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¿No llegas al orgasmo? Antes de mirarle a él, mírate a ti

Son ya varias las amigas que, desde que he empezado a escribir este espacio, me han preguntado cómo masturbarse.

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Lo cual, por un lado, me hace ilusión, porque para mí, no hay nada mejor que compartir lo bueno de la vida con nuestras amistades. Así como les digo cuando una crema o un restaurante me ha gustado especialmente.

Pero por el otro me preocupa, ya que, en el caso de ambas, se aburren durante el sexo. Mi primera pregunta a ambas es siempre la misma: “¿Pero tú cuando tienes sexo te corres?”

No hablo de llegar al orgasmo necesariamente con la penetración, sino de alcanzar el clímax de cualquier manera. Incluso por una misma.

¿Adivinaríais su respuesta? En ambos casos, negativa. Os hablo de mujeres de 25 y 27 años que han crecido en una supuesta sociedad abierta en cuanto a sexualidad pero que, a la hora de la verdad, no saben ni por dónde empezar.

En el colegio nadie te enseña a masturbarte, es una mezcla de curiosidad y experimentación que puede tener un recorrido en función de la gente que te rodea. Por lo general, salen esas amigas siempre listas a recordar lo vergonzoso que es y que ellas nunca se tocarían debajo de las sábanas.

Si eso, algún compañero avispadillo (y algo salido, todo hay que decirlo), te vendrá con la pregunta de “¿Tú te haces dedos?”. Que a esas edades suena casi tan vergonzoso como si te preguntara si te sacas los mocos de la nariz y luego te los comes.

Desde pequeñas, de una manera o de otra, muchas coincidimos en que el ambiente para desarrollar la sexualidad no es el más halagüeño, pero es que es ahí donde tenemos que empezar.

No podemos pretender que nuestra sea una media naranja sexual que nos enseñe todo lo que desconocemos de nuestro cuerpo. No es la responsabilidad de los hombres, es la nuestra en primer lugar. Y, en el caso de dar con alguien que no sepa cómo gestionarlo, enseñarle.

Para mí, consistió en un aprendizaje a ciegas, casi instintivo, de sensaciones y un buen libro en el que una escena erótica cuya página memorizaba, acelerara mi imaginación despertando el resto del cuerpo.

Lo demás viene rodado. Quizás es menos interesante para la mayoría (recordemos que el 70% necesitamos estimulación directa del clítoris) practicar con un dedo dentro de la vagina como si fuera una especie de penetración algo más incómoda por la postura.

Sin embargo, alcanzarse el clítoris es tan sencillo que solo necesitas un dedo y moverlo de lado a lado, de arriba a abajo, en círculos o como sientas que más lo disfrutas. Como si de una carrera de fondo se tratara, seguir con un buen ritmo hace que aumenten las sensaciones.

Llegará un punto en el que, con el cuerpo a punto de estallar, el placer sea tan intenso que, lo que viene a continuación, es dejarlo escapar. Eso es el orgasmo.

Como todo en esta vida, la práctica hace al maestro, así que, de repetir, experimentar, agregar objetos cambiar la pose, la mano o el capítulo del libro por una imagen de Whatsapp nos ayudará a conocer por dónde va nuestro placer.

Duquesa Doslabios.

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¿Quieres mejor sexo? Hazte feminista

Si tuviera que resumir en una palabra lo que ha supuesto el feminismo en mi vida sexual, os resultaría familiar el término: orgasmos.

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Cuando empecé a tener sexo (me refiero a acompañada, claro, sola ya lo llevaba practicando bastante tiempo) aquello eran unos cuantos meneos, se corre, tiramos el condón y a dormir. Fin del cuento. Normal que no me pareciera para tanto.

Me preocupaba pensar que algo no funcionaba. Primero pensaba que era yo, pero, como os he dicho, había sido muy capaz de llegar al orgasmo yo sola sin que nadie tuviera que explicarme nada. No entendía por qué no me lo pasaba tan bien como en todas esas comedias románticas, en las que, solo con rozarse, ya llegaban los gemidos al cielo.

Y entonces lo entendí. Por supuesto que yo sabía cómo darme placer, eran ellos los que no. Y claro, iba a quedar muy mal que yo le llamara la atención a mi acompañante, o eso pensaba, por lo que me limitaba a fingir un poco y luego a terminarme la faena en casa.

Hasta que llegó el día en el que me di cuenta de que estaba viviendo en una mentira, una enorme, y que quería empezar a ser sincera, no solo con ellos sino conmigo misma.

