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De cuando tuve sexo por (y con) miedo

Cuando hace unos años conocí a ese tío, el plan no podía parecer más normal. Unas cervezas por La Latina, conocernos, charlar…

Nos gustamos, sí. Al poco estábamos besándonos y dejó caer que su casa estaba cerca, si me apetecía cambiar el ambiente. De buena gana accedí y unos minutos después entrábamos por la puerta.

La misma que luego cerró con doble pestillo y me llevó a preguntarme -un pensamiento relámpago que me cruzó la cabeza-, por qué tanto cerrojo.

UNPLASH

Tuvimos sexo, sí. Y aunque en el bar tenía todas las ganas del mundo, cuando empezamos a enredarnos, se esfumaron.

Era violento, desagradable y doloroso. No estaba disfrutando, él me estaba haciendo daño dándome golpes, estrangulándome y encontrando todo tipo de prendas para inmovilizarme.

Y mientras pasaba de una a otra zona de mi cuerpo a mano abierta sin que pudiera resistirme, yo pensaba en los dos cerrojos, en que estaba muerta de miedo y que solo quería ver abrirse esa puerta de nuevo.

En ningún momento le dije lo que estaba sintiendo, no abrí la boca. Nadie sabía ni dónde ni con quién estaba, había entrado por mi propio pie a su casa y había accedido a tener sexo.

Ya era lo bastante feminista como para saber qué iba a escuchar al respecto si alguna vez contaba la historia.

Solo quería una cosa, que acabara rápido y poder irme a mi casa. Algo que pasó una hora más tarde. Él volvió a escribirme, se lo había pasado genial, quería verme de nuevo, que volviéramos a quedar. A día de hoy, aún me sigue en Instagram.

No sé cuántas veces me he preguntado por qué no hablé, por qué no le expliqué que no me sentía a gusto con él y prefería marcharme.

Ahora le doy la enésima vuelta con una amiga después de salir de ver Una joven prometedora y me dice lo que sé pero me duele escuchar: que a todas nos ha pasado algo parecido.

Porque entonces la conclusión es clara. Preferimos pasar una experiencia que seguramente nos marque, de una manera o de otra, por miedo. Miedo a asumir las consecuencias de un “No quiero seguir haciendo esto”. Miedo al peligro.

Ya se ha encargado la sociedad de hacernos entender que, lo mejor que te puede pasar si te fuerzan, si te violan, es que no digas nada ni haya vídeos al respecto que se puedan viralizar.

Porque el silencio, el anonimato, es preferible a eso.

Vivir una vida tranquila con marcas de violencia que solo tú eres capaz de seguir viendo años después es mejor que un escrutinio nacional, que saber que tu violador -o violadores-, están libres y que tú, algo habrías hecho, llevado puesto o bebido para merecerlo.

O que tú querías tener sexo (aunque luego cambiaras de idea).

Duquesa Doslabios.

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No tienes perdón si te quitas el condón

Sí, sabemos que el preservativo no es lo más cómodo del mundo. Que os aprieta, que os quita sensibilidad, que no lo notáis igual y que preferís tener sexo sin él.

Pero también sabemos que no tenemos garantía de dónde la habéis metido previamente (por mucho que nos juréis que solo lo habéis hecho una vez con vuestra novia de toda la vida) y que preferimos no arriesgarnos a tener una ETS por un rato incómodo que podáis pasar.

Además, cada vez hay más opciones de diferentes tamaños, texturas y grosores para que sea casi como estar piel con piel.

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Lo que no se justifica en ningún caso es que, en pleno polvazo, hagas la de quitártelo sin decir nada.

Si alguna vez lo has llevado a cabo, deberías saber que acabas de cometer un delito que se llama stealthing, ya que penetrar sin preservativo ni consentimiento es una forma de abuso sexual. Y en España, desde 2020, está penado con la cárcel.

Amiga, si eres tú la que ha sido víctima (además de mandarte mucho apoyo) quiero recordarte que puedes ir a denunciar. Nadie tiene derecho a decidir sobre tu cuerpo, tu voluntad debe ser respetada en todo momento.

Están atacando tu libertad sexual y haciendo un contacto con el que tú no estás de acuerdo.

Que por mucho que tengas ganas de sexo, nada justifica que te veas en una situación de peligro (que además de afectar a tu salud, puedes jugártela con un embarazo no deseado).

Y si eres tú el que se plantea ponerlo en práctica -o alguna vez lo has hecho porque eres así de egoísta y kamikaze (tú también te puedes contagiar de una venérea, no te olvides)-, decirte que muchas de nosotras lo pasamos (realmente) mal con la regla y no vamos lanzando tampones manchados a la gente.

Nos aguantamos y respetamos que puede que el señor que espera el Metro no tiene por qué querer llegar a la oficina con un churretón de sangre menstrual.

