detenía. Hay hombres que se excitan y ya no razonan. Me ha pasado incluso con amigos, o que pensé que lo eran.

Recuerdo los coches pasar, te hacían señas para que te acercaras. La prostitución de la calle debería estar totalmente prohibida por todos los riesgos que corren las chicas allí, a manos de puteros, de “novios proxenetas” y de otras prostitutas. Es un ambiente asqueroso. Y a los puteros les encanta eso, es divertido para ellos ir a buscar prostitutas en la calle. Saben que es ilegal pero van igualmente.

Después de eso terminé en agencias donde te quitaban el 50%. Todas dormíamos en la misma habitación y te cobraban multas por todo: la publicidad, el techo, todo. Al final terminabas prostituyéndote para pagarle la deuda al dueño del chalet. Había muchas menores de edad allí. A mí me rescató un italiano y me trajo a España.

Intento olvidar aquella época, fue la peor de mi vida. No he regresado a mi país, ni pienso hacerlo.

¿Qué es lo más desagradable a lo que te has enfrentado?
En la calle me fui una vez en un coche con varios hombres. No pensé que fuera peligroso y lo fue. No quiero hablar mucho del tema pero bueno ya puedes imaginarte lo que pasó. Cuando se fueron me senté en el borde de la calle, vino la policía por allí y pasó de largo.

Una vez en Benidorm un marroquí, terminó muy rápido. Era eyaculador precoz, le toqué y terminó sin hacer nada. Se puso violento. Pasé mucho miedo también y más sabiendo la fama que tienen. Intentaba empujarlo para que saliera del apartamento, pero me resbalaban las medias de red en el suelo. Le arañé en su cara. Recuerdo mis dedos metidos en sus ojos, se le hundieron. Pensé que iba a quedarse ciego.

Le arañé dentro de la boca. Al final empecé a gritar y se fue. Como tengo las uñas duras creo que le hice daño porque se puso a escupir sangre en la puerta. “No entrará más nadie aquí”, gritaba. Son cosas que pasan a veces.

También vienen hombres muy sucios, con el olor a no sé… cebolla mezclada con ajo que desprenden sus axilas. ¿No se dan cuenta de lo mal que huelen? Te dicen que ya se ducharon antes y es mentira. Una vez tuve que salir a vomitar de lo penetrante que era ese olor.

¿Qué es lo que menos te gusta de tu oficio?
No considero trabajo esto, es un medio para sobrevivir nada más. No terminé de estudiar. Tuve trabajos precarios pero terminaba volviendo a esto. No me gusta estar con gente que me repugna físicamente, pero llega el momento de pagar las facturas y me desespero.

¿Hay algo que te guste?
En algún momento me gustaba algún putero, cuando los veía como personas normales. Luego me di cuenta que están enfermos, tienen una adicción sexual. Se pasan el tiempo viendo webs de prostitutas, buscando una y otra y otra. Basta mirar el móvil de cualquiera de ellos. Un putero que se había mostrado interesado por mí había llamado antes a trece chicas. Yo era la última de la lista. Una semana están contigo y la otra con otra chica. Es una obsesión enfermiza.

Aunque me habría gustado escribirlo en un solo post, la conversación con chica X va para largo, por lo que dejaré para la próxima semana la continuación de su historia.

Duquesa Doslabios.

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No son las putas, son los puteros

Desde que empecé a escribir este blog, sabría que llegaría el día en el que me tendría que mojar sobre la prostitución. Abrochaos los cinturones, ahí voy.

PIXABAY

España es el Disneyland de la prostitución en Europa. Ya lo he soltado. Os dije que os sujetarais. No solo somos el país con más demanda del continente, sino que el 39% de los españoles reconocen haber pagado por sexo según los estudios de la Asociación de Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), editados por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad.

En nuestro país las leyes son bastante generosas ya que la práctica no se encuentra penada, simplemente regulada por los municipios cuando hablamos de ejercerla en las calles. Todo lo demás es campo. Un negocio de cuerpos basado en la explotación sexual de mujeres, demasiado atractivo y rentable como para hacer algo al respecto, ya que son varias las bases sólidas que lo sostienen.

