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Que el fin del mundo nos pille cachondos

Esa fue la frase que me soltó una de mis amigas, cuando discutíamos sobre el ambiente que se respiraba en Madrid y Barcelona, ante un posible nuevo confinamiento.

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“O bueno, más que cachondos, servidos”, especificó.

Ninguna de las dos tenía ninguna duda de que la atmósfera estaba cargada de tensión sexual. Y solo teníamos que meternos en nuestras redes para confirmarlo.

Una encuesta rápida entre mis seguidores nos dio la razón por partida doble. Las temperaturas habrán bajado en las calles, pero estamos muy calientes.

Y sí, tanto con pareja como sin ella. Puede que para la gente soltera, esto sea todavía más evidente. Quien se ha cambiado de ciudad, de trabajo, de piso, círculo de amigos y está en proceso de conocer gente, la distancia física resulta especialmente dura a la hora de tener citas de manera convencional.

Como si nunca se hubieran sentido tan solos como ahora, en realidad.

Aunque también a las relaciones de pareja -sobre todo si no conviven juntas- les afecta el fenómeno. Las fotos sugerentes, vídeos eróticos o conversaciones subidas de tono han aumentado.

Pero, ¿qué es lo que nos pasa? ¿Por qué esta revolución sexual, que pensábamos que se iría apagando en cuanto pudimos salir de casa, está en su punto más álgido?

Las restricciones, la ristra de medidas que siguen sin permitirnos movernos ni relacionarnos como antes, en definitiva, estar separados, nos lleva a tratar de buscar vías alternativas que nos acerquen.

Físicamente no es recomendable, pero podemos ‘tocarnos’ de forma digital. Conocernos, conquistarnos o incluso tener actividad sexual se da ahora a través de una pantalla.

De ahí que, ya que son los ojos los primeros receptores, nos dejemos de miramientos y vayamos a saco con contenidos explícitos.

Es decir, se ha dado un cambio. Hemos avanzado un paso en lo que era aceptable en cuanto a niveles de excitación (y en expresarlo). Estamos salidos y no tenemos problemas en demostrarlo.

Además, la facilidad que nos da internet de poder llegar a ese punto con cualquier persona, desconectarnos si perdemos interés o incluso bloquear si nos resulta demasiado, es imposible de lograr en la vida analógica con quedadas cara a cara.

Estamos más lanzados que antes porque tenemos todo el tiempo del mundo para darle vueltas a lo que nos estimula.

Hasta hace poco, nuestra vida era ir al trabajo, al gimnasio, esa escapada con las amigas, noche de discoteca o comida familiar multitudinaria los domingos.

Nuestros deseos latían bajo todas esas cosas, sí, pero en un segundo plano por el peso de la vida social. Y, ahora que no tenemos nada de eso, son los únicos protagonistas. Junto a mantener altas las reservas de papel higiénico, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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Amiga, si no sabes ni por dónde empezar a tocarte, prueba así

Tuve mucha suerte. La masturbación fue algo sencillo y natural para mí. No necesité que nadie me la descubriera.

Me bastó con dejarme llevar de forma instintiva por lo que mi cuerpo parecía pedir. Y, poco a poco, investigando, viendo qué me gustaba, lo que no me funcionaba y lo que realmente me encantaba, llegaron los orgasmos.

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Claro que no es el caso de todas. Entre que la anatomía femenina debería venir con mapa y manual de instrucciones y que todavía muchas viven sus genitales con vergüenza, me encuentro con mujeres de edades muy diferentes que no saben ni por dónde empezar.

Puede parecer obvio, pero la primera manera de romper el hielo es coger un espejo, sentarse despatarrada en el baño o en la habitación -o en cualquier sitio donde se pueda tener intimidad- y mirar por qué produce tanto escándalo por lo de ahí abajo.

Ese amasijo de pliegues de carne también eres tú. Y ¡eh!, sean del color o tamaño que sea, son tuyos. Hay que celebrarlos porque nos traen muchas alegrías (tal y como vas a aprender en un rato).

Identificar qué es cada cosa, sirve de gran ayuda. No ya solo por saber dónde ir a tocarte, también por si alguna vez notas algún escozor o sangrado fuera de sitio, sepas identificar de dónde viene (y si hay que tomar medidas al respecto).