Es tan fácil como respetar la decisión de la otra persona y que si dice con condón, es con condón en todo momento. Sin negociación.

Duquesa Doslabios.

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La tendencia más positiva de TikTok responde a las agresiones sexuales

Solo hay una cosa que haya triunfado tanto como la levadura o el papel higiénico durante la cuarentena: TikTok. La cantidad de usuarios que se han sumado a la nueva red social de moda, durante el estado de alarma, han dejado en un segundo plano a Instagram.

TikTok

Pero entre bailes, retos y simpáticos vídeos de mascotas, hay un tipo de contenido que nadie esperaba que se hiciera popular.

Y es que muchos tiktokers han creado una tendencia para compartir sus historias de abuso sexual y motivar con el proceso de superación.

Partiendo de la canción de It’s time de Imagine Dragons, estos usuarios han escogido la estrofa de “Now don’t you understand. That I’m never changing who I am?”, que se podría traducir por “¿No entiendes que nunca voy a cambiar quien soy?”.

Con ese trozo de fondo, comparten la que sería una de sus experiencias más duras, enseñando a sus seguidores la ropa que llevaban al haber sido agredidos sexualmente y lanzando un mensaje claro a sus agresores.

“Esta es la misma falda que me arrancaste aquella noche”, escribe una chica mostrando una prenda totalmente rasgada. “No me defines y nunca lo harás”.

“Yo tenía 14. Él tenía 18. Me dijo que íbamos a hacer compras navideñas para su madre. No soy una víctima, soy una superviviente. Las cosas van a ir a mejor, lo prometo”.

“Hola Logan. No sé si te acuerdas, pero esta era la ropa que llevaba aquella noche. Puede que te llevaras mi confianza, mi intimidad y mi sensación de seguridad. Pero ahora soy más fuerte y cada vez me siento más cómoda en mi piel”.

Estos son solo algunos de los mensajes que lanzan los protagonistas de los vídeos. Sobre todo mujeres, pero también algún chico, entre 16 y 20 años son quienes demuestran la cantidad de abusos sexuales que siguen sucediendo también en las nuevas generaciones.

Y, de entre todas las maneras de contar una historia y concienciar sobre algo tan difícil como puede ser una violación, han optado por hacerlo con el positivo mensaje de que continúan en pie y lo hacen con ganas.

Para ellos es una forma de dar ejemplo, de continuar su lucha personal enfrentándose a sus propias vivencias y, de paso, poder ayudar a otras personas que se encuentren en situaciones similares, haciéndoles saber que no están solos y que la vida continúa incluso después de algo tan traumático.

Un mensaje que transmite la esperanza de no dejarse definir por lo que ha pasado y de seguir siempre hacia adelante.

Duquesa Doslabios.

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‘Gran Hermano’ o cómo grabar una violación por un programa de televisión

Este miércoles reflexionaba sobre la anormal normalidad que, aún hoy en día, se da con las agresiones sexuales y todo lo que conlleva violencia de cualquier tipo hacia la mujer.

GTRES

Poco después me entero de que Carlota Prado, una antigua concursante de Gran Hermano, durante su estancia en Guadalix –en plena grabación del programa-, fue violada mientras todo el equipo tras las cámaras, que se turnan a lo largo de las 24 horas del día para no perder detalle, no hacía nada para evitarlo.

Con ínfulas de documentalistas de National Geographic, redactores, realizadores y operadores de cámara dejaron que la ‘naturaleza’ siguiera un curso atroz. Lo que no sabían es que, en ese momento, junto al agresor, se estaban convirtiendo en animales.

No todo vale en el circo mediático, y este ha sido uno de los casos en los que se han cruzado los que debería ser considerados límites: el bienestar físico, emocional y mental de una participante y un delito.

No puedo evitar acordarme de una tuitera que comentaba, hace unos días, que al mediodía, en plena Gran Vía de Madrid, un hombre empezó a insultarla a gritos de manera violenta por haberle respondido a un piropo.

Se sentía sola en una de las calles más concurridas de la capital al ver que nadie hacía nada por pararle los pies al hombre.

Y si ella experimentaba esas sensaciones, ¿qué no experimentará Carlota sabiendo que puso su vida en manos de una cadena de televisión y nadie del programa hizo nada para protegerla?

No solo hay hombres que nos violan, algo ya de por sí duro que, como mujeres, nos toca asumir. También hay cómplices -según la RAE persona que, sin ser autora de un delito, coopera con actos simultáneos- que se mantienen al margen. Una serie de testigos mudos, pero no ciegos, de un crimen que, en sus manos, estaba evitar.

¿Qué sacamos de esto? Lo de siempre. Una mujer con un trauma que arrastrará toda su vida, un agresor con una pena que nunca parecerá suficiente y Mediaset dispuesta a pensar en la siguiente edición del programa.

Si grabar una violación en un reality show no es telebasura, yo ya no sé.

Duquesa Doslabios.

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