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Historias de amor, sexo y otros delirios

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Los cuernos e infieles más famosos de la historia

Cuernos, cuernos y más cuernos. La historia está llena de ellos y son muchos los artistas, reyes, políticos, científicos… que, además de sus hazañas y habilidades, son recordados por sus aventuras extramaritales y sus proezas de cama. Amantes pasajeros, amoríos prohibidos, sexo, pasión y lujuria. Como cualquier mortal, en realidad, pero magnificado por las posibilidades disparadas de su ego y su posición.

Ashley Madison, una web de contactos extramatrimoniales, ha realizado un listado de esos personajes históricos más conocidos por los españoles, personajes que asombraron al mundo no sólo con su política, obras artísticas o científicas, sino también con sus líos de alcoba.

WIKIPEDIA

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1-. El primero de la lista es el excepcional pintor malagueño Pablo Picasso, uno de los artistas más lujuriosos de todos los tiempos. Cuentan los libros que entre todas sus amantes, su favorita fue Marie-Thérèse Walter, una joven francesa con la que mantuvo una relación extramatrimonial de más de 8 años a espaldas de su mujer Olga. El artista estaba tan enganchado a sus encuentros sexuales secretos que decidió ponerle un piso en frente de su casa para tenerla cerca. Se cuenta que durante las sesiones de posado en su estudio, el malagueño se lanzaba sobre su musa sin importarle que su mujer estuviera a escasos metros. Todo un pieza.

FERNANDO EL CATÓLICO2-. El segundo personaje histórico más conocido por sus escarceos libertinos es Fernando El Católico, que era infiel a su esposa con su propia prima, entre muchas otras mujeres. Eran muchas las que pasaban por sus aposentos, siempre entre los terribles celos de la reina Isabel. Las recriminaciones y discusiones matrimoniales eran constantes, y cuentan que la reina incluso llegó a ordenar que cualquier mujer que tuviera el atrevimiento de mirar a su marido de una manera provocativa fuera expulsada inmediatamente de palacio.

John F. Kennedy3-.John F. Kennedy es considerado el adúltero americano por excelencia, un presidente de salud frágil que intentaba paliar sus males practicando sexo. Kennedy era infiel por naturaleza. A espaldas de su esposa Jacqueline, la lista de sus conquistas puede ser equiparable a la de sus logros políticos, donde albergan nombres de grandes mitos sexuales como Marilyn Monroe.

Frida Kahlo, by Guillermo Kahlo4-. Icono fundamental de la historia de la pintura universal, Frida Kahlo vivió una tormentosa relación con su marido, el también pintor Diego Rivera. Las infidelidades mutuas fueron constantes. Él fue el primero, todo hay que decirlo, y ella, en lugar de sentarse a llorar, decidió pagarle con la misma moneda. Frida le fue infiel a Diego con poderosos hombres como Nickolas Muray, Trotsky o Ignacio Aguirre. La pintora también tuvo varios amoríos con mujeres, ya que se posicionaba abiertamente como bisexual.

Albert Einstein5-. Albert Einstein es probablemente la mente más brillante del siglo XX. Pero este eminente científico tenía los mismos instintos que cualquiera y engañó a sus dos esposas en varias ocasiones. Después de divorciarse de su primera mujer por sus continuas aventuras, se casó con su prima Elsa. Poco después conoció, de manera íntima, a su secretaria Betty Neumann, entre muchas otras mujeres.

luis XIV6-. Desde la Edad media, la corte real francesa conocía el título de amante o favorita oficial del rey. Entre las famosas de la historia están sin duda las de Luis XIV de Francia, Madame de Montespan y la Marquesa de Maintenon. El Rey Sol incluso llegó a casarse con la Marquesa de Maintenon después del fallecimiento de su esposa María Teresa de Austria.

napoleon7-. Se suma a la lista Napoleón Bonaparte, exitoso en sus batallas y desgraciado en la cama, ya que dicen las malas lenguas que no estaba demasiado bien dotado. Se dice que Napoleón empezó sus líos de faldas extramaritales con solteras y casadas a consecuencia de las múltiples infidelidades llevadas a cabo por su esposa Josefina Beauharnais. Finalmente optó por el divorcio para contraer nuevo matrimonio con María Luisa de Austria, miembro de uno de los linajes más antiguos de Europa.

