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Comunicación en la cama: lecciones básicas del idioma que se aprende sin ropa

La sincronización entre las sábanas va mucho más allá de llegar al orgasmo al mismo tiempo. Es aprender a leer e interpretar lo que quiere la otra persona.

Y ponerlo en práctica, por supuesto, haciendo de los dedos, lengua o genitales las herramientas de escritura sobre el tapiz de la piel para probar que hemos entendido su lenguaje.

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Aunque llegar a entenderlo a la perfección es un proceso de traducción por el que podemos perdernos al principio.

No se nos enseña a atender a las necesidades sexuales de otra persona. Y tampoco a prestarles atención.

Conocemos las propias gracias a las terminaciones nerviosas que nos indican que la visión de esa lengua enroscada en nuestro pezón nos excita.

Pero conocer cómo afectan nuestros intentos de dar placer es un ejercicio no ya de empatía -ponernos en el lugar de cómo podemos tocar o acariciar-, sino también de escucha activa y, sobre todo, de memorizar.

Se puede esperar al momento de acción. Aprovechar la cercanía de una oreja para susurrar al oído un sugerente “Quiero que me hagas esto”.

Pero también exprimirlo y usarlo como juego hablándolo en otro momento. Se puede convertir en una conversación subida de tono por WhatsApp o en directo.

Expresarnos de forma sincera recordando qué nos ha gustado más de lo que han puesto en práctica sobre el cuerpo es un estímulo positivo ideal para potenciar esa memoria.

De la misma manera que un “Sí”, “Sigue”, “Más rápido” o “Despacio”, esas las palabras comodín que sirven de ayuda, pero también de aliciente.

Los sonidos, gemidos y miradas son grandes indicativos de los que dar rienda suelta cuando llega el momento de disfrutarse.

Incluso no encontrando las palabras es fácil interpretar cuando la respiración se acelera o el cuerpo comienza a arquearse.

La forma no expresada de decir “Vas por el buen camino”.

Personalmente, encuentro excitante por partida doble cuando te cogen la mano -o la parte del cuerpo que sea- y te indican cómo hacerlo a su gusto.

En ese movimiento silencioso (cargado del morbo de saber que lo que hagas a continuación siguiendo sus indicaciones, va a ser acierto asegurado) es tan instructivo como estimulante.

Ya que cada uno tiene unos gustos distintos, podemos mostrarlos guiando, indicando o incluso mostrando cómo hacerlo.

Doy fe de que ver una masturbación en vivo y en directo es la manera más efectiva de que se quede grabada la lección en la retina.

Duquesa Doslabios.

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Por qué es importante que los hombres (también) giman en la cama

El ceño fruncido, el gesto crispado, el cuerpo rígido, las manos hundidas en tu cintura como si no hubiera nada más a lo que aferrarse en todo el mundo.

Y, en unos segundos, la boca semiabierta, la mirada perdida, el pulso por las nubes y la cadera contraída.

Sí, él se ha corrido y ha sido maravilloso.

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Creo que pocas cosas me excitan tanto como ver a un hombre en pleno orgasmo. Es para mí un disparador automático.

Al igual que si gime o jadea desde que empezamos a calentarnos.

Los gemidores (por llamar de alguna manera a quienes expresan su gusto más allá de una respiración fuerte) son una especie en peligro de extinción.

Lo habitual entre los millennials de mi generación, educados por un porno heterosexual básico, es ser más bien discretos.

Han recibido un mensaje contundente de las películas eróticas: tú, como hombre debes ser rudo, dar caña, meter un azote, hacerla gritar de gusto hasta que te clave las uñas. Podrás disfrutar, sí, pero de una manera silenciosa.

Y no es ni porque los hombres tengan un registro vocal más grave y biológicamente sean incapaces de gemir (como he leído en algún sitio) o porque solo entre nosotras haya escandalosas.

Viendo cualquier escena porno al azar en la que estén teniendo sexo un hombre y una mujer damos con la explicación.