Primer paso completado, ya quedan más o menos claros los puntos cardinales. Uno de los que más interesan es el norte.

Después de eso, lo ideal sería retirarte a un sitio más cómodo (la cama o el sofá) y recordando lo que has visto, empezar a explorarlo con los dedos.

Aunque si te parece que es ir demasiado al grano, también puedes esperar a que Chris Hemsworth se quite la camiseta en la película (en Extraction tienes la escena a los pocos minutos) o ponerte un podcast de contenido erótico y ver no solo qué sensaciones despierta por abajo, sino en qué parte.

La prueba no falla, es ahí donde tienes que dirigirte. Y ese ‘ahí’ suele ser el clítoris.

Si te acuerdas de la imagen del espejo, caerás en que está cubierto por una especie de capucha. No la retires y simplemente masajea por encima de ella (y cuidado con las uñas).

Hay muchas formas de hacerlo y según vayas conociéndote igual cambias la técnica, pero la más sencilla es utilizar solo la punta de tu dedo índice, ya sea en círculos o de lado a lado.

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A partir de ahí, si sigues insistiendo, notarás como la sensación comienza a ser más intensa. Como si estuvieras cuajando una bola de nieve que crece por momentos.

Ármate de paciencia, respira hondo, deja la mente en blanco y no pares. Centra tu atención en lo que te está transmitiendo tu propio cuerpo y disfruta de los latidos acelerados, los primeros ‘calambres’, el sudor y la respiración agitada, síntomas de que vas por buen camino.

Incluso puedes ‘ayudar’ a que resulte todavía más intensa la presión si contraes los músculos de tu vagina hacia adentro.

A cada una de nosotras le lleva un tiempo distinto. Lo que no te recomiendo es que te estreses y lo dejes, pensando que tardas demasiado y no llegas al orgasmo.

Llegarás, de verdad. Y te darás cuenta porque, justo antes de correrte, tu cuerpo te parecerá una olla a presión que solo quiere explotar.

Pero cuanto más te agobies, te midas y, en definitiva, tengas a tu cerebro preguntándose si estás mal hecha en vez de desconectado porque estás disfrutando, te resultará más difícil disfrutar.

Ahora solo te queda dejar la pantalla, probar a tocarte y repetir las veces que quieras.

Duquesa Doslabios.

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El relevo de los succionadores: juguetes sexuales que ven (y tocan) más allá del clítoris

¿Te acuerdas de Sexo en Nueva York? Uno de los mayores hitos de la serie fue convencer a sus espectadoras de que necesitaban en sus vidas un vibrador.

El fenómeno que desencadenó hace 20 años es solo comparable al que, dos décadas después, está arrasando: el succionador del clítoris.

LELO

Si a finales de los 90, la ficción de HBO rompía el tabú de la masturbación femenina y reivindicaba el placer, con el succionador se daba el siguiente paso. Ya no bastaba solo con pasarlo bien, lo suyo era disfrutar yendo a la propia fuente del placer.

Y sí, era necesario, porque midiendo tan solo un centímetro, y con la mayor parte de la estructura por dentro, quedaba relegado a un segundo plano (o incluso olvidado) dentro de la intimidad.

Sin embargo, no sé hasta qué punto los succionadores nos han solucionado la vida. Que proporcionan placer es innegable, pero por otra parte, resulta un disfrute casi mecánico.

Como me comentaba una compañera periodista, los succionadores son demasiado automáticos.

Casi comparables a comerse una cheeseburger de cualquier cadena de comida rápida para matar el gusanillo, cuando lo que en realidad te apetecía era una buena hamburguesa.

Sin embargo, hay vida más allá de los orgasmos casi instantáneos y es lo que la industria de los juguetes también quieren hacernos recordar.

Aunque, quizás más que de vida, debería hablar de calidad sexual.

En eso se centran los artículos que se encargan de dar placer en otras zonas. Una serie de juguetes que recuerdan que estimular el clítoris no es solo centrarse en el trocito que queda a la vista.

Al final, son casi 10 centímetros más los que quedan dentro del cuerpo, divididos en dos ramificaciones que rodean la vagina (como si fuera una Y). De ahí que todo lo que suceda por dentro sea igual de importante a la hora de despertar a esas miles de terminaciones nerviosas.

