Archivo de octubre, 2020

¿Estás conociendo a alguien, pero nunca quedáis? Puede que tengas una relación de Schrödinger

¿Sabes cuando empiezas a tontear de una manera más evidente con alguien, que hasta da la sensación de que se ha convertido en algo más en el momento en el que lo hacéis casi a diario, y lo de veros parece solo cuestión de tiempo?

Si te resulta familiar, es lo que una amiga muy sabia bautizó como Romance de Schrödinger. Se trata de una historia de amor que está pasando y, a la vez, no ha llegado a suceder.

BERSHKA

Pero, ¿por qué no llega a pasar? Hasta ahora, las excusas previas a la era coronavirus, eran siempre las mismas: mucho lío en el trabajo, compromisos familiares, un viaje con los amigos…

Una ristra de deberes ineludibles que postergaban hasta el infinito la quedada. Lo que no significaba que la relación virtual se congelase, todo lo contrario.

Curiosamente, las conversaciones, las indirectas, esas reacciones con el emoticono de fuego a cualquier historia, no llegaban a decaer en ningún momento.

Casi podría esperarse que, con el nuevo estado de alarma, sería el fin de las evasivas por aquello de que la vida social ha disminuido.

Pero lo cierto es que ha dado pie a una nueva justificación para aplazar, una vez más, el encuentro, el “cuando pase todo esto”.

“A ver si cuando pase todo esto nos tomamos algo”, “En cuanto esto pase, quedamos”, “Cuando la cosa esté más tranquila tenemos que vernos”

Y, un vez más, el romance -como el famoso gato de la paradoja- está vivo y muerto al mismo tiempo.

Aplicado a la situación sentimental, se podría decir que solo existe en un plano virtual (e imaginario), el mismo en el que las quedadas, las citas románticas, o incluso las conversaciones subidas de tono (¿cómo es posible que ya se hable de sexo cuando ni siquiera os habéis visto en persona?) dan alas a la relación de Schödinger.

Esta clase de conexiones tienen, casi siempre, dos finales muy claros. El primero es el único desenlace positivo: que la relación de Schrödinger dure un corto periodo de tiempo terminando en la cita cara a cara -y ya siga el curso natural de pasar a mayores o descubrir que sois incompatibles-.

El segundo final es más doloroso, ya que implica ponerle fin a las conversaciones y, por tanto, a esa relación que parecía avanzar en un nivel que solo uno de los dos parecía ver.

Con mucha suerte, puede que recibas alguna explicación, pero la mayor parte de las veces, el ghosting suele ser el punto final.

Toparse con una barrera infranqueable de silencio con el acompañamiento de todas las dudas del mundo sobre qué habrás hecho mal para que dejéis de hablar.

Y lo peor, el dolor de que para ti es como si hubiera terminado algo cuando en realidad no había una relación al uso.

Sí, los meses que vienen van a ser complicados. Y descubrir a tiempo la delgada línea que divide conocer a alguien y caer en la relación de Schrödinger será más difícil que nunca.

Duquesa Doslabios.

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Amiga, si no sabes ni por dónde empezar a tocarte, prueba así

Tuve mucha suerte. La masturbación fue algo sencillo y natural para mí. No necesité que nadie me la descubriera.

Me bastó con dejarme llevar de forma instintiva por lo que mi cuerpo parecía pedir. Y, poco a poco, investigando, viendo qué me gustaba, lo que no me funcionaba y lo que realmente me encantaba, llegaron los orgasmos.

SAVAGEXFENTY

Claro que no es el caso de todas. Entre que la anatomía femenina debería venir con mapa y manual de instrucciones y que todavía muchas viven sus genitales con vergüenza, me encuentro con mujeres de edades muy diferentes que no saben ni por dónde empezar.

Puede parecer obvio, pero la primera manera de romper el hielo es coger un espejo, sentarse despatarrada en el baño o en la habitación -o en cualquier sitio donde se pueda tener intimidad- y mirar por qué produce tanto escándalo por lo de ahí abajo.

