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No es tan mala idea hablar con tu ex si es para pasar página

Soy de las pocas excepciones que, en ese año tan raro que fue 2020, no rompió su relación por causa de la cuarentena. Al revés. Estar confinada con mi -ahora ex- pareja no supuso ningún inconveniente ni añadió dificultad a nuestra relación.

Ya que la ruptura fue después (y por una causa nada relacionada con pasar tiempo juntos), me enfrenté a las nuevas restricciones con una mudanza, mucho tiempo libre, demasiada gente en común en redes sociales y pocas opciones de escapar de todo aquello haciendo un retiro espiritual en un pueblo cualquiera, lo que realmente me pedía el cuerpo.

Enfrentarse a una separación es complicado siempre. Lo ha sido para mí en la recta final de mi veintena y lo está siendo para un amigo de la familia que se ha divorciado al poco de cumplir 60 años.

PULL&BEAR

Asumir el cambio de vida, el fin de una etapa o las nuevas rutinas que tienes que empezar a crear de cero y por tu cuenta, son siempre parte del proceso.

Pero cuando viene acompañado de la sensación de soledad de no poder casi reunirte con las amigas o refugiarte en abrazos y besos de conocidos que viven tus penas como propias, ¿cómo seguir adelante?

Hay dos momentos de mi vida sentimental que me han enseñado sobre mí misma más que cualquier otro. El primero fue cuando me desenganché de una relación tóxica. El segundo ha sido este.

Y no las pongo al mismo nivel ni mucho menos. Pero si en la primera vez averigüé lo que no quería volver a encontrarme en mi vida, en la segunda lo puse en práctica sin dudar.

No hubo dudas, remordimientos ni miradas hacia el pasado. Solo la certeza de que había aprendido la lección y había tomado la vía correcta.

Al principio fue de todo menos sencillo. Durante el primer mes repasaba cada poco tiempo sus redes y recorría los lugares en los que habíamos construido recuerdos juntos durante los últimos los años con un nudo en el estómago.

Llegó el punto de inflexión cuando lo que más me exasperaba era sentir que yo era la única que estaba viviendo ese sufrimiento, que a la otra persona no le importaba nada.

Que pese a no haber sido yo quien había fallado en la relación, era quien peor lo estaba pasando, quien no conseguía dejar todo atrás y avanzar.

Así que hice algo que desaconsejan en todas las normas no escritas cuando atraviesas una ruptura: le escribí para preguntarle su secreto.

Quería saber cómo hacía para evitar saber sobre mí, cómo aguantaba las ganas de escribir, cómo había dado todo tan por perdido…

Y no fue hasta ese momento, en el que tuvimos una conversación por WhatsApp, que pude escribir el punto final.

Lo mejor es que de todas las preguntas que me formulaba en mi cabeza y que le expuse en aquel momento, solo pudo contestarme a una: no me buscaba para no hacerse daño. Tan sencillo y obvio como eso.

Entendí que el hecho de no saber todo lo que podía estar pasando por su cabeza, de no entender sus motivos de no volver a querer saber nada, era algo que debía aceptar y con lo que me tocaría vivir.

Tenía dos opciones: quedarme anclada dándole vueltas a las cosas sin llegar a ninguna respuesta, porque lo mismo ni siquiera él la tenía (y si la tenía, no iba a compartirla conmigo), o soltar y salir del bucle.

Desde ese momento no he vuelto a pasar por su perfil y tampoco he tenido ganas de hacerlo. Tantos conocidos en común hacen que de vez en cuando se cuele en el mío.

De fondo, en alguna historia, soy capaz de reconocerle. La diferencia es que puedo decir que esas intrusiones ya no me aprietan las entrañas.

No siento nada.

Consciente de que ha sido un cierre poco convencional, es el que me ha servido a mí y el que realmente me ha ayudado a la hora de avanzar.

Ha pasado de ser personaje principal a un extra, un figurante más que ya no es relevante en la trama donde he vuelto a ponerme en el puesto de protagonista.

Y solo yo escribo la siguiente página.

Duquesa Doslabios.

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Han roto. Vale ¿Y ahora qué? 6 trucos infalibles para superar su ruptura sentimental

Querid@,

Trate -sé que no es fácil-, de no volverse majareta preguntándose por qué.

Las cosas simplemente son o no son, salen o no salen. Si la historia se ha acabado, es porque no tenía que ser. No someta este capítulo de su vida a más elucubraciones, ni se obsesione usted más de la cuenta repasando de cabo a rabo la última conversación que tuvieron, porque esto no le conducirá a ninguna parte. Bueno, solo a un sitio, al manicomio, donde yacerá junto a otros tantos locos de atar, enfermo de amor, más bien de cruel desamor.

  1. Animo

Piense que a muchos les gustaría estar en su lugar y poder hacer lo que le de la real gana. Pues eso debe hacer usted ahora, lo que le dé la gana. Respire hondo, cuenta hasta 10 y felicítese por su nuevo status sentimental. Aunque no es necesario que lo publique en Facebook y martirice a todas sus amistades, mucho menos si notifica su recién estrenado estado con el símbolo de un corazón roto. Por favor, pierde usted puntos por hortera y previsible. Cierto es que compartir es vivir, pero hay cosas maravillosas que brinda la soltería.