Si tenemos en cuenta que las películas eróticas mainstream -las populares- son unos productos pensados en su mayoría para un consumidor heterosexual, lo último que este quiere es planos del hombre más allá de un pene de refilón que entra y sale.

Es raro que al actor se le vea la cara o se le oiga. Justo lo contrario que sucede con la actriz, la protagonista de los primeros planos tanto por su cara como por sus genitales.

Así que con una educación sexual escasa, muchos tienden a imitar lo que sucede en la ficción en su vida íntima. Así que es más probable que, tomando nota de las escenas con las que lleva masturbándose desde su adolescencia, reproduzca el comportamiento silencioso.

Si eso dejando salir algún que otro resoplido, pero poco más.

Lo que esto consigue a la larga es que muchos hombres desarrollen una asociación negativa cuando se trata de hacer ruidos en la cama.

Mientras que asumen de manera natural que es la mujer la que tiene que tener una reacción más parecida a lo que han visto (cuando muchas no nos convertimos en sopranos).

Porno aparte, hay algo que tenemos que recordar. En la cama, cada gesto es un feed back.

Un tirón de pelo puede significar “por ahí no”, un empujón “dame más” y un gemido “no te haces una idea de lo mucho que me está gustando esto así que no se te ocurra parar”.

Y es algo que funciona en ambas direcciones, así que expresarnos tanto con el cuerpo como con señales vocales sirve de ayuda para que la otra persona sepa si se está disfrutando de la práctica o incluso si está cerca el orgasmo.

Así que ante la duda, amigo, gime, exprésate y gózalo, porque además de servirnos de guía, nos excita.

Duquesa Doslabios.

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La ventaja de practicar (tanto) la masturbación durante el confinamiento

Ha tenido que venir una pandemia para que cambiáramos nuestra manera de masturbarnos, de disfrutar en privado.

Nos ha podido la sensación de intimidad al estar en casa llegando incluso a practicarlo en plena jornada de teletrabajo.

hombre en la cama

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Con la imposibilidad de juntarse, hacerse cargo del placer propio nunca había sido tan urgente ni necesario.

Y no ya tanto por el hecho en sí de dar rienda suelta al deseo, también a modo de ibuprofeno antipandemia.

Que masturbarse nos ayudó a combatir el estrés y a sobrellevar el confinamiento es algo que ha confirmado el Barómetro de Auto-placer de Tenga, compañía especializada en juguetes sexuales.

Según sus resultados, masturbarse con más frecuencia durante la cuarentena no solo sirvió a que experimentáramos a solas o nos escapáramos -aunque fuera mental y físicamente- de una situación que no sabíamos cómo gestionar.

Eso ha llevado a que, en varias ocasiones, la masturbación se haya convertido en protagonista gracias a las redes sociales.  De la mano, por supuesto, con el uso de juguetes sexuales.

Se me ocurren pocas amigas que no tenían un succionador de clítoris que no se hayan hecho con él en 2020.

Volviendo al barómetro, este dato se confirma. Un 73% de los encuestados compraron juguetes nuevos y el 45% declaró que fue un autorregalo.

Hablar sobre lo que guardamos en la mesilla de noche ha dejado de ser un tabú después de un año en el que varios meses de nuestra vida social transcurrían sin salir de casa.

Nuestra vida sexual pospandemia no solo incluye juguetes, este cambio de que se abriera la conversación sobre la masturbación y convirtiéndola en un tema tan normal como cualquier otro ha animado a que reivindicar el placer personal y practicarlo nunca estuviera mejor visto.

“Muchas personas ni siquiera habían probado a masturbarse por mala educación sexual o desinformación”, comenta Nayara Malnero, sexóloga y embajadora de Tenga. Lo que nos ayuda a hacernos una idea

Pero, ¿significa eso que nos hemos vuelto más egoístas en la pandemia y nos espera una vida sexual en la que cada uno se masturbaría en un extremo de la habitación? Para nada.

El estudio revela que 5 de cada 10 personas usan los juguetes con su pareja sexual. Experimentando nuevas formas de placer es donde entran todos los juegos.