Por eso es fundamental que el relevo de los succionadores pase por reivindicar las sensaciones que nacen a través de las paredes vaginales y un buen ejemplo de que la industria ha tomado nota de esto, es el Soraya Wave de Lelo.

Claro que la parte externa del clítoris recibe una vibración capaz de generar el clímax, pero lo que me parece más interesante es el movimiento que incorpora el propio juguete y que desencadena cascadas de placer a nivel interno.

Y es que el extremo que se introduce se contrae hasta tocar las paredes tras las que se encuentran esas ramificaciones de la ‘Y’. Como si realmente fueran un par de dedos acariciando la zona.

La diferencia a nivel disfrute no solo es mucho más completa, también nos permite conectar con zonas de nuestra vagina a las que quizás no sabemos bien cómo llegar y que esconden tanto o más placer como lo que tenemos a la vista (y al alcance de la mano).

Si la revolución sexual de 2019 ha consistido en poner el clítoris sobre el ‘mapa’, tal vez 2020 es el momento de recordar(nos) -ya sea experimentando por nuestra cuenta o con este tipo de juguetes, siempre sin prisa y con curiosidad- que hay varias formas de sentir placer más allá de la que resulta tan obvia y sencilla.

Que es igual de importante pasarlo bien como conectar con una misma. Aprender a conocernos averiguando cómo disfrutar de todas las formas que podamos.

Duquesa Doslabios.

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Si nunca has tenido un ‘squirt’ o encontrado tu punto G, ¿tu vida sexual es aburrida?

Tengo una amiga que no hace cine erótico, pero podría protagonizar cualquier película si le diera por ahí. Es la única mujer que conozco -por el momento- que, cuando llega al orgasmo, necesita ponerse una toalla por debajo, ya que suele empaparlo todo.

LELO

Y cuando digo todo, es todo, hasta el punto de que una de las últimas veces, la toalla se quedó corta y tuvo que recurrir a la fregona.

Es de esas mujeres capaces de experimentar el squirt, que consiste en expulsar un líquido transparente (que, en parte contiene orina) a presión, cuando se alcanza el clímax.

Ella es consciente de que no es tan común como podría parecer en la pornografía cuando sus acompañantes se sorprenden al verlo en directo.

Y esa es una de las cosas que me irrita de la industria de cine adulto, que hacen del squirting algo tan extendido, que es casi raro que nunca lo hayas tenido.

Pero claro, a nivel visual, el estímulo es inmenso para el espectador masculino, de ahí que en la mayoría de películas sea algo que se finja para que no falte en la trama.

Topicazos del porno aparte (que ya sabemos que no es precisamente la mejor representación de la realidad), claro que siento curiosidad por el squirt.

Pero, aunque, una parte de mí se pregunta cómo tiene que ser eso de terminar empapada, tampoco siento que a mi vida sexual le falte nada.

El clítoris tiene 8.000 terminaciones nerviosas -independientemente de si experimentamos el squirt-, una proporción que nos garantiza dosis de placer cada vez que se estimula la zona.

Por eso me niego a agobiarme con todos los nuevos términos que parece que estamos obligadas a conocer. Ya no basta con encontrar tu punto G, ahora tienes que descubrir el punto A, el punto U, el punto K y aprender la mecánica para terminar en un squirt.

Basta.

Claro que es maravilloso explorarnos y descubrir nuevas zonas con las que disfrutar, pero también podemos pasarlo bien y llegar por igual al orgasmo sin tanta letra ni teoría.

No quiero pensar en mi cuerpo como un mapa que tengo que seguir a rajatabla, agobiándome si por lo que sea, no llego al destino indicado. Más bien limitarme a disfrutar del trayecto, sea cual sea y me lleve a donde me lleve.

Duquesa Doslabios.

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Qué es lo que convierte en épico un polvo según los ‘millennials’

Hay muchos tipos de sexo. Tantos que, la mejor comparación que se me ocurre, es con el mostrador de una heladería (y no solo porque, curiosamente, tanto un sabor como una variedad compartan el nombre de ‘vainilla’).

DUREX

Pero no todos los recordamos por igual. Hay algunos que se clavan en la memoria después de hacerlo en las entrañas.

Y hoy he venido a hablar de ellos.

No solo yo, que ya me tienes muy leída. En esta ocasión, la opinión sobre las características que reúnen los que entran en esta categoría, es un poco mía, pero sobre todo de otros amigos y conocidos de mi edad.

