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¿Vas a viajar con tu juguete sexual? Toma nota de estos consejos de experto

Si los juguetes sexuales son los encargados de multiplicar el placer en el día a día -y hacer más variada la intimidad-, ¿por qué no contar también con ellos cuando hacemos la maleta?

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Vale que, por lo general, no tenemos mucho espacio o que, compartiendo residencia, puede preocuparnos que alguien tope con ellos, pero, como me confirma Alberto Gooding, responsable de Comunicación de LELO en España, no solo no pueden faltar en el equipaje. También existen diseños con diseño elegante que pasan desapercibidos.

“De hecho, es habitual que, a simple vista, muchas personas no los reconozcan como juguetes eróticos”, declara pensando en el estimulador de su firma con forma de pintalabios, que parece la solución perfecta. Aunque no es la única alternativa, nos da las claves para elegir cuál de los juguetes de nuestro surtido personal debería ganarse un hueco en el equipaje.

Y para nuestra tranquilidad, no, no nos lo van a requisar en el aeropuerto.

¿Es habitual llevarse un juguete sexual también en vacaciones?
¡Mucho más habitual de lo que algunas personas imaginan! Del mismo modo que incluimos el traje de baño o el protector solar en la maleta, son cada vez más las personas que se llevan su juguete (o juguetes) de vacaciones. Dejar atrás la rutina y viajar a otros entornos nos invita a relajarnos y, ¿qué forma mejor de hacerlo que disfrutando de nuestro cuerpo y nuestra sexualidad?

¿Cuáles son las razones a favor de que no falte en la maleta?
Las vacaciones son la época del año en las que más desconectamos y aprovechamos para relajarnos. El trabajo, la rutina y las preocupaciones diarias hacen que, en muchas ocasiones, releguemos nuestra vida sexual a un segundo plano. El verano es la época perfecta para volver a conectar con nosotros mismos en todos los aspectos, y los juguetes eróticos son el aliado perfecto para conseguirlo.

¿Qué características debemos tener en cuenta para escogerlo? ¿Cuáles son los juguetes más recomendables para viajar?
En muchas ocasiones el espacio de la maleta es reducido, por lo que, si tenemos más de un juguete, a veces debemos hacer el esfuerzo e incluir solo nuestro favorito: aquel que vaya a darnos todo el placer que nos merecemos tras una larga temporada de trabajo y confinamiento. Por otro lado, es aconsejable que sean juguetes resistentes al agua, de modo que se puedan disfrutar sin ningún tipo de problema en la bañera o la piscina. También la duración de la batería es muy importante.

¿Corremos el riesgo de que nos lo confisquen en el control del aeropuerto?
Las dudas respecto a este tema suelen ser muy frecuentes. Sí que es cierto que complementos eróticos como las esposas pueden dar algún problema en el control del aeropuerto por cuestiones de seguridad. Sin embargo, no hay razones para que un juguete erótico sea confiscado en el aeropuerto.

Si vamos en avión, ¿es mejor llevar los juguetes que tengan batería como parte del equipaje de mano?
Las restricciones suelen enfocarse en las baterías de repuesto, que en algunas ocasiones, no pueden llevarse en el equipaje facturado. Si todas las baterías están integradas en el juguete, no debería haber ningún impedimento. En la marca viajamos de forma habitual con juguetes, tanto por motivo de trabajo como de placer, y nunca hemos tenido ningún problema.

Lejos de casa (en un hotel, apartamento, casa de amigos…), ¿basta con agua y jabón para limpiar el juguete?
Tanto en casa como lejos de la misma, el proceso de limpieza es igual. Con los juguetes de LELO basta con ponerlos debajo del grifo, limpiar con jabón y aclarar. ¡Así de fácil! En caso de no tener acceso a un baño, también te recomendamos usar un limpiador de juguetes.

Que sea resistente al agua, ¿significa que no pasa nada si lo usamos en el mar o corremos el riesgo de que le afecte la sal? ¿Pasa lo mismo con el cloro?
Todo depende de cómo esté fabricado el producto. Utilizamos siempre los mejores materiales, siendo la calidad una de las principales señas de nuestros juguetes. Por este motivo, resisten a la perfección frente al coro o a la sal del mar. Eso sí, y también por motivos de higiene, recomendamos lavarlos bien después de cada uso. Asimismo, todos los juguetes de LELO están perfectamente sellados y acabados para que no entre el agua.

Y, a la hora de viajar con la pareja, ¿cuáles son los juguetes que pueden hacer de la escapada una experiencia inolvidable?
En realidad, cualquier juguete se puede usar en pareja, ya sea masculino o femenino. Pero
sí que es cierto que entre nuestros productos hay varios diseñados específicamente para
disfrutar en pareja. Por ejemplo, un anillo vibrador que se coloca en la base del pene y cuya parte superior vibra, estimulando el clítoris de la mujer. La diversión está asegurada estas vacaciones si decides incluirlo en tu maleta de mano.

Duquesa Doslabios.

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¿En qué sitios puedo conocer gente en verano?

Aunque hace poco repasara por aquí los consejos para hacerte un perfil de Tinder con el que no asustar a tus conquistas, no todo el mundo es de recurrir a las aplicaciones a la hora de conocer gente.

Así que para esas personas analógicas que preferimos relacionarnos con una cerveza (o un café) de por medio antes que con un teclado, el verano es la ocasión perfecta para coincidir gracias a la cantidad de oportunidades que tenemos.

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Los eventos al aire libre, las ganas de desconectar del trabajo, el ambiente distendido que reina entre todos, las vacaciones, el buen tiempo… Todo está de nuestra parte para no quedarnos en casa. Pero, ¿a dónde ir? ¿Por dónde empezar?