La economía, por supuesto, es la primera. En el momento en el que de casi diez hombres, cuatro están dispuestos a pagar, o han pagado por ello, habrá una segunda persona moviendo cielo y tierra para llevarse ese dinero. Ilegalizarla sigue sin estar sobre la mesa cuando debería ser la primera carta que levantar de esta partida.

Pero claro, no interesa. A fin de cuentas, tampoco está tan mal visto. Ya se encarga la sociedad de que sigamos diciendo “O follamos todos o la puta al río” como cualquier otro refrán.

Para eso se sigue defendiendo refiriéndose a ella como “el oficio más viejo del mundo”, una nomenclatura que solo busca arrojar luz sobre un provecho en el que todo son sombras.

¿Lo que refleja? El poder del machismo, el mayor responsable de que la prostitución continúe. Una serie de mentalidades y comportamientos que dejan claro por qué los puteros son la lacra de la sociedad. Y sino, aquí analizo su trasfondo.

    • Quienes defienden la prostitución afirman que los hombres tienen unas necesidades que deben ser satisfechas a cualquier precio sin importar la integridad, estima o respeto hacia la mujer. Para sus protectores, tener sexo es una necesidad vital. La realidad es que las relaciones sexuales no son una urgencia biológica como respirar, beber agua o comer.
    • El placer de la mujer no cuenta en ningún caso. Ya sea dentro del matrimonio o fuera de él, lo único que busca el putero es que se satisfagan sus deseos con quien, normalmente, no podría hacerlo.
    • Las mujeres no somos recipientes sexuales por mucho que la prostitución considere así a quienes lo ejerzan. Reducirnos a meros objetos de placer es rebajarnos colocándonos en un escalón inferior.
    • Los defensores de la prostitución sostienen que es una manera de empoderar a las mujeres cuando solo es una manera de someternos. El dinero no paga más que una violación, porque, recordemos, es una relación sexual que, en otra circunstancia, la mujer no realizaría. Dinero no equivale a consentimiento.
    • Es imposible que la prostitución se considere una manera real de empoderamiento cuando los casos de prostitutas que han conseguido salir del círculo han dejado claro que no es otra cosa más que una espiral en la que confluyen las amenazas, abusos o exposiciones a enfermedades, una indefensión total. Una rueda que termina con miles de mujeres destrozadas física y psicológicamente. Los puteros son capaces de hacer oídos sordos ante eso (la mayoría son conscientes de la situación de las mujeres que les prestan sus cuerpos) demostrando, una vez más, que siguen siendo ellos quienes están por encima con sus deseos.
    • No existe la puta feliz. Es un mito que esgrimen algunos partidarios para defender que la práctica continúe. Pero lo de que hay quienes se meten por decisión propia solo es una cortina que nos pinta de rosa una realidad cruda tras la que solo hay sufrimiento. Quienes ejercen la prostitución se han visto coaccionadas, empujadas por pobreza, por traumas, adicciones… Es una decisión a la que se ven más obligadas quienes pertenecen a minorías étnicas o carecen de oportunidades laborales. De pasados y presentes destrozados se ha erigido un negocio que sigue destrozando personas sacando provecho de ellas.

La prostitución, pagar por tener sexo, no es un derecho. Pero sí es un derecho no estar sometido a esclavitud, torturas, penas, tratos crueles, inhumanos o degradantes, un artículo que forma parte de la Declaración Universal de los Derechos Humanos al que se le ha puesto precio cuando, es también un derecho humano trabajar en unas condiciones justas y favorables.

Duquesa Doslabios.

