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Vive cada historia de amor como si fuera la última

Siempre en la línea de querer por encima de mis posibilidades, después de mi última relación pensaba que no habría un después. Que aquello no iba a tener fecha de caducidad, que no llegaría el punto final.

Y cuando acabó, me tocó hacer cambio de armario emocional. Guardar el amor -quién sabía hasta qué temporada- y sacar en su lugar todas las dudas que iba a llevar puestas a partir de ese momento.

Las de qué viene ahora, cómo voy a volver a querer a otra persona, si podré volver a confiar o si me volveré a enamorar.

UNSPLASH

Sin prestarles mucha atención, no fue hasta que empezaron a llegar otras personas que pasaron de ser pensamientos sueltos a una retahíla diaria y machacona, como cuando se te pega una canción y no puedes cantar otra cosa.

Mi problema es que esas preguntas pesan, me pesan porque es muy reciente mi estancia en ambos lados. El bueno, el de vivir de sentimientos como único sustento y saber que solo viéndole vaciar el lavavajillas, yo tocaba la felicidad con los dedos.

Y el oscuro, el de aprender a vivir recogiendo los trozos de un amor que se ha roto al mismo tiempo que lidiaba con el dolor que conllevó perder a alguien que, en mi cabeza y corazón, era mitad.

Mis dudas no vienen solas -no iban a ponerme las cosas tan fáciles, las muy cabronas- vienen con miedo. Uno insondable que me hace sentir pequeñita. Hasta el punto de que a veces me come y arrolla por el camino.

El miedo de estar volcándome de nuevo, de abrirme y confiar lo más privado de mí y, de paso, regalar a mi círculo más cercano, esas personas que se vuelcan tanto como yo misma y abren puertas sin reservarse el derecho de admisión.

Y no es tanto por compartirme y que sepa que lloro con todas y cada una de las películas musicales que me pongan. Es por volver a apostar y que salga mal.

Por seguir dando tumbos entre personas con las que, por mucho que quiera con todas mis fuerzas, nunca llegan para quedarse conmigo.

No quiero repetir patrones, caer en los mismos errores una y otra vez y volver a la música de Leiva de madrugada. Soy de las que prefieren pensar que llevan la lección aprendida y, actuando en consecuencia (que no es consecuencia, es prudencia), no volverán a verse en una igual.

Como si envolver mis decisiones en papel de burbujas fuera a librarme de una hostia emocional. La ingenuidad…

Porque ni es algo que dependa de mí ni una enseñanza que me dé la certeza de que aquello no va a volver a pasar.

Se me olvida que es algo que no solo se escapa de mi control (como si hubiera algo que pudiera vigilar a estas alturas…). Cambiar el orden y la velocidad a la que quiero hacer las cosas se opone a serme fiel a lo que quiero y a dejarme llevar.

Que madurar no era dejar de sentir y rendir al 25% de capacidad sentimental.

Pero, sobre todo, por la vida en sí misma. Que solo es una y va al vuelo. No espera a que supere mis pérdidas.

Arrolladora y urgente, ya está aquí con la siguiente oportunidad. Y toca cogerla y darlo todo como si fuera la última vez que vas a latir por alguien.

Porque un día será así.

Duquesa Doslabios.

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El amor de tu vida, ni uno ni para siempre

Ayer, mi primo de 19 años nos decía que por qué no iba a ser su primera novia la persona con la que estaría siempre. No sería el único en encontrar el amor a esa edad.

Que algo no sea frecuente, no significa que no pueda pasar. Pero claro que su pareja de la universidad podría convertirse en su futura esposa o la madre de sus hijos. Es algo que el tiempo dirá.

DEREK ROSE

Hasta hace poco, yo no tenía dudas de que, como si del número del DNI se tratara, solo nos correspondía una única persona.

O más bien que todo lo que no fuera con quien acabaras tus días, no podía llevarse el título de ‘el amor de tu vida’.

Querer es algo tan grande y se nos da tan bien, que verlo de una forma tan limitada y exclusiva es como si solo pudiera dar por válidas las amigas que me aguanten cuando ya sea viejecita.

Precisamente es sentir amor por esas personas lo que las convierte en los hombres o las mujeres que han dejado huella sentimental.

Tanto vale quienes han estado 15 años juntos y se han divorciado este último tomando caminos separados, el que tiene un hijo en común con su expareja, quien tuvo un flechazo que quedó en la adolescencia o quien solo fue un amor de verano. Son también merecedores del calificativo.

No es ni el tiempo ni el grado de relación que alcanzamos. Es la intensidad de los sentimientos aquello que las distingue.

Habrá quien tenga uno, quien lleve dos o quien multiplique esa cantidad por cuatro. Lo importante es que forman parte del corazón.

