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Sexo rápido, amor lento

Si te paras a pensarlo, tiene hasta sentido. Somos la generación más rápida para unas cosas y la más lenta para otras.

Podemos deslizar el pulgar hacia la izquierda a la velocidad del rayo descartando personas y quedarnos estancados dedicando las canciones a través de los stories a una sola durante meses.

Si bien somos capaces de reservar un vuelo a la otra punta del mundo en unos segundos, planeamos minuciosamente los pequeños detalles antes de marcharnos. No queremos sorpresas, tiene que salir todo perfecto. Y en el amor no íbamos a comportarnos de otra manera.

¿A quién le importa guardar los tiempos de espera si te quiero desnudar aquí y ahora? Pero totalmente diferente son las doscientas vueltas a la cabeza pensando dónde o qué hacer estando vestidos.

No tenemos prisa. Y es que si algo ha hecho que a los 20 años todavía no nos sintamos adultos, es que aún estamos aprendiendo a hacer las cosas (que se lo digan a nuestros padres, que a muchos nos ayudan a descifrar la Declaración de la Renta).

Nos caracteriza estar con nuestra pareja varios años. No nos lo tomamos a la ligera, queremos no solo conocernos, sino conocernos bien. Y no solo a la otra persona, sino a nosotros mismos.

Queremos desarrollarnos como individuos, saber a dónde queremos llegar, qué nos gusta y que no. Tener las cosas claras porque la primera persona con quien debemos sentirnos a gusto somos nosotros mismos.

Nuestros problemas de compromiso a la hora de fidelizarnos con una plataforma de vídeo, se traduce en la dificultad que encontramos en mantener nuestra palabra con alguien.

Puede que tu abuela a tu edad (o incluso antes) ya estuviera casada. Antes, el matrimonio, era el primer paso en la vida adulta. Ahora forma parte de los últimos.

Y es que si algo tenemos claro es que si nos decidimos a darlo, será la guinda del pastel. De un maravilloso pastel del que conoces y has construido cada capa, cada cobertura, relleno y topping extra.

Duquesa Doslabios.

¿Por qué la gente se casa? 11 razones para dar el sí quiero

Querid@s,

Yo os declaro marido y mujer. Casarse está bien, pero no casarse también. Yo no tengo ni pajolera idea de si algún día me casaré o no, tampoco me quita el sueño. Lo que sí sé a ciencia cierta es, que si me caso, únicamente lo haré por amor. Y por la fiesta, por supuesto. A mí las bodas me chiflan, soy muy fan. Si  no fuera porque el trabajo acabaría siempre interponiéndose en mis preciados fines de semana, me convertiría en wedding planner.

La soltería es un estado cada vez más común, pues actualmente las personas se casan cada vez más tarde y hay quienes eligen permanecer solteros. Esta elección bien puede desconcertar y hasta desconsolar a los padres que desean bodorrios por todo lo alto y nietos, y no se resignan a que sus hijos escojan un estilo de vida diferente.

Como soltera que soy me pregunto cuáles son las razones de la gente que se casa para dar el “sí quiero”.

1. ¿Porque que él o ella le obliga? Creo que en este caso son ellas las que fuerzan más la situación. A más de un amigo he odio confesar aquello de Yo no me quiero casar, lo hago por ella y no quiero perderla.

2. ¿Porque no se atreven a decir que no? Sobre todo ellos.

3. ¿Porque se quieren? ¿Porque se quieren y quieren celebrarlo? Los dos tortolitos están absolutamente in love.

4. ¿Por la fiesta? ¿Por los regalos? Yo creo que más ellos por el fiestón y ellas por los presentes.

5. ¿Por costumbre? ¿Por  no estar sol@? Los dos.

6. ¿Por inercia? Ambos sexos por igual.

7. ¿Porque quieren ser el centro de atención aunque sea por un día? Sobre todo ellas.

8.¿Porque sus amig@s se han casado y ell@s no van a ser menos? Yo creo que son más ellas que ellos.

9. ¿Por vestirse de blanco aunque no sean vírgenes? Ellas, sin duda. No lo digo por lo de vírgenes, sino por lo de vestirse de blanco.

10.¿Porque en verdad no saben lo que están haciendo y ya que están, de perdidos al río? Los dos, aunque me da a mí que ellos suelen pensarlo menos que ellas.

11. ¿Porque la persona a la que amas se ha casado con alguien que no eres tú? Creo que los dos también.

¿Se os ocurren más razones? Creo que las hay para aburrir.

A follar a follar que el mundo se va a acabar.