Ese amasijo de pliegues de carne también eres tú. Y ¡eh!, sean del color o tamaño que sea, son tuyos. Hay que celebrarlos porque nos traen muchas alegrías (tal y como vas a aprender en un rato).

Identificar qué es cada cosa, sirve de gran ayuda. No ya solo por saber dónde ir a tocarte, también por si alguna vez notas algún escozor o sangrado fuera de sitio, sepas identificar de dónde viene (y si hay que tomar medidas al respecto).

Primer paso completado, ya quedan más o menos claros los puntos cardinales. Uno de los que más interesan es el norte.

Después de eso, lo ideal sería retirarte a un sitio más cómodo (la cama o el sofá) y recordando lo que has visto, empezar a explorarlo con los dedos.

Aunque si te parece que es ir demasiado al grano, también puedes esperar a que Chris Hemsworth se quite la camiseta en la película (en Extraction tienes la escena a los pocos minutos) o ponerte un podcast de contenido erótico y ver no solo qué sensaciones despierta por abajo, sino en qué parte.

La prueba no falla, es ahí donde tienes que dirigirte. Y ese ‘ahí’ suele ser el clítoris.

Si te acuerdas de la imagen del espejo, caerás en que está cubierto por una especie de capucha. No la retires y simplemente masajea por encima de ella (y cuidado con las uñas).

Hay muchas formas de hacerlo y según vayas conociéndote igual cambias la técnica, pero la más sencilla es utilizar solo la punta de tu dedo índice, ya sea en círculos o de lado a lado.

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A partir de ahí, si sigues insistiendo, notarás como la sensación comienza a ser más intensa. Como si estuvieras cuajando una bola de nieve que crece por momentos.

Ármate de paciencia, respira hondo, deja la mente en blanco y no pares. Centra tu atención en lo que te está transmitiendo tu propio cuerpo y disfruta de los latidos acelerados, los primeros ‘calambres’, el sudor y la respiración agitada, síntomas de que vas por buen camino.

Incluso puedes ‘ayudar’ a que resulte todavía más intensa la presión si contraes los músculos de tu vagina hacia adentro.

A cada una de nosotras le lleva un tiempo distinto. Lo que no te recomiendo es que te estreses y lo dejes, pensando que tardas demasiado y no llegas al orgasmo.

Llegarás, de verdad. Y te darás cuenta porque, justo antes de correrte, tu cuerpo te parecerá una olla a presión que solo quiere explotar.

Pero cuanto más te agobies, te midas y, en definitiva, tengas a tu cerebro preguntándose si estás mal hecha en vez de desconectado porque estás disfrutando, te resultará más difícil disfrutar.

Ahora solo te queda dejar la pantalla, probar a tocarte y repetir las veces que quieras.

Duquesa Doslabios.

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El verdadero triunfo de La isla de las tentaciones: infidelidad es sexo y nada más

Ayer, tras apagar la televisión, después de la última entrega de La isla de las tentaciones, miré largamente a mi pareja. “¿Sabes qué? Mejor no vamos”, le dije tras ver que casi todas las parejas, también de esta edición, habían terminado.

@ISLATENTACIONES

Aunque la mayoría de los comentarios de estas semanas en redes se centraban tanto en Tom como en Mayka, veíamos en Melodie y Beltrán la relación con más peligro.

Él había conseguido hacer que se sintiera escuchada, apoyada, valorada… En definitiva, querida. Y por mucho que Christian no viera peligro alguno porque, según él “no se habían besado”, para mí el fin de su historia de amor parecía tan señalizado como un cartel de tráfico.

Christian representa lo que el programa de Telecinco parece querer enseñarnos en sus, hasta ahora, dos ediciones: si no folla, no falla.

Algo que sus compañeros también sostenían cuando comentaban que las novias “de provecho” o “buenas” eran Patry y Melyssa.

Curiosamente, las dos únicas del programa que se recluían en sus habitaciones, solas, tristes y, muchas veces, llorosas.