Son personas que han puesto nombre y apellidos a los latidos de un periodo de nuestra vida. Ni hacen menos válidas a las anteriores ni significan que, a partir de ellas, nadie vaya a igualarlas.

Simplemente serán diferentes e irán ocupando su sitio en la memoria, como las perlas -de esas que nunca hay dos iguales-, que van colocándose sucesivamente engarzadas en un collar.

Nuestros grandes amores están ahí, los llevamos puestos y escritos en la piel como parte de nuestra historia. Y es lo que aprendemos de quererlos, de dejarlos ir y de ilusionarnos por alguien nuevo lo que hace que también pulamos las emociones y practiquemos no ya tanto el querer, sino el hacerlo bien y de una forma sana y libre, hasta el fin de nuestros días.

Duquesa Doslabios.

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2021 no será un año para románticos

Definitivamente lo de volver a ligar, después de tantos años ‘fuera del mercado’, no es como montar en bicicleta.

Claro que puede que esté un poco oxidada y los nervios me la jueguen en algún momento -sobre todo cuando me viene la incontinencia verbal y me encuentro lanzando preguntas sin ton ni son-, pero me planteo hasta qué punto soy yo y cuánta dificultad tiene conocer a alguien en estos tiempos.

SPRINGFIELD

Porque al final, volviendo a la bicicleta, tanto el medio de transporte como el código de circulación son iguales por mucho tiempo que pase.

Yo me siento como si alguien hubiera decidido (¡por su cuenta!) cambiar las normas, los códigos, lo que es válido y lo que no, el orden o incluso las palabras que antes te permitían desbloquear las capas de una persona.

Y así voy, no sé si del derecho o del revés, buscando el sentido en el fondo de un plato de pasta preguntándome en qué momento cantidad superó a calidad y el romance pasó a ser solo una categoría de Netflix.

En la generación de smartphone no puedes dar un paso en falso. Y si lo das, eres consciente de que el número de sustitutas nunca será un problema, algo que funciona en las dos direcciones.

Sí, también he aprendido que en esta era del fast dating no necesitas participar en un evento de citas rápidas para tener nuevos matches constantemente.

Pero incluso si no tienes una aplicación de ligar, me preocupa que sea el estímulo de gustar -la adicción por el like instantáneo-, el que le haya ganado la carrera al estímulo de despedirse y girarse para ver a la otra persona marcharse, sabiendo que una pequeñita parte de ti querría acompañar sus pasos.

Quizás me toca subirme al carro de la comunicación 2.0, la que se basa en mandar memes y fotos y hablar hasta las tantas de la madrugada a través de una pantalla.

Pero -y llámame clásica-, me gustaba más cuando eso lo hacía en el parque de debajo de casa, por mucho que fuera invierno y terminara con las manos como témpanos de hielo (ya se me ocurriría alguna forma de hacerlas entrar en calor).

Lo que más me duele es que, por primera vez en la historia, mostrar interés es sinónimo de debilidad. Da igual que diga Delafé “cuando hace ‘bum bum’ es que no hay queja” si la única desconexión que nos permitimos es precisamente la sentimental.

¿En qué lugar nos deja a los soñadores todo esto? Porque lo de ir con pies de plomo, cuando el corazón me pide andar ligero, no lo controlo demasiado.

2021 tampoco será un año para románticos. Pero seguiremos ahí, esperando el momento en el que podamos decir sin miedo a un ghosting ese “Me gustas”, el mismo que viene acompañado con un “Pero me gustas de verdad”.

Esperando el momento de enamorarnos de nuevo.

Duquesa Doslabios.

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Tonta por ti

Hay una cosa que no te digo a menudo, y es que me sigues encantando.

PIXABAY

Quién me iba a decir a mí que, con la de años que llevamos a la espalda juntos, ibas a seguir gustándome tanto.

Sigo pensando que qué suerte la mía la de que tus ojos castaños se cruzaran con los míos y qué divertido es ahora conocer de memoria todos los cambios de expresión que pueden llegar a experimentar, desde cuando se encogen de felicidad porque el Madrid ha marcado gol hasta cuando frunces el ceño porque no se despega tu tortita de avena de la sartén, esas que por fuera son muy feas pero que, en realidad, están buenas.

Me gusta como cada vez que te tocas el flequillo te dejas la ceja izquierda despeinada, lo que me obliga a alisarla y perderme un poco por tu mirada o, ya que estoy con la mano en tu cara, darme un paseo por tu barba.

Tu barba, tan tuya como los espasmos que te dan de repente mientras duermes o tus pesadillas que no se te pasan hasta que sales de la cama y te das un paseo para tranquilizarte por mucho que te diga que no estás en un coche sin frenos.