  • Empiezo rompiendo el hielo con el que es, para mí, el básico de cualquier polvazo: sentirme cómoda. Algo que va desde tener la confianza como para poder decir lo que mi cuerpo necesita, hasta disfrutar plenamente del momento y del lugar, sin más preocupación que la de dejarme llevar para disfrutar.
  • “Que puedas recordarlo con una risa y mordiéndote el labio” es otra de las respuestas que comparto. Al fin y al cabo, no hay combinación más explosiva que la que forman humor y placer. Y, si tan solo de pensar en ello, las reacciones son tanto un recuerdo agradable como uno excitante, se merece el 10.
  • Quiero matizar el “que incluya sexo oral” por “que sea variado”. Imitar hasta el hastío las dinámicas del porno u obviar que hay otras maneras de disfrutar más allá de la penetración, hace que cualquier experiencia quede un poco coja. Así que olvida eso de que es una práctica relegada a los preliminares y ponlo en práctica en cualquier momento.
  • Me llama la atención que una de las respuestas más repetidas haya sido “correrse a la vez”. Quizás porque, para mí, nunca ha sido algo importante. No somos relojes, no hace falta sincronizarse y agobiarse al respecto si lo hacemos a destiempo. Sin embargo, puedo entender que llegar al orgasmo en el mismo momento puede ser un broche estupendo. Aunque mejor no obsesionarse con ello.
  • Que la noche ha sido un éxito se resume en las afirmaciones de “acabar con el chichi escocido” o “terminar con agujetas”. Despertar al día siguiente con arañazos, algún mechón de pelo arrancado (de quién y de dónde sea) y otras ‘heridas de guerra’ son sinónimos de que nos hemos dejado la piel, literalmente.
  • Por supuesto, el estatus de ‘polvo épico’ no se limita solo a los genitales. “Que se te olvide dónde estás o la noción del tiempo. Disfrutar del otro a nivel íntimo, no solo a nivel sexual” es otra de las afirmaciones con las que coincido de lleno. No todas las conexiones consiguen llegar más allá de los cuerpos y, cuando se combinan ambas, es pura magia.
  • Es algo que podría resumirse en “compenetración” o “complicidad”, otros requisitos que también han aparecido en mi encuesta. ¿Cuántos casos conocemos de polvos que fueron un éxito gracias a la química y otros que, pese a haber mucha atracción física, se quedaron en menos por la falta de ella?
  • Me parece fundamental que en las respuestas saliera la reciprocidad: “Que haya equilibrio”. Esto es un juego de equipo, no una partida al solitario, así que lo normal es que ambas personas estén al tanto de que no haya desigualdad y estar pendientes de que, si ya ha bajado, ahora te toca hacerlo a ti.
  • “Darle rienda a suelta a todo”, pero no solo a las fantasías. Poder expresarte libremente a nivel sexual con sonidos, jadeos, miradas, caricias o cachetes, da igual. Dejar fuera de la cama el trabajo, los problemas, los compromisos y…
  • “desactivar el cerebro racional y que solo quede el instinto animal”.

Duquesa Doslabios.

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¿Comprarías un juguete sexual ‘prohibido’? Ahora puedes (si te atreves)

Puede que la palabra más buscada de 2020 sea ‘coronavirus’, pero ¿cómo olvidar que, hace poco, vivimos un glorioso momento en el que ese puesto lo ostentaba el Satisfyer?

EROTICFEEL

Aquel estimulador de clítoris se convirtió en lo más comentado en grupos de amigas, sobremesas familiares y hasta Twitter. Sin embargo, el furor por el succionador (y todos los modelos de este estilo que salieron reivindicando el placer de esa zona) podría verse amenazado.

La culpa sería de un juguete que se ha ganado la etiqueta de prohibido por su curiosa historia y que, dentro de nada, estará a la venta en España.

Pero empecemos por partes. Quien puede que sea conocido en breves como el nuevo Satisfyer es el Osé, que iba a ser el ganador de la pasada edición del CES -la feria de electrónica de Las Vegas- hasta que fue retirado por “inmoral, obsceno, indecente y profano”.

(Si quieres saber más de por qué le retiraron el premio a la innovación, en este artículo te explicamos todo sobre el asunto)

Un año después, el producto estrella de la marca Lora DiCarlo aterriza en España. Y sí, está dispuesto a revolucionar el cajón de la mesilla de noche tanto o más que el estimulador.

