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Las fantasías sexuales más comunes y cómo probarlas (de una vez)

Por mucho que pensemos que en la cama lo que nos gusta puede ser particular, la mayoría de nosotros tenemos unos gustos parecidos que se repiten.

BIJOUX INDISCRETS

Por ello The Sex Expo y CheckMarket quisieron hacer un estudio para averiguar los fetichismos más comunes entre las mujeres y los hombres cuya edad oscila entre 20 y 30 años.

Aunque son algunas de las fantasías más clásicas, si todavía no has probado alguna, tienes también algunas razones para atreverte con ellas:

  1. BDSM: un clásico desde que E. L. James lo convirtiera en un fenómeno de ventas gracias a Cincuenta sombras de Grey. Su éxito se ha trasladado a las tiendas eróticas por lo que ha vuelto más accesible. Y lógicamente, eso de jugar en la frontera del dolor y del placer, produce mucha curiosidad. Empieza por el nivel más bajo con esposas y cintas (puedes usar cinturones o pañuelos que tengas por casa) y vete escalando niveles según te vayas viendo si te gusta o no.
  2. Sexo en lugares públicos: el riesgo de que te pillen suele ser una manera de hacer la experiencia más emocionante. La combinación de adrenalina y placer hacen que los sitios públicos tengan mayor atractivo que la intimidad de la habitación. Pero antes que nada, toma nota de algunos consejos. Si quieres iniciarte en la práctica lo mejor es que lo hagas a pocos, es decir, empezando por una zona no excesivamente concurrida ni a una hora punta.
  3. Juegos de rol: o cómo jugar con el cuero y con la imaginación. Los más repetidos eran aquellos en los que los participantes juegan a ser desconocidos. El cielo es el límite, pero puedes coger inspiración de todo lo que te rodea: películas, vídeos musicales en el que tú eres Jennifer López y tu pareja Miguel Ángel Silvestre, videojuegos, series de televisión… También es la excusa perfecta para darle un segundo uso a esos disfraces que tienes en casa de antiguos carnavales.
  4. Juguetes sexuales: en la variedad está el gusto y meter en la cama complementos adereza cualquier experiencia. Son una manera de probar cosas nuevas y que además valen para todos los participantes. Lo bueno es que no hace falta que vayas al sex shop más cercano porque tienes este post con los juguetes que te puedes hacer por tu cuenta y que se encuentran fácilmente por casa.
  5. Azotes: la más que honrosa quinta posición es para los azotes, que siguen llamando la curiosidad de todas aquellas personas que fueron encuestadas. Una práctica que, aunque pueda dar un poco de ‘miedo’ si nunca se ha probado con anterioridad, es muy placentera. El azote dentro del juego es un elemento que se debe dar en su mayor parte sobre la nalga de manera firme pero tampoco excesivamente fuerte (a no ser que te lo pidan, claro).

Pero cuéntame, ¿tu Top 5 coincide con el del estudio?

Duquesa Doslabios.

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Cumpliendo su fantasía sexual “disfrazándome” de profesora

Tengo una costumbre con mi pareja que, aunque hemos empezado hace poco, ambos nos declaramos fanáticos de ella: apostarnos fantasías sexuales. ¿Sabes el típico momento en el que uno de los dos le lleva la contraria al otro y dice “¿Qué no? Madre mía, te digo yo a ti que sí”? Ahí es cuando decimos: “Vale, hagamos una apuesta”. Una vez se ha salido de dudas, el ganador tiene derecho a pedirle al otro la fantasía sexual que quiera.

PIXABAY

Yo en un primer momento me las prometía muy felices imaginándome románticas fantasías salidas de una novela de Jane Austen versión erótica. Vamos, que ya me estaba imaginando a mi pareja interpretando a Mark Darcy en Orgullo y Prejuicio en la escena del lago, es decir, vestido con una camisa blanca empapada. Era imaginarlo y se me hacía la boca agua. Sin embargo, la apuesta la ganó mi pareja y me tocó “apechugar” con su petición, que no fue otra que disfrazarme de profesora.

“Con escotazo y tacones” me pidió como únicos requisitos. Y yo, que cuento con una amiga profesora, no pude sino suspirar resignada por esa imagen ficticia que tienen muchos hombres acerca de las docentes, más que nada porque si veis a mi amiga y a sus compañeras, entenderíais que no encajan en esa imagen casi pornográfica. De hecho, haciendo memoria, el único tacón que le he visto a mis profesoras ha sido el típico ancho de tres o cuatro centímetros, un tacón a años luz del que llevan los zapatos altos.

Pero como a fin de cuentas, había que respetar la apuesta, hice de tripas tacón. Reconvertí una especie de uniforme de colegiala en uno de profesora y metí las gafas para tener algo con lo que poder juguetear entre las manos.