El momento de alejarse de lo rutinario y apostar por la variedad.

Aprender a masturbarnos, hacerlo de manera más frecuente o buscar formas alternativas de disfrutar se extiende a cuando estamos en compañía.

Mejora el entendimiento con la pareja sexual, fluye la conversación y se multiplica el placer en ambos sentidos. En definitiva, podemos disfrutar de una vida íntima de mayor calidad.

Duquesa Doslabios.

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Aguanta el orgasmo ahora, llega al clímax más intenso después

Respiras y devuelves la exhalación en forma de jadeo. Cada repetición te sale más intenso, más acelerado, más urgente, más claro.

Lo que está por llegar se encuentra a la vuelta de cualquier embestida y es algo que puedes notar en cómo se arquea tu cuerpo, la forma de galopar de tu pulso o la sensación de acumulación de tensión que solo parece pedir que te liberes para poder explotar.

¿Y si ahí, justo ahí, pararas de golpe? ¿Qué pasaría si, cuando puedes acariciar el clímax, con los primeros indicios de que estás dejándote ir, frenaras?

torso de hombre

UNSPLASH

Aunque quizás la pregunta es que por qué ibas a querer hacer eso en el momento en el que te encuentras disfrutando al máximo.

De eso trata el edging, parar cuando estás a punto de llegar al orgasmo, una práctica que cada vez se está haciendo más popular al descubrir que, después de esa interrupción, podemos multiplicar nuestro placer.

Una vez se para, solo hay que esperar unos segundos (aquí hay que controlar los tiempos para no perder la excitación) y volver a estimularte por tu cuenta o en compañía hasta que estás, otra vez, al borde del clímax.

Es jugar con el orgasmo al ‘pilla pilla’.

Te doy dos razones para ponerlo en práctica. ¿La primera? Durar más tiempo en la cama, algo aconsejable si, por lo que sea, tienes un día en el que la excitación está por las nubes y quieres que dure más el sexo.

La segunda es porque también se relaciona con mejores orgasmos. De mayor intensidad o duración, queda en tus manos averiguarlo.

Añadiría un tercer beneficio, ya que ayuda a ser consciente de la respuesta sexual tanto en solitario como en pareja. Aprendiendo cómo funcionamos en el sexo es más fácil guiar los encuentros y disfrutarlos tal y como queremos.

Como toda novedad que implica el disfrute personal, el edging se debe practicar por cuenta propia (al menos al principio).

Es la manera de conocer el cuerpo, saber qué técnicas nos llevan al disparadero, si tenemos que bajar el ritmo de la mano o de los dedos. Todo para identificar qué se siente justo antes y quedarse en esa fase.

Una vez has parado, respira hondo, puedes incluso abrir tus ojos. Después vuelve a intentarlo y déjate alcanzarlo.

Notarás que el orgasmo dura más o es más intenso. En cuanto lo tengas controlado, puedes probarlo de la misma forma en pareja.

Piensa que otro punto a favor del edging es que la única forma de controlarlo es probar mediante acierto y error. Y es una excusa tan buena para masturbarse como cualquier otra.

Duquesa Doslabios.

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Guía para ampliar tu repertorio sexual

Me las doy de original, de alternativa, de amante de la variedad. De que lo mismo te cojo en la cama que te ato con un cinturón al sofá.

Pero por mucho que disfrute de la diversidad, me definen posturas, formas de besar o maneras de tocar que reproduzco sin parar. Lo mucho que me encantan es la razón por la que no sé cómo evitar las ganas de meter un dedo en la boca de otra persona o pedir un mordisco si la ocasión se presta a ello.

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Podría decirse que forman parte de mi forma de disfrutar. Pero qué le voy a hacer si me pierdo cuando recorro los labios de otra persona con la lengua, cuando pido que se tumbe en el suelo.

Conozco bien mi repertorio erótico. Son muchos años averiguando lo que me gusta, lo que me despierta el deseo. Y también lo que puede hacer que se lo despierte a otra persona por conocerme y saber cómo reacciona mi cuerpo.

