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Cuando el amor no era suficiente

Era quererle o nada. Quererle con cada fibra muscular, célula epitelial o de cualquier tipo. Quererle de todas las maneras. No concebía otra cosa más que quererle cada día.

Y queriéndole tanto, no me entraba en la cabeza que aquello pudiera llegar a terminar. Sabía de parejas que -sin amor quizás de haberlo gastado-, no encontraban más razones para continuar.

Pero no era nuestro caso. El amor sobraba.

DEREK ROSE

Salía del grifo de la cocina, de los mensajes de ‘Buenos días’ si se iba de casa antes de que me despertara, de organizarnos para limpiar, de esas cosas tan cotidianas como ir de la mano a hacer la compra al supermercado.

Siempre con amor. Amor incluso en las discusiones, recordando que por muy dolidos que estuviéramos en aquel momento, nos queríamos.

Imagina cuando he descubierto que eso no basta. Que querer con todo tu ser a alguien ya no es suficiente.

Esto no era parte del plan. El trato era quererse hasta el final. Así que siento si fallo a los Beatles por proclamar que no, que no me creo el All you need is love.

Renegante de la misma melodía que tarareaba desde pequeña, me siento ingenua de pensar que con amor solucionaríamos todos los problemas.

Por las malas es que lo he aprendido. Que el amor es una de las patas, pero que debe venir acompañada. Y, si no trabajas todos los pilares por igual, el desastre va a llegar.

He tomado los apuntes de la lección tarde, debería haber llegado a esta conclusión antes -y reaccionado ante las señales, cogiendo la salida cuando empezaron las primeras alarmas-, pero en el nombre del amor seguí sin mirar.

(Es más fácil hacer la vista gorda cuando vives cegada por unos sentimientos que crees que pueden superar todos los escollos.)

Te haré el spoiler que no he podido evitar: no solo no lo superarán, te harán seguir enganchada -por muchas cosas que veas, que sufras o mierda que te toque tragar-, hasta que llegues a tu propio límite, al devastador detonante, tu particular bomba nuclear.

El ‘hasta aquí’ que te hace llenar tus maletas de amor, ropa y menaje que comprasteis juntos en Ikea y marcharte.

Solo cuando puse mis pertenencias sobre el suelo, la vida sentimental en perspectiva y el corazón a diseccionar por el ojo crítico -ya que había recuperado la cordura- llegué a un pacto conmigo misma.

Que para la próxima vez (o el próximo que venga) quiero y querré amor, lo habrá y a raudales. Pero debe venir en las mismas cantidades que el resto de ingredientes.

Vivimos demasiado obsesionados con los sentimientos y se nos olvida aprender a expresarnos, a abrirnos por completo. Tampoco aprendemos a decir de forma clara cómo nos sentimos o qué necesitamos en cada momento.

No aprendemos a admitir ante el otro los errores, a pedirle ayuda, a decir ‘lo siento’ del de verdad, no del de quedarnos tranquilos y dormir bien esa noche.

No aprendemos a tolerar nuestro fracaso ni ante nosotros ni ante sus ojos. No aprendemos a pensar en equipo en una sociedad en la que solo el individuo importa, no aprendemos a remar en la misma dirección.

Y si no aprendemos esas cosas, ni todo el amor del mundo va a salvarnos.

Duquesa Doslabios.

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