Isabel II8-. A la esposa de D. Francisco de Asís de Borbón, Isabel II de España, se la describió como ninfómana en numerosas crónicas históricas, pero su relación más conocida fue la que mantuvo con el General Francisco Serrano y Domínguez, al que ella apodaba el “General Bonito” debido a su atractivo físico y virilidad.

Carlos IV de ESPAÑA9-.Carlos IV de Borbón fue conocido por su carácter retraído y sus nulas dotes de mando. Muchos le atribuyen múltiples amantes de su mismo sexo, tildando al monarca de homosexual. Aunque también se dice que protagonizó durante varios años un tórrido trío amoroso junto a su mujer María Luisa de Borbón-Parma y Manuel Godoy.

FELIPE IV10-. El último de los personajes históricos más populares por sus aventuras de cama es Felipe IV de Austria, quien iba a la caza de actrices y de monjas, amó a cientos de mujeres y pobló Madrid de hijos ilegítimos.

A mí se me ocurren muchos más, sobre todo si pienso en la historia reciente. Aún recuerdo aquella pillada monumental al entonces marido de la princesa Estefanía de Mónaco, Daniel Ducruet, al que grabaron en plena faena con una streaper en la piscina. Enorme fue también el renuncio del expresidente estadounidense Bill Clinton, al que su lío con la becaria Monica Lewinsky casi le cuesta el puesto. Esa fue, sin duda, la mamada más famosa de la historia. Y del despacho oval al asiento delantero del coche, la felación que le hizo una prostituta al actor Hugh Grant cuando era el novio de la modelo Elisabeth Hurley también dio la vuelta al mundo. A la actriz Kristen Stewart la pillaron con el carrito del helado cuando aún era la novia de Robert Pattinson, lo que acabó por costarle la relación, y por último, menuda fue la que se armó en Francia cuando una revista publicó las fotos del actual presidente de la república, François Hollande, con la actriz Julie Gayet. Hasta un ingreso hospitalario le supuso aquel affaire a la periodista y entonces primera dama Valérie Trierweiler. Seguro que me dejo muchas más… ¿Recordáis alguna?

La falta de sexo, principal motivo para ser infiel

Follar poco, mal o nada. Ese es el factor fundamental que empuja a hombres y mujeres casados o emparejados a buscar un amante. Al menos eso es lo que se desprende de un estudio realizado por una de esas webs de contactos para poner los cuernos, Ashley Madison, entre sus 24 millones de usuarios.

El informe, llamado ‘The Global Sex Survey’, revela que el 37,2% de las mujeres y el 55% de los hombres entrevistados se decidieron a ser infieles por la falta de sexo con sus parejas. “La falta de sexo es un indicador y factor clave que conduce a los hombres y mujeres de todo el mundo a tener relaciones extramatrimoniales”, afirma al respecto Noel Biderman, fundador y CEO de AshleyMadison.com. “Aunque otras cosas como la frecuencia con que ven pornografía o si usan o no juguetes sexuales pueden ser signos reveladores, la mayor amenaza a la monogamia en el mundo sigue siendo una vida sexual poco saludable, ya sea por relaciones poco frecuentes o inexistentes en un matrimonio”, sentencia.

GTRES

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Yo no comparto sus afirmaciones respecto a la pornografía y los juguetes eróticos, pero en lo de la falta de sexo, creo que razón no le falta. Si cierro los ojos unos minutos y me pongo a pensar en todas las historias de cuernos que ha habido a mi alrededor, desde amigos íntimos y familiares a simples conocidos o compañeros de edificio, un sexo rácano, miserable o ausente está detrás de la mayoría de ellas. El porqué se llega a esa situación es otro debate (da para escribir un tratado), como también lo es si, llegados a ese punto, no sería mejor abordar el tema para intentar cambiarlo, cortar por lo sano, etc. No es tan sencillo, en cualquier caso, y ya hablaremos de ello en otro post.