Pero es que dormir es una maravilla gracias a que continuas con tu manía de acostarte en calzoncillos aunque sea un mes frío y yo termine con los calcetines por encima del pijama.

No me crees cuando te digo que es una suerte encontrarse en mitad de la noche, en una de esas pausas entre sueño y sueño, con tu pecho desnudo. O incluso verlo con las primeras luces del día, que es cuando yo abro el ojo y tú, como buena persona nocturna, te niegas a salir de la cama hasta que no pasen las once de la mañana.

Me encantas con tu acento, tus refranes manchegos, tu costumbre de cantar las canciones en inglés e inventarte la letra porque no entiendes el idioma. Y sí, aunque no lo comparta, me sigue encantando tu manera de combinar calcetines negros con zapatillas blancas porque según tú, es lo que pega.

No pierdas nunca el hábito de cambiarme, desde tu aplicación del móvil, la canción que estoy escuchando en el Spotify del ordenador aprovechando que compartimos cuenta para que, aunque estemos separados, me hagas sonreír en la distancia con Leiva.

Siempre nos quedará la promesa de que cuando salimos a comer fuera, tuya es la última patata del plato principal y para mí el último bocado del postre.

Si me enfado, ya sabes que el remedio es abrazarme e inclinarme hacia el suelo para darme un beso de esos de película antigua, para que, de la risa que me entra, se me pasen todos los mosqueos.

Y es que es difícil resistirse a lo bien que te sienta la ropa que me compro de talla XL para llevar suelta, por mucho que me la quites del armario y me dejes sin ella.

Así como es difícil decirte que no cuando me pides un beso de esos que nos damos al vuelo disimuladamente porque estás en el trabajo.

Supongo que solo puedo responsabilizarte de haber convertido la adolescencia en un estado mental, porque, con mis casi treinta años, no se pasa esta tontería que tengo por ti.

Duquesa Doslabios.

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¿Cuánto tardamos en enamorarnos?

Querid@s,

¿Cuánto tardan en enamorarse de alguien? ¿Puede usted enamorarse de cualquiera? Hace 20 años el psicólogo Arthur Aron consiguió que dos completos desconocidos se enamoraran en su laboratorio.

La escritora Mandy Len Catron publicó el 9 de enero un artículo en The New York Times en el que narra cómo se aplicó el cuento y con las 36 preguntas del psicólogo Arthur Aron, acabó enamorándose en el puente de Brooklyn. Ella misma concluye diciendo:

‘El amor no nos ocurrió. Estamos enamorados porque tomamos la decisión de estarlo.’

Escena de El Diario de Noah

El experimento de Aron consiste en acelerar el proceso de intimidad, generar confianza y complicidad en un tiempo récord. El truco está en las preguntas. Inofensivas en un primer momento, pero gradualmente van cobrando fuerza y algunas pueden tener respuestas demoledoras. Puede que le hagan mirar hacia adentro, que es dónde más duele mirar. Puede que haga que reconozca lo que no le ha reconocido a nadie nunca y puede que se desmorone y se le caiga alguna lágrima que otra. Qué más da. Se trata de no ocultarse, de mostrase vulnerable, de abrirle el corazón a alguien y soltarse. Sin miedos, sin pudor.

Cuando Aron realizó el cuestionario, agrupó a los participantes en parejas homosexuales y heterosexuales. Una de lasque participó, no sólo se enamoró, sino que acabó casándose seis meses más tarde.

El experimento original exige que se trate de alguien completamente desconocido y se recomienda disponer de al menos 45 minutos: 15 minutos para cada set de preguntas. Los participantes han de leer en voz alta una pregunta. Una cada uno, aunque ambos han de responderlas todas.

Que tenga suerte, si se atreve a hacerlo.

Set I: Para ir preparando el terreno

1. Si pudieras elegir a cualquier persona en el mundo, ¿a quién invitarías a cenar?

2. ¿Te gustaría ser famoso? ¿De qué forma?

3. Antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir? ¿Por qué?

4. Para ti, ¿cómo sería un día perfecto?

5. ¿Cuándo fue la última vez que cantaste a solas? ¿Y para otra persona?

6. Si pudieras vivir hasta los 90 años y tener el cuerpo o la mente de alguien de 30 durante los últimos 60 años de tu vida, ¿cuál de las dos opciones elegirías?

7. ¿Tienes una corazonada secreta acerca de cómo vas a morir?

8. Di tres cosas que creas tener en común con tu interlocutor.

9. ¿Por qué aspecto de tu vida te sientes más agradecido?

