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Querer como se quieren los ‘millennials’

Voy a quererte a lo millennial. Y, como enamorada de la ‘Generación Y’, así es amar de esta manera tan nuestra.

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Soy millennial, lo que significa que, generalmente, no tengo para una hipoteca ni para irme a vivir contigo cuando quisiera. Pero soy de las que aprovechan el escaso salario de colaboraciones o de becas para pagarnos una escapada de fin de semana por todo lo alto o para cenar en el nuevo local de moda de Barcelona (después de leer las correspondientes recesiones en Internet, por supuesto).

Me considero una romántica tecnómada, porque vivo a caballo entre el mundo analógico y el 2.0, y mis declaraciones de amor vienen en forma de una historia de Instagram, ya sea mencionando tu nombre o con una canción, aparentemente, al azar. Porque solo Spotify entiende qué banda sonora ponerle a este amor digital. Tampoco esperes cartas de amor metidas en sobres a través del buzón, sino a través de Whatsapp, y cargadas de emoticonos, gifs y frases de canciones de Leiva.

Y es que por mucho que hayan cambiado las cosas en 50 años, sigo siendo una sentimental. Crédula hasta el final, con consciencia del pin de tu móvil y contraseña de tu ordenador, respeto tu intimidad y no siento necesidad de curiosear. Nunca me falta la tranquilidad de saber que por mucho que vuelen corazones en una red social, es a mí a quien reservas el biológico en su totalidad.

Porque al, y a la, millennial, enamorados también nos guía la fe ciega cuando nuestra pareja se va a un festival con los amigos o cuando tardan en contestarte más de lo esperado.

No hay problema. Ya no me estreso con nada, porque somos de una generación que es feliz con poco. Hasta el punto de que ahora, las mayores muestra de amor verdadero, el compromiso auténtico, son cambiarse la foto de perfil por una juntos o resistirse a ver el siguiente capítulo de la serie de Netflix a la que ambos estamos enganchados.

Y como millennial que soy respeto tus sueños como los míos. Porque ninguno tiene por qué renunciar a ellos aunque signifique poner kilómetros y muchas llamadas de Skype de por medio. Formamos parte de las generaciones emigrantes que llevan el amor a cuestas, el móvil con batería de recambio y el corazón sin repuestos, porque si algo compartimos con las generaciones anteriores es que, si de amor se trata, nos lo seguimos jugando todo.

Duquesa Doslabios.