Porque eso es, lo que ante sus ojos, hacía de ellas “buenas mujeres”. Que vivieran la separación de sus parejas aisladas, que su experiencia en la isla fuera equiparable a un retiro espiritual sin relacionarse con nadie.

Encerradas en el bucle de las dudas, las imágenes de la tablet de Sandra, las películas en su cabeza y el echar de menos.

Para los concursantes solo se puede hablar de infidelidad en el momento en el que se da acceso consentido al cuerpo, o, más en concreto, a los genitales.

Sí, por mucho que ser infiel signifique romper el vínculo, el compromiso, el trato preestablecido entre dos, en definitiva, mantener otra relación, en el reality show no va más allá de la relación sexual.

Y no de cualquier tipo. La máxima indignación venía de la mano con la penetración.

“Se la han follado”, decía Pablo mientras sus compañeros se reían con sorna.

Pablo, al igual que Lester, solo ve (y con desprecio) que su pareja ha tenido sexo. Para él el peor momento fue cuando Mayka “tiraba hacia delante”, admitió anoche: “Cuando vi besos y que se acostaban juntos”.

El coitocentrismo hace acto de presencia en el momento en el que es la penetración la mayor traición.

Como explicó una de mis predecesoras en este mismo blog, el coitocentrismo es considerar el coito la práctica sexual por excelencia. El resto de ellas no tienen la misma validez.

Algo que incluso los concursantes que no llegaron a acostarse con sus ‘tentaciones’ expresan si sabemos leer entre líneas sus palabras.

“La iba a respetar hasta el final y he cumplido”, dice Christian, quien se dejó acariciar y besar en varias ocasiones por Andrea. “Fui a confiar en Christian y realmente él no hizo nada”, decía Melodie después de haber visto esas imágenes.

También sería interesante analizar cómo el sexo vaginal se ve de una u otra manera según quien lo comente.

Por un lado tenemos a Lester, que justifica que la suya es una infidelidad ‘bonita’ porque siente amor por Patry, a quien ha conocido en la isla.

El mismo que pone verde a Marta por tener sexo sin emociones, algo que -bajo su punto de vista-, hace que la de su ex pareja sea una actitud más reprobable.

De hecho, tanto Tom como él encuentran en las emociones una manera de quitarse responsabilidad (“Sandra me da cariño, Melissa nunca lo hacía”), mientras que ellas, por no tener “motivos de peso” más allá de su deseo (que es igual de válido), se les culpabiliza.

@ISLATENTACIONES

Algo de lo que ellas mismas se encargan también. No olvidemos que Marta es la primera en llamarse “mala”, “pecadora” o “infiel”, así como en automandarse una y otra vez al infierno por el mismo comportamiento que ha tenido su pareja.

Mayka no solo fue castigada por sus acciones con la quema de un peluche al que tenía mucho cariño en su última hoguera, anoche se arrepintió admitiendo que no había obrado bien y disculpándose una vez más ante su antigua pareja.

Ni Lester ni Tom hicieron la más mínima autocrítica o intento de disculpa.

Para ir terminando, que hoy había mucha tela que cortar, quiero dejar mi reflexión final. ¿En qué momento hemos convertido los genitales en lo único importante? ¿Si nuestra pareja no tiene sexo, cómo es que el trato sigue intacto ya que no nos importa en la misma medida que pueda crear una conexión sentimental?

Son preguntas que me hago. Al final, una relación romántica no es solo alguien con quien te acuestas. Las faltas de respeto que hemos visto en el programa como ofensas o mentiras también entran -o al menos para mí- en la categoría de traiciones.

Duquesa Doslabios.

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Sinceridad, respeto y la tercera clave para que funcione una relación de pareja

Esta es la tercera vez que me encuentro una de sus uñas desperdigadas por el sofá.

No es una casualidad, es justo cuando llega a casa -tras una jornada de trabajo estresante- que deja salir el agobio que oculta detrás de una fachada flemática, viendo la tele.