Para quienes se consideren aficionados a la música en directo, un festival es la excusa perfecta para romper el hielo con expresiones del tipo: “Pues a mí ya me gustaban Florence and The Machine antes de que se pusieran de moda”.

Ya que este tipo de eventos, por lo general, siguen un estilo de música concreto, es probable que compartas gustos musicales con gran parte de las personas que se encuentren allí reunidas. ¿Un par de ideas? El Aquasella o The Ark Cruise para quienes tengan más presupuesto.

La playa es otro lugar perfecto siempre y cuando se evite la hora punta. Es difícil entablar conversación cuando tienes al lado a una familia con los niños llorando porque querían helado de postre en vez de la fruta pelada del táper.

A muy malas, si nuestra ciudad tiene falta de playa, las piscinas pueden hacer el apaño en todos los aspectos. Las calas escondidas, si tienes la suerte de estar por Ibiza, como la Cala Saladeta, no se convierten en lugares tan masivos de la isla.

Si tu verano está siendo en la ciudad porque en tu trabajo no saben qué es eso de irse de vacaciones, acércate a algún local de coworking.

Además quién sabe los contactos que puedes hacer con la frase “¿A ti también te toca quedarte aquí en agosto?”. Si no puedes dejar la conexión ni un minuto pero necesitas relacionarte con alguien más que con tus superiores por mail, el WeWork de Barcelona te permitirá la oportunidad de hacer contactos, (laborales, por lo menos).

Las azoteas o locales de afterwork son otra opción buena si queremos conocer gente. No solo se convierten en el sitio de moda sino que en algunas de ellas incluso nos invitan a conectar sin necesidad de cables ni teléfonos como por ejemplo Skyzoo, organizado por QÜ Group en la azotea del Hotel Índigo. Además es una experiencia urbana en las alturas que repiten todos los sábados de verano.

Otro recurso del que podemos tirar es Facebook, aunque quieras evitar lo digital, estos días proliferan los eventos. Desde yoga en el parque hasta lectura de poesía moderna con té en la librería del barrio. Cine de verano o pícnic para hacer amigos son otras proposiciones por parte de la red para no quedarnos sentados en el sofá.

Además, ¿quién dice que al ser de ciudad no puedas disfrutar del pueblo? Es el momento de apuntarse a una pasar unos días fuera de la urbe aunque no tengas familiar en el lugar. Aprovecha el fin de semana y hazte una escapada a las fiestas más cercanas, como por ejemplo, la Semana Grande de Bilbao.

Te pille donde te pille el mes de agosto es lo de menos, de ti depende exprimir el destino al máximo.

Duquesa Doslabios.

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Solo una semana para acabar con un matrimonio

Una miserable semana de vacaciones. Eso es todo lo que ha necesitado una pareja de amigos para que su matrimonio pasase a mejor vida. Ya sé que hay tropecientos estudios y expertos que hablan de cómo el descanso estival provoca multitud de separaciones, que si en septiembre se disparan los divorcios, que las parejas no están acostumbradas a pasar tanto tiempo juntas y todo ese rollo, pero una semana me parece todo un récord, la verdad.

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Y sí, supongo que, como todas las parejas, tenían sus más y sus menos y sus problemas de fondo, pero de verdad que, en esta ocasión, no lo vi venir. La versión de ambos, por separado, coincide bastante: que la rutina diaria les había hecho tener vidas muy distantes y que al final, casi sin querer, acabaron siendo más compañeros de piso que otra cosa, de esos que se ven solo por la noche para cenar, y a veces ni eso. En este caso no había niños de por medio, así que todo ha sido más fácil, pero su ruptura ha provocado que muchos amigos de nuestro entorno se hayan puesto a reflexionar sobre sus relaciones y sobre su ritmo de vida. Y no son pocos los cimientos que se han echado a temblar. “No nos dimos cuenta hasta que nos tuvimos ahí, el uno frente al otro sin nada que decirnos y sin saber cómo tocarnos, con siete largos días con sus siete noches por delante. Al final hasta nos resultábamos molestos el uno al otro, como la típica visita pesada que no termina de irse de casa y ya no puedes soportar”, me cuenta él. Triste, muy triste.

En seguida me acordé de unos tíos míos que, hace unos años, cuando pasaban la cincuentena, se fueron de vacaciones a las islas Seychelles. Normalmente pasaban las vacaciones en una pequeña casita que tienen en un pueblo de Cádiz, pero ese año decidieron darse un homenaje. Y claro, no es lo mismo. En su pueblecito cada uno tenía sus quehaceres, sus hobbies, tenían amigos, etc. Pero allí, en aquel trozo de tierra en medio del océano Índico, solo tenían un par de libros y una baraja de cartas para matar el tiempo. Ni sexo, ni deportes acuáticos, ni excursiones, ni nada. A los tres días de estar allí a él se le cruzó el cable y no quiso hacer nada. A la vuelta, hizo las maletas y se fue a vivir a un hotel. “No quiero acabar como mis padres”, dijo a modo de explicación. En lugar de hundirse, recuerdo a mi tía repitiendo como un mantra: “Si no me quiere como soy, prefiero que se vaya”. Al final, tras tres meses de mareo, él volvió a casa, y hasta hoy. Personalmente creo que no fue por amor, sino por miedo a envejecer en solitario. El peso de la costumbre y el calorcito de lo conocido. La zona de confort, que diría hoy en día cualquier de coach de tres al cuarto.

No los juzgo, en serio, pero de verdad que para mí espero algo más. Algo más que tener que rellenar los días con multitud de actividades y compañías para poder estar en pareja. Algo más que resistir, algo más que la simple confortabilidad. Porque el amor es otra cosa… y la vida, también.