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¿En qué sitios puedo conocer gente en verano?

Aunque hace poco repasara por aquí los consejos para hacerte un perfil de Tinder con el que no asustar a tus conquistas, no todo el mundo es de recurrir a las aplicaciones a la hora de conocer gente.

Así que para esas personas analógicas que preferimos relacionarnos con una cerveza (o un café) de por medio antes que con un teclado, el verano es la ocasión perfecta para coincidir gracias a la cantidad de oportunidades que tenemos.

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Los eventos al aire libre, las ganas de desconectar del trabajo, el ambiente distendido que reina entre todos, las vacaciones, el buen tiempo… Todo está de nuestra parte para no quedarnos en casa. Pero, ¿a dónde ir? ¿Por dónde empezar?

Para quienes se consideren aficionados a la música en directo, un festival es la excusa perfecta para romper el hielo con expresiones del tipo: “Pues a mí ya me gustaban Florence and The Machine antes de que se pusieran de moda”.

Ya que este tipo de eventos, por lo general, siguen un estilo de música concreto, es probable que compartas gustos musicales con gran parte de las personas que se encuentren allí reunidas. ¿Un par de ideas? El Aquasella o The Ark Cruise para quienes tengan más presupuesto.

La playa es otro lugar perfecto siempre y cuando se evite la hora punta. Es difícil entablar conversación cuando tienes al lado a una familia con los niños llorando porque querían helado de postre en vez de la fruta pelada del táper.

A muy malas, si nuestra ciudad tiene falta de playa, las piscinas pueden hacer el apaño en todos los aspectos. Las calas escondidas, si tienes la suerte de estar por Ibiza, como la Cala Saladeta, no se convierten en lugares tan masivos de la isla.

Si tu verano está siendo en la ciudad porque en tu trabajo no saben qué es eso de irse de vacaciones, acércate a algún local de coworking.

Además quién sabe los contactos que puedes hacer con la frase “¿A ti también te toca quedarte aquí en agosto?”. Si no puedes dejar la conexión ni un minuto pero necesitas relacionarte con alguien más que con tus superiores por mail, el WeWork de Barcelona te permitirá la oportunidad de hacer contactos, (laborales, por lo menos).

Las azoteas o locales de afterwork son otra opción buena si queremos conocer gente. No solo se convierten en el sitio de moda sino que en algunas de ellas incluso nos invitan a conectar sin necesidad de cables ni teléfonos como por ejemplo Skyzoo, organizado por QÜ Group en la azotea del Hotel Índigo. Además es una experiencia urbana en las alturas que repiten todos los sábados de verano.

Otro recurso del que podemos tirar es Facebook, aunque quieras evitar lo digital, estos días proliferan los eventos. Desde yoga en el parque hasta lectura de poesía moderna con té en la librería del barrio. Cine de verano o pícnic para hacer amigos son otras proposiciones por parte de la red para no quedarnos sentados en el sofá.

Además, ¿quién dice que al ser de ciudad no puedas disfrutar del pueblo? Es el momento de apuntarse a una pasar unos días fuera de la urbe aunque no tengas familiar en el lugar. Aprovecha el fin de semana y hazte una escapada a las fiestas más cercanas, como por ejemplo, la Semana Grande de Bilbao.

Te pille donde te pille el mes de agosto es lo de menos, de ti depende exprimir el destino al máximo.

Duquesa Doslabios.

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Las 10 claves para irte de vacaciones con tu pareja (y no romper)

La convivencia, ver juntos una película en el cine y averiguar si es de esas personas que guardan silencio o de las que tiene que comentar absolutamente todo, comer una hamburguesa y procurar seguir pareciendo un ser humano atractivo al terminar o ir de vacaciones en pareja son algunas de las pruebas de fuego a las que se enfrentan dos personas estando en una relación.

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Es por eso que hoy me gustaría hablar de cuáles son mis consejos a la hora de hacer un viaje. Un decálogo de normas que, por mi experiencia, debo aplicar siempre y cuando sale la posibilidad de viajar.

En primer lugar recomiendo tener una especie de lista de lugares de interés. Cada uno puede elegir dos o tres imprescindibles y de esa manera queda garantizado que veréis sitios que os apetezcan por igual.

Viajar supone estar todo el rato junto a tu pareja, por lo que es importante estar pendiente de sus necesidades. Si quiere agua, se muere de hambre o se hace pis lo suyo es movilizarse para solucionarlo. Además no estar pendiente de ello o hacer caso omiso casi siempre termina en discusión (y la comida todo lo calma).

Para mí viajar es feminismo, ya que no concibo un viaje sin igualdad. Siempre procuro dividir con mi pareja las tareas de organización, planificación, logística… Que haya un equilibrio, ya que no debe recaer todo el peso sobre una sola persona.