SPRINGFIELD

Quizás hace un año, cuando empezó la convivencia, habría sido algo cuyo desenlace inevitable era mi enfado.

Ahora intento tomármelo con humor y recordarme a mí misma que no puedo esperar que todo funcione de la manera que me gustaría.

Ya no soy yo sola, ahora somos dos y me toca adaptarme.

De la misma forma en la que él tolera mis manías, mis coleteros por toda la casa (menos en un sitio, que es el cajón del baño) y ese rastro que voy dejando de tazas con posos de infusión a veces hasta el día siguiente.

Me ha costado mucho aprender que las relaciones no son perfectas porque las propias personas que las conforman están llenas de defectos.

También que cada día tengo dos opciones: dejar que me molesten tonterías o quedarme con lo bueno. Ahora intento centrarme más en la segunda.

Amor es poner todo de tu parte para encontrar ese punto medio con el que los dos estéis a gusto. Amor es negociar, es ceder un día tú y al siguiente no. Es llegar a acuerdos. Es poner normas como la de quien cocina no friega o cierra con dos vueltas el que salga el último de casa.

Amor es coger esos planes que mentalmente te habías imaginado y lanzarlos lejos para crear unos nuevos que se adapten a la segunda persona. Amor es ganar flexibilidad.

Porque si no eres capaz de adaptarte, de entender, de ceder, de incluso llegar a cambiar, mejor no empezar nada.

Duquesa Doslabios.

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De la cama al hospital: prácticas sexuales que pueden ser (muy) malas para la salud

No es que esté obsesionada con la limpieza, pero hay veces que más de uno se ha presentado a una cita con unas uñas que tenían más roña que el suelo de una discoteca.

Y sí, admito que ha sido determinante a la hora de decidir si dar un paso más (en ese caso darlo yo, pero en su dirección contraria).

GTRES

Lo que tenemos entre las piernas es muy delicado. No solo a nivel de sensibilidad, también porque es una zona con alto riesgo de infectarse.

Hay tres básicos que deberían ser nuestra peculiar tabla de mandamientos sexuales (qué blasfemo queda ahora que lo leo escrito): cuidado personal, limpieza y seguridad.

Depende de la propia persona tener todo bien aseado y al punto, controlando que no hay infecciones venéreas, granos extraños, bultitos que deberían ser examinados por expertos… En definitiva: prestando atención y acudiendo a las revisiones de rigor.

También se consigue tanto con el cuidado personal como manteniendo una vida sexual segura. La protección es la mayor aliada para esos casos.

Si incluyo también la limpieza es porque unas uñas sucias, juguetes que no estén debidamente higienizados o incluso las manos sin lavar (especialmente ahora) pueden ser focos de infección.

Y eso solo si os hablo del sexo más convencional. No me olvido de las prácticas que son caldo de cultivo de bacterias.

Sí, me voy a meter en la parcela de los juegos de dominación y sumisión -que pueden incluir prácticas de riesgo- o de las peculiares filias como son la coprofilia (excitación a través de las heces) o la lluvia dorada (lo mismo, pero con la orina).

Si hay alguna lesión en la piel o si hay contacto con tejidos de la vagina, es más que probable que se contagie alguna infección. Y, en el caso de los excrementos, puede derivar en enfermedades más serias.

Lo mismo que puede suceder si hay contacto con la boca o los ojos.

Son sustancias que expulsa el organismo para eliminar los desechos, de ahí que contengan microorganismos perjudiciales que, una vez ingeridos, o bien causan enfermedades o transmiten otras patologías (la disentería bacilar o la hepatitis son fácilmente transmisibles a través de las heces).

¿Significa eso que quienes encuentren de su gusto estas prácticas deberían descartarlas? Para nada, pero sí realizarlas con cuidado, excluyendo las zonas del cuerpo que he mencionado y extremando la limpieza antes, durante y después.

Duquesa Doslabios.

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Siempre hay algo por lo que darle las gracias a tu ex

Me encantaría ser como Ariana Grande y recordar a todos mis exnovios con una sonrisa en el alma y en la cara.

