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Los peligros de la momificación erótica

Prepararte para una gran noche de sexo y lujuria y acabar muerto, envuelto en papel transparente de cocina, como una pechuga de pollo cualquiera. Eso es lo que le ocurrió a Alun William, chef británico de 47 años, el pasado mes de agosto, según informa el diario The Daily Mirror. Al parecer, William sufrió un ataque al corazón durante su juego sexual con R. B., de 35 años, y D.C, de 23.

Bondage

Mujer practicando Bondage. WIKIPEDIA

Al difunto le gustaba la momificación, una práctica sexual derivada del bondage (encordamientos y ataduras eróticas) que consiste en privar a una persona de todos sus sentidos, inmovilizándolo totalmente. Puesto hasta las cejas de cristal y ketamina, el cocinero pidió a sus compañeros de juerga que lo envolvieran de pies a cabeza en papel film y plástico negro, según cuentan ellos. Le dejaron un hueco en la nariz y en la boca para respirar. Todo un detalle, pero que sirvió de poco teniendo en cuenta que luego le cubrieron la cabeza con una capucha.

Cuando estaban en plena faena, uno de ellos se percató de que el cocinero parecía no estar respirando, por lo que llamaron a los servicios de emergencia. Cuando llegaron, poco antes de las 6 de la madrugada, ya no había nada que hacer, salvo certificar la muerte. En concreto, la llamada a emergencias decía lo siguiente:“Esto es un poco embarazoso… Se trata de mi amigo. Estábamos practicando un juego sexual y ha dejado de respirar”, dijo R.B. Este, que sufre parálisis cerebral, y D.C, su “cuidador”, viven juntos en Dover, Kent. Ahora ambos están acusados de homicidio por negligencia grave, algo que ellos niegan. El juicio empezó ayer y el fiscal, Ian Hope, considera que corrieron muchos riesgos al dejarlo así envuelto: “Deberían haberlo vigilado en todo momento”, afirma.

Más allá de si fueron negligentes o no, que eso se determinará en el juicio, lo cierto es que la momificación erótica no es una práctica recomendada para principiantes en el BDSM; es una versión extrema que requiere movilizaciones previas y es solo apta para expertos. Como todo en el sexo, se debe hacer de forma consensuada y es importante acordar tanto el tiempo que durará como los sentidos que se privarán. Así se evitarán ataques de pánico y lesiones.

Pero vamos, que yo, visto lo visto, con unas esposas voy que me mato.

Mamading, el último juego sexual entre los turistas en Mallorca

Una botella de cava barato. Ese es el premio por el que una chica realizó un total de 23 felaciones en dos minutos y medio. Tenía que darse prisa porque la que hiciera más en menos tiempo sería la ganadora. Tan singular competición puede verse desde hace unos días en una grabación que corre como la pólvora entre los móviles de Mallorca, según informaba este miércoles La Vanguardia. Parece ser que es la última moda entre los turistas ingleses de la zona de Magaluf, en uno de cuyos bares habría sido grabado el vídeo.

mamading

captura del vídeo

El concurso, que ha causado mucha polémica entre los vecinos, ya tiene nombre: mamading. Su éxito es tal que se está extendiendo por los locales de la zona, llegando incluso a publicitarse en la calle. En realidad se trata de una nueva modalidad de algo que ya viene siendo costumbre entre muchos de los jóvenes británicos y alemanes que vienen a veranear a España: fiestas alocadas donde la combinación alcohol y sexo es lo habitual. Solo hay que darse una vuelta por Salou (Tarragona) en verano para darse cuenta de ello.

No son los únicos. Me cuenta un amigo colombiano que en su tierra, Medellín, se ha puesto de moda en las discotecas un juego sexual llamado “el carrusel” o “la ruleta”. Y no se lo inventa, porque lo he buscado y lo he encontrado en varios medios. Consiste básicamente en ponerse hasta arriba de alcohol y luego formar un círculo donde las chicas bailan y los chicos, al azar, las van penetrando rápidamente desde atrás al ritmo de la música. El primero que eyacula pierde y es eliminado. Al final, como en Los Inmortales, solo puede quedar uno y el que más aguanta es el que gana.

A mí, que no pasé del “conejo de la suerte” o del “verdad, beso o atrevimiento”, se me han puesto los pelos como escarpias. Y no me tengo por una mojigata, pero una cosa es la revolución hormonal propia de la edad, con sus desafíos, descubrimientos y sensaciones al límite incluidas, y otra cosa es esto. Nada nada, me voy a hacer top-less a Menorca y me doy con un canto en los dientes.