Mírese al espejo y devuélvase la mirada con orgullo y satisfacción. Es usted un artist@, un hombre o mujer de bien y ahora vuelve a ser ese hombre o esa mujer libre y sin compromiso. Es usted fuerte y lo va a conseguir, por estas (mientras se besa los dedos índice y pulgar). Dele al play y ¡a mover el esqueleto!

2. Recuerdos fuera

Guarde todas sus cosas a mil leguas bajo tierra. Fotos, recuerdos varios, libros, estradas de teatro de cuando jugaban a ser cool, ropa interior, camisas o ese jersey de la universidad que sigue oliendo a ella o a él. O mejor quémelo, nada de medias tintas. En el amor y en la guerra todo vale. ¿O no?

3. No sea coñazo 

Evite dárselas de femme fatale o machito cabrío por la vida, sobre todo por las noches y en los bares. Se le verá el plumero, se lo aseguro. Tampoco se pasee por ahí con la misma cantinela torturando todo hijo o hija de vecino, según sus preferencias sexuales, al que se acerque. Saldrán huyendo como alma que lleva al diablo. Normal, a nadie le gusta aguantar la chapa mortuoria de un cenizas que no deja de lamentarse de lo miserable que es su pueril existencia. Es bastante patético encontrarse con alguien que se tira toda la noche contándote su fatídica historia de amor. Para estos desahogos tiene usted a sus amigos, que en estos momentos (de la verdad) son como tener un as bajo la manga.

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4. Amigos, esos tesoros dde incalculabre valor

Los amigos estamos a las duras y a la maduras. Puede que usted, mientras andaba sin tiempo para nadie más que para su cari y enchochado lo que duró la relación amorosa sentimental, dejó de lado a más de un amigo. No se desmorone, los buenos no le guardarán rencor. Ahí estarán para aguantarle y dejarse martirizar, sin pasarse. Sus amigos tienen derecho a darle una hostia bien dada en caso de que usted se exceda con su melodrama post ruptura y arrancarle el teléfono de las manos cuando esté a punto de cometer una locura. Locura es llamar a su ex a horas ciertamente intempestivas y más ciego que el mismísimo Stevie Wonder (recuerde que ya no tiene ninguno vínculo ni derecho a ciertas cosas) para decirle Te quiero, te sigo queriendo y siempre te querré , o mandarle un mensaje suicida (demencial y hortera) que diga Por favor no me dejes, sin ti no soy nada.

Recuerdo cuando andaba yo como Shakira, no con Piqué, sino loca, ciega, sorda, muda por un tipejo hace unos años y la cosa acabó rematadamente mal, y de paso con mi ya maltrecho corazon hecho pedazos. Tod@s, absolutamente todos mis amigos, estuvieron ahí al pie del cañón, aguantándome día y noche. Día a día, cada semana, todos los meses, hasta que se me pasó la tontería.

La verdadera amistad no tiene precio. La falsa no vale siquiera una cerveza barata.

5. En tiempo de guerra, todo agujero es trinchera.

Tirarse a usted todo lo que se menea para olvidarse de su ex no funciona. Esta bien retozar para olvidar y pasárselo bien, pero que la noche no le confunda. Si decide hacer oídos sordos a mis no consejos y no hacerme ni puñetero caso, que será lo más probable, si decide tirarse a todo lo que se menea, por lo menos use el preservativo. Siempre. Y ya que estamos, atienda a este video impagable. Al menos un par de veces, no se arrepentirá.

6. Beba (hasta perder el control).

Está bien, puede usted beber. Tiene usted derecho al pataleo y a cagarse en el mar, los muertos de la ex parienta, blasfemar, maldecir en ruso, y hasta el día en que conoció a ese hombre que para usted ahora es un completo desconocido, hijo de la grandisima p…, cómo ha podido… Como cantan los trovadores más románticos de la canción española, beba hasta perder el control. Bueno, deténgase cuando empieza a perder el habla y la visión periférica. Si se pasa ya sabe que se lo pirde. Por culpa de esas copitas extra no sólo perderá el control, sino el saber estar y la poca decencia que le queda. No olvide que cuando la borrachera se desvanezca, a la mañana siguiente llegará la tocapelotas de la resaca y le hundirá aún más en su miserable pozo de desamor.

Pruden prudencia, por favor. Y si bebe, no conduzca. La Dirección General de Tráfico se lo agradecerá, y todos los que le quieren también (incluso su ex, a su manera). Por último, si decide volver a no hacerme ni caso y esta decidido a beber hasta perder el control, haga el favor de dejarse el móvil en casa o se arrepentirá cuando sea demasiado tarde y hayas hecho alguna llamada poco acertada calificada de “cagada monumental” a altas horas de la madrugada, con un ciego como un piano a quien usted y yo sabemos.

Si han tenido la desfachatez de dejarle a las puertas del fin de semana, dejese el movil en casa si va a salir e insisto, no se pase con los tragos. Acabará tirado en una cuneta  y más borracho que las Grecas.

Dame veneno que quiero morir, dame veneno.

Que follen mucho y mejor.