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¿Cómo superar a alguien con quien no has llegado a salir en realidad?

Tenemos una manía muy mala, mala de verdad. Conocemos a alguien, chico, chica, género fluido, da igual. La cosa es que hay una persona nueva en la vida y la vida mola más.

Pero (sí, tiene que haber un pero. Como en todos los grandes dramas, el pero no puede faltar) esa persona se va.

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Y nos deja vacíos alguien con quien realmente, no habíamos empezado a salir ni a lo mejor habíamos tenido nada especial, pero ya no está físicamente y, en cambio, en nuestra cabeza, no puede parar de estar.

Tenemos una manía muy mala de quedarnos en ese momento congelados en el stand by de “¿Y ahora qué?” Tratando de seguir adelante y sin saber ni por dónde empezar a andar.

Pero, ¿se habla también de seguir adelante cuando nunca has salido con esa persona?

Avanzar en la vida sintiendo que quedan sentimientos atrás, es complicado, pero avanzar sin una relación es confuso.

Una vez nos ha quedado claro que no vamos a recibir nada por lo que debamos esperar, hay que preguntarse qué era lo que realmente hacía que esa persona nos interesara tanto.

¿Por qué tanta importancia si, a fin de cuentas, no ha sido correspondido? El amor propio debe imponerse y hacernos recordar que merecemos a alguien que también quiera estar a nuestro lado.

Es un buen momento para tener claro lo que buscamos en la otra persona. Pensar que características nos gustaría que tuviera una posible futura pareja.

Sufrir, darle vueltas a la cabeza o simplemente cerrarse en banda, son comportamientos que no llevan a ningún lado.

Es el momento de concienciarnos de que tenemos opciones. La estrategia del clavo saca a otro clavo no funciona a todo el mundo ni siempre nos apetece realizarla.

Pero independientemente de eso, perder el tiempo pensando en alguien que no nos corresponde es un gasto de energía que, en cambio, podemos invertir en el pensamiento positivo de que hay más peces en el mar.

Duquesa Doslabios.

La sección de sentimientos de El Corte Inglés

(Si lo prefieres, puedes escucharlo leído por mí dándole al play)

Un día un poco tonto, y un poco lista que andaba yo ese día al mismo tiempo, me pidieron una frase para una escena de teatro improvisado. Me salió, tal cual lo leéis, “Sección de sentimientos de El Corte Ingles”. Dadle tiempo a Dimas Gimeno, quizás un día nos la encontremos.

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La sección de sentimientos de El Corte Inglés no es el más grande de los departamentos. De hecho, es posible que te topes con ella sin esperarlo, entre “Bebés” y “Cine y Música”, ya que a veces, es algo de la sección de sentimientos, lo que lleva de una zona a otra. Aunque, por lo visto, en el de Vitoria y algunos más, como el de Albacete, Málaga, Avilés o Vigo, se encuentra pegada a la de Viajes.

Tengo entendido que, incluso en la Gourmet Experience de El Corte Inglés de Callao, el que tiene vistas a Gran Vía, van a añadir una isla dedicada a los sibaritas de sentimientos que buscan emoción de alta calidad y son aficionados a la cultura del buen amar.

Puede que llegaras a la sección de sentimientos de El Corte Inglés por casualidad, porque realmente tienes de todo y no necesitas nada, o al menos hasta que un dependiente avispado, que sabe más de sentimientos por experiencia que por trabajo, te conduce a una remesa recién llegada de productos. Y no es hasta ese momento que no te das cuenta de las ganas que tenías de hacerte con uno.

Más allá, en otra caja, hay una chica exasperada tratando de cambiar un sentimiento (sí, esta sección también cuenta con clientes descontentos, no iba a ser la excepción). La dependienta intenta hacerle ver que el problema no es el producto, sino que no es compatible con la persona con la que lo quiere instalar. “Mire que lo siento señorita, pero es irreconciliable”. “No lo entiendo, si está nuevo. Acabo de comprarlo. ¿Cómo puede ser que no funcione?” La dependienta trata de explicarle pacientemente y de buenos modos (porque por mucho que sea una sección nueva, el curso vestibular de los grandes almacenes, es para todos), que el problema es que el sentimiento de ella no cuadra con el sistema operativo del chico. Que por mucho que a ella le guste, para él solo ha sido un “rapidito”.

Acaba de llegar, directamente salido de las escaleras mecánicas, un hombre con un sentimiento destrozado entre las manos. En el servicio técnico ya le han dicho que no hay nada que puedan hacer para salvar ese matrimonio, y que acuda a la sección de sentimientos para ver si pueden ofrecerle algo nuevo que pueda ser parecido a aquel que compró, feliz y confiado, hace más de 30 años. Es una tarea difícil, le han dicho, ya que ese modelo dejaron de fabricarlo hace tiempo, pero se encuentra en la sección adecuada para reponerlo.