10. Si pudieras cambiar algo en cómo te educaron, ¿qué sería?

11. Tómate cuatro minutos para contar a tu compañero la historia de tu vida con todo el detalle posible.

12. Si mañana te pudieras levantar disfrutando de una habilidad o cualidad nueva, ¿cuál sería?

Set II: Mirar hacia adentro

13. Si una bola de cristal te pudiera decir la verdad sobre ti mismo, tu vida, el futuro, o cualquier otra cosa, ¿qué le preguntarías?

14. ¿Hay algo que hayas deseado hacer desde hace mucho tiempo? ¿Por qué no lo has hecho todavía?

15. ¿Cuál es el mayor logro que has conseguido en tu vida?

16. ¿Qué es lo que más valoras en un amigo?

17. ¿Cuál es tu recuerdo más valioso?

18. ¿Cuál es tu recuerdo más doloroso?

19. Si supieras que en un año vas a morir de manera repentina, ¿cambiarías algo en tu manera de vivir? ¿Por qué?

20. ¿Qué significa la amistad para ti?

21. ¿Qué importancia tiene el amor y el afecto en tu vida?

22. Compartid de forma alterna cinco características que consideréis positivas de vuestro compañero.

23. ¿Tu familia es cercana y cariñosa? ¿Crees que tu infancia fue más feliz que la de los demás?

24. ¿Cómo te sientes respecto a tu relación con tu madre?

Set III para ser cómplices

25. Di tres frases usando el pronombre “nosotros”. Por ejemplo, “nosotros estamos en esta habitación sintiendo…”.

26. Completa esta frase: “Ojalá tuviera alguien con quien compartir…”.

27. Si te fueras a convertir en un amigo íntimo de tu compañero, comparte con él o con ella algo que sería importante que supiera.

28. Dile a tu compañero qué es lo que más te ha gustado de él o ella. Sé muy honesto y dile cosas que no dirías a alguien a quien acabas de conocer.

29. Comparte con tu interlocutor un momento embarazoso de tu vida.

30. ¿Cuándo fue la última vez que lloraste delante de alguien? ¿Y a solas?

31. Cuéntale a tu interlocutor algo que ya te guste de él.

32. ¿Hay algo que te parezca demasiado serio como para hacer broma al respecto?

33. Si fueras a morir esta noche sin posibilidad de hablar con nadie, ¿qué lamentarías no haber dicho a alguien? ¿Por qué no se lo has dicho hasta ahora?

34. Tu casa se incendia con todas tus posesiones dentro. Después de salvar a tus seres queridos y a tus mascotas, tienes tiempo para hacer una ultima incursión y salvar un solo objeto. ¿Cuál escogerías? ¿Por qué?

35. De todas las personas que forman tu familia, ¿qué muerte te parecería más dolorosa? ¿Por qué?

36. Comparte un problema personal y pídele a tu interlocutor que te cuente cómo habría actuado él o ella para solucionarlo. Pregúntale también cómo cree que te sientes respecto al problema que has contado.

P.D. No es necesario, pero no es desaconsejable que después de las preguntas, se miren el uno al otro un rato. El que ustedes quieran. Hasta que se cansen. O hasta que se besen. A Mandy parece que le funcionó.

Que follen mucho y mejor.

¿Tendrías sexo con un robot?

Como siempre, el cine y la literatura van por delante. Ya vimos en su día, por destacar un buen ejemplo, a un joven Harrison Ford desafiar todo su mundo por el amor de una replicante en la inolvidable cinta Blade Runner. Recientemente ha sido Joaquin Phoenix quien, en su papel en la última película de Spike Jonze, Her, se enamoraba hasta el tuétano de un sistema operativo informático.

Robot Tina

ZIOPREDY

Bajando a una dimensión bastante menos romántica y más terrenal me he encontrado con una encuesta que acaba de realizar la Universidad de Middlesex, en Reino Unido, en la que han participado 2.000 personas. La principal conclusión que se desprende de ella es que el 46% de los encuestados considera que la tecnología avanza demasiado rápido y, en consecuencia, el 33% cree que, antes o después, reemplazarán a soldados, policías, maestros… y amantes.

Uno de los participantes, en concreto, destacaba las ventajas de practicar sexo con alguien que “sabe exactamente lo que está haciendo, que nos permita saber cómo va a reaccionar y cuánto tiempo va a durar”. Precisión y exactitud versus emoción, pasión e incertidumbre. Sea como fuere, una de cada cinco personas que participaron en la encuesta admitieron que les gustaría tener relaciones sexuales con un robot; y un 46% aseguró que no los juzgaría por acostarse con máquinas.

Por otro lado, hay quien considera que tirarse al hombre o a la mujer de hojalata no es muy distinto de hacerlo con una muñeca/o hinchable o masturbarse con un vibrador. ¿Vosotros qué opináis?