Como soy una mujer formal y seria me preparé la fantasía a conciencia hasta el punto de sacar impreso un examen de la E.S.O. para poder introducirlo en el juego a modo de strip test (lo tenéis en este enlace por si queréis probarlo en casa). Un acierto suyo y yo me quitaba una prenda para “premiar el estudio”, mientras que si fallaba, la prenda me la debía él.

Todo esto, en teoría como os lo cuento, suena muy profesional, ya que encima, antes de empezar, le di una pequeña charla acerca de cómo estaba prohibido llamarnos por nuestros nombres, salirnos de la fantasía, etc. No sé si fueron los nervios o que mi pareja interpretara a un estudiante de 16 años con la barba cerrada que tiene, que al final me acabó entrando la risa y terminé saliéndome más del guión que él.

Sin embargo, la idea del examen fue un éxito aunque nos quedáramos a la mitad de las preguntas, ya que sirvió como rompehielos, y nos dio la excusa para que él “preguntara dudas” y yo pudiera juguetear con las gafas.

Por mucho que aquello más que una clase real parecía de una película de Xvídeos, pasamos un rato divertido y ya estamos a la espera de ver quién gana la próxima apuesta. Mark Darcy, esta vez no te me escapas.

Duquesa Doslabios.

Tríos: una fantasía tan morbosa como compleja

Es la fantasía sexual por antonomasia. Tres pares de manos, de labios, de brazos, de piernas… triplete de lenguas y centímetros y centímetros de piel. Puestos a explorar y dejar volar nuestra mente, los tríos son la opción favorita para muchos hombres y mujeres en lo que a sexo se refiere. Y aunque no es algo mayoritario, es más habitual de lo que muchos se creen. Solo que quienes lo practican o han practicado alguna vez no llevan un cartel colgado: el tabú sigue estando bien arraigado y nadie quiere ser etiquetado ni cargar con kilos de prejuicios.

El componente de morbo que gira en torno al trío es muy elevado y las posibilidades y combinaciones se mutiplican, aunque hay una regla de oro: ningún participante debe mostrar preferencia por alguno de los implicados. De ser así, la situación puede volverse muy incómoda y alguien se irá a casa sintiéndose muy frustrado. Será por eso que yo nunca lo he practicado, porque soy cualquier cosa menos ecuánime.

GTRES

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El otro día, al sacarle el tema, una amiga me contaba precisamente que la suya fue una mala experiencia. Tendría unos 20 años y se había encaprichado del socorrista sustituto de la piscina que había en la urbanización de sus padres; un guaperas con pinta de surfero con el que solo había cruzado cuatro palabras más allá de hola y adiós. Una de sus amigas, harta de que nunca se atreviera a decirle nada, se plantó allí un día y, tras un poco de palique, convenció al tipo de que esa noche se tomara algo con ellas en uno de los bares de la zona.

Dicho y hecho. Horas y horas se pasaron los tres charla que te charla y bebiendo una copa detrás de otra. Tanto, que él no estaba para coger el coche de vuelta y ellas, que dormían ese fin de semana en la casa sin padres de la amiga dicharachera, no dudaron en ofrecerle alojamiento. Al final una cosa llevó a la otra y, cuando quisieron darse cuenta, las estaba besando a las dos. Momento de parálisis, miradas que se cruzan llenas de dudas, de preguntas y pidiendo permiso y, por último, un salto adelante y un pacto tácito sin necesidad de palabras: nada entre ellas dos.

Y pintaba todo muy bien, ciertamente, hasta que las caricias de él sobre su amiga empezaron a alargarse mientras las suyas se acortaban y los besos que le tocaban eran cada vez más escasos. Antes de que le diera tiempo a decidir nada su amiga se percató de todo y, evitando pasar a mayores, optó por la retirada con la excusa de ir al baño. El surrealista trío pasó así a ser un mano a mano, pero doblemente decepcionado sin posibilidad de remontada. Desde entonces no han vuelto a hablar del tema y ninguna de las dos ha querido repetir la experiencia, independientemente de los posibles participantes.

Muchos me dicen que tienen muy claro que quieren hacerlo al menos una vez en la vida, aunque la mayoría coincide en que nunca metería a su pareja de por medio. Los expertos recomiendan cuidado en esto último: el sexo entre tres es algo que impacta y puede ser difícil de gestionar para una pareja, ya sea por celos, porque a uno le guste la experiencia y al otro no, porque uno se arrepienta a mitad de camino… Demasiado arriesgado y complicado, en cualquier caso, si no se tienen las cosas muy muy claras.

¿Qué opináis vosotros? ¿Alguien apuesta por el tres?