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¿No le van los juguetes sexuales? Esta es la razón por la que deberías huir

Cuando aquella vez saqué del cajón un pequeño vibrador con forma de bala, recuerdo que él se me quedó mirando totalmente descompuesto.

“Pero, ¿de verdad necesitas eso?”, me preguntó entre asustado y un poco enfadado. Y si bien necesitar no era el verbo, sí, aquel juguete iba a ser la diferencia entre no alcanzar el orgasmo nunca o conseguir correrme.

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Años más tarde, el día antes de la boda de unos amigos, aproveché mi visita al Salón Erótico de Barcelona para hacerme con un recuerdo para los novios.

Mientras que mi amiga no escondió su emoción cuando abrió el regalo, él parecía molesto. Incluso llegó a comentarme más adelante que aquel detalle daba a entender que su experiencia sexual estaba incompleta.

Era una alerta roja en toda regla. Nerviosismo, sudoración, aceleración al hablar… Características inequívocas de que mi amigo tenía miedo.

Y la razón de su recelo era aquella mariposa de silicona, cuyo objetivo no era otro que el de aportar placer a un momento íntimo.

Pero él formaba parte de esos hombres que ven este tipo de objetos como una amenaza a su masculinidad. Tal y como me hizo saber, no entendía el uso de los juguetes teniendo un pene.

Y aunque sí que hay objetos con forma fálica, que se pueden usar para estimular de una forma parecida, lo cierto es que el abanico de artículos es enorme.

Succionadores, masajeadores, lencería o incluso juegos de mesa. La variedad es tan grande, que entrar a una tienda erótica es como pasar la tarde en el Ikea. Sabes que con algo picarás, aunque no entiendas el nombre sueco.

Lo que hacía mi amigo era reducir toda su vida sexual a los genitales. Aunque no iba a ser yo quien le explicara que el sexo no gira en torno al pene, me dio lástima encontrarme gente con menos de 30 años con esa mentalidad.

Las películas o las series, grandes fenómenos de la cultura popular, siguen anclados en esa idea de que solo cuenta una relación sexual si se da el coito, dejando el resto de prácticas relegadas a la segunda posición.

Pero no ya solo por el absurdo del falocentrismo, que parece que si no hay penetración, no hay placer.

También por el hecho de la aburridísima vida sexual que le espera a mi amiga con una persona así a su lado. La intimidad es experimentar, variar, probar y repetir de aquello que más nos ha gustado.

Cerrarnos en banda equivale a quedarnos con un solo sabor de helado porque es el único que hemos pedido, cuando la vida nos ofrece toda una carta. Y, como decían siempre nuestras madres, ¿cómo vas a saber que no te gusta si no lo has probado?

Duquesa Doslabios.

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¿Qué le falta al masturbador masculino?

Desde que los Reyes Magos le trajeron a mi novio un masturbador masculino, llevaba tiempo queriendo probarlo en pareja.

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Este tipo de juguetes -los que, hasta hace nada, se conocían por ser ‘vaginas en lata’- han ido evolucionando. Su diseño está mucho más cuidado y el interior se ha perfeccionado.

Ya no es tan importante que se asemeje a una vulva, muchas marcas de juguetes sexuales se han centrado en que el diseño sea funcional.

Es el caso del artículo que tenía por casa. Un juguete que, si no sabes lo que es, podría pasar por un bote de champú o un altavoz.

Entre que este fin de semana me encontraba muy acatarrada, y que estaba pasando unos dolores bastante fuertes de menstruación, casi parecía el día perfecto para probarlo.

Tenía las hormonas por las nubes de ver a mi pareja por casa sin camiseta, las ganas no faltaban. Así que el momento no podía ser más ideal.

Lo bueno de este tipo de productos es que son bastante sencillos, incluso para cuando quieres usarlos en pareja. Abrir meter y menear.

Además, venía con lubricante dentro, un punto a favor, ya que consigue que el movimiento sea mucho más fluido.

