La crisis de salud entre los adolescentes: más de 1 de cada 4 tiene una ITS

Quienes tenemos amistades en el sector sanitario llevamos tiempo oyendo un agorero pronóstico: «Las ITS están aumentando».

Pero ahora tenemos los resultados del estudio del Hospital de Basurto (Bilbao) y confirman sus advertencias, ya son más de un cuarto de los adolescentes quienes se han contagiado.

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En la franja de edad de 14 a 18 años, un 25,3% de los participantes tenía gonorrea y un 15,5% clamidia, que, para mayor preocupación, pueden no dar la cara hasta pasado el tiempo y por tanto hacer que sus portadores sean, a su vez, silenciosos focos de contagio.

Y soy consciente de que, como apuntaba otro estudio, la mayoría vamos a tener una ITS al menos una vez en la vida.

Pero una cosa es que suceda cuando ya llevamos años de experiencias y podemos enfrentarnos al problema en la edad adulta y otra que nada más empezar tu recorrido sexual ya te contagies, que es el cambio de tendencia actual.

Además, tenemos que tener en cuenta que a esas edades la sensación de vulnerabilidad, el miedo de la regañina por parte de los progenitores o la vergüenza de que puedan enterarse los compañeros de clase son algunas de las razones que hacen que no digan nada.

Por tanto, en muchos casos, o no van al hospital -los sanitarios son los primeros en estar sorprendidos de los pocos pacientes adolescentes que tienen con la gran incidencia de infecciones-, o van tarde, lo que se paga con mayor avance de la enfermedad y con el aumento de probabilidades de contraer otras.

No estamos hablando de coger un resfriado y, a los pocos días, estar como si nada, estamos hablando de enfermedades que pueden producir dolores pélvicos crónicos, embarazos ectópicos y hasta infertilidad.

Por desgracia las mujeres tenemos más riesgo cuando contraemos una de esas enfermedades, la salud reproductiva de muchas mujeres de las próximas generaciones está en juego.

Y también su calidad de vida, tener una enfermedad inflamatoria desde tu adolescencia no es panorama alentador para nadie.

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Mucha sexualización, poca educación

Podemos debatir durante horas en los motivos que hay detrás de esto, pero la resistencia a que haya una educación sexual es la mayor responsable de un problema que se soluciona con formación acerca de las barreras de protección.

Concienciar de que hay que usar métodos que protejan la salud es ahora mismo vital, sobre todo si tenemos en cuenta que a los 8 años es cuando están teniendo sus primeros contactos con el porno.

Guste o no a los padres, sus hijos están viendo -por accidente en la mayoría de los casos cuando hablamos de esa edad- una serie de prácticas donde preservativos o barreras bucales no aparecen por ninguna parte.

¿Cómo no van a replicar lo que ven en la pantalla si es el único factor educador que tienen a mano?

El escenario que se nos plantea es que debemos empezar ponerle remedio desde las familias, los centros escolares, pero también a nivel social con campañas que promocionen la salud sexual.

De no hacerlo, de no tomar medidas urgentes, en 10 y 20 años vamos a tener una generación con una cuarta parte de sus adultos (y más a este ritmo) padeciendo las consecuencias de las enfermedades que contrajeron en su adolescencia.

No podemos seguir mirando a otro lado, no podemos mantener este vacío de conocimiento en una sociedad cada vez más sexualizada, pero más pobre en educación sexual.

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