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La prostitución, esa ‘gran salida laboral’ según la Universidad de La Coruña

Desde muy pequeñas aprendemos, cada una a nuestra manera, qué es la prostitución.

GTRES

Y, aunque nunca llegues a ponerla en práctica, con los años te das cuenta de que, para muchos hombres, tu cuerpo no es más que una mercancía.

Afortunadamente, con la madurez, y, sobre todo, en la era en la que estamos actualmente con tantas voces de mujeres rebelándose a ser relegadas a meros objetos de usar y tirar, cada vez reivindicas más tu cuerpo. El tuyo y el de tus compañeras.

Porque entiendes que, cuanto más rememos todas en la misma dirección, más libres, independientes y seguras viviremos.

Avanzamos a pasos agigantados, pero siempre habrá quienes quieran devolvernos al patriarcado, a ocupar el eterno segundo plano. Esa jaula con barrotes de oro que dice que, si te metes en ella -desnuda, eso sí-, puedes recibir lo que quieras a cambio.

Y el último ejemplo de ello viene del ámbito universitario.

Bajo el nombre Jornadas sobre el Trabajo Sexual, la Universidad de La Coruña quiere llevar el debate de la prostitución a la enseñanza superior, pero ¿realmente está bien planteado?

Solo hay que echar un vistazo al programa para descubrir que, el hilo argumental de las ponencias, busca legitimar y fomentar una actividad que, en España, no es legal (empezando ya por camuflarla poniéndole un nombre menos denostado).

El hecho de que sea una universidad pública quien ofrezca esto se traduce en dos cosas, la primera, que ha sido financiado con dinero de todos y, la segunda, que pretenden hacer de un acto, basado en la explotación de mujeres, una salida laboral a la misma altura que socióloga, profesora, matemática o periodista.

Pero, ¿que una actividad que no es legal se quiera pintar como una opción seria de futuro tiene sentido?

El último estudio realizado en España sobre la prostitución dejó unas cifras muy esclarecedoras al respecto.

Las mujeres son el 90% de las personas que se dedican a ella. Y, de uno de los programas de comando Actualidad sobre esta práctica, saco otra cantidad impactante, el 96% de ellas lo hacen obligadas, ya sea por proxenetas o porque no encuentran otra manera de sobrevivir.

Es decir, de 100 prostitutas, menos de 14 lo hacen por voluntad propia, por decisión personal, porque quieren o porque les gusta. Todo lo demás es coacción o desesperación por salir adelante.

Por tanto es como si se crean unas jornadas para hablar del enriquecimiento mediante las casas de apuestas obviando conscientemente que, la gran mayoría de personas que lo hacen, terminan con problemas de adicción y arruinadas.

A excepción de ese porcentaje tan ínfimo, el resto de mujeres se enfrentan a una actividad en la que están totalmente expuestas física y emocionalmente, donde son abusadas por hombres que en muchas ocasiones las fuerzan, las hieren y les terminan contagiando enfermedades en el mejor de los casos. Eso si tienen la ‘suerte’ de no ser asesinadas.

Así que por mucho que las jornadas universitarias quieran dar un lavado de cara a la prostitución, lo cierto es que es una ‘profesión’ incompatible con la igualdad.

El programa parece buscar todo lo contrario, darle fuerza a una actividad que somete y esclaviza a las mujeres, aprovechándose de la situación económica de aquellas que están más indefensas.

Quienes han llegado a España para salir adelante o bien han sido traídas como parte de la red de trata de personas.

La prostitución no empodera a la mujer, que no puede poner en su currículum esa experiencia, la paraliza. No le permite desarrollarse profesionalmente o ver proyectada su carrera como en otro trabajo, porque no es un trabajo.

Pienso en mí y en las mujeres trabajadoras de mi entorno. En que hemos sido contratadas en nuestro puesto por nuestra formación. Para la prostitución, en cambio, solo es necesario el cuerpo, que, más que mano de obra, no es otra cosa más que un bien de consumo (del que se abusa hasta el extremo).

Y yo me pregunto que cómo vamos a avanzar en la liberación de la explotación sexual, cómo vamos a erradicar la violencia machista, cuando una universidad quiere normalizar la explotación de mujeres y realmente ofrecerla como una opción de futuro para que sus alumnas (repito, las mujeres somos el 90% del mercado y 96% lo hacen forzadas) vean con buenos ojos la práctica.

Solo hace falta escuchar los testimonios de algunas mujeres que se dedican a ella para entender que no es un trabajo, sino la única opción de sobrevivir. Una vía que es una forma de violencia.

En el momento en el que la dignidad de un trabajador no se respeta, hemos dado con algo que contradice los Derechos Humanos, un motivo más por el que no puede ser considerada, catalogada y mucho menos explicada en una universidad pública como una actividad profesional regulada.

¿Esa es la nueva lección maestra de la universidad pública, que las mujeres dejemos de estudiar, de formarnos, de crecer, de reivindicar igualdad en salarios y que nos metamos a prostitutas para llegar a lo alto?

Duquesa Doslabios.

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