Aunque cualquier hombre lo puede usar solo, yo prefería que fuera algo que probáramos juntos, para que añadiera algo distinto a nuestra rutina sexual.

La textura del interior del juguete y sus medidas recordaban bastante a una vagina real, algo que también pude comprobar de primera mano metiendo el dedo.

No solo imita a la perfección la sensación de estrechamiento que tanto les gusta a ellos, sino que era muy fácil de usar con una o con dos manos.

El único problema que me señaló mi pareja fue la falta de estimulación visual. Esto es algo bastante comprensible, ya os he hablado en otras ocasiones que los hombres suelen ser más visuales que nosotras.

De la misma manera que consigue llegar al orgasmo mediante imágenes reales, cuando tenemos sexo, o de aquellas eróticas sacadas de… bueno, os podéis imaginar, la pega que le ponía al sistema era aquella.

Lo bueno es que la solución es tan fácil como acompañar el movimiento de un striptease o bien de que se use como complemento de una película subida de tono.

O eso, o empezar a usar la imaginación. La biblioteca de imágenes eróticas más completa que tenemos está en el cerebro.

Duquesa Doslabios.

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Bolas anales, ¿qué son y cuándo usarlas?

Yo, que soy madrileña de nacimiento, y por tanto gata, tengo especial cuidado con el refrán que habla sobre la curiosidad y los de nuestra especie.

Mis bolas anales a punto de ser estrenadas.

¿Probar cosas nuevas? Sí y siempre. Y como lo desconocido me llama, me llamaron unas bolas anales. Bueno, más que llamarme, fue a través de hablar por Facebook con Placeres Secretos Love Store, un sex shop español, que llegaron a mí.

He de admitir que, si bien el sexo anal ya lo he tanteado (y a fondo), no estaba muy puesta en el tema de juegos preliminares anales. Para añadirle un poco de variedad a ese tipo de experiencia que aunque, como os digo he probado pero a veces se me resiste, me animé a pedir unas bolas anales tailandesas (en concreto me pedí estas).

Las bolas anales tailandesas vienen unidas y terminan en una especie de anillo que hace que resulte sencillo su manejo. Aunque llegaron con una pequeña muestra de lubricante, es algo que recomiendo tener siempre cerca en grandes cantidades si quieres experimentar por la zona de atrás (de base de agua, más concretamente).

El lubricante vuelve una experiencia anal de cualquier tipo mucho más cómoda, independientemente del tamaño que vayas a probar, ya que es una zona que no lubrica per se.

Como llevaba desde el año pasado sin tener sexo anal de ningún tipo, agradecí las bolas para reconectar conmigo misma y familiarizarme con las sensaciones. Lo que no esperaba es que, a diferencia de la reacción que pueda producir introducir un dedo o el pene directamente, las bolas me permitían sentir intensamente cada vez que entraba una u otra, ya que las dimensiones del juguete están diseñadas de manera gradual.

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Además de permitirme tener una transición cómoda de tener la musculatura de la zona “normal” (o sea, el culo cerrado) a más predispuesta a tener sexo anal que pasando de un dedo a un pene, proporcionan un placer (siempre bien acompañado de una correcta estimulación del clítoris) que no me esperaba.

En definitiva, de haber sabido que es algo que hace el sexo anal más sencillo, las habría utilizado cuando lo realicé por primera vez. Sin embargo, aunque ya estés “habituada” a realizarlo porque forma parte de tu repertorio, gracias a las bolas, experimentas unas sensaciones muy placenteras que también conseguirán sacarte de la rutina si buscas algo nuevo entre las sábanas.

Eso sí, recuerda lubricar, tener paciencia, mucha calma y, sobre todo, limpiar todo muy bien tanto antes como después de utilizarlo.

Piensa que a la vida hemos venido a pasarlo bien, el por dónde es lo de menos. ¿Te vas a animar a probarlas?

Duquesa Doslabios.