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What happens in Vegas stays in Vegas

Querid@s,

Así da la bienvenida al visitante la urbe del pecado fabricada a base de cemento, luces de neón, casinos, barras de striptease y sueños en la que diversión y dinero son los únicos dioses a los que adorar. Las Vegas literalmente parece de cartón piedra cuando uno la pisa por primera vez y la contempla de lejos mientras se aproxima a su locura. Precisamente por la sin city me dejé caer el pasado fin de semana. Yo y otros tantos miles de turistas, pues Las Vegas es el destino vacacional escogido para lunas de miel, escapadas románticas y cómo no, para las consagradas parrandas en las que parece que el lema sea que el mundo se va a acabar mañana y hay que tirar la casa por la ventana.

Todo parece posible en la ciudad del pecado. Salvo matar

El ritual es casi siempre el mismo aunque cada uno vaya a lo suyo; hoy toca desfasar y mañana tocará recuperarse como buenamente se pueda con la esperanza de que los pasos propios le guíen a uno de nuevo a otro puerto en el que pecar. La mayoría de los que se acercan hasta las Vegas lo hacen casi siempre con el fin de desinhibirse (algunos ya vienen desinhibidos) y luego aquí no ha pasado nada. What happens in Vegas stays in Vegas, ya se sabe. Rendición y pecado, eso es Las Vegas. La lujuria, la primera de ellas. La soberbia del cliente que a golpe de tarjeta puede comprar todo lo que se le antoje. La envidia de carnes prietas y cuerpos que rezuman juventud. La pereza del mirón que delega su placer en los juegos sexuales de otros. La avaricia del que quiere beberse la noche y fundirse hasta el último gramo de cocaína. La gula saciando adicciones en cualquier parte. La ira de aquel para el que la rendición a estos pecados es solo un sueño inalcanzable.

Un paseo por el Strip

En la calle más transitada de Las Vegas, The Strip, se suceden letreros de neón de hoteles-casinos y barras de striptease que invitan tanto a hombre como a mujeres a disfrutar del espectáculo. Abundan fiestas maratonianas que no defraudan donde se sirven botellas de fino champagne cuyos precios pueden sacarle a uno los ojos de sus órbitas y casinos con opciones de juego que pueden arruinarte o convertirte en millonario en solo una noche. ¿Alguien da más?

En Las Vegas, y no solo en el Strip, todo es una aventura fascinante en busca de ese sueño americano que uno ya no sabe ni en qué consiste. Al menos yo ya no lo sé. La ciudad del pecado es un tótem, un homenaje a los días de las juergas de drogas, sexo y alcohol sine díe y sin duda simboliza el exceso más o menos legalizado. Neones luminosos que anuncian burdeles y barras de striptease. Una ciudad paradójica en la que a pesar de vender sexo continuamente, la prostitución es ilegal.

La ciudad es un paraíso para el hedonista. También para empedernidos ludópatas, juerguistas, puteros, putas o millonarios a los que les sobre el dinero y deciden desprenderse de un buen fajo de billetes lanzándolos para histeria colectiva del resto de los mortales a la piscina de la pool party del club Encore, por ejemplo, mientras pincha David Guetta.

¿Qué pasa realmente en Las Vegas?

Quizá tendría más sentido plantearse la pregunta de otro modo. ¿Qué no pasa en Las Vegas? Que le pregunten al staff de los hoteles que han visto desfilar todo tipo de personajes y sido testigos oculares de las situaciones más inverosímiles. Los empleados hablan de tener que enfrentarse en sus tareas cotidianas de limpieza a preservativos usados, vómitos, jeringuillas, suites literalmente arrasadas y todo tipo de basura que abandonan huéspedes insensatos y desconsiderados. Seguramente colocados con cocaína o alguna novedosa sustancia psicotrópica. Otros empleados comentan cómo la gente practica sexo en público, en medio de la sala de juegos de algún casino o en las piscinas de los hoteles.

Bajo esa imagen de glamour y diversión que ofrece Las Vegas a primera vista, que no te engañen. La ciudad oculta, y no precisamente en sus profundidades, una realidad oscura y camuflada que ríete tú de la edulcorada trilogía de “Resacón en Las Vegas”. En el submundo de la ciudad siguen abundando excelsas orgías amenizadas a base de drogas de diseño, esclavismo sexual y campamentos subterráneos de mendigos. Estos son otros mundos, pero no olvidemos que también están en Las Vegas.