Pero estoy muy lejos de ella, que escribió una canción para darles las gracias a los hombres que habían pasado por su vida.

BERSHKA

Y dudo mucho que pueda llegar a ese nivel superior en el proceso de curación del corazón, hay algunos que siguen (o quizás sigo yo) atravesados.

No, no todos me dejaron románticas lecciones como descubrirme el significado del amor, la fuerza de los sentimientos cuando son auténticos o la ligereza de sentirte colada hasta las trancas y que sea correspondido.

Las que aprendí fueron a la fuerza, a base de ojeras y de controlar ese impulso de mandar un mensaje de texto de madrugada, en pleno ataque de insomnio. Consecuencia de relaciones en las que el punto más doloroso fue el punto final.

Tras una de las primeras rupturas, aprendí lo que era el compromiso, algo para lo que no estaba preparada en ese momento.

Después, en otra salida escopetada de un noviazgo de casi dos años, me topé con la conclusión de que, quien realmente te quiere, no te hará nunca renunciar a lo que te gusta.

Dos aprendizajes que continúan marcándome incluso ahora.

Si tengo que escoger algo más por lo que sentirme agradecida, en general y a bote pronto, es por los buenos recuerdos. Esos que brillan de forma más especial en mi memoria de cuando hubo momentos llenos de felicidad.

Pero incluso de los que siento que no puedo sacar nada en absoluto, los que me dejaron reducida a cenizas porque arrasaron conmigo y con todo lo que me rodeaba, me toca replantearme que quizás sí me dejaron una enseñanza.

La mayor de todas, que no querría volver a encontrarme a uno igual. Nunca.

Duquesa Doslabios.

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¿Y si hubiera una forma fácil de saber si vais a quedar en persona?

Hace poco, una amiga muy sabia creó el concepto ‘Romance de Schrödinger’, algo que definió como una historia de amor que sucede y no sucede al mismo tiempo.

Y no se me ocurre mejor ejemplo para explicar la forma en la que nos comportamos hoy en día, cuando se trata de ir un paso más allá con alguien.

PULL&BEAR

Porque, por un lado, parece que aquello tiene futuro. Hay señales inequívocas. Te ha contado sus traumas infantiles, le detallaste al milímetro aquella movida que hubo en tu familia y no pasa un día sin que os preguntéis cómo estáis.

En tu cabeza ya fantaseas con lo que puede salir de ahí (¡y qué fantasías! ¿No te apellidarás Grey?), pero a la hora de la verdad aquello no termina por ir a ningún lado.

Lo bueno es que, si prestas atención, hay una serie de indicadores que adelantan el resultado. Una serie de spoilers que, por mucho que te niegues a ver, son la prueba de que no vais a quedar.

  1. De 0 a 100 y 0 otra vez, así son la mayoría de las conversaciones. Hay días que es como si no hicierais otra cosa más que responderos y otros en los que tarda varias horas en contestar. Y no solo eso. Cuando lo hace, emplea monosílabos, frases cortas y tira poco del hilo para que el tema siga fluyendo. En definitiva, no le apetece tanto hablar. Una conducta que puede terminar en un ghosting o, igual de cruel, contigo en el banquillo. Esperando a que un día se aburra, vea una historia en la que sales especialmente bien o no tenga nada mejor que hacer y decida emplearse a fondo hablando.
  2. Aunque claro que en la era digital es muy común que parte del proceso de conocer a una persona suceda a través del teléfono, lo que no es del todo normal (ni siquiera en la era Covid-19) es que nunca se dé el contacto físico. ¿Siempre habla de una hipotética quedada que nunca llega a materializarse? ¿Contesta con un ‘estaba con lío’ cuando le dices de tomar algo’? ¿Deja en leído la conversación al intentar cerrar plan, pero luego sigue hablándote como si nunca hubieras dicho de veros? No son buenas señales. Cuando hay interés auténtico, lo de verse en persona se convierte en una necesidad real.
  3. También puedes fijarte en las respuestas que recibes cuando intentas cerrar una fecha. Constantes cambios del plan, que no pueda acudir en el último momento o que siempre tenga una cita el día que ya le habías dicho son pruebas de que -aunque te cueste creerlo- no eres una prioridad en su vida y va a tratarte como un plan de segunda, llegando a dejarte detrás del dentista (y mereces a alguien que te valore al menos tanto como a una buena limpieza bucal).