Bodas sin novio ya disponibles en Japón

Querid@s,

Japón es un país extraño, raro de cojones diría yo. Como poco es diametralmente opuesto a nuestra querida España. Hace poco una amiga volvió de vacaciones del país nipón y me comentó, entre risas, las excentricidades que ahí descubrió. Además de los restaurantes donde usted puede comerse el culo de una señorita, sepan que hay bares para acariciar gatos por horas, empresas que ofrecen a los más orgullosos alguien que presenta sus disculpas en su nombre (con llanto incluido, si así lo desea el cliente), o la animalista Unagi Travel que se lleva a tus peluches de vacaciones, por si andan demasiado estresados con sus quehaceres diarios. Vean.

¿Estamos locos o qué? Pero el último grito en servicios raros de cojones tiene que ver con el amor. Escúcheme señora. Usted que lleva planeando su boda al detalle desde que su prima lejana contrajo matrimonio. Usted que ya sabe la canción que bailará con su marido para inaugurar el baile, usted que sabe hasta a quien regalará el ramo y el destino de la luna de miel. Usted que desea imperiosamente casarse, pero -un pequeño detalle sin importancia- no tiene con quien, deje de preocuparse porque ya puede casarse. Lamento decirle que no en España, todavía estamos en servicios nupciales, pero si en Japón. ¿Dónde sino?  

Resulta que existe una agencia de viajes japonesa que le llevará al altar sin necesidad de pasar por él. ¿Cómo se queda? La revolucionaria agencia de viajes que brinda este extraño servicio nupcial se llama Cerca TravelDate la oportunidad de sentirte como una princesa en la preciosa y encantadora ciudad de Kyoto es cómo anuncian este servicio llamado Kyoto Solo Wedding exclusivamente dirigido a las mujeres. Nos ofrece la posibilidad de enfundarnos en un traje de novia, pasar por el altar y poder inmortalizar para siempre toda la experiencia en un álbum de fotos. En sus seis primeros meses este servicio contó con más de 130 clientas. Poca broma.

¿Cuánto cuesta la broma?

El precio de este servicio ronda de los 2.500 a los 3.000 euros.

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¿Cuál es el plan?

El plan consiste en ponerse en la piel de una novia real y pasar por una experiencia similar a la que se vive el día más feliz de nuestra vida. El excéntrico servicio tiene una duración de dos días, con una noche de hotel incluida, en los que un equipo de profesionales asesorarán en todo momento a la novia para que todo salga a pedir de boca. Se desarrolla así. 

DIA 1:

13:00 Preparativos con el coordinador en la estación central de Kyoto donde podrá discutir sus deseos y preferencias.

14:00 Traslado a la tienda de vestidos de novia Ayumi y selección del vestido de sus sueños. Podrá escoger entre el tradicional kimono o el vestido de novia blanco de toda la vida. El personal se encargará de que el vestido afortunado le quede como un guante.

16:00 Si se decanta por el vestido de novia, nuestro diseñador la guiará en la preparación de un ramo especial para su día especial.

17:00 La acompañaran a su hotel. Si se siente nerviosa y no quiere cenar sola, el coordinador le hará compañía. Eso sí, tendrá que apoquinar. ¿Quién dijo que la cosa fuera gratis?

novia

 DIA 2:

09:00 Reunión con el coordinador en el lobby del hotel.

09:30 Rendez-vous en Karin, el acogedor taller del estilista. Sesión de maquillaje, peluquería y vestuario. No se apure, estos momentos efímeros serán inmortalizados por un hacendoso y profesional fotógrafo.

11:00 Cuando esté bella cual estrella y lista, la llevaremos hasta la localización de la foto (El Jardín Japonés).

13:30 Vuelta a Karin, que tiene que devolver el vestido, qué se pensaba. De paso la desmaquillaran (si quiere). Podrá charlar con el fotógrafo y el coordinador mientras toma una taza de té y verá las fotos por primera vez. Le enviarán las fotos en un usb y un mini album en un mes.

14:00 Se acabó lo que se daba.

Por último, aunque lo habitual es que la mujer aparezca sola en las fotografías, la agencia ofrece la oportunidad de salir acompañada de un “novio de turno” para dar mayor realismo a la experiencia. Todo un detalle.

Los del país del sol naciente ya no saben ni que inventar. Que no vayan de modernos, que Carrie Bradshaw ya se casó con ella misma hace unas cuantas temporadas. Pero aquello no fue amor, se casó por unos zapatos. Aunque bien visto si lo fue. El fetichismo es un tipo de amor como otro cualquiera.

P.D. Algo me chirría en este Solo Wedding. ¿Qué hay de la noche de bodas?

Que follen mucho y mejor.