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Perversiones raras de la A a la Z

Querid@s,

¿Le gusta a usted jugar con cosas raras? ¿Le van individuos bizarros? ¿Le ponen situaciones que no le van a sus amig@s? Sin lugar a dudas, es usted un parafílico.

Todos hemos oído hablar de comportamientos  poco habituales como la cropofilia, el sadomaso, el voyeurismo o el voyeurismo. Para gustos los colores y respeto, pero hay otras filias que lógicamente no. Depravaciones como la necrofilia, la zoofilia y otras que no quiero ni pronunciar. Como todo en la vida, en el mundo de las parafilias hay para todos los gustos. El número y taxonomía de las filias sexuales tienen su intríngulis y algunos expertos y fuentes especializadas en la materia tienen identificada la friolera de 549 tipos de parafilias.

Estos gustos son comportamientos sexuales en los que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en individuos, situaciones, objetos o actividades atípicos. Sin embargo, los expertos no aclaran y no hay manera de que lleguen a un acuerdo cuando se trata de poner los límites entre una práctica sexual bizarra y la parafilia. Incluso existe debate sobre si alguna de las consideradas parafilias realmente no lo es. Un asunto vidrioso, cuanto menos.

Escena de la película Historia de O (1975)

Clasificar una práctica sexual como parafilia depende muchísimo de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar concretos. Por ejemplo, el sexo oral y la masturbación se consideraron parafilias hasta mediados del siglo XX. Aunque a uno le exciten las faltas de ortografía, fenómeno denominado anortografofilia, no sería una práctica parafílica, siempre que la persona no se ponga cachondo sólo leyendo faltas de ortografía.

He rescatado para ustedes algunas de las parafilias más extrañas del mercado, una por (casi) cada letra del abecedario. Me las ha chivado la wikipedia.

Andromimetofilia: Atracción por mujeres que se visten de ellos. Además se comporta sexualmente como un hombre y el hombre adopta el rol de la mujer. En la penetración anal, la que haga las veces de penetrador@ será ella y el hombre será al que pongan mirando pa Cuenca.

Balloning: Placer sexual que se obtiene sólo al ver mujeres hinchando globos, explotándolos, montándolos, estirándolos y jugando con ellos.

Clastomanía: Excitación al romperle a la pareja la ropa que lleve puesta.

Dacrifilia: Excitación por las lágrimas o el llanto del otro.

Efebofilia: Atracción hacia adolescentes o personas que pasan por la pubertad.

Formicofilia: Excitación sexual al reptar hormigas (también otros insectos —caracoles, gusanos— o animales pequeños) sobre los genitales

Furtling: Las revistas porno “cobran vida”. Se recorta un agujero para el pone donde debería ir el pubis y uno se masturba con la página colgando. Dicen que es casi tan placentero como la vida real, pero con el inconveniente de que uno se puede cortar con el papel.

Gigantofilia: Atracción sexual por mujeres gigantes.

Hipoxifilia: Consiste en impedir la respiración de la pareja o la propia, vía la semiestrangulación u obstruyendo las vías respiratorias cubriendo la cabeza con elementos de látex o plásticos. Y precisamente con una bolsa de plástico le taparía la cara a Cristiano Ronaldo, que es una gamba. De semejante varón se aprovecha todo menos la cabeza.

Ipsofilia: Excitación sólo por uno mismo. No es lo mismo que masturbación, donde el objeto sexual puede ser una persona presente, una fotografía o una fantasía. Aquí hablamos de ponerse a sí mismo, de mirarse y ponerse cachondo. ¿Un narcicismo sexual?

Jactitafilia: Excitación producida por el relato de las propias hazañas sexuales. Esto me suena bastante. Alguna vez me he  colado en alguna conversaciones de machotes en la que el orador se marcaba un monólogo de lo más erótico en el que su oratoria iba cobrando una fuerza desmedida mientras salivaba y contaba con todo excesivo lujo de detalles su proeza.

Koumpounofilia: Excitación sexual derivada de los botones o prendas con botones. Habrá que probarlo, yo empezaría desabrochando los de la camisa, a ver qué tal se me dan.

Ligofilia: Atracción por lugares oscuros o lúgubres.

Misofilia: Atracción sexual por la ropa sucia.

Nasofilia: Fetichismo de la nariz. La persona se excita sexualmente al ver, tocar, o a menudo, chupar de manera erótica la nariz. Menos común, están los que se excitan al sentir su nariz acariciada, tocada o chupada.

Oclofilia: Excitación ante una multitud de personas reunidas.

Plushofilia: Excitación al tener “sexo” con algún peluche o restregar las partes intimas con algún muñeco de felpa.

Quinunolagnia: Excitación sexual por ponerse en situaciones de peligro.

Renifleurismo: Excitación debida al olor de la orina.

Somnofilia: Tener relaciones sexuales con una persona desconocida mientras aquella duerme.