En cuanto a otro tipo de motivaciones para lanzarse al adulterio, el 21% de los entrevistados señalaron el deseo de probar cosas nuevas en el terreno sexual, mientras que el 12% habló del “morbo de tener una aventura”. Hay quien dice que tener un amante es beneficioso para la relación, que la relanza, etc. Así lo han afirmado el 77% de las mujeres que han participado en el estudio, frente al 66% de los hombres. “Pon un par de cuernos a tu depresión”, decía Sabina.

¿Y qué hay de los remordimientos y el sentimiento de culpa? Pues no mucho, la verdad, aunque según dicho informe son ellos quienes más lo sienten: el 19,4% contra sólo el 7% de las mujeres.”El sentimiento de culpa no les afecta porque entienden que la infidelidad es una decisión personal de una experiencia privada y, por errónea que pueda ser, justifican sus acciones diciendo que son fieles a su sentir, a su derecho de experimentar y sin necesidad de afectar a sus propias parejas”, cuenta Francisco Goic, director regional de Ashley Madison.

Pues eso. Dime cuánto follas…

Infidelidades en la luna de miel

La infidelidad es, por definición, un terreno muy pantanoso que daría para cientos de post. De hecho, ya la hemos abordado alguna vez desde aquí, aunque muy humildemente, como digo, porque tiene millones de aristas y odio las generalizaciones. En este caso, a partir de dos historias que me han llegado recientemente, quería plantear un interrogante desde un punto de partida muy concreto: ¿Es una infidelidad más grave o más imperdonable si se produce durante la luna de miel?

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La pregunta que os hago parte del debate que esta semana ha estallado en la oficina a raíz de un suceso reciente. Resulta que un compañero, soltero por vocación durante años, se casó en agosto con la que parecía haberle hecho sentar la cabeza, una chica a la había conocido un par de años antes. Fueron muchos los que no dieron un duro por la relación, pero la boda pareció callar muchas bocas. El caso es que, nada más volver al trabajo en septiembre, nos ha sorprendido a todos al contarnos que el matrimonio no es lo suyo, que ha resultado un fracaso y que van a divorciarse.

¡¡¡¡¿¿¿Cómo???!!!! La maquinaria del chismorreo no tardó en ponerse en marcha y enseguida empezaron los comentarios y preguntas sobre las razones del terremoto. Al final, matices aparte, resulta que sucedió lo siguiente: estaban en cierta isla del Índico, compartiendo estancia y actividades con otras parejas de recién casados españoles, y congeniaron todos tan bien tan bien que en una discoteca, en uno de los baños, la muchacha pilló al recién estrenado marido comiéndose a chorros a otra reciente esposa. Imaginaos el papelón. Shock, gritos, llantos… Por lo visto la pobre llamó a sus padres para que fueran a recogerla al aeropuerto apenas dos días después. Y fin de la historia.

Y digo yo, ¿para qué coño se casaría el tipo? Como mínimo, la boda simboliza el comienzo de algo nuevo juntos, y empezar ese nuevo proyecto con mentiras y traiciones pues no sé, como que no. Es una doble putada, a mi juicio, aunque los cuernos escocer siempre escuecen, con boda o sin ella. La historia me ha tenido varios días dándole vueltas a la cabeza, y no he podido evitar acordarme de otros casos que creía olvidados y que me han hecho pensar que no es tan infrecuente como podríamos creer. Como Raúl, el hermano de una amiga, que en su luna de miel buscaba excusas cada tarde para ir a llamar a su amante, o como Sandra, que en la suya no paró de tontear con uno de los animadores del hotel, hasta el punto de acostarse con él en los vestuarios del gimnasio una hora antes de que lo abrieran. Lunas de miel… o de hiel. Depende del lado que te toque.

Entre dos mujeres

Todo empezó por un pastel de chocolate blanco. Se lo había dado a probar una compañera del trabajo y le pareció delicioso, así que al día siguiente aprovechó un descanso para bajar a comprarse uno. Era la nueva especialidad de una de esas franquicias que venden todo tipo de cafés y que estaba (sigue estando) al lado de la oficina. Aquella fue la primera vez de muchas y, antes de tres semanas, ya bajaba todos los días.