Fui franca y los orgasmos falsos se acabaron, lo que hizo que vinieran los auténticos y esa brecha orgásmica descendiera.

Me di cuenta de que quería igualdad en la cama, que si él se corría, yo me corriera también. Y no era algo egoísta, ni que no quisiera que él no lo disfrutara, sino que ambos recibiéramos placer.

El feminismo me quitó la tontería de encima, la de los orgasmos y muchas otras, como por ejemplo los complejos. Comprendí (al fin) que tenía que quererme tal y como era y que aquello no cambiaba en función de si estaba más o menos depilada, de si mis tetas estaban o no caídas o de si el culo tenía celulitis, que daba exactamente igual.

Eso de “el macho tiene que mandar en la cama unga unga” era mi concepción pre-feminista. Mi yo feminista entendió que era más divertido compartir la “dominación” en el colchón y no ser siempre la que se deja llevar. Tomar la iniciativa y experimentar es algo también muy placentero.

Que me aburro

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Pero feminismo también es asumir la responsabilidad, entender que si algo sale mal no es que hayas topado con un mal amante y ya está, sino que está en mano de los dos hacer de la experiencia algo sobresaliente.

Con el feminismo aprendes a darle al sexo la importancia que tiene, mucho menor que la que me vendían en el colegio,  que, supuestamente, tenía que ir ligado siempre a un matrimonio con amor. Resulta que podía tener sexo con alguien solo porque me apeteciera y no pasaba nada. No se me ligaban las trompas de Falopio, no era una puta ni una guarra. Era una mujer disfrutando de su vagina (y de otras partes, sin duda).

Para todos aquellos preocupados que piensan que el feminismo está en contra del sexo, os diré algo, todo lo contrario. El feminismo le da a la mujer la libertad de disfrutar de su cuerpo, está a favor del placer que durante tanto tiempo hemos tenido prohibido.

Quiere la igualdad en todos los aspectos, quiere que puedas disfrutar de una buena comida y que te traigan a ti la cuenta, en vez de dar por hecho que va a pagar él, y que disfrutes sin complejos de los postres que ofrecen las entrepiernas.

Duquesa Doslabios.

Amnesia sexual o pérdida transitoria de la memoria tras un orgasmo

Un polvo perfecto con la persona tan largamente deseada, un orgasmo espectacular… y no ser capaz de recordar absolutamente nada. No es muy frecuente, es cierto, pero pasa. Y no, no tiene nada que ver con el alcohol. Se trata de lo que se denomina Amnesia Global Transitoria (TGA, en sus siglas en inglés), más conocida como amnesia sexual.

Puede ocurrirle a cualquier persona y de forma inesperada tras una intensa relación sexual, aunque las posibilidades de sufrirlo aumentan por encima de los 50 años. En cualquier caso, como decíamos, sucede poco, ya que afecta cada año a entre tres y cinco personas por cada 100.000, y dura solo un breve lapso de tiempo, normalmente unas horas o un día como mucho.

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La realidad, según los expertos, es que no es peligroso, la persona no se olvida en ningún caso de su identidad y tras el episodio todo vuelve a la normalidad, pero mientras dura, no es capaz de recordar nada acerca de la relación sexual que acaba de mantener, ni de ningún otro acontecimiento reciente. Tampoco puede crear recuerdos nuevos. Imaginaos el rayote… ya sea con vuestro marido/mujer de toda la vida o con alguien a quien acabáis de conocer. Estar en un bar tomando algo o haciendo la compra en el súper y, de repente, verte en pelota picada al lado de alguien si saber cómo narices has llegado allí ni qué acaba de pasar, exactamente. La confusión debe de ser total, y en muchos casos viene acompañada de dolor de cabeza, nauseas y ansiedad. No es para menos…

La Amnesia Global Transitoria se asocia con el estrés, ya sea por circunstancias emocionales o físicas. En el caso de los hombres, los expertos la vinculan más a un esfuerzo físico, mientras que en las mujeres, a trastornos emocionales. Así, puede producirse en los siguientes supuestos: tras un esfuerzo físico excesivo, tras una inmersión en agua muy fría o caliente, tras un fuerte trastorno emocional, tras sufrir estrés laboral, o tras el coito (amnesia sexual), presentándose normalmente después del clímax.