Así que peco de, en muchas ocasiones, ir a lo seguro. A ese ángulo donde sé que se me ve mejor el culo.

Cuando son las primeras veces con una persona, es fácil. Cada poco tiempo es algo diferente, tanto en un lado como en el otro.

¿Pero qué alternativa tenemos cuando el número de parejas se reduce a uno solo?

Queda fuera de la ecuación experimentar diferentes maneras de disfrutar, dejar que te hagan, conocer (y conocerte) más.

Es ahí cuando entran en juego, por lo pronto, las amigas. Esas más íntimas que te cuentan qué le hizo ese chico para estimular su punto G y terminar en un espectacular squirt.

La que te anima a que esa noche escojas vestido en vez de pantalón para hacer la de quitarse las bragas al terminar la cena, que aquello le funcionó.

Como amante de las letras, me quedo también con la literatura erótica, con los relatos, con esa fantasía que aún no he cumplido de mojarle una camisa blanca.

Repertorio es también probar sitios distintos (tanto de localización como de la propia geografía del cuerpo). Atreverse a meter de una vez ese dedo por detrás y permitirse disfrutar.

En la cama tenemos lujo de poder ser quienes queramos, de probar a modo de juego un cambio de rol que quizás de primeras no nos saldría. De salir de la zona de confort, pasar de ser sumisa a la más pura dominación -y viceversa-.

Deletrearle ‘coconut‘ con la cadera, mover ese espejo hasta que podáis veros la cara -y el cuerpo-, en cualquier postura…

Más allá de utilizar juguetes (que siempre son una buena manera de aderezar las cosas), cambiando los hábitos implica que por fin nos atrevemos con eso que de primeras parece raro. Y aprender a encontrar formas de excitarnos con ellos, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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¿Por qué nunca deberíamos fingir un orgasmo?

No deberíamos mentir. Así, en general. Quitando las mentiras piadosas, me encantaría que viviéramos en un mundo en el que todos fuéramos sinceros y nos dijéramos la verdad (qué ingenua, ¿no?).

Sería tan fácil como “Mira no, no me apetece quedar”, “No quiero seguir conociéndote”, “No me gustas”, “Ya no te quiero” o “Por mucho que sigamos, no voy a correrme”.

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Todavía nos cuesta parar de tener sexo si no llegamos al clímax, al orgasmo, ese punto final con solo de percusión y un fuego artificial.

Preferimos hacer cambios sin fin y buscar otras formas de seguir incluso poniendo en práctica posturas que podrían ganarse un hueco en cualquier rutina de acróbata. “Sube la pierna, baja un poco el culo, vamos al suelo, contra la pared, ¿y el chorro de la ducha?”.

Todo con tal de evitar parar y decir que no tenemos el día, que no nos encontramos bien, que hace demasiado calor, que el cansancio se empieza a acusar o que igual ya está bien después de dos horas sin parar.

Es una de las razones por las que hay quienes optan por hacer que están teniendo un orgasmo espectacular. “Sí cariño, ya me he corrido, podemos pasar a otra cosa”.

Sucede lo mismo con los orgasmos que se fingen para complacer a la otra persona, que no sienta que no ha estado a la altura o que no nos ha hecho disfrutar. Que, ante todo, su ego no sufra.

Especialmente cuando son esos casos de quienes preguntan cada poco tiempo si nos está gustando o si se ha empleado a fondo en una ejecución de sexo oral.

Pero ni con esas fingir el orgasmo debería ser una opción que contempláramos. Deberíamos normalizar que lo hemos pasado bien o que no nos apetece continuar sin que resulte raro ni con la sensación de que ha sido una experiencia incompleta, con ese fleco suelto.

Incluso es preferible coger y decir “Me gusta cómo me estás comiendo pero no tengo la cabeza aquí” que seguir dándole bola a algo que no termina de pasar si no queremos continuar.