¿Qué queréis que os diga? Sí vi excesos, muchos y de todo tipo. Vi cómo un americano que celebraba su cumpelaños se fundía 50,000 dólares en una enorme botella de Don Perignon. Contemplé bajarse de una limusina a un caballero acompañado de al menos 7 escorts. Admiré con envidia un par de bellezas mulatas contoneándose completamente desnudas y tapadas únicamente por cubre pezones dorados que aceptaban ser retratadas junto al turista por el módico precio de 5 dólares. Me escandalicé al ver como un joven masturbaba a una joven en una piscina atestada de gente. Pero del mismo modo observé parejas tomando una copa tranquilamente, grupos de amigas paseando por el Strip y familias disfrutando de un picnic de domingo en el Red Rock Canyon. Un padre de familia afirmaba con rotundidad que Si nos olvidamos del Strip, Las Vegas es una ciudad maravillosa y tranquila. Aquí he criado a mis hijos.  

Las Vegas es un microcosmos único en el que convive lo más indeseable y florido de Estados Unidos, y parte del extranjero Y en ese espectro de la sociedad se entremezcla todo lo demás. Para bien o para mal Las Vegas es única y sería una pena que te perdieras el libertinaje de sus noches y el exceso en todas sus versiones posibles. Si tienes tiempo (y dinero) pasea por las calles de la ciudad con más pecadores por kilómetros cuadrados de América y que sea lo que Dios Quiera. Y respira tranquil@, la ciudad sabrá guardar tu secreto.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Lumidolls: El primer burdel de sex dolls de Europa está en Barcelona

Querid@s,

No sé si os habéis enterado ya, pero en Barcelona, en el entresuelo de una callejuela cercana a la Rambla acaba de abrir sus puertas el primer burdel occidental de muñecas hinchables. Como os lo estoy contando. Garantizan que el cliente podrá cumplir sus fantasías más salvajes sin límites. La verdad es que no entiendo qué limites pueden ser esos. ¿Insultarla? ¿Pegarle una paliza? ¿Orinarse encima de ella? ¿Someterla?. Total, como estas muchachas ni sienten ni padecen, como no hablan. Esta peculiar agencia sexual lleva por nombre Lumidolls y ya hay cola. Hace un par de días me puse en contacto con ellos, tengo mucha curiosidad al respecto y se me pasaban por la cabeza miles de preguntas, una detrás de otra.

¿Cómo nace la idea de negocio Lumidolls? ¿Qué precio tiene cada muñeca? ¿De qué material están hechas? Teniendo en cuenta que se trata de muñecas, ¿Qué tipo de servicios se ofrece al cliente? Es inevitable que estas actividades empresariales despierten voces contrarias. ¿Qué les responderían? Este tipo de servicios también suscita cuestiones morales y muchos se echarían las manos a la cabeza clamando al cielo hasta dónde puede llegar el ser humano con tal de echar un polvo. La mayoría de la gente seguro que opina que los consumidores de estas barbies sexuales son enfermos. ¿Creen que lo son? ¿Qué perfil de clientela consume Lumidolls? ¿Tienen ya lista de espera? ¿A qué cree que se debe el éxito? ¿Ha habido alguna mujer entre la clientela de Lumidolls? ¿Por qué alguien (en su sano juicio) elegiría pasar un rato con una muñeca en lugar de con una mujer de carne y hueso? Pero por ahora no contestan a mis preguntas. Ante la avalancha de la prensa, hemos decidido cerrar la exclusiva con un periódico nacional para este viernes, por lo que no podemos aún responder a sus preguntas me responden textualmente.

