Entradas etiquetadas como ‘exnovio’

¿A qué viene esa obsesión que tenemos por ‘ganar’ después de una ruptura sentimental?

Hace unos días coincidí con uno de mis exnovios. Estaba acompañado de su nueva pareja y, una parte de mí, evaluaba la situación.

GTRES

Es imposible no hacer una reflexión de tu vida (y de la suya) cuando suceden este tipo de encuentros.

El “¿Y si..?” se cuela en tu cabeza. “¿Y si no hubiéramos roto? ¿Y si todavía estuviéramos juntos? ¿Estaríamos también casados o solo compartiendo piso?”

Porque, por muy feliz que estés con tu vida en la actualidad, ha sido una persona por la que ha habido una serie de sentimientos.

Algo que te lleva a preguntarte cómo os habéis desenvuelto después de la ruptura. Pero, sobre todo, quién ha ganado con el cambio.

Casi podría parecer que, una vez terminada la relación, da comienzo una competición en la que solo uno puede ganar.

¿El objetivo? Coronarse como el que sale mejor parado, ya sea por tener otra pareja con la que la relación ha llegado a nuevos puntos de compromiso, ascender en el trabajo o mudarse a Australia (oficialmente el país más guay del mundo desde 2017).

Es quizás una manera de crearnos la rivalidad (y, sobre todo, de querer considerarnos siempre los vencedores), repetirnos que hemos tomado la mejor de las decisiones siguiendo cada uno por un lado. Sentir seguridad por nuestra situación a modo de confirmación extraoficial.

Aunque al final existen tantos tipos de victoria como personas. A lo mejor, para alguien, ganar es haber pasado por el altar, para otra persona no haberlo hecho, tener varios hijos o no tener ninguno y adoptar un perro. O incluso la victoria de estar soltero.

Así que igual más que entrar en competición con tu ex, entra en competición contigo y pregúntate si estás donde quieres y con quien quieres. Si la respuesta es afirmativa, ya has conseguido el mayor triunfo.

Duquesa Doslabios.

(Y acuérdate de seguirme en Twitter y Facebook).

¿Qué hay detrás de la felicitación navideña de tu ex?

La Navidad se caracteriza por una cosa en especial. No es el turrón extraño que saca cada año Vicens, la lotería que nunca toca pero casi, las cenas interminables o los juegos de mesa que enfrentan a más familias que los retos virales del tipo “¿De qué color es el vestido?”.

PIXABAY

La época natalicia se caracteriza por el mensaje inesperado de tu ex después de un periodo de tiempo sin ningún tipo de contacto.

Te puede pillar en el baño, a punto de hincarle el diente a una gamba pelada o celebrando la cuenta atrás hacia el Año Nuevo que siempre (siempre, siempre) te sorprenderá.

“¿Pero qué quiere ahora?” Suele ser lo primero que se nos pasa por la cabeza ante lo que, por lo visto, es tan solo una inocente felicitación navideña (que además va con tiernos emoticonos incluidos).

Si esto te resulta familiar, te han “Marleyado”, que es el nombre que le han puesto en honor al fantasma Jacob Marley, que visita a Scrooge en Un cuento de Navidad, la obra de Charles Dickens.

La visita de los fantasmas de las exparejas o Marleying, según la web de citas Eharmony, sucede a una de cada diez personas de las que fueron encuestadas, y el 8% de la muestra afirmó que eran los que habían dado el paso a la hora de contactar.

Los factores que se barajan son varios (aunque David Guapo lo tendría claro: tu ex te quiere chuscar). La oportunidad por la proximidad, ya se sabe que todos volvemos a casa por Navidad, hace que haya quienes quieran ver si se puede reavivar unas llamas. Otra razón es la soledad, y es que ver a todas tus hermanas emparejadas (y a una que encima sospechas que tiene la cintura más ancha y no porque se esté pasando de polvorones) hace que te entre la melancolía de “Pero qué bien que estaba yo con mi ex”.

Por mucho que las fiestas nos permiten acceder a la barra libre de escribir a las exparejas, piensa antes de contestar en qué punto te encuentras. A fin de cuentas, si no te convence, siempre puedes quedarte en devolver los buenos deseos y no dar más bola a la situación. Gracias y buen trato, valen mucho y cuesta barato

Duquesa Doslabios.

Encontrarse de repente con el fantasma de un amor perdido

Fue como ver un fantasma. Estábamos las dos sentadas en una cafetería, una de esas de Madrid con mucha solera, cuando él entró con una mujer. No sabría decir si era una amiga, una compañera de trabajo o una novia. Se advertía cierta complicidad entre ellos, pero en ningún momento les vi darse un beso ni nada por el estilo. Yo no sabía quién era él, no lo había visto en mi vida, y no me habría parado a mirarlo ni un minuto si no hubiera sido por ella.

GTRES

GTRES

Al principio no me di cuenta. Luego la vi quedarse pálida, con la mirada fija y las palabras que estaba pronunciando ahogadas en su garganta. “¿Qué te pasa, Laia? Parece que hubieras visto un muerto”, le dije, un poco asustada. Y en parte, así era. “¿Ves ese hombre, el de jersey gris y pantalón negro? Ese hombre era mi marido”. Yo ni si quiera sabía que hubiera estado casada. Entonces me vino a la cabeza, como un latigazo, aquel maravilloso libro de Sándor Márai, La mujer justa. Estaba ocurriendo exactamente la mismo, solo que en una cafetería madrileña del año 2014 en lugar de una del Budapest de mediados del siglo XX.

Laia no me ha contado qué fue lo que ocurrió entre ella y aquel fantasma. “Aquello pasó en otra vida”, me decía. Luego supe que no hacía tanto; unos tres años, más o menos. Salvo que no había vuelto a verlo, no me dio ni un detalle. Solo la certeza de un amor fallido, de un proyecto fracasado, de una apuesta perdida. La historia me llevó a reflexionar sobre mis propios fracasos y me pregunté si, en su situación, me habría impactado tanto. La respuesta fue que no, pero claro, yo sigo teniendo relación con mis exnovios (que no sexo). Con todos mantengo el contacto de una u otra manera, y eso cambia las cosas, supongo. Bueno, con todos menos uno, pero eso ya es otra historia.