Lo más maravilloso de la sección de sentimientos de El Corte Inglés, es el estante de Oportunidades. No ocupa apenas espacio, pero es una de las zonas más frecuentadas del departamento. Sus productos vuelan casi al instante de ser depositados. Si te acercas ahora podrás ver que ofrecen los siguientes: “oportunidad a tu ex”, “oportunidad a ti misma de que mereces ser feliz“, “oportunidad a esa chica que estás conociendo y que, aunque no quieres tener pareja, no puedes dejar de pensar en ella“, “oportunidad perfecta para decirle te quiero”, “oportunidad de cogerle la mano”, “oportunidad de darle un primer beso“…

Duquesa Doslabios.

Querido capullo

(Si prefieres escucharlo leído por mí, dale al play)

Voy a hacer algo que nunca pensé que haría contigo: te voy a dar las gracias. Gracias por llegar a mi vida y, por qué no, gracias también por destrozarla.

No me malinterpretes, no es que lo necesitara. Nadie necesita en su vida un capullo y menos aún si nos paramos a pensar en lo devota que fui yo contigo.

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Pero claro, cómo iba yo a saber que me encontraba delante de un capullo cuando me desarmaste con esa sonrisa de pillo, no es como si lo llevaras en la frente escrito o como si hubiera sabido que en tu cartera tenías el carné de capullo integral, de esos con un master, especializados en joder.

En el fondo me río, me río por no llorar, porque pensaba que ya a mi edad sabía reconoceros desde la distancia, a kilómetros, a millas, a años luz. Pensaba que ese radar que me he construido a prueba de capullos saltaría en cuanto alguno se me acercara.

El problema es que los capullos sabéis cómo esquivarlo, sois capullos con piel de cordero, el capullo definitivo, la evolución, el 2.0.

Quiero decirte que ya está, que no te guardo rencor, que no importa si me jodiste más fuera de la cama que dentro de ella, que no pasa nada por las mentiras que me he comido de primer plato, segundo y hasta de postre con cuchara, porque ya me he dado cuenta.

Me he dado cuenta de que eres un capullo. Y si bien no puedes cambiar, yo si puedo decidir dejar de sentirme mal por ti.

Estoy agradecida porque gracias a ti he descubierto que soy indestructible, que aún despedazada, puedo recomponerme de nuevo. Que lo hermoso de un corazón es volver a juntarlo usando oro para mantenerlo unido. ¿Y sabes qué? El resultado, no podría ser más bonito.

Querido capullo, no te equivoques. No quiero que te justifiques conmigo para que te sientas bien contigo mismo. Perdiste tu crédito de tantas motos que te he venido comprando. Además que compré todas sin excepción. Compré “Eres la única”, compré “Me he enamorado de ti”, compré “Quiero pasar contigo todos los días de mi vida”. Fíjate si era una buena clienta que hasta te compré el “No volverá a pasar” y la de “Esta es la última vez”. Te compré tantos “Te quiero” que cuando descubrí que no me estabas vendiendo algo verdadero, sino un artículo falso, de imitación, empecé a encontrar las taras en todos los demás.

Y así terminamos la relación, descubriendo que tú estabas vacío y yo, de llena de mentiras, empachada.

Aún con todo, que tus todos son nada en realidad, quiero darte las gracias. Porque me has enseñado que aunque tú eres un capullo de serie, no todos sois iguales.

Gracias porque tenía que toparme con un capullo para apreciar realmente a alguien original, alguien de diseño, de edición limitada, alguien especial.

Duquesa Doslabios.

p.d.: También aplicable a las capullas.

Recomponer un corazón tras una ruptura inesperada

Me había propuesto escribir sobre algo trivial en el siguiente post, en plan ligerito y nada denso. Pero por más que lo intento, no puedo. Es difícil abstraerse de la tristeza y el sufrimiento, aunque sean ajenos. Y este fin de semana el dolor de alguien muy querido se ha instalado en mi casa pidiendo refugio, buscando arropo y un poco de consuelo. Solo que no hay forma de consolar a un corazón al que acaban de partir en mil pedazos.

Esta historia no tiene nada nuevo; es una más de tantas sobre desamor y abandono. Una separación repentina e inesperada y un divorcio inminente. En este caso es el dolor de una mujer, aunque igualmente podría ser el de un hombre, nada más lejos de mi intención que intentar poner sexo al sufrimiento. Como decía, no hay nada de especial en esta historia, salvo la inmensidad de un dolor que me conmueve hasta lo indecible.

