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¿Es ético el porno con el que te masturbas?

Puede que empezar el sábado con esa pregunta sea ir demasiado al grano, así que voy a simplificarlo.

¿Cómo seleccionas el porno? No me refiero a abrir unos cuantos vídeos y cerrar la pestaña si los genitales están censurados o si suena música de fondo como criterios de la decisión.

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Porque, por lo general, abrimos el ordenador o la pestaña de navegación privada del móvil, nos metemos en la clásica web de porno gratuito y, tras hacer una búsqueda rápida de lo que nos apetece ver ese día -y de la escena que más nos excita-, nos masturbamos y fuera.

Esos son todos los filtros que ponemos a las imágenes eróticas que nos llegan por la pantalla. Y, si pienso en lo exhaustiva que soy para otras cosas -mirar varios precios de televisores, leer reseñas de hoteles o incluso comparar entre varias compañías a ver qué tarifa de billete es la que más me convence-, me doy cuenta de que la elección del porno es casi automática.

Quitando lo que veo, el resto de cosas que rodean el vídeo se me escapan por completo. Un desconocimiento que, al final, está esculpiendo mi sexualidad sin que yo me dé ni cuenta o no repare en ello.

Precisamente, en busca de un cine para adultos más responsable, encontré el porno ético. Pero, ¿qué características debe reunir para que reciba esa etiqueta?

Para que sea ético, lo que vemos en la película, y lo que no vemos, debe serlo también.

Además de una trama en la que también tenga cabida el consentimiento, en la que se rompan los estereotipos de género y de etnia, también es importante mostrar relaciones en las que todos reciban placer.

¿Significa que es el fin de las escenas con juegos de poder o sumisión? Ni mucho menos, pero sí implica que no todo el porno es eso, hay una variedad de relaciones entre los personajes mucho mayor.

También la forma de producirlo tiene que cambiar. Aunque no podemos informarnos cada vez que queramos ver porno si las condiciones de los trabajadores son justas (lo que incluye que puedan decidir desde con quien trabajan hasta un salario decente), sí podemos evitar las grandes páginas web y buscar fuentes de pornografía alternativas.

Más que como “porno ético”, lo puedes encontrar bajo el nombre de porno independiente. La principal diferencia respecto al porno mainstream -por llamarlo de alguna manera- es que no está realizado por las grandes productoras.

Por tanto, no está destinado a una audiencia tan amplia, que es lo que limita el tipo de escenas que se graban (el clásico orden de preliminares, coito y eyaculación masculina sobre alguna parte del cuerpo de la actriz como escena final).

No estoy diciendo que le hagamos la guerra al porno más común y que, desde ahora, cortemos en seco con algún vídeo o canal que nos gustaba de ese estilo. El secreto está en el equilibrio.

Si siempre vamos a lo mismo, tendemos a reproducirlo pensando que no hay otras formas de tener sexo y es fundamental entender qué es lo que estamos viendo.

Al igual que no se nos ocurriría meternos una hamburguesa en cuya cocina las condiciones de higiene son más bien pocas o comer una carne contaminada, deberíamos ser igual de exigentes cuando se trata de escoger las imágenes eróticas con las que nos masturbamos.

Duquesa Doslabios.

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En busca del porno ético y de Erika Lust

Querid@s,

Cuánto daño ha hecho el porno tradicional hecho por hombres para hombres. Por muchos motivos. Sólo diré uno. Porque un polvo no tiene porque empezar siempre con una mamada y terminar siempre con él corriéndose en la boca de ella. Muy predecible todo, muy poco original, muy manido principio y final. Bueno dos. Porque no vamos todas depiladas como si fuéramos prepúberes. O tres. Porque la estética sí importa. Pero aun así, si ustedes consumen porno, no se puede negar que es excitante y divertido ver como esos actores desconocidos (algunos no tanto) follan como si no hubiera un mañana.

La actriz porno y feminista Annie Sprinkle dijo una vez que “la solución al porno malo no es que no haya porno…es intentar hacer mejor porno.” Esta máxima es lo que su productora y otras similares están intentando conseguir mediante un porno ético. Y por qué no, un porno más estético, más bonito, más romántico. En definitiva, más real.

Algunas actrices se han cansado de este tipo de porno. Se han cansado de ser explotadas, de aparecer como meros objetos sexuales y de que otros se beneficiaran de su trabajo. Así, actrices y directoras porno están cambiando la forma de hacer porno e incluso el contenido sexual del mismo. El movimiento responde al nombre de “porno ético” y está poniendo patas arriba el mundo del porno tradicional. Es lo que buscábamos muchas mujeres  y hombres a los que nos gusta ver porno, pero sin sentirnos cómplices de una industria muchas veces degradante y abusiva. ¡El porno ético es lo nuestro!

En España, la pionera del porno ético es Erika Lust. Esta directora sueca afincada en Barcelona comenzó con un porno para mujeres, que fue descubriendo que también gustaba a muchos hombres. Después surgieron nuevas productoras independientes que dignificaron el género con propuestas más creativas.

Erika Lust

El concepto de porno ético no es ni más ni menos que aplicar al porno una serie de “buenas prácticas” que tienen como finalidad desafiar la idea de que el porno es necesariamente explotador, denigrante o abusivo. Tanto la esencia como la finalidad del porno ético difieren de las del porno mainstream, que casi nunca, cumple con las máximas imprescindibles para que ese porno que vemos sea ético y responsable.

  • Tratar a los actores con respeto. A los actores se les da la libertad de tomar decisiones sobre lo que han de hacer durante la película. Algunas productoras de cine porno ético incluso permiten a los actores decidir el contenido sexual. Además se les paga un salario digno y pueden escoger los medios anticonceptivos y de protección contra enfermedades de transmisión sexual.
  • Mostrar sexo y placer reales. El porno ético quiere mostrar todas las cosas buenas que nos gustan del sexo y que no siempre encontramos en el porno tradicional. Se busca la intimidad, las risas, la conexión entre las personas que están teniendo sexo y sentimiento. Las parejas, tríos o grupos follan ante las cámaras como cualquier otro actor o actriz porno, pero sus rostros, sus gestos, sus polvos se ven y suenan diferente. Son más de verdad. Las escenas salen solas, las posturas son menos forzadas, los polvos menos encorsetados y el resultado es más natural. Algunas productoras sólo trabajan con parejas reales.

  • Enfatizar en la diversidad. Las productoras independientes se esmeran en mostrar distintos tipos de cuerpos, sexualidades y razas. Algunas productoras prestan especial predilección por comunidades que han sido tradicionalmente marginadas y ninguneadas por el porno mainstream. Si se pertenece al colectivo LGBTQ o a una minoría, si se tiene alguna discapacidad física, o no se es delgado y joven, este tipo de porno ofrece la oportunidad de ver gente como tú, como cada uno de nosotros disfrutando del sexo.
  • Más y mejor estética: Las productoras independientes éticas se decantan por estéticas que ya nada tienen que ver con el fontanero casposo o la rubia californiana recauchutada con taconazos de infarto. En el porno ético se llevan las gafas, los piercings, las coletas, las gafas y la ropa interior sin encajes. La productora Abbywinters prohíbe a sus actrices emplear maquillaje. La productora Four Rooms promueve un porno artístico, Lust Films juega con una exquisita estética en la que la feminidad y el atractivo distan una eternidad de los clichés del porno mainstream.

Si nunca ha pensado sobre la ética o la falta de ella en el porno mainstream, piense que nunca es tarde si la dicha es buena. Les sugiero que intenten buscar estos ingredientes la próxima vez que vean porno. Si quieren, claro.

Que follen mucho y mejor.