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Los compañeros empezaron a hacerle coñas con el dichoso pastelito, hasta que uno descubrió que la mitad de las veces ni siquiera se lo comía. No le hizo falta preguntar mucho para dar con la respuesta al misterio. Digamos, más bien, que se dio de bruces con ella una mañana que salía del metro y lo vio a través del escaparate. Entonces lo supo. Era preciosa y joven, bastante más que él. Estaba allí, sonriéndole coqueta detrás de un mostrador, radiante a pesar del ridículo uniforme.

“Me temo que te has metido en un lío”, le dijo cuando ya estaban los dos arriba, sentados el uno frente al otro. Se lo soltó a modo de gracieta, pero no se hacía una idea de hasta qué punto tenía razón. Hasta entonces siempre había sido un tipo normal, aparentemente enamorado de su mujer y de sus dos hijos pequeños y responsable en el trabajo, sin estridencias. Por eso, cuando su comportamiento empezó a ser errático, a muchos les resultó especialmente chocante. Comenzó a ausentarse de la oficina sin avisar, y cada vez por periodos más largos. Descuidó sus tareas, volvió a fumar después de cinco años y perdió más de 10 kilos. Muchos creyeron que estaba gravemente enfermo.

Y de alguna forma, lo estaba. Estaba enfermo de un amor que lo consumía por dentro porque no podía vivirlo plenamente sin destrozar su familia, aquello que más le importaba. “Es como si tuviera que decidir entre cortarme un brazo o una pierna”, dijo una vez, antes de que explotara todo. Y no, según él, no era solo por los niños, amaba a su mujer. O al menos eso decía. “¿Por qué es tan difícil de creer que las quiera a las dos? Si no fuera así todo sería mucho más fácil”, se lamentaba.

La penúltima vez que lo vi acababa de hacer el intento. Había optado por amputarse la pierna, sin desinfectante ni anestesia. Pero como muchos amputados, no dejaba de sentir el miembro fantasma. Poco después todo explotó.

Amantes, pero sin penetración

Los dos tienen pareja, trabajan juntos y están liados desde hace un año. Hasta ahí, nada especial, solo una más de tantas historias de cuernos. Cuando lo descubrí me sorprendió no por la infidelidad en sí, sino porque no pegan absolutamente nada. Se podría decir casi literalmente que son de dos planetas diferentes. Aunque vete tú a saber, quizás precisamente por eso se atraigan.

Mujer bajo la cama

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Como decía, pillarles in fraganti fue una sorpresa, pero sin más. El caso es que ambos, al saberse descubiertos, se sintieron en la obligación de darme explicaciones y, cada uno por separado, me contó su milonga. No les creí una palabra, claro. Resulta que pretendían hacerme creer que, en todo ese tiempo, no se habían acostado. Bueno, acostados en una cama sí que reconocían haber estado, pero poco más. Es decir, que se besaban, se magreaban, se iban de cena y de copas juntos hasta las tantas… pero de follar, nada de nada.

Aunque intenté hacerles comprender que me importaban un pimiento los detalles de su vida sexual, ellos, cada uno con su historia, seguían erre que erre. Fingí creerles para que me dejaran en paz. Hasta que hace unos días, por casualidades de la vida, conozco a una persona que resulta ser íntima de ella y, sin saber mi nexo con ellos, acaba por revelarme todos los detalles. ¡Y resulta que es verdad!

Parece ser que ella se niega a llegar hasta el final, no alcanzo a entender muy bien por qué. Algo me dijo su amiga sobre que estuvo dispuesta a dejar a su novio si su amante dejaba a la suya, pero que él se negó en redondo. Y digo yo, sea cuales sean sus razones, ¿qué sentido tiene?. ¿Cómo narices se puede prolongar una situación así durante nada menos que un año? Mí no comprender. ¿Alguien lo hace?