Lo que tiene de especial Osé es que no se limita a estimular la parte externa del clítoris, también cuenta con un apéndice que promete saber encontrar el punto G que muchas nos pasamos toda la vida buscando.

Y, lo mejor de todo, es que lo podría hacer incluso a distancia mediante control remoto.

Aunque este universo de posibilidades que se abre ante nosotras no estará disponible hasta el 5 de octubre en Eroticfeel (a no ser que ya lo vayas reservando en la preventa), podemos ir fantaseando al respecto.

Porque, lo que no puedo negar es que para mí, uno de los principales atractivos -y por contradictorio que resulte-, es precisamente la razón por la que el juguete fue descalificado en su día.

Al final, resulta eso cierto de que, cuanto más se te niega algo, más ganas tienes que probarlo.

Como decía un amigo mío “Si algo tenemos que agradecerle a la Iglesia es que prohibiera el sexo, sin eso, hacerlo no sería tan divertido”.

Duquesa Doslabios.

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Esto es lo peor que puedes hacer si ella tarda en llegar al orgasmo

“Venga, córrete ya” es de las frases más chocantes que, como mujer, me han tocado escuchar.

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Sí, comparte las primeras posiciones de la lista junto al “¿No estarás en esos días del mes?” o “¿Cuándo tienes pensado casarte?”, otras de las más clásicas que te toca aguantar a menudo a lo largo de la vida.

Aunque claro, estas dos últimas suelen decirse mientras llevas ropa puesta y no estás teniendo sexo, que es cuando puede surgir la primera.

De entre todas las cosas que pueden sacarme mentalmente del momento íntimo -entre las que incluyo el pitido del lavavajillas cuando ha terminado el programa, que suene el timbre o que mi madre me conteste un WhatsApp-, la urgencia de tu acompañante por tu orgasmo, es casi la peor.

No es ya solo que pierda la concentración sexual, es que, por lo general, esa frase viene acompañada de mucho más.

Cuando hace acto de presencia no es al principio (sería un poco absurdo -y aún menos habitual- esperar un orgasmo en los primeros minutos), más bien al rato de estar en plena acción.

Por un lado, entiendo a la perfección el deseo de la otra persona, que tiene interés en que los dos sientan placer llegando a alcanzar el clímax, aunque sea en momentos diferentes.

Pero para nosotras, ese tipo de prisas no son buenas. Más que nada porque no desencadenan una respuesta positiva potenciando la excitación, todo lo contrario.

Cuando te toca escuchar que a ver si te corres, que estás tardando mucho o que si todo va bien porque no has llegado todavía, en tu cabeza se filtra la idea de que estás fracasando como amante y aburriendo a tu acompañante.

Y lo cierto es que, para empezar, nuestro orgasmo es diferente del de los hombres (si quieres profundizar, te recomiendo este artículo).

Tampoco nos podemos olvidar que, a nivel excitación, en cuanto perdemos un poco el hilo, nos toca empezar de cero.

Que las películas porno muestren unos maxiorgasmos femeninos solo con la penetración, no es de gran ayuda. La mayoría de nosotras solo llegamos a alcanzarlo mediante la estimulación directa del clítoris.

Es decir, da igual que estés 45 minutos con una postura de ‘misionero’ digna del kamasutra si el clítoris no está siendo alcanzado.

¿Concusión? Paciencia y, en todo caso, preguntar más que imponer.

Si tienes dudas de si lo estás haciendo bien o si estás yendo por el buen camino, es tan sencillo como cerciorarse con un simple “¿te gusta así?” o un “¿cómo te gustaría que hiciera?”.

Duquesa Doslabios.

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Los mitos de la masturbación masculina: ni te vuelve estéril ni hace que disfrutes menos del sexo

¿Quién no ha oído en la adolescencia que los granos eran culpa de la masturbación? Parecía la única responsable de que el acné nos revolucionara la cara en aquellos años.

DEREK ROSE

Y aunque cada uno se encargaba de desmentir este mito a su manera (ya fuera viendo que no salían granos, como fue mi caso, o que, años después, sin masturbarnos tanto, siguen saliendo), lo cierto es que hay mucha leyenda suelta.