Mujer llorandoPero por más que quisiera aliviar su pena, no se pueden llorar las lágrimas de otro, ni llenar sus huecos. Dicen que lo más duro y estresante por lo que puede pasar una persona es el fallecimiento de un ser querido y una separación, por ese orden. Y es verdad, aunque es lo mismo, en cierto modo. Porque una separación es como una forma de muerte, sobre todo cuando es unilateral y se está enamorado. Es la desaparición repentina de una forma de vida, de un proyecto común, y a ello hay que sumar la sensación de fracaso y el sentimiento de rechazo y abandono.

“Me ha echado de su vida”, me repite. “No me ha elegido a mí…” Hace tres semanas estaban buscando tener un hijo; hoy se ha dado cuenta de que ya no la quiere. La consecuencia es alguien roto, confuso, desorientado. Aniquilado.

La veía así, hecha un ovillo en la cama, con el rostro congestionado por el llanto, y sentía una impotencia enorme. Cualquier gesto o palabra por mi parte me resultaba groseramente ridículo e intrascendente ante semejante despliegue de desolación. Me parecían casi un insulto o una falta de respeto hacia sus sentimientos, hacia la profundidad de su tristeza.

Así que la única forma digna que hallé de acompañarla fue acordarme de mi propio dolor. Pero no el reciente, ya superado y diferente, sino otro muy lejano. Heridas de otra vida, casi. Una vida prácticamente olvidada, si no fuera porque, muy de vez en cuando, cuando menos me lo espero, me veo la cicatriz. Y entonces me acuerdo; me acuerdo de sentir dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabía que existían, de las noches oscuras y eternas repasando todos los detalles y preguntándome qué hice mal, qué fue lo que malinterpreté y cómo coño pude pensar que era tan feliz.

Y así estuvimos las dos. Ella lamiéndose las heridas y yo luciendo cicatrices mientras intentaba convencerla, sin éxito, de que no hay mal que dure 100 años.

¿Es mejor dejar o que te dejen?

Cuando una pareja se rompe, siempre hay algún cretino cerca que lo primero que pregunta es: ¿quién dejó a quién? Más allá de la curiosidad morbosa y humana, que es entendible, lo que me molesta realmente es el tufo a prejuicio (sí, aquí cabalgan de nuevo), ese que parece catalogar a las personas y colgarles la etiqueta de pobrecitos/desgraciados a los dejados, y de tipos/as guays y duros a quienes dejan. Más de una vez he oído a gente hablar de otra gente con cierta admiración solo porque sus exparejas se quedaron hechas polvo tras la ruptura y tardaron en recuperarse. Como si eso les hiciera ser mejores o más atractivos de cara a los demás.

a00528242 581Soy consciente de que cualquier planteamiento sobre este asunto pecará de reduccionista (no se trata de hacer una tesis), pero la premisa es que el dolor, en ambos casos, es inevitable. Llorar por las esquinas y sentir que te mueres de pena, o sentir mucha pena y creer que te mueres de culpa. En este último caso, además, se suman grandes dosis de duda. ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si no es que esté desenamorada, sino que no estoy sabiendo asumir las distintas fases por las que pasa una pareja? ¿Será peor el remedio que la enfermedad?

A menos que hablemos de un psicópata sin empatía, y por supuesto dejando fuera aquellos casos de historias muy chungas y rupturas aún peor, lo normal es que el que deja también lo pase mal. Y mucho. Porque aunque ya no estés enamorado, ¿cómo no vas a sufrir al asistir al fin de un proyecto en común por el que un día apostaste? ¿Cómo no te va a afectar el sufrimiento de alguien a quien has amado y a quien seguramente aún sigas queriendo? La costumbre, las rutinas, los recuerdos… Muchas cosas que llorar antes de poder abrazar nuevas causas.

El asunto es, ¿cuál de estas dos opciones es más deseable? Como todo, dependerá de la persona. En mi caso, lo tengo claro. Por mucho que duela, el abandonado siempre lo pasa peor. Esa sensación de desahucio, de vacío, de noches enteras pensando qué hiciste, en qué fallaste, la autoestima por los suelos… Además, siempre es mejor poder elegir. Aunque para ser sincera, he de decir que nunca he sido capaz de dejar a alguien de forma unilateral y tajante. El otro siempre me ha importado tanto, aunque ya no lo amara, que siempre he optado por intentar convencerlo de que él tampoco me amaba a mí. Y así, tras meses de mostrarles los beneficios de que rompiéramos, casi siempre acabé por convencerlos y que al menos pareciera una separación de mutuo acuerdo. Quizás por eso me llevo bien con casi todos. No es muy valiente, pero cada uno hace lo que puede. ¿Y vosotros?