La explicación de esta pérdida de memoria radica en la falta de flujo sanguíneo en el cerebro. “Los casos de pérdida de memoria postcoitales son consecuencia de las alteraciones en la presión sanguínea durante el acto sexual”, explicaba hace un par de años Carol Lippa, profesora de neurología en la Drexel University, sobre la TGA. Algunos expertos lo achacan a la denominada maniobra Valsalva, que causa una pobre oxigenación de la sangre que se acumula en el cuello, y puede presentarse en medio de una intensa sesión de sexo, al adoptarse una posición incómoda. En cualquier caso, si a alguien le ocurre, los médicos recomiendan acudir a urgencias para descartar complicaciones o males mayores.

Pero vamos, que para algunos puede ser la excusa perfecta, aunque a más de uno y de una conozco yo que habrían pagado por sufrir una TGA de estas en algún momento de sus vidas… o en dos.

PGAD: la tortura de tener 100 orgasmos al día

Cocinando, de paseo, en el trabajo, cuidando de tus hijos, en la consulta del médico o hasta en un funeral. No importa el cómo, el cuándo ni el dónde, porque puede asaltarte en cualquier momento y circunstancia. Se trata del Síndrome de Excitación Sexual Persistente (PGAD, por sus siglas en inglés), un desorden sexual consistente en la presencia de tensión en los genitales acompañada de excitación sexual continua, sin que exista deseo sexual previo. La consecuencia directa es la experimentación de orgasmos incontrolados y sin necesidad de estimulación las 24 horas del día, algo que, lejos de proporcionar placer, condiciona la vida de aquellas personas que lo padecen hasta el punto de convertirla, en ocasiones, en un auténtico infierno.

PGAD

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Es el caso del estadounidense Dale Decker, como él mismo contaba hace unos días al diario DailyMail: “Imagine que usted está de rodillas en el funeral de su padre junto a su ataúd y, mientras se despide de él, tiene un orgasmo mientras está toda la familia presente (…) También me pasó en el supermercado y cuando terminó había unas 150 personas mirándome. ¿Por qué iba a salir de la casa cuando me puede volver a pasar algo así?”, explicaba Decker, de 37 años, casado y padre de dos hijos. Durante los últimos dos años ha sufrido 100 orgasmos al día, según cuenta, pero no ha disfrutado de ninguno de ellos. Lo que él describe como un calvario empezó en septiembre de 2012, cuando se cayó de una silla y se le desplazó una vértebra. Sufrió un traumatismo de los nervios pélvicos que le provoca hipersensilibilidad, una situación que ha descrito como “repugnante y horrible”. Desde entonces vive enclaustrado, atormentado por el miedo y la vergüenza. Se muere de culpa si tiene un orgasmo frente a sus hijos, por lo que ya no cuida de ellos, y aunque su mujer lo apoya, han empezado a dormir en camas separadas. Y eso dentro de la familia, imaginaos además cómo puede afectar a nivel sociolaboral.

El PGAD fue descrito por primera vez en 2001 y es considerado oficialmente una disfunción sexual desde 2003. En un principio se pensó que afectaba únicamente a mujeres, aunque últimamente se han venido describiendo casos también en hombres. Las féminas que lo sufren sienten que aumenta su frecuencia cardíaca, se acelera su respiración y su musculatura pélvica se contrae. En definitiva, se trata del cuerpo preparándose para el orgasmo, solo que, como decíamos, sin que exista en ningún caso deseo sexual previo. En cuanto a los hombres, la estimulación no va siempre acompañada de eyaculaciones y se producen los denominados “orgasmos secos”. No hay que confundirlo, no obstante, con la multiorgasmia, un fenómeno que no es patológico en sí mismo y que se caracteriza por la posibilidad de llegar al clímax varias veces seguidas. Tampoco tiene que ver con la hipersexualidad.

Las causas que lo generan no están nada claras, en realidad. Se alude a razones tanto físicas como psicológicas. Algunos expertos lo han relacionado con la presencia de malformaciones, tumores en la zona genital, consumo de psicofármacos, cambios vasculares, problemas neurológicos, etc. Se puede experimentar, además, de formas muy diversas. Hay personas que están permanentemente en una especie de estado preorgásmico, sin llegar a culminar, y otras que van alternando un orgasmo tras otro a lo largo del día. En cualquier caso, el denominador común es la angustia, la desesperación y el sufrimiento. La imposibilidad de llevar una vida normal desemboca en frustración extrema, genera en la mayoría de ocasiones la pérdida de interés en las relaciones sexuales y muchos pacientes acaban sufriendo depresiones e incluso ideas suicidas. Vamos, que no es ninguna tontería. Por ello, la ayuda psicológica es, además de la médica, más que fundamental.