El dinero suele ser fuente de conflictos, por lo que es recomendable ir a la par con los gastos. Si crees que tu pareja se aprovecha un poco de eso y opta por la maniobra del despiste, haz un Excel y pon las cartas (o los euros) sobre la mesa.

La base de una relación es el respeto, la base de un viaje también. Se debe respetar, especialmente, las zonas comunes. Si te gusta el desorden, procura evitarlo ya que estás compartiendo habitación con tu pareja e igual no le hace tanta gracia como a ti entrar al baño y encontrarse una manzana a medio comer.

Respeta, también, la opinión del otro. Si no quiere tirarse al agua desde esa altura, subirse a una atracción o pasa soberanamente del paseo en góndola porque es ridículamente caro, entiéndelo. La excepción a esta norma es la crema solar. Pónsela aunque no quiera.

Las vacaciones en pareja no significan volverte uña y carne. Seguís siendo dos individuos y no es necesario hacer todo juntos o estar pegados. Si tú lees tu pareja puede escuchar música y no pasa nada.

Y ya de paso respeta el descanso. Se está de vacaciones. No hay por qué estar todo el rato haciendo cosas.

Un último consejo que he añadido recientemente es usar el móvil con moderación. Y a ser posible, esto ya sería lo ideal, si se quiere usar buscar el momento para no dejar a la otra persona descolgada.

Por eso, para terminar, deciros que la clave que debéis repetiros como un mantra es muy sencilla: paciencia.

Duquesa Doslabios.

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Sexo veraniego: hacerlo sin sufrir un golpe de calor

Quien dijo aquello de “La primavera la sangre altera” no conocía el verano (o al menos esa sensación me da). Si hay una estación que me revolucione, es esa.

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Será la falta de ropa, el bronceado o lo de dormir desnudos por el calor, pero la rutina se convierte en una especie de trama en la que los protagonistas tienen muy poca ropa y mucho tiempo libre para eso que más les gusta hacer(lo).

Pero claro, dos cuerpos en contacto terminan teniendo la misma temperatura, o algo así decía una ley de la física. Y al final las zonas de la piel con riesgo de incendio se convierten en un calor que llega hasta el hueso.

Como prescindir del sexo no es una opción durante los tres meses del verano, voy en busca y captura de alternativas para no morir de un golpe de calor.

Si no hay aire acondicionado, siempre puede hacer el apaño un ventilador o, en su defecto, esperar a las horas más frescas de la noche, cuando ya no hay sol criminal.

Las ventanas, balcones y terrazas son el nuevo must have del verano, el dormitorio estival, el 2×1 que además de aire fresco en la cara, lo da también al encuentro, por aquello de tener estrellas a modo de techo (aunque en Madrid se puedan contar con los dedos de una mano y te sobren varios).

El verano es la estación oficial del sexo al aire libre aprovechando cualquier excusa, que si turismo, un día en la playa, excursión por la montaña, camping, festival de música comercial

Y recordad que hay que hidratarse constantemente para evitar los mareos o agotamientos característicos del cardio indoor, ese ejercicio en el que sustituimos montar la bicicleta estática por la persona inestática (afortunadamente).

Una botella de agua a mano apaga la sed y enciende las ganas de continuar, si se utiliza en el modo correcto, por supuesto.

Duquesa Doslabios.

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Sexo en el agua: manual de uso y disfrute

Querid@s,

El verano, que se nos acaba, es una época ideal para escapar de la monotonía sexual. También es tiempo de playas y piscinas, sean privadas, públicas o comunitarias. En esta diversidad de masas de agua se pueden realizar muchas más actividades que tomar el sol o pegarse un chapuzón. ¿Mejor un revolcón no? Es el momento ideal para practicar una de las fantasías eróticas más comunes: el sexo acuático

Imaginad los mismos abrazos, las mismas caricias, la misma entrega de los cuerpos, los mismos ósculos apasionados, pero más mojados, más húmedos. Yo me imagino a los cuerpos amantes balanceándose al compás de las olas, la luz de una luna llena rielando sobre la piel mojada. Primero tímidos escarceos y besos en la piscina o en el mar. Inevitablemente una cosa lleva a la otra. El deseo se apodera de nuestros cuerpos para terminar zambulléndonos de pleno en memorables encuentros sexuales pasados por agua.

¿Quién no se ha imaginando una escena de aquasex en mitad del calor de la noche con la luna como único testigo?

El calor de la noche

El aquasex, o sexo bajo el agua, es una de las fantasías eróticas más comunes¿Por qué gusta tanto? El sexo acuático tiene unas cuantas razones eróticas que lo hacen la mar de interesante: hacerlo en un lugar público, el riesgo de ser pillado ‘in fraganti’, el tacto bajo el agua. Suena de lo más apetecible, convendréis.  Para un óptimo uso y disfrute, atended a este breve manual de aquasex.