Es darle la vuelta al sexo, quitando de la ecuación (o simplemente otorgándole menor peso al orgasmo) y dándole el protagonismo a la afinidad, ese feeling, la química sexual y el placer en general.

Disfrutar del camino en compañía no debería ser una carrera a contrarreloj a ver cuánto se tarda en llegar a la línea de meta. Es un trayecto en el que hay experiencias tan intensas que bien pueden equipararse a un orgasmo.

En definitiva, disfrutando de cada bocado, beso, cachete o caricia y dándole el mismo peso que a cualquier otro momento. Porque igual es que lo tiene (y solo nos queda aprender a disfrutarlo como tal).

Duquesa Doslabios.

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Según los hombres, el otro sitio favorito de la casa para masturbarse es…

¡Ah, la intimidad! Esa cosa tan preciada que, durante los meses de aislamiento en casa parecía casi imposible de conseguir. El reto era tener nuestro espacio para quienes no vivíamos solos (ya fuera con familia, amigos o pareja).

Y aunque cada uno se ha apañado como ha podido, me gustaría hablar de las preferencias a la hora de escoger un sitio en el que poder disfrutar con nosotros mismos.

CALVIN KLEIN

En mi caso, la elección está clara. Soy una firme defensora de reencontrarme en la cama, a salvo de miradas indiscretas bajo el edredón y siempre con el valor añadido de que puedes decir que vas a dormir y nadie va a molestarte.

Otros espacios del repertorio apenas tienen peso para mí, pero no es así para ellos, por ejemplo.

De hecho, según los resultados que ha proporcionado el estudio de Arcwave, marca de juguetes sexuales para hombres, sobre sus costumbres a la hora de masturbarse, hay otro sitio de la casa que sigue muy de cerca al dormitorio.

También para ellos, la habitación el lugar preferido para darse placer. Y sí, es fácil entender por qué si pensamos que todos reservamos ese espacio para lo mismo.

Además de ser el lugar de la casa donde pasamos más horas estudiando, trabajando, jugando a videojuegos o leyendo, contamos con la intimidad de antes de ir a dormir.

Como decía más arriba, un lugar en el que sabes que ya nadie va a entrar por la puerta.

Y, justo seguido de la habitación, un poco menos de la mitad de los hombres que participaron en el estudio, respondieron que su otro lugar favorito era el baño.

Si tenemos en cuenta las diferencias entre la eyaculación femenina y la masculina, la explicación llega casi por sí sola.

La opción de poder limpiarse en el mismo sitio es un punto a favor, que el papel esté tan a mano o pudiendo hacerlo en la ducha.

No me olvido de la privacidad que da el baño. Es otro de esos (escasos) lugares sagrados de la casa donde sabemos que no vamos a ser interrumpidos.

Así que también reúne los requisitos para ser uno de esos sitios en los que poder dedicarse un rato. Y tú ¿eres más de baño o de habitación?

Duquesa Doslabios.

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Llegar al clímax a la vez es posible: trucos para compartir el orgasmo

Cuando llevas tanto tiempo llegando al orgasmo a destiempo con la otra persona, correrse a la vez es algo que te parece que solo pasa en las comedias románticas.

Es en las películas cuando los protagonistas alcanzan la cumbre del placer justo en el mismo momento para, después, desenredarse cayendo entre las sábanas.

SKYN USA

Y aunque lo que aparece en pantalla suele formar más parte de la ficción que representar nuestra realidad, que se dé es algo bastante especial. No solo por la sincronización, también por dejarse llevar acompasadamente compartiendo el placer.

Eso no quita que lo importante sea disfrutar, sí, pero para quienes -como yo- pensábamos que era imposible, hay formas de buscar el instante.

Imposible porque casi parecía necesario que se alinearan los planetas y las estrellas para coronarnos juntos.

Con paciencia y una pizca de práctica, podemos poner de nuestra parte para que consigamos el orgasmo compartido.

