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Videollamadas y pobreza, así ha afectado el coronavirus a la prostitución

Cuando digo que el estado de alarma ha afectado al sexo, no puedo obviar el de pago.

PIXABAY

Si pensaba que las medidas en contra de los desplazamientos, como las amonestaciones, podrían frenar el que es uno de los negocios más populares en España, estaba muy equivocada.

Ha sido algo que me ha confirmado una de las propias mujeres que se dedica a ejercer la prostitución. Es ella quien me cuenta que, por mucho que en los meses de marzo y abril disminuyera el número de clientes, alguno seguía acudiendo infringiendo las normas.

Ante eso, las videollamadas fueron las que suplieron las demandas de quienes buscaban sexo sin tener que salir de casa, esos que no querían jugársela.

¿El precio? Entre 20 y 30 euros que muchas iban juntando para el alquiler. Ya que, como ella misma me confirma: “Nunca dejaron de cobrarnos el alquiler por semana, por habitación…”.

“Iba al supermercado con 10 o 20 euros a comprar comida para un par de días”, me cuenta recordando que, aunque haya quienes consideren esto una profesión, quienes la ejercen (mujeres en su mayoría) no tienen ningún tipo de protección.

Ni bajas por salud en el caso de que se contagiaran, ni un ERTE que les permitiera un ingreso mínimo.

El miedo a las multas estaba ahí, aunque no a todos les preocupaba por igual. Como ella misma me confirma: “Siempre buscan sexo. Para un putero es muy importante, como una necesidad, por eso pagan”.

Ni la pandemia mundial que ha dejado miles de víctimas era un freno a la hora de conseguir satisfacer sus deseos.

“Me llamaban y decían que no tenían miedo, que les parecía una exageración lo este virus, que en todo caso el miedo era al VIH”.

Los cambios de fase han conseguido que vuelva a subir la demanda: “Este mes de mayo ha repuntado. Ya casi no hay videollamadas y vienen en persona“, afirma ella.

Pero, por mucho que pueda continuar ejerciendo bajo el paraguas de la ‘Nueva normalidad’, seguirá formando parte de un sector de la población vulnerable, expuesto a esta pandemia y a cualquier otra circunstancia, sin más alternativa que dedicarse a esto hasta que aguante el cuerpo.

¿En qué fase de la desescalada toca ayudarles con sus problemas y defender sus derechos?

Duquesa Doslabios.

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¿Eres un putero? Eres ‘una caca’

Quiero darle las gracias a Twitter por hacer que me encontrara con un vídeo en el que aparecían dos boñigas hablando sobre tener sexo con prostitutas.

GTRES

“Le follé la cara con tanta fuerza que casi vomita un par de veces, se le saltaban las lágrimas”, dice uno de los protagonistas en un diálogo que concentra las frases que se pueden leer en cualquier foro de hombres que frecuentan estos servicios, poco antes de ser pisados por un pie.

La obra de animación de Lula Gómez dejaba muy claro el mensaje: si pagas por sexo, eres una caca.

Es una ingeniosa manera de resumir en 40 segundos por qué la sociedad funcionaría mucho mejor sin puteros. Y si el vídeo no os toca de alguna manera, espero que con mi opinión sirva, por lo menos, para que reflexionéis un poco al respecto.

Para empezar, ser putero es sinónimo de ser egoísta, de considerar que tus deseos valen más que la voluntad de una persona (porque si no pagaras por ello, si pudiera elegir libremente, no podrían tener sexo con esas mujeres).

Porque sí, la base de la prostitución son las mujeres, un 90% frente a un 7% que son transexuales y tan solo un 3% que se dividen entre hombres y niños.

Además de egoísta, también se puede relacionar con sentirse superior. Los deseos sexuales del putero están por encima de todo. De la hora, del estado emocional de esa persona, de su vida diaria, de lo que sea. El putero se acostumbra a la disponibilidad y pide una buena disposición.

Sentirse por encima tiene un riesgo, y es que el putero considera que sus deseos se tienen que cumplir. Independientemente de cuales sean, ya sean bizarros como lamer los genitales de un cachorro o emocionales como recibir besos en la boca y abrazos. Y si no se cumplen, suelen estar dispuestos a que las prostitutas paguen las consecuencias.

Es de sobra conocido que hay una gran cantidad de puteros (las mujeres que se dedican a esto han llegado a comentarlo en este espacio) que ejercen violencia de todo tipo. Física y verbal, llegando incluso a amenazar con el asesinato.

Para el putero la prostituta no es otra cosa que una persona de segunda, algo desechable que escoge, usa y tira como si fuera un producto del supermercado. Nada más que un trozo de carne, un recipiente que utiliza y cambia a su gusto, ya que a la semana, usa otro.

No entra en la mentalidad del putero preocuparse por la situación de las mujeres que se encuentran ejerciendo, una realidad de la que son muy conscientes (la gran mayoría saben que es la pobreza lo que les lleva a dedicarse a la prostitución e incluso que lo hacen coaccionadas) pero pagan igualmente.

De hecho, no buscan ayudar, sino mantener esa esclavitud sexual, que les beneficia, con argumentos como que es la libertad de la mujer la de dedicarse a lo que quiera, que hay muchas que prefieren esto a fregar escaleras o porque consideran que, si no hubiera prostitutas los índices de violaciones se dispararían.

Así que, después de leer todo esto, diría que queda bastante claro por qué ser putero es, como dice Lula, ser una caca. Y diré más, a todos nos gusta encontrar la calle limpia, sin excrementos por el suelo.

Duquesa Doslabios.

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