Con la poca información que he podido indagar y sustraerle a la persona responsable de prensa, lo que sí puedo contaros es que el cliente puede escoger a una de las cuatro trabajadoras sexuales de plástico que habitan el pisito barcelonés de Lumidolls. El precio por una hora en compañía de una de ellas es de 120 euros, pero ahora son 80, es el precio promocional de apertura de negocio, al que auguro un gran éxito. La gente está muy loca.


También existe la posibilidad de pernoctar con la sex doll , incluso hacer un trío con la pareja, pero para estos servicios especiales desconozco las tarifas.

En Lumidolls el cliente es lo primero, y el personal prepara a la muñeca para que ella le reciba como él prefiera, qué tipo de outfit quiere que lleve para ese primer encuentro y en qué postura desea encontrarla. Para romper el hielo y que el vis a vis no sea demasiado frío, en cada alcoba el usuario encontrará una gran televisión de plasma donde podrá ver en la intimidad porno para ponerse a tono. Un poquito de cine porno, el fuego de unas románticas velas y la compañía de la sex doll; la noche puede salir a pedir de boca.

No perdáis detalle, porque en su afán por que luzcan lo más realistas y humanas posible, estas muñecas sexuales cuentan con tres cavidades: boca, vagina y ano, como todas. Eso sí, recuerdan al cliente que con cualquiera de sus cavidades deben utilizar siempre los lubricantes que encontrarán en cada una de las habitaciones. Están en todo estos de Lumidolls.

Asimismo, después de cada servicio, cada muñeca se desinfecta y se asea debidamente con jabones especiales antibacterias, por lo que la higiene esta ¿100%? garantizada. Recomiendan usar preservativos, que están disponibles en las habitaciones. Yo esto del preservativo, no lo entiendo muy bien, será para curarse en salud. Lo que me pregunto es, ¿la de quién?

Fabricadas de elastomero termoplástico, vamos la silicona de toda la vida, pesan 40 kilos y el parecido de estas muñecas a una mujer de carne y hueso es asombroso. Son elásticas, móviles, dinámicas y pueden cambiar de postura siempre y cuando se les eche una mano con las articulaciones. Juzgad sino vosotros mismos.

Katy, Leiza, Lyly y Aki

 

Katy, de rasgos europeos y penetrante mirada, es sexy y sexual. Mide 170, luce melena rubia, morritos calientes y un escote de infarto.

Leiza, africana, es la particular diosa de ébano del prostíbulo. Mide 168 y tiene un cuerpo escultural.

La dulce Lily es la asiática del staff, mide 161 y su aspecto es aniñado e infantil. Según describe la propia web, es “delgada, suave, con cintura de avispa y pecho totalmente natural al tacto. Su rostro angelical y su inocente mirada te cautivarán. ”

Y para los fans del manga, tenemos a Aki (165cm), el personaje de anime japonés. De pecho voluptuoso y una larga melena azul, esta muñequita de tez blanca y suave, viene con unos modernísimos cascos incorporados.

No sé cómo contempláis todo esto, yo no sé todavía qué pensar. La verdad es que muy normal no lo veo, y aunque todas ellas son preciosas y el parecido con una mujer de verdad le deja a uno pasmado, o pasmada, no dejan de ser seres inanimados, muñecas, mujeres de mentira, objetos de plástico que ni sienten ni padecen. Y eso de follarse algo que no sea un ser humano no lo veo. Por mucho que intente abrir mi mente y ser progresista, más ancha de miras, no acabo de verlo claro. ¿Quién iba a imaginar que aquel tema de Aqua vaticinaría un desconcertante futuro en el que algunos hombres mantienen relaciones sexuales con una barbie sexual? Y encima pagan por ello.

¿Será que ha llegado la era de plástico?

Bueno, cosas peores se han visto.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

La carta de una puta a un putero

Querid@s,

Aquellas denominadas prostitutas, que lo mismo las llaman meretrices, sacerdotisas del amor que putas. Otras lenguas pronuncian condescendientes cortesanas o pupilas y a los haters ms despreciables se les llena la boca con términos despectivos como busconas, fulanas o furcias. Con lo que quieran llamarlas se tienen que conformar.