El sexo acuático se disfruta más sin preservativo, eso no lo puede negar nadie. No obstante, salvo que uséis otro método anticonceptivo, enfundarse un preservativo es clave. Sin embargo, los condones y el agua no hacen buenas migas. Aviso a buceadores, para evitar problemas lo mejor es hacerse con condones especiales para polvos en medios acuáticos y lubricantes que debéis aplicar antes de poneros a remojo. Procurad hacerlo con el pene erecto para evitar que se formen burbujas de aire.

Cocktail

En este caso el agua ni hidrata ni ayuda a la lubricación, en contra de lo que opinan los que hablan de estas cosas de oídas. Uno podría pensar que con tantas partículas acuosas el miembro viril se desliza la mar de bien, pero no es el caso. El agua tiende a menguar la lubricación natural de la mujer, colaborando a la fricción del asunto y por ende a una rotura inminente del preservativo.

Una vez resuelta la lubricación… ¿Piscina o mar? He tenido la inmensa suerte de haber probado ambos medios. En sendas piscinas y en varios mares. Es lo que tiene tener el viajar como pasión. He de confesar que hacer el amor en el mar es altamente seductor y que un polvo en la orilla de la playa es de lo más sensual y romántico. Eso sí, un poco engorroso es. Algo cansado también. Entre el vayven de las olas, la incomodidad de no tocar fondo, tragar agua salada por un tubo y un equilibrio que se va al garete en cada embestida, follar bajo el mar puede convertirse en toda una hazaña. La piscina es bastante más cómoda y serena para estos menesteres, aunque no tiene el mismo encanto que mantener escarceos en el agua del mar y terminar abrazados y jadeando en la orilla del mar con la arenas y la sal en la boca. Os lo aseguro.

Showgirls

Si sois más de secano y el fornicio entre tanto agua os resulta un enredo, podéis limitaros a practicar los prolegómenos en el entorno acuoso elegido y rematar la faena sexual en tierra firme. Y pelillos a la mar.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Amores de verano

“Tengo tu foto que no deja de mirarme de reojo, y tu luna, que guarda lo que tú dijiste, una etapa de mi vida. Solo dos semanas, dos. Pero me has regalado días que hacen pasar desapercibidos a todos los anteriores. Ahora solo me quedan el vacío y una cabeza llena de lo que pudo haber sido, pero ha merecido la pena. Es como cuando te comes un caramelo y te quedas dormido, que al despertar ya no hay caramelo y en su lugar está toda su esencia, todo para lo que fue elaborado. Dulce ausencia. Eso es lo que me queda de ti. Dulce, suave, cálida… pero ausente. Aun así sigues siendo mi película favorita, eres la primera opción de mi cabeza cuando le da por bucear entre risas y buenos momentos. Hacer el amor como sólo sabemos hacer los peces fue lo mejor…”

GTRES

GTRES

Es un trozo del email de despedida que ha recibido una amiga, recién llegada de vacaciones. El lugar no importa, ni las circunstancias del viaje, ni su situación personal. El caso es que la historia, por motivos varios que no me deja contar, no puede ser. Tenía fecha de caducidad desde el principio, sus dos protagonistas lo sabían, y quizá por eso haya sido tan arrolladora y les haya calado tanto. Lo cuenta entre lágrimas, triste por la pérdida y a la vez feliz por lo vivido. “Eso no me lo quitará nadie”, dice.

Un amigo común sostiene que los amores estivales son los que dejan más huella. Cortos e intensos por definición. Inolvidables. Como diría Sabina, “hay amores eternos, que duran lo que dura un corto invierno”. En este caso, un corto verano, o ni eso. Con tanta cháchara sobre el tema no pude evitar echar la vista atrás y hacer memoria. Casualidad o no, y más allá de las relaciones largas que he tenido, es verdad que las historias que recuerdo con especial cariño, en ese lugar a prueba de balas y olvido, son aquellas que tienen de fondo elementos relacionados con el verano. Mar, sol, aire libre, el ahora, el escenario cambiado y la rutina suspendida, sensación de libertad…

Los expertos explican el fenómeno alegando que se trata de un tiempo y un espacio en los que las personas que se ven inmersas en una aventura se permiten ser diferentes. Aceptan otras reglas de juego y hacen cosas que el resto del año no harían. Cierto o no, ¿Quién no recuerda con una sonrisa nostálgica un amor veraniego? Que se lo digan si no al protagonista de Verano del 42. Maravillosa película, por cierto.

 

PD. Estaré de vacaciones en agosto. ¡¡¡¡Nos vemos a la vuelta!!!!