¿Qué es peor, una infidelidad carnal por sexo, o mental con amor?

Cuando la tentación arrecia, ¿qué es peor? ¿La infidelidad carnal, o la mental? ¿Consumar una mera aunque fuerte atracción física, o involucrarse sentimentalmente con alguien pero sin cruzar la línea? Antes de responder habría que ponerse en ambos lugares, en el del que sufre el engaño y en el del que lo comete. Seguramente la perspectiva cambie. O no.

solo una noche

Fotograma de ‘Solo una noche’

El debate viene de lejos, pero merodea por mi cabeza tras volver a ver Solo una noche, la intimista y honesta cinta de Massy Tadjedin. La película no juzga a los protagonistas, solo plantea el dilema. Joanna (Keira Knightley) y Michael Reed (Sam Worthington) son un joven matrimonio, guapos y triunfadores. Se quieren, sin duda, pero el exceso de trabajo los aboca a una crisis, y en esas están cuando él tiene que enfrentar la fuerte atracción sexual que siente por su sexy compañera de trabajo (Eva Mendes), que va a por todas. Ella, entretanto, se encuentra de imprevisto con un antiguo amor, alguien con quien fue feliz y a quien, de alguna forma, nunca ha olvidado.

Aunque la peli es de 2011, no quiero meter ningún spoiler, por si acaso, pero sí diré que, como consecuencia de lo anterior, ambos tendrán que replanteárselo todo. ¿Qué es más peligroso? ¿Qué duele más? ¿Qué es más difícil de perdonar? La propia Keira Knightley decía en una entrevista a ABC que, durante el rodaje, ella cambiaba de opinión cada cinco minutos, al igual que el resto del equipo.

Para mí fue la típica película sobre la que sigues dando vueltas horas después de salir del cine. En frío es fácil pensar en ello, pero supongo que, para poder resolver esa pregunta, hay que pasar por ello. Y cada uno tendrá su respuesta, en función de sus propias experiencias. En ambos casos, alguien lo pasará mal. Algunas parejas superarán eso, otras se romperán. Pero es algo que puede pasar en cualquier momento, y a cualquiera, ya sea a un lado o al otro. Nadie debería sentirse a salvo de eso. Sea como fuere, merece la pena meditar sobre ello, aunque yo, a día de hoy, sigo como Keira. Ahora pienso una cosa, y dentro de cinco minutos no.

 

La maldición del ex que ni come ni deja comer

No es nada nuevo. Hasta a Lope de Vega le dio para escribir una de sus míticas comedias, allá por 1618… Pero el perro del hortelano sigue a la orden del día. Ni come ni deja comer, el maldito. O la maldita, porque no entiende de sexos.

pelea de novios

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En este caso vuelve a mi mente por el caso de una amiga, de la que ya os he hablado anteriormente. Os resumo rápidamente: 10 años de pareja, dos de ellos casados. Están intentando tener un hijo y un día, de repente, él le dice que se ha dado cuenta de que no la quiere y adiós muy buenas. No hay margen para ningún intento de nada; el argumento es aplastante.

Lo de después ya lo imagináis. Lágrimas, psicólogo, descenso a los infiernos y un día, al fin, un poco de tregua. Y entonces, cuando empezaba a respirar, conoce a alguien. El mundo es un pañuelo y, a las pocas quedadas, alguien le va con el cuento al ex. Resulta que los ha visto de la mano entrando en el cine.

Dado lo poco que la quiere, es decir, nada, lo lógico es que no le hubiera importado. Es más, sabiendo como sabe lo mal que lo ha pasado, lo normal es que, aunque fuera por los años compartidos, se hubiera alegrado. Más que nada porque así aligeraría la culpa y el mal sabor de boca. Pero no, el tipo lo que siente es un ataque de cuernos como una catedral y empieza a dar por culo.