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Todos ellos términos de etimologías similares que definen a esa mujer que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. Sexo por billete. ¿Acaso la prostitución es una simple y mera transacción comercial? ¿No es hacer leña del árbol caído irse de putas? Yo pienso que sí. ¿Qué hay de la dignidad robada y de los sentimientos? En este caso hablo de los sentimientos de la prostituta, que los tiene como todo hijo de vecino. ¿Está abierto el corazón a venderse por un punado de billetes de un perfecto desconocido? Incluso el coño de cada una, los gemidos, la verdadera excitación sexual…¿Están en venta? Sinceramente opino que no. No están en venta.

Las prostitutas son mujeres que nunca besan en la boca y si por algún casual lo hacen, mienten como bellacas. Pero mienten tan bien que se llevarían a casa una estatuilla por ser tan buenas actrices en la alcoba. Este ejército de afrodisiacas damiselas que hacen volar por fin alzan sus voces para hacerse oír por aquellos que mejor creen conocerlas y peor las conocen en la realidad: sus clientes. Y dedicarles sus palabras más sinceras, desde las entrañas hasta escupirlas por la misma boca que tuvo y retuvo su masculinidad en algún momento, en algún sordo rincón, cualquier noche tonta, en cualquier ciudad.

¿Alguna vez se ha rascado el coco y se han preguntado qué diablos se le pasa por la cabeza a una mujer que se acuesta con un cliente solo por dinero? Ya no es necesario que sus mentes continúen elucubrando porque ya disponemos de unos cuantos testimonios. Una selección de prostitutas hablan de lo que piensan de sus clientes, sin tapujos y con una honestidad brutal. Tanto que si es usted uno de esos clientes, le animo a que se lo piense dos veces. Puede herir su sensibilidad. O abrirle los ojos.

libro

Esta joya que no deja indiferente al lector y titulada ‘Prostitution Narratives: Stories of Survival in the Sex Trade‘ (Narraciones prostitutas: historias de las supervivientes del comercio del sexo) es un recopilatorio vital de historias y testimonios personales e intransferibles que destapan la puta realidad sobre lo que una mujer piensa mientras se acuesta con un cliente. Uno de los testimonios, el más popular debido a su volátil vitalización en internet, es la carta abierta que brinda Tanja Rahm a todos los clientes con los que se acostó en los años en los que ejercía la prostitución. La ex prostituta danesa actualmente tiene 35 años, y es terapeuta y sexóloga.

Yo lo veo como un simposio en papel de las profesionales del sexo en el que cada meretriz aporta su particular visión de la profesión más antigua del mundo. Como es lógico, los testimonios aquí recogidos no tienen por qué representar la realidad de todas las prostitutas que del mundo, pero vale la pena leerse la carta enterita. Especialmente si es usted uno de esos clientes que pagan a una mujer para que se acueste con usted, y después va y la llama puta, con desprecio. He aquí lo que de verdad piensan de sus clientes esas princesas que fingen sexo por dinero.

“Querido cliente,

Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido. Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí.

Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos.

Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses.

Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo.

Estaba tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no quedarme dormida mientras gemía con el piloto automático. Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándole al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día.

¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo.

Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable.

De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese.

Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas.

Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba.

Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más. Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales. Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado.

"Prostitución", Jorge Rando

“Prostitución”, Jorge Rando

Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres.

Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas. Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad.

Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella.

Qué hombre frustrado y lastimoso debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo.

“Prostitución”, Jorge Rando.

En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o un pequeño masaje antes de penetrarme.

Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no ha sido comprada. No han sido forzadas a prostituirse. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad.

Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias. Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas.

Sinceramente,

Tanja Rahm”

No en vano cuando la Pantoja decía ser Esase definía a si misma de la siguiente manera:

Soy la que no tiene nombre,
La que a nadie le interesa,
La perdición de los hombres,
La que miente cuando besa.
Ya…lo sabe… Yo soy… esa…

La polémica está servida. Debatamos pues, pero no se acaloren demasiado.