Y sobre todo en cuanto a masturbación masculina se refiere. Que si causa adicción, que puede solucionar problemas de salud…

Ante tantos rumores, mejor preguntar a un especialista. Es lo que han hecho desde Myhixel -el método que ayuda a controlar la eyaculación- junto al Dr. Jesús Eugenio Rodríguez, director del Instituto Sexológico Murciano y jefe de investigación del producto, quien aclara si son ciertos o no algunos de los mitos más comunes y extendidos en la sociedad.

Te puede interesar: Entre videojuego y masturbador, el ‘entrenador’ que te ayuda a vencer la eyaculación precoz

Quizás el más preocupante de todos sea si pone en riesgo la fertilidad, lo que el experto se apresura en desmentir. “No hay evidencia científica que señale que masturbarse afecte negativamente a la fertilidad”. Es más, sería incluso recomendable.

“La masturbación no la debemos abandonar y es óptimo que se haga cada dos o tres días para renovar esperma y aumentar las posibilidades de tener hijos, la calidad del semen se optimiza cuanto más se eyacula: aumenta el movimiento de los espermatozoides y disminuye la fragmentación del ADN espermático (roturas o lesiones en el material genético). El volumen y la calidad tardan unas 48 horas en recuperarse. Las relaciones todos los días no conceden al testículo el tiempo suficiente para que vuelva a producir tantos espermatozoides”, afirma el Dr. Rodríguez.

Aunque no es tan alarmante como el primer mito, también hay quienes temen que masturbarse signifique que tener sexo en pareja no vaya a ser igual de placentero.

Sin embargo, ya que es una forma de autoconocimiento, es la manera de saber qué clase de estímulos nos funcionan y, por tanto, poder aplicarlo una vez estemos acompañados en la intimidad.

Eso sí, ya lo avisa el Dr. Rodríguez, cuanto más se hace, más apetece hacerlo: “La masturbación es una actividad que debería mantenerse activa a lo largo de todo el ciclo vital, independientemente de que tengamos pareja o no“.

“La virtud está en el punto medio, ya que hacerlo compulsivamente puede ser tan problemático como no hacerlo”, o en otras palabras, no hace falta tocarse a todas horas.

Y es que además de dar un rato de placer, es también un potente aliado para reducir el estrés: “La respuesta neuroquímica asociada a un orgasmo provoca efectos muy similares a un ansiolítico y un antidepresivo”, afirma el Dr. Rodríguez.

“Nuestro cerebro libera sustancias neuroquímicas como la dopamina y la oxitocina, que están relacionadas con sentimientos de relajación y felicidad, en especial la dopamina, también conocido como el neurotransmisor del placer”, un motivo más que bueno como para ponerlo en práctica (sobre todo en época de exámenes o de mucha presión en el trabajo).

Por último, que masturbarse pueda evitar desarrollar ciertas enfermedades, es otra de las leyendas que nunca parecen confirmarse del todo.

En lo que a las infecciones del tracto urinario respecta, más vale hacer pis dentro de los 30 minutos posteriores de haber eyaculado para reducir las probabilidades de que las bacterias colonicen la zona.

“Recientes revisiones científicas señalan que eyacular entre 2 y 4 veces a la semana está relacionado con un menor riesgo de sufrir cáncer de próstata”, afirma el Dr. Rodríguez una buena noticia que significaría que el placer es, para los hombres, una forma de mantenerse saludables.

Duquesa Doslabios.

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‘La masturbación a solas es la práctica más segura ahora mismo’, palabra de sexóloga

Puede que muchos se hayan centrado en la gastronomía o el ejercicio en casa para sobrellevar la cuarentena (el furor por la harina y la levadura, agotadas en todos lados, son la mejor prueba).

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Pero más allá de la cocina y las rutinas en medio del salón, hay otra actividad igual de interesante que también es clave para pasar estos días: la masturbación.

Entre el distanciamiento social, sobre todo en el caso de las personas que viven solas, y que ya no se puede tener sexo ocasional, no hay otra opción.

Ante la incertidumbre de cómo cambiará nuestra forma de relacionarnos en las fases de desescalada, se presenta como la vía más segura.

Algo que confirma Ana Lombardía, psicóloga y sexóloga (la encuentras en Sexoenlapiel.com), quien en una pequeña entrevista, me recuerda su importancia, en especial estos días.