En definitiva, actitudes evasivas e irregulares sin ningún tipo de explicación -que pueden darse en estos ejemplos y en tantos otros-, deberían hacer sonar las alarmas en tu cabeza. Cuanto antes lo identifiques y dejes de gastar tu tiempo con estas personas, antes podrás conocer a alguien que de verdad quiera conocerte sin trampa ni cartón y no como si fueras el plan B.

Duquesa Doslabios.

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Los picaderos de Hong Kong ya no son lo que eran (y Madrid y Barcelona van por el mismo camino)

La intimidad, esa cosa tan difícil de encontrar durante los casi 27 años que viví bajo el techo de mis padres. Solo tenía dos opciones, o aprovechar los pocos momentos en los que la casa quedaba sola o ir a casa de la otra persona, cuando se daba el mismo caso.

DEREK ROSE

No fue hasta la universidad, años en los que empecé a conocer pisos de estudiantes por parte de mis novios de aquella época, que tenía la sensación de poder hacer algo de vida en pareja.

Aunque cuando sabes que, a menos de un tabique de distancia está el compañero de piso, las ganas de dejarte llevar y darle rienda suelta a tu ‘yo’ salvaje en un momento de pasión, sigue costando (sí, por mucho que esté jugando a la Play Station con los cascos puestos).

Así que ha sido cuando me he independizado que realmente he podido disfrutar de sensación de privacidad con mi pareja en nuestra propia casa. Algo que ha llevado más de lo que me habría gustado por dos razones: el precio de los alquileres y mi situación laboral.

Y lo peor -sí, es lo peor- es que somos de las pocas personas afortunadas que, con menos de 30 años, pueden vivir por su cuenta en Madrid, una ciudad que, como Barcelona, convierte la odisea de independizarse en un episodio digno de serie de terror.

Esta falta de espacio propio pasa factura a las relaciones de una manera que condiciona por completo nuestras experiencias en esos años.

Hoy he descubierto que Hong Kong, que tiene un problema parecido, ha encontrado una solución muy sencilla: reconvertir los picaderos.

Los típicos hoteles por horas ya no son solo un lugar en el que tener un encuentro sexual.

Ahora vienen equipados de bañera, cocina y, lo más importante, toda clase de videojuegos y suscripciones a plataformas de streaming para que las parejas puedan experimentar el típico domingo de Netflix & Chill cuando quieran.

Claro que me parece un grandioso ejemplo de adaptación a los nuevos tiempos que la ciudad china haya decidido cubrir esa necesidad.

Pero, por otro lado, me preocupa que esto llegue a pasar en España. No significaría otra cosa más que continuamos sin poder irnos de casa de nuestros padres a unas edades en las que ya queremos vivir con nuestra pareja.

Así que me encantaría, más que ver un cambio en el sector hotelero, que los precios de las viviendas echaran el freno y retrocedieran.

Y lo mismo con los trabajos. No puede ser que la situación laboral estable llegue casi a los 30 años (después de años de estudio, becas y colaboraciones tristemente remuneradas).

No quita que haya hoteles listos para ofrecer una estancia redonda, pero que no sean los sustitutos de disfrutar en nuestra propia casa, esa que con nuestro salario podemos permitirnos.

Duquesa Doslabios.

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No participas en ‘La isla de las tentaciones’, pero has tenido alguno de estos (malos) comportamientos

Si algo nos permite la segunda temporada de La isla de las tentaciones es criticar desde el sofá las malas conductas de los concursantes. Soy la primera que se indigna con Tom, sufre con Melyssa o alucina con Mayka.