Que follen mucho y mejor.

Todos somos sexo: por la asistencia sexual a l@s discapacitad@s

Querid@s,

¿Pueden imaginarse no poder masturbarse? No les hablo de no masturbarse un día o no tocarse en una semana. Les estoy hablando de no masturbarse nunca. O de haberlo hecho y no poder volver a hacerlo nunca más. No porque no le de la gana, sino porque no puede. Porque es usted parapléjic@, porque tiene una movilidad reducida que no se lo permite.

Les voy a contar una historia. El poeta y periodista norteamericano Mark O’Brien, falleció en 1999. Sufría una discapacidad que lo tenía postrado en una camilla eléctrica y confinado toda su vida a un pulmón de acero. Debido a su tetraplejia, nunca había estado con una mujer. Pero un buen día decidió poner fin a ese impedimento. No quería abandonar este mundo sin sentir en su piel de que iba eso del sexo. A la inverosímil edad de 38 decidió perder su virginidad y para ello recurrió a una terapeuta sexual para que le echara una mano con su iniciación. ¿Les suena de algo? Sobre esta historia trata el film Las Sesiones, (2012), interpretado por John Hawkes y Helen Hunt.

En Cataluña, la organización Sex Asistent, de la mano de su fundadora Silvina Peirano, fue la pionera, en 2012, en sacar el tema a la palestra. Con ellos se abrió el primer debate en nuestro país sobre la legalización de la figura del asistente sexual de discapacitad@s. Para variar estamos a la cola, porque Bélgica, Dinamarca y Suecia lleva ofreciendo terapias y asistencia sexual a personas discapacitadas desde hace más de 20 años.

Tandem Barcelona es la primera propuesta explícita de Acompañamiento Íntimo y Sexual para personas con Diversidad Funcional (discapacidad) y se fundó en octubre de 2013. Desde entonces, a través del protocolo Tandem Intimity ponen en contacto a asistentes y usuari@s, que luego llegan a los acuerdos que libremente pactan. Eso sí, todo esto al margen del gobierno, que hace oídos sordos y no dice ni mu. Parece que esto no va con ellos.

Escena Las Sesiones

En el proceso de selección de l@s asistentes se valora la experiencia de cada voluntari@ en asistencia personal. También los límites a los que se está dispuestos a llegar (caricias o sexo en toda regla), tipo de discapacidad (física o psíquica), edad del@ usuari@ y, sobre todo, la motivación. Si la razón por la que l@s voluntari@s se embarcan en esta controvertida causa es exclusivamente monetaria, se descarta a la persona.

¿Cómo funciona?

La asociación sugiere una entrevista de aproximadamente 20 minutos en la que asistente y usuari@ cambian impresiones y  dicen lo  que esperan y están dispuestos a dar. Con estas impresiones, Tandem Intimity recomienda o no continuar con el acompañamiento sexual. A partir de ahí, ya no interviene y ambas partes actúan con total libertad y pactan lo que consideran oportuno.

Escena de Las Sesiones

Si en el encuentro hay intercambio económico, es siempre asunto del usuario y el asistente. Ahí tampoco interviene la asociación. La cuestión económica es un aspecto controvertido en este tipo de relaciones y durante las pruebas piloto la asociación descartó completamente las cuestiones económicas, que pueden desviar el debate hacia la prostitución. De hecho algun@ de ustedes seguramente llevará pensándolo un rato.

Desde luego que es una profesión vocacional donde las haya para la que no vale cualquiera. No creo que deba hacerse por dinero, tampoco creo que haya que hacerlo por compasión. Simplemente personas formadas e interesadas en el sexo y muy sensibles que saben que tratan con personas excluidas. Quizás no sea la solución ideal, pero…¿se les ocurre otra mejor? 

Por el éxtasis sexual de todos. Porque todos somos sexo.

El debate está servido.

Que follen mucho y mejor.