Aparece por la casa de ambos cuando ella está haciendo cajas, recogiendo sus cosas, sin previo aviso, y le pone ojitos mientras intenta por todos los medios cualquier acercamiento. La llama, le manda mensajes… Y cuando ella parece flaquear, se vuelve implacable de nuevo. Una de cal, otra de arena y así hasta la eternidad, mientras lo dejen, claro. No la agarra, pero tampoco la suelta. El resultado es ella vuelta loca y sin saber qué hacer, qué pensar ni qué decir. Entretanto, el otro ha dado un paso atrás, a ver si se aclaran. ¿Qué otra cosa podía hacer, el pobre? Así no hay quien pueda.

La erótica del poder

“El poder es el mejor afrodisíaco”, dijo Kissinger. Y seguro que sabía de lo que hablaba, que por algo ha sido uno de los políticos más influyentes y poderosos del siglo XX. Estos días, viendo las noticias que llegan del Elíseo, no he podido evitar acordarme de aquello. En esta ocasión, se trata de un nuevo escándalo privado/sentimental con el presidente de la vecina república como protagonista y que ha acabado con la todavía primera dama, Valérie Trierweiler, ingresada debido al “fuerte golpe emocional”. La razón: los presuntos amoríos del susodicho con la actriz Julie Gayet, publicados el viernes por la revista Closer.

EFE

EFE

Una versión posmoderna de El príncipe y la corista, solo que con cuernos de por medio. Claro que no sé por qué se sorprende la afligida Valérie, porque es exactamente lo mismo que le pasó a la socialista Ségolène Royal, madre de los cuatro hijos de François Hollande y su esposa durante 30 años, cuando allá por el 2007, estando todavía casados, se lió con ella. Quien a hierro mata a hierro muere, que diría mi madre, aunque ya os he dicho otras veces que mi madre es una chunga.

Más allá del tema cuernos, con todo el jaleo que se ha montado, no he podido evitar mirar una foto del causante de tanto revuelo y pensar: ¿cómo demonios se las arregla este hombrecillo con pinta de oso amoroso para ser un auténtico fucker? Porque la lista no se queda en la glamourosa periodista ni en la conocida actriz francesa; antes hubo bastantes otras, casi siempre mujeres más jóvenes y hermosas. Y así, pensando en estas cosas, me acordé de su predecesor, Nicolas Sarkozy, y de sus flamantes zapatos con tacón, al más puro estilo Fary, junto a la siempre bella y enigmática Carla Bruni.

¿Pero cómo es posible? Y ahí es donde las palabras de Kissinger reaparecen en mi cabeza con una vigencia absoluta. Y no, no se trata solo de políticos ni ricachones. Actores, jefes, profesores… el poder se ejerce en cualquier ámbito de la vida y funciona como un imán, una especie de piedra filosofal capaz de convertir al más anodino de los seres en objeto de profunda atracción y deseo. ¿Misticismo?, ¿idealización?, ¿fantasía? Sea como fuere, es algo real. El poder embriaga. Lo que pasa es que luego hay que tener cuidado con la resaca.

Polvos que curan

A veces pasa. Cuando más jodido está uno, cuanto más pisoteado el corazón y anémica la autoestima, se cruza alguien que pone del revés nuestro dolor, lo relativiza y nos ayuda a encontrar el camino para curar las heridas. No hablo de amigos, sino de completos desconocidos/as que la vida te pone delante en el momento adecuado para darte justo aquello que más necesitas. Eso sí, durante un breve espacio de tiempo, el justo.

No, no es un rollo utilitario, ni un polvo cualquiera para intentar olvidar. Son una especie de ángeles enviados por no sé quién para provocar auténticas catarsis. O al menos así los consideran quienes han tenido la suerte de cruzarse con uno. Mi amiga Beatriz es una de ellas. Llevaba con su chico desde el instituto, un amor de los de toda la vida. Se casan y a las pocas semanas él se va tres meses a hacer un master a México. El día anterior a su marcha, Beatriz recibe la noticia de que su padre, al que adora, tiene un cáncer inoperable, y a partir de ahí todo explotó.