Dibujo de Utagawa Kunisada, Wikipedia

Tricofilia: Excitación por el cabello humano. Deriva en varias parafilias según color, cantidad, largura o peinado. También vale masturbarse utilizando el cabello de otra persona y la excitación por ver cómo el otro se acicala el cabello.

Urofilia: Excitación exclusivamente con el uso de la orina durante la práctica sexual. Vamos, la conocida lluvia dorada.

Vorarefilia: Fetichismo en el que la excitación se deriva de la idea de ser comido, comer a otra persona o presenciar el proceso.

Xenofilia: La excitación sólo se produce con personas de otro países.

Zoofilia (bestialismo): la excitación sexual se produce solamente con animales.

En fin, cada loco con su tema. ¿Conocen alguna más?

Que follen mucho y mejor.

Somnofilia o síndrome de la bella durmiente: sexo entre sueños

Un susto de muerte. Eso es lo que se llevó el pasado fin de semana una amiga cuando, al entreabrir los ojos a las 5 de la madrugada en la cama del chico con el que sale desde hace un par de meses, se lo encontró inclinado a pocos centímetros de su cara mirándola fijamente. “Casi se me para el corazón. Di un grito tan grande que aún me duele la garganta”, me cuenta. El tipo, nervioso ante tanto escándalo, trató de calmarla explicándole que no pasaba nada, que se había levantado al baño y que, al verla dormida, le había parecido preciosa y se había sentado a “admirarla”. No sé, no es la primera ni la última persona que babea mientras ve dormir a su lado al hombre o a la mujer de sus sueños, sobre todo al inicio de la relación, pero eso de que estuviera tan tan cerca da un poco de mal rollo. A mi amiga, al menos, se lo da. “¿No estás un poco paranoica? A mí me parece tierno”, afirma una tercera.

GTRES

GTRES

Dándole vueltas al tema acabamos hablando de la somnofilia. Y con eso no quiero decir que el reciente noviete de mi amiga la padezca, eso sería mucho decir, pero nos dio tema de conversación para rato. Como decía, todos hemos mirado alguna vez a la persona que teníamos al lado y, al verlo/a dormido/a, hemos pensado “guau, que suerte tengo”. Pero la somnofilia, como toda parafilia sexual, va más allá. Esta en concreto se caracteriza porque el individuo (o individua) que la padece solo logra excitarse al interactuar sexualmente con alguien que está durmiendo. Y como todo en la vida, hay distintos rangos. Los hay que simplemente se excitan con la contemplación, quienes se masturban al hacerlo y quienes sienten la necesidad de mantener relaciones sexuales aunque la otra persona se encuentre totalmente inconsciente por el sueño. O mejor dicho, precisamente por eso. En casos extremos pueden darse casos de abuso sexual.

En la fase REM del sueño, el cuerpo experimenta lo que se denomina tumescencia peneal nocturna en el caso de los hombres y la erección del clítoris en el caso de las mujeres, lo que podría propiciar procesos sexuales. Resulta ridículo pensar, sin drogas ni fármacos de por medio, que alguien pueda penetrar a otro alguien sin que esta persona se despierte, por muy dormido/a que esté. Pero sí que es posible durante la tumescencia nocturna del pene (vamos, el empalmamiento nocturno de toda la vida), que puede durar hasta 90 minutos, que se realice una felación o una masturbación mientras el individuo sigue en los brazos de Morfeo.

"La Bella Durmiente", por Henry Meynell Rheam

“La Bella Durmiente”, por Henry Meynell Rheam. WIKIPEDIA

Conozco a una mujer que, en una larga conversación sobre sexo, contó lo muchísimo que le ponía su novio cuando se empalmaba dormido. Tanto, que la mitad de las veces sentía un irrefrenable deseo de metérsela en la boca hasta que él, confundido y somnoliento, se despertaba entre espasmos sacudido por un fuerte orgasmo. Y encantado de la vida, vaya. Otra, en cambio, tiene una fantasía sexual recurrente que pone en práctica a menudo con su marido, y es que ella es la Bella Durmiente y su hombre, convertido en príncipe dorado, la despierta de un siglo de sueño a base de pollazos.

Aunque esto último no entra dentro de lo que se entiende propiamente por somnofilia, viene al caso porque es precisamente así como se ha denominado coloquialmente a esta parafilia: el síndrome de la Bella Durmiente, en referencia al cuento infantil de Charles Perrault en el que una joven doncella es condenada a una maldición que la obliga a permanecer dormida 100 años o hasta que la despierte un beso de verdadero amor. En el cuento, el príncipe, abrumado por la belleza de la joven durmiente, no puede evitar besarla, sacándola así, sin saberlo, de su letargo.

No obstante, la somnofilia no debe ser confundida con la sexomnia, un trastorno del que hemos hablado anteriormente y que lleva a las personas que lo sufren a desarrollar actividad sexual mientras duermen, de forma completamente inconsciente y sin posibilidad de comunicación. Al igual que el resto de sonámbulos, al despertar no recuerdan nada.