@islatentaciones

Y aunque mi vida sentimental dista mucho de lo que veo en la pantalla, ¿de verdad puedo presumir de que nunca he caído en los comportamientos que repiten las cinco parejas?

He repasado algunas de sus actuaciones más tóxicas y sí, en algún momento los he experimentado desde uno u otro lado.

Así que es el momento de que el programa de Telecinco me sirva para hacer un poco de autocrítica y me lleve a vivir unas relaciones más sanas.

  1. Uno de los vicios más extendidos es el gaslighting, o táctica de luz de gas. En este caso, se da sobre todo por parte de los chicos de la isla. Es una táctica que consiste en minimizar constantemente tanto sentimientos como ideas de tu pareja, hasta el punto de que la otra persona duda de sus propias reacciones llegando a tildarlas como ‘locuras suyas’. Una forma de invalidar reacciones con las que no están de acuerdo, en vez de asumir su parte de culpa, llegando al clásico ‘todas mis ex están locas’.
  2. Otro problema que comparten varias parejas es el de responsabilizar a otros de sus propias acciones. Tom o Mayka actúan así porque ‘su pareja no les daba eso’. En el caso de Tom es el roce físico el que afirma que le faltaba y, tratándose de Mayka, es la confianza o intimidad emocional que no decía sentir por su pareja de tres años. Es una sutil táctica de manipulación que quita responsabilidad sobre lo que sucede en la relación echándole al otro las culpas de las decisiones y comportamientos que nacen de uno mismo.
  3. La mentira ‘para proteger’ a la otra persona es la que me resulta más familiar de toda la lista. En primera persona he vivido engaños constantes por parte de mi pareja que terminaban por minar mi confianza hacia ella. Y no, ninguna razón justifica que no haya sinceridad. Lo que hay detrás de este tipo de inventos es una salida fácil para quien los emplea, que sabe que diciendo la verdad puede llegar a tener un conflicto al que prefiere no enfrentarse. No es un acto humanitario por mucho que se use la premisa de ocultar para no hacer daño. No hay nada más doloroso que la mentira en sí.
  4. Muchos de los concursantes afirman que por fin, en la isla, están siendo ellos mismos gracias a la distancia con su pareja. Una vez más se echan balones fuera: la culpa es de la otra persona por no ‘permitir’ desarrollar la propia personalidad. Claro que es importante que en una relación los miembros sean auténticos. Pero hay una diferencia entre dejar salir la forma de ser y otra entre portarse como soltero/a.
  5. Las muestras de afecto no tienen valor suficiente, enseguida salen en las hogueras los “Él nunca baila conmigo” o “es que ella no me da cariño por la mañana”, cosas que -por mucho que puede ser que no se den en la pareja-, no justifican comportamientos negativos por la otra parte. Además, que no se den momentos puntuales no quita que haya muchas otras cosas en la relación que merezcan la pena. No podemos reducir toda una historia de amor a un caso concreto (y esto es algo en lo que también me toca trabajar, porque soy mucho de quedarme con detalles puntuales y no ver el panorama completo).
  6. Aunque Sandra no se cansa de repetir que la experiencia en la isla es la que conseguirá llevar sus relaciones a un nivel superior, lo cierto es que no es la mejor forma de tratar los celos. Siendo un problema que comparten todos los concursantes, por un lado u otro, nos hacemos a la idea de la dimensión que tiene uno de los peores sentimientos que se pueden experimentar. Lo suyo para que desaparezcan es trabajar en una comunicación abierta y sincera, tratar a la otra persona con cariño y respeto, cuidar la propia autoestima (a veces pueden salir de ahí) y centrarse en los aspectos buenos de la pareja.
  7. Relacionados con ellos, damos con otro vicio emocional en el que la mayoría caemos. ¿Alguien puede afirmar que nunca ha interpretado lo que ha hecho o dicho el otro? Si nos centramos más en nuestras conclusiones que en escuchar a la otra persona, alteramos el canal de comunicación con nuestra pareja. Es como una especie de ‘teléfono escacharrado’ sentimental que termina por hacernos daño. Así que ante la duda, lo mejor es olvidarnos de las deducciones que hemos sacado y, ante la duda, hablarlo.
  8. Tal vez consideran a estas alturas a Inma y a Ángel como vencedores del programa. Pero tampoco es sano vivir en una relación con dependencia extrema, hasta el punto de que no se puede pasar más de dos noches por separado. Hay una gran diferencia entre tener pareja y fagocitarte con ella. Por eso es tan importante no solo mantener las aficiones o las amistades propias, sino también encontrar momentos para uno mismo.