Mujer se acaricia el hombroEl marido se debió de trastocar con el tequila y las rancheras y decidió que era el mejor momento para tener una amante, una que lo sacara de la rutina de su compañera de tantos y tantos años. Su matrimonio duró lo mismo que su padre: ocho meses. Ocho meses de infierno en los que su marido no dudó en pasárselo todo por el forro y decirle a bocajarro que él necesitaba vivir experiencias, entrar, salir y hacer lo que le saliera del alma.

Ella se convirtió en una piltrafa; la sombra llorosa y arrastrada de la mujer que un día fue y que no se podía creer lo que le estaba pasando. Se engañaba pensando que el viaje lo había cambiado pero que pronto se daría cuenta de todo y volvería a ser él, el de siempre. Pero no. Solo juergas, copas, cuernos y más cuernos. Mientras, ella fingía ante su padre, al que le ocultó todo. El día que murió, su aún marido no estuvo a su lado: resulta que la música del bar en el que estaba no le permitió oír las 15 llamadas perdidas. “Cómo lo siento, Bea, sabes que lo quería muchísimo, no creía que estuviese tan mal…”

Semanas después ella estaba sentada frente al palacio real, en Madrid, leyendo. Y un hombre con acento norteamericano se acercó a preguntarle que qué leía. No miente cuando dice que era muy atractivo, he visto las fotos. Duró solo el fin de semana porque él, productor de cine, tenía que volver el mismo domingo a Los Ángeles, donde vivía. Ella, tan blanquita, acabó con moratones y la piel enrojecida de tanto roce. 48 horas sin casi salir de la cama, salvo para comer, hidratarse e ir al baño.

Pero no fue solo sexo… fue mucho más. Besos en heridas abiertas en carne viva, palabras medicinales, charlas interminables sobre lo divino, lo humano y los secretos del averno. Vendas caídas y ojos abiertos. Y de repente, algo cambia. A los dos días su marido pasa por casa para decirle que todo ha pasado, que se ha dado cuenta de lo mucho que la quiere, que lo perdone pero que era un proceso por el que tenía que pasar.

Ella asegura que hasta compasión llegó a sentir entonces, cuando le dijo que le diera las llaves de la casa alquilada que compartían y que no quería volver a verlo nunca más. Le costó creérselo, al tipo, hasta que el abogado de Bea, el único con el que pudo hablar desde entonces, acabó por convencerlo. Hoy es un hombre divorciado y libre, pero me cuentan que ya no tiene tantas ganas de juerga.

Amistad, amor… y traición

Eran tres parejas jóvenes, de treinta y pocos, y parecían muy amigos. Puede que estuvieran de celebración o, simplemente, que hubieran salido a cenar solo por el placer de disfrutar de su compañía mutua. Resultaba obvio que no era la primera vez.

Entre el ruido de ambiente propio de un restaurante en Malasaña (Madrid) un sábado por la noche era difícil alcanzar a entender nada de lo que hablaban, pero saltaba a la vista que lo estaban pasando en grande. Bromas, anécdotas, carcajadas… Desprendían complicidad y buen rollo, con risas que sobresalían del resto y contagiaban a todos los presentes. Parecían felices.

copas y amigosReconozco, que, desde mi mesa, alguna vez los miré con envidia. Podría decir que era de “la buena”, pero ¿realmente eso existe? Yo estaba allí porque mi amigo Nacho es uno de los camareros y, cada vez que puede, se tira el rollo y nos hace suculentos descuentos a los amigos más pobres. Era él quien atendía a la mesa del amor y la diversión.

El caso es que terminamos la cena, pagamos y nos fuimos al garito de al lado a tomar una copa mientras esperábamos a que Nacho terminase su turno. Al salir dediqué una última mirada al grupo de amigos, que allí seguía, a lo suyo. Pude ver a una de las chicas con lágrimas en los ojos de la risa, mientras otra chocaba la palma de la mano con el chico que tenía enfrente, en plan equipo.

Una hora y media después, cuando apareció Nacho, sacó algo del bolsillo del abrigo que nos dejó a cuadros. Un posavasos. “Lo he encontrado al recoger la mesa de esos seis”, dijo. En el reverso podía leerse: “Llámame luego, cuando Laura esté dormida. A la hora de siempre. Me muero de ganas de ti”.