Ya hablé hace un tiempo de los gatillos sexuales (que no gatillazos), una serie de estímulos que nos hacen corrernos enseguida y pueden ir desde recibir un cachete, un dedo en el culo o, por qué no, palabras al oído.

En cualquier caso, mirarse a los ojos podría ser un buen punto de partida. La excitación de ambos es más fácil de captar si se esta frente a frente que si es mediante una postura en la que no se aprecian las expresiones.

Y no hay nada más morboso que ver cómo alguien experimenta un placer que provocas tú, dicho sea de paso.

Para esos casos en los que uno de los dos toma la delantera, no hay nada como parar sin llegar a frenar. Es decir, cambiar la práctica y dedicarse a tocarse, acariciarse, pellizcarse o chuparse.

También aquí pueden entrar en escena aliados como los juguetes (sobre todo aquellos que más nos aceleran).

Y luego seguir, una vez empatados en excitación, hasta el final.

Duquesa Doslabios.

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Si te cuesta llegar al orgasmo con el clásico 69, es hora de que pruebes el 68 o ’69 hawaiano’

No, yo tampoco sé quién bautiza las posturas sexuales, pero lo de ponerles gentilicios como coletilla es algo que no entiendo.

Como que en España llamemos ‘paja cubana’ a masturbar con las tetas pero en Italia eso se conozca como ‘una española’.

CONTROL ESPAÑA

Nacionalidades aparte, es el momento de conocer esta variedad del 69, que también encuentras como ‘el 68’ (y, de paso, nunca más dejar de practicarla de hoy en adelante).

Personalmente, he pasado por mis fases con la postura original. Al principio no congeniábamos porque me costaba pillar el multitasking de recibir placer y concentrarme en recibirlo al mismo tiempo.

Con el tiempo, ha terminado por ser una de mis favoritas para esos momentos en los que necesitas bajar un poco el ritmo pero seguir disfrutando.

Y aunque la más típica es aquella en la que una persona se tumba boca arriba y la otra se coloca a cuatro patas y en sentido inverso, también me atreví a experimentar con la versión vertical (y averiguar que eso de tener sexo oral mientras me baja la sangre a la cabeza, no es lo mío).

El 68 no tiene ese problema, es más, tiene una ventaja respecto a las otras y es que es perfecta para aquellas que, como yo, tienen problemas a la hora de concentrarse cuando hacen este tipo de posturas en las que tienes que estar pendiente de varias cosas.

La principal diferencia es que se centra solo en uno de los dos miembros (adiós a esos pensamientos que te recuerdan que debes mantener el ritmo).

Pero vamos por partes. Antes que nada, la colocación. La persona que vaya a practicarla, debe tumbarse mirando hacia arriba con las rodillas flexionadas.

La pareja utiliza las piernas como respaldo apoyando el resto del cuerpo sobre el torso y dejando justo sus genitales a la altura de la boca.

Es importante que el peso caiga también sobre los brazos y las piernas para no aplastar mucho a quien hace de apoyo y que aguante lo más cómodamente posible.

Con esta postura, chupar y lamer es facilísimo, sí, pero también utilizar las manos.

Y no solo en los genitales, teniendo el ano tan cerca, es la excusa perfecta para hacerle una visita al vecino de abajo.

Duquesa Doslabios.

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No es otra ‘review’ de un succionador de clítoris

Tengo cuatro succionadores de clítoris. Cuatro. No son iguales, pero es un producto que, sea de la firma que sea, suele garantizarte el orgasmo (la velocidad a la que llegues ya es otra historia).

Y no te puedes imaginar lo feliz que me hace que siga siendo uno de los productos con más éxito de ventas o que sea raro encontrar a una mujer que no tenga uno en su casa.

Duquesa Doslabios

Para quienes, como yo, hemos pasado gran parte de nuestra vida sexual pensando que algo no funcionaba bien entre las piernas (por no disfrutar tanto de la penetración cuando eran las películas las que estaban pintando un sexo de ficción), el succionador es un puñetazo en la mesa.