Duquesa Doslabios.

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El relevo de los succionadores: juguetes sexuales que ven (y tocan) más allá del clítoris

¿Te acuerdas de Sexo en Nueva York? Uno de los mayores hitos de la serie fue convencer a sus espectadoras de que necesitaban en sus vidas un vibrador.

El fenómeno que desencadenó hace 20 años es solo comparable al que, dos décadas después, está arrasando: el succionador del clítoris.

LELO

Si a finales de los 90, la ficción de HBO rompía el tabú de la masturbación femenina y reivindicaba el placer, con el succionador se daba el siguiente paso. Ya no bastaba solo con pasarlo bien, lo suyo era disfrutar yendo a la propia fuente del placer.

Y sí, era necesario, porque midiendo tan solo un centímetro, y con la mayor parte de la estructura por dentro, quedaba relegado a un segundo plano (o incluso olvidado) dentro de la intimidad.

Sin embargo, no sé hasta qué punto los succionadores nos han solucionado la vida. Que proporcionan placer es innegable, pero por otra parte, resulta un disfrute casi mecánico.

Como me comentaba una compañera periodista, los succionadores son demasiado automáticos.

Casi comparables a comerse una cheeseburger de cualquier cadena de comida rápida para matar el gusanillo, cuando lo que en realidad te apetecía era una buena hamburguesa.

Sin embargo, hay vida más allá de los orgasmos casi instantáneos y es lo que la industria de los juguetes también quieren hacernos recordar.

Aunque, quizás más que de vida, debería hablar de calidad sexual.

En eso se centran los artículos que se encargan de dar placer en otras zonas. Una serie de juguetes que recuerdan que estimular el clítoris no es solo centrarse en el trocito que queda a la vista.

Al final, son casi 10 centímetros más los que quedan dentro del cuerpo, divididos en dos ramificaciones que rodean la vagina (como si fuera una Y). De ahí que todo lo que suceda por dentro sea igual de importante a la hora de despertar a esas miles de terminaciones nerviosas.

Por eso es fundamental que el relevo de los succionadores pase por reivindicar las sensaciones que nacen a través de las paredes vaginales y un buen ejemplo de que la industria ha tomado nota de esto, es el Soraya Wave de Lelo.

Claro que la parte externa del clítoris recibe una vibración capaz de generar el clímax, pero lo que me parece más interesante es el movimiento que incorpora el propio juguete y que desencadena cascadas de placer a nivel interno.

Y es que el extremo que se introduce se contrae hasta tocar las paredes tras las que se encuentran esas ramificaciones de la ‘Y’. Como si realmente fueran un par de dedos acariciando la zona.

La diferencia a nivel disfrute no solo es mucho más completa, también nos permite conectar con zonas de nuestra vagina a las que quizás no sabemos bien cómo llegar y que esconden tanto o más placer como lo que tenemos a la vista (y al alcance de la mano).

Si la revolución sexual de 2019 ha consistido en poner el clítoris sobre el ‘mapa’, tal vez 2020 es el momento de recordar(nos) -ya sea experimentando por nuestra cuenta o con este tipo de juguetes, siempre sin prisa y con curiosidad- que hay varias formas de sentir placer más allá de la que resulta tan obvia y sencilla.

Que es igual de importante pasarlo bien como conectar con una misma. Aprender a conocernos averiguando cómo disfrutar de todas las formas que podamos.

Duquesa Doslabios.

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