¿Es el sexo más seguro que podemos tener en estas circunstancias?
Lamentablemente, a día de hoy el contacto con otras personas es una fuente de riesgo de infección al COVID19. Esto incluye, por supuesto, las relaciones sexuales. Con la masturbación, estando a solas, no corremos riesgo de contagio y, además, evitamos infectar a otras personas. Es la práctica más segura ahora mismo para seguir disfrutando de la sexualidad.

¿También hay que innovar para no aburrirnos?
Masturbarse con frecuencia y siempre de la misma manera puede provocar sensación de aburrimiento y hastío en algunas personas. Además, en algunos casos puede hacerse menos satisfactorio y convertirse en un proceso mecánico, cuya única función es la del desahogo y no la de disfrutar, excitarnos y jugar. En algunos casos puede ser interesante buscar nuevas formas de masturbarse: utilizar otros movimientos con las manos, usar juguetes, probar otros estímulos como la literatura erótica o los cómics eróticos…

¿De qué forma puede ayudarnos a conectar con nosotros mismos?
La masturbación consciente puede ayudarnos a ello. Es una forma de autocuidado y autoconocimiento. Nos damos placer, nos descubrimos, pasamos un rato con nosotros mismos sin más distracciones… Somos conscientes de nuestra persona, de nuestro cuerpo y de nuestras emociones.

Con tanta gente en casa, ¿cómo encontrar un momento de intimidad para hacerlo?
Cuando no estamos solos en casa, el encontrar un rato de intimidad para masturbarse puede ser complicado. Dependiendo de las posibilidades de cada casa, y de las normas y hábitos de cada familia, buscaremos la forma de tener intimidad. A veces, el cuarto de baño es el único espacio de intimidad que se respeta en algunos hogares. Por ello, el momento de la ducha puede ser una buena idea. El uso de pestillos en las puertas me parece básico para evitar interrupciones no deseadas. También podemos utilizar el ruido de la televisión o la música para acallar los gemidos y evitar ser descubiertos.

¿Es normal estar aislado con tu pareja y seguir masturbándote?
Es perfectamente normal y saludable estar aislado con la pareja y seguir masturbándose. La masturbación y el sexo en pareja son dos formas de sexualidad totalmente distintas, por lo que pueden ser complementarias y es normal que nos apetezca disfrutar de ambas.

¿Cómo interpretas el repunte en ventas de juguetes sexuales durante la cuarentena? ¿Son imprescindibles?
Los juguetes sexuales no son imprescindibles pero sí son un muy buen aliado en las relaciones sexuales, tanto a solas como en pareja. El estar encerrados en casa ha hecho que tengamos que ponernos más creativos a la hora de buscar formas de ocio y los juguetes sexuales son un fantástico recurso.

Duquesa Doslabios.

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Toda una vida sin punto G

Cada poco tiempo salen nuevas noticias del punto G: “Qué es y dónde encontrarlo”, “Las cosas que no sabías de él” o “¿Cómo afecta el tamaño a la hora de estimularlo?”.

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Esa obsesión silenciosa por dar con botón del placer lleva dando vueltas desde los 80, cuando se afirmó que existía esa zona erógena. El problema es la expectación que se ha desarrollado a su alrededor.

Mi parte favorita del debate es que ahora los expertos se plantean si eso del orgasmo vaginal no será más bien un mito, ya que no se ha podido demostrar hasta el momento.

Más allá de las investigaciones, casi parece que, siendo mujer, si todavía no te lo has encontrado, has fracasado en la relación con tu vagina.

Lo mismo que si nunca has tenido un orgasmo acompañado de squirt o eyaculación femenina.

Sinceramente, dar con mi punto G no es algo que me haya producido curiosidad. Supongo que será porque, vía externa, tengo orgasmos tan buenos como para no echar nada en falta.

Quizás le estamos demasiada importancia cuando lo cierto es que no necesitamos emprender la odisea de dar con puntos secretos inalcanzables.

¿No es mejor entender qué es lo que sí nos funciona más que en pasarnos toda la vida agobiadas por encontrar algo que ni siquiera tenemos la certeza de que exista?

Que para tener mejor sexo igual nos saldría a cuenta olvidarnos del punto G y centrarnos en lo que sabemos que desencadena el clímax, como el clítoris, por ejemplo.

Duquesa Doslabios.

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