La declaración de intenciones de que tú y yo estamos bien hechas. Solo que estábamos mirando hacia otro lado sin tener en cuenta que hacían falta menos juguetes para meter por la vagina y más productos pensados en estimular las 8.000 terminaciones nerviosas del clítoris.

Y, una vez pruebas el juguete en casa, te corres noventa veces y te preguntas para qué gastarías tanto dinero en hacerte las pestañas cuando era un buen orgasmo lo que realmente te iba a iluminar la mirada, llegas a la conclusión de que no puede haber ningún artículo comparable a tu sex toy estrella del cajón.

O, al menos, eso pensaba yo muy convencida después de probar los diferentes modelos.

Pero hace unos días llegó un paquete a mi casa de Lelo, quienes se han encargado no solo de amenizarme 2020 sino de rescatarme cuando volvía a estrenar soltería (y por tanto de hacerme más amena la estancia conmigo misma) y me mandaron Enigma.

¿Otro succionador de clítoris? Fue lo primero que pensé. Ya he probado el normal, el que va más lento, el de boquilla amplia… ¿De verdad hay más maneras de excitar esa zona que sean más efectivas que las que había probado hasta ahora?

Pues como puedes adivinar viendo la imagen, no era otro succionador. O no uno como los que había probado hasta ese momento.

Con esa boquilla diminuta tampoco me parecía 100% estilo conejito, los que llevan un dildo pegado a una protuberancia que te estimula el clítoris.

Era algo distinto. Un mix entre los dos. Como si hubieran tenido una noche loca en La Isla de las Tentaciones y les hubiera salido una hija de la Generación Z que hace Tik Toks y lleva el pelo degradado.

Y como hemos venido a este mundo a probarlo todo, ahí estaba yo, entendiendo qué tenía de diferente ese juguete con forma de interrogación respecto a los demás.

La primera conclusión es la más evidente, mi nuevo amigo no es para la superficie, hay que meterlo (o al menos parte de él).

Y a no ser que ya estés excitada solo con la idea, recomiendo usar lubricante o algo de saliva en su defecto. Respiras hondo, relajas los músculos de la zona y aquello va entrando solo (por la parte del apéndice curvado, claro, no cometas la burrada de meterlo por donde los botones, que eso es el mango).

Si que es verdad que de primeras te puede parecer un poco raro esto de que la parte que queda fuera de la vagina te parezca que está invertida, pero en cuanto ya notes que tienes la boquilla del succionador a la altura de tu clítoris, estás lista para la acción.

Y es que esa es una de las cosas que más me gusta, que como la unión con forma de ‘U’ es flexible, puedes regularlo a tu altura, no está diseñado para una vulva específicamente porque se adapta a todas.

El funcionamiento es como el de sus antecesores con una diferencia. La zona de dentro vibra también tocando esas paredes que coinciden con la parte interna del clítoris (y debidamente estimuladas, terminan por hacer que te arda la cara).

Además del modo clásico de vibración o los que son intermitentes, hay un par de opciones que alternan la vibración interior con el succionador. Aquello es la fantasía.

Por dos razones, la primera porque no te lleva al orgasmo de inmediato, sino que te hace conectar primero con el interior de tu vagina y segundos después con el clítoris, con un breve (y glorioso) periodo en el que ambas coinciden.

Como digo, no es un orgasmo inmediato, pero la sensación de ‘pasar’ de una a otra parte es tan placentera que, el orgasmo que puedes vislumbrar al final del camino, se vaticina espectacular (y termina siéndolo).

¿Que si compensa para usarlo en pareja? En mi caso, me ha tocado probarlo sola, pero ¿por qué no usarlo como aprendizaje? Quizás si alguien lo ve en marcha entiende qué zonas debe estimular con los dedos o con la lengua.

En cualquier caso, para sexo anal (o un buen beso griego) me parece una opción muy interesante, ya que otros vibradores pueden entorpecer las posturas. Con la forma de interrogación nos aseguramos que quede por delante “el grueso” del juguete y no moleste nada.

Duquesa Doslabios.

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